[Presente relativo] Bajo el sol de Kyodaina
#31
Leyenda

Mi mirada se encontraba fija en la silueta de Ashura, la cual se iba aclarando a medida que la nube de arena y polvo se disipaba. Los 16 metros que nos separaban me permitían no perderles de vista a él ni a su arma. Tampoco me era complicado, pues nuestra improvisada arena de combate no tenía más que arena, valga la redundancia. Una arena preciosa y con la que seguramente se pudieran hacer unos castillos maravillosos, pero arena al fin y al cabo. Se levantó despacio, mirándome con una mezcla de furia y decepción. Sonreí. Mi oponente era un luchador nato. Aquel truco con la arena me había demostrado que estaba acostumbrado a pelear, no como yo, que como mucho les partía la cara a los degenerados que venían a molestarme. No... pensándolo mejor... no era un luchador, si no más bien un depredador. Uno de esos depredadores que deciden perseguir a sus presas hasta que caen exhaustas, o que les hacen heridas y se sientan a ver cómo se desangran lentamente. Podía intentar ir de frente, pero el más mínimo error podría dejarme a su merced, y no era algo que me interesara en exceso en este momento.

- ¿Qué haría Maeve en esta situación? - me pregunté, pues la respuesta a qué haría yo era más que obvia. Echar a correr y tratar de empalarle. Seguramente utilizaría su látigo para hacer que volviera a caer al suelo, o pasaría volando a su lado - Y si... - dije, llevándome la mano izquierda a mi cintura. Pude notar con mis dedos la superficie del látigo que utilizaba a modo de cinturón. Aquel tacto evocaba en mí un sinfín de emociones, pero sobre todo me inspiraba una creciente calma. - No... todavía no - cogí aire, antes de soltarlo lentamente - Sí, eso mejor - volví a sonreír, mientras comenzaba a caminar lentamente. Cada paso que daba me encontraba más cerca del oni. Los dieciséis metros que nos separaban pronto fueron quince, y luego catorce. Mantuve un ritmo lento. Caminaba, decidida, hasta que me paré en seco. Trece metros nos separaban - ¿Te gusta bailar? - pregunté con gran curiosidad - A mí sí, pero se me da muy mal - expliqué. Sonreí, recordando aquella noche después del concierto en Toroa. Cantamos, bailamos y bebimos durante horas, no necesariamente en ese orden - Fue una buena noche - pensé mientras retomaba mi movimiento. Doce metros de brillante y lisa arena nos separaban. Ver aquella arena hacía que me entraran ganas de tumbarme a tomar el sol y quedarme dormida, como aquella tarde en Ohara. Pero ahora mismo no era momento de tomar el sol.

OST

Había utilizado estos últimos segundos, en los que me había acercado cuatro metros, para pensar en la mejor estrategia a seguir en esta pelea. Muchas ideas habían surgido en mi cabeza y muchas de ellas habían sido descartadas en ese mismo lapso de tiempo. Finalmente, opté por la primera que se me ocurrió. Comencé a correr, avanzando un metro más antes de impulsarme con mis piernas, y lanzarme de un salto hacia mi oponente, dispuesta a empalarle, tal y como había hecho anteriormente con tantos babosos y desgraciados. Apuntaba a su pecho, pues había menos probabilidades de fallar.


