Tras meses entrenando como Marine y haciendo labores cotidianas en la base, Ikirami había recibido su primera misión. Claramente, no se trataba de algo muy emocionante, una simple revisión del contenido científico de los libros que iban a salir de Ohara en el próximo envío. Para otro Marine, es probable que esta misión fuese aburrida, sin embargo Ikirami estaba extremadamente emocionada. Toda su vida estaba enfocada a un objetivo: conocer más sobre las Akuma no mi y su localización. ¿Y que mejor lugar para conseguir información que Ohara? Pues ninguno. Como todavía tenía tiempo, aprovecharía para investigar.
Tras desembarcar en el puerto junto con algunos otros marines, se cambió su uniforme por ropa común. Si tenia que investigar, mejor pasar desapercivida. Se vistió con una camisa negra ligeramente desabotonada, sus apreciados guantes de piel negra y unos pantalones largos y ceñidos de algodón rojos como su pelo. Por supuesto, se llevó consigo una bolsa con una libreta, catalejo, su identificación de Marine y una botellita de salsa picante. En este caso, salsa Sriracha, una especialidad elaborada con pimientos picantes fermentados con ajo, toda una delicia.
Se encaminó al centro de Engan, que era un pueblo modesto de edificios redondeados, casi como pequeñas torres de ladrillos de roca blanquecina. Todo estaba cubierto de vegetación, pero muy bien cuidada. Los lugareños que caminaban por él a menudo cargaban con libros, material de escritura y de investigación. En general se respiraba un ambiente tranquilo y acogedor.
-Buenos días, señorita. ¿Está aquí por turismo?
Un hombre mayor de aspecto un tanto desaliñado se había acercado a ella cuando admiraba las edificaciones.
-Buenas tardes, señor. Se podría decir que sí -contestó ella a la vez que le dedicaba una ligera sonrisa al hombre-. He escuchado hablar muy bien de este lugar. Una parada obligatoria para cualquiera que se considere medianamente erudito.
-Oh, ¿es usted una? Pues escuche, tengo algo que le podría interesar -dijo mientras echaba una ojeada rapida a su alrededor. Sacó de un bolsillo un trozo de metal dorado con un intrincado diseño tallado en ella, de apariencia antigua-. Esto es un fragmento de unas ruinas que desenterraron los mejores arqueólogos de Ohara en el Grand Line. Es totalmente de oro, y que formaba parte de una escultura que medía más de quinientos metros, ¡una maravilla de la antiguedad! Mira, acercate -le dijo mientras ponía el fragmento ante ella y señalaba las marcas en ella-. Esto que ves es un lenguaje que nadie ha sido capaz de descifrar. ¿Le interesa? Seguro que el que lo descifre obtendrá fama y reputación por todo el mundo, incluso podría llevarle hasta la estatua. ¿Se imagina? Todo ese oro esperando a que alguien lo encuentre.
Con el primer vistazo, Ikirami se había dado cuenta de que era falso. Una simple piedra coloreada con polvos de mica dorados. Era una estafa muy habitual para hacer pasar algo por oro. Y tenía una forma muy fácil de detectarse, dejaba polvo dorado en los dedos cuando lo tocabas, y los del anciano estaban recubiertos. "Vaya... Y yo que solo quería buscar una biblioteca..." pensó Ikirami. "Pero el deber me llama. Y quién sabe, tal vez hasta sea divertido"
-Vaya, sí que es todo un descubrimiento. ¡Increíble! -dijo ella aparentando verdadero interés- ¿Y cuánto costaría? ¿Tiene más cosas así de interesantes? Sabía que tenía que venir a Ohara con todos mis ahorros, aunque mi madre dijese que era una estupidez. Por favor, enséneme más, estoy dispuesta a comprarle todo si es así de interesante.
