El barco se zarandeaba con gran rudeza, mis brazos resistían como buenamente podían gracias a los cabos cercanos, miré arriba, la cuerda que estaba sujetando parecía ser la que aferraba la vela mayor, un pequeño desprendimiento, un contratiempo fortuito y esa vela se desprendería, lanzándome por los aires como si se tratase de una catapulta, el tirón que pegaría sería muchísimo más duro que la fiereza con la que el mar nos arrastraba corriente arriba.
Astillas de los diversos barcos cercanos volaban entre todo el ajetreo, gritos de dolor y de desesperanza entre algunos que resistían unos instantes más sobre los restos de los naufragios, clamando piedad a los mares y suplicando ayuda. Desgraciadamente ni aunque esas palabras fueran a ser atendidas, no había tiempo de reacción siquiera para intentar pensar algo por esa gente. Bastante teníamos el resto con intentar sobrevivir, pues la situación era tan delicada que un pequeño error y acababas en el mar, y con la corriente que había ahí resultaría imposible estar vivo más que unos segundos.
Observé al tipo pijo que sujetaba el timón, se le veía muy concentrado, justo como esperaba, iba a lo suyo, se esforzaba por todo, de vez en cuando le veía echar una fugaz mirada al resto pero pronto volvía a sus labores. No me terminaba de dar mala espina, parecía preocuparse por todos, no obstante algo me hacía no confiar en él del todo. No, no es que no confiase, realmente no quería confiar. La imagen de Terence pasó por mi cabeza durante unos instantes, en cierto modo su presencia me recordaba a él. Pero no era momento de ponerse a pensar en el pasado, él falleció, y si ahora me distraía podría acabar junto a él.
Sujeté con firmeza los cabos, al poco parecía que la calma finalmente había llegado, sentía el cuerpo como flotando y, durante un breve instante sentí que podía relajarme, todo parecía haber llegado al fin. Aquella corriente ascendente nos habría dejado finalmente en lo alto de la montaña. Una voz resonó con fuerza, Aspros, el timonel, dio un aviso para que no nos confiásemos, que ahora venía el descenso. Tenía sentido, no entendía que tipo de corriente podía llegar a hacer aquello, pero precisamente estábamos en lo más alto de una montaña, y si el agua que subía tenía esa potencia, no quería ni imaginarme cual sería la fuerza de la corriente descendente.
Si ya estaba tenso sin pensar eso, volví a tensar con fuerza mis músculos, tenía una muy mala sensación de todo esto, y lamentablemente mis temores no fueron infundados. La gravedad hizo lo suyo, el momento de tranquilidad duró tan solo unos breves instantes, la fiereza del mar nunca había sido tan potente, o por lo menos nunca lo había sentido así, gracias a que estaba bien aferrado no desaparecí de cubierta, pues mis piernas se levantaron, primero unos centímetros, después todo mi torso estuvo en horizontal mientras el barco volvía a tocar el agua, momento en el cual todo mi cuerpo chocó contra la madera con gran fuerza. Quise recomponerme pero la corriente se había vuelto tan fuerte que apenas lograba a volver a aproximarme al mástil los centímetros que me había alejado al extenderse mis brazos. Por fortuna, mis manos seguían aferradas al cabo.
La velocidad había incrementado, tal vez fuera el doble, tal vez más que en el ascenso, tan solo sentía que no sería capaz de seguir aguantando, Las tremendas sacudidas embravecían el mar hasta el punto que toda la cubierta estaba mojada, tan solo esperaba que no llegase a haber tal cantidad de agua como para que me afectase directamente. Ese podría ser el peor escenario posible, si eso llegase a ocurrir, no tendría nada que hacer, y para colmo comenzaba a sentir debilidad en los brazos. Mi mirada estaba centrada en el mástil, trataba de esforzarme por volver a clavar los pies con firmeza en la madera de cubierta, quería estabilizarme para volver a tener una buena posición. Pero no sabía si lo lograría.
Desvié la mirada hacia Legan durante unos instantes. Igual podría ser mi final y por el caos de la situación ni siquiera se daría cuenta. No podía permitirlo, no debía ser ese mi final, ni siquiera había conseguido una mínima información de lo que buscaba, de lo que había estado intentando averiguar todos estos años. Necesitaba encontrarla, costase lo que costase. Era gracias a Legan que iba a conseguir adentrarme en un nuevo terreno, un lugar completamente desconocido, si no hubiera sido por él, nunca habría intentado siquiera adentrarme al Grand Line, me había motivado a conseguir lo que deseaba, aunque tal vez no lo supiera. Ahora no podía hacerle eso, no podía abandonarle y dejarle solo, y más tras lo ocurrido con Blackmore.
