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[Aventura T4 - Presente absoluto] En busca de una criatura legendaria
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13-08-2025, 09:08 PM
La joven y atractiva mink optó por un acercamiento sigiloso hacia la casa de colores vivos. Con pericia y agilidad, la muchacha se desplazó hasta un árbol cercano a la casa y lo trepó, ocultándose entre sus hojas y extendiendo su shaki en un radio de 20 metros a la redonda. Aunque lo cierto es que a esa distancia el taki no le fue necesario, ya que su potentísima nariz captó el olor de una persona humana dentro de la propia casa, confirmando sus sospechas de que alguien podría encontrarse en su interior. Sin embargo, no se puede decir que el baki no fuera efectivo, ya que a través de esta percepción extrasensorial que Berry había desarrollado tras un duro entrenamiento, logró detectar dos auras en el interior de la casa. Estas auras emitían una sensación predominante sobre todo el espectro emocional habitual de los humanos: aburrimiento. Esto se debía a que las figuras detectadas eran, fuera de toda duda, vigías. Tal y como los estabas percibiendo desde tu posición escondida entre las hojas de un alto, alto árbol, se estaban moviendo de una ventana a otra, vigilando el horizonte. Mirando a una de las ventanas por las que sientes sus presencias pasar, puedes fijarte en que se trata de dos hombres humanos —uno de los cuales ya has olido— y que dirigen una mirada ausente hacia el horizonte. No te han detectado, Berry, pero tú a ellos sí. Ahora que conoces sus movimientos, sus rutinas —esto es, el tiempo que pasan en cada ventana y cuándo cambian más o menos de posición— no te resultaría nada difícil colarte dentro de la casa y dominarlos con tu fuerza superior. Y hablando de tu fuerza superior, con el haki detectas que, en relación a la tuya, estos humanos son como hormigas al lado de un oso hormiguero. ¿Serán parte de los piratas que estás buscando? De momento sólo hay una forma de averiguarlo y es, a todas luces, la emoción que necesitas después de un viaje tan largo entre islas.
Detalles
16-08-2025, 06:04 PM
La mink esperó en silencio, podía determinar que esas presencias eran claramente unas hormigas a su lado, pero pese a esa superioridad no podía asumir que fueran enemigos. Sí, era sospechoso ver a dos desconocidos montando guardia a mitad de la nada en una casa de juguetes pero no por eso tenían que ser piratas. La zorra esperó, vigilando el patrón hasta saber cuando moverse, cuando pudo sentir que se alejaban no perdió tiempo y saltó a la ventana que quedaría sin vigilar con un buen salto que bastó para aterrizar sin mucho escándalo en la habitación interior. La infiltración de la zorra había sido exitosa, pero todavía necesitaba información. Su kaki no le había mostado más presencias, podían haberse ido o quizás estaban en algún lugar escondidos ya fuera dentro de la casa o en algún lugar donde no había llegado a sentir. Prefirió aguardar en las sombras, camuflada gracias a su pelaje y entonces cuando los vigías volvían saltó desde la sombra sin darles tiempo a reaccionar pero usando su pierna solo para mantenerlos contra el suelo desde su espalda. Los necesitaba vivos, al menos hasta que pudiera obtener información, llevó su mano al hocico para chistar señal de que no gritasen o sería lo último que fuesen a hacer. — ¿Son los piñatas? ¿Tienen al perrito? Si se portan bien les dejaré vivir y además podrán acariciarme si es que me ayudan, no me hagan enojar lindos. — preguntó con voz seductora dejando ver su cuerpo a la suave luz que ingresaba por la ventana, a veces la violencia no era la solución y un cuerpo tan delicioso junto con una actitud persuasiva podían abrir puertas inimaginables.
Pateó con suavidad el piso al costado de la cabeza de uno de los hombres, haciendo que el leve temblor bastase de advertencia, no era necesario abrir un agujero en el suelo y caerse de quien sabe cuantos pisos de altura. Además al tenerlos sometidos bastaba con pisar el cuerpo de uno con su pie para que el peso de una mink de casi dos metros hiciera el resto para persuadirlos de hacer alguna tontería. — No tengo malas intenciones, solo busco al perro longaniza y los piñatas que lo tienen prisionero, si me dan información o me ayudan a rescatarlo ya sea con posiciones o un plan puedo dejarlos vivir. Pero si intentan algo, no me cuesta nada ensuciarme las botas. — concluyó cruzando sus brazos bajo sus pechos, todo dependía de cuanto valorasen su vida los humanos, si al final debía matarlos no le costaría nada seguir su camino y encontrar a alguien que tuviese mejor gusto o al menos aprecio por la vida. Suspiró con suavidad, un poco impaciente por la decisión que fuesen a tomar, si algo le molestaba era cuando las cosas se alargaban pero confiaba en poder obtener jugosa información al seguir sus instintos en aquella ocasión.
