Base de la Armada Revolucionaria, Báltigo
12:00 PM, 26 de invierno del año 17
La noche había sido larga, pero muy fructífera. Había visto muchas caras ilusionadas, otras fascinadas por lo que allí estaba aconteciendo, pero sobre todo, había visto caras resueltas y con la convicción de hacer de este un mundo mejor y más igualitario, lo que era, en última instancia, el objetivo de aquella Armada Revolucionaria. Kisuke era plenamente consciente de que no iba a ser, ni mucho menos, una tarea sencilla o que se pudiese hacer a corto plazo. Algo como dar la vuelta al sistema mundial y liberarlo de unas cadenas que lo oprimían desde hacía tantísimo tiempo, no era cuestión de un par de escaramuzas y dos semanas con cien amigos del barrio, requería tiempo, esfuerzos, recursos y, desgraciadamente, algunos sacrificios, gente dispuesta a dar su vida por una causa tan altruista como la que había encontrado allí. Con una sonrisa prendió un cigarrillo y dio una profunda calada.
"Hoy veremos si los Toros Negros resurgimos como escuadrón... o nos veremos avocados a ser un dueto cómico...kuhahahahaha..."
Estaba sentado en el despacho que le habían asignado, que tenía tras un biombo un amplio camastro bastante cómodo. Apenas había dormido cuatro horas, pero habían sido reconfortantes. Desde primera hora de la mañana había estado revisando informes de muchos soldados para llevarse con ellos, si con los seleccionados accedían, por supuesto. Había cuatro nombres, una capitana mink, que llevaba un tiempo en el Paraíso; un gigante, que procedía del West como él y venía avalado por el propio Sargento Ninel, quien le reclutó para la Armada a él mismo; y dos soldados que procedían del South Blue.
"Sangre fresca para este grupo de viejos rockeros... Será interesante."
Había hecho que les convocasen a los cuatro en su despacho a las doce y media, tras el almuerzo, así como a Panda, que había estado con él revisando los expedientes y los datos junto a él y, como siempre, le había ayudado a tomar su decisión; ahora el Mariscal se había ido, aunque el antiguo pescador no sabía a donde, ni tampoco le importaba, seguramente estaría o leyendo o entrenando esas monstruosas habilidades físicas que ya poseía de por si el peludo revolucionario. Estarían allí unos días más y después partirían al Nuevo Mundo, a Mogaro, donde, por el momento estaban acuartelados y tenían su propio barco, El Grand Prix. Había pasado ya tiempo desde las pérdidas que habían dejado a los dos revolucionarios solos en Mogaro, e iba siendo hora de que se hiciesen cargo de algunas de las nuevas generaciones de revolucionarios. Kisuke tenía claro que sería difícil para ellos, pero tanto el mink panda como él mismo, se encargarían de que se sintiesen acogidos y mejorasen sus habilidades.
"La mink parece muy hábil si ha sido capaz de llegar hasta Water 7 ella sola... Con que Berry... Panda será de ayuda siendo un mink también..."
Empezó a repasar mentalmente lo que había ido leyendo en los informes aunque al final siempre era mejor conocer a la gente de primera mano, pero no estaba de más saber un poco de ellos antes. Sacudió la ceniza con un lacónico movimiento en el cenicero que reposaba sobre la mesa a la derecha de donde tenía los papeles de los que habían sido seleccionados.
"Kelvin... parece un gigante bastante habilidoso para su tamaño, no basa su estilo en la fuerza bruta, lo que es sorprendente y meritorio dado su tamaño... Ninel habla muy bien de él por lo que tendré que fiarme de su capacidad para reclutar... kuhahahaha."
Por último pasó a los dos últimos, Shirohime y Dean, reclutados hacía poco pero que habían demostrado en poco tiempo tener potencial, habría que trabajar más con ellos puesto que eran muy novatos en la Armada, pero confiaba en que tanto él como Panda podrían pulir aquellas pequeñas joyas hasta convertirlos en soldados eficientes y óptimos para la Armada Revolucionaria.
