[EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo
#51
Aquel que se hacía llamar Comandante de la Revolución dejaba bastante que desear. No sólo parecía un completo indigente, si no que en combate parecía realmente decepcionante, pues ni siquiera fue capaz de activar ese Busoshoku que parecía poseer para protegerse de mi ataque, que no dejaba de ser un simple lanzazo. Aquella bestia que le servía gritó al ver lo sucedido - Mírala, que mona, si hasta sabe hablar... - la mueca de infinito asco que mostraba mi rostro encajaba a la perfección con aquel irónico pensamiento que estaba teniendo. No era para nada extraño en ese tipo de seres, pues el uso del lenguaje era un punto más para tratar de aparentar humanos. Para algunas personas podía parecer adorable, e incluso atractivo para alguna clase de degenerados. Pero no había que caer en aquella burda trampa. El lenguaje, al igual que la vestimenta y el replicar hábitos humanos, no era sino una forma de engañarnos. Una forma de hacer que la gente crea que también son personas, para que sientan pena o los traten como tales. Pero, como aquel animal acababa de demostrar hacía unos instantes, esas... cosas, no dejaban de ser bestias salvajes. Tan sólo había que esperar el tiempo suficiente para que ellas solas se quitaran sus máscaras y revelaran su verdadera naturaleza. Que ahora articulara palabras no hacía más que darme más razones para borrarla de la existencia.

El animal se refirió a mí por aquel sobrenombre que la alimaña de Robin y los que lo seguían habían popularizado, seguramente haciendo uso de todo el ingenio colectivo del que disponían. No me sorprendía lo más mínimo, viniendo de la boca de ese ser, pues esto no era sino otra muestra más de su salvajismo - Sir If Nottingham - respondí, manteniendo la templanza que me caracterizaba. Cualquiera que me conociera sabía la importancia que le daba a tratar a cada persona con su debido respeto, entre los que me incluía yo mismo, pero era lo suficientemente inteligente como para no caer en estúpidas provocaciones como esa - Bueno, para ti Sir Jamonada, pues veo que tu amo no ha tenido a bien enseñarte siquiera los modales básicos - mantenía mi atención en el animal, mientras veía al "grandioso" Comandante recuperarse de mi ataque.

En cuanto el hombre volvió a ver con claridad dónde se encontraba, retomó su fútil ofensiva. A diferencia de la vez anterior, esta vez el animal mostró la intención de esperar para golpear a la vez que su amo. Una idea nefasta, he de decir, pues retrasar su ataque me daba más tiempo para prepararme. Podía aprovechar esta espera para acabar aquí mismo con la bestia, antes siquiera de que comenzara moverse, pero era una mejor idea esperar y mostrarles de esa forma que cualquier cosa que hicieran iba a ser inútil. En vistas a que me iban a atacar los dos a la vez, utilicé mi Busoshoku Haki para proteger mi torso ya que era la única parte de mi cuerpo a la que podían atacar , a la vez que imbuía a mi querida Preypiercer preparándome para mi próximo ataque.

Volví a errar en mi predicción, aunque sólo parcialmente. Había vuelto a sobrestimar a aquella bestia salvaje, quien en vez de una palmada esta vez lanzó dos zarpazos contra mi rostro. Aquellos zarpazos flaqueaban en comparación con la palmada anterior, aunque el primero de ellos abrió una herida en mi pómulo izquierdo, la cual constaba de cinco cortes, alcanzando el más largo de ellos desde casi el ojo hasta mi atractivo bigote, y el resto siendo algo más cortos. Se trataba de una herida que sin duda dejaría una notable marca, por la cual mi amada Elizabeth me cuestionaría al volver a encontrarme con ella una vez me hubiera deshecho de los pordioseros.

A la vez que aquellos bestiales zarpazos sucedían, el espadachín me embistió con ambas katanas, golpeando con el filo de ambas en la armadura de mi pecho. El golpe fue duro, sin duda, lo cual me hizo reafirmarme en mi idea de proteger preventivamente esa zona del cuerpo. A pesar de la fuerza del golpe, ésta distaba mucho de ser suficiente para romper mi postura.

Preypiercer no era una lanza cualquiera, como podía ser la Katana que ese tal Kageyama portaba en su siniestra. Preypiercer tenía una razón de ser, un único propósito: Erradicar bestias, librar a este mundo de su aberrante existencia. Era una lanza divina, pensada y forjada con la única finalidad de purificar este mundo, y por ello mismo no tenía permitido utilizarla contra algo que no fuera una vil criatura. A pesar de ello, siempre la mantengo en el mejor de los estados, pues nunca se sabe cuándo va a ser necesaria. Como sucedió ayer mismo, estando yo con mi amada Elizabeth.

Al momento del golpe fue cuando dio comienzo mi contraataque. Utilicé toda la fuerza de mi brazo izquierdo, más incluso de lo que quien me conocía podría pensar que era mi límite, lanzando a mi preciada Preypiercer, la cual al rozar su mástil contra la palma de mi mano se recubrió con un manto eléctrico, hacia el abdomen de aquel animal. No acostumbraba a arrojar la lanza desde tan poca distancia, pero no tenía yo intención de alejarme para que esa cosa se volviera a acercar nuevamente. A diferencia del espadachín, yo no tenía que ir gritando nombres inventados para tratar de que los golpes que lanzaba parecieran poderosos, pues mis ataques hablaban por sí solos.