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#32
La observé pacientemente, o eso diría si mintiera. Mi corazón retumbaba como un tambor de guerra POM. POM. POM... Iba a escapar, iba a fallar a sus palabras... Espera, con un tímido movimiento llevo su mano a la cuerda que usaba como cinturón, parecía debatirse consigo misma, ¿El miedo a la muerte la había enloquecido? ¿Acaso la situación la estaba superando? Observe  sus movimientos intentando escudriñar sus intenciones mientras sentía el hormigueo de la pierna en la que me había golpeado. Entonces Eaa dio un paso al frente segura, sonreí macabramente al ver que mis suposiciones eran erróneas.
- ¿Te gusta bailar? - Me cuestiono. ¿Qué puta pregunta de mierda es esa? Definitivamente el miedo a la muerte la había superado, había enloquecido, era un cría jugando en un mundo de peligros. Aunque en su cara se vieran signos de madurez y sus ojos reflejasen la oscuridad de aquel que conoce la muerte seguía siendo una cría. Chisté molesto con la lengua a modo de respuesta. Tras haber empezado a caminar, a tres cuartas partes de la distancia que nos separaba y tras lo que parecía una sonrisa Eaa se abalanzó cogiendo velocidad. Mis ojos acostumbrados a la vertiginosidad de Zarek me permitieron seguirla. Dos pasos rápidos en carrera le permitieron coger el impulso necesario para después despegar del suelo produciendo un leve estallido de arena y salir despedida hacia mí con la cabeza por delante del cuerpo pero sin ir en paralelo completamente con él, sus piernas, brazos y pecho viajaban detrás de su testa visibles ante mi y desprotegidos. Se precipitaba hacia mi como una bala de cañón: rápida, veloz, mortífera... - No tiene ni puta idea de pelear... - Pensé mientras observa como volaba hacia mi. Nunca saltes en una pelea. Saltar te impide virar, cambiar tu dirección, te conviertes en un blanco fácil y nunca debes convertirte en un blanco fácil cuando estás siendo cazado. Siendo capaz de verla y superando la velocidad de sus movimientos con mis manos esperé hasta que su vuelo la metió en mi rango de acción a 2 metros, y...

- Desdén - La palabra emergió de mi boca como una exhalación a la vez que emitía un espadazo. Parecía que aquella palabra quería escapar de mi, como si hubiera estado esperando pacientemente su momento. Mi katana surcó el perímetro buscando la carne hasta encontrarla a un metro de mi. Impactó contra su pecho parando su acometida. El golpe la frenó en seco estampándola de espaldas contra la arena pareciendo como si la hubiera bateado. Su ropa se resquebrajó levemente y de una pequeña herida empezó a brotar un tímido reguero de sangre. Finalicé el movimiento mientras ella caía de espaldas a un metro de mi. Sentí como el hormigueo de mi pierna se desvanecía y desaparecía por completo de mi cuerpo. Mi pierna izquierda se volvía a encontrar en plenas facultades. Ya había tenido suficiente, ya la había visto, ya había jugado con mi presa, ahora el momento de acabar el trabajo y seguir con los otros 3 imbéciles que observaban. Esperaba que poco a poco su voluntad se fuera resquebrajando... Debían pagar por la muerte de Zarek, nadie me arrebata lo que es útil. Me habían arrebatado un general, aquella ofensa dolía mucho más que cualquier golpe, eso golpeaba en el alma... 

Tras acabar el movimiento del golpe volví rápidamente a mi guarda, mirándola atento y activo para proseguir con aquella valiente guerrera. Creo que eso debería haberle valido como respuesta, yo odio bailar.


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ASHURA - INVENTARIO
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#33
Leyenda


- El cielo se ve muy bonito desde esta isla - no pude evitar pensar en ello mientras admiraba el paisaje desde mi nueva posición. Como esperaba, mi estrategia de ir de frente había sido una mierda. Ni siquiera había podido ver qué había hecho, pero ahora estaba tumbada en el suelo, de espaldas, y a juzgar por el calor que sentía en el pecho, me había hecho un corte - Espero que no sea gran cosa - pensé. La estrategia había sido una tontería, pero no había sido completamente inútil. Me había permitido ver que mi oponente, a diferencia de mí, podía ver venir los movimientos de quien tenía enfrente. ¿Cómo se pelea contra alguien de quién no puedes defenderte? Había bastantes respuestas a ello, pero todas las que se me ocurrían tenían que ver con convertir la pelea en un intercambio de golpes, parecidos a esos concursos que hacen en algunos sitios en los que dos gilipollas se dan de tortazos hasta que uno cae al suelo. El único inconveniente era que iba a tener que ingeniármelas para conseguir encajar mis golpes. Toqué suavemente la arena de la playa con mi mano izquierda. Podría intentar copiar a Ashura y levantar un velo de arena entre nosotros para camuflar mis ataques, pero estaba bastante segura de que no iba a pillarle para nada por sorpresa, pues había sido él quien lo había hecho primero - No, si al final el bosque no iba a estar tan mal

