[Presente Relativo — Entrenamiento] Un panda!!
#1
la mañana del 27 de invierno
                                                                                                                                                                     05:00

Se notaba el invierno sobre  baltigo con una firmeza casi opresiva, el viento silbaba entre las estructuras de la de la base revolucionaria arrastrndo el olor del mar y la humedad propias de una isla acostumbrada a soportar tormentas, aun era temprano, tan temprano tan temprano que la mayoría de los reclutas seguían durmiendo bajo sus mantas  mientras el sol luchaba por abrirse paso entre nubes grises que cubrían el horizonte...Shiryūko ya estaba levantado y lleno de energía. Acostumbrado desde pequeño a la vida al aire libre y a los largos periodos de vigilancia, no solía permanecer demasiado tiempo tumbado y Aquella mañana no había sido diferente decidió abandonar su habitación recorrió los pasillos de la fortaleza sin un destino concreto aún le resultaba extraño encontrarse allí, la fortaleza le parecía inmensa y llena de personas con historias, ideales y experiencias distintas, hombres y mujeres que habían decidido desafiar al Gobierno Mundial y luchar por algo más grande que ellos mismos y a decir verdad aun no conocía a nadie aquello no le molestaba especialmente nunca había sido alguien que necesitara rodearse constantemente de gente para sentirse cómodo pero tampoco podía negar que empezaba a tener cierta curiosidad por aquellas personas después de todo formaban parte del ejercito revolucionario y tarde o temprano tendría que conocerlos..

Mientras caminaba un sonido empezó a llamar su atención, era metal chocando contra metal de forma continua un ruido pesado y contundente que se sentía extraño, Shiryūko agudizo el oído y se oriento en aquella dirección mientras continuaba buscándolo el sonido continuo repitiéndose varias veces mas despertando cada vez mas su curiosidad, siguió el origen de aquellos golpes hasta llegar a uno de los pabellones de entrenamiento al acercarse el ruido se intensifico y se volvió mas claro —alguien esta entrenado a estas horas... pero este sonido no parecía tratarse de un entrenamiento cualquiera— pensó y se acerco a hurtadillas

Empujó la puerta parcialmente abierta y observó el interior. Sus ojos tardaron apenas unos segundos en encontrar el origen de aquel ruido metálico Se trataba de un mink panda de proporciones enormes que levantaba un peso absurdo con una facilidad increíble. Shiryūko permaneció un momento en silencio viendo aquella escena, no conocía a aquel panda pero alguien recién llegado como él podía sentir de que no estaba observado a un revolucionario cualquiera, el peso que aquel panda levantaba con aparente facilidad era casi absurdo y no pudo apartar la vista de aquella escena simplemente se dedico a observar el entrenamiento sin interrumpir observando cada movimiento sin apartar la vista. Le gustaba fijarse en los detalles cuando veía a alguien luchar o entrenar era una costumbre que había desarrollado hacía años.

Finalmente una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios —creo que los pandas son una especie bastante injustas— y su voz resonó por aquel pabellón mientras cruzaba la entrada y Shiryūko avanzo unos pasos observado las pesas con poco disimulo —Siempre creí que erais mas tranquilos, no que levantarais media fortaleza antes del desayuno— una sonrisa amistosa permaneció unos segundo en su rostro antes de detenerse a una distancia del panda —Shiryūko recién llegado encantado— se presento sin demasiadas ceremonias, Su mirada volvió a desviarse hacia las pesas durante unos instantes antes de regresar al enorme panda