No se hizo esperar. Casi al instante de soltar a Preypiercer, el sonido de un rayo resonó en todo el salón principal. Una ancha sonrisa se dibujó en mi rostro mientras aquella aberración de la naturaleza que no sólo había osado atacarme en la cara dos veces si no que había echado a perder un té tan valioso como ese salía volando por la fuerza del impacto. El animal cayó a la nada desdeñable distancia de casi ochenta y nueve pies, quedando tendido panza arriba con mi arma clavada en su abdomen.

Habiendo sido la bestia completamente erradicada ya sólo quedaba librarse del indigente, quien se había alejado hasta los trece pies de mi persona. Arqueé una ceja, pues no recordaba haber guardado a Lion's Bane - Da igual - procedí a sacar ambas lanzas, Lion's Bane con mi siniestra y Hopekiller con mi diestra, abriendo un poco los brazos y encogiéndome de hombros en el proceso - El próximo golpe va a ser el último - pensé, centrando toda mi atención en el Comandante de los Ejércitos del Oeste. No me encontraba en una mala posición, ni mucho menos, pero sí que tenía cierta urgencia porque el doctor de la corte me revisara la herida del rostro, para evitar cualquier tipo de infección.


Info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 10313 - 4299 = 6014
Energia: 4708 - 1388 = 3320
Espiritu: 876 - 382 = 494
#52
OST


La batalla se estaba recrudeciendo. Cada vez estaban todos recibiendo más y más daño, pero no solo ellos, también el soldado real, aunque quizá no de la manera tan efectiva que había pretendido Kisuke, ya que seguramente se había protegido con haki de armamento, puesto que no había notado que su espada se hundiese en el cuerpo de su enemigo lo que hubiera tenido que penetrar. La herida en el hombro estaba resultando bastante molesta, y podía notar la sangre escurriendo por su brazo y su costado, sin duda, necesitaría una sutura importante. Por su parte, Notthingham inició su conta-ataque justo cuando Kisuke daba su segundo paso atrás para quedar a cuatro metros del valido del rey, sin darles tregua a recuperar postura y atacar de nuevo, se notaba que era alguien experimentado en combate, sin lugar a dudas.

"Mierda... ¿qué coño va a hacer?"

El sonido de un chisporroteo, seguido del sonido de un trueno, justo como el día anterior cuando cayó Oxxy, y Kisuke pudo ver como Panda salía despedido hacia atrás cerca de treinta metros con una lanza clavada en el abdomen justo en el momento que el antiguo pescador fijaba sus pies en el suelo encarando a Nottingham. Aquello le dejó un regusto amargo en la boca. Ahora no cabía duda que aquel tipo era el que había sido el responsable del asesinato de Oxxy, y estaba seguro de que Panda también lo había notado, además de haberse llevado el mismo golpe. Sabía que su amigo era muy fuerte, pero aquel ataque había sido demoledor y muy poderoso, no en vano, terminó con la vida de su compañero el día anterior en el acto, por lo que, seguro que el mink no salía con daños menores de aquella ofensiva del soldado. Con el mink a tanta distancia y siendo un luchador cuerpo a cuerpo, con semejante golpe que se había llevado, tendría que aguantar un poco antes de poder retomar el dos contra uno.

"Hay que seguir presionando..."

En ese momento, Nottingham sacó su otra lanza, empuñando dos al tiempo y desafiando con su postura al Comandante del Ejército Revolucionario. Kisuke no dudó ni un instante, y al tiempo que daba un paso hacia adelante y la derecha, quedando 3 metros de Nottingham, dejando la punta de la lanza que portaba en su mano izquierda a la propia izquierda del antiguo pescador,
Contenido Oculto
inició un movimiento de rotación hacia adelante con las espadas alzadas en horizontal y los brazos extendidos haciendo un giro doble, buscando herir en el brazo izquierdo y el costado del mismo lado al soldado del rey.

-Nitoryuu: Kurage no Hitokuchi...

Quedando después de este ataque a melé del soldado, lanzó un tajo diagonal ascendente con Yamigiri al costado izquierdo y otro horizontal buscando herir el brazo izquierdo con Onikiba del afamado Jamonada, tras lo que dio un paso atrás y quedó a dos metros a la izquierda de la posición original del capitán del ejército real, con la guardia alzada, con el pie izquierdo adelantado, y Onikiba en su siniestra alzada con la hoja perpendicular al suelo, y Yamigiri con la hoja en horizontal paralela al suelo a la altura de sus hombros, protegiendo su pecho.

datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6546 - 250 = 6296
Energia: 3571 - 385 = 3186
Espiritu: 1249 - 120 = 1129
#53
Sus zarpas encontraron objetivo en el rostro del capitán al mismo tiempo que Kisuke lograba impactar en su abdomen reforzado con la negra armadura espiritual que todos bien conocían. Por unos instantes parecía que el trabajo estaba hecho, que Nottingham caería como habían caído otros antes que él, pero entonces retumbó el trueno. Sintió la intención del enemigo cuando manifestó su intención de lanzarle aquella minúscula lanza al abdomen, pero la velocidad del lanzamiento fue tal que no tuvo tiempo de recubrir su cuerpo con haki para protegerse. En cuanto la lanza atravesó su torso el haki de observación que estaba manteniendo se desvaneció por completo. Así lo hizo también la electricidad que circulaba por su pelaje y potenciaba sus capacidades físicas. El panda salió volando hacia la pared opuesta a las escaleras ascendentes, pero no llegó a ella por una mera decena de metros. Aterrizó en el suelo todavía con inercia suficiente para deslizarse un par de metros, levantando en el proceso una humareda de piedras y polvo a su alrededor. Su cabeza amenazaba con empezar a dar vueltas de forma frenética por el dolor del impacto, pero la naturaleza sosegada del panda le ayudó a mantener sus cinco sentidos perfectamente funcionales. —Un trueno... —Ahora tenía la certeza de que había sido ese ataque el que terminó con la vida de su compañero revolucionario. Esa lanza, ese sonido relampagueante, ese cabrón. Por lo menos, aunque de poco consuelo podía servir tal cosa, no había sido un ataque cualquiera. En sus carnes chamuscadas pudo sentir el tremendo poder que cargaba esa lanza. A Oxxy no lo mató un ataque cualquiera, sino una demostración de poder sin parangón. Oxxy era fuerte, pero sólo los más fuertes podían sobrevivir a algo como aquello. —No te preocupes, camarada... esta vez no se saldrá con la suya. —Con dolorosos estertores, el panda apoyó ambas manos sobre el suelo y levantó muy lentamente su acalambrado torso. En la distancia, Kisuke estaba haciendo complejos movimientos con sus espadas contra un estático Nottingham que aguardaba paciente con sus dos lanzas, una en cada mano. La tercera estaba clavada en el cuerpo del panda, como pudo comprobar una vez sentado en lugar de tumbado.

Su cuerpo no le estaba facilitando el proceso de levantarse, pero su voluntad férrea y su indomable espíritu de batalla le ayudaron en su empresa. Como pudo, el panda se levantó del suelo y se irguió cuan alto era, demostrando una vez más que era más duro de lo que el capitán creía. —Todavía puedo seguir... —Se lo decía más a sí mismo que a nadie. Se convencía de que su cuerpo aún daba para más, aunque otro de esos ataques terminaría con su vida sin remedio. Empezó a moverse hacia delante lo más deprisa que podía. Sus piernas no reaccionaban como era debido por los constantes calambres que recorrían su cuerpo. Durante el trayecto, como la lanza le molestaba, se la arrancó sin contemplaciones dando rienda suelta a la fuente de sangre que ya estaba emanando desbocada de su abdomen. Era increíblemente liviana, tanto que Don Bambú casi no se daba cuenta de su peso. Conforme avanzaba se hacía cada vez más evidente que no iba a llegar para apoyar a Kisuke, al menos no todavía. Pero el panda quería pelear. Quería enfrentarse a un enemigo de semejante categoría. Quería hacer uso de todas sus fuerzas sin contención alguna contra Nottingham. Sí, Nottingham y no Jamonada, porque un guerrero de tal calibre merece un nombre. Pero no Sir Nottingham, porque un enemigo de la clase obrera no merece un título.

¿Por qué le habían lanzado tan lejos? Se había movido ya quince metros hacia delante, pero trece metros y medio le separaban todavía de su contrincante. Pues si Nottingham pensaba que eso iba a detenerle había cometido un error garrafal. Le había proporcionado un arma. La lanza que ahora sujetaba el panda se recubrió de su haki armadura al tiempo que éste la alzaba por encima de su hombro, llevando su brazo ligeramente hacia atrás para favorecer su pronto lanzamiento. La sujetaba de una forma completamente burda, con toda su mano cerrada alrededor de delgado palo en contraste con la delicadeza con la que Nottingham la trataba. Una bestia manejando un arma para matar bestias. —No te vas a librar de mí... —Con un gruñido, el panda catapultó la lanza de vuelta al torso de su amo con una potencia tal que dispersaba el polvo que había levantado el panda a su paso.

NOTTINGHAM

Datos


Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9864 - 4906 = 4958
Energia: 4134 + 34 = 4168
Espiritu: 1563 + 20 = 1583
#54
Aquel espadachín de tres al cuarto se lanzó como un pollo sin cabeza hacia mi persona. Era realmente patético ver lo fácil que éste se dejaba provocar - ¿Acaso es esto todo lo que tiene el Ejército Revolucionario? - pensé, mientras el "Comandante" se ponía a girar como una cosa de esas con la que acostumbraban a jugar los niños que solía encontrarme en la calle de Pueblo Bayo cuando iba a visitar a la perfecta Elizabeth - Peonzas - así me había dicho que se llamaban esas cosas. Aquel pintoresco baile era realmente ridículo. Tanto que me daban ganas de acabar todo con un doble lanzazo en la cara del pordiosero. Pero eso sería demasiado fácil. No tenía que preocuparme, tan sólo quedábamos nosotros dos, así que podía esperar un poco para acabar todo con mi próximo ataque. Tan solo tenía que esperar a que terminara de dar vueltas para que, tal y como había hecho antes, tratara de alejarse. Y en ese momento darle con Lion's Bane en su muslo izquierdo y acabar todo con dos tajos descendentes en ambos brazos - Debería ser suficiente para terminar con él - pensé - Aunque si no es suficiente, tampoco tendrá nada con lo que defenderse del siguiente golpe

Recibí con una sonrisa el filo de sus katanas en mi costado izquierdo. El primer golpe fue bastante duro, aunque como todos los anteriores, seguía sin ser suficiente. Le permití también encajar otros dos golpes, a pesar de poder percibir sus intenciones perfectamente gracias a mi Haki, pues seguía esperando al mejor momento para terminarlo todo en un instante.