Al escuchar esas palabras, el hombre abrió los ojos y esbozó una sonrisa en su rostro que apenas pudo contener. Era su día de suerte. Con un gesto triunfante, el anciano asintió con entusiasmo y condujo a Ikirami a través de las calles serpenteantes de Engan, hasta llegar a una casa discreta con una puerta de madera que rechinaba al abrirse.
-Esta es mi humilde tienda- declaró, mientras le hacía señas para que entrara en el sospechoso lugar.
El interior estaba atestado de estantes que crujían bajo el peso de libros de aspecto antiguo, mapas descoloridos y todo tipo de artefactos que prometían historias de otras eras. A Ikirami no le pasó por alto el olor a papel viejo y tinta, una mezcla de sabiduría y decadencia.
-Vea, señorita, estos son los tesoros que Ohara esconde. Cada uno es una puerta a lo desconocido, ¡un enigma esperando ser descubierto!- proclamó el hombre, mostrando una serie de objetos con supuestas historias fascinantes, cada uno con un precio más exorbitante que el anterior.
Ikirami asintió y fingió admirar las reliquias, su mente tejiendo la red de su captura.
-Esto es magnífico- dijo ella, su voz tan elaborada como las falsificaciones que le mostraban. -No obstante, debo decirle que hay un detalle que usted parece haber pasado por alto.
El anciano, cuyo semblante de avaricia se tensó ante la intriga, inclinó su cabeza, invitando a la revelación. Ikirami se acercó, sacó su identificación de Marine y la mostró con la solemnidad de un juez.
-Está usted bajo arresto por fraude y engaño a los ciudadanos de Ohara -declaró con autoridad, mientras la falsa sorpresa se deslizaba del rostro del hombre, reemplazada por una resignación culpable.
Con un breve forcejeo, el anciano fue sometido y entregado a los guardias de la ciudad, que lo aceptaron con un murmullo de desaprobación. No era la primera vez que uno de los suyos caía en la trampa del oro falso.
-Me ocuparé de examinar el material falso- propuso Ikirami, usando su ingenio para revisar si había algo de valor entre tanta basura. Los guardias asintieron, agradecidos por la ayuda de un Marine.
Mientras fingía su labor, sus ojos se posaron sobre un volumen que destacaba entre los demás: un libro antiguo, con el lomo desgastado y las páginas amarillentas por el tiempo, pero su aura era diferente, casi vibrante con el eco de autenticidad. Con discreción, Ikirami lo tomó, ocultándolo entre sus pertenencias. "Este merece una inspección más detallada," pensó, ya imaginando el momento en el que, en la tranquilidad de su cuarto, desentrañaría los secretos que aguardaban entre sus páginas.
Así, con un libro que prometía conocimiento genuino bajo el brazo, Ikirami se retiró de la tienda del estafador. De vuelta a su objetivo por saciar su curiosidad por las Akuma no mi. Lista para descubrir que más le esperaba en las páginas de la historia de Ohara.
3 FUE
3 RES
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8 INT
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Vitalidad: 67 / 66
Energía: 74 / 86
Espirítu: 23 / 69
Nivel: 1
Otro día más en este sitio de listillos. Madremia esta gente no le pone emoción a nada. Me puse mis zapatines y emprendí mi paseo diario para ver si podía buscar gresca o alguna cosita interesante. ESTE SITIO ME ABURRE. Así que me metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón vaquero, y justo a mi chicle de fresa pasión, masticándolo y haciendo pompitas con él, me puse a observar que pasaba por los alrededores. Pero como siempre, todo tranquilo, nada más que gente listilla en su mundo del yupi. Que si libros por aquí, que si pergaminos por allá... Og, yo quería ver trastos, chatarra, mecanismos, ese tipo de cosas brillantes que me gustan tanto para toquetear. Pero esas cosas las tienen guardadas siempre.