con la tranquilidad que se había presentado y sin hostilidad era evidente que no buscaba problemas tan solo salió a caminar y había terminado encontrando algo mucho más interesante de lo esperado
#2
Todavía faltaban varias horas para que el sol apareciese en el horizonte de Báltigo. Bambú había dormido poco, pero era lo que le esperaba la próxima semana. Se había acostado a las 23:00 después de un día agotador, pero a las 4 de la mañana ya estaba con los ojos abiertos y decidió ceder su catre al siguiente. La cafetería, por suerte para él, por la ocasión de la reunión del Ejército, permanecía abierta las 24 horas del día. Después de un cuantioso desayuno con amplio surtido de café, el mink panda se paseó por los oscuros y silenciosos pasillos de la fortaleza buscando algo que hacer. Sobre las cuatro y largo de la mañana ya empezaba a haber algo de bullicio en los pabellones de entrenamiento. Algunos sargentos que querían quedar bien con sus jefes, entre ellos el panda, se empezaban en mover a sus escuadrones desde bien temprano para que hicieran su ejercicio matutino antes siquiera del amanecer. Eran los menos, sin embargo, y la mayor parte de los pabellones se encontraban vacíos en aquel momento. Ver a las juventudes revolucionarias tan entusiasmadas animó al mink a entrenarse un poco o, por lo menos, tantear el equipo que tuvieran los revolucionarios almacenado en sus salas de entrenamiento. Hacía eones que no iba a ninguna. La última vez que estuvo en Báltigo, fue en uno de los pabellones donde intentó hacer entender a Zorak y Kisuke cómo funcionaba el Kenbunshoku. Fracasó, claro, a aquel dúo aún le faltaba un poco de espiritualidad para llegar a comprender los entresijos de la percepción extrasensorial que otorgaba el haki de observación. Kisuke, sin embargo, a día de hoy estaba hecho todo un maestro en el arte. Don Bambú optó por meterse en el pabellón número 3, que parecía prometedor. Lo primero que valoró fue la cantidad de discos que podía poner en cada una de las barras grandes que estaban pensadas para levantarse con los dos brazos por un humano.

Él no era humano. Logró meterle 400 kilogramos de peso a cada una de las barras, pero el ejercicio le resultaba tan liviano que no merecía la pena realizarlo por mucho tiempo. Mientras sopesaba las posibilidades, una voz llamó su atención. Se trataba de otro de su raza, pero de menor tamaño que Bambú, pero grande para los humanos sin lugar a dudas. Shiryuko, pues así se llamaba, era un mink tigre blanco que vestía ropajes de estilo oriental. En su cinturón llevaba una espada bastante vistosa y se acercaba hacia el mariscal haciendo comentarios jocosos acerca de lo que él pensaba que eran los pandas. —Somos tranquilos, eso es cierto. Pero no pacíficos, honhonhon. —Su interlocutor se presentó con una sonrisa en el rostro. —Un placer Shiryuko. Me sorprende que no me conozcas ya, la verdad. Max D. Bambú, mariscal del Ejército ¡Firme soldado! —Dejó las pesas en el suelo y se giró hacia el mink realizando el saludo protocolario de la Revolución. —Dime, camarada, ¿qué te trae por aquí tan temprano? ¿No te deja dormir la emoción? Los altos cargos del Ejército tienen ese efecto en la gente. —Desde luego tenían ese efecto para el panda. Todavía le duraba la emoción de ver a los cinco comandantes juntos, a una mano del Ejército y a la mismísima Comandante Suprema.

Resumen


Karmas
#3
Shiryūko escuchó atentamente al panda y le devolvió el saludo revolucionario. antes de relajarse de nuevo, la presentación del panda consiguió sorprenderle aunque no tardó demasiado en comprender por qué aquel nombre le resultaba familiar,
—Entonces tendré que admitir que la culpa es mía— una pequeña sonrisa apareció en su rostro —Siempre he sido mejor recordando caras que nombres— Ante la pregunta del mariscal negó con la cabeza —No creo que sea del todo la emoción— su mirada de dirijio hacia las ventanas del pabellón dond empezaba a aparecer los primero todos del amanecer, —Simplemente me desperté y decidí salir a caminar, no me gusta estar demasido tiempo sin hacer nada y siento que desperdicio el dia— aquello era una verdad bastante sencilla, desde cachorro siempre había estar en movimiento explorando o entrenando —es fácil acabar en sitios inesperados cuando uno no conoce el lugar— Una pequeña risa escapó de su garganta  —Grrhah hahah— —Aunque supongo que podría haberme perdido en un lugar peor, y ya que ambos estamos despiertos antes que los demás miembros del ejército Sería una pena desperdiciar la mañana— No llegó a pedir un entrenamiento directamente o un sparring no era su estilo simplemente dejo la idea en el aire mienttras apoyaba una mano sobre la empuñadura de Byakuren…  —Nunca se sabe qué puede aprender uno antes del desayuno—
#4
Sonrió cuando el tigre le correspondió al saludo revolucionario, que además era bastante gracioso. No todos los miembros de la Revolución eran tan rectos ni tan dedicados como el panda, pero daba gusto toparse con gente como él por el mundo. Sabía de unas cuantas personas que no se molestaban en aprenderse el saludo oficial como si fuera lo más trivial del mundo. Esas personas, en opinión de Bambú, había que vigilarlas bien de cerca.

