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RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - Voz Seductora - 06-03-2025 El poderoso vendaval del Almirante se extendió por todos los manglares adyacentes con una inmediatez apabullante, como si hubieran invocado un tornado en el mismo centro del archipiélago y este se hubiera encargado furiosamente de distribuir por capricho y fortuna - o infortunio - a los seres vivos del lugar. Tanto civiles como criminales fueron disueltos en el aire hacia uno u otro lugar y esparcidos por el lugar, alejándolos todos del manglar cincuenta que era donde se encontraba el Almirante y quien quería poner espacio en su área de combate para no acabar con nadie. Se encargó personalmente de que su huracán circular no lanzase a nadie fuera de la isla, y, aun sabiendo que esto movería a los soldados y sus tropas aleatoriamente confiaba ciegamente en los hombres y mujeres a su cargo, y sabía que sabrían obrar en cualquier situación, siguiendo sus órdenes principalmente y su criterio en segundo lugar. En este caso, convertido en una polvareda arenosa el prometedor Apolo Bahía era esparcido por el viento de forma violenta y reagrupado en su totalidad con un estallido de arena en el suelo del manglar cuarenta y seis, el mismo lugar en el que el recuperado Don Bambú se estrellaría contra un barrizal. Bambú era un estudioso, pero ¿estaría al tanto de promesas de la Marina como Apolo? ¿Y Apolo habría sido tan serio como para haberse fijado en los wanteds del periódico? ¿De qué forma se desarrollaría la situación?
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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - Apolo Bahía - 07-03-2025 [personajeinvalido=1574] Seguía estático, con mis manos en los bolsillos y contemplando el cielo de forma aburrida y desganada esperando a que nos pusiésemos de nuevo en marcha para seguir con la misión. Ryze comenzó a hablarme, insistiendo en la importancia de que todos fuésemos a una y destacando mi imagen como pieza clave del grupo. No sé si lo decía para intentar animarme o si lo pensaba realmente pero sí que me pareció un poco extraño que dijese que por mi carisma y mi belleza podría servir como distracción para que esos supuestos delincuentes se enfocasen en mí. Un tanto raro que mi papel fuese a ser la piñata del grupo, entonces. Ella no se arrepentía de haber tomado algo junto a Garnet y yo tampoco, puesto que ni sabíamos quién era ni notamos nada extraño. Sin embargo la excusa de ir a por ellos sólo por tener recompensa no me servía, cualquiera se fiaba del motivo de tener una cifra en su espalda y si otro grupo de personas intentarían darles caza, ya no era mi problema. De repente comencé a notar un sonido lejano y una sensación turbia en el ambiente que sacudía lo que se encontraba en la distancia. Mi pelo comenzaba a sacudirse de forma cada vez más violenta seguido de una fuerza invisible que quería llevarme con ella, como si una especie de dios me reclamase. Entrecerré los ojos por instinto poniendo ambos antebrazos en frente de mi cara y clavé mis pies sobre el terreno para intentar luchar contra la violenta y repentina corriente de viento que comenzó a azotar el lugar. Si mis compañeros intentaron comunicarse fue algo que no sabría, ya que los azotes eólicos impedían que pudiese escuchar algo. Comencé a ser arrastrado hacia atrás dejando una marca en el terreno debido a la fuerza que mi tren inferior aplicaba sobre el suelo para no ser arrastrado pero llegó un punto en el que mis fuerzas se vieron completamente superadas. Comencé a volar. Y no sólo eso, sino que la fuerza era tan inmensa que me descompuse en infinidad de partículas ámbar que eran arrastradas como polvo a través de los manglares del archipiélago. Era como estar metido en una lavadora gigante, estaba siendo centrifugado de forma tan caótica que no era consciente ni siquiera de dónde estaba o hacia dónde estaba yendo. Finalmente me estrellé contra el suelo, la arena se había reagrupado en mí y el impacto provocó un estallido arenoso a mi alrededor. Quizás el demonio del desierto yacente en la Suna Suna me echase un cable para no acabar de forma tan dispersa por la isla pero sin duda agradecí que estuviese ahí para que el golpe contra el suelo ni me afectase. Miraba con desdén hacia el cielo, mientras estaba tumbado sobre el terreno — Qué día de mierda — Apoyé mi mano derecha sobre el suelo y me levanté para comprobar dónde estaba. Miraba a mi alrededor a la vez que me sacudía el pantalón, si ya apenas recordaba dónde lancé mi uniforme de Marine, ahora definitivamente no sabía dónde