De repente, según iba patinando lentamente con un pasotismo increíble, me percaté de una cosa rara. Había un grupo de gente por allí que no me sonaba en absoluto. Frené en seco mis zapatines, y di 3 pasitos hacia atrás para poder verles mejor. - Queeeee raaaaaroooo... Nunca he visto a estos por aquí. Y tampoco tienen pinta de empollones - Pensé. Estaban todos como muy quietos, vigilando la zona, o eso es la sensación que me daba a mí, y yo siempre tengo razón. ¿Qué porque? Porque mi papo lo dice, y punto. Pero desde luego, la que más destacaba era una chiquilla muy guapa. Una pelirrojaza muy refinada. Era la que más movimiento tenía tener de todos, la que más se interesaba por el lugar. De repente, el viejo asqueroso del pueblo que siempre intenta engañar a la peña extranjera se acercó a hablar con ella. No cabe duda, no eran de aquí. Todos saben que ese guarro solo es un canalla. Nadie le prestaría atención a no ser que no lo supieras. Me incliné para ponerme de cuclillas mientras observaba la escena. Estaba a la espalda de la pelirroja, no podía verme. El viejo sí, pero ni se percató de mi presencia. Así que me limité a observarlos mientras hacía pompas con el chicle.
De repente, el viejo sacó un trozo de metal dorado con una especia de grabado en él. No sé qué coño era, pero brillaba como el metal. Me servía de juguete para poder hacer mis movidas. Tenía que hacerme con él fuera como fuera. Tras unos segundos, tanto la pelirroja como el viejo entraron a la tienda de este - Ops, otra tonta que ha caído, he. - Pensé. Así que me puse de nuevo de pie y me acerqué a la tienda lentamente, sin armar mucho ruido hasta llegar a los escalones de la tienda, donde me apoyé en ellos mascando mi chicle y esperando el momento del desenlace. Pasaron unos minutos y de repente, toda la gente de antes que vi vinieron hacia la tienda, y de repente el viejo asqueroso estaba esposado y se lo llevaban arrestado - ¡IAHAHAHAHA! ¡JODER VIEJO, ESTA VEZ NO HA COLADO! - Le dije cuando pasó por mi lado. Vi como se lo llevaban, no sé a donde, me la sudaba. Pero sí me di cuenta de que la pelirroja no salió de la tienda al mismo tiempo que el viejo.
Pero tras unos segundos, salió de allí. Y con un libro bajo el brazo. Algo de las Akuma no mi. Como estaba sola, ya que sus compañeros se llevaron al viejo, decidí ponerme en medio de su camino para intentar que se parase a hablar conmigo - Oye oye oye oye pelirroja, donde vas con tanta prisa - Le dije terminando con una pompa de chicle - Has entrado sin nada y ahora sales con un librito bajo el brazo. Eso está un poco feo, ladronzuela - Le dije con cierto tono humorístico - Pero mira, podemos hacer un trato. Si me dices donde has dejado la pieza metálica que te enseñó el viejo antes, aquí no ha pasado nada ¿Qué me dices, hermosura? - La dije en un tono sensual y mirándola los labios, esperando su respuesta.
Info
¡Hola! Te he invadido tu tema, es por eso que pongo el comando Personaje, ya que hay que hacerlo por normativa, pero no tengo intención de pelear ni bélico ^^
07-11-2023, 01:30 AM (Última modificación: 07-11-2023, 02:09 AM por Ikirami.
Razón: Aclaración
)
Mientras había estado revisando la tienda, Ikirami se había percatado de que alguien estaba armando algo de jaleo fuera. Por la voz, una mujer un tanto escandalosa. Continuó con su trabajo y salió de la tienda con el brazo bajo el brazo.
Entonces se fijó en ella, una chica revoltosa de pelo azul y estilo un poco “macarra”, debían tener una edad parecida. Ikirami le sonrió cordialmente, pero antes de continuar su camino ella la interceptó poniéndose en medio. Mientras hacía una pompa con un chicle intentó extorsionarla. “Menudo portento de sutileza” pensó. Acto seguido la chica continuó actuando de forma… ¿Sensual? Quería ese fragmento pintado de color oro. Echó un vistazo a los guardias, que estaban controlando el lugar, aunque no las estaban mirando directamente.