Abandonó su pose militar y escuchó atentamente las palabras de Shiryuko, que al parecer debía de ser del tipo de gente que se despierta y ya tiene que estar haciendo cosas. La insinuación del mink parecía ser que Don Bambú le entrenase. —Honhonhonhon, con que aprovechar la mañana, ¿eh? —Soltó una carcajada sonora y extendió su haki de observación hasta donde el tigre se encontraba. Su aura brillaba con la fuerza de una bombilla averiada. Estaba completamente seguro de que si le daba un puñetazo a esa criatura, la mataría. —Me temo que aún estás un poco verde para una sesión de entrenamiento como las que a mí me gustan, joven recluta. —Llevó su mano derecha al mentón y adoptó una pose pensativa. A pesar de que no podría disfrutar por completo el entrenamiento, lo cierto es que sería una absoluta pena no ofrecerle un poco de sabiduría a un entusiasmado recluta que va a volver a los Blues después de haber conocido a toda la cúpula de poder Revolucionaria. —Pero haremos una cosa. Desenvaina esa espada tuya que tienes y veamos qué sabes hacer con ella. No te preocupes por mi integridad física, soy un hueso duro de roer, honhonhon. —Apartó las pesas del suelo con un movimiento del pie como si estuvieran hechas de cartón y se acercó al samurái hasta quedarse a 2 metros de distancia de él ofreciéndole todas las posibilidades. —Tienes la suerte de que he conocido a unos cuantos espadachines y, aunque yo mismo no soy practicante en el arte de la espada, creo que soy capaz de ver cuando estás haciendo algo raro. —Su comandante, sin ir más lejos, era uno de los mejores espadachines de la Revolución. Sabía cómo usaba esas espadas y que quedarse en el cuerpo a cuerpo con él sería un error fatal.

Datos
#5
Shiryūko permaneció inmóvil durante un ínstate mientras observaba al enorme panda que tenia enfrente, ya sabia que la diferencia entre ambos era abismal no solo en tamaño y fuerza si no también en experiencia. no estaba enfrente de un revolucionario cualquiera si no que se encontraba frente a un mariscal, precisamente por eso no tenia intención alguna de desperdiciar auqella oportunidad... lentamente llevo la mano hacia la empuñadura de byakuren, pero antes de desenvainarla sin apartar la vista del panda inclino ligeramente la cabeza en una breve reverencia marcial —Gracias por la oportunidad, mariscal la aprovecharé— no eran palabras vacías. desde su llegada a la isla al ejercito revolucionario había conocido personas impresionantes, comandantes, veteranos y nuevos reclutas con mucho potencial. pero pocas veces alguien del calibre del panda se detenía a observar lo que podía hacer y corregir sus errores, si don bambú estaba dispuesto a dedicarle parte de su mañana  parte de su tiempo Shiryūko pensaba corresponder de la mejor manera que conocía, dándolo todo.

la hoja abandono la vaina con un sonido metálico, durante unos instantes permaneció quieto, adoptando una postura firme meintras observaba al panda, a penas dos metros de distancia era mas tangible la diferencia que existía entre ellos, no era solo su tamaño había en el una tranquilidad casi insultante en la forma en la que el panda estaba allí tan relajado pero era un mariscal después de todo. Shiryūko dejo escapar lentamente el aire de sus pulmones, entonces avanzo un paso, después otro con la guardia alta cuando considero que había alcanzado la distancia optima byakuren descendió un corte diagonal de arriba a bajo dirigido al torso del panda, el movimeinto fue limpio directo y sin adornos necesarios sabia que esto no iba a ser suficiente contra el panda simplemente quería mostrale como utilizaba la espada, mada mas completar el corte impulso su cuerpo hacia atrás con una salto recuperando algo de distancia antes de volver a adoptar una posición de guardia la punta de byakuren permaneció orientada frente al panda mientras Shiryūko mantenía toda la atecion sobre el, aquello no era un  duelo a muerte era una lección y pensaba aprovechar cada segundo —Grrhah hahah— Una pequeña sonrisa apareció en su rostro Supongo que ahora viene la parte difícil
belico
#6
Bambú observó inmóvil cómo se movía Shiryuko. Lentamente llevó su mano derecha a la empuñadura de su espada, de la cual desconocía el nombre o si tenía uno siquiera. Seguramente, pensó, el samurái la llamaba de alguna forma. Era costumbre entre los espadachines como Kisuke y Kovashi el nombrar las armas que portaban. Qué demonios, incluso él tenía un arma con nombre. Su confiable Preypiercer, un arma diseñada específicamente para acabar con bestias empuñada por una bestia. Se preguntó si la espada de aquel samurái también le hablaría como al parecer lo hacían las de su comandante y su ex-camarada. Y también se preguntó si llegaría el día en el que formaría parte del delirio colectivo que parecía vivirse en aquel mundo con armas con personalidad. Aceptó la inclinación respetuosa de su camarada y la correspondió con solemnidad. —En parte, es mi deber concedértela. —Y así pensaba. No podía pretender ostentar un rango tan alto en el Ejército y no actuar de guía para los jóvenes reclutas que recién comenzaban su aventura. ¿Qué significaría ser un mariscal si no? Vestir ropajes más caros, tener un despacho y mirar por encima del hombro a los reclutas le parecían cosas propias de los marines. En contraposición con todo ello, Bambú vestiría como siempre, dormiría donde duermen el resto de reclutas y les tendería la mano cuando estos necesitasen ayuda.