Con firmeza saqué más fuerzas de donde no las tenía, y se vería reflejado en mi rostro el sobreesfuerzo que estaba haciendo en esos instantes. Logré clavar la pierna derecha, quedándome arrodillado, ganando fuerza en mi posición y estabilizándome mínimamente, todavía tenía peligro, y sentía que los brazos comenzaban a dolerme. Esperaba que no faltaba mucho para llegar a la base de la montaña y que pasara todo esto.
Resumen
Me aferro con fuerza a unos cabos para la bajada, me golpeo del golpe brusco contra el mar y trato de estabilizarme de nuevo para mantener el equilibrio
Derya se lo estaba pasando en grande. Delante suya podía ver a montones de personas aterrorizadas por la bestialidad de la Red Line, bueno, ¿y qué se esperaban que iba a pasar al montarse en aquel barco? Pero no tenían de qué preocuparse, porque por suerte, Derya estaba allí controlándolo todo. Sus dotes eran increíbles, esquivando rocas de un lado a otro pero sin perder el equilibrio del navío. Pero no fue lo mismo cuando lo que empezó a caer del cielo fueron trozos de barcos destrozados y personas que se precipitaban al vacío. Siguió esquivando, pero esta vez era una sensación más extraña... acababan de perderse vidas humanas. — ¡Agarraos con fuerza y estaremos bien! — Los gritos de Derya intentaban calmar la situación, tener a una tripulación asustada no ayudaba en nada, de hecho, podría dificultarlo todo. Hizo de tripas corazón. Siendo la navegante, tenía que dar sensación de confianza, no dejarse llevar por los sentimientos.
Antes de lo que se imaginaron, el barco llegó a la cima. El tiempo pareció pausarse por unos segundos, suspendidos en el aire, era como si la gravedad hubiese dejado de existir... pero rápidamente la inercia hizo su trabajo, provocando una enorme caída, siguiendo ahora la corriente descendiente. — ¡Ánimo, que ya queda poco! — Desde luego, aquellas personas no olvidarían ese viaje en sus vidas. La bajada fue incluso más violenta que la subida. Lo malo es que desde su posición no podía localizar bien a todos sus compañeros, solo distinguió a Don Bambú, aferrado a uno de los mástiles y ayudando a unos cuantos civiles. "¿Y Enma?", pensó, "¿no estaba con él?". Por un momento se preocupó... pero enseguida zarandeo la cabeza, borrando de su mente aquellos malos pensamientos. Confiaba en sus compañeros más que en ninguna otra cosa. Seguro que todos estaban bien. Así que decidió priorizar, olvidarse de aquel asunto y centrarse en controlar bien el barco. Ya quedaba menos. Gracias al agarre que tenía sobre el timón pudo evitar salir volando, y también le permitía ver muy bien lo que el final de la corriente les deparaba. Allí estaban los cabos gemelos. Derya intentaría que la bajada no fuera demasiado abrupta, pero la verdad que es que suficientemente difícil era controlar que no se hubieran estrellado ya. — ¡Yuhuuuuuuuuu! — Gritó la gyojin, se sentía como si estuviera en un parque de atracciones.
Resumen
Narro como el barco continúa subiendo, esquivando la madera de los barcos rotos que caen sobre nosotros y las personas también. Llegamos a la cima y comenzamos el descenso. Intento animar a la gente gritando cosas para que no se asusten demasiado.
El caos había comenzado pero se veía a mis compañeros bastante organizados, hubiese ayudado pero es que no eran yo ¿Por qué salvarlos? Además, los demás eran mucho más fuertes y eficaces que yo, solo había que verlos, agarraban gente débil y la ponían a salvo... quizás me tenían que haber ayudado a mi también... ¿Tengo lo que hay que tener para esta situación? Vale que no me importen los pequeños hombrecillos, mujercillas, niñecillos y demás pero y... ¿Para salvarme yo? Me encontraba de pie, mirando todo lo que ocurría, el tiempo iba más despacio de lo normal pero mi cara era la misma ¿Quizás es buen momento para cambiar? ¿Para ayudar a los débiles? No hacía falta ser fuerte para hacer eso, me acerqué a un hombrecillo infantil que estaba, si se me permite decirlo, cagadito de miedo, hasta las cejitas.
