Te despierta el leve impacto de la madera junto a tu máscara fruto del vaivén del barco.
Estás a punto de llegar a Isla Ramirals, lo sabes porque el capitán del barco que se prestó, Dios sabrá por qué, a llevarte a tan salvaje lugar, dijo que tardaríais días en llegar. No podía quedar demasiado. Durante estos días, has tenido tiempo de descansar y leer varias veces aquella carta que te había llevado a plantearte acudir solo y a tu suerte allí. La carta, que reposa sobre un barril que actúa a modo de mesa de noche junto a tu catre, reza con una letra semi garabateada y poco elaborada así:
Cita:
“Sohem, espero que te hayas recuperado de la última caza.
Cuando te dispararon en la rodilla pensé que sería el final de nuestras aventuras, pero corrí para atrapar al pirata, no era buena idea dejarlo escapar después de tanto. No volví a verte ya, pero por suerte solo debió ser un rasguño porque al volver al bar vi el destrozo que hiciste. Imagínate, el dueño del bar me echó con muy malas palabras.
La cosa es que te perdiste lo más interesante: cuando entregué al pirata en la base marine, no pude evitar enterarme por otros piratas que estaban encarcelados allí que los cogieron camino a Ramirals. Según hablaban, estaban intentando hacerse con un tesoro maravilloso que te otorgaba gran poder. Gran poder, tu y yo sabemos lo que puede significar. Quizá no sea nada. Quizás sea lo que estás buscando. O quizá sea un buen pellizco.
Dale una vuelta en tu enmascarada sesera. Nos vemos pronto.
Taka, Flaca, Paca, Maca, Mappa, Kappa.
P.S: Si es oro, me debes una ronda de zumo.”
Tras leer por septuagésima quinta vez la carta, comienzas a escuchar los pasos erráticos del capitán que baja a los camarotes, cosa que en parte ya esperabas. Cada paso, parecía dejar caer todo el peso del hombre sobre las maltrechas maderas que dirigían a la zona de los catres. - Viajero, hemos llegado. Coge tus cosas y salta, no vamos a parar nada más que para que te bajes. - bramó el marinero, sin mirar demasiado hacia tu posición. Se notaba que no tenía ganas de verte mucho más.
El hombre, que era de avanzada edad, con barba desaliñada y desteñida por las canas, vestía ropas desgastadas. Después de prácticamente echarte, comenzó a subir ágil por las escaleras, pese a su edad y su notorio peso, para abrir la puerta a cubierta y esperar con la mano sobre ella a que subieras. Una vez arriba puedes ver el cielo por primera vez en días. Está despejado, prácticamente ni una nube. El barco está rozando la orilla y te permite bajar de un salto. Una vez en tierra, el capitán se dirige a ti por última vez. - Sea lo que sea que busques ahí, espero que valga su peso en oro – tras esta sentencia, que casi parecía más una amenaza, partieron dejándote solo en la isla. Durante unos segundos, escuchaste como los hombres cuchicheaban mientras el barco se alejaba de la costa.
Te encuentras en la playa al borde del Bosque Jura, en la costa este de la isla, que cubre prácticamente toda extensión de tierra. El tiempo es cálido y apenas se puede escuchar las hojas de los árboles moverse. Solo algún ruido de animales lejano y el cantar de pájaros que anidan cerca de los árboles de la costa. No sabes con exactitud a donde tienes que ir. Ante ti tienes la playa y una zona arbórea de denso follaje, pero que permite cierto paso, como si más personas hubieran ido por ese camino ya, pareciendo que dirige hacia el centro de la isla. Más al norte, unas elevaciones de rocas se imponen por encima de la vegetación.
31-08-2023, 10:41 PM (Última modificación: 31-08-2023, 10:41 PM por Sohem.)
Un barco que tenía tanto de barco como yo de señorita. Una carta ilegible que tuve que leer varias veces para saber qué diablos ponía. Una firma más larga de lo que podría recordar, y por supuesto, una excusa para no correr riesgos. Un disparo en la rodilla... ya. Seguro que me decía que él solía ser un aventurero como yo y demás historias para no dormir, pero no quería - ni podía - perder el tiempo con nimiedades. Por suerte o por desgracia - dependiendo del momento - yo no tenía ni amigos ni compañeros. Algunas veces viajaba con unos, otras veces con otros, pero siempre era algo temporal y en pos de tratar encontrar un beneficio personal - y en algunas veces hasta incluso común con quien fuera - lo que me impulsaba a mover los pies. No los movía por nada, al igual que no trabajaba gratis, no me esforzaba sin recompensa y no manchaba mis manos sin asegurarme de que las consecuencias iban a ser completamente invertidas en el fruto de mis ganancias en el futuro.
