[Pre. Abs] ¿Qué es el destino?
#1
No tengo perdón ni excusa para explicar mi ausencia durante todo este tiempo en isla Chika.

Una vez que llegamos aquí, me limité a estar separado del resto de mí compañeros el máximo tiempo posible. No por nada en concreto, con ellos no hay problema. Pero supongo que muchas cosas en mi cabeza. La pala de Comodoro es dura.

Esta isla era desde luego peculiar, y bastante peligrosa. La poca gente que vive aquí está resguardada bajo tierra, ya que en la superficie se está a duras penas debido a los gases tóxicos que se desprenden. Aunque hay que decir, que Ryze está como en casa. Se me han ocurrido algunas cosas bastante útiles que le pueden servir y me gustaría un día hablar con ella, pero para ello tengo que informarme primero, así que me dirigí a la pequeña biblioteca que hay aquí abajo.

En la entrada, un agradable señor mayor me recibió educadamente, moviendo levemente la cabeza y con una sonrisa, a lo que yo se lo devolví de la misma manera, sin decir una palabra para no causar ruido. Me adentré por los pasillos buscando algún libro que hablase sobre venenos, que soltara un poco de información sobre ellos. Ya no solo para ayudar a Ryze, quizás, por mi condición de Zoan, pudiera también encontrar algo interesante. A pesar de ser una librería pequeña, contaba con gran cantidad de libros, enciclopedias, y hasta algunos de gastronomía. La mirada se me desviaba sola, el cuerpo se me movía solo yendo hacia ellos — ¡No, Joe, céntrate! — Me di en la cara con la mano abierta, para espabilar de una vez.

Mientras proseguí en la búsqueda, me percaté de que, en una pequeña mesa, estaba la última edición del periódico de hace tiempo. En ella, pude ver perfectamente a mis antiguos compañeros de División. No pude evitar esbozar una sonrisa al ver sus rostros de nuevo, pero a la vez algo de pena, pues me apenaba no poder compartir más momentos con ellos. Miré de reojo el arrugado papel mientras giraba el cuerpo para alejarme y seguir con la búsqueda.

— Espero que estéis bien, amigos — Pensé melancólicamente.

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#2
Los acontecimientos recientes que había vivido mi banda parecían el preludio de algo que nos iba a perseguir durante toda nuestra travesía. Era normal, éramos piratas y teníamos recompensas por nuestras cabezas, y los Marines y el Gobierno buscarían cazarnos cada vez que tuvieran oportunidad. Y yo apenas había sido capaz de derrotar a un conejo en traje y estando acompañado de Tobías, quien salió con vida por los pelos... además, Aspros había decidido quedarse en Momoiro y éramos uno menos. Por suerte Sasha sabía manejar bien el barco, pero mi tripulación se tenía que hacer más fuerte y eso era algo obvio. Así mismo yo debía conseguir lo propio: ser mucho más fuerte.

Pasaba los días con un nubarrón negro sobre mi cabeza con la responsabilidad y la preocupación de ese dilema, su seguridad, nuestro rumbo y nuestros perseguidores, y había llegado a una conclusión: Tenía que atajar el problema y arrancarlo de raíz.
Sabía, por lo que había comentado la tripulación, que una división de Marines había sido la responsable de dar el reporte de nuestra situación y ubicación y eso había traído ante nosotros al grupo que nos había masacrado, y según lo que Garnet había comentado estos estaban a las órdenes de un tal Comodoro Joe. Por lo que me había dicho Triana, era un hombre que había estado con nosotros en los Cabos Gemelos y posteriormente en Skypiea, así que parecía alguien que nos iba siguiendo la pista y esperando el momento perfecto para tendernos una emboscada. Pero no lo lograría si yo lo hacía antes. Debía interceptarlo y acabar con él para que su división estuvieran sin líder y sin capacidad de perseguirnos, y darles esquinazo en la siguiente isla. Una vez arrancada la cabeza de la serpiente, el resto del cuerpo se agitaría y sacudiría erráticamente.

