Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto
#21
De pronto, aquello que debía haber sido una simple maniobra defensiva, una emboscada improvisada para recibir a los piratas que se aproximaban a la isla, dio un giro inesperado que cambió por completo el ambiente. En cuestión de segundos, la tensión contenida entre la maleza se transformó en una sensación más profunda, casi asfixiante. La razón era evidente.

Sohem Burnedead.

Su sola presencia hacía que cualquier plan quedara obsoleto. Aquel hombre no era un persona cualquiera ni un enemigo común. Poseía una reputación temida en el mundo entero, y un poder del que circulaban historias que muchos consideraban exageradas… aunque quienes lo veían en persona tendían a pensar que quizás, en realidad, se quedaban cortas. En contraste con él, Moja no podía evitar sentirse como un simple mortal frente a un fenómeno imposible de contener.

A su lado venían dos figuras conocidas. La primera era Owen, uno de los piratas con los que Moja había luchado codo con codo en la extraña prisión pétrea de los Cabos Gemelos para derrotar a Uoni. Junto a él caminaba una chica a la que apenas recordaba: la misma que se encontraba con Owen en la torre después de vencer al gorila. No sabía su nombre, pero la recordaba lo suficiente como para intuir que tampoco era alguien cualquiera.

La situación no pintaba bien. Desde su escondite, Moja observó cómo Fyodor, uno de los cazadores de recompensas que viajaba con ellos, dio un paso adelante y salió de entre los árboles, como si la prudencia hubiera sido algo que decidió abandonar en aquel mismo instante. Quizá por orgullo, quizá por impulso, o tal vez por una confianza excesiva en su capacidad para hablar con cualquier criminal, por infame que fuera.

Moja no era un cobarde. Tenía miedo, eso sí, pero estaba lejos de ser de los que se paralizan. Y aun así, había algo en la presencia de Sohem que le erizaba cada fibra del cuerpo, un instinto animal que le gritaba que aquel hombre no debía ser enfrentado a la ligera. Tragó saliva, notando cómo la garganta se le secaba por la mezcla de adrenalina y nervios.

Decidido a no quedarse atrás, flexionó las piernas y dio un salto ágil, emergiendo de la maleza para situarse junto a Kibai. Sus pies cayeron con suavidad sobre la arena húmeda, pero su postura estaba tensa, lista. No abrió la boca. No era momento de hablar, y no habría sabido qué decir, incluso si lo fuera.

En lugar de eso, simplemente permaneció allí, firme, presente. Un guerrero dispuesto a apoyar a sus compañeros si el diálogo fallaba y aquello degeneraba en violencia. Aunque Sohem era una presencia que eclipsaba a todos, Moja sabía que su deber era estar al lado de los suyos… y así lo hizo, aun si en su interior una voz insistente le recordaba que enfrentarse a aquel hombre sería algo muy distinto a todo lo que había vivido hasta entonces.



OFFROL
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
#22
Me quedé quieta, tan quieta que por un momento pensé que si alguien me miraba demasiado tiempo descubriría que no sabía qué demonios hacer. El marine de blanco seguía ahí, clavado en la costa como si nos hubiese estado esperando desde siempre. Su voz todavía resonaba en mi cabeza, fría, segura, anunciando nuestra muerte como si fuera un simple trámite. Sentí un vuelco en el pecho, no por miedo, sino por la certeza de que ya no había vuelta atrás.
Miré a mis compañeros. Algunos ya estaban tensando los músculos, acomodándose las armas, preparándose como si la decisión estuviera tomada desde hacía horas. Otros parecían tan sorprendidos como yo, aunque intentaban disimularlo. Me pregunté qué esperarían que hiciera, si había algo en mi cara que delatara las dudas que me estaban apretando la garganta. No quería moverme. No quería ser la primera en reaccionar. Pero tampoco quería quedarme rezagada cuando todo estallara.
Intenté ordenar mis pensamientos, pero solo conseguí que se atropellaran más. ¿Luchar? ¿Retroceder? ¿Hablar? Nada parecía una opción sensata con ese hombre mirándonos como si ya hubiese contado nuestros cuerpos. Y lo peor era esa sensación de que el aire había cambiado, de que todo estaba suspendido en un hilo que podía romperse con una sola chispa.
Volví a mirar al marine. La serenidad que llevaba encima era casi insultante. Era evidente que esperaba que cayéramos sobre él como animales acorralados. Y tal vez tenía razón. Tal vez eso era exactamente lo que iba a pasar.
Respiré hondo, pero no me moví. No todavía. Sabía que, en cuanto uno de los nuestros diera un paso adelante, yo también tendría que hacerlo. Aunque no estuviera preparada. Aunque cada parte de mí gritara que no era el momento.
Por ahora, lo único que podía hacer era mirar, tragar mis dudas y esperar ese segundo en que todo se rompería.
#23
El joven marine se mantiene escondido, atento a la situación que se desarrolla en la playa por si los piratas se dejan provocar por las palabras de su compañero, el rubio contramaestre y navegante de la división 84, Stroud Redgrave. El arquero es consciente que muchos tacharían su actitud de cobarde al esconderse entre los árboles que rodean la playa para atacar por sorpresa sin ponerse en riesgo real de ser contraatacado. Lo que la mayoría de esos sujetos que vanaglorian el honor, la valentía y el ponerte a pelear cara a cara es que no todos pelean de la misma manera, pues pedir a un tirador que vaya al frente y no aproveche el entorno es lo mismo que decirle a un luchador cuerpo a cuerpo que trate de pelear desde lejos, estás seccionando por completo su principal ventaja, en el caso del tirador su puntería y capacidad de pelear sin ponerse al alcance de los enemigos, mientras que en el caso de los luchadores cuerpo a cuerpo su extraordinaria fuerza. De hecho, exigir a un tirador pelear igual que un luchador es decirle que lo quieres muerto dependiendo de las circunstancias.

El silencio previo a la llegada de los piratas fue roto por la voz de Stroud, acompañado por el cocinero de la división como apoyo mientras que tanto el contramaestre Gaufrid, un antiguo cazador acostumbrado a posicionarse en árboles y moverse por los bosques, Moja, el carpintero de los marines y los dos cazadores que acompañan a los marines tras lo sucedido en los cabos gemelos contra los Sakana se encuentran escondidos en la zona cercana, fuera del campo de visión, listos para el ataque. Bertam no tiene interés en una masacre, no busca matar a nadie si puede evitarlo prefiriendo siempre neutralizar y entregar a los criminales vivos a ser posible ya que vivió en persona lo que es que alguien se crea en el derecho de decidir sobre la vida ajena y no es algo con lo que se sienta cómodo. Su mirada se centra en el par de marines, concretamente en Stroud, atento ante cualquier movimiento hostil hacia él pues en el momento que alguien decidiera atacarle se vería impactado por dos flechas lanzadas por el arquero, sin embargo parece que los piratas no tienen prisa en responder a las palabras del contramaestre, siendo que Bertram no sabe si pretenden simplemente dar la vuelta y huir o están tratando de ganar tiempo para que lleguen refuerzos tras escuchar las palabras del compañero de Bertram, aunque compañeros Bertram no coincide en su idea de matarlos, no son jueces para decidir quien vive y quien muere, además, a ojos de Bertram incluso entre criminales hay diferencias, no juzga igual un asesino que un ladrón, siempre mira la imagen completa antes de decidir.