Resumen
Karmas
Inventario
Akuma
19-08-2025, 06:34 PM
(Última modificación: 19-08-2025, 06:38 PM por Max D. Bambú.)
Hace 3 años
Devon y Clark son dos sujetos de lo más desafortunados. Inicialmente eran mozos de carga de Nozama. El trabajo era duro y la paga escasa, pero uno no podía quejarse —o los reportarían a sus superiores y perderían el trabajo— y les daba para ver mundo. Quizás el problema fue ese, ver mundo. Vieron tanto mundo que terminaron por avistar un navío en la distancia. Inicialmente, como no tenía bandera negra alguna, los comerciantes iniciaron un acercamiento protocolario en caso de que fueran alguna clase de náufragos o, peor todavía, un barco mercante de eBahía, el enemigo natural de Nozama. Por suerte o por desgracia, esto último no fue el caso. El barco avistado era un navío pirata comandando por el temible capitán Juan Plata el Largo, un humano de casi tres metros de altura, extremadamente flaco, que se dedica a aterrorizar las aguas del Grand Line y, en ocasiones, a las gentes que navegan en ellas. Nozama no tuvo problema con este abordaje, ya que la compañía tiene los barcos asegurados a todo riesgo, pero Devon y Clark tuvieron la desgracia de ser arrebatados de sus puestos de mozos de carga para sustituir dos bajas en el grupo de rufianes de ultramar del capitán Juan Plata. A Nozama no le importó.
Presente
La vida es injusta para según que tipo de personas. A día de hoy, ambos desgraciados son los bufones de la tripulación. Llevan extravagantes atuendos y maquillajes y si se les olvida decir su coletilla les dan una paliza y esa noche no cenan. Ni Devon ni Clark querían hacer aquella guardia —ni nada, ya que estamos—, pero si se rebelan acabarán como ese maldito chucho. Y lo cierto es que no parece estar pasándolo demasiado bien. Viven un poco en su cabeza y otean el horizonte como quien otea una manzana en un frutero. Está ahí, pueden verlo, pero no piensan en nada mientras lo hacen. Quizás fue esto lo que les impidió ver la zorresca figura de Berry saltando y trepando por un árbol para vigilarles desde una posición segura. Quizás fue eso también lo que le permitió a Berry adentrarse en la casa por una ventana e irrumpir en medio de la habitación que estaban usando como cuarto de vigía para empezar a hacer demandas y peticiones mientras su pierna los apisonaba contra el sueño. —¿Piñatas? ¿Perrito? ¿Pífate? —Devon siempre fue el listo de los dos, lo cual no dice mucho de Clark, que en estos momentos se encuentra mirando frenéticamente las escaleras hacia el piso de abajo con la estúpida idea de salir corriendo por su vida. No para alertar a nadie, sino para dejar de estar ahí cuanto antes. Sin embargo la "ligera" patada que tambaleó los cimientos de la casa extremadamente cerca de la cara de Clark le quitó esa idea de la cabeza inmediatamente. —Dice que busca al perro, Devon. ¡Dile todo lo que sabemos!
—Tienes que decir páfate, pífate. —Tienes razón, Devon. ¡Ahora dile todo lo que sabemos de una maldita vez, páfate!—Es que luego nos dejan sin cenar, pífate... —¡Díselo ya! —¡Clark! ¡Pífate! —¡PÁFATE! Después de gritarse el uno al otro un rato y con evidentes ganas de que una de tus poderosas piernas descienda sobre el cráneo del otro, finalmente se tranquilizan y Devon empieza a darte las respuestas que necesitas. —Sí, sí, somos "piñatas", ¡pero contra nuestra voluntad, pífate! —¡Sí! ¡Nos secuestraron hace tres años ya y no podemos huir, páfate! —¡Y nos obligan a vestirnos así y a hablar como idionas, pífate! —¡O si no, nos dejan sin cenar, páfate! —¡Ayúdanos, por pífate! —¡Por páfate! Ambos empiezan a llorar cómicamente, como si fueran niños con cuerpos demasiado grandes ya. —¡Tienen al dichoso chucho en el barco, al este de la isla, pífate! —dice Devon, después de haber llorado un rato y sorbiéndose los mocos al no disponer de sus manos para ayudarse. —¡Llevan muchos días intentando gestionar el traslado, pero el maldito animal es demasiado largo para el barco y no saben muy bien cómo llevárselo, páfate! —¡Están todos allí! ¡Nos mandaron a vigilar porque no les apetece tenernos delante! ¡Te ayudaremos a llegar si nos sueltas, pífate! —¡Y no les digas que me olvidé de la coletilla, páfate! A través de tu kaki, puedes discernir que lo que dicen es la verdad. No parecen buenos mentirosos, de todas formas. Las sensaciones predominantes en sus auras son de ansiedad e impotencia, probablemente debido a que los has inmovilizado con una sola pierna y sin el menor esfuerzo.