Y ese momento no tardó en llegar. Tan pronto aquel tipo dio el segundo espadazo, el cual contactó cerca de mi bíceps izquierdo, se dispuso a alejarse nuevamente de mí. Aquella era una idea de lo más estúpida, pues yo tenía la ventaja en las distancias medias. Sin perder un instante me dispuse a mostrarle la estupidez de aquel movimiento tan previsible como ineficaz. Con un veloz movimiento de mi siniestra hice que el mástil de Lion's Bane trazara un arco frente a mí, de forma que se dirigiera al muslo izquierdo de aquel desgraciado.

Aprovechando la inercia de aquel movimiento, alcé las puntas de mis dos armas, terminando con un brusco movimiento descendente. Era un movimiento que había utilizado en infinidad de ocasiones para terminar duelos casi al instante, aunque nunca había tenido que privar a alguien de dos armas a la vez, pues en los duelos se usaba un único arma por contendiente, pero si funcionaba con una podía funcionar perfectamente con dos. Al poco de comenzar el demoledor ataque sentí como algo impactó en mi abdomen, unas pulgadas por debajo de mis costillas. No tenía la más mínima idea de qué era aquello que me acababa de golpear, pero tampoco tenía tiempo que perder. Me impulsé con mi pierna derecha, alejándome del espadachín a la vez que terminaba el movimiento de mis lanzas.

Tras alcanzar mi nueva posición, a casi sesenta y seis pies de donde había realizado aquella devastadora secuencia de ataques, dirigí mi mirada hacia el punto del que provenía la voz que me había osado pronunciar mi nombre instantes atrás. Allí frente a él, a ciento ocho pies de distancia, se alzaba aquel enorme animal que había mandado a volar. No pude evitar esbozar una sonrisa, al ver que aquel ser había logrado sobrevivir a aquel devastador lanzamiento.

Estaba realmente agotado. Posiblemente ocultar por completo mi presencia durante tanto tiempo para tenderles una trampa a estos dos había sido algo excesivo. Seguramente tendría que haberme hecho pasar por uno más del servicio.

Pero de nada servían las excusas ahora. Solté a Lion's Bane y a Hopekiller, las cuales cayeron al suelo mientras con mi siniestra arrancaba a Preypiercer de mi carne. Aquel Panda, el primer animal que había sobrevivido a mi lanza divina, el máximo exponente de mi poder, me estaba desafiando. Y no pensaba rechazar ese desafío.

VEN A MÍ, BESTIA


Info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6014 - 4727 = 1287
Energia: 3320 - 2343 = 977
Espiritu: 494 - 182 = 312
#55
Notthingham era duro, mucho, de eso no había duda, y muy hábil en combate, sin duda avalado por los años y años de experiencia en combate. Había recibido los ataques tanto de Kisuke como del úrsido mink revolucionario y seguía ahí dispuesto a aniquilarles a ambos. Su ansia por defender la posición de su jefe, así como la suya propia, rodeado de lujos, vanidad y opulencia, podía notarse a través del haki de visión de Kisuke, que, de nuevo, se había convertido en el objetivo prioritario del soldado. Y entonces una sonrisa un tanto siniestra, se dibujó en el rostro de Kisuke, puesto que el soldado, sabiéndose vencedor del duelo y que podría aniquilar al antiguo pescador, no activo su haki de armamento en su lanza y al lanzar su ataque, la pierna de Kisuke se volatilizó en una nube de hollín, atravesando sin hacer ningún daño al Comandante del Ejército Revolucionario.

"Por fin cometió un error... Ha costado..."

Por lo tanto, terminando de retroceder, desactivó el haki de armamento en su torso, envainó sus katanas, y, sujetando con fuerza la empuñadura de su vieja amiga, Yamigiri, un recuerdo fugaz atravesó su mente, mientras iniciaba su movimiento para acabar con el enemigo que tenía ante si, mientras la pierna que se había convertido en hollín por el golpe de Notthingham volvía a formarse.



West Ballywood, en la cabaña de la familia Kageyama.
12 años antes de la partida de Kisuke al mar.

El joven Kageyama estaba dormido, con la cabeza apoyada en la mesa de la cocina, envuelto en sus propias lágrimas después de que su madre, once meses después de la muerte de su marido, el padre de Kisuke, exhalara su último aliento, presa de la enfermedad y la pena. Fue en ese momento cuando una grave y profunda voz le llamaba en su mente, con insistencia.

-Ha llegado la hora Kisuke, debes alzarte....

El joven Kageyama se despertó sobresaltado, creyendo que alguien había entrado en su casa. Miró a todos lados desconcertados y, tras comprobar que no había nadie se acercó al cajón de la alacena y sacó un cigarrillo de los que guardaba su madre ahí cuando fumaba a escondidas. Lo prendió y aspiró como había visto hacer a los adultos incontables veces, y se atragantó con el acre humo del tabaco, tosiendo ostensiblemente. Con el cigarrillo aún en la boca, reflexionó sobre las palabras de su madre al morir y el sueño que había tenido, acercándose al lugar que le había indicado su madre.

[i]"Me pregunto que querría decir mamá..."