Una racha de viento sopla por la zona, agitando ligeramente el pelo rojizo del marine, aún agazapado en lo alto del árbol en el que se apostó para prepararse y cubrir a su compañero, la flecha ya tensa en el arco listo para disparar, cuando de pronto una nueva voz y un ruido que el arquero reconoce como un motor llaman su atención, ignorando casi por completo los insultos que venían de una voz de mujer hacia su compañero, ignorando la playa por completo, pues al girar su rostro para ver el origen del sonido de motor y una nueva voz los ojos del contramaestre se abren de par en par, incapaz de comprender cómo es que la situación llegó a este punto. El marine es consciente que por mucho que uno planifique, estudie y prepare una operación, la vida a veces tiene su sutil manera de torcerlo todo y forzar a uno cambiar sus planes, pero de entre todas las variaciones que el arquero pudo imaginar desde que hubiera alguien más escondido que tiene manía a la marina les atacara por sorpresa, hasta que de pronto llegaran una ingente cantidad de piratas a apoyar a los que están en el punto de mira, lo que nunca esperó fue que el anterior líder del famoso gremio de cazadores Magna y actual dueño del banco de la moneda real se encuentre precisamente en esta isla anclada en el pasado, carente de civilización y sin nada que alguien pueda pensar le interesa a un sujeto de su posición.

¿Estaría de paso por la isla tras comprobar la sucursal que tiene en la anterior isla o habrá venido por otro motivo? Esas preguntas y más inundan la mente del arquero que, tras ver que nadie atacaba y perder la atención destensa el arco y se mueve aún por dentro de la vegetación a una posición más alejada de la inicial, desde donde tendría mejor visión de toda la playa y todos los presentes. Las cosas acaban de complicarse, ese hombre, Sohem Burnedead, no solo ostenta un cargo de gran valor, sino que él solo seguramente sea capaz de acabar con todos los presentes, sin siquiera esforzarse, por lo que hay que avanzar con cautela y no provocarle, pese a que era un cazador y ahora el dueño de un banco, no podemos asegurar que sea aliado, siempre puede aniquilar a todos los presentes y a ojos del mundo perecieron frente a las criaturas que se dice habitan la isla. Tras Sohem aparece uno de los piratas que participaron en lo que parecía ser una masacre organizada para entretener a un grupo de gente, el contramaestre apenas sabe su nombre, pero cuando escucha sus palabras suspira, no es que no entienda lo que dice, es cierto que hace unos meses el propio Bertram colaboró con piratas, aunque no sabía ese detalle en el momento, para sobrevivir, todo a pesar de su desprecio hacia los piratas por un trauma personal.

Finalmente del barco sale uno de los sujetos del barco, preguntando por su tripulante mientras lleva la mano a la espada, por su parte el arquero guarda el arma y se tranquiliza, no tiene intención de iniciar una pelea si no es necesario, más aún sin saber si Sohem será un aliado, un espectador o será una tercera fuerza sin tomar partido. Previamente Fyodor trataba de negociar con Sohem, ofreciendo un trato para que él se encargue de llevar a los criminales al disponer de más medios que los cazadores presentes, dejando solo un porcentaje a los cazadores. Stroud y Kibai mantienen una postura oficial y serena, presentándose formalmente como marines e indicando lo que ocurre, al menos a su manera. Moja sale también sale y se une a los demás, aunque se mantiene callado como viene siendo costumbre en el mink, es un soldado de pocas palabras, pero que en el momento de pelear no duda, avanza y se enfrenta a los enemigos con ferocidad y precisión. Bertram suspira y decide salir a la playa, no tiene sentido esconderse cuando seguramente si se desata una batalla y el propio Sohem participa nada asegura que no pueda saber si hay alguien escondido y dónde, por lo que sería inútil.

El joven arquero camina rascándose la cabeza con la mano derecha mientras que con la siniestra sostiene el arco por precaución aunque ya no tiene flechas preparadas y está tranquilo. Prefiere tener el arco a mano por si tiene que pelear, aunque hubiera preferido poder trabajar en un mejor arco y unas flechas mejor preparadas para tener un mayor impacto en las peleas. Ahora la cuestión es que todo el follón le impidió adentrarse en la isla buscando a ver si encuentra alguna madera más resistente que el resto o algún material único para crear un mejor arco, no malgastaría materiales que se encuentran solamente en esa isla en una flecha que se pierde al lanzarla. Dejando eso de lado el joven arquero se mantiene apartado de la zona que puede saltar por los aires, mira atentamente el ambiente y dice

-Contramaestre Bertram Gaufrid presente. Honestamente las cosas parecen haber escalado de manera inesperada para todos, pues estoy seguro que ninguno de los presentes se esperaba que un hombre de tu categoría acabaría apareciendo en una riña entre marines y piratas, algo que a todas luces no es raro teniendo en cuenta que puede decirse son antagónicos, unos quieren ir por el mundo sin ataduras y con apenas unas pocas normas, mayormente alrededor del honor y tampoco es que todos ellos las sigan, y otros se aseguran que las leyes impuestas por los que gobiernan sean cumplidas. No soy quien para indagar qué hace usted en la isla ni exigirle o pedirle que se retire, apenas soy un simple contramaestre y por lo tanto mi autoridad es muy limitada, sin embargo si me intriga conocer sus motivaciones, aunque indicar sus motivos es decisión suya. En cambio, respecto a los piratas los marines tienen el deber de arrestarlos, por lo que si se cruzan un conflicto es esperable, sir.-

Tras esas palabras el joven arquero se mantiene a una distancia prudente de todo, si bien no tiene intención de iniciar el conflicto no piensa abandonar su posición segura para ir a que le puedan atacar libremente, y desde allí sus ojos se fijan atentamente en cualquier movimiento que hagan los presentes, fijándose detenidamente en cada articulación pues suelen delatar los movimientos antes de que se vea si solo te fijas en el cuerpo en general, pasando la vista de un sujeto a otro.