podría estar. Me encontraba en el manglar cuarenta y seis, por lo que había sido arrastrado demasiado lejos desde el número sesenta y nueve. Hice ademán de llevarme la mano hacia mi pecho para sacar mi Den Den Mushi, con la intención de llamar a mis compañeros y reagruparnos... pero decidí no hacerlo tras suspirar y negar con la cabeza. La zona era amplia y con muy poca vegetación, como si fuese una llanura de doscientos metros a mi alrededor. Apenas había árboles dispersos y con un terreno irregular debido a las raíces que formaba el archipiélago. Me encontraba en el centro del lugar y, siguiendo las enseñanzas de Karl, volví a activar mi waki de observación cubriendo los doscientos metros por si la corriente habría arrastrado a algún civil necesitado de ayuda. No percibí ni un alma, la zona estaba desierta... si no fuese porque a veinte metros de mí, noté un aura ligeramente mayor a la mía proveniente de un mink de prácticamente el doble de mi tamaño. Miré hacia él tratando de ver si la situación estaba bien, hasta que noté que su cara me resultaba familiar de algo. Intenté hacer memoria lo más rápido posible hasta que por fin recordé que había visto su cartel de recompensa en el periódico en Isla Chika y también mientras llevaba el barco Marine hacia esta misma isla. — Max... ¿cómo era? — me rasqué la cabeza tratando de recordar su nombre — ¡Max D. Panda! ¿por qué han puesto una recompensa a tu cabeza? Y lo más importante... ¿por qué tu cartel salió en el mismo periódico junto al de un viejo amigo mío? — Alcé la voz para que me escuchase — ¿Eres amigo... o enemigo? — Le hablé sin dejar de prestarle atención, en alerta. Esperaba que pronto pudiese poner camino rumbo al cuartel y dormir un rato... o quizás buscar a Ryze que semejante cantidad de viento para alguien tan chiquita podría ser catastrófico pero siempre había que estar precavido por cómo pudiese ser la reacción de un desconocido. Y más aún después del caótico día que llevaba encima, en el que parecía que no podía fiarme ni siquiera de los que portaban mi bandera.
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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - Max D. Bambú - 07-03-2025 [personajeinvalido=1574] Don Bambú descansaba tranquilamente sobre el cuerpo inerte del Patriota PX-00 mientras observaba a Comilón descender por las raíces del manglar cercano hasta su posición. No hizo el menor esfuerzo por levantarse a recoger el botiquín, ya que confiaba en que su porcino camarada lo recogiese y se lo aplicase mientras él intentaba localizar a Kisuke. Completamente concentrado en su percepción extrasensorial, el panda no se percató de que el viento empezaba a moverse con cada vez más fuerza. Al cabo de unos segundos, el antinatural incremento de la fuerza de éste hizo que el panda levantase la vista para encontrarse con la repentina aparición de un huracán en las inmediaciones. El viento se llevó el botiquín primero, catapultándolo hacia el infinito cielo azul. El panda intentó seguirlo con la mirada, pero tuvo que desistir en el momento mismo en el que su cuerpo despegó de su asiento y se precipitó hacia un incierto destino. Lo último que vio del manglar 50 fue a Comilón despegando igual que él, pero tomando una dirección algo distinta.
La intensidad del viento le hacía girar de forma caótica y constante en pleno vuelo, sin embargo Don Bambú tenía un excelente sentido de la orientación y de alguna curiosa manera podía percibir que estaba volando en dirección norte. Por algún motivo, el cansancio y el dolor que había sentido hasta aquel mismo instante desaparecieron por completo en pleno vuelo, como si el tempestuoso aire del cielo sabadeño ejerciese poderes curativos sobre su maltrecho cuerpo. Las magulladuras dejaron de dolerle y de la terrible contusión que había sufrido en la cabeza después del Erlang Smash no quedaba sino el lejano recuerdo de la sangre seca sobre el pelaje del panda. Para cuando el panda aterrizó sobre un barrizal a toda velocidad, a pesar de lo que pudiera doler aquella caída amortiguada por la tierra húmeda propia de Sabaody, se sentía como nuevo. Se levantó con la ropa hecha unos zorros. Se encontraba en otro manglar, a juzgar por el desconocido paisaje que tenía a su alrededor. Se trataba de una suerte de llanura irregular con poca vegetación. A veinte metros de él, una arenosa figura se precipitó contra el suelo deshaciéndose y recomponiéndose de una forma que ya le resultaba demasiado familiar. Lo había visto en Enma y mucho después en Kisuke. También lo recordaba del lunarian que antaño acompañaba a los Shogun Gari, pero con