Me pasé unos cuantos días tratando de averiguar algo más sobre este hombre y esta gente en esta isla, y llegué a un único punto: El Comodoro estaba aislado del resto del grupo en la biblioteca del suburbio subterráneo. Mejor, así la tumba estaría ya cavada.
Aquel día abandoné la compañía de mi tripulación sin advertir nada a nadie, sólo dejando una nota con las palabras "Os encontraré" entre mis pertenencias, o eso creía yo pues al no saber leer ni escribir, quizá hice un dibujo. Algo que retiraría cuando volviese, pero que estaba ahí por prevenir y por precaución, por si tenía que escapar y llevarme conmigo a aquel tipo para que dejasen de perseguir a mis nakamas.
Tras recorrer la distancia pertinente, con las llamas de mis hombros retraídas en mi interior para no hacer ruido y una gran capa negra con capucha cubriéndome por completo, me dirigí hacia la biblioteca, ignorando al hombre mayor de la entrada y deslizándome con tranquilidad entre las estanterías, más grandes que yo mismo, hasta que pude ver a aquel hombre, de espaldas a mi, golpeándose con la mano abierta la cara, y caminando hacia una pequeña mesa más adelante. Estaba tranquilo y relajado pero, a cuenta de su uniforme y su barba, deduje haciendo todo el uso que podía de mi sesera reseca, esforzándome por razonarlo, que era el hombre que buscaba, así que seguí sus pasos tratando de encajarlos con los míos y para cuando quiso girar y virar su dirección, mirando de reojo aquel periódico, chocó con mi torso frente a su cara.

-Marine- dije mientras levantaba las manos para quitarme la capucha y dejar caer hacia atrás la capa, estirando mis alas de lado a lado para aumentar mi envergadura y emitir una imagen más aterradora, moviendo un poco el hombro derecho a tiempo que las llamas de mis hombros salían de mi cuerpo de súbito y con fuerza -¿Sabes quien soy?- pregunté mirando hacia abajo, hacia su cabeza, bajando mis manos y apretando mis puños, de los que brotó una llamarada idéntica y los envolvió en tal elemento. El crepitar de las flamas rompía el silencio de la biblioteca. Mi pregunta, aunque en un tono tranquilo, resonó con un ligero eco y se perdió entre los pasillos de sabiduría de aquel lugar, esperando su respuesta.



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#3
Cuando tome la decisión de seguir con la búsqueda de la información sobre venenos, dejando atrás aquel periódico encima de la mesa mientras giraba mi cuerpo sin mirar hacia adelante, noté como colisionaba con algo en mi rostro. No era una pared o algo parecido, pero sí que era grande. En un leve parpadeo de ojos pude notar que se trataba de una persona, pero una más grande que yo, viniéndose a mi cabeza mi amiga Karlglass, llegando incluso a imaginar que podría ser ella. Pero sabía con certeza que no, estaba muy acostumbrado a su olor, y no lo detecté en ningún momento, además de que no veo un motivo por el que ella quisiera interesarse por leer algún libro de algo.

Así que, lo primero que quise hacer es disculparme — ¡Disculpe, no me he percatado de qué... ! — Dije mientras alzaba la mirada para observar el rostro de aquella persona, cuando, para mi sorpresa, era una cara conocida. Paré en seco en cuanto la vi, la reconocía perfectamente. Además, sin ir más lejos, mencionó mi profesión, Marine, mientras dejaba caer la capa que tenía por todo su cuerpo, dejando mostrar las grandes alas de su espalda y el intenso fuego que, ya no solo brotaba de su espalda, sino de sus propios brazos, prácticamente los tenía envueltos en él, a la vez que preguntaba si sabía quién era. Di un par de pasos hacia atrás, primero, para ganar distancia con él, y segundo, poder verle mejor la cara sin necesidad de levantar tanto mi cabeza — El futuro heredero del trono de la Isla del cielo, y a su vez, capitán de la tripulación de los Alas Negras, Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura. Recuerdo muy bien tu nombre — Comenté sin apartar la mirada de la suya, recordando como Ikirami nos puso al corriente de toda esta historia familiar que pasó en aquellas elevadas tierras, además de las variadas noticias de su tripulación en los periódicos.