Datos
19-08-2025, 08:57 PM
Vaya que no esperaba terminar capturando a dos tontos, la mink sintió una gota de sudar correr por su frente mientras más los escuchaba. ¿Esos dos? ¿Piñatas? Por alguna razón dudaba que lo fueran aunque lejos de bajar la guardia continuó firme, las piñatas eran engañosas a veces para salvar su relleno podían inventar cuentos por lo que bajar la guardia tras haber reducido a dos no era una opción. Su cuerpo se relajó un poco al escuchar que el perro seguía vivo, aunque claramente estaban perdiendo la paciencia y si buscaban trasladarlo no podían permitirse perderlos. Retiró su pierna lentamente, todavía en guardia por si decidían traicionarle, aunque al ver que sus intenciones eran sinceras Berry se permitió sentarse en el suelo y observar a ambos tipos con una sonrisa que enmarcaba un poco sus labios en el hocico. — Bueno, están de suerte púfate ¡Bwahahaha! ¿Qué es eso de tener que decir algo por obligación? Estoy de acuerdo con sus condiciones, ustedes me llevan adonde está el perro y yo rompo los grilletes que tienen... Bueno, no es que tengan algunos ya saben, los liberaré de esos piñatas. — comentó la mink entre risas antes de ponerse de pie y estirar sus brazos por sobre su cabeza, sin verguenza al mostrar sus curvas y lo bien que estas lucían cuando se estiraba. — Saben, incluso a dos tontos como ustedes nadie debería quitarles la libertad, la convicción de hacer lo que uno quiera, en mi tribu todos somos libres de hacer lo que nos hace sentir vivos... ¡Ustedes también deben serlo aunque no tengan tanto pelo! — apuntó con sus dedos a ambos hombres antes de levantar el pulgar y observar las escaleras con un movimiento de su cabeza.
—Ahora mientras vamos a rescatar al perrito, quiero que me cuenten sobre el líder piñata y todo lo que crean que puede resultarme de utilidad, cuantos son y esas cosas en especial si saben algo que les de miedo o pueda distraerlos... No se preocupen, me encargaré de darle una buena patada en su nombre y espero que ese momento les inspire algo que perdieron hace mucho. ¡La alegría de ser libres! — indicó mientras lideraba el camino hasta la salida, era evidente que tendrían un camino un tanto largo hasta el lugar, aprovecharlo para aprender cosas sobre sus enemigos era lo mejor que podía hacer, quizás esos dos fuesen unos inútiles en combate y un tanto tontos pero si algo había notado en su conducta era que habían memorizado algunas cosas sobre la banda como el hecho de que debían hablar de cierta manera para comer y quizás habían sido testigos de combates entre los piñatas con otras personas. Pero lo más llamativo era que ellos mismos habían dicho que eran dos tontos que siempre eran subestimados, descartados o enviados lejos a la menor oportunidad, por lo cual era muy probable que supieran debilidades de los piñatas que ellos mismos hubieran escuchado o visto cuando nadie creía posible tal hazaña. A veces, el hecho de ser tan irrelevante e ignorado era la mayor ventaja, algo de lo que Berry conocía por su pasado donde muchas veces fue ignorada por los animales aprendiendo así a como cazarlos de manera mucho más efectiva. — ¿Qué harán una vez derrote a ese piñata? Parece que no tienen un lugar al que regresar, no les puedo ofrecer una nueva vida pero a lo mejor podamos festejar juntos si es que volvemos a cruzarnos tras liberar al perrito... — comentó chasqueando la lengua, nunca pensaba a futuro pero la mink se mostraba convencida de cumplir su tarea o al menos su ego era tan grande que no había lugar para la duda en su accionar. Ella salvaría al perro y liberaría a esos dos, era algo que en su mente no tenía lugar a dudas.
Resumen
Karmas
Inventario
Akuma
21-08-2025, 11:01 PM
En cuanto los piñatas escucharon tu declaración de que los liberarías de las cadenas que los atan, tanto Devon como Clark comenzaron a llorar sonoramente, presas de la profunda alegría que sentían al ver tan cerca de ellos una libertad que llevan años añorando.