Off
#24
Mi aparición en escena empezó a desencadenar un sin fin de acontecimientos.
Podía sentir en total doce auras en esos cuarenta metros que estaba mapeando con mi haki de observación. En el barco había cuatro: La más potente, un aura suave como el viento, calmada de colores rojizos. Cercanas en poder y rango, una llameante verdosa, inestable, que albergaba dormido el poder de los reyes, y otra llameante de color rojo oscuro casi negro, muy turbia. Y junto a ellos un aura leve y débil, casi indetectable. Un pobre diablo que se había visto metido en todo esto seguramente sin quererlo ni comerlo.
Sentía las auras de los dos niños que me acompañaban: Él, llameante y anaranjada, muy vivaz, y ella también llameante, de un rosa blanquecino o un blanco rosado, que transmitía mucha paz. El chico era el más poderoso de los dos, y guardaba en su interior el poder más preciado de los mares.
A su vez, también sentía la de nuestros amigos del brazo de la ley - y acompañantes - quienes parecían querer estar escondidos para... ¿tender una trampa?. Era curioso porque tres de ellos escondían en su aura sin saberlo, la ambición de un conquistador. El primero y el más fuerte de los marines, el aura del rubio frente a mi, era electrizante y degradaba de un rojo sangre a un azul verdoso. Era potente y furiosa. Después alguien escondido, con un aura igual de electrizante que pasaba del morado al amarillo, aunque chispeante mucho más calmada que la de su compañero. Y finalmente el mink a su lado, con un aura confusa y sin color.
Las otras tres auras - también escondidas - carecían de la voluntad de los reyes. La más potente de todas era llameante y anaranjada, rezumaba poder en control, y posiblemente era la más poderosa de todas las presentes. Seguida de otra aura llameante de color rojizo con tendencia a oscurecer, menos concentrada que la anterior pero igualmente poderosa. Y la última era tan errática y poco definida como la del mink moteado que tenía frente a mis ojos.
Obviamente ninguno de ellos suponía una amenaza individual para mi, pero sabía que con el tiempo - varios de ellos - podrían ser realmente piezas interesantes.

Así que teníamos a doce personas en este lugar, trece contándome a mi. Cuatro a bordo de aquel barco, dos de pie frente a mi, otros cuatro escondidos en la maleza, y los dos muchachos que me acompañaban. Bueno, y Dürr, cómo olvidarlo.
A todas luces estaban tendiendo una emboscada a aquellos piratas o lo que fuera que fuesen, usando al rubio y al mink para atraerlos y saltar sobre ellos haciendo una maniobra envolvente... era inteligente. Lo más sensato sería disparar desde el barco y dejar que se acercasen ellos, pero en mi experiencia los piratas no eran demasiado sensatos.

Entonces empezó aquel caos particular. El primero en empezar a soltar improperios desde su boca fue Joven Juan, el niño pelirrojo que me acompañaba, y mira que me había costado tenerlo callado hasta ahora... Parecía que se conocía con los presentes, pero no presté mucha atención a sus palabras. Después de entre la maleza surgió un Lunarian, a quien le correspondía una de las auras más poderosas, la llameante rojiza con tendencia al negro. Este empezó a hablarme tanto y de tantas cosas que no pude por menos que desconectar. ¿Qué cojones estaba haciendo? ¿Quién coño era ese tío?
Llegó a finalizar su discurso, al que apenas presté atención, ofreciéndome un trato: Cazar a los presentes por mi y que yo les pagase por sus cabezas. Chasqueé la lengua. Ese tío era tonto o estaba demasiado confiado de si mismo.

El muchacho rubio y el mink moteado se dispusieron a hablarme. Se presentaron como Esteban e Ibai, del rango no se qué - ya veía que eran Marines perfectamente - y trataban de ser todo lo educados posibles, pero del barco emergió un hombre que llamó la atención del rubio y mantuvieron una breve conversación. Ese hombre era el aura más potente a bordo del navío, el que tenía una presencia calmada. Aterrizó en tierra firme para dar la cara por sus compañeros y camaradas a bordo de su navío. Ese tenía huevos.
Al mismo tiempo un mink gato negro o pantera o lo que fuera - quien tenía una de las auras más erráticas y poco definidas - se aceraba para ponerse junto al dúo de Marines que había visto inicialmente, sin decir ni una palabra, y para rematar la faena un tío pelirrojo con un arco apareció de entre el follaje - el del aura relampageante morada/amarilla - hablando sin parar presentándose como Beltrán García, del rango lo que fuera. Suspiré pesadamente agitando levemente la cabeza.

Demasiada información, demasiados discursos, demasiadas presentaciones, demasiadas puestas en escena y ni tan siquiera uno de ellos se había ganado mi atención como para ponerse a importunarme así. ¿Qué coño les importaba a estos cuatro mierdas lo que hiciera yo en este lugar? ¿Desde cuanto yo tenía que rendirle cuentas a los payasos de la Marina? ¿Y de qué cojones iba el emplumao ese ofreciéndome a mi un trato?. Me había metido en un gallinero rarísimo, con todas las aves cacareando y saltando de un lado a otro como cuando entra un zorro... pero el zorro era el que ponía el silencio.


— A ver a ver... — dije en tono leve, mirando hacia Dürr y haciendo un gesto con la cabeza para que se fuera hacia el barco de la costa, chascando la lengua sonoramente como el que arrea a un caballo, gesto que el lagarto obedeció y salió corriendo liberando el agarre de las bridas del chico pelirrojo dirigiéndose con la muchacha ciega hacia el hombre que acababa de aterrizar — ...un poco de silencio — añadí cuando se hubo ido, alzando una mano como pidiendo la vez para hablar, y entonces liberando una oleada de calor concentrada y potente y anulando mi haki de la observación, pronuncié dos palabras más — Breath Death — el ambiente se sintió pesado de golpe, cubriendo cuarenta metros a la redonda y disparé el puño de Emperor en dirección al único que seguía escondido, dando de lleno en él y agarrándole del mullido y peludo pecho que resultó tener, aquel mink tigre, que comencé a arrastrar hacia mi por el suelo activando el mecanismo de recogida de la cadena que ataba al puño, produciendo el crepitar de los eslabones de bakumetal como único sonido en esa jungla aparte del cuerpo arrastrado del tigre — No seas tímido, no me gusta la gente que se queda escondida — dije refiriéndome a él y entonces pasé mi atención al pelirrojo que iba conmigo — Cállate y vete con la ciega — dando una orden sencilla, pasando la mirada al dúo del rubio y el mink - ahora con otro mink más a su lado, de color negro - y les dediqué una llamada de atención — Tú — y me giré para mirar al pelirrojo del arco — Y tú — y volví a mirar al rubio — Lo que haga yo en esta isla es asunto mío, Marines, así que cerrad el pico — eché los ojos sobre la mano del felino que agarraba su espada y lo ignoré, pasando a mirar al lunarian — Ahora tú, crujipollo — le señalé con el índice de mi única mano mientras la cadena seguía trayendo a aquel tigre enorme — ¿Quién coño te crees que soy?. No. ¿Quién coño te crees tú para pensar que estás en condiciones de proponerme a mi un trato? ¿Te crees que me hace falta que unos mataos como vosotros se carguen a nadie para cobrar la mitad de cuatro berries? ¿Y encima crees que me estás haciendo un favor? — chasqueé la lengua, la cadena dejó de sonar con un estruendoso "clanck" que confirmaba que el brazo se había vuelto a anclar. Ahora tenía a un tigre - el del aura más poderosa de todos los presentes - agarrado del pecho delante de mi, en el suelo. Lo miré con resignación y volví a mirar al lunarian — Puedo mataros yo mismo a todos los que estáis en esta playa antes de que digas 'mucha trucha en Apaloocha' y ordenar a mis hombres que carguen en el barco a los que valgan la misera que valgan... y a los que no, os habrá comido la jungla — entonces alcé el cuerpo del tigre en paralelo a mi cuerpo — Así que me vas a contar qué es eso que ha pasado en los Cabos Gemelos, o empiezo cargándome al tigre tímido aquí presente — y bajé su cuerpo al suelo nuevamente esperando la respuesta del Lunarian.