Ahora mismo, tenía un problema. Primero de todo, la opción de comenzar una pelea, la cual no tenía pensada que fuera a suceder, y si eso sucedía, poner en peligro a la poca gente que había en la biblioteca y armar un escándalo. Tenía que evitar a toda costa esto, pero desconocía cuáles eran las intenciones de este señor — Antes de seguir, te pido por favor, que sea lo que sea salgamos fuera. No quiero poner en peligro a los civiles que hay por aquí — Comenté mientras levantaba mi mano derecha para guardar la distancias y que mantuviera la calma — Si te parece bien... Venga, va... — Dije, señalando esta vez la salida de la biblioteca, invitándole a salir ambos sin armar ruido — ¿Y qué tal están Triana y Jolyne? ¿Sabes que pasé una agradable tarde con ellas charlando en Momoiro? — Intenté calmar las aguas con una pregunta que no venía a cuento. Aunque, una vez la dije, me percaté de que, quizás, había metido la pata.

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#4
El Marine pareció reconocerme fácilmente, pues soltó un discurso sobre mis orígenes, mi procedencia y mi pueblo, además de decir mi nombre 'casi' perfecto... olvidó el Tercero. Pero no necesité más que eso para saber que me reconocía, y si me reconocía y sabía tanto sobre mi, siendo un marine, era un peligro. Sin duda debía ser el comodoro que estaba buscando y si no, sería alguien de su división o cercano a él, así que no me andaría con chiquitas y no cometería el mismo error que en otras ocasiones: Iría con todo.

Cuando hubo dicho mi nombre 'casi' entero, gracias a las fuerzas redobladas del fuego de mi espalda apreté el puño derecho y asesté a la velocidad de un rayo un potente golpe en su mandíbula, justo en la zona del mentón para tratar de inducirle un K.O. directamente. Mi puño, que fácilmente era como su cráneo, impactó a una velocidad tan elevada que ni yo mismo fui capaz de verlo, estando envuelto en llamas y con las máximas fuerzas que me eran posibles. Era mi técnica más poderosa, mi movimiento más veloz y mi golpe más letal en todos los sentidos. Había usado todo en aquel golpe. La rapidez al máximo, los músculos más tensos y bombeados que nunca, y la extremidad envuelta en llamas.

Aun así, el golpe no consiguió desplazar al marine, haciéndome abrir los ojos de par en par, estrechando la cicatriz de mi ojo derecho en esa mueca -Kikikiki- me reí con calma apagando las llamas de mis manos y cruzándome de brazos, firme delante de mi enemigo, invitándole a golpearme, reconociendo el potencial que ostentaba. Había venido aquí a acabar con él y darle a mi tripulación paz y tranquilidad en el resto de nuestra aventura hasta poder asentarnos en algún lugar tranquilo, pero en cierto modo estaba feliz de encontrar a alguien fuerte. Tenía ganas de destruir algo inexpugnable.



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#5
Joe, ¿es que no has aprendido nada?

Apenas pude hablar, ni siquiera me dejó terminar mi respuesta, no quería empezar una trifulca en aquel sitio con gente inocente. Pero, esta claro que no puedo esperar un acto bueno de un pirata, mucho menos de un capitán de una banda. No pude reaccionar cuando noté como en mi cara recibia un impacto fortisimo, un impacto incluso caliente, ardiente, que me dejó la cabeza tambaleando de un lugar a otro, pero que no pudo moverme del sitio — Argh... — Me quejé un poco del dolor. Estaba claro que aunque no quisiera hacerlo allí, no iba a quedar otra opción posible. Yojimbo venia directamente a por mi, y estaba solo, sin mis compañeros — ¿Significa que una vez más, la tripulación de los Alas negras están donde estamos nosotros? — Era como si el destino nos dijera algo. Me quedó claro, era el momento. Si podia parar a aquellos piratas de una vez por todas, era aquí y ahora, derrotando a su capitán.

