[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Saint Fermin
#11
Paseaba por las anodinas calles de Sabaody, con mis manos entrecruzadas entre sí y por detrás de mi cabeza, haciendo caso omiso a la rutina de la plebe de mi alrededor que disfrutaba de su mísera e insignificante vida. Como una de las herederas de las familias fundadoras, si me daba en gana, podía partirle la columna vertebral a más de uno o convertirlo en mi esclavo por el resto de su existencia. Pero para la fortuna de todos esos infelices, mi máxima prioridad ahora era otra. Quinque había avisado a mi leal sirviente de que habían avistado a tres peces gordos, frente a la Hells Paradise, a dos capitanes piratas y otro revolucionario que se estaban empezando a labrar un nombre en el Grand Line. ¿El motivo por el que estaban ahí? No me importaba lo más mínimo, pero tampoco era cuestión de dejar vagando a simples hormigas en nuestro territorio, que lo atacaran y se llevaran a alguno de nuestros esclavos. Era una simple cuestión de orgullo, y ya está.

Estando a medio camino de la Casa de Subastas, el Den Den Mushi que llevaba encima empezó a sonar y a vibrar en el bolsillo derecho de mi pantalón, provocando que resoplara y chasqueara la lengua. Aparté las manos del cogote y llevé mi diestra hacia dónde se ocultaba, descolgándolo justo en ese preciso instante.- ¿Sí? - Respondí de mala manera, escuchando una voz carraspear y toser al otro lado de la línea.- Disculpe, señorita Verus… - Dijo la voz, la cuál pude identificar al segundo.- Ah, eres tú, Wammy. - Dije sin importancia.-  Dime, ¿qué pasa? - Añadí, dejando a mi sirviente que hablara.- Verá, quería actualizarle sobre la situación de la Hells Paradise y resulta que… - Quiso comunicarme algo mi mayordomo, pero no pude terminar de escucharle, ya que hubo algo que captó mi atención. Algo de tan gran escala como era una enorme explosión que resonó en todo el Archipiélago y, cuya columna de humo y fuego se oteaba en lo que debía ser el manglar 30. Fascinada, por lo improbable que era que sucediera algo de tal magnitud, me detuve y me quedé observando en trance la seta de humo que había generado tal estallido, ¿qué clase de persona o criatura había sido capaz de hacer algo así? Una siniestra sonrisa se dibujó en mi rostro, la cuál se apagó en segundos cuando los gritos de Wammy repitiendo mi nombre, una y otra vez, me sacaron de mi embelesamiento.- Señorita Verus… - Insistió, una última vez, antes de volviera a dar señales de vida.- Sí, sí, que ya voy para allá. - Le puse mala cara al Den Den Mushi, y proseguí andando hacia la Casa de Subastas. Viendo que era bastante probable que nuestra red de tráfico de esclavos estuviera bajo un ataque inminente, activé hasta los 700 metros mi Kenbunshoku Haki.

- ¿Se sabe algo sobre la fruta y la esclava desaparecida? - Pregunté, con tal de tener algo de entretenimiento hasta llegar a la Hells Paradise. Habían pasado cerca de dos meses y aún no se sabía nada sobre esa prófuga que se había escapado de nuestras garras, ni de la akuma no mi que se había llevado con ella. Nada más que la Mera Mera no mi.- Me temo que no. Preguntamos en los astilleros hace unos días y dicen que pudieron haber avistado a una mujer parecida a la descripción de la esclava escapándose de la isla. Pero no hay nada confirmado aún. - Explicó con la solemnidad y parsimonia que caracterizaba a Wammy cuando, nuevamente, algo hizo que atrajera mi interés siendo, en este caso, una debilitada y familiar aura, a unos 700 metros de mi flanco derecho.- ¿Pero qué…? - Giró sobre mi misma, quedando orientada hacia el lugar del que procedía esa presencia, y concentrando toda mi atención y sentidos en analizarla. Ese color rosa, esa forma humeante y chisporroteante, me quería sonar de algo, pero ahora mismo no caía en la cuenta. Me quedé absorta, mirando en aquella dirección, e intentando atar los cabos de mi incertidumbre, hasta que la imagen del hombrecillo enmascarado me vino a la mente.- No me digas que… - Me queda ojiplática, recordando a aquel individuo que conocí en la subasta, el mismo día que yo perdí a la esclava con la Mera Mera no Mi. Un hombre cuyo rostro ocultaba que se apareció ante mi como un fantasma del pasado. En su momento, no pude comprobar su identidad pero, extrañamente, había algo de él que me era familiar. Demasiado, quizás. Me recordaba a algo, y necesitaba averiguar a qué.- Voy a retrasarme un poco, Wammy. - Anuncié tras lo cual y, sin dejar que mi sirviente respondiera, colgué el Den Den Mushi y cambié mi objetivo hacia donde quiera que estuviera yendo esa aura.

Tras varios minutos divagando e inmersa en no perder el rastro de esa presencia, ésta se detuvo en algún lugar del manglar 0, lugar que, según la posición en la que se encontraba, debía pertenecer al muelle de los astilleros. Junto a la presencia que captaba mi interés, había muchas más auras - la mayoría de ellas debilitadas -, que correteaban como insectos de un lugar para otro, estando así durante un buen rato hasta que se quedaron más estáticas, dividiéndose en lo que parecían ser tres grupos debido a sus posiciones. Debían estar preparándose para abandonar el campo de batalla, supuse, frunciendo mi ceño ante tal hipótesis. No había mayor prueba de debilidad que aquella misma. Y la debilidad me sacaba de quicio.

Al llegar al muelle y estando a unos 100 metros aún de distancia, pude otear con mi único ojo tres navíos distinguidos, quedando cada uno separado a unos 20 metros respecto al otro. De ellos tres - el más situado a la derecha respecto a mi punto de vista - sobresalía un enorme galeón sin bandera, al cuál se le estaba actualmente hinchando el revestimiento de resina tan característico de Sabaody. Observé como los otros dos barcos - no tan notables como el primero -, hacían lo propio. Pero tan pronto como miraba hacia ellos volví a dirigir mi mirada hacia el primer barco en el que había puesto mi atención, al ser en él en el que residía lo que en aquel momento me interesaba. Según podía sentir con mi haki de observación, en él había 8 presencias, siendo el poder de dos de ellas prácticamente minúsculo, otras dos denotando estar gravemente heridas o débiles, y el resto estar más o menos de una pieza.