Eh... hola, te... ayudo y... eso ¿Vale? - Acto seguido levanté uno de mis tentáculos con la intención de agarrarle y llevarlo a un lugar seguro pero entonces la cría humanoide huyó, huyó de mi como si yo fuese el causante de esto, nunca me habían gustado las historias de pulpos gigantes que arrasan con barcos.
Ya había intentado ayudar así que era mi turno de salvarme a mi mismo, fue entonces cuando llegamos a la cima.
Intentando buscar alguna cara conocida y con intención de romper la tensión que había en el ambiente, sin saber que aún quedaba el descenso, comencé a decir:
Aquí arriba solo falta el arcoiri-
El barco comenzó a bajar, cortando así mi intento de acabar con la tensión, era casi imposible mantenerse estable y, cuando digo casi imposible, quiero decir imposible, salí volando y mi espalda impactó fuertemente contra una pared del barco, el golpe me cortó la respiración de golpe y caí al suelo, bendigo el día en el que se me dio un mecanismo de defensa para cobardes pues, al perder el aliento, me mimeticé con la superficie sobre la que yacía durante un escaso minuto hasta que lo volví a recuperar.
ACLARACIONES
¿MECANISMO DE DEFENSA PARA COBARDES?
✧ Pasiva Racial: Mimetización.
Mientras mantienes el aliento tu piel se mimetiza con el entorno sobre el que estés apoyado, volviéndote perfectamente invisible siempre y cuando estés estético y sin moverte, conteniendo el aliento. El enemigo podrá detectarte si tiene 50 puntos en inteligencia y reflejos o más, y permanece mirando al punto en el que te encuentras.
RESUMEN
Peixe no hace nada durante un rato, se replantea su capacidad para estar allí y sus fortalezas y después intenta salvar a un niño que huye, cuando comienza el descenso Peixe sale volando contra una pared y queda inconsciente aproximadamente un minuto, minuto en el que se mimetiza con el suelo.
En sólo cuestión de segundos, pueden cambiar muchas cosas. La Reverse Mountain era un lugar para personas valientes, aventureras y que quisieran asumir riesgos en sus vidas. Y eso es lo que estaban presenciando ahora mismo todas las personas que se encontraban dentro de aquel barco, sin destino fijo, pero con el objetivo de sobrevivir. Los golpes y azotes eran cada vez más bruscos, hasta el punto en el que varios civiles llegaron a caerse por la borda, perdiéndose en la inmensidad del océano que dejaban atrás. Gritos, auxilios, insultos incluso, eran el ambiente sonoro que rodeaba aquella situación. Y era comprensible, al fin y al cabo... iban a perder sus vidas, muy probablemente. Al menos gran parte de ellos.
Enma se aferraba cada vez más fuerte a Don, estrujando su cuello hasta el punto de convertirlo, metafóricamente, en una jirafa. Sin embargo, y ya que no era una personas con grandes miedos aparentes, en varias ocasiones realizó intentos de salvar a aquellos civiles que, uno a uno, caían por la borda o se golpeaban brutalmente y de forma salvaje entre los elementos que decoraban la cubierta del barco… o de lo que quedaba de ellos. La subida y llegada a la cima fue verdaderamente tormentosa y muchas vidas quedaron en el camino para poder llegar hasta ese punto; y, lo peor de todo, es que esto todavía no había terminado: sólo estaba comenzando. Según había leído Enma, la bajada (o, más bien, caída), era mucho más mortal que la subida. Y eso es lo que estaban a punto de comprobar.
Como decíamos, en cuestión de segundos pueden cambiar muchas cosas. De repente, lo único que escuchaba Enma era cómo gritaban su nombre a pecho abierto. Eran Don, Kovashi… sus compañeros. Estaba tan absorto en sus pensamientos sobre la mortalidad de la bajada y sobre la de civiles que estaban perdiendo la vida sin que él pudiera hacer nada que no se dio cuenta. No se dio cuenta de que, en una milésima de segundo, sus manos se habían separado del cuerpo de Don. A pesar de que él intentara agarrarlo en varias ocasiones, la fuerza de la caída era mucho más potente de lo que el grupo se podría imaginar. Ahí es donde aparecen los gritos. – ¡¡¡Enma!!! – Podía escucharse. Don le llamaba. Kovashi, algo más lejos, también. Derya seguía aguantándonos en el barco, pero estos choques eran inevitables… ¿no?