— Bien... — Dije levemente, mientras Yojimbo permanecia delante de mi con los brazos cruzados, riendose de manera extravagante, mirando su cuerpo frente a mi, debido a su gran altura, a la vez que me transformé en mi forma híbrida de serpiente de cascabel. Levanté la cabeza un poco más para mirarle a la cara fijamente — ¡Vamos! — Grité para salir disparado hacia su hombro derecho y sin pensarlo, atacarle con mis colmillos, clavandoselos lo más profundo que pude mientras le inyectaba veneno dentro de su cuerpo, y a continuación, con un salto por encima de su cabeza no sin antes, clavarle, me situe detrás de el, a unos 10 metros, bastante alejado, a la entrada de uno de los pasillos de la biblioteca. La poca gente que habia allí comenzó a salir corriendo asustada por la situación — ¡Abandonad el lugar, es peligroso! — Grité, sin quitar ojo a Yojimbo.

Adopté una posición defensiva, elevando mis brazos con los puños en alto, con la cola enroscada con firmeza y en el suelo, esperando al siguiente movimiento de mi enemigo. Esta vez iba a dejarme de tonterias, estaba claro que no podia hablar con el, así que solo me quedaba pelear hasta que uno de los dos cayese — Venga, va. Aquí te espero — Le dije seriamente.

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#6
El marine parecía dispuesto a plantarme cara, pero aunque el hecho de no haber retrocedido por el impacto de mi golpe fuera encomiable, no sentí el verdadero desafío hasta que optó por realizar una transformación, escamosa como la de Sasha o Jolyne, pero no tan grande como Sasha y no tan asquerosa como Jolyne. Era una especie de lagarto que había compactado sus dos piernas en una larga cola de serpiente y ahora tenía su cuerpo cubierto de escamas y una cara con dos colmillos prominentes. El crepitar de las llamas de mi espalda seguía siendo la banda sonora de nuestro encuentro.

Tampoco iba a quedarme a seguir observándole mucho tiempo, y tras terminar su transformación los poderes de mi fruta que previamente había estado preparando con mi postura, brotaron.
Dos brazos salieron del suelo y abrazaron su cola para inmovilizarla. Otros dos, salieron de sus costillas para agarrar sus brazos, y un último brazo salió de su espalda y sujetó su cabeza elevando su rostro hacia el techo, inmovilizándolo por completo y haciendo que dejase de poder observarme.

-Mi tripulación son las alas de la libertad. Voy a acabar contigo para que puedan seguir volando- dije claramente, confiándole mis intenciones a aquel marine, y sin descruzar los brazos ni un momento di un salto vertical sin desplazamiento, para ganar un par de metros de altitud, y descendí girando con las piernas por delante impactando de lleno en el plexo solar de aquel hombre como si un taladro que perforase los cielos hubiera descendido para castigarle. Tras el impacto y aterrizando agachado con ambos pies en el suelo sin descruzar mis brazos, mis alas dieron una sacudida fuerte para estabilizarme e hicieron esparcirse varias hojas y papeles sueltos del lugar por doquier, y tras eso realicé un movimiento a toda velocidad hacia la cintura del marine que tenía en frente y descrucé los brazos rápidamente para darle un manotazo con la diestra en lo que intuía que sería su cadera izquierda aproximadamente, buscando producirle incomodidad además de todo el daño posible.

Al terminar ese impacto, y libre del agarre de mi técnica, ahora tenía frente a mi a aquel tipo semi-animal. Mantuve mis brazos por delante de mi torso y presté toda mi atención al tren superior de mi contrincante esperando su siguiente movimiento. Ignoraba a quienes pudieran estar en aquel lugar, y lo que pudieran hacer o lo que les pudiera pasar. No me importaba. Iba a seguir golpeándole tan duro y tan fuerte que quien estuviera allí iba a tener pesadillas recordando esta paliza.