El felino samurái avanzó dos pasos con la guardia alta, al parecer ligeramente tenso con la situación. ¿Estaba nervioso ante la oportunidad de entrar con un mariscal o tenía miedo a las represalias? Ambas eran válidas. Cuando la distancia entre ambos se redujo a un metro escaso, Shiryuko hizo un movimiento sencillo con la espada. Un corte diagonal de izquierda a derecha desde arriba hacia abajo, empezando por el hombro derecho del mariscal y terminando más o menos por la cresta ilíaca izquierda de su pelvis. La espada cruzó por la piel del mink casi echando chispas al encontrarse con la dureza sobrenatural de la misma. Unos cuantos pelos salieron despedidos del torso del panda y cayeron sobre el suelo entre los combatientes. Tras su ofensiva, Shiryuko retrocedió de un salto hacia atrás una distancia de 3 metros, haciendo que el suelo emitiese un característico chillido propio de las canchas de baloncesto. —Ha sido un buen ataque, sobre todo al final. Sin ceremonias y al lío, que ningún enemigo va a quedarse quieto mientras haces piruetas extrañas. Avanzaste con demasiada precaución, eso sí. Le estarías dando una oportunidad de interrumpirte a alguien más lento que tú. —Mientras hablaba, liberaba a Preypiercer de la atadura con la que la amarraba a su espalda. La hizo girar con soltura en su mano derecha, aunque ante el ojo experto uno podría darse cuenta de que no era el arma predilecta del panda, pero no por ello era menos letal en sus manos. —Y te alejas, eso es buena idea. Uno nunca sabe qué respuesta va a recibir después de un espadazo. Por ejemplo... —Con una velocidad vertiginosa a ojos de Shiryuko, Bambú elevó a Preypiercer por encima de su hombre, sujetándola con toda su mano agarrada alrededor de su empuñadura y con su afilado final apuntando directamente al samurái. Se detuvo unos instantes en esa posición para que Shiryuko pudiera ver con claridad lo que estaba a punto de pasar.

Pero sería una sorpresa igualmente.

Con su monstruosa fuerza, Bambú golpeó el suelo que tenía delante de él y éste empezó a deformarse de forma antinatural, bamboleándose como si de repente estuviera compuesto de arcilla en lugar de madera. El pavimento avanzó despacio, pero lo suficientemente rápido como para que el samurái no pudiera reaccionar a este repentino movimiento. El bamboleo incesante y caótico del suelo le haría bailar un poco, pero en última instancia no le tiraría al suelo. —Te pillé, honhonhon. Soy usuario de una fruta muy particular, pero no te preocupes por eso. He usado la mínima fuerza necesaria para darte un susto, tampoco querríamos tirar el pabellón abajo. —Se quedó quieto en su sitio en esa posición, con la punta de Preypiercer ligeramente metida en un suelo que ya no era liso, sino que estaba lleno de minúsculas elevaciones similares a las que se forman en la madera cuando la humedad es elevada. La mano del panda descansaba sobre el extremo liso de la lanza. La llevaba casi como si fuera un bastón de viejo.