-Está bien -le respondió susurrando mientras se guardaba el libro en la bolsa disimuladamente-. Está ahí dentro. No es la gran cosa, pero si lo quieres es tuyo. Yo distraeré un momento a los guardias y tú te llevas eso. Así quedamos en paz. ¿Hecho?
No le convenía que la pillasen escaqueándose con eso, así que si podía evitar el conflicto, mejor. Estaba dispuesta a arriesgarse por lo que contenía.
Que maja la pelirroja. Hasta me dedicó una sonrisa y todo. Me sorprendió la facilidad con la que aceptó mis palabras y sabía en la situación que se encontraba. La había pillado infraganti con el librito de las Akuma no mi. No se lo pensó mucho y fue directa al grano. Me propuso un trato: Por lo que yo preguntaba, según ella, decía que estaba dentro de la tienda, que podía ir a recogerlo, y a cambio, yo la dejaba irse con el librito. Todo esto me lo decía mientras se guardaba el libro en su bolsa. Esta tía era muy lista, podría ser. Pero lo que estoy seguro es de una cosa: Yo no soy tonta. Y ahora mismo mi atención paso a ser completamente suya.
- Pero oye, pelirroja, dime, ¿Por qué te interesa tanto un libro de las Akuma no mi? Digo, si es cierto, que es algo raro y curioso y bla bla bla - La dije mientras caminaba a su lado lentamente con mis zapatines y los brazos levantados, apoyando mi cabeza en mis manos - ¿Nunca has visto una? ¿O es que acaso eres usuaria? - Le insistí - Veeeenga joder, no seas así conmigo, estoy siendo amable. Si quieres podemos irnos tú y yo a solas y me comentas sobre ello, ¿qué te parece pelirrojaza? - La dije mirándola fijamente a los ojos y mordiéndome el labio inferior para ver su reacción.
Me olvidé completamente del cacharro que el viejo estafador intentaría venderla anteriormente. Ahora me gustaba mucho más prestar atención a esta chiquilla.
Mis Karmas
• Sentidos aumentados: Uno de tus sentidos a tu elección está potenciado: VISTA - Veo como te guardas el libro en el bolso perfectamente, además estoy enfrente tuya. • Sintonía natural: Nadie puede odiarte sin que hayas hecho algo para ello. • Muletilla: Tu personaje tiene una palabra o expresión que repite con mucha frecuencia. Debe decirla al menos una vez en cada post donde el personaje hable: Joder
Tus Karmas
• Seductor: Los personajes o NPC cuya orientación sexual te favorezca, te darán un trato más amable y sus karmas negativos que te afecten se verán mitigados - Tienes este Karma, y Erika es bisexual. Es por eso que mis Karmas negativos como Colérico, Gruñon y mi Tic no se han activado de momento.
Una cosa quedaba claro, esa chica estaba coqueteando con ella. Lo que no tenía tan claro es si era una treta o realmente tenía interés. Había esperado poder solucionar el asunto rápido, pero las cosas no estaban saliendo como ella quería. Se sentía algo frustrada, pero también divertida. Por lo que había escuchado cuando estaba dentro de la tienda, la chica ya conocía al viejo, por lo que era probable que fuese habitante de la isla. ¿Podría sacarle algo de información de valor?
No perdía nada por intentarlo, así que decidió seguirle el juego. Le había propuesto irse a algún lugar alejado, y no parecía que tuviese malas intenciones, tan solo mucha desfachatez.
Desvió la mirada a los labios de ella, que se mordía con picardía. Alzó de nuevo la vista a sus ojos y ladeó la cabeza, devolviéndole la picardía con la mirada.
-Pues vayamos a un sitio más privado -sugirió mientras se pasaba un mechón detrás de la oreja-.