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#7
Yojimbo tenía las cosas controladas.

Una vez más, me apresuré para poder golpearle, y eso me jugó una mala pasada.

Cuando me abalancé sobre él, sentí que las fuerzas me fallaban. Como si algo no andaba bien, y eso se tradujo en un contrataque de mi rival. De repente, de la nada, noté como desde el suelo me estaban sujetando, no me podía mover, miré hacia abajo para comprobar que pasaba, y pude verlo - ¿Pe... pero qué? - Dije con una gota de sudor corriendo por mi frente. Eran brazos que salían del suelo - ¿Será algún tipo de fruta? - Fue lo primero que pensé. No podía moverme, estaba totalmente sujeto por todos lados, incluso la cabeza la tenía alzada mirando al techo de aquel lugar, cuando noté en mi estómago un fuerte golpe, supongo que el capitán de los Alas Negras me había propinado una patada para a continuación golpearme la cadera aún en mi forma transformada.

Estaba totalmente inmóvil, totalmente sujetado por aquellas extrañas manos, golpeado por todos lados, con la cara quemada, sintiendo un fuerte dolor. Notaba que las fuerzas me fallaban, una vez más, no pude hacer nada. Una vez más, no servía para nada. Una vez más, por mi cabezonería, estaba solo, sin mis compañeros a mi lado, para poder ayudarme. Una vez más, podía sentir que iba a morir, que el destino no paraba de repetírmelo - ¿He llegado hasta aquí? ¿Esta vez en serio? - Dije por lo bajo, sin alzar la voz. No podía ni siquiera mirarlo a los ojos al estar sujeto. De repente, noté como aquellas manos me soltaron y dejaban mi cuerpo un poco más libre. Solamente me mantuve en pie, y le miré fijamente a los ojos.

Reí. Esta vez sí que era mi momento. No podía hacer absolutamente nada, y en apenas dos asaltos los daños que me hizo fueron enormes, sin ni siquiera reaccionar - Acaba conmigo, y volad alto - Le dije con total sinceridad. Aquella luz que todos veían en mí era tan solo un falso destello. Un engaño. No soy el héroe de nada ni de nadie.

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#8
El marine de nuevo aguantó estoicamente los golpes que le había propinado. Pocas personas podrían aguantar tal despliegue de poder, físicamente, y tal cantidad de daño ingente, mentalmente. Y no conforme con eso, siguió sin moverse ni un centímetro, ni flaquear, ni tan siquiera le temblaron las rodillas lo más mínimo... y aun así, se permitió el lujo de invitarme a acabar con él y a seguir con nuestro camino. Pero sonrió. ¿Cómo se atrevía a sonreírme? ¿Cómo era capaz de pretender reír ante mi furia?. Apreté los labios y fruncí el ceño mostrando cara de enojo y desagrado ante sus palabras -¿Te estás burlando de mi?-  le pregunté mirando rápidamente su cara, sus puños, su cola y de nuevo su cara, haciendo un barrido rápido de inspección. Este tío parecía de otra pasta... supuse que ese era el material del que estaban hechos los héroes. Luchadores que sin importar lo que se les echase, seguían en pie y seguían queriendo enfrentar la muerte y todas las consecuencias de mantener sus convicciones. -¿Tú eres el que ha dirigido a los Marines que nos han estado agobiando todo este tiempo?- volví a preguntar, realmente dudando de si este hombre era quien yo creía, pues habría jurado que él nunca se rendiría.

Pero de igual forma, yo no me creía esa falsa rendición... y estaba completamente seguro de que estaba tramando algo.

