[T1 Autonarrada] Reencuentro
#1
Leyenda


Primavera, Año 12
Cercanías del Árbol del Conocimiento, Ohara
Día 42, 10:00 AM

Si había algo que se me daba bien, además de leer, preparar pechuga empanada, dar patadas, molestar a Maeve y meterme en líos sin yo buscarlo, era seguir una rutina. Posiblemente mi no tan breve estancia en el infierno tuvo algo que ver con ello. Me levantaba siempre con la primera luz del día, entrenaba durante una hora y media antes de preparar el desayuno para mí y para mis amigos, y luego me preparaba para hacer lo que me apeteciera el resto del día. Los días que estábamos navegando, mi rutina era la misma, pero tenía que contenerme con los entrenamientos, para evitar dañar a nuestra querida Rémora Fatua.

Tras mucho insistir, había conseguido convencer a la capitana de hacer una breve visita a Ohara antes de partir al Grand Line. Tuve que hacerle muchos pucheros y ofrecerme a prepararle toda la comida que quisiera durante una semana, aceptó finalmente. Iba a ser duro, sobre todo sabiendo lo mucho que le gustaba molestarme a veces, pero merecía completamente la pena. Había alguien a quien quería ver sí o sí antes de emprender esta maravillosa aventura. Prometí que volvería, y quería hacerlo antes de entrar a un lugar tan peligroso.

Por ello, mi plan para este día iba a consistir en buscar y encontrar a la pequeña Eli, para ver qué tal estaba y hablarle sobre mis aventuras. Me hubiera gustado que Maeve me acompañara, pues me hacía mucha ilusión presentársela a la pequeña. Me fue imposible, aun tras haberle preparado tortitas con forma de gatito, pandita, corazón y carita feliz. Me dispuse un poco desanimada a comenzar mi búsqueda, cuando vi a la albina tirada en la cubierta, descansando a la sombra. - Supongo que querrá descansar. Tiene que ser duro ser la capitana. - pensé. Volví a preguntarle si quería acompañarme. - Tal vez haya cambiado de opinión - no fue el caso. Tras la definitiva respuesta negativa salí del barco y me dirigí hacia el pueblo. En mi anterior estancia en Ohara había podido ver que era un sitio extremadamente tranquilo, por lo que no sentía la necesidad de ocultarme tras la capucha. Además, con capucha a Eli le iba a resultar más difícil reconocerme. - Tú también estás emocionado, ¿verdad pequeñín? - hablaba al pequeño felino, quien iba sentado en mi hombro, maullando y mirando a todas partes.

No me costó demasiado llegar al Árbol del Conocimiento, pues ya había ido anteriormente. Los recuerdos de mi anterior visita volvían mi mente, recordando aquel viaje en el carro. Una vez frente a las grandes puertas, las empujé, disponiéndome a entrar. Me quedé unos instantes parada, pues no se movieron un milímetro. Volví a intentarlo, nada. Tras otro intento miré a mi alrededor, viendo un gran cartel. "Tirar". Recordé al instante que la anterior vez me había sucedido exactamente lo mismo. Agaché la cabeza, avergonzada, y abrí la puerta antes de entrar.

- Oh, vaya. Mira quién ha venido - habló secamente la anciana bibliotecaria. Estaba exactamente igual a cómo la conocía. Tanto en aspecto como aparentemente en su forma de ser. - Espero que ahora que eres famosa sepas comportarte. - era evidente que conocía acerca de mi recompensa y nuestra aparición en el periódico. - Los animales no están permitidos, ya lo sabes. - señaló a Mandarina - Pero bueno, ¿quién soy yo para tratar de impedirlo? - su afilada lengua parecía intacta. Por alguna razón aquello no me molestó tanto esta vez. - ¿Qué has hecho para tener esa recompensa? - sacó un taco de carteles de se busca y comenzó a pasarlos, hasta que se detuvo en el mío, señalando la cantidad. - ¿Y qué te trae a una pirata buscada a una biblioteca? - miré fijamente a la mujer, pensando en cómo responderle. - Bueno, si preguntas en Ballywood alguien te dirá que como niños. - respondí, seria. Nos quedamos ambas en silencio, mirándonos fijamente. La anciana no pudo evitar soltar una risita. - Bueno, en resumen nos peleamos en un bar, y en una cafetería, y luego nos cargamos a un pirata que vino a molestarnos y nos quedamos su barco,... - me quedé un par de segundos pensativa. - Ah, y tuve un lío con unos marines a causa de que les partí la cara a unos ricachones que vinieron a molestarme en una biblioteca. - la mujer asintió con un extraño gesto de aprobación. No supe si era porque odiaba a los marines, a los ricos o a las personas que molestan a otras en la biblioteca. Parecía que al final iba a caerme bien y todo la señora. - He venido a ver a alguien - respondí a su última pregunta. - Ah, sí. La pequeña Eli. Está por ahí, no tardará en venir, seguramente. - sonrió al hablar de la pequeña. - Habla mucho de ti. - aquellas últimas palabras me emocionaron. - Vamos al Grand Line, y quería verla antes. - la anciana volvió a asentir. - Pues si vuelves, a la biblioteca le vendría bien una donación. - afirmó. Supuse que era una forma extraña de desearnos suerte. - Sabes que los libros siempre son bien recibidos. - asentí, animada y algo ablandada. Saqué entonces de mi bolsita uno de los dos libros de cocina que robé en Ballywood y lo dejé sobre el mostrador a modo de agradecimiento. Había copiado de antemano todas las recetas que me interesaban, que eran aquellas que no llevaran marisco (en total fueron dos).