Taka había - o eso pretendía hacerme creer - encontrado en un tipo que había derrotado un mapa, una nota... algo así como información sobre un tesoro, un premio o algo por el estilo. Y más fruto de la curiosidad que de la confianza, y temeroso del "y si..." decidí ir a comprobarlo justamente cuando nadie más pudiera hacerlo conmigo, quitándome de encima a ese enorme bicho cuellilargo con cuernos. Si encontraba un arma o recursos para hacerme más fuerte, lo usaría en mi beneficio o lo vendería en caso de no tener utilidad para mi. Si encontraba dinero serviría para ciertas mejoras que tenía pendientes y en mente. Necesitaba cubrir algunos puntos flacos.
No pude divagar mucho más en mis elucubraciones cuando la voz del piojoso bucanero que llevaba el barco me indicaba que tenía que saltar del barco para dejarme al fin en las costas de la isla Ramirals. El muy hijo de puta igual no se había parado a pensar que en algún puto momento del día, o al día siguiente, necesitaría salir de ahí de alguna forma.
Llegué incluso a pensar que podría aplastarle el cráneo con Ein Hauch y atracar el cascarón roñoso que nos llevaba sobre las olas, y salir con él más tarde cuando lo necesitase. ¿Y si esto era una trampa? ¿Y si tenía que huir? ¿Y si no era una puta broma y no encontraba nada? No podía arriesgarme a bajarme del barco y quedarme a mi suerte y la intemperie aquí, los días que fueran hasta que alguien quisiera hacerme caso. No, no estaba dispuesto a esto, pero por algún motivo pareciera que el destino movió mis pies hacia fuera de la barca y salté a las orillas de la playa. — Métete en tus putos asuntos — advertí en cuanto mis tobillos se introdujeron en la fría mar costera.
El tiempo cálido deslizaba unas pequeñas gotas de sudor por mi columna. Mi buen oído me alertaba de la presencia de ruidos y sonidos diversos provenientes avanzando por la maleza, Maleza que por otro lado, pareciera tener pequeños signos de desgaste humano: ramas torcidas, tierra movida, algún leve rastro de peso similar a alguna pisada... y ojalá supiera rastrear, aunque pareciera evidente que ese pequeño "regato social" me acercaría a lugares o caminos que otros antes que yo habrían caminado. Pero también era el lugar perfecto para tenderte una trampa, así que con un rápido vistazo en derredor oteé unos riscos al norte, alzándose prestos sobre la inmundicia de la jungla.
— Un punto elevado... — musité, casi por instinto sacando las palabras de mis labios sin pensarlo, comenzando a dirigirme en aquella dirección. Hacerse un camino por el escarpado conjunto de rocas no parecía ser extremadamente difícil, y llegar a dominar una altura me daría la capacidad de analizar y buscar con mayor precisión... fuera lo que fuera lo que cojones estaba buscando.
Atributos Personaje
Estadísticas de Sohem:
50 FUE
50 RES
45 DES
17 PRE
17 AGI
45 REF
17 INT
41 VOL
0 CH
60 CA
El camino hacia el norte discurre por la playa entre arena y rocas. La única zona con altura se alza frente a ti a cerca de un par de kilómetros. Puedes deducirlo fácilmente calculando la altura con los árboles frente a ti. Conforme comienzas a avanzar por la arena, tus pies se hunden levemente en ella, mientras el oleaje suave va bañando cada cierto tiempo tus pies. Durante el trayecto donde el sol bañaba toda la escena sin ser demasiado agresivo, el único pequeño respiro
Durante dos kilómetros, que pudiste recorrer en unos cómodos veinte minutos, el camino fue tranquilo. De hecho, de tranquilo, era casi irreal. Los pocos pájaros y pequeños animales que te acompañaron en tu llegada a la isla y durante los primeros pasos en las cálidas arenas de la playa estaban desapareciendo de tu entorno. Cuando el lecho de rocas a tu diestra comenzó a elevar su altura, haciendo menos practicable su paso, el silencio se volvió incluso incómodo. La sensación en la playa era casi más la de un sepulcro que la de un lugar semi paradisíaco como en el que te encontrabas. La presión del ambiente se fue intensificando conforme los sonidos desaparecían.