Las llamas de mi espalda se replegaron sobre si mismas y desaparecieron en mi interior, mientras las personas a nuestro alrededor terminaban de abandonar el lugar, y el ruido del ambiente desapareció con la última de mis flamas, dando paso a un silencio sepulcral. Casi podían escucharse nuestras respiraciones, o el leve chisporroteo de la carne quemada en el mentón de Joe tras mi puñetazo, o mis puños apretándose y retorciendo el material de los guantes con su presión, mientras mantenía aquella guardia alta. -Uno de los dos no va a salir de esta habitación. No sé que estás tramando pero te advierto que cuando vuelva a moverme no voy a tener piedad contigo- le dije a modo de aviso, advertencia y amenaza al mismo tiempo, separando ligeramente el pie izquierdo hacia atrás arrastrándolo por el suelo para mejorar mi equilibrio y mi guardia, sin perder de vista desde mi ángulo elevado de visión, el tren superior de aquel hombre que me mantenía la mirada.

Quien quiera que nos estuviera mirando, desde la lejanía, podría ver en nuestros perfiles y nuestras siluetas el reflejos de una lucha entre un imponente águila negra y una terrible serpiente de tierra. Un combate que acababa de comenzar.

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#9
Al sucesor del trono de la isla del cielo no le gustó mi actitud, llegando a pensar que me estaba riendo en su cara, cuestionándose de sí, yo era el responsable de lo que parecía ser una caza de brujas contra su banda. Volví a mostrar una mueca de risa en mi cara, no lo pude evitar — ¿Cómo le explico yo que es todo obra del destino? Este tío no va a entender a razones — Pensé.

Yojimbo parece ser que se relajó, o le di pena por el estado en el que me encontraba, sea como sea, las llamas de su espalda no ardían con la misma intensidad, desconozco que poderes tienen los de la raza Lunarian, lo poco que pude ver en la isla del cielo y ya, poco pude informarme, pero desde luego aquel pequeño detalle significaba algo. Tras esto, afirmó rotundamente que uno de los dos no iba a salir de aquella biblioteca. En ese momento, los ojos comenzaron a abrirse lentamente, como si algo en mi cabeza hubiera hecho clic. Recordé unas palabras que hace un tiempo me dijo alguien.

— La historia está llena de héroes... Y de falsos héroes. —

Hasta ahora, he sido un falso héroe, con reconocimientos que no me merecía. Si iba a morir allí, que fuera realmente haciendo algo. Algo que pudiera hacerme un héroe. Volví a pensar en mis compañeros de División 21. Ellos eran mi única razón por lo que peleo. Si dejo a Yojimbo suelto, irá a por ellos también, y no podía dejar que eso pasase. Así que, me tomé al pie de la letra las palabras del capitán pirata — Uno de los dos... — Suspiré profundamente, mientras le miraba lentamente, con la cara abrasada, siendo un recordatorio de que el tiempo jugaba en contra mía, a la vez que con la punta de mi cola de serpiente cogí la pequeña daga que siempre llevo encima, y que fuera lo que fuera, tenía que darme prisa de una vez por todas ¿Iba a morir allí? Puede ser. Pero, que al menos fuera como un héroe de verdad, que yo pudiera sentirlo dentro de mí. Notaba como aquel calambre había desaparecido de mi cuerpo, me sentía un poco más ligero, era la señal que necesitaba — Que así sea... ¡Soru! —

Sin más palabras, intenté lanzarme esta vez a la mayor velocidad posible contra él. Iba a jugar sus mismas cartas, así que usando las capacidades de mi fruta de serpiente de cascabel, según llegué a él, serpenteé por su cuerpo hacia arriba (debido a su gran estatura) hasta rodearle el torso y sus brazos, dejándolos completamente inmóviles, quedando la punta de la cola de serpiente arriba, por la parte del hombro izquierdo, aprovechando y clavándole la daga de lleno en él, a la vez que, en el hombro puesto, en el derecho, clavarle mis colmillos profundamente, para inyectarle un veneno rápidamente y en cuanto terminé de hacerlo, tirando hacia atrás con fuerza, para así desgarrarle parte de su carne y hacerle una profunda herida. Aprovechando esa inercia hacia atrás, finalicé golpeándole un puñetazo con toda mi fuerza en su rostro — Venga, va... ¡VAMOS! — Grité delante de él, mientras seguía enroscado por todo su torso.