En tan sólo dos segundos, Enma habría ido desde el mástil hasta una de las paredes que separaban la cubierta de la zona de la navegadora, propiciándose un buen golpe que, seguro, le habría hecho daño. Sin embargo, durante su caída tan sólo pensaba en… – Ara, ara… Esto va a ser problemático… – Murmuró mientras sujetaba su bolsillo. – ¿Dolerá… más que… papá? – Se preguntaba a sí mismo, pensando en el golpe que se iba a propinar en tan sólo unos segundos.
–Ay… – Y ‘pum’. Enma salió desprendido hasta golpearse con la pared que divide la cubierta de la zona del timón. ¿Qué más adversidades le tenía preparadas el destino?
Aclaraciones
Bueno, básicamente caracterizo y describo un poco la situación hasta darme un gran golpe.
Aunque no pareciera gran cosa, aguantar ese barco enderezado por aquella corriente no era cosa fácil. Tenía que hacer acopio de todas sus fuerzas para evitar que el barco se desviara y chocara contra las laderas de aquel extraño lugar. Giró la cabeza cuando escucho primero el crujir de la madera, y luego el griterío histérico de la gente, pensando que se trataba de su barco, pero mayor fue su sorpresa cuando vio que varios barcos tras de él chocaban, hundiéndose completamente, con la gran cantidad de personas que allí había. Por un segundo, dudó si dejar el timón del barco y salir a ayudar a las personas, pero otro lado... ¿Que podría hacer? En el momento que dejara los mandos de aquel barco, todos saldrían igual parados que los barcos que se hundieron, y tampoco podía permitirse dejar a los que estaban vivos sin protección. Eso era lo que podía hacer, proteger a los que aún estaban vivos.
Esquivaba con maña y pericia algunos restos de los barcos que había delante, así como cadáveres y gente pidiendo auxilio. Era una estampa desgarradora, y no podía hacer nada. Mientras todo eso sucedía, el barco seguía avanzando, y Minato intentaba estar concentrado a pesar del gritería histérico y miedoso de la gente, y eso era bastante complicado. Llegaron a la cima de la Reverse Mountain, y durante unos segundos, pudo ver la inmensidad del mar y lo vasto que era el océano y las aguas que lo rodeaban; pero tras llegar al punto más alto, la física hizo de las suyas, haciendo que todo lo que subiera, bajara con violencia y velocidad. El barco cogió una velocidad endiablada, siguiendo la corriente, y el joven marine que estaba a los mandos de aquel barco sólo podía mantener el timón para que no se chocara contra los laterales.
En aquellos instantes, y aunque él se estuviera encargando de sujetar el timón, se acordó de sus compañeros. Quiso mirar hacia atrás, ver que estaban haciendo, pero no podía perder ni la concentración ni mirar hacia atrás. Tenía que confiar en ellos y dejar que hicieran sus labores. Cada uno tenía un rol, y el suyo aunque le gustaría estar ayudando a la gente, era mantener el barco con vida, preocupándose también de lo fuerte que iba a ser el choque una vez bajaran del todo de aquella montaña, y preparándose para mantener el barco una vez llegaran.
Aclaraciones
Resumen
Poco puede hacer Minato. Se da cuenta de la tragedia en el resto de barcos, y se encarga de mantener el barco para que no choque y no vaya a la deriva.
Sabía que aquella empresa iba a ser una auténtica locura y que, por mucho que nos preparásemos, sería imposible sobrellevar la situación. No cabía esperar menos, considerando que el barco se estaba irguiendo en una posición completamente vertical ignorando las leyes de la gravedad para ascender y, posteriormente, descender en picado por una corriente marina fuera de toda convención. Una temeridad que desafiaba toda lógica y que suponía un peligro de gran envergadura.
Gracias a Aspros, el barco pudo comenzar a ascender por aquella corriente. Además de guapo era talentoso en diferentes ámbitos. Ya había llevado a toda la gente que me había sido posible al interior del barco y había cerrado la puerta para ir a sujetarme a una de las barandillas. Mientras me agarraba con todas mis fuerzas, me vi envuelta en una salvaje danza acuática y, a través de las olas que nos empapaban, pude ver cómo otros barcos no corrían la misma suerte y sucumbían ante la poderosa naturaleza del mar. Fue entonces, durante ese ascenso, cuando una mezcla de rabia e impotencia se apoderó de mí. A pesar del miedo que podía ocasionar verse tan cerca de la muerte, no podía pensar más que en la dolorosa pérdida de vidas en aquel vasto océano y, por encima de todo, en quienes debían cargar con la culpa. Dentro de esas naves se encontraban almas trabajadoras, familias enteras y niños vulnerables, sumidos en una tragedia desgarradora que se trataría de ocultar o maquillar. Lo peor de todo es que no había podido hacer nada para evitarlo, ninguno de nosotros podía.