—¡Por fín, pífate! —¡Libertad, páfate! —¡Haremos lo que nos pidas, pífate! —¡Todo lo que tú digas! Menos pelear. —¡Páfate, pífate! —¡PÁFATE! Ambos se levantaron ante la señal de la marcha. Claramente no podrían librarse de acompañarte hasta el navío pirata, pero harían todo lo posible por no inmiscuirse en el combate. Teniendo en cuenta tu petición, mientras recorríais un sendero que salía de la casa y se perdía en el horizonte de colinas y árboles gigantes, ambos bufones empezaron a contarte, a su manera, lo que sabían de los piratas. —Son de la peor calaña, pífate. —Pero lo que tienen de malos, lo tienen de estúpidos, páfate. —Ninguno es especialmente fuerte, pífate. —Ninguno salvo dos: el capitán y su contramaestre... ¡Páfate! —Ya te iba a decir yo, pífate... —El capitán es el mismísimo Juan Plata el Largo, y es un maestro en el combate con lanza, páfate. —Dijo Clark, ignorando a su compañero. —Y el contramaestre se llama Jaime Halcón, y es un experto en el uso del látigo. Todavía me duele la espalda desde la última vez, pífate... —Si lidias con esos dos, o incluso sólo con el capitán, el resto se rendirán seguro, páfate. —Sí, nosotros vigilaremos desde lejos, que es lo nuestro, pífate. —Eso, por si vienen refuerzos por la retaguardia. —¡Páfate, pífate! —Cojones. ¡PÁFATE! Ya sea por su extraña forma de expresarse o porque camináis bastante deprisa, esta parte de la conversación lleva una cantidad de tiempo exagerada. A pesar de que ningún piñata está cerca, ambos bufones son incapaces de abandonar esa pequeña muletilla tan molesta que incluyen en todas sus oraciones. La pregunta que les formulas, sin embargo, les hace detenerse en seco. —Pues no lo había pensado, pífate. —Yo tampoco, páfate. —No quiero volver a ser un mozo de carga, pífate. —Honestamente, lo que yo quiero es ser multimillonario, páfate. —Eso estaría bastante bien, páfate. —Pífate, pátafe —Páfafe, pífifi —Pero nos apuntamos a esa fiesta que dices, páfate. —Nunca es mal momento para ahogar las penas, pífate. Llegáis finalmente a la costa al otro lado de la isla. Tras subir por la última de las colinas, se extiende ante ti una playa de un par de cientos de metros de longitud con un navío humilde con un montón de gente pululando a su alrededor. Desplegadas por la playa, un montón de cajas ocupan la mayor parte del espacio alrededor del barco. Evidentemente están intentando aprovechar el espacio lo mejor posible para algo, y pronto te queda claro para qué. Desde tu posición lo ves claramente. Estás a unos 200 metros de los piratas, pero es imposible que pase desapercibida la presencia de la criatura legendaria que vienes buscando desde hace unas cuantas horas. El perro longaniza se extiende por la playa y por el barco sin mesura ni control. No llega más lejos porque una parte sustancial de su cuerpo está enrollada en los mástiles del barco como si fuera una cuerda. Su cuerpo es tan grueso y tan largo que su peso ha agrietado la madera de los mástiles y ha imposibilitado el funcionamiento correcto de las velas del barco, agregando un nuevo problema a la enorme lista de problemas de la tripulación. Además, ni siquiera está enteramente en el barco, ya que una parte sustancial de su masa corporal todavía está extendida por la isla. Así a ojo, el perro debe de medir varios kilómetros. Calculas que tiene suficiente longitud como para cruzar de isla en isla por su propia cuenta, sin necesidad de barco alguno, confirmando la leyenda que gira en torno a él. Detectas que su cabeza está colgando lastimeramente de la parte más alta del palo mayor. El pobre animal aúlla y se queja sonoramente debido a la evidente incomodidad que sufre. Frente al barco, un hombre humano que debe llegar fácilmente a los tres metros de altura, bastante flacucho, tiene los brazos colocados en jarra mientras grita órdenes a diestro y siniestro, completamente ajeno a tu presencia e ignorando los quejidos del animal. A su lado, otro ser humano más bajito, de piel morena, rapado y lleno de tatuajes se encarga de transmitir los sentimientos de su capitán a base de latigazos. Aquel que no trabaje adecuadamente se lleva una buena azotaina. Esa parece ser la norma. —Son esos dos, pífate. —El capitán es el alto, páfate. —Y el contramaestre el bajito, pífate. —Pobre chucho, páfate. —Me recuerda a nosotros, pífate... —Buena suerte, páfate. —No creo que podamos ayudarte aquí, pífate.