No sabía si estar tan cerca de él iba a ser buena idea o no. Pero llegados a este punto, me daba igual, me tomé al pie de la letra sus palabras y las acepté. Uno de los dos, no saldría de este lugar con vida. Que así sea.

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#10
Tras aquella pausa y mis palabras, el Marine volvió a sonreír, y con mis últimas declaraciones sus ojos se abrieron de par en par. Como si hubiera escuchado un mensaje de ultratumba, un aviso de la parca y de su próximo encuentro. No le quitaba el ojo de encima desde que había dejado de golpearle, estaba extremadamente atento a sus movimientos, y estos no tardaron en llegar. Comenzó hablando repitiendo el inicio de mi frase e hizo que todos mis sentidos se pusieran en alerta, y acto seguido se lanzó hacia mi gritando una palabra extraña. Había aumentado su velocidad considerablemente, tanto que, si no hubiera estado pendiente de él y tan concentrado no habría podido verlo venir. Pero no le había quitado los ojos de encima en ningún momento, y pude reaccionar a tiempo en el momento en el que se precipitó hacia mí. Mis llamas volvieron a brotar como una explosión de fuego, más violentas y altas que antes, y con ellas la liberación de mi espíritu... como en aquella noche en Momoiro, emitiendo mi energía y mi aura en un espacio más controlado. Estaba listo, y con un simple movimiento de una de mis alas, la derecha, giré sobre mi mismo y antepuse esta extremidad a su movimiento, un lanzamiento de cola por delante empuñando con la punta de la misma una daga, que con el impacto de mi majestuosa ala salió volando y girando en el aire hasta clavarse en una estantería próxima, mientras su cola rebotaba en dirección contraria y nulificaba las intenciones de esta.

Pero me dejaba de costado y relativamente desprotegido, cosa que el Marine aprovechó y se lanzó a mi hombro derecho, que era el que tenía más cerca de él por el movimiento defensivo de mi ala, y clavó sus colmillos con fuerza en mi carne haciéndome girar levemente la cara en esa dirección y entornar los ojos con enfado. ¡Esa serpiente sabía morder!
Entonces, despejé mi ala hacia atrás a tiempo de que él separaba sus dientes de mi carne desgarrándola con furia y quedábamos por un mísero instante uno frente al otro. Ahí Joe lanzó un puñetazo con aparente esfuerzo y fuerza y yo antepuse mi brazo izquierdo para que su puño impactase contra mi antebrazo y reducir el daño de su ataque, pero aun así, aun haciendo uso de todas mis capacidades defensivas, sentí como su fuerza sembraba el dolor en mi piel, carne y hueso. Si no me hubiera protegido, ese golpe habría sido terrible. Sin duda era un rival al que no podía darle un respiro... no otra vez. No volvería a cometer los errores de Skypiea ante un rival poderoso.

Cuando su puño y mi antebrazo hubieron hecho contacto, con una mirada llena de furiosa cólera tras la guardia de mi defensa, observé mi objetivo y lancé la mano en su dirección, agarrando con la diestra su cuello a la altura de la nuez, justo en la base de la mandíbula y apretando con todas mis fuerzas mientras estiraba el brazo por completo, separando su cuerpo del mío más de lo que sus brazos podían llegar a cubrir dada la diferencia de nuestras alturas, y extendiendo mis alas todo lo posible hacia la espalda, abriéndolas de par en par con un estallido de aire que sacudió aun más los libros y hojas y avivó el crepitar de las llamas de mi espalda.
-En mi isla natal había serpientes que se movían sin cabeza- dije seriamente desviando mi mirada hacia su cola de serpiente cascabel -¿Tu eres de esas?- le pregunté, aun a sabiendas de que estaba obstruyendo sus vías respiratorias y no sería capaz de emitir un mensaje claro, si es que era capaz de hablar. El marine era demasiado rápido y peligroso como para dejarle suelto y a sus anchas, tenía que limitarme a reducirlo con mi fuerza y asfixiarle o partirle el cuello rápido, si es que en esa forma tenía un cuello que partir.


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