Los únicos sonidos que puedes percibir son los granos de arena con cada pisada, una ligera brisa que acompañaba desde tu espalda y parecía ir indicando un camino y, de vez en cuando, un roce seco, pero leve de dos materiales que parecían rocas. El primero fue casi imperceptible, la segunda vez, aumentó ligeramente de volumen.
Cuando el lecho de rocas alcanzó los dos metros de altura y todavía a un kilómetro de la única elevación prominente del terreno que te podía permitir atisbar algún punto importante en la isla, el ruido de roce se convirtió en un pequeño impacto seguido de un silbido seco y grave. Desde encima del rocoso muro a tu flanco derecho, junto a las palmeras que adornaban el camino, una criatura intentaba hacerte su presa. El animal, un horrendo híbrido entre una cobra escupidora y una tortuga, debía medir tres metros de largo sin problema. Había utilizado su capacidad para lanzar desde su garganta un increíble proyectil de un metro de diámetro hacia ti, intentando incapacitarte para, posteriormente, devorarte tranquilamente. Su cabeza era rocosa y escamada, con unos dientes que sobresalían de su boca, casi más como una dentadura de un lagarto que los colmillos clásicos de una serpiente. Su cuerpo era grueso y fuerte, y se elevaba enroscada sobre un caparazón que portaba al final de su cola, donde al final, había otra pequeña cabeza que amenazaba con atacar.
El proyectil, que se dirigía a ti desde tu derecha, se dirige directo a tu posición, amenazando con bañarte en el veneno del reptil que había decidido unilateralmente que serías su almuerzo.
La Serpintuga escupidora utiliza ataques a distancia. Para efectos prácticos y tener una referencia, se utilizará la tabla de daños de arma de la guía 09. Maestrías, estilos, técnicas, daños y golpes blancos. Consideraremos sus daños como los de pistola de rango 1, cambiando el tipo de daño de perforante a elemental, dada la naturaleza del proyectil que te lanza.
Cálculo de daños
La Serpintuga dispara desde una posición elevada, dos metros, sobre tu nivel. Su ataque tiene una velocidad de 30 por su PRECISIÓN. El escupitajo, lo suficientemente grande como para bañarte en veneno que, de impactar, solo tendría el efecto ceguera, ya que el veneno de este tipo de serpientes no es mortal para humanos y solo afecta a tejidos sensibles como la conjuntiva ocular. Dicho ataque se beneficia de la PRECISIÓN Y DESTREZA del animal, siendo su cálculo de daños sería el siguiente: 10 Base + 0,4 x 30 escala PRE+ 0,1 x 10 escala DES = 23
Gastos y daños
Vitalidad: Sin daños – Energía: Sin gastos – Espíritu: Sin gastos
02-09-2023, 10:05 PM (Última modificación: 02-09-2023, 10:07 PM por Sohem.)
Mi camino me conducía inexorablemente a la parte alta de la formación rocosa que había vislumbrado en la costa y hacia la cual había decidido dirigirme con premura con el objetivo de obtener unas buenas vistas del lugar. Era, cuanto menos, un camino relativamente tranquilo. Todos los sonidos y ruidos del ambiente iban enmudeciendo conforme avanzaba el paso de mis pies por la disforme e hipnótica arena. No fue algo que me preocupase, con mi sentido del oído superior a la media podía discernir mejor si había algún sonido extraño en las proximidades del que preocuparme, si el silencio era quien reinaba sobre el terreno. Silencio que por otra parte, comenzó a ser tímida y lentamente invadido por una ecolalia cacofónica en la distancia, tornándose cada vez más próxima.