Datos
21-08-2025, 11:35 PM
Los datos habían resultado de ayuda, al menos de momento sabía que uno de los tipos era bueno con la lanza y el otro usaba un látigo, luchadores que seguramente buscarían mantener la distancia y que a lo mejor no estaban acostumbrados a sufrir muchos golpes dado a que sus armas siempre buscarían tener una buena distancia de sus rivales. Cuando pudo divisar el terreno, tenía claro que pelear en ese lugar no era seguro para el animal aunque tampoco podía fiarse de dejarlo ahí atrapado mientras acababa con los piñatas debía concentrarse y pensar en un plan de acción, demostrando para que había servido tanto tiempo de entrenamiento. Tenía una buena visión del lugar, pero también sabía algo, que ese perro era capaz de destruir el barco si tenía la motivación necesaria. No lo había hecho seguramente porque no tenía interés, pero si su cuerpo era tan grueso como para hacer temblar la embarcación podía hundirla y si la hundía muchos piratas podían saltar a buscar los tesoros ya que el barco de los piñatas era una piñata gigante llena de moneditas de esas que ponían locos a los humanos. Entonces ¿Cómo podría lograr que eso ocurriese? Sus compañeros claramente no eran peleadores y además eran unos cobardes, no se arriesgarían a regresar ya que les habían ordenado irse, aunque si la banda era igual de tonta podía tener una chance. Se mantuvo en silencio mientras usaba las sombras para ocultarse entre la maleza, un mink siempre cazaba y más ella, una cazadora por naturaleza que podía usar sus garras para reptar por los árboles y además saltar de rama en rama sin despertar muchas sospechas.
Entonces llevó su mano a la cintura, a esa bolsa de carne especiada que había llevado, era una teoría pero ponerla en práctica era su mejor opción. Abrió la bolsa, sintiendo el aroma intenso de las especias, incluso para su olfato era bastante notorio dado a que tras tanto tiempo de estar cerrado el aroma se había concentrado a tal punto de que era más tentador que antes. Tomó suavemente un trozo de la carne y se movió hasta quedar en una posición frente al barco desde la maleza, no necesitaba llegar o entrar en ese lugar al menos no de momento. Confiaba en que el cachorro al sentir la carne y suponiendo que no lo habían alimentado en varios días simplemente buscase la carne ignorando todo lo demás, un movimiento brusco bastaría para hundir el barco y ademas llevarse consigo a varios de los piñatas que estaban trabajando para meterlo dentro. No solo eso, quizás hasta destruía las cajas y dejaba en una situación más delicada al grupo de maleantes pero todo dependía de la suposición y de seguir los instintos de un animal tal como ella podía seguirlos a menudo. — No bastará para derrotar a esos dos, pero sí les dará un buen susto y a lo mejor pueda usarlo a mi favor... — sonrió mientras lanzaba la carne al aire y ahora, tan solo a veinte metros del barco utilizaba una patada para enviar la carne directamente al cuerpo del hombre del látigo como si fuese un balón de fútbol. La idea estaba clara, que impactase en el hombre o cerca de este, desatar los instintos contenidos del animal para librarse del barco y limpiar un poco el terreno para con algo de suerte hacerle creer al capitán que había sido culpa de su subordinado. Ahí empezaría lo bueno, con los ánimos caldeados y el ambiente destrozado los dos hombres podían llegar a enfrentarse entre ellos dando el tiempo suficiente al perro de correr en dirección a la carne que aun quedaba en la bolsa y cuando estos le persiguieran sorprenderlos con una buena patada si es que todavía los dos seguían vivos para ese momento. — Bueno... eso suena bien, pero ahora... — suspiró subiendo a la copa de un árbol y preparando su cuerpo para un posible conflicto, a lo mejor salieran tras del perro sin ponerse a pelear o incluso podían ignorar al cachorro intentando ubicarle, estaba bien camuflada pero debía evaluar todas las vertientes del plan antes de que la carne finalmente llegase a su destino. Quizás no era la entrada más épica, ni la más inteligente del mundo, a lo mejor dejaba mucho a la suerte pero si podía evitarse gastar energía innecesaria y simplemente acabar todo con un buen golpe debía hacerlo ya que eso había aprendido en el tiempo que pasó entre el West Blue y este nuevo lugar del mundo.
Resumen
Karmas
Inventario
Akuma
24-08-2025, 08:52 PM
(Última modificación: 24-08-2025, 09:23 PM por Max D. Bambú.)
Tras recibir toda la información pertinente del dúo de piñatas circenses que te estaba apoyando en esta empresa, decides acercarte al barco sigilosamente para llevar a cabo tu plan maestro: animar al perro longaniza a defenderse. Recorres una distancia de 180 metros en tu desplazamiento, tratando de mantener un perfil bajo a lo largo del camino. Te escondes entre la maleza y los árboles. Esperas cuando alguien va a pasar y continúas tu camino hasta el objetivo. Te sitúas a 20 metros de la embarcación, en medio de todo el bullicio piratesco, sin ser detectada como una intrusa. Tu estrategia es simple. Catapultas de una patada, aunque lo cierto es que no te hace falta, la carne que te regalaron los nómadas contra la espalda del contramaestre, que se encuentra en estos momentos a unos cinco metros de ti. La carne describe un levísimo arco en su trayectoria antes de impactar con fuerza contra su morena espalda, empujándole hacia delante por la potencia del impacto y tirándole al suelo. La carne rebota contra su cuerpo y cae en la arena a sus pies, justo al lado del capitán. —¡Pero qué demonios! —Jaime Halcón se levanta inmediatamente hecho una furia y se da la vuelta, látigo en ristre, sólo para encontrarse con un trozo de carne oloroso lleno de arena a sus espaldas. El capitán Juan Plata el Largo se gira hacia todos lados, alertado por el ataque. Como medida preventiva, alarga su mano derecha hacia la lanza que reposaba clavada a menos de un metro de él y la empuña con ambas manos, apuntándola a la dirección a la que mira según se va girando para buscar al culpable de todo esto. Los piratas han detenido su trabajo momentáneamente, mirando con una mezcla de curiosidad y miedo lo que acaba de suceder. Si por algún casual alguno de sus compañeros se acaba de rebelar, todos los pagarán caro. —¡Buscad a los culpables ahora mismo! —Los piratas se movilizaron inmediatamente para organizar un perímetro de búsqueda en las inmediaciones a espaldas del contramaestre.