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#7
Los pocos pelos que byakuren había conseguido arrancar descendieron lentamente hasta el suelo mientras Shiryūko observaba al enorme panda, durante unos segundos  su mirada permaneció fija sobre ellos antes de posarse nuevamente sobre el torso del panda —Grrhah hahah— una pequeña risa se escapo de su garganta aquello era increíble, su ataque apenas había logrado arrancarle unos poco pelos, ni una herida, ni un rasguño, ni siquiera había logrado hacerle nada. pero lejos de frustrarse aquella  escena había logrado sacarle una sonrisa, hacia mucho tiempo que no veía una diferencia tan evidente. era difícil ignorarla recordando como había levantado aquel monstruoso peso hace solo un rato o la tranquilidad con la que había recibido el corte, comprendía que se encontraba frente a alguien sumamente fuerte, y precisamente por eso estaba allí. para aprender cual inmenso era el mundo y cuantas personas como el panda existirían...

las palabras del panda llegaron acompañadas por el movimiento de aquella lanza y apenas un parpadeo después el suelo empezó a cambiar, Shiryūko sintió como todo el suelo del pabellón empezó a temblar y a deformarse, pequeñas y grandes elevaciones aparecieron por el suelo como si la humedad hubiera estado actuando años sobre el suelo, sin embargo todo aquello estaba ocurriendo delante de sus ojos el suelo ondulaba y se movía como si estuviese vivo y por un momento perdió el equilibrio y casi cae al suelo —¿Qué demonios...?— su equilibrio vacilo unos instantes y tuvo que corregir la posición de sus pies para evitar perder la estabilidad, no llego a caer pero casi aquello basto para comprender que el panda podía alterar completamente el entorno sin acercase si quiera, las elevaciones seguían apareciendo —por un momento pensé que el suelo s tragaría el pabellón...— su mirada su fijo en las deformaciones del suelo y después se fijo en el panda —Grrhah Vale... eso sí que no me lo esperaba he visto usuarios antes pero hacer que suelo se deforme sin destruirlo eso si que no me lo esperaba— la admiración era evidente.

Shiryūko poco a poco fue adaptándose al terreno y recupero el equilibrio, después bajo ligeramente a byakuren, ya había mostrado su espada el panda acababa de mostrar parte de su poder seguramente una parte muy pequeña, una sonrisa pequeña apareció en su rostro. —ya sabia que solo con la espada no iba a ser suficiente— la espada regreso lentamente a una posición mas relajada mientras centraba su atención en si mismo aun estaba aprendiendo a sacarle partido a aquel poder, la transformación ya formaba parte de el pero...dominarla  correctamente en combate, eso era otra historia completamente distinta. su cuerpo comenzó a cambiar poco a poco, los músculos empezaron a tensarse y su silueta empezó a crecer mientra la influencia de la akuma se extendia por su cuerpo, nuevos brazos comenzaron a formarse mientras cambiaba —aun no domino esta forma tanto como me gustaria… pero creo que ya es hora de que la veas Grrhah—
belico
#8
Al parecer al mink samurái le causó gracia no haberle hecho ni un rasguño al panda. Era bueno tomarse las circunstancias con humor, ya que Bambú había vivido la frustración de no ser lo bastante fuerte lo bastante rápido. Sin embargo, también había que disfrutar de la vida. Atesorar los momentos en los que uno es débil y tiene todos los obstáculos por superar. Termina llegando el día en el que uno medita sobre el camino recorrido y se da cuenta de que las emociones que lo llevaron a avanzar hacia delante ya no eran tan fuertes ni tan puras. Cuanto más fuerte es uno, menos enemigos poderosos quedan por abatir y no tiene gracia perseguir a aquellos que no pueden mantenerse al mismo nivel. Por supuesto, Bambú tampoco estaba ahí todavía. Le quedaban muchos obstáculos por superar. Garnet, sin ir más lejos, le había superado hacía años y era trabajo del panda acortar la distancia entre ambos lo más rápido posible. También estaba Sohem, al cual le tenía especial tirria por algún motivo y Kovashi, que quién sabía lo poderoso que se había vuelto en los últimos años. Por no mencionar que todavía no había visto a ningún almirante en acción, mucho menos al almirante de la flota ni a los agentes de élite del Gobierno Mundial. Todavía faltaba un largo camino por recorrer y Don Bambú pensaba disfrutarlo mientras pudiera.