En ese momento, y sin importarme lo que fuera a suceder a continuación, comencé a correr a una velocidad imperceptible para cualquier mortal, acercándome con gran celeridad hacia el gigantesco barco. Estando a escasos 30 metros de él me detuve, en décimas de segundo, para flexionar mis rodillas, aprovechando la inercia de la carrera para impulsarme y saltar con suma velocidad en dirección a la localización de la misteriosa y familiar aura, atravesando como una flecha la pompa que empezaba a cubrir al navío sin llegar a reventarla, aterrizando sonoramente - gracias a las gruesas suelas de mis botas - en la barandilla que había junto a su timón y acabar sentada de cuclillas sobre este, a unos  15 metros del palo mayor, a cuál le daba mi perfil izquierdo. Sin más preámbulos y con el objetivo de que ninguno de aquellos insectos me molestara, hice gala del poder innato con el que me habían bendecido los mismísimos dioses, extendiendo mi Haoshoku Haki hasta unos 70 metros y escuchando como la madera del barco crujía y se rasgaba ante mi mera presencia intensificada y como la burbuja de resina oscilaba y se inestabilizaba, amenazando con estallar en cualquier momento ante mi poder sin parangón. Algo que incluso los barcos más cercanos serían capaces de sentir.

Frente a mí, se erguía una gigantesca figura que, de no ser por la explosión de Haoshoku que había emitido, estaba segura de que no se habría percatado de mi al haberme prácticamente teletransportado a su lado. De un simple vistazo, era cierto que aquella enorme chica no se parecía en nada al individuo con el que me topé en esa subasta, lo que hizo que frunciera el ceño. Aún así, agudicé mis sentidos para hacer una segunda comprobación y, tras eso, extendí mi brazo derecho rápidamente hacia el rostro de la joven, pellizcando con fuerza su mejilla izquierda y arrastrándola con violencia hacia abajo, obligándola a que girara su rostro hacia el mío, para poder verla mejor. Sin hacer caso directo al resto de insectos del barco, pero permaneciendo alerta en caso de que fuera necesario aplastarlos, me quedé observando a la grandullona durante un par de segundos, clavando fijamente mi único ojo en cada una de sus facciones, impasible y en absoluto silencio. Esos ojos grandes… Ese pelo rubio con ese mechón carmesí… Y esos dos grandes cuerno rojos… No cabía alguna duda, se parecía en talla y corpulencia al tipo de esclavos qué solíamos tener hace veinte años, pero más pequeña. Aún recordaba cuando padre regalaba estás gigantonas a nuestros hermanos para yacer con ellas.- Tú…. - Dije, después de tres segundos que se pudieron hacer eternos para los presentes.- Tú no eres el tipo de la máscara pero vuestra aura se parece mucho, realmente.... - Apreté con más fuerza su mejilla, zarandeándola en una clara señal de desagrado por no obtener el resultado que esperaba. ¿Me había equivocado recordando el aura del hombre enmascarado? No, descarté esa opción al momento, estaba segura de haberme grabado en la mente aquella sensación melancólica en mi piel. No entendía que clase de relación podría tener esta chica oni o semioni con el hombre de la subasta, pero sentía que había perdido el tiempo en balde y, por tanto, me sentía frustrada e irritada, siendo notorio por la hinchazón que estaban sufriendo las venas de mis brazos.

Abrí los ojos de par en par cuando una difusa y ligera idea cruzó mis pensamientos como una centella - ¿Cuántos años tienes? - Pregunté acercando mi cara a la suya. Era una idea loca, pero una resta rápida que coincidiese podría hacer que las cosas cambiasen abruptamente.


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#12
Curiosamente Comi se había encontrado también con los Mushoku en alguna ocasión. Con aquella revelación quedaba más que claro que todos los miembros de aquella pequeña banda revolucionaria habían tenido sus más y sus menos con aquellos piratas tan despiadados. Tomó nota mental de aquella circunstancia tan curiosa y se prometió preparar a sus compañeros para futuros enfrentamientos contra los que podrían ser unos recurrentes enemigos a partir de aquel día. Necesitaría que Kisuke dominase el haki armadura al mismo nivel que el panda, ya que le resultaría una protección muy útil, y necesitaba aprender a dominar el haki de observación como nunca antes lo había logrado. Sin embargo, lo que más necesitaba en aquel momento era saber de quién cojones era aquella presencia tan rematadamente poderosa que se acercaba hacia los barcos que estaban a punto de zarpar. —Vamos a tener problemas. —Sentenció el panda todavía en el lateral este del barco. El eco de su grito acababa de enmudecer cuando se giró para ver llegar al origen de aquel aura tan asfixiante. Era más fuerte que cualquiera de los presentes en aquel manglar en aquel momento. Alcanzó a ver su figura unas décimas de segundo cuando se detuvo a 30 metros del barco de los Alas Negras, pero rápidamente su presencia se teletransportó hacia el navío de estos. Aterrizó al lado de Sasha y emanó (Don Bambú lo supo al instante) un potentísimo Haoshoku que llegaba, como mínimo, hasta el barco de los Toros Negros. —Otra más, pero... —Había algo en ella que le disgustaba profundamente. No se trataba sólo del hecho de que acababa de agarrar por la cara a Sasha como si fuera alguna especie de muñeca. Eso le hizo hervir la sangre, sí, pero el motivo verdadero de su ebullición no era ese. Se trataba de una muchacha humana (aparentemente) de cabellos rubios y de gran poder. No había nada, en principio, que le pudiera dar especial rabia al mink. La veía allí plantada y sabía que era su enemiga mortal. La odiaba sin más, como si estuviera en su propia naturaleza odiarla.

Y lo peor de todo es que estaba en el barco de sus amigos.

Don Bambú no perdió el tiempo porque no había tiempo para perder. De su bolsillo extrajo el den den mushi blanco que había recuperado de Comi no hacía ni media hora. Era tan pequeño que el caracolófono resultaría invisible en sus enormes manazas para cualquiera que no estuviera a su lado. Marcó el número de Garnet con la esperanza de que esta vez el pelirrojo estuviera cerca de su den den mushi blanco. Quería escuchar qué estaba diciendo y, sobre todo, saber si era necesario moverse para ayudar en algo. En el peor de los casos Kisuke podría zarpar mientras Don Bambú se quedaba para distraer a aquel monstruo. —No digas nada, sólo déjame escuchar. —Le susurró al caracol poniéndolo cerca de su boca. Repitió estas palabras múltiples veces para cuando Garnet cogiera el caracol. Quería que supiera que estaba ahí con ellos y que, si quería, podía pedirle ayuda.

No había perdido de vista a la mujer en ningún momento. Quería verle bien los labios para saber qué decía, porque Don Bambú tenía la curiosa capacidad de entender las palabras aunque no escuchase los sonidos de las mismas. Con sólo ver la boca ya le bastaba para entender qué se intentaba decir, pero la condenada estaba tan lejos que no podía ver bien qué estaba diciendo.