Levantó la tabla y ahí había un paquete alargado, de casi un metro de longitud, que parecía una caja de madera maciza, a juzgar por el peso que sintió al sacar la caja y llevarla a la mesa de la cocina. Allí depositó el paquete y lo abrió, viendo una caja de madera alargada. No tenía ornamentación ni parecía nada valioso, pero el corazón de Kisuke empezó a latir con fuerza, ya que tenía una ligera sospecha de qué podía haber ahí, y entonces, empezó a sentir como una voz en su cabeza, pero no era capaz de entender lo que decía, aunque, sin lugar a dudas, parecía la voz que le había despertado de su sueño.

"No seas cagón, Kisuke, ya lo has perdido todo... no tienes nada que perder."

Y entonces, abrió la caja y ahí estaba. Una katana, en una vaina con decoraciones doradas, con una tsuka del mismo tono dorado, y una tsuba sencilla sin pomo. No estaba seguro de si eran alucinaciones suyas pero le había parecido que algo parecido a un aura oscura envolvía a aquella espada. El joven tenía las manos temblorosas, siempre le había fascinado el camino de la espada y las katanas, y se había pasado su más tierna infancia jugando a los espadachines, leyendo sobre ellos y aprendiendo todo lo que podía cuando sus obligaciones para con sus padres se lo permitían. Y ahora se hacía realidad, ahí tenía una katana para él.

"¿De dónde coño sacó mi padre algo así...?"

Aquello planteaba muchísimas cuestiones e interrogantes, pero no era tiempo de aquello. Le causaba mucha curiosidad y algún día trataría de averiguarlo, pero ahora tenía algo que hacer. Alargó la mano, aún temblorosa, y agarró la tsuba y la vaina en su parte final sacando la katana de su caja. Aún no se atrevía a hacerlo, no sabía si dar el paso o no; era algo que marcaría su destino, aunque él no lo sabía.

"Quiero hacerlo, me convertiré en el mejor espadachín del mundo... y lo haré cambiando las cosas... la gente necesita que el sistema cambie..."

Sin pensarlo más, desenvainó la katana y la miró embelesado durante toda la noche, contemplando a su nueva compañera de vida.[/i]





Con este recuerdo pasando en un instante por su mente, el antiguo pescador volvió a sentir, como hacía tanto tiempo la conexión que tenía con su querida espada, Kisuke se concentró al máximo, tensando su musculatura más allá de los límites, y, envolviendo a Yamigiri en el negro manto del haki de armamento mientras desenvainaba se lanzó a asestar un golpe más a Notthingham.

-Ittoryu: Sesupurukatto

Lanzó un ataque cortante al cuello de su enemigo buscando apagar su vida como hizo él el día anterior con su compañero Oxxy, y buscando terminar de una vez por todas con aquella contienda, y, dando un par de pasos hacia atrás, escupió al suelo y le dijo con desdén:

-Ale... al campo de los quietos... por Oxxy...

Y envainó su katana, aunque no desactivó el haki de visión en torno a cinco metros de él, por si acaso, y no apartaba la mirada de Notthingham, no fuese a ser que tuviese aún algún as bajo la manga.

datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6296 - 250 = 6046
Energia: 3186 - 459 = 2727
Espiritu: 1129 - 380 = 749
#56
La contienda se acercaba inevitablemente a su final. Preypiercer surcó como un rayo el espacio entre el panda portador de la D en su nombre y el caballero defensor de la opresión del pueblo. La lanza encontró su objetivo en un Nottingham desprevenido, pues el capitán había dado por muerto al mink y estaba completamente centrado en el comandante de la Revolución. Don Bambú, que era incapaz de ver desarrollarse los movimientos del caballero, contuvo el aliento cuando se dio cuenta de que la lanza de Nottingham había alcanzado a Kisuke, pero una humareda de hollín le reveló que aquella lanza no estaba imbuida con el poder espiritual necesario para alcanzar a un usuario de logia. Kisuke no fue usuario de fruta hasta relativamente poco y aunque está aprendiendo muy rápido a utilizarla lo cierto es que depende mucho más de sus habilidades como espadachín que de su naturaleza elemental. Quizás fue por este motivo que el capitán, que en ningún momento del combate tuvo la fortuna de admirar los poderes diabólicos del revolucionario, no se dio cuenta de que sus ataques no surtirían el menor efecto en su objetivo. Una sonrisa cruzó el rostro del panda cuando él también se dio cuenta. Lo que podría haber sido un golpe fatal para el Ejército derivó en la condena del Reino de Mogaro. Kisuke realizó un movimiento también inasumible para la física del panda, sin embargo su Kenbunshoku le reveló que la intención del comandante era terminar con la vida del capitán con un último ataque en su cuello.

