06-11-2023, 03:23 PM
(Última modificación: 06-11-2023, 03:37 PM por Jolyne Jones.)
Mi nueva vida como prófuga de la justicia me había llevado escasas horas antes a la isla de Toko. Un buen sitio, si se me preguntaba, para ir de vacaciones. Con gente agradable, algunos borrachos, caballos por la calle y alguna que otra rata de vez en cuando. Era tal y como recordaba de mi a veces querido pueblo natal, pero me faltaba algo. Bien era sabido por todos que los lugareños eran muy desconfiados con los recién llegados, y si no que me lo dijeran a mí, que había estado en su posición años atrás. Mi tarea para ese día sería integrarme en su sociedad adoptando sus costumbres, así que empezaría por tomar uno de esos famosos paseos a caballo como había visto que hacía la gente de bien, solo que el carro en el que me senté parecía bastante cargado. Estaba lleno de cajas y barriles con mercancía que parecía para un bar, por lo que tuve que hacerme hueco entre ellos. Una vez dentro, escuché la voz de dos hombres mientras discutían algo sobre una entrega y un duelo. El caballo relinchó y las ruedas empezaron a moverse por el suelo lleno de socavones, pudiendo notar en mi cuerpo el incesante traqueteo. Entre todas esas cosas, me llamó la atención una de las cajas que además era la más pequeña. Debía contener algo importante ya que era la única que estaba cerrada, pero, aunque mi curiosidad me llamaba, no tenía forma de calmarla mirando su contenido.
Llegamos a una especie de salón a las afueras del pueblo, donde aproveché para bajarme después del turbulento viajecito y sacudirme el polvo que había levantado el carro durante el camino. Uno de los hombres se puso a descargar barriles y cajas enteras de whisky hasta el interior del salón, donde le esperaba un tipo bien vestido y pulcro, que supuse que sería el mandamás del lugar. Entre todas las cosas, le entregaron en mano la dichosa caja que encontré en el carruaje y, como si le restregaras algo a un perro por el hocico, acabé mosqueándome por no haber tenido oportunidad de conocer el contenido de la misma. Antes de ir al interior del local, pude apreciar cómo el hombre me dedicaba una mirada de superioridad que yo recibí con indiferencia. Una muchacha joven se acercó y me empezó a hablar. -Que no te sorprenda si el señor te mira mal, últimamente ha tenido problemas con los que van así vestidos. Miré mi atuendo sin encontrar nada de malo - ¿Así cómo? Solo era una chaqueta y unos pantalones como cualquier otros. Sin contestar a mi pregunta y con un nivel de dramaturgia parecido al de Aspros, aquella joven continuó hablando. -Estoy tan cansada del orgullo y la arrogancia del señor, que en cualquier momento me voy y no me vuelve a ver el pelo. ¿Te puedes creer que es la tercera vez que se bate en duelo en lo que llevamos de semana? Y todo por un puñado de berries. No tenía ni idea de lo que me estaba hablando la joven, pero donde fueres, haz lo que vieres. – Sí, es una pena lo de los duelos y todo eso. En fin, ¿cuándo tendrá lugar? Ya que estaba en medio de la nada, qué menos que poder ver un duelo de esos.
La muchacha me indicó a regañadientes que estaba programado para esa misma mañana y se fue a una de las habitaciones del salón para no estar presente. Al mismo tiempo, el señor salía de allí en compañía de un séquito de asesores. Entre el grupo de gente que se congregó fuera del local, se alzó la figura de un hombre barbudo, desaliñado y con capa. Según se cuchicheaba, el forastero perdió una partida de cartas en el salón, pero no contaba con dinero para pagar su deuda, por lo que el señor tomó su equipaje como garantía hasta que pudiera saldarla. El problema venía cuando el señor comprobó su extraño contenido, tomando la decisión sin avisar al forastero de que, además de exigirle el pago de la deuda, se quedaría con una fruta como interés del pago por las molestias. -Puaj. Dinero, dinero, dinero. ¿No sabían hablar de otra cosa? A mi me llamaba más esa dichosa fruta tan especial, ¿estaría dentro?
Entré al salón ya vacío y, detrás de la barra, vi la caja del carruaje medio escondida entre manteles. -Vaya, nos volvemos a encontrar. La saqué de allí y me di cuenta de que tenía la tapa algo levantada como si hubiesen querido comprobar su contenido. Por fin me asomé y pude ver lo que parecía una fruta en su interior. ¿Se trataría de una casualidad o del destino? Como el que no quiere la cosa, la estampé contra el suelo para terminar de abrirla y miré hacia los lados dispuesta a hacer como si se me hubiese caído por accidente, pero todos estaban fuera demasiado ocupados con la agitación. Un pensamiento intrusivo entró en mi mente como si de una mosca molesta se tratara. ¿Y si me la comía? Muerto el perro se acabó la rabia, ¿no? Me puse a reír internamente y agarré la fruta cerciorándome de que nadie me miraba. Me atraía su color y sus formas tan extrañas. Seguro que era una fruta de ciudad, porque yo no la había visto en mi vida. Ni siquiera algo que se le pareciera.
Sé que cualquiera con capacidad de juzgarme me miraría mal si le dijera que había tomado el premio de un duelo. Pero, de donde yo vengo, el que se lo encuentra se lo queda de toda la vida. Y si no, que lo hubieran vigilado mejor. Sin dudar ni un segundo más y con unas ansias de curiosidad por saber qué de maravilloso tenía una simple fruta, le pegué un bocado y me lo tragué. No noté ningún sabor espectacular, lo que me provocó una decepción inmensa, así que decidí pegarle otro bocado seguido de otro hasta darme cuenta de que me la había comido entera. -Pues tampoco era para tanto, no entiendo el interés. Con resignación, me dispuse a salir para contemplar el duelo, pero me empecé a sentir extraña. Noté algo distinto en mi cuerpo y comencé a ver las cosas de una manera diferente. Miré hacia todos los lados, ¿estaría en una alucinación? Tras esto, un grito me alertó. - ¡Vámonos rápido o vendrá el sheriff! La gente empezó a dispersarse rápidamente y entre todo el caos, salí del lugar sin que nadie me prestara atención. Junté mis dedos y los separé repetidas veces. -Lo que me faltaba – pensé entre risas. ¿Sería esto el poder demoníaco que decían? Estaba deseando enseñarles a mis compañeros mi nueva habilidad.
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