Me levanté, despacio, mirando al oni con una sonrisa. Crucé los brazos en posición de guardia. Estaba realmente cerca. ¿Acaso no sabía lo que era el espacio personal? Desde esta posición, no podía hacer gran cosa. Tal vez intentar pegarle otra vez como antes, pero sin la arena para cubrirme no iba a funcionar. Tenía que ganar algo de espacio. Solté una risita mientras me impulsaba con mi pierna derecha, saltando y alejándome una decena de metros - ¿Por qué nos tendríamos que pelear en una playa? - pensé, algo molesta.

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#34
Aunque la ira sea ciega, la virtud suele escuchar. Cada nuevo combate es el culmen de la experiencia obtenida, un paso más cerca de una cima inexistente, el sueño de ser el más alto de la escala, el depredador Apex.
Su golpe me había sorprendido en primera instancia, el desequilibrio mental me había desestabilizado, pero cada vez que conectaba mi Katana con su cuerpo sentía alivio, el alivio de saber que iba a equilibrar la balanza. Esperaba que desde el más allá Zarek estuviera viendo, cada cruel golpe con mi espada era en su honor. Podría haber acabado esto antes, pero quería regocijarme, demostrar las diferencias, quitarme la ira y la furia a base de golpes, tomarme mi tiempo, pues sin alguien que manejara mi inexistente barco no podría salir de allí, aunque claro, si ellos había llegado aquí con un barco indicaba que uno de ellos podría navegar.

Cada movimiento que había realizado en esa playa había desembocado en este momento, el punto en el que se encontraba totalmente a mi merced, ese momento donde las esperanzas se alejan mientras impotentes miras a su espalda, el momento en el que supero su voluntad.  Caería sobre ella de manera inevitable, como cae el sol todos los días. Eaa sufrió el derribo y acarició la arena que la había recibido como una cama dura y áspera. Empezó a levantarse de manera lenta mientras me miraba ¿Me estaba sonriendo? ¿Aquello no le importaba? Suficiente. Antes de que pudiera erguirse del todo actué.

- DOLOR - Grité con fuerza e ira, dando todo lo que había dentro de mi en ese golpe, esta vez sin contemplaciones. Mi muñeca chasqueo con el giro, el corte se efectuó más rápido de lo normal, mucho más, el hierro surcó su carne con más firmeza y fuerza, generándole una herida mucha más profunda totalmente horizontal y recta a la altura del abdomen cubriendo toda su extensión. Esta vez la sangre emanó con más fluidez chorreando en el punto que caía y generando un barro de tonalidades marrones oscuras con la arena de la playa, manchaba su ropa oscureciéndola, salpicó debido a la brutalidad del golpe. Mi katana, ropa y cara se motearon con la sangre de Eaa. Poco a poco, las heridas que le había generada le irían drenando la esperanza y la vida, entonces Eaa se apagaría completamente, delante de su tripulación y sin que hubieran podido hacer nada. Solo me quedaría rematarla - Si me matas, puedes hacer conmigo, con ellos y con la Rémora lo que quieras - Las palabras de Eaa resonaron en mi mente - Pero no vas a matarme - Pobre diablo, supongo que si había llegado hasta aquí era por algo... Supongo. 

Respiré hondo tras el golpe y recuperé la postura, era momento de rematar la faena. De aquí en adelante a Eaa le que deban unos agónicos últimos instantes de vida. Había sido valiente, había sido tenaz, había sonreído a la muerte y esta le había sonreído de vuelta. Esperaba que no encontrase a Lily al otro lado, no le iba a gustar nada lo que estaba haciendo. 