Seguramente todo ocurriese en cuestión de segundos, pero los pensamientos cruzaban por mi mente a tal velocidad que aquel instante me pareció eterno. No podía hacer nada para salvar a aquellas personas, al igual que a otras tantas de nuestro barco que vi caer de cerca, pero no pensaba olvidar aquello. Les recordaría siempre y cómo, por culpa de la Marina, se habían perdido tantas vidas, esas que siempre alardeaban de proteger. Por el momento solo podía continuar aferrándome con fuerza a la vida para prepararme para lo peor, el descenso. El barco cayó en picado a una velocidad pasmosa.
Me resultó bastante complicado, pero traté de buscar con la mirada a mis compañeros. Aspros seguía al mando, en el timón, gritando cosas que no entendía. Yamamura y Legan continuaban en pie, intentando sujetar a los pasajeros como podían, al igual que otro chico que había visto antes junto a Legan. Entre todo el caos, pude discernir a Jolyne cayendo y golpeándose contra la pared del barco. Se habría hecho daño, pero por lo menos no había salido disparada. Ahora quedaba lo peor, el choque contra el mar. —¡YAMAMURA, JOLYNE! —grité como pude dadas las circunstancias para que el capitán se percatase de la situación peliaguda en la que se encontraba nuestra compañera.
Resumen
Me agarro a la barandilla del barco, reflexiono sobre las vidas perdidas de los civiles y durante la caída aviso a Yamamura para que ayude a Jolyne.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
La tensión en mis brazos era brutal. Sujetado a aquellos cabos intentando estabilizar las velas para que el marine que manejaba el timón pudiera obrar con mayor facilidad, sentí como se estiraban mis extremidades. Pese a que mi fuerza era considerable y estaba acostumbrado a grandes esfuerzos, la tensión mecánica en mis brazos me hacía sentir un par de palillos soportando el tirón de cada una de sus puntas al borde de separarse antes de una copiosa comida. Me había posicionado de manera estable y con una vista amplia de toda la cubierta, pero no veía al navegante, solo podía confiar en que llevara esto a buen puerto.
Justo delante de mí, pude ver como los civiles intentaban resguardarse e incluso como algunos de mis conocidos como Sohem se agarraban a elementos fijos del barco intentando paliar el desequilibrio del trayecto. Otros ayudaban a los civiles y había quien simplemente había salido de escena esperando resguardarse y salvar la vida. No les culpo.
Sin embargo, las otras embarcaciones no tuvieron la misma suerte. Varias de ellas se destruyeron presa de los impactos, la falta de control y las turbulencias. La cantidad de muertos era invaluable y agradecía tener a un marine experimentado al timón. Al menos, hasta ahora, estaba logrando más que los otros barcos que, otrora surcaban mares, ahora se hundían inexorablemente en las profundidades marinas.
Tras unos instantes, llegamos a lo alto de la montaña. Durante unos segundos pude ver el horizonte y el futuro que me deparaba. Aún sin soltar los cabos, atisbé un mundo nuevo de aventuras, mundo que, para mi desgracia, se esfumó en segundos cuando el barco inició su bajada abrupta en la corriente contraria de la montaña. La velocidad era increíble. Me sorprendía que el barco siguiera de una pieza, incluso con el manejo del marine avispa. El golpe de aire y resistencia a este provocó que me soltara de los cabos y tuviera que resistir la fuerza del viento que llevábamos en contra. En cuanto solté mi agarre, las velas y telas de la embarcación comenzaron a agitarse violentamente, amenazando con rasgarse en pedazos si no eran controladas. En un acto impulsivo, recuperé raudo sus extremos y traccioné con todas mis fuerzas restaurando la estabilidad de estas. Estaba extenuado y mis músculos comenzaban a notar la fatiga del esfuerzo. Mientras intentaba volver a una posición más firme, vi como Joe ayudaba a una niña y su madre, incluso transformándose en su forma híbrida para asegurarse al barco.
El descenso fue rápido y nuestras vidas estaban, literalmente, en manos de un solo hombre. De un hombre y del destino.