De todas formas, como el panda había podido corroborar a lo largo de este combate que Nottingham poseía una resistencia sin precedentes, decidió mostrarse precavido con el resultado de este combate y optó por acercarse ocho metros, quedándose a cinco de Nottingham y cerca de seis metros de su superior. Su guardia todavía estaba alta, así como su kenbunshoku, que llevaba activo en un radio de quince metros desde que lanzó a Preypiercer contra su amo. La sangre brotaba a raudales por su herida en el abdomen, algo de lo que a penas se daba cuenta pero que sería problemático si no se la trataban pronto. La caída de Nottingham significaría que el rey estaría únicamente protegido por la guardia real, de la cual se dice que son fuertes, pero que probablemente no tengan nada que hacer contra el dúo presente en aquella pequeña plaza.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4958 - 350 = 4608
Energia: 4168 + 34 = 4202
Espiritu: 1583 - 380 = 1203
#57
Parpadeé dos veces. Ante mí, de pie, se encontraba aquel andrajoso espadachín - Juraría que - estaba completamente seguro de que el golpe en el muslo con el mástil de Lion's Bane le había dado de lleno y que eso le había dejado patas arriba ¿Sería cosa del dolor que me causaba la punta de Preypiercer clavada en mi abdomen? ¿O quizá estaba empezando a alucinar por el cansancio acumulado? Eso podría explicar esa niebla que emborronaba levemente mi vista. Aunque, fijándome mejor, aquello era demasiado oscuro como para ser niebla. Me fijé entonces en el espadachín, el cual parecía estar deshaciéndose en una especie de humo negro en la zona en la que se suponía le había impactado con mi arma.

Entendí entonces a qué se debía aquello. Una mueca de molestia se dibujó en mi rostro mientras comprendía la magnitud de mi error. Había olvidado por completo imbuir mis armas con el Busoshoku Haki. A decir verdad, no había ninguna necesidad de ello. Aquel ataque era sin duda devastador. Era más que suficiente para dejar al Comandante Revolucionario de los Ejércitos del Oeste fuera de combate, si no muerto. El tipo se había salvado porque no había dado ningún indicio de que contara con los poderes de una fruta del tipo logia, que, visto lo visto, y basándome en mi extenso conocimiento del tema, tenía que ser a todas luces la del hollín - Entonces el de los túneles es el otro - pensé irremediablemente.

Había cometido varios errores en el día de hoy. No sólo ahora no habiendome asegurado de acabar con aquel indigente, si no también al dar por muerto al panda con anterioridad. O antes de eso cuando me fié de ese mismo panda y éste terminó desperdiciando aquel magnífico té - Lo que daría por tomarme una taza del té de la maravillosa Elizabeth. O  comer su famoso Fish and Chips - pensar en aquel divino elixir que había sido trágicamente desperdiciado había evocado varios sentimientos, los cuales iban más allá de simple hambre y sed.

Pero, en ese mismo instante algo dentro de mí me trajo de vuelta. Fue como una punzada, pero no se trataba de una lanza que atravesara mi carne. Aquello que sentí era mucho más peligroso, pues con el Kenbunshoku pude percibir un ansia asesina que apuntaba directamente a mi cuello. Sin siquiera tener tiempo para pensar, me protegí instintivamente el cuello de aquel ataque que indudablemente buscaba rebanármelo. La fuerza de aquel tajo fue tal, que hizo que mis pies se despegaran del suelo. Sentí como mi vista se oscurecía, y no era a causa del hollín que desprendía aquel revolucionario. Mis manos perdieron su fuerza hasta tal punto que ya no podía sostener a Lion's Bane ni a Hopekiller.

Recordé aquella fragancia que utilizaba mi amada Elizabeth, aquella que olía a té y tanto me cautivaba, antes de que todo se tornara negro.


Info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1287 - 1425 = -138
Energia: 977 + 37 = 1014
Espiritu: 312 - 182 = 130
#58
El mayor enemigo de un hombre no es otro que su propio ego. Y el poderoso Sir If Nottingham, capitán de la guardia del Reino Mogaro, no era una excepción. Un hombre, quien valiéndose de todo tipo de sucios trucos e intrigas había alcanzado una posición y estatus superados únicamente por los del monarca del país en el que vivía. Juan "El Grande", era como se conocía a aquel tiránico rey en la vecina Risky Red. Un déspota que años atrás había confabulado con Nottingham para asesinar a su medio hermano Ricardo, usurpando de esa forma el trono de Mogaro y comenzando un reinado lleno de desigualdad y represión. Reinado que parecía tambalearse con la llegada de un grupo de revolucionarios.

La caída del soldado más poderoso del reino fue fruto mayoritariamente de su gran arrogancia. Una arrogancia que provocó que el hombre, sabiéndose muy superior a sus dos oponentes, los subestimara hasta el punto de ni siquiera tratar de esquivar o desviar sus ataques en un intento de quebrar los espíritus del comandante y el mariscal. Motivado por su soberbia y su incesante odio hacia todo animal con aspecot humanoide, el lancero decidió jugar con lo que consideraba su presa. Una presa que lejos de huir con el rabo entre las piernas había decidido plantarle cara y luchar con uñas y dientes no sólo para vengar a su fallecido camarada, si no para lograr la libertad de un pueblo oprimido.

Aquella arrogancia había llevado al hombre a cometer un error tras otro, hasta terminar en la crítica situación en la que se encontraba. Situación en la que, si bien había conseguido burlar a la muerte por los pelos, protegiendo en última instancia su cuello de un tajo mortal, el hombre se encontraba tendido en el suelo, con los brazos estirados a ambos lados, inconsciente y a la completa merced de Kisuke Kageyama y Max D Panda. Cualquiera de los dos podría acabar con la frágil vida de aquel hombre en un suspiro. No tenían más que asestar un último golpe a un hombre inconsciente, y habrían acabado definitivamente con quien asesinó a Oxxy Coon a sangre fría. En aquella sala, una imaginaria balanza se alzaba. En un lado, el ansia de venganza y el odio que un despreciable hombre se había forjado a pulso en escasos minutos de pelea. En el otro, la humanidad y la moralidad que caracterizaban a ambos luchadores de la libertad. Una decisión, un simple gesto, decantaría la balanza hacia uno de los dos lados.