Tras esas palabras usando el control y las habilidades que me había dado dominar el despertar de mi akuma no mi, liberé la zona en la que él estaba - y sólo él - de la presión de mi calor, como si la oleada que estaba emitiendo quisiera evitarle, para poder permitirle hablar y expresarse ante las demandas que tenía. Y más le valía hacerlo mucho mejor que antes si no quería que le estampase este gato rayado en la cabeza hasta que uno de los dos dejase de respirar... bueno, dejase de respirar más que ahora.




Aclaraciones

Información

Bélico
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[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 15303 + 0 = 15303
Energia: 6485 - 236 = 6249
Espiritu: 3282 + 0 = 3282
#25
—No creo que sea necesario usar mi fruta

Movió su mano con suavidad, hablando despacio para no interrumpir lo que esté pasando. No le explicó una vez más que ya no los puede usar, en realidad no quiso hacerlo, tanto que su cuerpo no puede provocarlo. Es el temor de que otros tengan que sufrir algo que no puede controlar ¡Qué horror!

Permaneció sentada, su mano se paseó por Dürr con suavidad, como si el sentir su textura calmara la ansiedad de la situación. Pero no lo hace y solo empeora, más cuando Owen hace su declaración. No dijo nada, simplemente suspiró, dejando ir el aire en una resignación que terminó en una sonrisa suave, porque no puede pedirle que no sea él ¿No? Incluso en la peor de las situaciones.

—Pensé que sería una salida más tranquila.

Pero nunca es fácil o simple ¿No?

La aparición de más gente o más bien de sus voces no le asustó, simplemente escuchó como todos tienen algo que decir. Es mucha gente que ha aparecido de la nada y que da explicaciones que nadie pidió — ¿De qué habla todo el mundo? — Porque se balancean entre un montón de ideas y no pudo entender ninguna — ¿Por qué te hablan así, Sohem? ¿Son tus amigos? Si te pide dinero por las cosas, no lo parece… — la atención y cercanía le causó una mueca en el rostro, porque incluso han intentado hacer un trato con él ¡Uno que no le gusta y que frunció su ceño!

¿Por qué están todos así?

Quizás porque es una celebridad que no conoce, la ignorancia es una bendición, más en esta ocasión.

Hizo un ademán de decir algo, hasta que la indicación de quedarse en silencio la hizo juntar sus labios. Ya ha sentido lo que no es obedecer, así que solo golpeó con la punta de los dedos el lomo del animal mientras éste se mueve, causando un sonido que seguramente nadie escuchó por las pisadas, un ritmo que expresó su descontento ante la situación.

Dürr se movió como siempre, incluso si le han indicado con una seña que avance. Pensó que sería un viaje tranquilo, pero entonces llegó. Es un calor molesto que no estaba ahí, su cuerpo se enfrió ligeramente, en una reacción que buscó mantener la temperatura, no lo controló, porque fue el instinto simplemente quien lo hizo. Habría dicho algo, una queja, cuando al tomar aire tosió, es un sonido sonoro que viene por la falta de aire. Algo ha pasado, pero no es como la situación anterior con Sohem, se puede mover ¿Entonces qué será?

La idea no tardó en llegar, porque el calor lo ha sentido por unos segundos ¡Es él! No hubo reclamo de su parte, pero su respiración se volvió pesada, tanto que su pecho subió y bajó con más fuerza, mientras el interior se estremece ¡Duele!

Deseó respirar con normalidad, el cuerpo se lo exigió y aunque quizás podría haber una opción para ella, no la tomó. Porque si se enfría todo a su alrededor ¿Volverá el aire que le hace falta? Sus manos se posaron sobre sus propias piernas y las apretó.

No debe usar la fruta, no debe, no debe, no. Porque de hacerlo lastimará a los demás, a Owen, Dürr y a quien esté cerca. ¡Incluso si quiere, no tiene que hacerlo!

Pero por un momento su cuerpo le pidió lo contrario.

Es un sonido el que salió de su rostro, cuando sus palmas golpearon sus propias mejillas para quitarse la idea, ya ha decidido que no, incluso en este tipo de situación, por lo tanto no hizo nada más que dar un trago al aire sin conseguir nada del mismo, pero lo intentó.

No supo a dónde va, por eso solo se afirmó a la montura con suavidad, usando sus manos para pasearse con suavidad por la piel del animal en busca de traer un soplo de frescor para él también. Porque de todos los presentes, ellos son los más inocentes.


AAAAAAAAAASFIXIA MOMENT. SALVAME DIOSITO ? (?
[Imagen: Gwendolain.gif]
#26

Owen PARA NADA había imaginado que la situación podría haber no solamente escalado tanto, sino, complicado, a pasos TAN agigantados. La sola presencia del enmascarado blanco que había recomendado evitar Pawurs (Y que tanto el pelirrojo como su compañera se pegaron voluntariamente, haciendo caso omiso a la recomendación) parecía haber generado un desencadenamiento de acontecimientos tan alevosos como increíbles.

El Last Whisper, finalmente, había encallado (Sí, encallado gente) en tierra y de él, de una forma extremadamente genial y haciéndolo más apuesto de lo que ya lo era normalmente, Uker, su actual capitán, hizo acto de presencia en una maniobra épica. Un pensamiento simple, ágil y atento apareció en la cabeza de un Owen que, pese a ser el polizón más grande que jamás se pudo ver en una tripulación, siempre estaría del bando "que él creía el correcto", y ese era SIEMPRE el opuesto a lo que la Marina pudiese querer. ¿Ellos querían a los Olvidados? Bien -Los que van a olvidarse de ellos van a ser ustedes.- y eso era algo que jamás iba a poder cambiar en ese corazón tan intenso y ruidoso de esa cabellera roja.

En un destello, un manchurrón oscuro que apareció a diez metros aproximados de su posición actual con Sohem, Gwen y Dürr, cuando quiso darse cuenta, observó una silueta que le resultó tan exageradamente familiar que, al realizar contacto visual, fue imposible no coincidir otra vez. Se mostraba cobarde, distante, como si la amenaza del enmascarado fuese una que el pelirrojo jamás creía que fuese tantísima (Aunque haya estado a punto de volverse el "bebé ceniza" ya por tercera vez).

Pelirrojo, calmate que te vas a poner como un tomate. Los del barquito, ahora nos ponemos con vosotros, no tengáis prisa. -

[Imagen: Us61x9t.png]
-...a éste gilipollas yo lo conozco.-

Y efectivamente, si que lo conocía: Había hecho contacto visual con él en aquella torre en la que, incluso, lo había hecho con el propio contramaestre con el cual estaba fuertemente enfrentado y, el muchacho, enajenado. Era imposible no poder recordar ese aspecto tan lúgubre, diferente y, lo peor de todo, que le generase una pequeña sonrisa verle...una burlona, mientras fruncía el ceño. Una idea brotó en su cabeza, ¿Será? -No me lo puedo creer.- pensó de forma fugaz. El propio tipejo, manteniendo aún la distancia, comenzó a espetar una serie de amenazas y señalar a Owen de ser un criminal en toda regla, alguien que atenta, directamente, contra el gobierno mundial, al tener un "Wanted" por su cabeza y eso era algo que el muchacho conocía en demasía -...Hjm.- una pequeña risa se escapó de los labios del chico, ¿Sohem, un cazarrecompensas? Espera, ¿Acaso el sujeto que tenía delante era TAMBIÉN un cazarrecompensas? -...Jaj.- no pudo evitarlo, estaba causándole risa, le resultó inevitable.