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#35
Atributos Personaje
Me parecía que Rapax se encontraba tenso, aquella era su capitana así que probablemente le costaba mantenerse al margen. Me intrigó bastante que silbara para llamar la atención de lo que parecía ser una mamífero que me parecía haberlo visto en algún libro de la biblioteca de Gustave.

— ¿Un oso blanco? Pensé que eran animales que andaban en cuadripedestación, pero este viene incluso vestido —hable en voz alta frente a Kenjo y Rapax—. ¿Planeas comértelo, Gin? ¿Sabe bien la carne de oso?

Me sorprendí al ver como el oso hizo un gesto negando la invitación que le había hecho el peliblanco. ¿Era un animal racional? ¿O era más que un animal normal? Eso había sido extraño, no era lo que los libros decían de los mamíferos. Pero bueno, quizá los tritones y gyojines no conocieran tanto la superficie como para hacer libros acertados y bien detallados. El oso se acercó 5 metros y por instantes me sentía vigilado por él, pero no era algo importante comparado con la pelea que se estaba llevando a cabo.

— No parece una animal común ¿O si? No creo que pueda comerme algo que parece un ser pensante. El colmo seria que pudiese hablar. Las cosas son muy extrañas fuera del agua  —le dije a Kenjo y Rapax en voz baja.

Inmediatamente mis ojos se clavaron en el enfrentamiento de Eaa con el espadachín cornudo. Solo pude ver acercamientos entre ellos pero no fui capaz de ver ninguno de sus ataques. En cuestión de instantes el espadachín estaba arrodillado y en otro instante Eaa estaba ensangrentada y tirada en el suelo.

Aunque no pudiese ver a detalle los movimientos de aquellos dos, tuve el presentimiento de que el espadachín era superior, por mucho. Si yo era incapaz de ver los movimientos estando a distancia, mucho menos podría verlos a corta distancia, si fuese yo quien estuviera en la posición de la pelirroja no podría reaccionar. Hay gente poderosa en la superficie. ¿El espadachín seria pirata también? Los piratas se suelen agrupar en tripulaciones, mi falta de conocimientos acerca de la superficie era una gran limitación y lo mejor seria agruparme con alguien y aprender en el camino hasta cumplir mis objetivos.

Aquel hombre espadachín parecía alguien cruel, Eaa era más calmada y metódica, me agrada mas la personalidad del extraño en términos de la piratería de la que leí y de la que llegue a escuchar. ¿Sería acaso otro devoto del Dios Khorne? No importaba.

— Creo que lo mejor es asociarme a quien demuestre ser más poderoso. No puedo permitirme seguir siendo débil e ignorante —reflexioné pensando en los posibles resultados de lo que estaba aconteciendo en aquella playa—. El peliblanco es fuerte, pero tengo una extraña sensación al ver al espadachín pelear. Es como si estuviera dándonos un mensaje con su actuar. ¿Una bestia territorial? ¿Es alguien con solo fuerza bruta? ¿O tendrá algún as bajo la manga?



resumen


gastos y daños recibidos

 
akuma

 
Inventario

  
karmas
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#36
Leyenda


Hay situaciones en las que parece que el destino ha decidido que vas a darte de bruces contra la puerta al llegar a casa. Puede que sea cosa del destino, o puede que sea a causa de no haber abierto la puerta antes de intentar entrar. Aunque hay días en los que en vez de darte de bruces contra la puerta te pegan un espadazo en el pecho y otro en el estómago. Definitivamente, hoy era uno de esos días, y no me había dado contra ninguna puerta. Y seguramente no había sido el destino el que había hecho que tomara la maravillosa idea de saltar como un pollo sin cabeza hacia la mole que tenía delante, idea que me había valido dos espadazos bien bonitos. Mamá me había enseñado a ver el lado bueno de las cosas, y la verdad era que si tenía algo de frío en aquella paradisíaca playa, con un radiante sol y una cálida brisa, ya no iba a tener que preocuparme más, pues la herida de mi estómago hacía que todo mi cuerpo ardiera. Mi corazón latía con más fuerza que nunca y en mi cara seguía dibujada una ancha sonrisa.