el que tan poco había interactuado. Los había visto demasiadas veces y con el tiempo sus estudios habían dilucidado su auténtica naturaleza: un usuario de logia. Por supuesto, podía equivocarse. Había visto propiedades similares en Finn Slingerhand, que era usuario de una paramecia, pero lo importante era tener en cuenta las posibilidades. Ya recompuesto, se dio cuenta de que era un humano. Debía de medir más o menos la mitad que él, como era habitual. No llevaba parte de arriba, pudiendo de esta forma apreciarse su complexión extraordinariamente musculosa. Era atractivo, quizás. Podría decir que lo era a través de la lupa de la perspectiva humana habitual. Su pelo era de un verde brillante similar al de Sasha, la oni de los Shogun Gari, pero menos intenso que el de Garnet. Sus ojos indistinguibles a la distancia a la que se encontraban. Don Bambú no tenía ni idea de quién era, pero a juzgar por la intensidad de su aura podía entrever que se trataba de un humano relativamente fuerte. Quizás tanto como él. No así él, claro, que se dirigió a él empleando ni más ni menos que su nombre real. —No sé de dónde han sacado mi nombre, pero me lo cambié hace años. Max era el nombre de mi padre. La D. no sé ni qué significa y ya no uso ese apellido. Panda es la herencia de mi padre, pero yo escogí la de mi madre. Bambú. Bambú es mi apellido de verdad. —Habló en voz alta y clara. Su tono tenía un cierto deje de molestia, pero no culpaba al muchacho por llamarle así. La verdad es que parecía bastante simpático, pero preguntaba cosas extrañas. ¿Por qué le habían puesto aquella recompensa? —Me he enfrentado a la marina en múltiples ocasiones y he llamado la atención otras tantas. No sé quién eres ni quién es tu amigo. —Se encogió de hombros. Acababa de destruir a un Patriota con la ayuda de su camarada Comi. No tenía sentido ocultar sus planes por más tiempo. —Voy a reventar la subasta y a liberar esclavos, si eso te dice algo. ¿Qué opinas al respecto? —Le dedicó una mirada desafiante, a ver si eso le provocaba una reacción agresiva que delatase sus lealtades. Se mantuvo prudente y no se acercó al muchacho. No se fiaba de él y estaba monitorizando su aura por si se mostraba hostil de repente.
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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - Apolo Bahía - 08-03-2025 Pensaba que la elevada cantidad en el cartel de recompensa de aquel Mink panda demostraría una peligrosidad con la que tendría que tener mucho cuidado. Sin embargo y para mi sorpresa, éste no se abalanzó sobre mí sino que decidió responder a mis preguntas por pura voluntad. Estaba siendo otro ejemplo del por qué no tenía que juzgar como criminales a todo aquel que la Marina o el Gobierno Mundial decidiese etiquetar con una cifra sobre un papel. El mundo cada vez me parecía más complejo. Escuchaba con genuino interés sus palabras, a la vez que permanecía estático en el mismo lugar con los brazos cruzados por delante de mi pecho. No sé qué asuntos traería con su padre, o si podría seguir vivo pero que escogiese el apellido de su madre me recordó a mí mismo y al legado que portaba a mis espaldas. Decía desconocer mi nombre (cosa que no me sorprendía) y que le había causado problemas a la Marina en varias ocasiones. Yo no podía evitar sonreír levemente a medida que hablaba. El broche de oro a su discurso fue el momento en el que mencionó que su plan era atacar a la subasta de esclavos que salía anunciada en el periódico y así poder liberar a la gente — ¡Kakahaha! — no pude evitar reírme. No de él, sino de lo irónico que estaba resultando todo aquello. Suspiré mientras clavé mi mirada hacia mis pies, me llevé mi diestra hacia mi pelo mientras mi zurda era apoyada en mi cintura. Me eché el pelo hacia atrás y dejé posada mi mano sobre mi cuello mientras volví a mirarle. — Revolucionario... ¿verdad? — Parecía que yo estaba siendo víctima de algún tipo de capricho del destino ya que desde que salí de Ballywood, lo único que se había tropezado en mi camino eran miembros de esa organización. Algunos más simpáticos que otros, también he de decir. Ya que tuvo el detalle de hablar de sí mismo, creí justo equilibrar la balanza y tratarle de la misma manera — Lo cierto es... — comencé a hablar con un tono de voz sereno — es que yo también he causado problemas a la Marina a lo largo de mi vida. Sin ir más lejos vengo de combatir contra una especie de robot humano que les pertenecía y que empezó a atacar a civiles sin motivo. También hace unas horas un sargento del mismo grupo me amenazó queriendo agredirme porque me escuchó insultar al Gobierno