- Si morimos aquí, no me cogerán con las manos abajo... - pensé aumentando mi furia y tensando más y más las cuerdas. Ahora solo quedaba esperar que el barco resista.
resumen
Básicamente, sigo agarrado a las cuerdas y aguanto el embate por mi resistencia. Solo veo a Joe y su salvada a la niña porque estoy concentrado en no salir volando y soportar la tensión de las cuerdas.
Era cierto que Yojimbo había conseguido que muchas personas le siguiéramos en su camino, aunque probablemente en esta situación solo nos haya conducido hacia una muerte segura. Qué razón tenían mis viejos cuando me dijeron que no me fuera con extraños. Ahora estaría tranquilamente pintando la cerca de la granja o quitando las malas hierbas y no en un barco a punto de palmarla. Pero ya era tarde para lamentarse, después de esto más le valía ganar la competición.
Todos intentábamos agarrar o poner a salvo a los demás como podíamos, pero nuestros esfuerzos eran insuficientes y la situación se volvía cada vez más caótica. Los barcos que nos acompañaban empezaron a chocarse y destrozarse uno tras otro, haciendo que embarcaciones enteras desaparecieran ante nuestros ojos. Sus gritos daban paso al silencio y me quedé sin palabras al conocer lo realmente peligroso que era el mar, capaz de engullir tantas vidas en tan solo unos segundos como si de una bestia hambrienta se tratase. Si no fuera por la gran labor de Aspros nuestro barco estaría en la misma situación que los otros, aunque todavía era muy pronto para cantar victoria.
Llegados a este punto, ya habíamos alcanzado la zona más alta. Solo por un instante me pareció ver la inmensidad que nos esperaba al otro lado; si es que lográbamos salir de allí para contarlo, claro. Me di cuenta de lo pequeño e insignificante que resultaba mi pueblo en comparación con todo lo que existía en este vasto mundo, y eso que apenas se podía ver algo entre tanto mar de por medio. ¿Así verían los pájaros? Pues vaya decepción.
Sin tiempo para recuperar el aliento, el barco empezó a descender, alcanzando una velocidad aún más vertiginosa que antes. Traté de mantenerme agarrada al mástil con todas mis fuerzas, pero mis bracitos de gallina no pudieron soportar la presión y salí disparada. Maldito el día en que no me puse a cargar sacos de grano en la granja, ahora podría haber aguantado un poco más. Acabé estampándome contra la pared del barco, sufriendo un duro golpe como consecuencia de la fuerza del viento. Me pareció escuchar a Triana preocupándose por mí. ¿Sería este el fin? Eran demasiadas emociones para una chica de granja recién salida del cascarón como yo.
RESUMEN
No puedo resistir la fuerza del descenso y me suelto del mástil impactando contra la pared del barco.
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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli
El ascenso, aunque no era tranquilo, tampoco era para echarse las manos a la cabeza. Si bien las turbulencias no habían cesado, cuando regresé de mi paseo para volver a la barandilla y grabar el paisaje en mi mente, el zarandeo se notaba algo reducido. Cualquiera diría que habíamos cambiado de navegante y otro estuviera a los mandos.
Si dejabas caer la mirada, podías ver la velocidad del barco en su ascenso. Cómo de rápido subíamos la infinita cuesta empinada camino a la cima de la montaña.
-¿Cuánta fuerza debe tener el agua para empujar barcos hacía arriba...?- susurraba asomándome en la barandilla -El tonto que se caiga del barco, sería aplastado por la presión de estas corrientes.
Una vez más, devolví la vista al frente para ver que a escasas decenas de metros, se encontraba una línea que cortaba la subida, dejando en claro que llegaríamos a la cima en segundos.
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La cima ofrecía un regalo a todo aquel que tuviera la valentía o la insensatez de cruzar a la Gran Line. Te regalaba una vista del mundo interminable para la vista de los visitantes. No se podía determinar ningún punto desde allí arriba con exactitud, pero te dejaba claro lo inmenso de la aventura que íbamos a vivir. Pareciera que la propia montaña te anunciará:
"Eres diminuto en este mundo, pero siempre tendrás un lugar donde ir y encajar, adelante"
Y cuando ese mensaje calaba duro en la mollera, la misma corriente te escupía colina abajo con furia. Y así fue.
Los pocos barcos que coincidimos en el viaje, fuimos empujados montaña abajo sin piedad.