Mi cabeza daba vueltas. Tanto que podía sentir los latidos de mi corazón en mis oídos. POM POM... POM POM... Cogí aire lentamente y lo solté, sin perder de vista a Ashura, quien seguía demasiado cerca de mí. Parecía estar disfrutando esto como nunca. Cualquiera diría que antes de empezar nuestra pelea parecía estar enfadado y lleno de ira. Volví a coger aire. Mi respiración parecía haberse normalizado - A buenas horas - pensé. Se me había ocurrido una idea realmente prometedora. Necesitaba algo de espacio, pues tener al oni tan cerca, sabiendo que no podía seguirle el ritmo, no era la mejor de las situaciones para mí. Pivoté levemente hacia mi derecha, pues supuse que al moverme más cerca del brazo con el que el oni portaba el arma se le haría más complicado poder golpearme con ella. Me moví lo justo para apartarme de él dos metros más, lo que necesitaba para impulsarme y embestirle con mis cuernos. Imprimí todas las fuerzas que pude en aquel cabezazo, pues era una parte bastante importante de mi plan. Sabía que podía ver mis movimientos perfectamente pero desde tan cerca iba a ser realmente complicado que pudiera esquivar aquel golpe. Ya había metido la pata una vez por actuar impulsivamente. Golpeé con todas mis fuerzas en su pecho, haciendo que mis cuernos atravesaran su piel. Tras la embestida me impulsé con mi pierna izquierda, alejándome nuevamente de mi oponente, como ya había hecho al inicio de la pelea tras el primer intercambio de golpes.

Una vez a una distancia prudencial, de unos dieciséis metros, llevé la mano izquierda a mi cintura. Cogí el mango del látigo, desenrollándolo, de forma que este bailó levemente en el aire antes de tocar la arena - Ahora sí. Comienza el plan - murmuré, emocionada



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#37
Mi misión era vigilar a aquellos tres monstruos que habían conseguido, no solo derrotar, si no matar al bruto de Zarek. Pero ¿Quién podría quitar los ojos de aquella cruenta batalla? Yo desde luego, no podía. Pese a que la arena volaba y poco se podía ver, las siluetas dibujaron una figura arrodillándose frente a la otra. Cuando el polvo bajó, el capitán estaba en lo que, para mí, era una posición humillante para alguien que podía matar con un solo tajo de su katana. Pero lo más absurdo ocurrió en cuanto mi capitán, al que había sido prácticamente obligado a unirme, se levantó. Vi mi propio cuerpo en esa acción, pues poco tiempo atrás, yo mismo había perpetrado tal error fatal que casi me lleva a la muerte, y que, aquella hermosa mujer con cabellos rojos como la sangre que le emanaba de un costado, no contaría en un futuro, a no ser que Ashura engañase a todo el mundo o que tuviera una suerte tremenda. Se lanzó de cara, sin defensa alguna contra el Oni que ya la esperaba de pie y, obviamente, pasó. Un solo tajo de Ashura hizo que la mujer cayese a sus pies. - Nunca vayas de frente contra un cazador como él. Solo hallarás dolor. Y esa herida no sería capaz de curarla ni siquiera yo.- Mi voz tranquila y profunda se escuchó bien por los demás que tenía que vigilar, buscando más que un consejo para ellos, una advertencia, pues yo no sería su rival. Lo sería el capitán. Y con la sed de sangre que había visto en sus ojos, un verdadero milagro tendría que suceder para que alguien más que nosotros dos saliésemos con vida de aquella isla. Quizá el del pelo blanco, por el respeto que le tenía a la gente fuerte. Mientras no hiciese ninguna estupidez, tendría una ligera oportunidad de salir vivo.