Se abrieron cajas, se tumbaron barriles y se patearon arbustos, pero en ninguno de esos lugares pudieron encontrar rastro de Berry, que con su extrema agilidad se había escondido antes de que nadie pudiera siquiera percibirla. Todos, por su propio bien y de forma casi desesperada, buscaban a alguien que no perteneciera a la tripulación pirata con tal de que no se supusiera la posibilidad de un motín por parte de la tripulación. Paralelamente, mientras la búsqueda se sucedía, la carne especiada hacía su trabajo y expandía su potente olor por toda la playa. El viento se encargó de llevar este olor poco a poco hasta la cubierta del barco, donde el agotado y famélico perro longaniza pudo percibir su delicioso olor. —Rrrarrmmm —Un rugido semigutural se originó en su garganta y se propagó como el alquitrán por las inmediaciones del navío. Con un esfuerzo supernatural, el perro empezó a agitar sus patitas delanteras, pero lo que verdaderamente le estaba ayudando a moverse era la poderosa musculatura, similar a la de las serpientes, que poseía a lo largo de todo su cuerpo. Poco a poco, la cabeza del animal fue descendiendo hacia la cubierta. Su nariz emitía un estruendoso sonido de aspiración intermitente, evidenciando que el animal estaba buscando un rastro que acababa de encontrar. —¡Eh, el perro! ¡CAPITÁN EL PERRO! —Pero el movimiento no había pasado desapercibido para nadie. La bestia es, sencillamente, demasiado grande como para que pase desapercibida. Al tiempo que la alerta se daba, el mástil central del navío cedió finalmente ante este último movimiento del cánido y se resquebrajó en la base del palo, propiciando su derrumbe. El cuerpo del perro cayó con él, haciéndose algo de daño, pero esto le proporcionó libertad para moverse y sacar la cabeza de la embarcación, buscando la carne con desesperación. —¡Jaime, encárgate de la bestia! ¡Vosotros, encontrad al culpable o esta noche pasaré por la quilla a tres de vosotros aleatoriamente! —Esta vez era el capitán el que hablaba, con una voz rasgada que bien pudiera indicar una afonía crónica. Jaime Halcón se lanzó hacia el perro longaniza y lanzó un potente latigazo en su dirección, impactando en una caja cercana. El restallido partió la caja por la mitad y provocó un sonido que hizo que la bestia se replegase y se echase hacia atrás. Se movía con dificultades, como si las fuerzas le faltasen por todas partes. Lo que una vez debió de ser un animal prodigioso, capaz de pelear y de defenderse, ahora mismo era una pobre alimaña al borde del colapso.
Datos
25-08-2025, 08:39 PM
Las cosas parecían complicarse, si bien ahora había dejado ese barco inutilizable el perro no tenía la energía ni la voluntad que la mink había creído. La mujer observó desde su escondite, los piratas estaban lejos y aquel que había utilizado para distraer la atención que ahora blandía el látigo en dirección al animal era el objetivo más cercano. No podía dejarle lastimar al perro más de lo que estaba, tampoco podía perder su tiempo con los piratas más alejados o intentar desviar más la atención ya que una acción similar podía poner en peligro la integridad del gigantesco animal. Cerró sus ojos, evaluando la situación con un poco más de detenimiento, no necesitaba vencerlos al menos no a todos si podía intimidarlos lo suficiente, solo bastaría que alguno de sus líderes se viese superado enormemente para causar esa sensación de que era inútil meterse. Su haki le mostraba que el tipo del látigo era un poco más sencillo que el de la lanza y entonces cuando pudo ver su oportunidad la Mink saltó. Su figura fue como una sombra, la velocidad solo dio tiempo a que unos pocos pudieran ver lo que ocurrió, quizás ninguno de los piñatas pudo visualizar el golpe y a lo mejor algunos solo voltearon al sonido creyendo que era otro trozo de carne pero la voz de la mink rugió en la tensión que había. — ¡Tourniquet! — el sonido llegó luego del impacto, con una sonrisa Berry había lanzado una poderosa patada giratoria a la pierna del hombre moreno con toda la intención de ejercer tal fuerza de torción que una marca arremolinada se grabase dolorosamente en la carne. El impacto fue suficiente para que la mujer tomase distancia, utilizando el propio impulso de la técnica para desplazarse unos nueve metros y darle la bolsa de carne al cachorro. — Estos tipos no saben que se debe alimentar a un animal tan grande... Tienen una oportunidad de retirarse, me llevo al perro que al final les está dando más problemas que soluciones y los dejo vivir. O... podemos hacerlo por la manera de siempre, les vuelo la cabeza a patadas y me los llevo para cenar... — anunció señalando al hombre del látigo, se quitó su chaqueta lista para pelear solo con su conjunto negro y crujió los nudillos enfundados en sus guantes, aunque lo peligroso eran sus patadas y ya había dado una muestra de que no solo las podía usar muy bien para correr.