Shiryuko se sorprendió mucho con la habilidad de Bambú. De hecho, casi pierde el equilibrio por su efecto a pesar de que la fuerza con la que hacía que el suelo se tambalease no era la suficiente. Verdaderamente el samurái necesitaba este entrenamiento. —Honhonhonhon. Tranquilo, que no tengo la intención de dañar infraestructuras revolucionarias. A saber la bronca que me echa Kisuke si tiene que hacer papeleo por mi culpa. —Al parecer el hombre tigre ya había visto a otros usuarios, algo inusual si no se ha viajado mucho. Aunque pensándolo bien, en la reunión había visto a Porco transformado y a Elizabeth transformándose. Quizás no era tan raro ver usuarios en el mundo. Y al parecer, no era Bambú el único que tenía un as bajo la manga. Tras admitir que no sería suficiente con la espada, Shiryuko empezó a transformarse en una criatura que mucha gente tendería a detestar por su fisionomía. La estatura del tigre ascendió hasta los tres metros y medio, casi la altura del panda, pero este no era el cambio más drástico. De repente, varias extremidades superiores aparecieron en el torso del samurái. No uno ni dos, sino hasta tres pares de peludos brazos adicionales brotaron en su torso, en diversas posiciones. La parte superior de su rostro adquirió la forma de arácnido y en su boca crecieron unos colmillos de aspecto peligroso. En el trasero del mink surgio un abdomen arácnido que sin duda daba la impresión de poder generar seda. La transformación, para qué mentirnos, era francamente asquerosa.

—Estoy sorprendido, joven recluta. Con un poder como ese bien utilizado podrías convertirte en un auténtico problema para el Gobierno Mundial, aunque es un poco feo honhonhon. —Ocho brazos en total, qué barbaridad. Un espadachín con la capacidad de portar por lo menos ocho armas era un peligro andante. Era una auténtica pena no llevárselo al Nuevo Mundo para entrenarlo, pero los Toros Negros ya estaban completos y estaban satisfechos con los nuevos fichajes. Don Bambú separó la lanza del suelo, que regresó a su aspecto habitual como si nunca hubiera estado deformado. Todavía les separaban cuatro metros de distancia, pero no quería dejárselo tan fácil. De un par de zancadas hacia atrás, se alejó dos metros poniendo una distancia total de seis entre ellos. Apoyó la lanza en su hombro, sujeta por la parte más baja de su mango y haciendo que la punta descansara a casi seis metros de altura del suelo. —Venga, ven a por mí entonces. —

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#9
Shiryūko observo durante unos instantes su nueva forma mientras escuchaba las palabras del panda, su mirada recorrió un momento loa brazos adicionales y el abdomen arácnido que  le sobresalía, la trasformación no era precisamente elegante y tampoco le sorprendió el comentario —No es la primera vez que me llaman feo... o que dicen que parezco un monstruo sacado de una pesadilla— su mirada volvió a fijarse en el panda —Pero si esto me hace más fuerte, no me importa— la fuerza siempre había sido importante para el, no por orgullo ni por ambición, había aprendido hace mucho que existían personas capaces de utilizar su poder para aplastar a los demás y cuando eso ocurría los débiles eran quienes terminan pagando el precio, si esa forma tan monstruosa le permitía proteger a otros y seguir avanzando por el camino que había elegido, lo demás no le importaba. pero el mariscal también lo elogio —podrías convertirte en un auténtico problema para el Gobierno Mundial—, aquellas palabras se quedaron grabadas unos instantes en su mente —Gracias aún me queda mucho por aprender pero hare que esas palabras sean ciertas—

las deformaciones del suelo desaparecieron, y el pabellón recupero su aspecto habitual, durante un segundo observo el lugar donde antes habían surgido antes de volver a mirar al panda. ahora estaba mas lejos... no había visto cuando se había movido, simplemente estaba allí a varios metros de distancia aquello era frustrante y al mismo tiempo fascinante, su velocidad y resistencia... estaban a otro nivel. las palabras del panda resonaron nuevamente en su cabeza —Venga, ven a por mí entonces— Shiryūko ajusto el agarre sobre byakuren, no necesitaba que se lo dijeran dos veces sus piernas se tensaron mientas inclinaba el cuerpo hacia delante, el mink permaneció inmóvil apenas un instante antes de lanzarse hacia delante, sus pasos resonaron sobre el pabellón mientras corría cubriendo una distancia de dos metros, a que cuerpo aun le resultaba extraño pero ya tendría tiempo para acostumbrarse a el, cuando recorrió los dos metros  impulso las piernas contra el suelo con fuerza en un salto hacia delante, su enorme figura abandono la superficie mientras se abalanzaba sobre el panda reduciendo la distancia en un metro, byakuren ascendió por encima de su cabeza el viento agitaba su pelaje blanco, todos sus ojos permanecieron fijos sobre el panda , aprovechando la fuerza de descenso descargo un corte vertical dirigido golpeando la cabeza del mariscal, por lo que comprobó antes sabia que no le aria nada al mariscal pero quería comprobar hasta donde podía llevar aquella nueva forma en combate, Shiryūko recupero el aliento y se puso en guardia