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La bajada no dió para preparación previa ni avisos de ningún tipo. Esto no era una montaña rusa de esas, donde justo antes de bajar sientes el aviso del arco final. Esto era un desplome de manual, donde la gravedad te consumía, dejándote a merced de la corriente.
Fuera quien fuera el navegante, podía notarse su pericia al timón, evitando al máximo las colisiones y consiguiendo una línea, aunque no perfecta, recta hacía abajo. Por desgracia, la gente no corría la misma suerte.
El bache inicial fue sin duda lo peor...
El caos se apoderó del barco, pues nadie creía la violenta situación que estábamos viviendo. Desde mi posición podía ver cómo todo transeúnte subido salía despedido del suelo en dirección a la proa, para luego quedar sostenidos en el air microsegundos y ser impactados por el barco en descenso.
Aquel que tenía la fortuna de tener algo cerca, tenía que ejercer una resistencia sobre su punto de apoyo que no podían soportar. Los menos afortunados eran violentamente lanzados en todas direcciones estallando contra la roca o el agua.
Yo cerré los ojos. Nada más sentí el bache inicial, de manera inconsciente me agarré a la barandilla con los dos brazos. Y cuando todo empezó, mis pies se despegaron del suelo y siguieron el trayecto que la caída ordenaba. Sólo me sostuve con los bíceps y antebrazos pegados a la barra de acero atornillada a la madera, rezando cada segundo para que no se despegara de esta.
Apenas se podía ver u oír nada, pues estando en primera fila del desastre, el agua salpicaba directa a la cara y con la bajada, la velocidad del aire pegaba en los ojos. Pero el grito de un hombre desesperado me hizo actuar.
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A un par de metros de mi, un soldado de la Marina uniformado se agarraba de una cañería. Esta parecía doblarse más y más, y el rezo del marine se hacía cada vez más sonoro. En ese momento decidí hacer frente a la situación como buen marine.
Di el Do de pecho y con algo de habilidad, conseguí hacer fuerza suficiente para apoyar mis pies en el suelo mientras usaba la barandilla como eje de apoyo. Estando con la espalda apoyada en esta y los brazos agarrados, con los pies anclados en el suelo, decidí transformarme.
En mi forma híbrida, conseguía tener mucha más estabilidad y resistencia, a la vez que mi cuerpo era más grande y cubría más apoyo. Así grité:
-Dejate caer, yo te atrapo.- chillé con confianza mientras me soltaba de una mano para darle confianza y la extendía hacía él.
El marine dudó unos segundos, pero se soltó. Este salió disparado. Cuando parecía que iba a agarrar mi mano, el barco se cruzó a la derecha, pues no dibujaba una línea recta, y la mano del hombre con la mía, no conectaron. El destino había querido burlase de mi una vez más, y el hombre no freno en su vuelo hasta caer contra la roca fuera de la embarcación.
Mi cara debía ser un mapa en ese momento... Me quedé inmóvil, con la mano extendida y la mirada perdida. En esa forma no debía de preocuparme de caer o despegarme del suelo, pero tampoco me podía mover con libertad por el barco. Así esperé, mirando al infinito.
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Pasado el rato, solo podía pensar en el hombre volando sin poder salvarle, pensando que si quizá no hubiera dicho nada, podría haber sobrevivido.
Mientras seguía con mi cuerpo reptil pegado a la barandilla, con una postura estoica agarrado de un brazo y piernas firmes, con el otro brazo sostenía mi zurrón de armas y materiales. Lo único que me mantenía con cordura, era la posibilidad de ayudar a los heridos cuando está pesadilla hubiera cesado. Y me aferraba a esa idea con la máxima determinación posible.
Aclaraciones
Resumen
La subida empieza a llegar a su fin
En la cima se ve todo muy bonito
El descenso inicia y es matador
Intento salvar a un hombre y fracaso
Sostenido y a salvo, pienso en ayudar médicamente al llegar a destino
Akuma no mi
AKUMA NO MI
Nombre: Kame Kame no mi: Modelo Tortuga
Rango: 1
Tipo: Zoan
Descripción
Permite al usuario convertirse en una tortuga y en la forma híbrida de esta.
Especificaciones
La tortuga en su forma completa mide un metro de largo y medio metro de ancho, alzándose un total de cuarenta centímetros del suelo. En forma híbrida el usuario camina a dos patas, ve incrementada su altura en +1/2 de la que posea y doblará su peso. La parte superior de su cabeza, hasta la nariz, será sustituída por la forma del animal, cambiando su morfología y sustituyendo su piel por la de una tortuga a excepción de la mandíbula y la boca, el pecho y el vientre. Mantendrá el caparazón y obtendrá uñas afiladas en todos los dedos. Le brotará una pequeña cola.