— ¿Entonces se rinden? O prefieren que mate a una parte de ustedes para que entren en razón, supongo que alguien que ha sentido mi patada puede hacer entrar en razón a los debiluchos... — bromeó señalando la pierna del hombre moreno, si este mandaba a morir a sus hombres al menos no diría que no lo advirtió y ese no era el único truco que una mink tenía para encargarse del asunto, todavía no habían intentado cortarle ni tampoco eran conscientes de la diferencia que había entre ellos y su velocidad si no habían podido verla acercarse ni en el momento del golpe menos podían esperar tener la velocidad de alcanzarla y con una pierna lastimada dudaba que el hombre del látigo pudiera moverse si no era cojeando o por pura voluntad. Esperaba no tener que convertir aquella playa en un mar de sangre, pero un poco de rojo nunca venía mal cuando se trataba de aniquilar a los molestos piñatas.
Resumen
Belicosas
Técnica
Karmas
Inventario
Akuma
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
3195
+
0
=
3195
Energia:
2289
-
399
=
1890
Espiritu:
955
-
10
=
945
26-08-2025, 10:40 PM
(Última modificación: 26-08-2025, 10:41 PM por Max D. Bambú.)
El mundo se paralizó brevemente. Por un lado, la horda de piratas buscando como locos a alguien responsable del ataque para que la tripulación no pague la ofensa al contramaestre. Por otro, el capitán pirata mirando con una mezcla de sorpresa e ira su barco destrozado. ¿Cuánto tiempo y dinero había perdido ya intentando llevarse al puto chucho para venderlo al mejor postor en otra isla? Demasiado. El perro no era excepcionalmente fuerte, ni veloz, ni peligroso, sólo es largo de cojones y se dedica a viajar de isla en isla comiendo animales pequeños. Está harto. Harto del perro y de su barco roto y de no poder dormir en su camarote porque está bloqueado por una parte del cuerpo del animal. Si por él fuera lo mataba ahí mismo y se iba con lo que queda de su barco a otra isla más prometedora. El contramaestre, por su parte, sólo piensa en la afrenta cometida. La carne, su espalda engrasada, el perro agitándose. Una vena en su sien palpita peligrosamente mientras su mano empieza a entumecerse de lo fuerte que está agarrando su látigo. Levanta su arma una vez más para propinarle un latigazo al perro. Para ponerlo en su sitio. Para vengarse por algo que no ha hecho. Para maltratarlo como le han maltratado a él. Pero el latigazo no llega. Lo que llega es el dolor. El dolor porque de repente su pierna izquierda se hundió en la arena por la potencia de un impacto que no vio venir, que nadie vio venir. De su boca emergió un aullido gutural de puro dolor. Su brazo derecho descendió sin fuerza alguna. El látigo no se catapultó contra el perro, que de repente tenía delante suya el suculento trozo de carne lleno de arena que tanto necesitaba. Haciendo caso omiso de la situación, empezó a comer con desesperación. —¡Quién eres! —La voz del capitán se alza sobre todas las demás a caballo entre la furia y la sorpresa. Lo que acaba de ver no es normal. Una mink ha aparecido de la nada y ha golpeado con tal fuerza a su contramaestre que su pierna se había coloreado de negro al instante. No es propio de Juan Largo tener miedo, pero es que ni siquiera había visto aparecer a la zorra.
