73 de Primavera. Año 11.
Pueblo Kakutasu, Isla Toko, Corriente Daiya - 09:47 a.m.
Vengo de aquí
Pueblo Kakutasu, Isla Toko, Corriente Daiya - 09:47 a.m.
Vengo de aquí
Una vez en el pueblo pude ubicarme fácilmente gracias a la disposición de las casas y de los edificios, lineal, compacta, sencilla... algo intuitivo y fácil de controlar desde un puesto de mando. Puesto de mando que estaba al fondo del pueblo, en el centro, siendo este la oficina del Sheriff. Lugar donde apresaban, retenían y encarcelaban a los molestos criminales o potenciales malechores... suponía que al cumplir con cierta legalidad dentro del margen de la justicia sí que sería un buen lugar para entregar el cuerpo del camarón gigante este, y poder cobrar su recompensa, o en su defecto en caso de no resultar posible, seguramente sería un lugar al que poder acudir para referenciar a donde ir para realizar la entrega.
Crucé el pueblo tranquilo y en silencio, con el arma a la espalda paralela al cuerpo - aun quemado y deformado - del gyojin. La cauterización de lo que le quedaba de tentáculos, hechos muñones ahora, desprendía un ligero olor a quemado y bamboleaban de lado a lado con cada paso que yo daba, al contrario que sus brazos los cuales estaban atados en cruz en su pecho, con las tiras que había hecho rasgando su ropa. Así que en esencia, llevaba a un pulpo de entre metro y medio y dos metros - al haberle arrancado los tentáculos - mutilado, quemado parcialmente, y costroso por el mal trato del cuerpo, mientras caminaba en dirección a la oficina del Sheriff.
Una vez en la puerta, entré empujando la rotativa y puse pies sobre las tablas de madera.
— Oe oe... — susurré, contemplando el ambiente: Un edificio normal, una oficina normal, puertas, paredes, ventanas y escaleras que suponía que llevarían a un sótano donde usualmente está el calabozo. Mi vista se detuvo en la puerta que tenía unas letras apuntaladas que decían: Sheriff. Era como una gran flecha que señalaba mi dirección, así que caminé hasta allí mientras un par de personas clavaban sus ojos en - lo que sin duda sería llamativo - mi y mi carga. Toqué con los nudillos tres veces y me dispuse a girar el pomo de la puerta — Con su permiso — dije, girando la muñeca y abriendo la puerta para entrar y encontrarme con un hombre de segunda edad, con bigote y un bonito sombrero, fumando mientras revisaba algunos papeles. Alzó su vista para mirarme.
— ¿Y ya está? ¿Llamas y entras sin más? — me preguntó haciendo un aspaviento con la mano que sostenía su cigarro — Como si fuera esto tu puta casa... — se quejó y entonces reparó en el bulto que sobresalía a mi espalda, llevando la otra mano a su cintura.
— Tranquilo Sheriff — dije, terminando de entrar en la habitación, girándome para mostrarle la espalda y cerrar la puerta, dejando ver así que llevaba un cuerpo cargado — Es un criminal — y cerré la puerta, descolgando de mi hombro al pulpo y dejándolo con cuidado en el suelo frente a la mesa, sacudiéndome las manos después con dos palmadas, mientras chasqueaba la lengua una vez — Soy cazador de recompensas y he acabado con este... hombre, o lo que sea, que tenía una recompensa por su cabeza — añadí, metiendo las manos en los bolsillos rebuscando los wanted que iba coleccionando — No me digas... — dijo el sheriff levantándose despacio — Así que "cazador de recompensas" — añadió con un tono algo pomposo — Si, ¿por qué? — pregunté serio dejando de rebuscar — Por nada, por nada... — añadió mientras rodeaba con pasos pesados y lentos la gran mesa en la que atendía su papeleo — Bien — dije con rotundidad, volviendo a rebuscar y sacando un fajo de papeles, que fui pasando lentamente observando bien sus caras. No era Triana, no era Kovashi, no era YLCY3 - fuese lo que fuese eso - no era Tobias... ¿quién cojones era toda esta gente? — Peixe — dije al encontrar el cartel, sacándolo de entre los demás - que guardé en mi bolsillo de nuevo - y lo extendí hacia él — Catorce millones de berries — añadí. El sheriff miró el cartel, después me miró a mi, y miró al cadáver del suelo. Después volvió a mirarme a mi — ¿Es él? — preguntó algo incrédulo y se rascó de forma muy sonora su incipiente barba de dos días — No tiene los tentáculos de la cara — matizó — Ni lo que fuera que tenía en las piernas — añadió, dando una gran calada a su cigarro — La imagen del cartel es un dibujo — le dije seriamente — No puedo ser responsable de que alguien haga mal su puto trabajo dibujando mal un retrato robot basado en el testimonio de a saber qué paleto de pueblo — añadí, sacudiendo el cartel — Pero es un pulpo azul con una cresta rosa, no creo que esto sea algo común que suceda y vea todos los días — maticé y me dispuse a reforzar mi argumento tras volver a chascar la lengua — Si no había tentáculos no había fuga, y además eran un peso extra para transportarlo. No deja de ser un calamar de tres metros, ¿sabe? — le pregunté retóricamente — ¡Por las bragas de Tijuana! ¿tres metros? — dijo el sheriff asombrado, mirando con detenimiento el cuerpo del gyojin — Pero si ahora apenas llega a la mitad — dijo acuclillandose para ver más de cerca el cuerpo en la zona de los muñones — Eran tentáculos muy grandes — le dije, dejando caer el cartel delante de él, sobre el cuerpo del tipo — Catorce millones de berries. ¿Usted efectúa estas transacciones o debo ir a otro lugar? — le pregunté directamente.