Ahora quienes estaban prestándole atención al "nuevo grupo" era el propio mink-leopardo y el rubio, aquel que se mostraba tan determinado como implacable, incluso, frente al que parecía ser alguien del cual Owen desconocía la inmensidad de su importancia en el planeta. El leopardo, presentándose, declarando que "Stroud tenía un admirador", -Ya quisiera él.- aquel comentario le provocó una molestia, pero no la suficiente como para esconder la sonrisa repleta de burla que el chico tenía, porque el contramaestre, también, se presentaba nuevamente por su rango, nombre y apellido, como lo había hecho con él anteriormente y, ahora, quien se dirigía hacia él era el propio Stroud, quien, altanero, demostraba el cómo era capaz de poder mantener la situación excesivamente bajo control.

"Entiendo que eres más simple que el mecanismo de un botijo, pero, ¿por qué te iba a estar buscando a ti en específico? ¿Te gustaría?,"

[Imagen: o8n2Muf.png]
-...esto es genial, tío.-

¿De qué se estaba riendo tanto el pelirrojo? ¿Porqué se sentía tan valiente en una situación en la que, incluso, lo estaban tildando de bruto, tonto o pocas luces? ¿Tal vez era porque tenía a quien había demostrado ser, a todas luces, un tipo formidable? No, para nada. La sonrisa repleta de pedantería y burla aumentó, incluso aún más, en cuanto empezó a ver como no solamente no había dos Marines y un cazador -Me voy a mear de la risa.- espetó, ya que, gracias a su excelente oído, detectó cómo, desde los arbustos, salía uno detrás de otro Marine totalmente preparado para...¿Emboscar al Last Whisper? -¡JAJAJA!- no podía creerlo, se llevó la mano al rostro, incluso, parecía haber aparecido un muchacho también pelirrojo (Aunque un poco más claro) anunciando que, incluso él, tenía el mismo rango que el rubio que estaba dando la cara.

[Imagen: YqX2XNu.png]
-¿Me estás diciendo que la marina tuvo que aliarse con un cazarrecompensas para unos matados como nosotros? El fin justifica los medios, ¿No? ¿Panda de patéticos?-

Y ese era el origen del porqué el muchacho estaba siendo incapaz de poder aguantarse las pequeñas carcajadas que escapaban de su boca, aunque, en cuanto comenzó con los improperios, se tornó sumamente serio y volvió a fruncir el seño tanto como cuando todo esto comenzó. Simple y llanamente se habría esperado una emboscada preparatoria de Marines, pero, ¿En contra de una tripulación con meses de existencia como Los Olvidados, y sumándole a un cazarrecompensas? Ni siquiera Owen entendía "qué era un cazarrecompensas" específicamente, pero era tan ridículo que hasta le daba risa al muchacho que, soberbio, proseguía -Parece que la justicia aparte de ser absoluta es bastante cobarde, ¿O no, Stroud?- seguía picándole, buscando derribar esa superioridad moral que parecía implacable.

Pero bueno, "le tocó hablar al jefe".
(y evitar volverse el "bebé ceniza" en el proceso).

Con un chasquido de la lengua y un gesto ladino de la cabeza, el enmascarado movilizó al animalejo morado en el cual estaba la amada del pelirrojo que, sintiendo el tirón -¡!- se separó, generando un tenue movimiento que hizo que el animalito fuese directamente hacia donde se encontraba su capitán, el apuesto Uker Rackham. Le dedicó una mirada, una de esas donde el ceño se frunce, porque, ahora, quería prestar atención a quien parecía ser una absoluta y completa eminencia de la que todos conocían...pero el chico no, ¿Porqué? Evidentemente; Su interés por los mares había despertado, como mucho, unos cuantos meses, por lo que la historia de todos estos "próceres", ciertamente, se le escapaba en demasía. Es más, agradecía la existencia y mención de todo aquello del propio Pawurs, ¿Qué hubiese pasado si el anciano capaz de quitar frutas no hubiese mencionado palabra? Es probable que esta interacción, jamás, hubiese existido. Mucho menos, poder descubrir los poderes ocultos de la chica que iba a cambiar este mundo de las personas en las que Owen no iba a confiarles. A ella sí, el planeta completo.

 — Breath Death —

[Imagen: 1ed4d14af216868aa5e5817b2f116aef.jpg]
-¿Qué...vas a-

¡FRUMM!, un cambio de temperatura tan inmundamente grande apareció que, el pelirrojo, sintió que estaba dentro de un horno -¡COF-COF! ¡Qué...es...- el aire era irrespirable, quemaba el solo hablar, llevó ambas manos hacia la garganta en búsqueda de una bocanada de aire que no llegaba. Aún tenía capacidad para poder prestar atención -¡!- y vio como aquel brazo mecánico no solamente parecía tener propiedades especiales, sino, también, ser eyectable. El mismo volvió acompañado; Aferrado a él se encontraba otro individuo, uno que el pelirrojo TAMBIÉN había visto en la propia torre donde se había encontrado al alado que apareció repentinamente con ellos -¡Es...el...tigre...de la torre!- costaba pensar, costaba analizar, costaba evitar sudar a cántaros mientras su cabello, producto de la expulsión del líquido que intenta regular su temperatura corporal parecía no ceder -¿Es...un cazarrecompensas...también?- no solamente se habían aliado con uno, sino, con DOS cazarrecompensas; Aquel tigre no tenía ningún tipo de uniformidad particular y automáticamente pensó que podría ser otro aliado más de "la famosa justicia" -¡JAJ-COF-COF-COF!- Owen intentó reír, imposible: La garganta ardía de forma tan abrumadora que aunque la sonrisa permanecía allí y cerraba uno de sus ojos, sin inmutarse de su posición. La orden fue dada por aquel que tenía la situación tan bajo control que ni siquiera podía haber pie a pleitesía, observando al tigre-humanoide ser arrastrado con, incluso, sus armas colocadas. Estaban preparadísimos de ante mano para poder asaltar el barco de su tripulación, más al notar semejante emboscada. La orden fue dada "Cállate y vete con la ciega" y, mientras decía aquello, el pelirrojo ya se estaba dirigiendo a ella corriendo de forma desesperante, apretujando la garganta con tanta fuerza que podían marcarse los músculos de la misma en búsqueda de una bocanada de aire que no queme los vellos de la nariz.