El misterio se resolvió poco después cuando de entre el terreno inmediatamente próximo a mi, surgió una aberración que pareciera más una mala broma del destino. ¿Era una serpiente? ¿Una tortuga? ¿Una tortiente? ¿Una serpuga?. No tenía ni puta idea de lo que estaba viendo. — Esto tiene que ser una puta broma — farfullé, recordando a los dos Marines que habíamos conocido días atrás y sus extrañas habilidades que me habían impulsado a tratar de conseguir hacerme más fuerte. Pero no tenía mucho tiempo ni para maldecir ni para bautizar a aquel... aquella cosa. Al momento en que me vió disparó un esputo de saliva con muy mala pinta en mi dirección. Era rápido - como rápida me imaginaba que sería la bestia - pero si atacaba a la distancia debería ser porque no contaba con buenas aptitudes cuerpo a cuerpo... o eso esperaba.
Blandiendo a Ein Hauch lo hice girar frente a mí para dispersar el daño del golpe de la aberración sin que esté me tocase, y al hacer contacto con el metal de mi arma pude apreciar, por el sonido, el efecto vaporoso, el olor y la suspicacia de que era una puta serpiente, de que aquello era veneno. Y veneno significaba problemas en el futuro, así que tenía que esquivarlo como diera lugar si seguía realizando esta aventura, y dudaba que este bicho fuera a ser el único en venir a buscar la merienda.
Tras dispersar su ataque encorvé la espalda y adopte una postura amenazante — ¡LARGO DE AQUÍ PUTA COSA! — grité de la forma más desagradable posible — ¡O TE VAS A CONVERTIR EN MIS BOTAS! — añadí, con bastante más furia que antes. Estaba preparado para destrozar a aquella cosa, pero en sus manos... o lo que fuera, estaba su propio destino.
Aclaraciones
Tengo 45 de Reflejos y 45 de Destreza. Veo venir el ataque y lo defiendo (que no esquivo) usando la técnica que pongo a continuación.
Defiende de hasta 30 de daño frente a los 23 del ataque, así que deduzco que lo bloqueo por completo.
[tecnicainvalida=aco102]
estadísticas
Vitalidad — Sin daños. Energía — 359-25=334 Espíritu — Sin gastos.
02-09-2023, 11:12 PM (Última modificación: 02-09-2023, 11:12 PM por Taka.)
El destino a veces es despiadado. Otras solo tiene mal gusto.
La Serpentuga, que había disparado su ácido proyectil de veneno hacia tu cuerpo, observó con furia como era bloqueado con un hábil movimiento del arma que portabas. Era bastante obvio que el animal, en su hábitat, era un depredador nato y la evidente razón por la que todas las criaturas de la zona enmudecían en su presencia.
Tus gritos, que en cualquier hombre causado mínimo que se replanteara si quiere compartir oxígeno contigo, no tuvieron efecto sobre la quimera venenosa. Quizá otro animal, incluso, hubiera podido captar las intenciones bélicas de tu tono de voz, pero su reptiliano cerebro era incapaz de sentir miedo. Delante de la Serpentuga solo hay una presa. Y lo único que piensa es en cazar.
El reptil, o anfibio, dependiendo de por qué lado lo mires, siseó de manera agresiva y hacia ti, abriendo su boca completamente y enseñando sus dientes y garganta, casi como si un enunciado de tu futuro se tratase. Sin embargo, acto seguido, se desenroscó e incrustó su cabeza contra la arena, descendiendo los dos metros de lecho rocoso y hendiendo sus fauces delante de ti a apenas un par de metros. Acto seguido, y utilizando su cabeza como punto de apoyo, la Serpentuga tensó fuertemente su cuerpo para proyectar su extremo contrario, donde se hallaba su caparazón, convirtiéndose así en un lucero del alba gigante cuyo destino de impacto eras tú. La parábola de 180º se dibujó en el aire, moviendo la coraza de su extremo final hasta impactar justo sobre tu cabeza.
Si no puede disolverte, te desmenuzará.
Resumen
Sobre el ataque
La Serpentuga utiliza todo el peso de su caparazón con la inercia de la parábola dibujada para dejar caer todo su peso sobre ti. El mazazo va a una velocidad de 5 de Agilidad y se beneficia del atributo de Fuerza, siendo 5 también. Por lo tanto, el cálculo de daño es, un golpe blanco de 5. De esta manera, la distancia entre vosotros se vuelve combate cuerpo a cuerpo y queda ubicada justo encima de ti.
Gastos y daños
Vitalidad: Sin daños – Energía: Sin gastos – Espíritu: Sin gastos
04-09-2023, 12:10 AM (Última modificación: 04-09-2023, 12:11 AM por Sohem.)