Datos
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#13
OST


Por fin. Por fin estaban preparados y listos para partir. Tras mucho esfuerzo sufrimiento e incertidumbre, iban a poder abandonar aquel lugar de mala muerte, que además estaba controlado de manera más férrea que en cualquier otro lugar que hubiesen visitado anteriormente por el enemigo que tenían que derrotar para voltear el sistema en pos de un mundo más igualitario. Fue entonces, cuando Panda dijo unas palabras que no auguraban nada bueno, y que, Kisuke pensó que no tendría que escuchar más en un tiempo. Problemas. El antiguo pescador chasqueó la lengua con desagrado. Estaba claro que no iban a poder tener un respiro, al menos de momento.

-Me cago en la puta, ¿que coño...?

Pero no llegó a terminar esa frase, porque justo cuando iba a pronunciar el resto, una helada garra oprimió su corazón y una presencia abrumadora aplastó su mente de manera brutal. Conocía aquella sensación, la había sentido varias veces ya desde que entrasen en el Grand Line. Panda era usuario de aquel terrible e intimidatorio poder, y también él, el pequeño cazador enmascarado del kanabo, aquel que les destrozó en Chisi y se llevó a su compañero y hermano de armas, Zorak, junto con el espadachín albino que le había arrebatado a Yamigiri. Pudo ver como la mole de Comi se quedaba tieso como una estaca, presa seguramente del inconmensurable poder que había aparecido. Un sudor frío recorría su propia espalda, pero podía moverse, por lo que, anticipando cualquier eventualidad, activó de nuevo su haki de armamento y se llevó una mano derecha a la empuñadura de su katana, mirando alrededor de él, hasta que vio el Barco de los Alas Negras.

"¿Quién coño es esa tía?"

Con su aguda vista, pudo ver a una mujer de cabello rosado y un parche en el ojo, había sometido agarrando por la mejilla a la pobre Sasha, pero por la distancia y el ruido no era capaz de escuchar lo que decía y no era capaz de comprender por qué había atacado a la muchacha, navegante de los piratas Alas Negras. En ese momento observó a Panda, que estaba sin inmutarse ante aquella presión que ejercía aquella mujer, impertérrito ante esa oleada de poder masivo. Parecía que tener ese poder era clave para poder aguantarlo, así que le preguntaría al mink si podría enseñárselo, porque no quería estar a merced de los usuarios de aquella habilidad. Una vez más haciendo gala de su buena vista, pudo ver como su compañero sacaba un den den mushi blanco y supuso lo que estaba tratando de hacer. Seguramente estaba contactando con alguien de los Alas Negras, ya que tenía un fuerte lazo con aquella tripulación y estaban siendo atacados. Temiendo que cometiese alguna locura, se fijó en la burbuja del coating y vio que vibraba peligrosamente ante el poder que emanaba de la mujer de pelo rosado, pudiendo explotar en cualquier momento si no se tenía cuidado.

-Panda, no hagas locuras, mira como vibra la burbuja... ¿sabes lo que significaría si recibe daños? Y mira al gorrino, si no puede ni moverse...

Entendía como se sentía y él también quería ayudar a la joven pirata, había sido muy amable con ellos, pero había demasiados factores en contra de hacer aquello. Para empezar él mismo no estaba en condiciones, seguía perdiendo sangre y el dolor era muy fuerte en ese momento, sin mencionar el estado actual del coating, que amenazaba con explotar, y, por último, que desconocían el poder de aquella mujer, que por lo demostrado con esa presencia avasalladora, no debía ser poco. Una vez más estaban entre la espada y la pared, como siempre. Pero él era el navegante, y tenía que velar porque el barco y sus ocupantes llegasen al siguiente puerto. Zorak estaba incapacitado, Comi parecía disecado e incapaz de moverse, él mismo estaba herido. Su mano derecha que agarraba con fuerza la empuñadura temblando, por el poder de la mujer de pelo rosado así como porque estaban atacando a los amigos de Panda y no podía hacer nada por ellos, salvo morir, seguramente. Su respiración más pesada que nunca hasta el momento y la humedad que notaba en el costado denotaban que necesitaba inmediatamente cuidados médicos. Tenían que salir de allí cuanto antes.

resumen de turno

karma

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inventario
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#14
Finalmente el momento había llegado, las velas estaban izadas, como Kisuke había ordenado, el ancla estaba levantada y anclada gracias a Panda, tras un grito de este último dirigido a la tripulación de Sasha todo estaba listo y dispuesto para irnos del exótico conjunto de raíces que formaban el peculiar, y completamente inolvidable para Comi, Archipiélago Sabaody. Sin embargo, como si el mismísimo destino quisiera mantenerlos ahí, Panda previó problemas, y los problemas no tardaron en llegar en la forma de una mujer de cabellera rosada y parche blanquecino, tenía una mirada que, de haberla visto Comi, le habría dejado claro que estaba ante una depredadora en toda regla. Pero el mink no solo no vió su mirada de dorado iris, ni siquiera pudo ver a la portadora del parche aparecer, estaba mirando al barco de los Alas Negras en el momento en el que la misteriosa mujer apareció como si fuera por arte de magia, apenas podía ver nada desde mi posición, sin embargo algo ocurrió, mi pelaje se erizó como si el electro se hubiera activado, pero no era la estática lo que estaba encrespando los pequeños pelillos que cubrían mi cuerpo, era puro terror, era la sensación que tenía una presa cuando se encontraba de frente con un depredador que sabía que indicaba una muerte pronta, la sensación de futilidad que se siente cuando ves como algo va a ocurrir pero no eres capaz de actuar a tiempo para evitarlo.

El miedo y la impotencia apretaban cada centímetro de mi enorme cuerpo, era una sensación asfixiante, como si hubieras estado buceando por mucho rato, y cuando estás por salir a tomar aire algo te agarrase la pierna y tirase de ti, devolviéndote al fondo del mar de nuevo, arrancándote la posibilidad de tomar aire y sentenciándote a una muerte lenta y, nunca mejor dicho, asfixiante. Intenté moverme, pero fue del todo inútil, mi cuerpo estaba congelado, intenté hablar, pero mi garganta estaba cerrada y apenas podía articular palabra, de mi boca solo salían sonidos guturales sin ningún tipo de sentido, la sensación de angustia era tal que mi nariz se retorció mientras me provocaba varios ronquidos seguidos, tal vez un mecanismo de mi cuerpo para decirme que tenía que huir. Es lo que debería hacer, pero escuché a Kisuke hablar con Panda, podía entender que ellos quisieran entrar a defender a sus amigos, pero yo, que estaba de rodillas por haber estado atando la vela mayor a la barandilla del barco, me había quedado en esa postura de sumisión, no podía ni ponerme en pie para hablar con ellos, de hecho, no podía ni hablar con ellos.