Mundial... como si eso fuese a hacer que dejase de maldecirlos — chasqueé la lengua recordando el incidente con James — Lo cierto es que también me gustaría reventar esa subasta y quemar el edificio junto a los culpables hasta que no quedase nada y que alguien me explicase por qué se permiten este tipo de cosas y más en un archipiélago tan abarrotado de Marines — apreté mi mano zurda en mi cadera, fruto de la frustración — pero no poseo los medios suficientes para cambiar el mundo por mí mismo por mucho que lo intente. De hecho empiezo a no saber quién soy... y aunque cada vez me rodee más gente, con el paso de los días me siento cada vez más solo — Volví a mirar al suelo. Desde que habíamos llegado a ese archipiélago empezaba a sentir que nada de lo que pasaba tenía sentido, como si los cimientos sobre los que se sustentaba mi vida empezasen a tambalearse y todo se fuese a caer. Daba igual lo que hiciese, ya tenía la etiqueta de oveja negra y eso ya no me lo quitaría nadie. — Lo cierto — volví a mirarle a los ojos, lleno de determinación — es que yo no tuve padre y por lo tanto también llevo conmigo el apellido de mi madre, una madre que me arrebató el Gobierno Mundial cuando yo tan solo era un crío. Me has hablado de ti y por lo tanto creo que lo justo es que yo también te diga quién soy. Y lo cierto... — Quizás podría arrepentirme de lo que iba a decirle pero consideraba que era justo tratarle de la misma forma con la que él me trató a mí — Lo cierto es que mi nombre es Apolo Bahía, Comandante de la División Diecisiete de la Marina. Y pese a mi cargo no es eso lo que me enorgullece, lo que me enorgullecería es que algún día me conozcan como el hijo de Tainara. Todo lo que te he dicho previamente es verdad y lo que me han ordenado desde arriba es que capture a los criminales que me encuentre. Pero si lo que dices es cierto... ¿acaso puedo considerar como criminal a alguien que quiere liberar a los esclavos de una subasta surrealista? ¿es más criminal alguien cuyo objetivo es ese... que aquellos que diseñaron y ordenaron hacer desfilar a unos robots que acabaron con la vida de gente inocente? — apreté mis puños de rabia, haciendo sonar el cuero de mis guantes — Lo único que está claro es que sólo puedo confiar en mí mismo — Finalicé sin quitarle un ojo de encima, estando alerta por lo que pudiese ocurrir ya que en caso de atacarme, no sería la primera vez que alguien lo hace sólo por verme como un Marine. Lo fácil habría sido ocultar quién soy e irme pero a veces mi actitud caótica también me abraza a mí mismo. Más fácil aún habría sido encontrarme a uno de esos a los que Karl buscaba y actuar sin pensar para llevarle sus cabezas como agradecimiento por haber sido mi maestra. El destino estaba siendo caprichoso al haberme arrastrado junto a aquel mink que compartía mis ideales y que tenía una intención noble, más allá de lo que pudiese haber hecho en un pasado Tan sólo observaba la línea marcada en la arena, me tocaba descubrir quién era yo y hacia dónde iba.
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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - Max D. Bambú - 09-03-2025 Para su sorpresa, la declaración del panda fue recibida con una excéntrica risa. Podía significar cualquier cosa. Podría reírse porque le parecía una estupidez, porque había confesado sus planes a un enemigo, porque le hacía gracia o por cualquier otro motivo. El corazón le dio un leve vuelco cuando el individuo dedujo que Max se trataba de un revolucionario. Siempre intentaba mantener cierto secretismo en sus operaciones, pero había dado las pistas que había dado y lo había hecho a sabiendas de que aquello podía ocurrir. Permaneció tranquilo y en silencio, escuchando qué más tenía que decir aquel muchacho. Al parecer también se había estado enfrentando a uno de aquellos extraños robots de la marina e importunado en el proceso a uno de los sargentos de esa misma facción por insultar al Gobierno Mundial. Quiso intervenir para darle la razón. Para cagarse en la puta estampa de todo el Gobierno, pero sus palabras le cautivaban y decidió dejarle seguir escuchando sin interrupción. Entendía sus sentimientos y los compartía. Él solo se sentía incapaz de cambiar el mundo a pesar de que quería participar en dicho cambio. Su gente no debía de compartir sus principios y empezaba a adivinar por dónde iban los tiros. A pesar de ello, mantuvo su silencio mientras el peliverde empezaba a relatar la tragedia de sus padres. Podía empatizar con la pérdida de una madre sin mucha dificultad. Él había vivido lo mismo, pero el Gobierno nunca estuvo implicado.