Mis ojos volvieron a la tarea encomendada, observando de reojo a los tres curiosos seres que parecían charlar tranquilamente con el espectáculo de cómo mataban a su compañera. Admirable ese desdén frío por la vida de un ser apreciado, desde luego. No prestaba atención a sus palabras, más que por falta de oído, el cual era una de mis mayores virtudes, por falta de interés. - Quizá podrían... - No. Eso no era asunto de mi competencia. Sería el capitán quien lo decidiese.  

Información del turno
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#38
El cuerpo de Zarek seguía en la arena, no se movía, no hacía nada. Esperaba que se levantara como por arte de magia, pero no... Ya había visto eso muchas veces, la muerte es una gran amiga mía, le llevo bastantes visitantes y le genero trabajo, así que creo que se siente en deuda conmigo y una vez más iba a enviarle una nueva visita.
La cruenta herida la dejo en shock. Ese leve momento en el que sus ojos pierden el brillo, se confunden y pareciera apagarse una parte de su vida es una de las razones por las que estoy vivo. Genera en mi una paz sin igual, es como si hubiera nacido para eso, como si hubiera nacido para generar dolor y repartirlo y esparcirlo por el mundo. También es el momento perfecto para atacar.

Ejecuté una combinación de 2 golpes rápidos parecida a los 2 primeros golpes que le asesté a Eaa, esta vez actúe sobre la herida que le acababa de abrir dándole 2 espadazos en esta misma: uno de manera ascendente y otro descendente, dejándome así en la misma postura inicial con la que le había iniciado el ataque, asiendo la espada con ambas manos, como era costumbre en mi postura de combate.  La espada esta vez no se introdujo en su carne, pero era un recordatorio "Yo te he hecho esto". Esa herida pintaba mal, muy mal, y a no ser que alguien de los que viniera con ella tuviera conocimientos médicos iba a dejarla seca, seguía sangrando a borbotones. Claro esta si yo le dejase acercarse y desgraciadamente para ella no estaba por la labor. Tras los golpes, no lo suficientemente fuertes como para frenarla, pero si lo suficiente para acercarla un paso más a su derrota, actuó. 

Reculó diestramente un par de pasos, cogió carrerilla y emitió un golpe parecido a aquel con el que había intentado impactar tras alejarse tras nuestro primer encontronazo, ese mismo que le había llevado a esta fatídica situación. Sus astas se hundieron en mi pecho, pero no como ella hubiera imaginado. Halla dónde su cuerpo impactaba con el mío unas leves volutas de humo revoloteaban y se esparcían por el ambiente, no era nada exagerado ni visible a grandes distancias, incluso sería difícil de ver para ella que actuaba a tal velocidad y parecía bastante apresurada por salir de mi alcance, pues tras impactar con ese ataque y un escueto viraje volvió a saltar por tercera vez, intentando irse de mi radio de acción, seguía con una sonrisa, parecía incluso más decidida antes. Siempre pasa, antes de morir lo dan todo, total van a morir igual.  

Tras aterrizar agarró su cinturón y murmuró algo que no llegué a entender bien, aunque para mi fuera irrelevante. Si hubiera querido podría haberla seguido, le habría negado la posibilidad de respirar, de pensar un plan de intentar algo, pero quería reservarme. Todavía quedaban 3. Apuntando mi Katana en su dirección y con el agarre de 2 manos empecé a caminar hacia ella. ¿Cuánto llevaba sin hablar? Solo había esbozado el nombre de mis ataques, siempre me centraba demasiado en el combate. 

- Habías perdido antes de empezar - Mis palabras sonaban pesadas, iracundas y con fuerza. Seguí caminando - Solo has sido el ejemplo de lo que les sucederá - Seguí caminando - Habéis matado a Zarek - Mis ojos intentaron mirar a su cuerpo, pero en un combate no hay tiempo para contemplaciones - Él era mucho más valioso que vosotros 4, llenaréis el vacío que ha dejado su debilidad con vuestras muertes - Apreté los dientes con fuerza sentí la tensión en mi mandíbula – ¡Voy a convertir vuestros sueños en pesadillas! -  Le grité con fuerza, preso de la ira.
 