Off
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#15
Estaba expectante ante la respuesta de la oni o semioni, a la que examinaba con detalle cada facción de su rostro, por si encontraba alguna similitud que pudiera ayudar además a esclarecer mis dudas. La chica, igual en un acto de osadía o de insensatez, tuvo la desfachatez de dirigirse a mí con impertinencia y altanería. Si no fuera porque me interesaba demasiado la información que pudiera proporcionarle, no habría dudado en cruzarle la cara y hundirla contra el suelo. Por si fuera poco, una débil presencia, anteriormente ubicada bajo una servidora, había pasado a situarse a 7 metros de mí, gritando palabras cargadas de lujuria que se perdían en el viento y en la nada. No me digné a escucharle, y aún menos a dirigirle la mirada. Tenía toda mi atención en la joven que tenía agarrada, sin dejar de monitorizar los niveles de fuerza y emociones que emanaba cada aura presente al alcance de mi Haki de Observación.

Cuando la chica respondió que tenía 19 años, abrí mi ojo aún más si cabía. Recapitulando todos los datos que había reunido, esta joven no sólo poseía un aura familiar y similar a uno de mis hermanos, sino que no era 20 años cuando padre empezó a regalar a mis hermanos esclavas de la misma raza que ella. Afirmando tener 19 años, había, como máximo, un año de diferencia entre la anterior cifra mencionada. Nueve meses... Las cuentas eran claras y simples, y mis hipótesis parecían tomar un buen rumbo. Con ello, podía sentir como algo de mi se destensaba en mi interior. No había encontrado al individuo de la máscara, pero había conseguido una información que podría ser igual de valiosa. No había perdido el tiempo y, por ello, no había hecho mal desviándome de la Hells Paradise. Ahora, necesitaba sonsacarle más información. Para mi suerte, parecía que iba a seguir hablando, quizás añadiendo algo sobre su nacimiento que ayudara a atar más cabos de este entramado puzzle que empezaba finalmente a vislumbrar y comprender. Sin embargo, se me olvidaba cuan molestas podían ser las moscas que revoloteaban a tu alrededor.

Antes de que pudiera aportarme más datos, uno de los enclenques que estaban en aquel barco, se dignó a interrumpir el interrogatorio, llamando chata a una servidora mientras sentía, gracias a mi haki, como la hostilidad crecía en muchos de los presentes de aquel navío pero, sobre todo, en aquel sujeto que, si bien pude percibir como su poder crecía mínimamente, o era un completo inútil y no era capaz de medir la diferencia que existía entre él y una descendiente de los mismísimos dioses, o era un profundo gilipollas. Fuera cuál fuera la razón, no me podía importar menos. Lo que si me importaba era el enojo que corría por mis venas. La sangre me hervía. No podía permitir que alguien tan débil me hablara con esa falta de respeto. Si para poder hablar largo y tendido con la cría a la que tenía a mi merced debía masacrar a todos los insectos que había en los tres barcos, no pestañearía dos veces con mi único ojo para lograrlo. Era hora de pasar a la acción y de que conocieran que ocurría cuando se enfrentaban a una divinidad.

Habiendo percibido las intenciones del insecto ese, rápidamente, cambié el agarre de la pequeña grandullona de su mejilla izquierda a la nuca, al mismo tiempo que desactivaba mi Color del Conquistador - parando las burbujas de tambalearse y la madera de crujir -, al no ser necesario utilizar un poder divino contra objetivos tan irrelevantes como aquellos. De la misma manera, percibiendo que las únicas molestias que había allí estaban a tan solo 70 metros aproximadamente, disminuí el rango de acción del mi Haki de Observación hasta esa distancia. Con todo ello, antes de que el incordio se lanzara a por mi, me giré levemente en sentido antihorario e imprimí todas mis fuerzas en mis piernas, astillando la madera de la barandilla sobre la que me situaba, lanzándome inmediatamente hacia ese sujeto con la pierna izquierda extendida hacia delante y con la oni aún amarrada por la nuca con mi diestra a ras de mi. En los cortos 7 metros que nos separaban, pude ver como el que había tenido la valentía de hablarme de esa manera era un payaso en toda regla, un individuo desnudo tapado tan sólo por un delantal, ¡qué desfachatez! Alguien que no valdría ni para esclavo con esas pintas. Sólo me sorprendió su corpulenta forma y pelaje, bien por ser usuario o por un mink. Aunque mis fugaces pensamientos iban dirigidos a suponer que, seguramente, se trataba de un liberal de esos a los que le gustaba retozarse con gente de su mismo sexo. Fruncí el ceño de tan sólo imaginarlo. Era repugnante.

Tras recortar la distancia que nos separaba y teniendo la cabeza al alcance de mi talón izquierdo, cubrí mi pierna izquierda enteramente de una película negra mate y resplandeciente, propia de haber entrenado y pulido mi poder innato para la batalla. El Busoshoku Haki que me brindaba una letalidad y resistencia mayor de la que ya de por sí poseía. Sin necesidad de usar demasiada fuerza - pues ni siquiera merecía que diera ni un 50% de mi poder -, desplacé mi talón hacia la parte superior de la cabeza de ese infra-ser, describiendo un arco descendente que acabó por impactar en dicha zona, deshaciendo su transformación - dejando claro que se trataba de un usuario - y, aprovechando mi arremetida para inclinar mi pie izquierdo, rotando levemente mi tobillo, para pisar su nuca, empujando levemente su cuerpo hacia atrás, empezando a caer de cara como un peso muerto, o bien porque estaba inconsciente o bien porque había perecido. Nuevamente, no me podía importar lo más mínimo. La cuestión era, ¿quién sería ahora mi próximo objetivo? En el campo de batalla, cuando te enfrentabas a una ejército o a una tropa, acabar con el rey o el líder del enemigo era la mejor manera de asegurarte la victoria. Sin embargo, en mi caso me parecía mucho más divertido y emocionante aplastar a los más débiles y ver la cara de desesperación de los más fuertes, quienes no podían hacer nada para impedir la masacre. Los que tenían su aura más apagada en esos momentos en ese barco era la propia chica que sostenía con mi diestra y, luego, un hombre parecido a un vaquero y de barba naranja que permanecía a 1 metro a la espalda del individuo de rojizos cabellos - y por tanto, 1 metro frente a mi -. A la cría con cuernos de oni, por obvias razones, no me interesaba dejarla fuera de combate. Y, por el contrario, del aura del vaquero podía percibir una gran hostilidad dirigida hacia mí, mucho mayor que el resto de los tripulantes que componían este barco. Él sería mi próximo objetivo.