bélico

Gastos y recuperaciones
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 517 + 0 = 517
Energia: 528 - 38 = 490
Espiritu: 381 + 0 = 381
#10
—Así me gusta. —Respondió con una sonrisa ante la primera respuesta del tigre. ¿Qué importaba el aspecto físico después de todo? Estaban allí porque compartían unos ideales firmes y un sentido de la justicia inquebrantable, no para hacer un desfile de modelos. —Te convertirás en una pesadilla para tus enemigos, eso es lo importante. —Sentenció el panda, que respondió al agradecimiento del tigre con un solemne asentimiento. No había más que decir al respecto. Pero él no tenía poderes premonitorios. Si esta sentencia que el panda había dictado se convertía en realidad sería exclusivamente por el esfuerzo del tigre araña que tenía delante. Percibió sus movimientos con una claridad cristalina. Vio como el mink avanzaba dos metros hacia delante en su nueva forma monstruosa. El impulso de sus piernas lo elevó en el aire y le ayudó a recorrer la escasa distancia que los separaba ya y la altura del tigre, incrementada con su forma híbrida, le permitió llegar con facilidad hacia la cabeza de Bambú. El panda no sólo no se apartó, sino que inclinó su cabeza para dejar que la espada impactase en su ojo izquierdo cerrado, allí donde tenía una cicatriz provocada en un incidente de su juventud. La sensibilidad de aquella zona era notoria, pero el panda a penas notó el acero acariciándole la piel, presionándola como un cuchillo desafilado que es incapaz de cortar un tomate. La espada resbaló por su rostro y se separó de su cuerpo sin dejar un rasguño en su camino. Sin embargo, había notado las diferencias entre el antes y el después, aunque eran sutiles a su nivel. Shiryuko tenía potencial, sí, mucho. Se alegraba de habérselo encontrado, pues sabía que su esfuerzo no se perdería en el mink. —Esta vez ha sido más potente. Te he ayudado un poco, honhonhon. —Se rió amigablemente. —Ya te habrás dado cuenta, pero tengo una cicatriz en el ojo de cuando me uní al Ejército hace muchos años. Una larga historia. También tengo otra más reciente en el vientre. —Se levantó la camisa sin mayor ceremonia para mostrar la electrizante cicatriz que le dejó Nottingham en Mogaro. —Esta dolió más, te lo prometo. —Bajó de nuevo la camisa y miró de arriba abajo al mink tigre.

—Te voy a ser sincero, me gustaría entrenarte con mayor intensidad, pero temo por tu vida si así lo hago. Mi mayor defecto es que soy incapaz de contenerme lo más mínimo a la hora de pelear. Sin embargo, que no te desanime este hecho, porque de todos modos necesitas gente con la que esforzarte al máximo. —Le dio una palmada en la espalda para animarlo y se alejó dos metros de él en un suspiro. —Bueno, no voy a dejar que me golpees todo el día, esta vez te bloquearé. —Hizo girar a Preypiercer un par de veces en su mano derecha. Por algún motivo la notaba... rara. Cada vez que apuntaba con ella a Shiryuko ofrecía una cierta resistencia a dejar de apuntarle, como si la punta y el cuerpo del tigre araña se hubieran convertido en los polos opuestos de un imán. —...Y para ello usaré mis guantes, no la lanza. —Dijo el panda, precavido. Enfundó a Preypiercer en su espalda y levantó su brazo derecho, invitando al mink a volver a atacarle una vez más. —Tengo un mal presentimiento. ¿Serán ciertas las historias? —Bambú se enterró en profundas cavilaciones mientras el mink espadachín preparaba su ofensiva

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