No demoró ni en lo más mínimo de, una vez a su lado e incluso encima de Dürr, capturar la mano de su mujer favorita y entrelazarla con la de él, haciéndole notar que estaba allí con ella. No podía hablar ni aunque lo intentase, era abrir la boca y comenzar a escupir saliva, en un reflujo que solamente daba ganas de vomitar -..agh...agh...- solo bocanadas de aire puro que salían de su boca, una y otra vez, con su capitán, Uker, justo al lado derecho de ambos y, a sus espaldas, el navío que habían estado buscando meses. Le dedicó una atenta mirada mientras su cuerpo jadeaba sin control, con un ojo cerrado y goteando sudor sin cesar. Miró a su mujer favorita en todo el mundo...y ella...parecía también estar sufriendo esa maldición que había azotado alrededor de todos, sin ni un ápice de estar ocupada por el calor que empapaba las ropas de Owen -Así que...- dirigió su mirada hacia aquella máscara blanca llena de agujeros. A la nueva distancia a la que se encontraba, la playa estaba plagada de reverberación por calor, ese efecto visual donde existe un temblor borroso a la vista y donde todo lo que quedaba era seguir las órdenes de aquel tipo por el cual...tan solo, habían pactado buscar lagartos gordos (Con retraso) -...este es el poder de la fruta del calor.-.

Volteó a ver a Gwen, le resultó inevitable: ¿Ella sería capaz de poder hacer...algo de este calibre? Su rostro se tensó, preocupándose incluso más del terrible potencial que podía tener su chica favorita, incluso, con el enmascarado que no tenía pleitesía alguna para con ellos. Tal vez debería haber seguido la recomendación de Pawurs y, en cuanto lo divisaron en la espesura de Little Garden, darse media vuelta y volverse, pero no.

— Puedo mataros yo mismo a todos los que estáis en esta playa antes de que digas 'mucha trucha en Apaloocha' y ordenar a mis hombres que carguen en el barco a los que valgan la misera que valgan... y a los que no, os habrá comido la jungla —

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-...este tipo es mucho peor de lo que me había imaginado.-

El sudor en el rostro de Owen estaba empeorando tanto, pero tanto, que hasta las gotas buscaban bloquearle la visión. No se soltó ni un solo ápice de segundo de la mano con la que tenía aferrada a su mujer favorita, al contrario: La apretó aún más, porque si iba a morir en esa playa y preparase para salir corriendo de lo que sea que estuviese haciendo "Sohem Burnhead" como ahora sabía que se llama por su nombre completo debido a las propias palabras de los ajenos, lo haría, quedándose él para recibir todo lo que ese tipo quisiese hacerle. Gwen iba a vivir, y Owen morir en el intento por mantenerla con vida si hiciese falta.

Me compre una cajita feliz
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#27
Sí, es cierto, él mismo lo sabía también y lo seguía admitiendo; había mencionado que le daba igual lo que ocurriera con el Capitán de ese barco… Pero la situación había cambiado, ahora sabía que si se introducía en algo así, solo podría no solo salir mal para él, sino también para la Oni que pertenecía a su propia tripulación. ¿Quién iba a decir que aquel viaje que era como un “pequeño favor” gracias a la pequeña alianza entre las dos tripulaciones iba a degenerar hasta semejante escala? Nadie se espera eso. La mente todavía le funcionaba, tratando de buscar posibles culpables. No era posible que hubieran venido tan preparados unos Marines solo para capturarlos. ¿Quién podría ser el traidor? ¿Alguien de su propia tripulación? Se llegó incluso a plantear que hubiera sido el propio Owen para limpiarse de los problemas que el propio yakuza le podía estar ocasionando por los asuntos que los llevó a juntarse. Ahora las cosas eran diferentes. Y lo peor llegó.

- Jin, encárgate de que ninguna de las dos salga del barco, y tú tampoco -

Elevó su mano, tratando de atrapar el brazo del capitán cuando le dio una orden, una que no planeaba en un inicio acatar. No le gustaban las órdenes, suficiente con tener que cumplirlas a bordo de ese condenado barco… Su rostro se volvió más serio, fijo en el hombre que ahora sostenía por la zona superior del codo.

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—No seas estúpido, dudo que esos estén solos, y con Sohem…

Pero no escuchaba, ni siquiera parecía estar pensando con claridad. Solo sintió la sacudida, brusca, sin ningún cuidado, del propio Uker apartándolo de la sujeción firme que había intentado mantener. No sabía qué odiaba más, si la estupidez que estaba cometiendo, o que lo hubiera interrumpido, pero ya era tarde. Chasqueó la lengua, claramente molesto. Ahora no quería deber dos favores… maldita sea… Su primer impulso, incluso bajo el sigilo, fue ir a toda prisa tras de Maki. Conocía su impulsividad. Cierto, apenas se habían visto, no se conocían suficiente, pero no hacía falta más para conocer qué tipo de locuras iba a hacer. La Oni en cambio estaba claramente asustada. Se acercó hasta Maki, agarrándola por la cintura, manteniéndola como buenamente pudo en ese puesto. Dios, maldita sea, qué poco cariño le tenía a esa mujer que deseaba soltarla y que solo se lanzara al mar o que los Marines se encargaran de ella, pero tenía que mantenerla en el lugar. —No te muevas de aquí. — su mirada era seria, cargada de amenaza. Su rostro estaba frente al suyo, sus manos ahora elevándose hasta sus hombros para empujarla en caso de ser necesario. —Solo sé buena por una condenada vez y no saltes a lo loco. Hay que ayudarlo, pero no saltando a lo loco, ¿me entiendes? Si te lanzas sin un plan solo harás que muera inevitablemente. — Si se repitió fue por tener en cuenta el estado de las drogas que tenía la chica. ¿Siquiera lo reconocía a él? Si lo golpeaba no le importaba, ahora tenía algo que cumplir, y no estaba dispuesto a deberle nada más al dichoso capitán.

Un pequeño detalle, en todo momento procuraba mantener su voz bajo nivel, sin elevarla, sin gritar, siempre tratando de evitar que su propia voz se escuchara por fuera del propio barco, y más ahora que se encontraban tan cerca del peligro. —Odeth, ve y escón-…

Hasta entonces lo había ignorado por estar más atento a lo que ocurría en el interior del barco que en el exterior, desde las palabras que se decían entre sí hasta los movimientos de todo lo transcurrido fuera del mismo. Había dado la atención al máximo a la impulsividad de Maki. Como mucho algunas palabras sueltas, la voz que reconocía de Owen, chillona y tan característica… Pero no esto. De repente sintió que no solo su boca, también su garganta quemaba. Alguien como el propio Jin, quien era un fumador tan compulsivo, ahora estaba siendo abrumado incluso hasta sus propios pulmones. Quemaba, dolía… Ah mierda… lo sentía. El agarre que había tenido con la mujer (si es que todavía seguía allí y no se hubiera intentado liberar) se iba a aflojar. En todo caso, fuera que se liberase o no, el cigarrillo que había estado fumando hasta entonces descendería de entre sus dedos, cayéndose al suelo del barco y, el brazo contrario, intentaría aferrarse a la pared más cercana que tenía. Su respiración costaba. Era como tener un horno en la garganta, que entraba por la boca, descendía por el esófago e incluso quemara los pulmones, aunque solo fuera una sensación.

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“¿Qué demonios… es… esto…?”