Mientras el cuerpo del tipo que acababa de noquear seguía desplomándose - para caer de cara al suelo -, concentré mis fuerzas en el pie izquierdo con el que pisoteaba el cogote de ese payaso, aprovechando aquella superficie para impulsarme sobre ella y dirigirme hacia la persona con el sombrero de cowboy, terminando el pelirrojo en caer de bruces sobre la madera de la cubierta. Contraje mi brazo izquierdo hacia atrás, cerca de mi costado izquierdo y, en cuestión de milésimas de segundo, cuando estuve a su alcance, desplegué con suma ferocidad mi mano abierta hacia su cara, palmeándola y deteniendo en seco mi avance gracias al impacto de mi ataque. Sin que mis pies tocaran el suelo, y aprovechando que tenía mi pierna izquierda aún recubierta en Haki de Armadura, la flexioné - de forma que sobresalía mi rodilla - y situé, a la par, el brazo con el que le había golpeado tras su nuca. En un momento simbiótico, hice que, con mi brazo, el vaquero se inclinara hacia delante al mismo tiempo que propinaba un rodillazo con haki en la boca del estómago del vaquero.

Permaneciendo de pie, junto a los debilitados cuerpos de los hombres con pelos de colores, me hallaba frente al palo mayor, el cuál distaba de mi unos 2 metros. Sin contar a la oni, aún quedaban tres auras en ese barco que podían molestar a nuestra tertulia. Frente a mí, también a 2 metros, y junto a la base del mástil principal del galeón, podía ver a otro crío de azabaches y alborotados cabellos, notando con mi haki que estaba ideando algo, aunque no era capaz de saber el que. Otra de las auras que detectaba, y la que más vitalidad tenía, se situaba a mis 10:00 y a 3 metros de distancia. De reojo, pude observar que se trataba de una mujer rubia que, a juzgar por las katanas que se había dignado a desenvainar. Sin embargo, su atuendo, para nada óptimo, era más propio de una fulana que el de una combatiente. ¿Qué pasa en ese barco con la desnudez? Podría ser una de las muchas mujeres que podríamos vender en uno de nuestros lotes de esclavos. Al menos, sé que el degenerado de Quinque se volvería loco si pudiera contar con alguien de ese calibre para su uso personal. Por último y junto a ella, a mis 9:00 y separándonos 4 metros, se erguía otra mujer, de pelo rosa y con un uniforme de color azul. Estaba bastante entera según podía sentir pero, aún así, estaba segura de que de dos o tres ataques bastarían para dejarla fuera de juego.

Mientras había apalizado a esos dos desgraciados, podía sentir como la fuerza mayor que había entrado en los lindes de la costa de Sabaody, causando esa apocalíptica explosión, seguía causando estragos a diestro y siniestro. No, no era necesario siquiera usar el Kenbunshoku Haki para detectar la destrucción que estaba ocasionando. Por mucho que me gustara quedarme y seguir jugando con estos simples mortales, tenía que volver a la Hells Paradise antes de que arrasaran con ella. Miré nuevamente hacia la chica rubia de carmesíes cuernos a quien dejé, por diferencia de altura que se pusiera a cuatro patas y se arrodillara, como si estuviera haciendo una reverencia.- Volvamos a intentarlo, y esta vez sin distracciones. - Suspiré, mostrando un claro enojo en el reflejo vacío de mi único iris para, en ese mismo momento.- Dime todo lo que sepas sobre tus padres. Sobre todo de tu madre. - Exigí, pasando a mirar a continuación a los otros tres que quedaban en pie.- Y más les vale a las moscas altaneras no molestar si no quieren acabar como estos dos débiles e inútiles. - Amenacé, pasando a imprimir más fuerza ahora a la joven oni.- Y ahora, habla. - Ordené, quedando pendiente de sus palabras, esperando que mis sospechas se terminaran de confirmar y atenta a que ninguno hiciera la estupidez de ir en contra de mi orden.





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Energia: 5845 + 0 = 5845
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#16
La figura de aquella persona resultaba prácticamente invisible en la distancia. Sabía que estaba allí gracias a su Kenbunshoku, pero era imposible discernir sus facciones correctamente. No sería capaz de reconocerla en el futuro por su aspecto si no se acercaba al barco. Honestamente, mejor no reconocerla nunca en ese caso. Las palabras de Kisuke no cayeron en saco roto, pero amenazaban con desvelar la existencia de una llamada con Garnet. Don Bambú colocó su dedo índice entre sus labios y asintió en silencio. Era cierto que no se había fijado en las terrible vibraciones que acosaban la burbuja que les iba a proteger de una muerte segura en el fondo del mar. Cualquier movimiento podría resultar en la catastrófica pérdida de sus valiosos camaradas y, por qué no decirlo, de su valiosa vida también. Observó la escena en silencio ayudándose de su haki de observación. Garnet salió a cubierta o desnudo o en tanga, o tal vez fuera la imaginación del panda la que lo desnudaba con tanta facilidad. Escuchaba también, pero no por una prodigiosa capacidad de sus oídos, sino por la previsión de haber llamado a su amigo ante la posibilidad de problemas para los Alas Negras. El caracol reprodujo sílaba por sílaba la depravada súplica del skypiean a la desconocida. Debía de ser atractiva sin duda. Escuchó un golpe seco, como si algo se hubiera caído al suelo y escuchó cómo Sasha le gritaba a Garnet para que se detuviese inmediatamente. Por las evidentes alteraciones en las auras presentes, Don Bambú dedujo que su amigo estaba a punto de atacar. —Cálmate cojones... —De repente, la presión que se estaba ejerciendo sobre todos los presentes (y sobre los barcos) desapareció repentinamente. Sin duda alguna la muchacha debía de haber desactivado el Haoshoku. Quizás porque no le hacía falta o quizás porque le estaba drenando demasiada energía espiritual. El Haoshoku no era un recurso que pudiera emplearse constantemente. Escuchó un sonido seco que reconoció al momento como un golpe, pero la cantidad de ruidos que le precedieron no le dejaron adivinar qué estaba pasando exactamente. Ayudándose una vez más de su haki pudo sentir cómo el aura de Garnet palidecía. Seguía vivo, o al menos quería pensar que era así, porque todavía podía sentir su espíritu emanando muy débilmente de su cuerpo. A otra persona que no fue capaz de identificar le pasó lo mismo.