Echó un vistazo y vio que la calle a su derecha desembocaba en un pequeño huerto de frutales en el que no había nadie, justo en la dirección contraria de los guardias. Era mediodía y el sol estaba en su máximo apogeo, y aunque era primavera, la humedad en el aire aumentaba la sensación térmica, un tanto agobiante. Comenzó a andar en esa dirección.
-Podemos ir a hablar allí, a la sombra de un árbol. -se giró suavemente para ver si le seguía y le dedicó otra sonrisa-. No soy muy fan del sol, la verdad -dijo seguido de una ligera risa que sonó como un leve siseo-. Por cierto, aún no me has dicho tu nombre. Yo soy Ikirami, encantada.
Karmas
Risa excéntrica: (Ssssssss ssssss sssss) Caluroso: puro roleo. Sentidos aumentados: Vista, para ver un lugar sin gente.
No se si lo de seductora, belleza, toque divino y mentirosa sirven para que el coqueteo parezca real.
"Vayamos. A un sitio... PRIVADO" ¡JODER, HE TRIUNFADO! Creo, supongo. No lo sé. Pero ha aceptado mi petición. Encima peinándose ese pelito rojo pasión detrás de la oreja e inclinando la cabeza, diciéndomelo de esa manera tan de niña buena que no ha roto un plato. Hehe, podría ser. Pero ese cuento yo ya no me lo creo. Así que aunque la pelirrojaza intente mandarme señales, puede ser que me la esté liando. Tengo que tener cuidado. Pero es que con esa carita a veces me pierde. Así que Erika, concéntrate.
Decidí seguirla, yo en mis zapatines a su ladito lentamente, mientras me llevaba a un sitio donde había verduras en la tierra y todo eso. - Joder pelirroja... ¿Ya me estás llevando al huerto tan pronto? !IHAHAHAHA! - Dije sin pensar. Se me fue la puta cabeza. No sé si el chiste le haría gracia o no. Pero yo lo suelto y si cuela, cuela. Cogí y cerré las ruedecitas de mis zapatines. Saqué un chicle de fresa y empecé a masticarlo - pero con la boca cerrada, soy una señorita educada - y las manos en los bolsillos del vaquero. Me dijo que no era muy fan del sol, no le gustaba el calorcito acompañado de una risa muy rara pero con un tono muy bajito. Me percaté de que había un arbolito que daba sombra - Pues mira, puedes ponerte debajo de este - señalé al árbol sacando la mano derecha del bolsillo, pero sin elevar el brazo, debajo de la cadera - No te nos vayas a derretir, ¿ah? - Finalicé con una pompa de chicle.
Me dijo su nombre, Irikami. Joder, muchas Ies, esperaba decirlo bien - Iiiii...rikami ¡VAAALE! Joder, lo he dicho bien. Yo soy Erika, un placer chiqui - Le dije mirándola a los ojos. No tarde mucho en ir al grano para saber directamente lo que me interesaba - Y bueeeeeeno, dime... Iiiii... - Miré al cielo haciendo una mueca con la boca - ... irkami! Eso, eso. Dime, que hace una pelirrojaza como tú en esta isla tan aburrida. ¿Visita familiar? ¿De estudios? ¿Ocio? ¿O simplemente es que te gustan mucho las Akuma no mi, ah? - Me acerqué a su lado y la di un ligero toque con mi codo derecho a su brazo izquierdo - ¿Acaso eres usuaria eh? - La dije con un tono picaresco y de risa, esperando a ver que me respondía.
Cuando Erika extendió su brazo y con la gracia de una bailarina señaló hacia un majestuoso árbol, Ikirami se acercó hacia él en busca del cobijo de su sombra. Se movió con pasos medidos, casi reverentes. Estaban en pleno corazón de la primavera, y el lugar estaba inundado de cerezos en pleno esplendor, cuyas ramas se mecían suavemente al ritmo de la estación, engalanadas con el rosado de sus flores. El viento, juguetón y fresco, provenía del norte y tejía en el aire un baile encantador con los pétalos que, uno a uno, se despedían de sus cunas para emprender un último viaje, tiñendo así de poesía cada rincón de esa zona.