Y entonces se presentó como Apolo, miembro de la División 17 de la marina con el cargo ni más ni menos que de comandante. El panda asintió cerrando los ojos con solemnidad ante aquella revelación. Lo cierto es que el discurso de Apolo ya le había llevado a pensar que podía estar relacionado con la marina de alguna manera. Pero esto implicaba que los robots ni siquiera les obedecían a ellos, porque al fin y al cabo comentaba que se habían estado peleando con uno. Y el panda le creía. Creía en todas sus palabras como si las hubiera pronunciado él mismo. Que Apolo decía la verdad le parecía algo tan real como que el suelo estaba embarrado y el día se había quedado bastante frío, de modo que no cuestionó ni por un momento que el muchacho se estaba enfrentando a un debate interno de grandes proporciones. Por un lado tenía su ponzoñoso deber como marine y por el otro un corazón más cercano a las causas nobles que a mantener el orden establecido. Abrió los ojos de nuevo ante su última palabra y dejó que el silencio se asentase antes de responderle. —Te creo, Apolo. En otras circunstancias pensaría que tratas de tenderme una trampa, pero lo cierto es que no dudo de que todo lo que acabas de contarme es verdad. Me temo que estás en lo cierto al suponer que soy un revolucionario... Mi nombre es Maximiliano D. Bambú, capitán del Ejército Revolucionario. También yo me he enfrentado a unos de esos robots de los que hablas. Ese ente mecánico no tenía reparos en carbonizar civiles en su empeño por destruirme. —No podía negar que Apolo le había caído en gracia, pero seguía siendo un alto rango de la marina. Una persona con la que había que tener cuidado, pues tenía conexiones con sus enemigos mortales. Todo esto, sin embargo, podía corregirse. —Admiro que cuestiones tu camino, incluso dentro de esa organización a la que perteneces. —El panda no se molestaba en esconder su menosprecio por la marina. —En demasiadas ocasiones han demostrado que lo que más les importa es la prevalencia de las clases sociales más elevadas. Los nobles mundiales, que tantas facilidades tienen para campar a sus anchas por el mundo. Esclavistas venidos a más, eso es lo que son y no otra cosa. —Escupió al suelo. Cada vez tenía más ganas de abandonar esa conversación y partir de inmediato al corazón de los problemas de aquel Archipiélago. —Si lo que quieres es una alternativa yo te la ofreceré. Abandona la marina y únete a nosotros. En el Ejército luchamos por la gente. Nuestra justicia es la única justicia real. Únete a la Revolución, Apolo, y juntos arrojaremos a los dragones al suelo y sacudiremos los cimientos mismos del mundo. —Max apretó su puño derecho y lo levantó hasta la altura de su pecho, dejándolo ligeramente separado del mismo. —La decisión es tuya, claro. No estás obligado a nada. Si decides permanecer en la marina me temo que eso nos convierte en enemigos. Y si tu decisión te lleva a interponerte en mi camino hacia la casa de subastas tendremos que pelear. —Dicho aquello, el panda dejó que Apolo se tomase su tiempo para responder. No hizo movimiento alguno que indicase un inicio de las hostilidades por su parte. Se cruzó de brazos mientras esperaba su respuesta y se le ocurrió que Apolo todavía no le había dicho quién era el amigo del que hablaba antes. Ya le preguntaría más tarde, si es que se daba la ocasión.
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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - Apolo Bahía - 10-03-2025 Mis suposiciones acerca de que me había topado con un miembro del Ejército Revolucionario habían dado en el centro de la diana. No era algo complicado de deducir para mí ya que además de haber echado un ojo a los posters de recompensa, no era la primera vez que me topaba con alguien del mismo grupo, además de haber sentido la lucha de clases por mí mismo en los años que pasé en Ballywood, una de las islas con más contrastes en lo social que he podido observar. No me cuadraba que pudiese ser un pirata debido al interés que tenía por sabotear la subasta de esclavos, si fuese pirata más bien querría colarse para robar el botín o emular lo sucedido con aquel cuartel de la Marina en el que el amigo de Karl se encontraba. Blanco y en botella. Pese a ello, el mink se mostró más receptivo a hablar y se le notaba que poseía un corazón noble. Al menos mucho más que la anterior revolucionaria con la crucé mi camino, aquella patilarga que incluso antes de que pudiese darme cuenta siquiera de dónde estaba, me recibió con una amorosa patada en forma de látigo que casi me hizo vomitar el alma. Me pregunto cómo le estará yendo y si aún querrá bailar una bachata. Maximiliano, que fue el nombre con el que se presentó, además de confiar en mis palabras me confesó que también venía de enfrentarse a uno de los Patriotas. — Espero que pudieses destruirlo, esas armas son un peligro y el lunático que las creó y envió debería enfrentarse a la justicia. A una justicia real. — No dejaba de preocuparme el hecho de que Bambú mencionase que el que se encontró él carbonizó a más civiles. Eso quería decir que los otros tres restantes podrían estar sueltos armando el mismo caos por la isla... o al menos esperaba que mi mensaje al almirante hubiese servido de algo para detenerlos. Al fin y al cabo yo desconocía cómo funcionaban y tampoco tenía poder sobre ellos. Las palabras del panda