- ¡Eaa! - escuché una voz que venía desde detrás de mí. La reconocí a la perfección, por lo que me giré y me puse de cuclillas. - ¡Has vuelto! - gritó nuevamente la niña. Abracé a esta y la levanté, dando un par de vueltas. - Claro que he vuelto, lo prometí. - respondí, con una sincera sonrisa en el rostro - Bueno, hemos vuelto - le mostré a Mandarina, quien estaba en mi hombro, sentado. - ¡Mandarina! - gritó, feliz. Subí entonces a la niña a mis hombros. Mandarina se subió sobre mi cabeza y se tumbó, mirando a la pequeña. - Vamos fuera, que no vamos a molestar a la gente. - la pequeña asintió. Una vez fuera la bajé, sentándonos las dos en el suelo. - Todavía tengo tu dibujo, mira - lo saqué y se lo enseñé. - Y también te he traído esto - le di un pequeño broche de pelo, el cual tenía forma de gatito negro. - Así Mandarina estará siempre contigo - sonreí y se lo puse. Me alegraba ver a la pequeña tan feliz. Ella sacó entonces mis dos carteles de recompensa, los cuales parecía que guardaba con mucho cariño. - La señora Rottenmeier se pasó tres días buscándolos - soltó una risita. Tras decirle que estaba mal robar, me preguntó acerca de mis aventuras. - Pues he hecho dos amigos más. - comencé a explicarle - Uno es un gyojin barracuda, más alto que yo. Tiene unos dientes que dan mucho miedo, y huele mucho a pescado. - la pequeña se tapó la nariz. - Y siempre habla así, ¿me entiendes? juejuejuejue - traté de imitar a Peteiro lo mejor que pude, lo cual a pesar de no ser una imitación perfecta sirvió para hacer reír a la pequeña. - Y también he conocido a una chica que se llama Maeve. - hablé después. - Es blanca, como yo, pero ella tiene el pelo blanco también. - sin darme cuenta una sonrisa comenzó a dibujarse en mi rostro - Y tiene unos ojos muy bonitos. - omití intencionalmente su parecido con los pandas. - Es la capitana, y nos dice qué tenemos que hacer en las tormentas para no hundirnos. Bueno, cuando estamos en el mar en general. - expliqué - De hecho si no fuera por ella no hubiéramos llegado hasta aquí. - dije después. - Ah, y se puede transformar en un pájaro, y vuela. Es un pájaro blanco, aunque no tiene unos ojos tan bonitos. - solté una risita. - Y tiene un látigo que usa como un cinturón. Y cuando hay alguien malo hace así: ¡Zas! ¡Zas! - simulé alguno de los movimientos que la albina hacía con el látigo cuando peleaba. - Su comida favorita es la lasagna de espinacas, y odia el marisco. - asentí. Miré a la niña, quien me miraba feliz y animada. - Es una persona maravillosa, aunque a veces le gusta meterse conmigo me ayuda mucho y me hace muy feliz. - alcé la mirada, recordando algunos de los buenos momentos junto a mi mejor amiga - Es genial, seguro que te encanta. He intentado convencerla de que viniera, pero creo que estaba algo cansada. - hablé, algo triste por ello. Me levanté, antes de sacudir la hierba el abrigo. - ¿Vamos a dar un paseo al pueblo? - la niña asintió animada. - Pero tienes que avisar a mamá de que vienes conmigo, que si no se van a asustar. - la niña entró entonces corriendo a la biblioteca, llevando al felino en brazos. Aproveché para peinarme, agachándome. Separé los mechones y una vez estuve peinada levanté la cabeza nuevamente. Vi salir a la pequeña quien se acercó a mí. - ¿Puedes hacer eso que haces con el pelo otra vez, Eaa? - me pidió. No podía negarme. Tras separarme un poco me agaché, volví a peinarme y me levanté nuevamente. - Que bonita - dijo, mientras me miraba con los ojos como platos y la boca abierta, anodadada. Una vez se recompuso la subí nuevamente en mis hombros. Comencé a caminar en dirección a Pueblo Engan, mientras escuchaba las aventuras de Elisa. - Maeve es genial - dijo, animada. - Quiero conocerla - aquello me dibujó otra sonrisa en el rostro. - Peteiro me da miedo. - habló, con un tono un poco más triste. - Pero seguro que si es amigo tuyo es genial, ¿me entiendes? juejuejuejue - volvió a hablar más animada y se echó a reír. No pude evitar reírme yo también.



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#2
Aventura Tier 1 Autonarrada Completada
Cita:Obtienes:
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