Tras dispersar aquel asqueroso esputo venenoso creía que mi advertencia para con el infraser frente a mí valdría de aliciente para lograr que desistiera de su absurdo intento de consumirme, y pudiera así salvar su patética vida, quedando en el páramo de mierda selvática y desprovisto de todo signo de progreso o evolución posible en el que estábamos, pero pareciera que hubiera entendido completamente al contrario mi mensaje.
Chasqueé la lengua al ver la actitud hostil del monstruo. Me daba especialmente pereza tener que encargarme de algo así y realizar un esfuerzo por absolutamente ningún beneficio... ya podría haber algún poblado cerca con un gran cartel en un tablón de recompensa que pagase un par de noches de hostal por cargarse a este bicho... pero no. Estaba en la puta selva, sin barco, sin mapas, sin pistas y con un estúpido rumor que seguir, delante del hijo ilegítimo de una serpiente y una tortuga y teniendo que abrirle la puta cabeza.
El bicho se precipitó hacia mi con un giro extraño tratando de impactar con su caparazón en mi cabeza, recibiendo una respuesta más que obvia por mi parte: Si una bolsa se acerca por el aire a un bate, se la batea. De tal forma que, sujetando a Ein Hauch con las dos manos golpeé con fuerza el caparazón para lanzarlo en dirección descendente deshaciendo el camino que había recorrido hasta ahora, tratando de quitármelo de encima lo más rápido y eficazmente posible.
— ¡ME CAGÜEN TUS MUERTOS! — grité con furia y descontrol a tiempo que realizaba el golpe con el kanabo, con todas las fuerzas que podía ejercer en el impacto con ambas manos.
Aclaraciones
Realizó un choque de ataques para bloquear el daño y contraatacar. El golpe es un golpe normal, daño blanco, ejercido a 45 de velocidad (destreza) y ejecutado con 50 de fuerza.
Gastos y daños
Vitalidad: — Sin daños Energía: — 334 Espíritu: — Sin gastos.
A veces los astros se alinean y como se suele decir, todos los tontos tienen suerte.
Los tontos y los que tienen un bate enorme.
El rocoso extremo de caparazón del animal, que había viajado con gran potencia para machacar tus huesos y estallar tu cuerpo en pedazos, fue lamentablemente anulado y lanzado de un potente golpe de kanabo. A estas alturas, el animal, ya era más presa de la frustración que del hambre. Hasta una criatura sin raciocinio alguno era capaz de sentir que corría peligro en presencia de alguien de tu tipo. Al final, no es el tamaño del arma, sino quién la usa.
El golpe que propinaste al animal en la coraza generó tal fuerza de impacto que proyectó el improvisado mangual animal hacia la arena, donde se incrustó con gran profundidad. El caparazón había desaparecido de la vista y la Serpentuga estaba atrapada. Ante la situación y desesperación, el animal comenzó a lanzar siseos amenazantes y mordiscos al aire, intentando atraparte pese a estar fuera del rango par alcanzarte. Cuando se dio cuenta de que no era capaz de asestar un letal mordisco a su presa, decidió liberarse. Al no ser capaz de extraer el caparazón de la arena, optó por girar y escupir repetidamente ácido a su propia cola, en un fútil intento de disolver el amarre que lo retenía.
Tal fue su esfuerzo, que el animal se enfrascó en la tarea y disparó durante varios segundos, comenzando a generar en su piel quemaduras y disolviendo lentamente su escamosa piel. Era de un nivel tal su concentración en liberarse que, casi pareciera que había olvidado el motivo real de liberarse. Se encontraba mirando a su cola, en dirección contraria a ti y dejando libre el camino de nuevo. Aunque los disparos de ácido parecían no tener gran efecto, sí que podías intuir que, tarde o temprano, el reptil se sería liberado de su presa aunque sufriera daños.
El sol había pasado ya por encima de ti, hace rato y comenzaba a dibujar su camino hacia el horizonte, al oeste. La premura comienza a ser prioridad, o la noche te atraparía en la selva, sin refugio, comida ni bebida, en una noche que se auguraba sin luna de ningún tipo, es decir: la más absoluta oscuridad.
Resumen
La Serpentuga te ignora. Prefiere intentar liberarse. A partir de ahora, el tiempo comenzará a avanzar hacia la noche.