denotaban cierto resquemor hacia mi organización. Yo tampoco podía culparle ya que el mundo es demasiado grande y complejo, cada uno somos esclavos de nuestras realidades, algo que se podía comprobar directamente dentro de mi propia División pese a que, en teoría, íbamos todos a una. Pero la mayor sorpresa fue cuando me ofreció unirme a los Revolucionarios. Tan sólo tenía que abandonar mi posición actual dentro de un lugar en el que sentía que tampoco encajaba, hacer un borrón y volver a empezar quizás rodeado de gente más afín a mí. Empezar quizás en un lugar en el que todos seríamos iguales y que trabajaríamos codo con codo para intentar que el mundo fuese un lugar más justo y feliz. ¿Seríamos capaces incluso de hacer que la gente pudiese vivir despreocupada como sucedía en el Reino de Samba del que procedía?. Quizás incluso podría volver por fin a mi casa. A mi casa de verdad. — Tu oferta suena tentadora... — comencé a rascarme la cabeza, dubitativo— por lo que me dices quizás podría ser por fin libre de pelear por lo que creo sin que un cargo superior tome represalias contra mí por caerle mal o chocar con sus ideales. Luchar por llevar mi justicia de condenar a aquellos que hacen daño y ayudar a que más niños no pasen por las dificultades por las que pasé yo. De verdad que agradezco tu oferta... pero me temo que he de rechazarla — coloqué mis brazos en jarra —. A pesar de todo la Marina es un símbolo de esperanza para todos aquellos que viven aterrorizados por los piratas y por los criminales — comencé a recordar el momento en el que llegamos a esta isla, antes del incidente, y los civiles nos recibieron con los brazos abiertos. Recordaba especialmente ese momento en el que me paré a jugar con un grupo de niños y, aunque fuese por un breve momento, el ambiente era tranquilo y se respiraba paz.— Creo que huir no ayudaría en mejorar la situación y creo que sería más útil si lucho desde dentro para lograr que la organización cambie y combata por conseguir un bien, un bien real... ¿me sigues?. Seré el último bastión en pie si hace falta — Realmente no sabía si yo podría conseguir todo aquello pero tenía que intentarlo al menos —. Y en cuanto a tu otra pregunta... no. No te detendré por querer sabotear la casa de subastas, eso me convertiría en un hipócrita. Además tampoco me ordenaron que la protegiese — Me encogí de hombros ya que realmente mi misión era esa. Hecha la ley, hecha la trampa — No te juzgaré si pese a todo me consideras un enemigo, cada uno es libre de seguir sus ideales — Finalicé mis palabras sin quitarle un ojo de encima, en guardia y alerta. Al fin y al cabo no sabía cómo podía actuar el panda después de mi discurso y Marcia me dio la lección de no relajarme, ya que pese a que no tuviese intención de luchar contra ella, eso no me garantizó que me partiese la boca.
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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - Max D. Bambú - 10-03-2025 La respuesta del marine no se hizo esperar. La oferta sonaba tentadora, decía. Max sabía muy bien a dónde llegaría con aquellas palabras, pero decidió seguir escuchando con un respetuoso silencio. El choque de ideales no era raro tampoco en la Revolución, pero la idea general que perseguían todos era la misma. Los había más pacifistas y más radicales, pero trabajaban juntos en pos del mismo objetivo. Hizo una mueca de desagrado ante la idea de la marina como un símbolo de esperanza para la gente aterrorizada por los criminales. Entendía que el señor Don Manuel podía sentirse más seguro con dos marines patrullando las calles si sólo pensaba en la posibilidad de que un par de piratas sanguinolentos fuesen a llegar y a matarle mientras dormía. Después de todo, los piratas NO eran aliados de la Revolución como tal. Había piratas pacíficos, personas en busca de ociosa aventura al margen de la ley, pero también los había sanguinarios y despiadados como los Mushoku, que agredieron a Zorak sin motivo alguno. Los piratas, sin embargo, no eran el único enemigo de Don Manuel. ¿Quién le daría consuelo al pobre hombre ya jubilado cuando un trozo de inmundicia humana se presentase en su casa una buena tarde de primavera y decidiese que su hija tenía un precio? ¿Quién protegería a Don Manuel cuando las altas esferas de la marina, podridas hasta las trancas de desmedida corrupción, optasen por privarle de sus terrenos bajo la excusa de una pequeña pero importante expansión de los cuarteles que no sería otra cosa que una operación encubierta de blanqueo de capitales? ¿Quién protege, maldita sea, a Don Manuel del protector?