No le gusta la oferta que traes junto con tus patadas. Es, de hecho, más una humillación que un trato justo, pero Juan Largo el Plata está hasta los huevos de lidiar con el animal. El capitán traga saliva mientras delibera. Alza su mano izquierda para detener a la horda de grumetes que ya estaba cargando con fiereza hacia ti. —Deja de aullar, Jaime, te recuperarás. —Con esta reprimenda, el contramaestre guarda silencio repentinamente. Se apagan sus quejidos y se queda muy quieto por temor a ofender a su capitán con una interrupción. —Mi tripulación bastaría para acabar contigo... pero lo que ofreces me favorece. Llévate a este animal inmundo lejos de aquí. Ya saldaremos cuentas algún día, pues te has entrometido en los asuntos del futuro rey de los piratas, muchacha. —El capitán escupe al suelo y manda a sus grumetes alejarse con otro gesto. —Jaime, deja de llorar y vente conmigo de una vez. Dejemos espacio a la zorra para que se lleve lo que ha venido a buscar. —En su voz no hay la menor compasión por el herido, que se levanta y se aleja medio cojeando de tu lado hacia su capitán. Éste ni le mira al pasar, pues sus ojos están clavados en los tuyos. —Te recordaré, mink. —Anuncia en voz alta y se da la vuelta sin mayor ceremonia, alejándose de la playa para darte el espacio necesario para trabajar. Un grave ladrido a tus espaldas te indica que el perro ha terminado de comer lo que le has ofrecido. Olisquea sonoramente con su nariz tus bolsillos en busca de más alimento, pero no encuentra lo que busca en ellos. Su cuerpo empieza a moverse lentamente por toda la playa y el navío medio destrozado. Necesitará de tu ayuda para soltarse de algunas partes, pero parece tener la intención de marcharse en una dirección diferente a la que han tomado los piratas ahora que es libre. Camina lentamente, guiándose con las patas delanteras, pero contorneando su masivo cuerpo como si de una serpiente gigante se tratara. Quizás el sufrido animal se dirija a la siguiente isla por su cuenta. Sea como fuere, tu misión ha sido un éxito. Has ahuyentado a los piratas con una proeza física de gran poder, pero no has acabado con ellos. Es muy posible que te recuerden y que se conviertan en tus enemigos a partir de este día. Pero eso es un problema del mañana, Berry.
Datos
27-08-2025, 08:33 PM
Su ataque había sido Berryloso, incluso el capitán pareció entrar en razón ante el ataque y en cuanto se disponía a acabar con los piratas que venían hacia ella la mink se detuvo al ver que estos se detenían, no hizo un ataque a traición y bien hubiera podido acabar con todos esos hombres ahí mismo pero la prioridad ese día no era acabar con los piratas era llevarse al pequeño perrito como había prometido a la tribu. Los otros dos, bueno... — Oh, eso es genialoso señor capitán rey de los piñatas, por cierto disculpe si dos de sus hombres hoy no regresan a diferencia de ese no pudieron aguantar mi patada. Pero por lo que uno dijo antes de que mi pie le rompiera la mandibula no les necesitaban. — mintió con una sonrisa salvaje, se estaba partiendo de la risa por dentro pero en el exterior parecía una sonrisa tan loca que ninguno en esa playa hubiera pensado que era una mera broma. Con eso, los otros dos tontos ya no tendrían que regresar y si habían visto lo que ocurrió dudaba que volvieran a asomarse por la playa. La muerte a veces era la mayor expresión de libertad y esperaba que esos dos aprovechasen esa ocasión para irse lo más lejos posible. — Ven pequeño, vamos a llevarte de regreso a otra isla, es un largo camino aunque sospecho que con tu tamaño puedes ir salteando islas. — bromeó acariciando al perro e iniciando un largo y tedioso camino para guiarlo, para desatascarlo del barco sin romperlo más de la cuenta y finalmente alejarse en dirección opuesta a los piñatas que si bien lo habían tratado mal no parecían personas que faltasen a su palabra y eso para Berry era respetable.
— ¿Sabes? De donde vengo no hay perros como tú, bueno si hay pero no tan largos, me pregunto donde debes dormir... eres gigantesco y das muchas vueltas pero no te preocupes te ayudaré a ponerte saludable ahora vamos para ese lugar sí... huelo bastante carne en esa dirección. — la mink se había sentado sobre la cabeza del cachorro, guiando con sus garras el camino para así evitar el agua, poco a poco cruzaron la isla y dejaron atrás el peligro. Los piñatas habían sido advertidos, quizás esa noche hubiera sido un error enfrentarlos, no por ella porque claramente no había dado todo lo que tenía si no porque con un perro al que proteger no hubiera podido pelear en igualdad de condiciones y si hubieran aprovechado esa desventaja quizás todo podría haber terminado peor. No era que negociar con ellos le agradase, pero su olfato no les detectó siguiéndoles ni tampoco hubo un ataque a traición podía ser que esos tipos no fueran tan malos solo hombres que interpretaron mal a una fuerza de la naturaleza como lo era el enorme perro longaniza. Si los volvía a ver, quizás en condiciones mejores para ella, en un combate donde no tuviera que preocuparse por la seguridad de otros podría darse el caso de que la verdadera batalla diera lugar por algún motivo de mayor peso.
Resumen
Karmas
Inventario
Akuma
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