El sheriff se incorporó rascándose la nuca con el cigarro en la boca y guardó silencio unos segundos — Puedo encargarme — dijo de forma poco convincente — Pero aquí no tengo ese dinero... habría de llamar a la Marina, notificar el... "arresto", o bueno, la muerte del individuo y solicitar que vengan a atestiguar el cadáver y entregar el dinero — y resopló, volviendo a caminar hacia su mesa, para sentarse de nuevo — Y eston puede tomarnos un par de días... Realmente le saldría mucho más factible contactar con su gremio y que ellos se encarguen de todo el trámite — musitó sentándose definitivamente en la silla reclinándose un poco hacia atrás — No trabajo para ningún gremio — dije cruzándome de brazos — ¡Un autónomo! — me respondió casi al instante, sonriendo — Pues debería, muchacho. Tengo entendido que trabajando en un gremio se cobra menos, pero te ahorras todas estas mierdas burocráticas y de trámites... — dijo, pareciendo que me aconsejaba — Pero si no te importa llevarlo tú mismo, esperar a que vengan por el cuerpo... o la persona, si lo entregas vivo... — empezó a decirme — Vivos dan más problemas — le interrumpí — ...y cobrar tú solo la recompensa, te llevarás más que si con un gremio estuvieras tratando — dijo, y dio otra gran calada a su cigarro — A fin de cuentas montar tu propio gremio es caro, problemático y te somete a un duro estrés por la competencia y los problemas de bandas — añadió llamándome la atención al instante — ¿Y qué hay que hacer para montar tu propio Gremio? — le pregunté, haciendo que abriera los ojos de par en par, manteniendo el silencio durante un tenso minuto mientras fumaba.
— Solicitar un escrito, rellenar el formulario, pagar las tasas cumplir con el papeleo lega, conseguir tu licencia... y estar dispuesto a tener problemas con All Hunt, y en menos medida, con los Crusaders — dijo con una sinceridad aplastante. Mis ojos se clavaron en los suyos através de los agujeros de mi casco y mantuve el silencio otro minuto más tras aquello, observándonos fijamente mientras fumaba. Quizá la respuesta no era trabajar para alguien si no intentarlo directamente por mi propia cuenta, montar un gremio, crear un imperio y acabar con la competencia, al más puro estilo de modelo de negocios que llevaba papá en su día... o eso creía recordar — En conclusión acaba siendo una locura... pero es mejor ganar menos que perder el pellejo — dijo de nuevo, rompiendo el silencio — ¿Pero catorce millones? No hijo — añadió negando con la cabeza poniéndose el cigarrillo en la boca y empezando a rebuscar, haciendo que descruzase los brazos — Al final si no es tu vecino de al lado, es el de enfrente, siempre te acaban jodiendo metiéndote una enorme verga por el culo — y reparó en un papel concreto — La Marina no paga sin miramientos a cazadores sin nombre ni reputación como tú, seas quien seas. Jamás te había visto y no sabía nada de ti hasta que has cruzado por esa puerta, y alguien con tu... apariencia, sin duda lo recordaría. Por eso se quedan un treinta por ciento de la recompensa siempre que alguien no está respaldado por un gremio — explicó el hombre, tendiéndome el papel — Rellena eso como garantía de que estás entregando este cuerpo para poder cobrar su recompensa cuando llegue. Infórmate sobre estas cosas y trata de buscar un buen gremio al que unirte — agarré el papel y lo miré por encima, con tranquilidad — Yo llamaré a la Marina y tendrás tu dinero aquí en dos días — dijo, y yo asentí con la cabeza una sola vez — Comprendo — dije con serenidad y bastante calma — ¿Hay algún sitio donde pueda alojarme para esperar? — le pregunté directamente.
Tras la conversación pertinente, y ya habiendo entregado el formulario que me acreditaba de una forma bastante cínica como el "propietario" del tal Peixe, recibí las indicaciones para alojarme en la posada más próxima y descansé durante dos largos días. Pude asearme, comer caliente y dormir sobre un colchón - que no era tampoco la gran cosa - que calmó mi cuerpo. No salí de la habitación en ninguno de esos dos días, y no me puse el casco ni un minuto desde que entré en la habitación. Lavé y curé mi cuerpo, limpié mis heridas internas y externas y hasta noté una grata mejoría en el hombro tocado por la chatarra esa voladora de los Cabos Gemelos. Fueron dos días de introspección y de sanación, aislado y separado del mundo, pensando constantemente en qué haría si al volver a la oficina del sheriff el cuerpo no estaba y el dinero no aparecía. Pensando en la posibilidad real y palpable de hacer el papeleo para solicitar la licencia y crear mi propio gremio, algo para lo que aun me faltaba gente, un par de socios al menos, ya que no me veía capaz de encarar a dos gremios tan grandes como aquellos en mi individualidad y poder crear una competencia estable, segura para mi mismo, y suficientemente lucrativa como para que el negocio pudiera prosperar decentemente. Tenía que dar el primer paso, tener el control, y conseguir como poco un par de compañeros - o subordinados - que pudieran cubrirme las espaldas o servir de carnaza si las cosas se ponían lo suficientemente feas. Era algo sobre lo que tenía que meditar. Un objetivo que tendría que llegar, más pronto que tarde, pero tendría que llegar.
Cuando finalizó la espera, habiendo pagado las tasas del hospedaje me dirigí hacia la oficina del sheriff, con el formulario por delante para cobrar la recompensa que se me debía, recibiendo la parte proporcional que el sheriff me había indicado, sólo el setenta por ciento. Ahora tenía algo con lo que poder empezar de nuevo. Algo tangible, algo que quizá pudiera ser "suficiente" en algún momento. Pero tendría que empezar por algún nombre...

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)