Apolo proponía algo curioso. Luchar contra el sistema desde dentro. Había conocido a mucha gente así en le pasado. —Hm —Un sencillo sonido fue su contestación ante la idea de pertenecer a un sistema pero disociarse lo suficiente como para no sentirse partícipe del mismo al tiempo que se pretende cambiarlo. —Para eso tendrías que ser incorruptible, Apolo. No estoy seguro de que el sistema te beneficie lo suficiente como para que logres algo así mientras mantienes tus principios. —Razonó. Ya es difícil ascender en una organización si no acometes las empresas hacia las que la misma se orienta, pero ascender mientras te opones abiertamente a ellas es imposible. Asintió ante su declaración de que no le detendría si se dirigía a la casa de subastas ahora mismo. —En ese caso no será necesario que nos enfrentemos. Tú por tu camino y yo por el mío, ¿no? —Lamentaba no haber podido persuadir al muchacho de que se uniera. Tenía una fuerza equiparable a la suya y la de Kisuke. Podría ostentar un rango importante en el ejército y luchar por sus ideales con total libertad... Pero sus decisiones eran suyas. —Antes de irme, eso sí, te haré un regalo. Debes de ser el primer marine que conozco que no es un imbécil incurable, lo cual no quiere decir que me caigas especialmente bien, pero por lo menos tienes algo de cabeza. —Se acercó un metro para salir del barrizal en el que se encontraba, ya que le venía mejor la tierra más o menos seca para lo que pretendía. Se agachó flexionando sus rodillas y llevando su cadera hacia atrás, como si se sentase sobre sus talones, y con su mano derecha empezó a hacer trazos en el suelo. El suelo se deformaba a su voluntad, como si ni siquiera estuviera hecho de suelo. Estaba escribiendo un número sobre el mismo. Su propio número. —He escrito aquí mi número de contacto, aunque actualmente no estoy en posesión del den den mushi al que pertenece. Espero recuperarlo pronto. Si en algún momento cambias de opinión, ya sabes a quién llamar. —Se irguió de nuevo cuando alto era y metió con desgarbo las manos en sus bolsillos. —Mas he de advertirte, Apolo, de que poseo una muy escasa tolerancia contra la traición. Si alguna vez empleas este número para tenderme a mí o a mis compañeros una trampa, te buscaré. —Decidió no concretar qué pasaría si le encontraba, pero supuso que el muchacho ya se lo podía imaginar. —Este es mi regalo. —Sentenció. Acto seguido, echó una mirada al cielo y a sus alrededores. No le costó encontrar el norte gracias a la posición del sol y al reconocimiento del terreno que había visto en su frenético viaje aéreo. El sur, el camino hacia la casa de subastas, se encontraba a su izquierda, de modo que no tendría que acercarse más de la cuenta ni rodear a Apolo para marcharse. Eso lo hacía todo más sencillo. Se giró hacia esa dirección y empezó a caminar lentamente. —Si no te importa, me voy marchando... —Se excusó el panda, pero entonces recordó algo que había pasado por alto en su ansia por escuchar la respuesta del marine a su propuesta. —Y sí, me cargué a esa cosa. Espero poder encontrarme algún día con su creador para poder explicarle un par de cosas. —Se acordó de nuevo del profesor Utakata. Si aquellas máquinas no eran obra suya, que no lo parecían, acababa de añadir a otra persona a su lista negra. Dicho aquello, el panda continuó su camino.
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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - Apolo Bahía - 12-03-2025 Escuchaba atentamente las palabras que me ofrecía el capitán revolucionario. Pese a que no fuésemos de la misma organización, su temple y discurso me hacían ver que me encontraba ante una persona (o mink) realmente sabia. El momento en el que más me hizo reflexionar fue cuando mencionó el hecho de que debería mantenerme firme en mí mismo y ser un Marine incorruptible si quería cambiar las cosas. ¿Sería capaz de hacerlo o finalmente las adversidades me arrastrarían a ser otro engranaje más de un sistema que en ocasiones parece que no se replantea sus acciones?. Para llevar mi justicia a cabo debería permanecer estoico ante lo que se me cruzase por el camino y eso me llevó al hecho de recordar que, desde que habíamos llegado a Sabaody, no lo estaba siendo. Lo que se había planteado desde un inicio como un viaje hacia un destino en el que plantar una semilla que acabase dando frutos, se tornó en un vórtice de negatividad que me estaba consumiendo. Primero fue el incidente contra los civiles que nos recibieron con alegría y que terminó en un disturbio, seguido de una regañina hacia mí por haber desfilado junto a mi pelotón de una manera festiva. Luego fue el choque contra miembros de mi misma división, con algunos no encajaba y otros me amenazaban, quizás envalentonados ante mi desdén hacia todo. Y por último fue el hecho de que parecía que a nadie le importaba lo que estaba sucediendo en esta isla y que nos hiciesen pasear con ese cacharro que volatilizó a una pobre niña ante mis ojos. Por todo ello, paulatinamente fui perdiendo mi propia esencia. Ya no celebraba, ni cantaba, ni era yo mismo. Simplemente estaba ahí, como un muñeco de trapo sin alma entre tantos otros. Consumido por el ansia de destrozar al Patriota, antes actué de forma inconsciente como si fuese un perro de caza, sin importar que los míos estuviesen cerca ni contemplar el hecho de que liberar mi Akuma no Mi era bastante peligroso y destructivo. Eso no era ser incorruptible. De forma indirecta Bambú me había ayudado. Él no lo sabía pero gracias a sus palabras pude tener este momento de reflexión y darme cuenta de muchas cosas. Ser incorruptible no era simplemente seguir mis ideales, que también, sino ser fiel a mí mismo y a lo que soy, sin que nada influya. Tenía que trabajar por dominar mis emociones, al fin y al cabo mi carácter era como el mar: por muy sereno y tranquilo que pareciese la mayoría del tiempo, si se formaba un terremoto o una tormenta, todo se tornaba en agitación y destrucción incontrolable. Tenía que reencontrarme a mí mismo. Finalizó mencionando que me haría un regalo — ¡Kakahaha! — no pude evitar reír cuando exclamó que pese a ser el