Don Bambú apretó los dientes por la rabia. Quería saltar al barco de los Alas Negras y ayudarles a rechazar aquella presencia tan amenazadora. Sin embargo, sabía que al hacerlo estaría condenándolos a muerte a ellos y a sus camaradas. Las burbujas no soportarían un enfrentamiento de tal magnitud (o una paliza de tal magnitud, vista la diferencia en las auras). Se limitó a escuchar con claridad cristalina, una vez terminaron los golpes secos, cómo una voz femenina interrogaba a alguien en aquel barco sobre una madre. ¿Que le dijera todo lo que supiera sobre su madre? El panda se quedó inmóvil. Monitorizaba las auras de las dos personas que habían caído inconscientes por si se extinguían por completo o se mantenían estables en su debilidad. No sabía cómo iba a reaccionar si la vida de Garnet desaparecía en aquel mismo instante, pero desde luego no iba a ser de una manera racional.

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#17
En cuanto la presión que aprisionaba mi alma se disipó me giré con toda la velocidad que pude hacia mis compañeros, Kisuke y Max, para preguntarles qué estaba pasando, pero al hacerlo vi a mi peludito amigo sosteniendo su índice contra los labios del antiguo pescador, y en su zarpa tenía algo que reconocía, yo también había sostenido ese curioso aparato, un caracolofono blanco como la nieve que contrastaba con el oscuro pelaje de la zarpa del mink panda. Algo de ruido salía de él, no sabía qué estaba haciendo mi camarada con ese den den mushi, pero necesitaba silencio, aparentemente, así que con el tono de voz más bajo que mi gigantesca garganta podía emitir pregunté: — ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué ha sido lo que acaba de pasar? Sentía como si una fuerza invisible me aprisionase y apretase en todas las direcciones a la vez, oink. Por no mencionar que ESO casi explota nuestra burbuja… — en estos momentos quedaba patente lo realmente poco que sabía del mundo, vivir tantos años solo, en una isla que de por sí estaba aislada del resto, pasaba factura a mi entendimiento sobre los grandes poderes del mundo. Las frutas del diablo, el haki, todo eso parecía sacado de algún cuento, pero eran reales, e iba a necesitar dominarlos si quería seguir al lado de este grupo.

Los ruidos que emitía el caracol cesaron, pero entonces intervino una voz, no sabía de dónde podía venir, por lo que había podido escuchar de la breve conversación entre Kisuke y Max debía de venir del barco de los Alas Negras, pero, ¿Quién era la que hablaba? ¿Por qué era importante la madre de alguien? ¿Sería una mujer buscando a su hija? La voz era de mujer, o eso parecía, una mujer muy maleducada, dicho sea de paso. Volví a susurrarles — Chicos, no sé qué está pasando, pero deberíamos irnos, no sé si la burbuja podrá resistir otra cosa como las de antes. — en todo momento había hablado mirando a Kisuke, él era el que llevaba el barco después de todo, pero después de mis palabras me giré para mirar a Don Bambú a los ojos, — Casi no hemos podido permitirnos esta burbuja, no podemos permitirnos el lujo de quedarnos sin ella, oink. Pero ahora mismo no podemos hacer nada más que huir. — no quería disimularlo, mi voz se quebró a medio discurso, ¿Dejar atrás a gente que era amiga? No era para nada algo que se alinease con mi brújula moral, pero en esta situación poco se podía hacer, Kisuke estaba desangrándose, el poder del rival me dejaba paralizado, ¿Podía Don Bambú solo plantar cara al enemigo que amenazaba a sus amigos? Es más, ¿Podía Don Bambú salir de la burbuja, pelear, y volver a nuestro barco sin que la burbuja explotase? No eran riesgos que pudiéramos asumir, no en nuestra situación actual, desde luego.

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#18
OST


Kisuke se relajó un tanto, quizá por la desaparición de la presión brutal que había ejercido aquella mujer que sometía sus voluntades o porque Panda, acercándose y mandándole callar mientras le mostraba el den den mushi descolgado, era un indicativo de que, al menos por el momento, no tenía intención de hacer ninguna locura. Gracias a su penetrante visión, pudo observar como la mujer del cabello rosa y con parche en el ojo, noqueó a Garnet y al cowboy en un suspiro y ahora tenía sujeta a Sasha por la nuca. No cabía duda que aquella mujer era muy poderosa. Al desaparecer la presión producida por la presencia de la asaltante del barco de los Alas Negras, Comi pudo moverse de nuevo y se acercó susurrándoles.

-Tranquilo, Comi, ya te explicaremos luego lo que quieras sobre todo eso.

La dicotomía seguía estando presente en la mente del antiguo pescador. Aquella mujer había irrumpido como Pedro por su casa en el barco de los Alas Negras, con muchas exigencias al parecer, aunque no parecía querer robarles nada, al menos por lo que se escuchaba por el den den mushi. Parecía querer información personal sobre Sasha, por lo que en principio, había ido ahí deliberadamente a interrogar a la chiquilla. Aquello suponía, sin atisbo de duda, que no podrían aportar nada a los amigos de Panda para ayudarlos a salir de aquella situación, puesto que bélicamente estaban en las últimas, sobre todo el propio Kisuke, y tampoco en cuanto a cumplir las exigencias de aquella mujer, ya que si Panda no parecía conocer tampoco tan a fondo a Sasha, mucho menos iban a tener aquella información el antiguo pescador o el marrano de 12 metros. Todo este razonamiento llevaba a una sola conclusión, tenían que salir de allí. El tema es que sabía que Panda no iba a querer moverse de allí hasta que terminase la situación, al fin y al cabo, aquella gente eran amigos para él. Kisuke por su parte estaba agradecido tanto a Sasha como a Triana por la ayuda que le habían prestado, y no quería que les ocurriese nada, pero era plenamente consciente que no podría hacer nada por ayudarlas, y mucho menos en su estado.

-Panda, sé muy bien que al menos no quieres irte sin ver qué acaba pasando, pero no se lo que pueda aguantar con esta herida. Tenemos que tomar una decisión rápido para ponernos en camino y poder cerrarme esta puta herida.