La atmósfera se cargó de un sutil encanto cuando Ikirami escuchó la broma de Erika sobre derretirse bajo el sol. Con una sonrisa tímida, pero llena de complicidad, se inclinó para tomar una de las flores que habían emprendido su danza descendente. Con una delicadeza que parecía honrar la belleza del momento, se la colocó a Erika en el cabello, apartando con gentileza unos mechones para posicionarla detrás de su oreja.
-Así que Erika... Bonito nombre-comentó con un tono que revelaba una mezcla de admiración y curiosidad.-. ¿Sabías que significa 'la princesa eterna'?
La pregunta quedó suspendida en el aire, casi como los pétalos que los rodeaban, y antes de que Erika pudiera reaccionar a la afirmación, Ikirami se volteó para absorber una vez más la belleza del paisaje.
-Realmente he venido por trabajo- comenzó a explicar, rompiendo brevemente el encantamiento del momento cuando Erika le preguntó el porqué de su visita-. Y debo admitir que es bastante aburrido. Sin embargo, Ohara tiene un encanto inigualable-Hizo una pausa, considerando sus siguientes palabras.-. Y hablando de cosas fascinantes, ¿qué hace alguien como tú en Ohara? Este lugar es un santuario de libros antiguos, sabiduría y arqueología. No es que me incumba, pero me resulta curioso encontrarte aquí- dijo, girándose de nuevo hacia ella con una sonrisa juguetona-. Resaltas entre la multitud, eres como un relámpago en el cielo nocturno, imposible de ignorar. Shishishi.
La conversación tomó un giro más serio cuando Erika trajo a colación el tema de las akumas. Ikirami sintió un escalofrío, una contracción involuntaria en su estómago, reveladora de emociones que prefería mantener ocultas. Se abrazó a sí misma, su mirada se tornó sombría y su postura defensiva. Hubo una lucha interna evidente en su rostro, debatiendo si abrir ese capítulo de su vida a una casi desconocida.
-No, no soy una usuaria- confesó finalmente, bajando la mirada en un gesto de vulnerabilidad-. Mis experiencias con ellas han sido... menos que favorables. Prefiero reservar esos recuerdos para mí, lo siento- La sinceridad de su tono dejaba claro que era un tema doloroso para ella.
Ikirami entonces elevó una mano y apoyó la cabeza en ella, inclinando la cabeza ligeramente, una pose que reflejaba contemplación. Su atención volvió a Erika, casi como si buscara en ella una especie de refugio.
-Aun así, me atrae la idea de conocer más sobre ellas. A lo largo de mi vida, he dedicado muchas horas a la lectura, pero las akumas son entidades tan enigmáticas que siento que lo que sé es apenas un rasguño en la superficie de su verdadera naturaleza. Y deseo desentrañar todos sus secretos- dijo con una mezcla de determinación y anhelo-. Puede que no sea lo más emocionante para ti, pero esa es la razón por la que deseaba ese libro. Para ver si entre sus páginas descubro algo nuevo, algo revelador.
09-11-2023, 02:31 AM (Última modificación: 09-11-2023, 04:30 PM por Erika Storm.)
Me quedé atónita cuando, de repente, la pelirroja, cogió una flor del suelo y me la puso en la oreja con una sonrisa preciosa. Dijo que mi nombre era muy bonito, y que significaba "la princesa eterna". Hacía mucho tiempo que nadie hacía un gesto tan cariñoso por mí. Y estoy hablando de años. Por un momento, me quedé paralizada, sin saber qué decir. Me sentí indefensa, desnuda, incluso mal. En ese momento sabía que ella no tenía la culpa de que yo me iba a sentir así. Pero mi manera de ser me hizo defenderme de alguna manera. Puse una cara de miedo que se podía notar a kilómetros, cara de pavor por lo que me había pasado. Cuando me quise dar cuenta, la mire e intenté sonreír y disimular de alguna manera, ni me molesté en que quedase real. Cogí la flor de mi oreja y me la dejé en las manos, jugando con ella y moviéndola de una a otra. Intenté centrarme de nuevo para no parecer vulnerable, y me armé de nuevo en mi armadura de mala persona, no podía permitir que me viera nadie así.
