[Pasado][Fic] Del cielo al suelo [Parte 3]
#1
Días atrás
 
De nuevo, me encontraba sentado en aquel estrecho escritorio de la taberna. Me había habituado a él, al igual que me había acostumbrado a los entrenamientos en el santuario, a ese futon rígido, a esa pluma medio seca. Sentía que había crecido mucho en aquel lugar y que las aguas de mi fama por fin habían logrado calmarse un poco, a pesar de las diversas actuaciones realizadas en la taberna a cambio de mi estancia gratuita, pero empezaba a considerar que era el momento de partir. El tiempo pasaba y, a pesar de ser más fuerte, necesitaba avanzar, sentir que hacía algo más “directo” para embarcarme en pos de mis sueños.

“El entrenamiento de ayer fue el último. Y no es porque ya no pueda aprender más, Kao siempre tiene un as bajo la manga con el que sorprenderme. No, me refiero a que es momento…”

Cerré el cuaderno. Todo el empeño puesto en aquellas hojas durante los largos meses en isla Isshin se había agotado; era el último día y la necesidad de relatar pequeñas andanzas ya no formaba parte de mí. A mi espalda reposaba el macuto con el que había llegado hace ya un año, conteniendo las escasas pertenencias con las que me permitía viajar. Cuanto más ligero fuese el equipaje, más fácil me resultaría moverme. El sol entraba a raudales por la ventana, y es que ese día había decidido no madrugar.

- Buenos días Aspros -el habitual tono alegre de Jizo fue sustituido por un lamentable espectáculo sentimentaloide- No me puedo creer que sea el último día que nos vayamos a ver en el resto de lo que me queda de vida.
- No exageres, alguna vez me dejaré caer por aquí.
- Eres prácticamente mi hijo, entiende mi dolor.
- No lo soy -corté.
- Voy a morir de soledad.
- No lo harás.

Nos miramos y tras un breve silencio, reímos. Demasiado dramático para mi gusto, pero debía reconocer que era un buen hombre que me había acogido en su taberna sin pedirme nada a cambio; bueno, unos cuantos espectáculos y merch firmado, pero aquello eran nimiedades. Isshin me había tratado bien y sus gentes eran personas tranquilas ajenas al trasiego, a la fama y a la exuberancia del mundo exterior. Dejé el macuto en uno de los ganchos metálicos de la pared de la entrada y me despedí rápidamente de Jizo, alegando que volvería tras acercarme al templo para hablar con Kao. Me resultaba extraño ascender por la empinada colina sin hacer algún tipo de acto que pusiese a prueba (y en peligro) mi integridad física. Como de costumbre, el monje se encontraba plantado delante de la estatua de buda del salón principal.

- Espero que estés pidiendo por mí -bromeé.
- No pensaba que te dejarías caer por aquí.
- No me iba a marchar sin despedirme, tengo modales.
- Muy bien, muy bien -el anciano dio media vuelta y me encaró- Aún te queda mucho por aprender, pero es evidente que no eres la misma persona que llegó aquí hace un año. Han pasado muchas cosas, pero imagino que ahora tienes más claro qué hacer.
- Sí -mi mente, como si fuese una película, recreaba algunos de los momentos acaecidos durante mi estancia, como mis incontables peleas en el ring, los arduos entrenamientos en la mina o …
- ¿Le buscarás?
- Claro que sí.

No me gustaban las despedidas, por lo que intentaba que fuesen rápidas y concisas. A mi espalda no solo dejaba el templo o la taberna, dejaba a gente que en poco tiempo se había vuelto importante para mí, pero no podía demostrar demasiado mis sentimientos: eso era de gente fea. Tal vez fuese un simple “adiós”, pero fue suficiente para que ambos, Kao y yo, nos despidiéramos con la seguridad de que todo iba a ir bien. De igual forma, de vuelta a la taberna, ocurrió con Jizo.

- Espero oír de ti.
- Yo espero que no -cuanto más me había alejado de la fama, más me había encontrado a mi mismo. Sí, claro que me encantaba ser reconocido, ser visto y admirado, ser un modelo, pero no quería que aquel monstruo me devorase.

Paso a paso, me alejaba de lo que había sido mi hogar durante un largo tiempo, pero me acercaba a un sueño. No tenía muy claro como proseguir, pero saltar al vacío a veces era la mejor solución. Había mantenido el contacto con mis padres y con mi manager, Frank, pero no quería depender de ellos para todo, ya era adulto. Me aproximé a una de las colinas colindantes a la costa y respiré profundamente. Sentía cómo el salitre inundaba mis pulmones y cómo el sol bañaba cada parte de mi piel. La gente parecía feliz inmersa en su cotidianidad, paseando por las calles, descargando mercancías de los barcos, y en parte les envidiaba por ello. Alcé la mano para retirar de mi hermoso rostro unas llamativas pero elegantes gafas de sol con montura felina y cristal oscuro, que plegué y coloqué en el cuello de mi camisa. Aquella mañana, al igual que la anterior y la anterior, me sentía divino, insuperable, una obra de arte.

- Qué leches hago ahora.
[Imagen: rvCfBMF.png]

❝

¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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