No podía siquiera decir eso en voz alta, solo fue dentro de su propia mente en forma de pensamiento. Elevaba su rostro, ahora tratando de asomarse una vez más, siempre procurando evitar la visualización directa hacia su persona. Pudo ver ahora a más individuos. Sus suposiciones no estaban equivocadas, planeaban una emboscada. No solo eran Marines, también otros dos individuos, un hombre con plumitas y un tigrecito. No, no podía pensar con claridad, el dolor en sus pulmones, sumado a su condenado problema por excitarse con el dolor, no lo dejaban pensar más allá de la propia razón y darles unos diminutivos estúpidos. Porque sí, señoras y señores, tal y como muchos conocen y algunos se sorprenderán, Jin comenzaba a sentir que sus pantalones se apretaban, pero no a un nivel que lo hiciera perder tanto la cordura. Por fortuna la situación lo enfocaba, ahora buscando un método para respirar. Lo que quedó claro fue una sola cosa; los rumores sobre Sohem no eran, en absoluto, exageraciones como él mismo había creído. Era mucho peor que eso. Lo sabía, necesitaba llegar a ese hombre, de una u otra forma… Lástima que el momento no lo ameritase o le diera oportunidad.

Sus ojos volvieron, despacio, a quienes fueran que quedaran en el barco, sus pasos ahora lentos por la falta de aire en sus pulmones, sus pies pisando el mismo cigarrillo que había caído al suelo. Tenía que salir de allí… pero tampoco iba a deberle un favor al señor Rackham. Sí, lo ayudaría. ¿Cómo? Todavía tenía que analizar mejor la situación para prevenirse, idear un plan y, por supuestísimo, saber si podía llegar a respirar en algún momento. ¿Lo lograría siquiera? Tenía que enfocarse, analizar mejor todo… Sus manos se apretaron ahora en forma de puños, frustrado por tener algo fuera de su propio control como a él le gustaba hacer. Lo primero, sin duda, era buscar algo que calmara a Sohem, lo que fuera, solo para poder respirar.



OFF
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#28
Nada de lo que pasaba tenia sentido para ella, solo Podia recordar una cancion que escribió cuando era Marine… una que volvía a su mente como un amargo recuerdo. Solo deseaba llegar a su destino, relajarse un poco con su amado Uker pero no, tenían que hacer de taxi llevando al jodido Yakuza, a la chica Oni no era tanto problema, era un amor, relajada y aunque su akuma era de temer, era apacible y dulce… al menos en apariencia. Habían sido interrumpidos por el destino, aquella mano que siempre estaba detrás de ella y de él así que supuso que su unión a podría ser algo complicada, desde el inicio, desde que le conoció, supo que era especial, su ánimo, su energía, su figura y su actitud frente a los problemas era algo que le dejo prendada, de la gran tripulación que eran en inicio, ahora solo quedaba ella y el… y el Owen?... maldición, esa bandera roja le saco de sus alucinaciones de los colores y de los sonidos, provocando que se medió centrara en el… entrecerró los ojos… LA niña… su compañera… estaba con el y con el obviamente archiconocido Sohem… maldición… en que problema se metió el tonto… Ayu… si, debían ayudarlo. No importa que lo tuviera toda la marina de mierda… nadie le hacia daño a sus compañeros.

Como era de esperarse, Uker Rackham había descendido a la playa, cayendo con furia y sin duda determinación. Era su motor… su boca se estremeció, sus dientes rechinaron… camino a la baranda del Whisper y apretó la madera que crujió bajo sus manos… se volvió a su guitarra… toco su espada, la hoja quebrada… solo saco la empuñadura. Una que vibro bajo su agarre y poco a poco cada una de las piezas, cada parte, cada recuerdo se fue pegando uno a otro y otro y otro, cada click cada golpe que sentía en el ensamble de su espada removía cada recuerdo brillante en su mente… aunque su cuerpo se sintiera fuera de si, adormecido, ido y contrariado. Su mente quería despertar, gritar. 

Pudo medio ver… con la vista borrosa como de pronto parecía que todo se torcía, a dónde? No tenia idea, los marines emergían uno a uno y cada uno de ellos parecía querer negociar con él… chicos listos… nadie podría enfrentarlo… no de frente, no de manera estúpida. Trastabillo cuando la espada estuvo lista. El mareo de las drogas era tremendo… se carcajeo bajito como un susurro… comprendía a medias la situación… no… no quería morir, no quería que su aventura terminase tan pronto… NO QUERÍA DEJAR DE DANZAR, NO QUERÍA QUE SUS AMIGOS LA DEJASEN Si tenía que matar al jodido Sohem lo haría con tal de mantenerse al lado de aquel a quien idolatraba… su espíritu comenzó a encenderse y quiso subirse a la baranda, saltar con su amado… MORIR si era necesario… una sonrisa se dibujo en su rostro… —llego la hora de que la bicicleta de carne se ponga en ruedo…— Dijo con voces enredadas erráticas... pero en realidad lo que quería decir era… es hora de sangrar por un futuro mejor… que imbécil.

Drogarse en alta mar era la peor decisión que podría haber tomado. Sintió el abrazo desde atrás… que cojones… se volteo y era su amado… no… no era el, solo se parecía, era… el… como cojones se llamaba? Win?Jon?... da igual. —Sueltbame… briado de juta… damsas dedare das suker assusss sssueedddtde…— Hablo o quiso hablar maldición… segunda base de las drogas vencidas… lengua entumecida, mente adormilada, ideas confusas. Hablar como la mierda. Quiso saltar a la arena, pero demonios una ola de calor le pego tan duro que retrocedió, se cubrió el rostro… era muy intensa… devastadora… mierda… el aire… se le acababa… cayo de rodillas… inevitablemente vomito… salió todo de ella… parte de esa maldita pastilla aun sin digerir completamente… resoplo… las el calor seguía… podía aguantarlo… pero era. Demasiado… NO HIJO DE PUTA NO ME QUITARAS AL UNICO ANCLA QUE ME MANTIENE EN ESTE MUNDO VIVA!!! Quiso decir, pero descubrió que su voz se ahogaba en su garganta, pero daba lo mismo seguro diría otras incoherencias o medio enredadas. Rugió en silencio… clamo al cielo sus estúpidas aventuras de mierda que le habían llevado a esta situación. Su furia comenzaba a aumentar… su espíritu disminuido… era demasiado poder… se asió una vez mas a la baranda… apretó… la madera se rompió finalmente y alzo la vista… la niña ciega estaba con Uker… parecían aliados del enmascarado. Pero cómo?... recordó que había pedido algo de ayuda al par de primates, será que este seria el camino?. Demonios que buena chica era. Y Owen con ellos… Su corazón pareció respirar un poco… las lagrimas de… no identificaba el sentimiento, pero su madre le había dicho una vez que era alivio… su padre. Le había dicho que era la calma antes de la tormenta… LUCHA LUCHA MAKI…. MATALOS A TODOS.!!! Rugió en silencio agotada respirando con tanta dificultad que se desvanecía entre los colores, canciones que se arremolinaban en su cabeza, saco su Tanto… es hora de matar o morir!. Sin un ápice de cuidado… salto sobre la baranda… asfixiada, rota, confundida… hecha mierda… cayo a la arena, pero no podía calcular bien su tanto crujió bajo el impacto y los cortes emergieron… se cortó el brazo y la pierna… ahí de rodillas… intento respirar… trago saliva… no podía alzar la vista… era un verdadero desastre. Se levanto a duras penas… sangrando, agitada, mareada. Jamás abandonaría a nadie.