Un chirrido llamaría la atención de aquellos dos hombres, quienes podrían ver como entre las dos escalinatas que se encontraban al otro lado de la estancia se abría una puerta. De la majestuosa puerta salieron varios hombres ataviados con armaduras de la mejor calidad, las cuales reflejaban la luz del sol. Dos docenas de hombres cruzaron el umbral, quedando a un par de metros por fuera de la puerta, completamente quietos, observando la sala en la que acababa de concluir el enfrentamiento, portando sus alabardas. El silencio imperó por unos instantes, aunque una estridente voz se encargó de romper aquel silencio.

Voz


- Apartad, que no me dejáis ver - los guardias se apartaron, formando un estrecho pasillo, cuadrándose los más cercanos al centro mientras los otros seguían observando la estancia sin perder de vista a los dos revolucionarios, así como al caído capitán. En aquel pasillo apareció una pequeña silueta, la cual fue creciendo, definiéndose hasta dejar ver a un hombre de nariz picuda y pelo rubio. Si no hubieran sido emboscados por el capitán de la guardia nada más entrar al hall, los dos revolucionarios habrían tenido tiempo suficiente de observar la gran cantidad de cuadros que decoraban aquella estancia, e indudablemente se habrían percatado de que todos y cada uno de ellos eran retratos. Aquello tenía su razón de ser, pues, a pesar de ser considerado alguien enorme entre los de su raza, al lado de cualquier humano aquel monarca no parecía más que un niño. O incluso menos que un niño, pues no alcanzaba el metro treinta de altura - ¿Crees que tienes derecho de obligarme a quedarme encerrado en el salón del trono, Nottingham? Ya deberías haber resuelto esto hace horas - el hombre se dirigió a su hombre de mayor importancia, antes de alcanzar a ver el panorama - Encima se te ocurre perder. Eres una vergüenza - habló con gran enfado - Vas a pagar por esto, Nottingham - debido a su característica altura y su repelente actitud, el rey parecía un niño haciendo un berrinche. Miró a uno de sus guardias, haciendo un gesto con la cabeza. Este se quedó inmóvil en el sitio, lo cual hizo que el rey se enfadara más todavía - Vamos, ¿A qué estáis esperando? Acabad con esos dos ahora mismo y apresad a ese inútil - el guardia al que se dirigió giró la cabeza, mirando a sus compañeros, antes de quedarse nuevamente inmóvil.

Mientras la ira del rey crecía en un espectáculo ciertamente ridículo, un Den Den Mushi comenzó a sonar, sonido que se veía amplificado por la metálica armadura de su propietario.

Info

Contenido Oculto

Contenido Oculto
#59
Sin lugar a duda, Notthingham era un tipo duro de pelar. Había conseguido evadir la muerte que el Comandante del Ejército Revolucionario tenía para él, protegiéndose con el haki de armamento en última estancia, y cambiando una muerte segura por un estado de incosciencia. Kisuke soltó un suspiro y miró al derrotado enemigo un instante antes de que unas puertas se abriesen dando entrada a la estancia a dos docenas de hombres armados. Debía de tratarse de la guardia real, puesto que tras ellos hacía acto de presencia el que debía ser el rey, puesto que mirando alrededor de ellos podían verse muchísimos retratos de él mismo, fruto de su egolatría.

"Casi mejor que el Jamones no haya muerto... "

Seguía odiando y queriendo destrozar el cuerpo inerte del soldado caído, pero el fuego de la batalla se había extinguido, y de él solo quedaban cenizas, por lo que no lo remataría, se conformaría con apresarlo y que luego fuese el pueblo que se había visto oprimido el encargado de juzgarle. Él no era juez ni verdugo, simplemente era un soldado que luchaba en un ejército ideado para liberar al pueblo del yugo del Gobierno Mundial. Por otro lado, cambió al haki más básico y extendió su radio a 100 metros, pudiendo sentir como aquellos soldados dudaban de si seguir las órdenes del rey o no, y no mostraban indicios de hostilidad. Sacó un cigarro y lo prendió para, mientras el rey hacía un berrinche como si de un infante de apenas ocho primaveras se tratase, darle sus órdenes a Panda, aunque antes tenía algo que decirle a aquel idiota.

-¡¡CÁLLESE YA, SEÑORA!! Su mejor hombre ha caído, y tenemos el control del arsenal, ríndase y se le tratara con justicia-dudaba que algo así fuese a funcionar, pero tenía que dejar clara su postura. Dirigiéndose a Panda le dijo:-Encárgate compañero, pero no los mates ni los hieras si no te atacan... ya ha habido demasiadas víctimas para derrocar a ese chalado pusilánime...

Tanto él como Panda estaban heridos, de gravedad bastante importante sobre todo el úrsido, pero Kisuke sabía que su compañero podía dejar fuera de combate a aquella gente sin mucho esfuerzo, aunque visto lo visto, no creía que fuese necesario seguir combatiendo. Por su parte el Comandante del Ejército Revolucionario alzó su voz gritando para que las muchachas o alguien de los forajidos le escuchasen:

-¡El jamones ha caído! Ponedle bajo arresto y después tratadle las heridas. Cuando se recupere podréis juzgarle como consideréis oportuno. Vosotros sois dueños de vuestro destino.