Tras el impacto de mi ataque el caparazón de aquella aberración se vio envuelto literalmente en tierra, estrellándose contra el suelo y quedando sepultado en él. Tanto fue así que la propia serpiente - tras intentar hacerse conmigo con dentelladas al aire - decidió que sería una mejor idea destrozar su propia cola para poder escapar de ahí, empezando a lanzar esputos venenosos contra la parte aun visible de su cola que conectaba con el caparazón. Todo pareciera indicar que quería derretir esa unión con lo corrosivo de su veneno para así poder liberarse y zafarse de esa repentina prisión. Su objetivo podría ser huir, o intentar atacarme de otra forma posible, pero ninguna de las dos opciones sería buena para ella pues habiéndose cercenado una parte del cuerpo, la perdida de sangre sería tan brutal que acabaría muriendo por si misma. Si intentaba huir el reguero de sangre no sólo alertaría a otros depredadores, si no que también la iría debilitando de poco en poco. Si intentaba atacarme, sin tener la baza de su caparazón... no podría hacer nada contra mi sólo con su asquerosa saliva.
En mi caso lo tenía sencillo, ya que ahora no me prestaba atención: Podía ignorarla y continuar mi camino. Pero había una gran pega. Si conseguía huir podría atraer con el olor de su sangre a más depredadores, y estos seguir mi propio rastro. Si la dejaba ahí y por el contrario, ella en vez de huir quería perseguirme, atraería con el olor de su sangre igualmente a otros depredadores de la isla. Suspiré. Estaba claro que tenía que acabar con ese bicho pero no quería invertir ni medio gramo de esfuerzo extra.
Cuadrando la postura de mis piernas con más amplitud que mis caderas alcé el arma por encima de la cabeza y me dispuse a realizar un único impacto con todas mis fuerzas, blandiendo el arma con las dos manos, en dirección a la cabeza de la bestia con la intención total de estrellarla contra su caparazón y hacer una presión de pinza lo más brutal posible, Un golpe limpio, fuerte y hecho desde la discreción de que no me estuviera prestando la más mínima atención aquel bicho, debería desencadenar en un éxito, y de no ser así, en el tiempo suficiente como para poderme dar margen a largarme de allí. Ya empezaba a anochecer y aunque no me importaba desplazarme en la oscuridad - pues venía descansado al haber venido dormido en el viaje - tenía que alcanzar la cima de aquel pináculo de rocas antes de que el sol se pusiera, para poder hacerme un plano mental de todo el panorama... o al menos ver una referencia que poder seguir desde mi posición en línea recta que me indicase por donde tenía que ir.
Tras el impacto del kanabo quedé estático mirando hacia el cráter, esperando poder ver los resultados de mi ataque y las consecuencias de mis actos. Esperando poder ver un cadáver de lo que fuera ese bicho, y quien sabe, quizá poder usarla para algo más que practicar impactos.
Aclaraciones
Realizó un impacto blandiendo el arma con las dos manos. El golpe es un golpe normal, daño blanco, ejercido a 45 de velocidad (destreza) y ejecutado con 50 de fuerza. Por lo que su daño blanco será ese.
Gastos y daños
Vitalidad: — Sin daños Energía: — 334 Espíritu: — Sin gastos.
La desazón del animal iba en aumento conforme a su furia aumentaba por estar atrapada. Seguramente, gran parte de ello era por el extremo dolor que le causaba su propio ácido. Conforme el corrosivo y viscoso material actuaba sobre la carne del reptil, se comenzaban a visualizar sus músculos con más facilidad, comenzando a rasgarse y liberando lentamente al animal.
Mientras estaba enfrascado en su liberación, un fuerte y determinante golpe impactó en su cabeza. Al animal le fue físicamente imposible evadir tu ataque, primero debido a tu velocidad, segundo a que estaba prestando el 100% de su atención a su tarea.
Este golpe, que conectó justo en su cráneo, hizo que su cabeza saliera despedida a la zona donde su caparazón se encontraba atrapado, generando un impacto aún mayor. El estruendo del choque del animal con la arena levantó una gran polvareda de la fina arena que quedó levitando levemente durante unos segundos. La Serpentuga había quedado sumamente aturdida y, aunque aún estaba atrapada en la arena y moviéndose, se notaba que estaba muy débil. Su cabeza se comenzó a tambalear de lado a lado de forma lenta y errática, como si estuviera desorientada por el impacto de tu arma. Los siseos amenazantes se transformaron en tímidos sonidos guturales que apenas podían ser creados, y los esputos de ácido dieron paso a vómitos del mismo líquido, como si estuviera tan desconcertada que no fuera capaz de escupir con fuerza.