La pelirroja me contó que estaba aquí por trabajo, que la isla era aburrida, pero era perfecta para sus cosas y demás - Pff, sí, suele ser un poco aburrida - Dije de manera seria y calmada mientras miraba la flor, con la cual seguía moviéndola de una mano a otra. A su vez, me preguntó que qué hacía yo aquí, como que no pegaba en este sitio. Y no le falta razón. Pero de nuevo, me soltó una especie de piropo, o eso pensé, no lo sé, simplemente agaché más la cabeza mirando la flor y contesté de manera bajita - Sí. Bueno, no me quedó otra que venir aquí y ser un bicho raro - En un intento de no parecer débil la miré - Pero baaah, ya estoy acostumbrada joder, tranquila - Dije en un intento de cambiar mi estado de ánimo y no dándole importancia.
Pero de repente, cuando le pregunté el tema de las Akuma no mi, parece que las tornas dieron un giro brusco. Ella empezó como a encontrarse mal. Se la notaba, no sabía decir como, pero la que estaba incómoda ahora era ella. Me sentí un poco mal, quizás también por como me encontraba yo. Pero acto seguido me lo confesó todo. No era usuaria y no quería abrir un cajón que parecía que llevaba cerrado mucho tiempo - No... no te rayes pelirroja, no es necesario hablar de ello si no quieres - La dije mientras miraba la flor de nuevo. Tras esto, me confesó que quería descubrir el secreto que se escondía detrás de las Akuma no mi. Esa era la razón por la que se guardó el libro que encontró dentro de la tienda del viejo mientras me miraba.
- Bueno, pues vamos a hacer una cosa - Me acerqué a ella hasta estar cara con cara, a menos de un metro, mientras le colocaba la flor que me puso ella en su pelo - Llévate el libro, de mi boquita no saldrá nada - Levanté mi mano con el puño cerrado, pero con el índice estirado y le di un suave toquecito en su nariz - ¿Vale, Ikirami? - La dije en un acto de amabilidad, mirando a los ojos con ternura. Cosa que era muy rara en mí, yo no suelo ser así. Pero la pelirroja me tocó la patata, supongo - ¡BUEEEENO! Qué calor que hace la virgen, ¡uffff! - Dije mientras me sacudía la chaqueta - ¿Y entonces ahora que vas a hacer, bonita? ¿Te vas a ir ya? - La dije ladeando mi cuerpo y la cabeza hacia la derecha y con los ojos cerrados
Karma
• Mal pasado: Tu personaje tiene una vida pasada que volverá para complicarle las cosas en algún tema, o varios: Cuando algo de su pasado se le pasa por la mente a Erika, todo lo negativo se esfuma.
La conversación que acababan de tener había servido para tejer un hilo sutil de conexión entre las dos mujeres, transformando la percepción que Ikirami tenía de Erika. Lo que en principio había sido una simple chica problemática, ahora revelaba capas más profundas y complejas. Ikirami, entregándole una flor, se había girado, perdiéndose la reacción de Erika, pero al volver a mirar, la vio juguetear con el pétalo, sumida en pensamientos que claramente la llevaban lejos. Ikirami entendió que, al igual que ella, Erika lidiaba con sus propias batallas internas.
Ikirami, sintiéndose más ligera tras el intercambio, decidió que era momento de retomar sus deberes.