El dolor iba en aumento y la humedad de la sangre empapando los vendajes e incluso la camiseta de Kisuke se había incrementado en este tiempo. La respiración del antiguo pescador iba haciéndose cada vez más pesada y estaba en un punto, que cualquier mínimo movimiento le sacaba una mueca de dolor en el rostro. Sacó un cigarrillo y lo prendió mientras se levantaba con cuidado la camiseta y observaba como tenía los vendajes en el costado izquierdo completamente de color carmesí. Aquello no tenía buena pinta, pero al menos desaparecer el poder de aquella mujer la burbuja se había vuelto a estabilizar y, por el momento, el coating no estaba en peligro. Aún así, seguía manteniendo la mano derecha en la empuñadura de su katana, listo para desenvainar, y el haki de armamento activo, por lo que pudiese pasar. Por como apareció aquella mujer, estaba claro que era extremadamente rápida, al menos para sus sentidos, por lo que no estaba de más ser lo más precavido posible. Sabía que Comi no iba a hacer ninguna estupidez, porque había vivido en sus enormes y magras carnes el sometimiento al que le podía someter la intrusa, pero sabía que Panda podía llegar a ser muy temperamental, por lo que decidió tirar de galones para asegurarse dentro de las posibilidades que no cometiese alguna imprudencia, por lo que manteniendo el tono bajo de voz dijo:

-Capitán Max D Panda, recluta Comilón McBacon, mantengan su posición y estén listos para la partida, es una orden, como líder del Escuadrón de los Toros Negros. Tenemos la conexión vía den den mushi y yo puedo ver lo que ocurre en el barco de los Alas Negras así que os mantendré informados.

No era muy amigo del tema de los rangos, al menos dentro de su escuadrón, pero en esta situación juzgó que era lo mejor si querían salir de allí todos con vida y no tener que lamentar ninguna pérdida. Suponía que era lo que había pretendido Zorak cuando le pidió que se hiciese cargo del escuadrón durante su convalecencia, por lo que no iba a defraudar la confianza que su amigo había depositado en él e iba a sacarlos de ese maldito Archipiélago con vida... a todos.

resumen de turno

karma

Info Bélica

inventario
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#19
Una vorágine de ira, impotencia y miedo se arremolinaban en los espíritus de los cuatro individuos que quedaban en pie en el barco que me había colado. Si mi anterior despliegue del Haoshoku no había dejado clara mi clara y obvia superioridad, esperaba que la aplastante y fácil derrota de sus compañeros le hubieran devuelto a la realidad. En tan sólo un chasquido, era capaz de eliminar a todos los que estaban a bordo de los tres navíos o convertirlos en carne de cañón para cualquier prepotente noble que quisiera tener a su disposición un buen séquito de esclavos. Pero, mi interés estaba en la cría de cuernos carmesíes.

Para fortuna de todos los presentes, en esta ocasión nadie se dignó a molestar o interrumpir. Si bien podía notar y percibir movimiento, ajetreo en los otros dos barcos - y algún que otro sentimiento de ansiedad y frustración -, no era algo relevante y que supusiera mi tiempo, y aún menos con lo que la oni de cabellos rubios tenía que decirme. Con la mirada llena de odio, con unas pupilas ardientes como el sol, la chica declaró que su madre era una oni revolucionaria que, en algún momento fue capturada y, en otro distinto, se fugó hacia el Nuevo Mundo. Me quedé perpleja al escuchar que fue en ese momento dónde nació y que, al hombre al que siempre denominó como “padre”, nunca resultó ser su verdadero progenitor. Reí nasalmente y negué con la cabeza cuando se refirió a ese desdichado hombre como su padre. Era fútil y una pérdida de tiempo aparentar ser familia de alguien con el que no compartes lazos sanguíneos. Una soberana estupidez. No obstante, aquel sentimentalismo era bastante revelador, o mejor dicho, ayudaba a esclarecer aún más el misterio detrás de particular y familiar aura. Su madre fue capturada, esta chica nació al fugarse y el padre que conoció en vida no es el biológico. Repetía una y otra vez en mi cabeza para que no se me olvidara ninguno de estos detalles que debía seguir investigando. Estaba segura de que entre los registros de compra y venta de esclavos, podría acabar de dar con la tecla. Fechas, nombres, edades, descripciones físicas… Y lo más importante, saber a ciencia cierta si hubo algún esclavo que se llegó a fugar en Tierra Santa hace aproximadamente 20 años. Sí, una vez corrobore esos datos, con lo que ya sé y lo que me ha dicho la niña, ahí ya podré afirmar rotundamente mi suposición.

Noté en ese momento como mi bolsillo derecho empezaba a vibrar, al mismo tiempo que mi Den Den Mushi empezaba a sonar. Alguien me estaba llamando y, seguramente, por las circunstancias actuales, debía tratarse de Wammy. Si no era capaz de encargarse de la Casa de Subastas él sólo, ¿para qué que quería un sirviente? Hice una mueca, demostrando desagrado, a la par que deshacía el haki de armamento de mi pierna izquierda y apartaba mi diestra de su cuello, dejándola al fin libre, llevando mi mano derecha al bolsillo del pantalón para colgar el caracolófono. Ya contestaría más tarde. Con ello debería entender Wammy que estaba ocupada. En ese momento, fue cuando la oni o semioni me soltó un discurso sentimentaloide y sin lógica aparente referente a los compañeros que acababan de morder el polvo. - ¿Y qué si sus enemigos eran más fuertes? - Pregunté, retóricamente, mientras miraba a mi espalda a los dos debiluchos atumbarrados en el suelo, fijándome en que junto al cuerpo del pelirrojo, había un Den Den Mushi blanco sonando levemente en el suelo. Fruncí el ceño, caminando hasta él.- ¿Y qué si se enfrentaban a mí estando debilitados? - Reiteré, quedando próximo al objeto de comunicación, levantando mi pierna derecha.- A la hora de la batalla… - Añadí, comenzando a descender dicha pierna a gran velocidad, hasta acabar pisoteando el caracol con suma violencia, matando al animal y destrozando el aparato al instante.- Eso que dices no son más que meras excusas. Ganar o perder. Vivir o morir. Sólo existen esos dos resultados. - Sentencié rotundamente, con suma seriedad, meneando mi pie derecho, con la intención de apartarme los restos digitales y orgánicos del Den Den Mushi. Había dejado en su cubierta un charco de sesos y sangre por el animal. Una pena que no tengan sirviente.

Me volví a girar hacia la ahora semioni, mirándola dubitativa y pensando en qué hacer con ella, ¿debería informar primero a padre? ¿Sería mejor llevármela en contra de su voluntad y que me facilitara la investigación para pillar su adn? ¿O mejor matarla aquí mismo junto al resto de su estúpida banda? Honestamente, me divertía y llamaba la atención más la última de ellas. Era la más eficiente y encima podría entretenerme un poco más, además de que habían conseguido sacarme de quicio después de tanto tiempo. Cuatro o cinco moscas menos en el mundo no iban a notarse lo más mínimo. Miles de maneras de realizar el asesinato circularon por mi mente hasta que, nuevamente, el Den Den Mushi volvió a sonar.-  Puto Wammy…. - Susurré, frunciendo el ceño. Mi sirviente se tenía que estar empezando a impacientar. Mas, era cierto que, si estuviera ocurriendo algo de extrema urgencia, no me seguiría llamando. Habría entendido que después de colgarle la primera vez, debía dejar de insistir. Además, teniendo en cuenta que Sabaody estaba bajo un continuo asalto por parte de una gran fuerza mayor… Chasqueé la lengua al interiorizar que la diversión se había acabado.