Por desgracia, el ruido y los sonidos del animal, han debido llamar la atención de más animales, porque pudiste escuchar alto y claro lo que era obviamente el aullido de un lobo en la distancia. No debía estar muy lejos, pues pudiste distinguirlo con claridad y la potencia sonora era considerable; sin embargo, sabes que no está en la escena. Los aullidos se suceden uno tras otro y te hacen complican percibir cuántos animales van en el grupo. La Serpentuga parece reaccionar al ruido porque mueve su cabeza ligeramente al origen de este, prestándole cierto nivel de atención incluso para su estado.
Resumen
El impacto de tu kanabo es inevitable. La Serpentuga carece de los reflejos necesarios para ver tu ataque venir y también carece de la agilidad necesaria para esquivar, por lo que el golpe es directo y afecta a sus puntos de vida. Al ser un golpe de 50 de daño y no mitigarse de ninguna manera (su resistencia es 5, por lo que no llega al mínimo para mitigar) el impacto entra de lleno y supone más de 5 veces su atributo de voluntad, que según la guía de combate avanzado, en el punto 3.2.1, entra en estado de confusión o desorientación. De hecho supone más de 15 veces ese valor. El animal queda atontado y expuesto.
Gastos y daños
Vitalidad: 85-50=35 – Energía: Sin gastos – Espíritu: Sin gastos
Dos golpes. Dos golpes y esa cosa seguía con vida. No era una buena calidad de vida pero era una vida, al fin y al cabo. Pero igualmente que una mierda aberrante de ese estilo pudiera aguantar dos de mis golpes me frustraba y me ponía de un considerable mal humor. Más aun ver que la había dejado prácticamente agónica, pero no había golpeado lo suficientemente como para que fuera una muerte directa y sin miramientos. Debía ser más fuerte. Debía impactar con mucha más fuerza...
Pero mis pensamientos fueron interrumpidos por un aullido en la distancia: Me estaba entreteniendo mucho. Sin duda si este monstruo había aparecido, vendrían más y el rastro que tanto yo como la sangre del animal estábamos dejando sería un dulce néctar para los depredadores. Así que tenía que acabar cuanto antes y ponerme rumbo a la cima del peñasco.
Agarré el kanabo con la mano izquierda - soltando el agarre doble - y ejecuté un último golpe lateral a la cabeza del bicho que miraba en dirección donde provino el primer aullido, que ahora estaba siendo sucedido por muchos otros. Típico, lobos era igual a manada. No tendría que enfrentarme a un sólo bicho... y la cosa se complicaba y se ponía bastante fea, y lo peor es que podía ser por absolutamente nada. Chasqueé la lengua tras haber cumplido mi golpe y viendo el cuerpo del engendro frente a mi, esperé que pudieran entretenerse con él lo suficiente pues yo no era precisamente rápido como para ponerme a escapar en carrera de aquellos loquefuera que ahora me perseguían.
Con esto en mente continué mi camino y mi ascenso hacia la cumbre del risco, intentando alcanzarla antes de que cayese el sol para poder ver en derredor y optar por un camino u otro. Si estaba buscando algo que estaba en esta isla, debía de estar en algún sitio notorio: Un chenil salvaje, una vieja construcción, unas ruinas, una formación cavernosa... algo. Algo tendría que darme la pista que necesitaba para poder avanzar una vez hubiera alcanzado aquella cumbre. Cumbre por otro lado que me estaba haciendo cagarme en los muertos de la naturaleza... ya que pareciera que debiera ponerme un poco más en forma en cuanto a resistencia y cardio, y menos en cuanto a fuerza y músculo. Putas cuestas.
Aclaraciones
Realizó un impacto blandiendo el arma con las dos manos. El golpe es un golpe normal, daño blanco, ejercido a 45 de velocidad (destreza) y ejecutado con 50 de fuerza. Por lo que su daño blanco será ese.
Gastos y daños
Vitalidad: — Sin daños Energía: — 334 Espíritu: — Sin gastos.