Tras mi pequeño monologo solo 11 metros nos separaban. Ya había tenido suficiente, su camino terminaba aquí. Como el de aquella estúpida tripulación de gyojins, como el de Zarek, esta selva era el principio para mi y el final para el resto de escoria que habita el mundo.

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ASHURA - INVENTARIO
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#39
Leyenda


Me llevé dos espadazos parecidos a los del inicio de la pelea, cuando Ashura utilizó su espada para levantar arena, cuando mi golpe hizo que se arrodillara. Me extrañé un poco, pues a mi juzgar mi oponente no debería haber podido evitar aquel ataque desde tan cerca. Pero, por otro lado, había podido comprobar en mis carnes que el oni al que me enfrentaba era mucho más rápido de lo que yo podía imaginar - Tendría que haber estado más atenta - pensé, aunque rápidamente deseche aquella idea. Lo importante era ganar espacio para llevar a cabo el plan. Mantuve mi mirada fija en Ashura y su katana, quien había comenzado a moverse hacia mí, despacio. Mantuve mi sonrisa, a pesar de la creciente molestia que generaban en mí aquellas palabras del hombre. Necesitaba mantenerme tranquila, pues el plan requería bastante precisión.

OST de la escena

- ¡Y a mí qué me cuentas! - grité mientras daba una patada al suelo con todas mis fuerzas, lo cual hizo que se levantara entre nosotros una nube de arena y polvo. La molestia se había convertido súbitamente en enfado. Estaba comenzando a perder la paciencia, por lo que había que llevar a cabo el plan antes de que mi impulsividad me jugara una mala pasada, otra vez - ¡Seguro que no cocinaba tan bien como yo! - hablé, mientras saltaba hacia mi oponente. La nube que se había levantado no era especialmente densa, pero sí que cubría el área que había entre los dos. Podía ver a la perfección la silueta del oni. No necesitaba que la nube ocultara por completo mi movimiento. Al contrario, era eso lo que buscaba. Quería que mi oponente viera mi silueta entre el polvo, que viera el látigo danzar con el viento y actuara en consecuencia. Lo único que necesitaba era que la nube fuera lo suficientemente espesa como para que Ashura midiera mal las distancias a la hora de golpear.

Tal y como había planeado, caí unos cuatro metros por delante de este. Había podido ver bastante bien el arma de mi oponente, aquella katana con la hoja tan mellada que parecía la sierra de un matasanos de esas novelas de terror. Si bien no la había medido con detenimiento, sí que estaba bastante segura de que estaba segura a esta distancia. A pesar de ello, decidí asegurarme, por lo que aprovechando la inercia del movimiento di una voltereta, lo más baja posible para evitar cualquier espadazo imprevisto. Tras la voltereta me impulsé con mis manos, levantándome de un salto, para quedar detrás de mi oponente. Tan pronto me puse de pie y con un rápido movimiento, golpeé con mi pierna izquierda en la espinilla del hombre. Esta vez sí que no podía verme. Pude sentir cómo mi pierna impactaba en la de aquella mole, quien caía, debido a su propio peso, de bruces contra la maravillosa arena de aquella idílica playa, a escasos dos metros de mí. El plan estaba completo, ahora era mi turno.


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#40
12 metros para alguien como yo es mucha distancia... Eaa parecía escuchar, aunque mis palabras debieron de tocar hueso, pues en un arrebato, el primero que le vi a aquella risueña mujer, golpeó la arena, cortándome en seco y sin dejarme terminar la última frase que iba a decirle. Fruto de su acción el polvo y los granos de sedimento volaron dificultando la visión, aunque era imposible que aquel leve movimiento tapara su silueta, yo soy alguien grande, sobre todo en espíritu y hostilidad, pero ella era más alta que ello. No era algo que especialmente dañara mi ego o mi moral, el mundo es un lugar mucho más grande que yo y estoy en un cruzada contra él, unos centímetros de mierda no deberían de generar una diferencia y a las pruebas me remitía, pues el sangrando de su pecho y estómago no cesaba, eran dos marcas que la acompañarían los escasos minutos de vida que le quedaban, el recuerdo de la debilidad, de mi superioridad... 