Con cara de pocos amigos, me puse las manos detrás de mi cabeza, y empecé a caminar lentamente hacia la barandilla que daba hacia la pasarela del muelle. Procedía a abandonar el barco pero, no habían pasado desapercibidas las palabras poco amistosas de la mujer con las tetas casi al aire, y menos aún el tono tan altivo con el que me había hablado. Fue por ello que, quedando ella a mi izquierda, caminé hacia la barandilla hasta que quedamos costado a costado, separándonos un metro de distancia. En ese momento, en ese radio de acción, y sin que le diera a nadie más, hice uso de un poder más intenso de mi Haoshoku Haki, obligando a aquella despampanante mujer a desmayarse.- Que sea la última vez que te diriges de esa forma hacia mí, sucia escoria. - Ordené tras lo cual, me puse encima de su barandilla y, flexionando las piernas, dí un salto y desaparecí inmediatamente de su vista, saliendo del barco hacia la isla y produciendo una leve agitación en su burbuja al traspasarla con gran velocidad. Era hora de poner rumbo otra vez hacia la Hells Paradise.

Estando ya de camino, y habiendo abandonado ya el manglar 0 de Sabaody, me dispuse a volver a llamar a Wammy, agarrando el aparato con mi diestra mientras metía la mano izquierda en el bolsillo de mi pantalón.- A ver que es lo que ocurre… - Esperé a que el caracolófono contestara, escuchando como se descolgaba al otro lado.- Soy yo, Wammy. - Contesté, antes de que dijera nada siquiera.- ¿Qué quieres? - Pregunté directamente.- Es agradable volver a oírle señorita Verus, llamaba para hacerle saber que la situación en la Hells Paradise ya está controlada y listo para abandonar el Archipiélago, señorita Verus. - Respondió con solemnidad y tranquilidad. Había dudado de la capacidad de mi fiel sirviente para nada. Me imagino que me habría insistido tanto para salir de aquí cuanto antes y no perder el género. - Excelente. Nos volvemos entonces a Tierra Santa, Wammy, voy a por ti. - Contesté con la sequedad que me caracterizaba.- He conseguido algo de información que a padre le puede resultar de lo más valiosa. - Sentencié. Era hora de volver a Mary Geoise, de ascender a la tierra dónde residen los dioses después de tanto tiempo en el mundo terrenal.

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#20
La respuesta de Sasha no se hizo esperar y en ella se desveló una información que al panda le chocó muchísimo. Su madre era revolucionaria. Se preguntó si sería una revolucionaria famosa, si encontraría su nombre en los archivos del Ejército. Si existían siquiera esos archivos y dónde se encontraban. ¿Decía la verdad? Seguramente. ¿Para qué mentirle a alguien que te está monitorizando con el Kenbunshoku? Aquella habilidad te permitía discernir las mentiras de la mayoría de las personas. Aquellos "gilipollas" con traje debía de ser agentes del gobierno, aunque todo el mundo podía llevar traje, claro. Sin embargo era lo más lógico, porque los agentes del gobierno son los enemigos declarados de la Revolución. También mencionó a Garnet y a Tobías y a los enemigos con los que se habían enfrentado. Ciertamente las dos presencias que habían palidecido tanto ya parecían exhaustas desde antes. Si uno de los inconscientes era Garnet, entonces la otra aura debía de pertenecer a Tobías sin lugar a dudas. Había intercambiado con él pocas palabras, pero le había parecido agradable en Skypiea.

La voz de Comi se asomaba a sus espaldas. Hablaba con un cierto temor de lo que no conocía. El Haoshoku tenía ese poder sobre otras personas. El pobre no sabía lo que se le venía encima, claro. Pasar mucho tiempo cerca de Don Bambú significaba exponerse a ese miedo tarde o temprano. Lo usaba siempre que peleaba con la esperanza de reducir a sus enemigos sin la necesidad de lamentar bajas o sencillamente para aplacar las voluntades más ardientes con su espíritu antes de aplacarlas con su puño. La propuesta de una huida no tardó en materializarse. Era lo razonable, sin lugar a dudas, pero Don Bambú no estaba siendo razonable. Sentía el corazón en la garganta, completamente incapaz de tomar una decisión al respecto de qué hacer. Si no se movía puede que sus amigos muriesen. Si se movía morirían sin lugar a dudas. La razón le dictaba que se marchasen de allí ahora mismo, pero el corazón le suplicaba que saltase a asistir a los Alas Negras. Se mordió con fuerza los labios cuando Kisuke hizo lo mismo que Comi. —Es cierto... —Concedió el panda, pero todavía sumido en aquella suerte de abotargamiento de las emociones. Aquel cortocircuito del que no era capaz de escapar.

Una voz autoritaria se impuso sobre la tormenta de emociones que sentía el panda en aquel momento. Se cuadró casi al instante ante las órdenes del que su mariscal había designado como líder del escuadrón en su ausencia. Era cierto que tenían el mismo rango, por ahora, pero las palabras de Kisuke llevaban consigo la autoridad de un mariscal. —¡Sí, señor! —Vociferó el Panda sin contemplaciones. Tal vez aquello le había delatado. La voz femenina, fría como el hielo, del sujeto que estaba aterrorizando a los Alas Negras precedió al desastre. Con un sonoro crujido, los ojos del caracolófono que sujetaba Don Bambú se pusieron en blanco durante unos instantes y luego retornaron a su color habitual. Su boca se cerró repentinamente. Sin lugar a dudas acababan de cortar la conexión. —¡Maldita sea! —Don Bambú se guardó el caracol, ahora inservible sin la posibilidad de contactar con Garnet, e intentó escrutar qué demonios estaba sucediendo en el barco. El aura de increíble poder no tardó en marcharse sin tener que lamentar más bajas, aunque pudo sentir cómo un aura se tambaleaba a su paso y se desvanecía de una forma similar a la de Garnet, aunque sin perder tanto vigor en el brillo de sus colores. Habían tenido suerte, quizás, y aquella mujer se había dado por satisfecha con la información que había sacado. —Vámonos de aquí, capitán. Creo que no tendremos que lamentar pérdidas. —Solicitó el panda. Se giró entonces hacia Comi, que le había preguntado acerca de aquel poder. —Se llama Haoshoku. Tendremos tiempo de hablar de ello en Isla Gyojin. — Y sin más que decir cumplió sus órdenes y mantuvo su posición a la espera de las indicaciones de su navegante.

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