Se tarda un turno completo en cambiar de una forma a otra, a menos que se tenga 60 puntos en CA, cuando se puede realizar una transformación inmediata. Nunca se puede usar la transformación para esquivar un ataque de forma pasiva sólo por haber cambiado de tamaño. Para la transformación híbrida se necesitan 20 CA y para la completa 30 CA. La transformación cuesta 30 puntos de energía y, después, 10 de energía por turno.
Debilidades: Las habituales en las Akuma no mi.
Tu transformación gasta energía al turno.
Ventajas: Te otorga 2 habilidades raciales y un bono mientras estés en forma híbrida de +40 a la resistencia.
Control de Akuma: 10 puntos para poder usarla. 40 para la primera mejora.
PASIVAS ZOANS
Bestia Salvaje:
Adquieres de forma permanente un +5 al atributo FUERZA. Además, tus garras y colmillos estando transformado en forma completa o híbrida, ganan la peculiaridad de ser calificados como "arma de filo" pudiendo hacer ataques de este estilo con ellos.
Gran Bastión:
Debido a la peculiar resistencia de las frutas Kame Kame y a tu condición general de Zoan, obtienes de forma permanente un +5 a la RESISTENCIA.
Energía
Energía actual: 703/733 (uso de la transformación)
Conseguí poner a los dos pequeños a salvo en el segundo puente del barco. La mayoría de gente había corrido a ponerse a salvo y el segundo puente estaba repleto de personas, subí las escaleras y el tercer puente, que hace un rato se encontraba vacío, se iba llenando de los más rezagados, no dejaban de entrar civiles con pánico en sus rostros y me dificultaban el camino a las escaleras que me llevaban a la cubierta. Una vez pude salir de nuevo, me encontré con un panorama devastador. La mayoría de barcos que zarparon con nosotros, se habían destruido tras chocar con los laterales rocosos que nos rodeaban, los cuerpos inertes de cientos de personas flotaban por la corriente junto a trozos de madera de los barcos, algunos supervivientes, se aferraban aunque sin esperanza algún madero o mástil roto que pronto se chocaría de lleno contra los muros haciendo que se ahogasen en las bravas aguas.
Aún quedaban algunos civiles, niños y ancianos, entre ellos que no conseguían ponerse a salvo de las rocas o llegar a aferrarse a algo para no caer por la borda. Entre todos ellos fijé mi atención en una pareja de ancianos, situados en la amura de babor, que apenas podían mantenerse sujetos a nada con lo que mantenerse a salvo. Corrí hacia ellos y cuando por fin pude alcanzarlos, me quite a Masamune de la cintura y la amarre a la barandilla de borda con un cabo suelto que estaba cerca y al mascarón de proa, de forma que me servía de barrera de seguridad. Ellos se encontraban entre la borda y mi katana, por lo que no podrían salir despedidos a ningún lugar, aun así me agache para pasar a través de Masamune y coloque mi espalda contra la borda. -Sujétense lo más fuerte que puedan a mí. Les dije mientras me agarraba a Masamune para poder usarla como un punto de sujeción más. Estaban temblando de miedo, yo solo podía calmarles con promesas que no sabía si podría cumplir.
De repente todo se calmó, habíamos llegado al punto más alto del mundo y la vista no podía ser más maravillosa. Ante mis ojos se extendía un vasto mar con muchos puntos, los cuales eran todo islas desconocidas para mí, sentí la necesidad de visitar cada una de ellas, para poder erradicar el mal en todas aquellas que lo hubiese. Pero todo eso solo duró un segundo, pues pronto comenzamos a descender. -Aun esto no se ha acabado, durará poco, pero por favor sigan agarrándose fuertemente a mi pecho y por nada del mundo se suelten. Les volví a pedir sonriéndoles para que no se asustaran, mientras agarraba con más fuerza la vaina de mi katana y dejaba de mirar por la borda, preparándome para el momento en el que el barco se detuviese cuando terminase de descender y recibiese el impacto de la frenada.
Resumen
Dejo a los niños a salvo.
Vuelvo a cubierta para ayudar a salvar a más civiles.
Utilizo mi katana Masamune, como barrera de proteccion y punto de agarre.
Me preparo para el descenso.