- ¡Seguro que no cocinaba tan bien como yo! - en eso tenía razón, Zarek tenía el gusto roto, una vez me dijo que comiera chocolate y era jodida mierda de mono, nunca se lo perdonaría. Y tras eso, una vez más, saltó. ¿Quién cojones se creía? ¿Un puto conejo que esnifa cocaína? Es interesante como los combates forjan a los luchadores, un error es experiencia, nutre el cerebro y lo eleva al siguiente escalón, en consecuencia, te hace ser más mortal. Esta vez y tras su fallos anteriores Eaa actúo con más precaución, aterrizo y rodó manteniendo su eje de gravedad, mis ojos la siguieron, pero mis pies no eran tan diestros como su cuerpo, no viré lo suficientemente rápido y con un movimiento similar al primero con el que me arrodilló actuó. Esta vez, a diferencia de la anterior, su pierna barrió mi espinilla, pero allí dónde su carne impactaba con la mía esta se convertía en humo, el cual se movía y mecía violentamente al paso de su pierna, las hileras de humo bailaban en el aire, siguiendo las ondas de su brutal y veloz acometida, volviendo hacia mi pierna para así volver a montarla, regenerando su forma y evitando completamente el golpe. Acabé de girarme una vez concluyó su movimiento, Eaa se encontraba a 2 metros de mi. Era el fin.  


Ost de la escena (agradecería que desde aquí leais con la música)  

Las olas rugían en la orilla. Respiraba tranquilo, sentía la katana en mis manos, el crujir del mango de su madera, el sol nos hostigaba aquel día, no había llegado a notarlo. La sangre que Eaa había dejado al rodar empapaba la arena, el cuerpo de Zarek seguía inmóvil, yo prevalecía. La tensión de mis músculos faciales empezaba a montarlos y a contraerlos, mi cara de desencajaba, me sentía ultrajado. Yo odio la debilidad, ¿entonces porque se empeñaban? ¿Por qué cojones eran tan irreverentes y obstinados? ¿Por qué si su muerte estaba escrita luchaban? ¿Por qué agarrarse a la esperanza cuando es una estaca astillada que hace sangrar tus manos a mayor medida que la apreites? ¿Por qué? 

- DOLOR - Mi hoja cortó el silencio y la tensión de nuestras miradas encontrándose. Atravesé la garganta de Eaa con un movimiento perfecto, la sangré broto y nació de su garganta como un manantial que crea un rio. Caía en senderos que giraban y serpenteaban como los meandros para desembocar en su ropa y empaparla tiñéndola de un color más oscuro. Observé sus ojos, quería que lo último que viera fuera mi mirada, que supiera que tras ella irían los demás, que los destrozaría, que los aniquilaría, que aquella playa se convertiría en su tumba. Recogí la espada con un frío movimiento y tras dar un paso hundí la misma en su corazón, clavándola hasta el fondo y sintiendo sus entrañas cortarse al paso de su filo y su punta. Su cuerpo cayó rendido, cayendo su peso en el mío y apoyándose en mi, su sangre me manchaba y bañaba y un hormigueo recorrió toda mi espalda, aquel cosquilleo siempre aparecía después de que matará a alguien, entonces,  con una voz áspera y grave, antes de que su último estertor se volatizará y mezclara con el aire le susurré la frase que me había negado con anterioridad - Es hora de que tus sueños se conviertan en pesadillas - 



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ASHURA - INVENTARIO
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Vitalidad: 3654 + 0 = 3654
Energia: 1617 - 331 = 1286
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