primer Marine que conoció que no era imbécil, eso no implicaba que pudiese caerle bien. Al menos agradecía la sinceridad. — Mantente fiel a ti mismo tú también. El mundo necesita gente que también pelee contra el mal de forma independiente. No sé qué pasaría si algún lunático toma control de la Marina y no hubiese alguien más, ¿me sigues?. Pero sobre todo la gente necesita a su lado gente lúcida y sabia como tú. Gracias por tus palabras, las tendré en cuenta. — Hablaba mientras él hacía algo extraño sobre el suelo. Resultó ser su número de den den mushi lo que trazó sobre el terreno. Tenerlo me sería de gran utilidad si en alguna ocasión ocurriese algo y no pudiese solucionarlo por mi cuenta. Tras ello, el mink panda siguió su camino hacia la casa de subastas mencionando el hecho de que pudo destruir al Patriota. Sonreí aliviado. Sumado al que paramos nosotros, como máximo habría otros tres por la isla en caso de que nadie pudiese detenerlos, así que esperaba que habiendo tanta cantidad de marines en el lugar, fuesen capaz de parar todo el desastre provocado. Por otro lado el hecho de que él pudiese detener a uno sin ayuda, me hizo pensar que no correría peligro en la isla. Tenía que ser alguien muy poderoso. — ¡Gracias! — elevé la voz mientras veía como continuaba su camino — ¡tu foto salía junto a la de Zorak. Si le conoces o te lo encuentras algún día, dile que espero que todo le esté yendo bien! Tan solo me quedaba memorizar el número de contacto del revolucionario y borrarlo del suelo para que nadie pudiese acceder a él... pero antes recordé dónde me encontraba como quien baja a la Tierra de golpe. — Debería buscar a mis compañeros, no sé dónde habrán caído — De mi pecho arenoso hice asomar mi mochila con mis cosas. De ella saqué mi den den mushi y comencé a marcar el número de Fuguwu. No obtuve respuesta. Tras ello marqué el número de Karl, seguido del de Ryze, con el mismo resultado. — Qué raro — Sólo esperaba que aquel viento huracanado no arrastrase a mis compañeras al mar, ya que no podrían nadar. Fuguwu seguramente estaría bien. Caminé hasta el número de contacto para memorizarlo y borrarlo del suelo. Al no tener noticias de mi División me planteé cuál debería ser mi próximo movimiento, llegando a la conclusión de que lo más sensato sería volver al punto en el que nos separamos. Mis dotes de navegante y el haber visto el mapa del archipiélago me servirían de gran ayuda para ello. El camino sería largo ya que volé desde el manglar sesenta y nueve hasta el cuarenta y seis, por lo que habría veintitrés por el medio y, en caso de querer volver al cuartel, el camino sería el mismo. Comencé a caminar cual peregrino, sólo esperaba que mis compañeros estuviesen bien.
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RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - PX-3 - 19-03-2025 SOCIAL CERRADO
Al ser un tema dentro de un evento recibiréis ambos una recompensa de 10 Puntos Mugiwaras.
RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 46 - Voz Seductora - 26-03-2025 Los acontecimientos en el archipiélago Sabaody parecían ser un evento ya histórico al menos para la nueva generación que aquí se estaba fraguando, pero nada más lejos de la realidad comparado con lo que aun quedaba por venir. Y es que, como un trueno, una estruendosa y potente voz, que pareciera salir del mismo infierno resonó por todo el lugar. — B A T S U —
Se escuchó bramar en la distancia, sembrando un ligero silencio que se esparcía como la pólvora. Una tensión extraña, una sensación como de angustia y malestar al mismo tiempo, similar a cuando el vómito advierte con aparecer, la ansiedad aprieta tus pulmones y el aire parece escasear. Una intimidación que, al igual que el origen de la voz era desconocida, pero que traería una réplica que ayudaría a esclarecer mucho más la situación. Y lo que pasó después no fue mucho más tranquilizador... — ¡ G A I D E N ! —
Primero un silbido potente, después un corto y agudo flashazo, y finalmente un enorme estruendo que iba de la mano de una gran nube de hongo que empezó a hacerse visible si se seguía la dirección del ruido, acompañado de una brutal embestida de viento, similar a la que antes había movido a todos los presentes. Una explosión que impactaba contra un manglar y lo partía de lleno, lo tumbaba, levantando sus raíces y generando un caos aun mayor y sin precedentes. El fuego se extendía por todo el árbol caído y este se consumía rápidamente, fruto de un ataque que parecía no tener un origen claro ni definitivo. Había habido una explosión en - aunque pocos sin la orientación necesaria sabrían - era el Manglar 30 y este había sido completamente dinamitado y destruido, y sólo aquellos con la capacidad de expandir sus sentidos a casi un kilómetro, serían capaces de determinar la inmensa presencia que venía en la lejanía, mar adentro, pero sólo los que tuvieran la fuerza suficiente podrían soportar tal presencia durante más de unos pocos segundos antes de empezar a caer desmayados como moscas. En el mar, un enorme galeón con madera rojiza y tres mástiles, con velas blancas y una Jolly Roger ondulando en el viento avisaban de la llegada de alguien no deseado por ninguno de los presentes, y desde luego, alguien que absolutamente nadie, ni el mismísimo Yugu Dimípalo, querrían enfrentar. ![]()
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