Ignoró completamente al rey aunque mantenía activo su kenbunshoku activo en diez metros a la redonda para prevenir un ataque, aunque dudaba que fuese a pasar. Se llevó la mano al hombro herido, molesto por el dolor y el correr de la sangre. En cuanto terminasen de "limpiar" ahí, podrían tratarles y descansar. Aunque debía notificar a sus camaradas el éxito de la misión.

"Ahora queda lo más complicado... Asegurar la transición a una verdadera democracia y el poder vuelva a donde pertenece... a la gente..."

Sabía que aquello era un proceso cuanto menos delicado, pero no le correspondía a él intervenir en ello, simplemente observaría si se llevaba a cabo realmente la liberación del pueblo, o algún otro tirano trataría de alzarse con el poder. Entonces un sonido de un den den mushi sonaba bajo la coraza del soldado caído, y Kisuke, ni corto ni perezoso, rebuscó bajo la armadura, sacó el aparato, descolgó y contestó con su actitud gruñona e irónica natural, con el cigarro colgando del labio inferior:

-Buenos días, aquí Funerarias Jamonada, ¿en qué puedo ayudarle?

Fue lo primero que se lo ocurrió fruto de su insolencia natural, pero esperó a que el interlocutor contestase, ¿había terminado todo realmente?

datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6046 - 250 = 5796
Energia: 2727 + 70 = 2797
Espiritu: 749 + 8 = 757
#60
Las precauciones del panda no fueron necesarias después de todo. El ataque de Kisuke fue excepcionalmente efectivo, pero Nottingham, demostrando una vez más su increíble resistencia, logró proteger en los últimos instantes su cuello con una pátina de busoshoku, protegiendo así su vida del ataque final del comandante. Bambú se aseguró de que la vida seguía presente en el cuerpo del capitán por medio de su haki de observación, en su nivel más básico. El enemigo ya no era una amenaza, pero estaba por ver si esa vida que había protegido en sus últimos momentos de batalla era digna de preservarse. Don Bambú acudió allí con la plena intención de acabar con la vida de aquel sujeto, pero ahora que yacía tumbado en el suelo, inconsciente, no era más que otro enemigo vencido. El oso no era un verdugo, aunque Zorak intentara en el pasado inculcarle esa ideología. Nokia tuvo la desgracia de morir en batalla, Nottingham la suerte de sobrevivir al último ataque. A pesar de todo, era el comandante el que tendría la última palabra sobre su destino, pues por encima de todo Max D. Bambú era un fiel soldado de la causa y llevaría a cabo las órdenes de sus superiores al margen de su ideología personal.



No sería sin alivio que el panda encontrase en su superior sus mismas intenciones: regalarle la vida a Nottingham y que el pueblo de la República de Mogaro decidiera su destino. Después de todo, la Revolución buscaba darle una elección al pueblo, no tomar las decisiones por ellos.



Pero la liberación tendría que esperar. Las puertas situadas entre las escalinatas de la plaza en la que se encontraban se abrieron finalmente. Del interior que protegían salió un pequeño contingente de hombres ataviados con armaduras de un lustre imponente y de entre ellos, con la actitud y los ropajes propios de un monarca, surgió el famoso Rey Juan del que tanto habían oído hablar. No recordaba, eso sí, que nadie mencionase nada de su altura, aunque Robin lo había llamado Juanito en el campamento. Las palabras del monarca le causaron bastante desagrado. No sólo no valoraba la vida del capitán que defendía sus intereses, sino que la amenazaba sin pudor por el mero hecho de haber sido derrotado. Kisuke, por suerte, intervino ante las palabras del rey con su habitual forma de expresarse sin tapujos y le mandó callar. Acto seguido le regaló al panda la posibilidad de encargarse de los enemigos restantes, teniendo cuidado, eso sí, de no causar víctimas mortales. —A la orden, comandante. —Sin pensárselo dos veces, Don Bambú flexionó sus piernas y saltó hacia la guardia una distancia de 36 metros y, nada más aterrizar, empezó a correr a toda velocidad hacia ellos, parándose únicamente a dos metros de la horda que protegía al rey con cara de pocos amigos. Curiosamente los soldados no demostraban la menor intención de combatir.



—Tu gobierno absolutista termina aquí y ahora, Juan el enano. Cuando despertéis seréis testigos de la liberación de vuestro pueblo y lamentaréis todas las atrocidades que en la República de Mogaro hayáis llevado a cabo. —Tras sus palabras, el panda dio rienda suelta al poder que llevaba guardándose todo este tiempo para no afectar a su aliado. De él surgió una devastadora de explosión de haoshoku que desintegraría las voluntades de los soldados y su rey y los derribaría sin provocarles daño alguno. Era la forma correcta de usar aquel poder: para liberar otros del yugo de los tiranos. Una vez cumplido el deber para con el pueblo de Mogaro, Don Bambú se llevó la mano a la herida provocada por el poderoso lanzamiento de la Preypiercer de Nottingham. Estaba perdiendo sangre a un ritmo alarmante e iba a necesitar asistencia médica cuanto antes. —Y luego el animal soy yo... A ese hombre no se le puede dejar ni un palillo cerca. —Se giró hacia Kisuke para ver qué hacía en la distancia. Parecía estar hablando por un den den mushi.



Datos


Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4608 - 350 = 4258
Energia: 4202 + 34 = 4236
Espiritu: 1203 - 690 = 513


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 2 invitado(s)