Play me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
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#29
La aparición de una leyenda viva había hecho salir a las cucarachas. El lunarian no tardó en aparecer, declarando sus intenciones de llevarse sus recompensas, aunque algo le decía que poco iba a importarle a alguien con tanto dinero como el cazador de la máscara blanca.

Los siguientes fueron todos los marines que se encontraban ocultos, concluyendo en que eran un grupo de 5 personas. ¿Habría tenido que enfrentarlos a todos? La balanza no estaba a su favor, su maestro le había enseñado a no meterse en peleas que no iba a poder ganar. Aún así, tenía una tripulación que cuidar, era su responsabilidad, si debía enviarse a sí mismo al matadero lo haría con tal de que su grupo tenga una oportunidad de escapar.

Pero, incluso sabiendo que quien había aparecido era una persona tan importante, no hubiera esperado que le dieran tan poca atención a su llegada. El único que reaccionó fue el marine que los había retado, el rubio que Owen parecía conocer. ¿No habían venido por ellos? Malditos cobardes, nada más que gatitos asustados buscando negociar con una pantera. - Idiotas, ¿Acaso no…? -.

Fue la propia leyenda viva quien los mandó a callar, sin siquiera darles oportunidad a intentarlo antes de activar esa habilidad tan peligrosa. El aire simplemente comenzó a golpearlo con fuerza, con un calor infernal. Detestaba el calor, odiaba esa sensación, pero esto era algo más. El propio oxígeno parecía faltar, su garganta dejó de recibir aire y, por obvias razones, no podía siquiera hablar. Se quedó quieto, observando al tipo que demostraba dominar sobre las hormigas.

Fue la parejita la que se acercó. No podía hablar con su tripulante, ni con la mujer que había dicho amar, solo hubo un gesto con la cabeza, un asentimiento qué buscaba simular un saludo, solo consiguiéndolo a medias. ¿Qué hacían ambos con alguien como Sohem? Era una duda que seguro les preguntaría después.

Si es que todos salían de eso.

Su sorpresa fue mayor en cuanto el brazo mecánico del mismo tipo se lanzó, perdiéndose un momento en la espesa selva, solo volviendo a los pocos segundos, trayendo consigo a otra persona que aún no salía de su escondite. Ese mink, había estado atrapado junto con él y Ashveil en los Cabos Gemelos, teniendo que luchar juntos para sobrevivir. ¿También se juntaba con la marina? Un idiota cobarde, juntándose con aquellos que muy probablemente habían causado todo ese alboroto.

Un sonido a su lado, un ruido seco, casi opacado por el duro ambiente que se había formado. Al girar su vista, pudo ver a Maki, en el suelo, había caído desde arriba, al menos eso pensaba. Se acercó a ella aún sin abrir la boca para no comenzar a toser, pero manteniendo una clara cara de esfuerzo. Quería hablarle, decirle que se quede a su lado, pero simplemente tomó el brazo ajeno y la atrajo hacia él, buscando abrazarla y que se quede cerca. Sintió la sangre ajena, se preocupó por su estado, por el como habían terminado en esta situación. Había ignorado sus órdenes, pero eso no era lo importante, simplemente debían pasar el momento.

Y hacerlo juntos parecía la mejor opción.

Volvió a ver a Gwen y Owen, quienes se encontraban cerca de ellos, juntos. La mujer ciega parecía, aunque estar sin aire como todos, no sufrir el calor infernal que hacía. ¿Cómo lo lograba? Muchas sorpresas, muchas cosas nuevas, no era así como esperaba reencontrarse con Owen.


off
[Imagen: nxACuAB.png]
#30
Calor… No un calor normal, como el que podía hacer en aquella isla a mediodía, era una ola calor tan intenso que era capaz de quitarme el aire e impedirme respirar. A mi alrededor, el resto, salvo por la chica ciega y el propio Sohem, parecían estar pasando por los mismos síntomas que sentía en mi propio cuerpo y que me estaba haciendo sudar debajo de mi oscuro traje.

-Tranquilo… Calmate… Analiza todo y no te dejes llevar por las emociones o vamos a acabar todos muertos. -Pensaba mientras controlaba mis instintos más básicos para, tras ver como Sohem atrapaba con su brazo mecánico a un escondido Krysser, evitar dispararle directamente en la mascara que ocultaba su rostro.


Segundos después, tras el discurso de Sohem en el que dejaba clara la diferencia de poder, pude notar como cesaba la sensación de sofoco, permitiéndome con ello volver a recuperar una bocanada de aire que lleno mis pulmones, permitiéndome ese breve instante para agradecer esa sensación antes de empezar a debatir con el excazarrecompensas mientras notaba como el resto seguía con los mismos problemas. La información siempre será más poderosa que el dinero. – Pensé fugazmente tras ver la reacción exagerada del ahora banquero tras conocer la existencia de la misma, poniéndose violento ante lo que iba a ser un regalo y que iba a contarle de todos modos.

-Hace un par de meses, el día que saliste en la portada de los periódicos de todo el mundo, se abrió la ruta de acceso al Grand Line desde el South Blue. – Empecé, con tono normal y amistoso mientras miraba mascara a mascara a mi interlocutor para ponerle en contexto de lo sucedido. -El Gobierno Mundial aprovechó eso para organizar junto a varios tenryubitos, entre ellos los Saint Tsvetnik, uno de sus, conocidos por pocos, juegos en los que todos los que estamos en esta playa nos vimos involucrados. -Aclaré de forma rápida y concisa, recordando fugazmente cada detalle que me había hecho llegar a esa conclusión que sólo podían escuchar los que estaban cerca de mi, pues seguía manteniendo un tono amistoso y calmado, sin alzarlo en ningún momento. -Como antiguo líder del mejor gremio de cazadores y actual Señor de la Moneda sabes de la importancia de tener contactos. Nosotros ahora somos unos mosquitos a tu lado... pero creceremos y, en el camino mientras te hacemos ganar cientos de millones, podemos ser tus ojos y oídos en esta parte del mundo, informándote como ahora de cosas que nadie más sabe y que el Gobierno Mundial trata de ocultar. – Concluí mientras mantenía la mirada en Sohem, viendo por el rabillo del ojo los movimientos de los piratas y esperando que el actual Señor de la Moneda nos diese luz verde para iniciar la cacería y , pese a que habíamos perdido el factor sorpresa, me veía capaz de acabar con todos ellos.

Solo nos quedaba esperar la decision del tiburón. ¿Cazaría él a todos esos piratas?¿Nos derrotaría a todos?¿Ayudaría a los piratas a escapar?¿Se echaría a un lado para disfrutar del espectaculo que podia ofrecer esa nueva generación? Estas eran algunas de las muchas las posibilidades que había, pero nuestras cartas ya estaban echadas y Sohem era el cruppier de aquella extraña mesa de juego y el que mostraría la siguiente carta.






Pienso - Hablo
Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1782 + 0 = 1782
Energia: 1712 - 21 = 1691
Espiritu: 315 + 0 = 315


Salto de foro:


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