-Gracias, Erika. De verdad. -dijo ella- Lo cierto es que debería ir a relizar un trabajo, para eso he venido a Ohara. Tengo que revisar un envío en el puerto; sospechan que puede ser contrabando. No es la primera vez que me asignan una tarea de este tipo y, por lo general, termina siendo un procedimiento tedioso y rutinario.
Avanzó unos pasos, las flores de cerezo caían suavemente a su alrededor, meciéndose al ritmo de la brisa primaveral. Se detuvo y volteó hacia Erika, con una mirada que sugería una idea que acababa de surgir.
-Tal vez... -inició, pausando un momento como si sopesara sus palabras- Realmente, no creo que haya ningún peligro, y lo más probable es que la inspección transcurra sin incidentes. Pero considerando que conoces bien el lugar, tu ayuda podría ser muy reveladora. Podrías notar algo que a mí se me escape.
Le ofreció una sonrisa genuina, cálida y acogedora.
-Y, para ser honesta, he encontrado bastante agradable tu compañía. Estoy segura de que el día pasará mucho más rápido si estás a mi lado.
La sonrisa de Ikirami no solo era amistosa, sino que revelaba un reconocimiento tácito de la conexión que habían empezado a forjar. La invitación quedó flotando entre ellas, tan ligera y prometedora como los pétalos de cerezo que bailaban en el aire.
12-11-2023, 03:48 AM (Última modificación: 12-11-2023, 04:50 AM por Erika Storm.)
Estaba muy confusa. La pelirroja me hacía sentir diferente. Tampoco es que la tratase mal al principio, yo qué sé. Estoy muy acostumbrada a que la gente pase de mí, de que acaben hartos de mi conducta. Pero esta tía solo me sonríe, solo me dice cosas bonitas, y me siento vulnerable. Tengo que tener la cabeza fría, ¿quién no te dice que te pueden volver a traicionar Erika? No confíes no confíes no confíes, me decía una y otra vez en mi cabecita. Pero más tonta soy yo, que indirectamente cojo y le digo que si va a pirar ya, como si quisiera que se quedase o algo. Erika, eres imbécil.
Me comentó que tenía que realizar un trabajo en la isla de los pipiolos. Hablaba de contrabando - Un segundo, estas cosas no los dice alguien normal. Un cualquiera no se metería en este tipo de fregados. Quizás solo yo - Pensé mientras seguía mirándola como se alejaba mientras, como si de una puta película se tratase, le caían flores del árbol alrededor suya mientras el viento movía su melena. - *Zas* - Me di una bofetada en la cara - ¿QUÉ COÑO HACES ERIKA? HA DICHO ALGO DE CONTRABANDO, VENGA APROVECHA - Me decía mi cabecita. Me dijo que lo más probable es que no hubiera peligro, y que yo al conocer la zona podría servirle de ayuda - Pffff - Pedorreé con la boca - Eso está chupado, me conozco la isla de pe a pa - La dije con guasa. Si la acompañaba, quizás podría llevarme alguna cosita.
De repente, otra vez se giró a mirarme y sonreírme, y para colmo me dice que le agradaba mi presencia y que estuviera con ella. -*Zas* - ¡CLARO, VENGA, VAMOS A POR LO QUE TENGAS QUE IR IAHAHAHAHA! - Dije completamente nerviosa y ruborizada, posicionándome rápidamente delante de ella con mis zapatines y las manos detrás de mi espalda. Hice un giro de 180 grados para mirarla - Dices que no habrá peligro ¿Estás seguro de ello pelirroja? Me he dejado a Shock en casa y está lejos para ir. Con ella nos facilitaría mucho las cosas si se ponen feas, pero... - me arrasqué con el dedo índice la mejilla derecha - ... Supongo que podré confiar en ti ... Así que dime información y te ayudaré...- Dije mientras miraba al suelo con cara de duda. No tenía motivos para ayudarla, pero, no sé por qué, quería hacerlo.
- Supongo que quiero hacerlo para ver si saco algo de provecho ... ¿Verdad Erika? - Pensé.