"Interesante que Dean es espadachín.... Voy a divertirme mucho con él...kuhahaha... En cuanto a Shirohime, es bastante una incógnita pero... creo que podremos ayudarla a crecer y convertirse en una buena guerrera... "
Nunca había hecho algo así, era la primera vez que hacía un reclutamiento de este estilo, pero las circunstancias habían sido propicias, y, como le dijo Alhen en su día, esta reunión, además de ser histórica podría ser un momento único por cosas como esta. Recordaba como había con vencido a Zorak para que se uniese en aquella maloliente tasca del East Ballywood, como habían coincidido por casualidad con Panda en Báltigo, la aparición espontánea de Comi en Sabaody o la llegada como refuerzos en la Isla Gyojin de Beto y Oxxy. Definitivamente no habían tenido una situación como esa nunca, y por eso, iban a aprovecharla.
-Sí, hoy es el día, hoy renacen los Toros Negros.
La hora del resurgir había llegado.
información
resumen de turno
Kisuke repasa sus notas antes de recibir a los nuevos miembros de su escuadrón, si aceptan, por supuesto. Es un post de apertura y puesta en situación.
karma
Honesto
Lealtad
Vicio: fumar
Risa excéntrica: kuhahaha
off
Bienvenidos a los Toros Negros. Por favor esperad a que Panda postee porque estaría feo que interrumpiese vuestros post, él debe estar presente cuando lleguéis.
Cuando la reunión terminó y los altos mandos del Ejército desaparecieron para dejar a los comandantes informar a las tropas de los siguientes pasos. Debían reorganizarse y Don Bambú sabía muy bien que esta era una oportunidad única para los Toros Negros. Llevaban años con los efectivos muy bajos, viajando y mejorando como buenamente podían con un grupo de números irregulares. Mogaro debía de convertirse en el astillero más importante del Nuevo Mundo para el Ejército y lo cierto es que la tarea era demasiado pesada como para que Kisuke y Bambú lo gestionaran solos. Necesitaban sí o sí algo de ayuda y también necesitaban transmitir su experiencia y sus conocimientos para que la Revolución pudiera continuar creciendo incluso cuando ellos ya no estuvieran. Si algo sabía el panda, es que la vida revolucionaria puede ser muy breve.
Mientras que Kisuke, en calidad de comandante, tenía asignado un despacho propio con su propia cama y todo lo necesario para realizar las tareas de gestión propias del cargo, Don Bambú se había conformado con una cama más en los barracones de Báltigo. Esto ya de por sí era un lujo, porque había tantísima gente allí reunida que la mayor parte de reclutas habían tenido que compartir cama o turnarse para dormir. La gente le conocía. Esto era algo a lo que poco a poco se había ido acostumbrando. Al parecer circulaban historias del panda y de Kisuke por entre los miembros del Ejército, a veces exageradas, sobre sus hazañas. Cuando caminaba por los pasillos, los reclutas miraban al mink con admiración. Algunos se sorprendían de lo grande que era, otros se lo habían imaginado más grande todavía. Ninguno se atrevió a pedirle un autógrafo, seguramente por la cara de pocos amigos que parecía tener el mink, cuya composición facial en estado neutro de emoción resultaba terrorífica. Don Bambú era, al fin y al cabo, un hombre oso de casi cuatro metros de altura con dientes muy afilados y expresión seria.
Aquella noche durmió poco. La emoción no le había dejado. Cada vez que cerraba los ojos, vívidas imágenes de los cuatro comandantes le asaltaban. La severidad de Vallerie, el misterio que rodeaba a Porco, la gallardía de Kisuke y las bamboleantes pelotas doradas de Ick. La mano del Ejército ejecutando a un traidor en menos de un segundo. Las alas llameantes de la Comandante Suprema...
Se despertó a las seis de la mañana y cedió su catre al siguiente, como todo el mundo, para dirigirse a la cafetería a por un desayuno cuantioso y, después del desayuno, al despacho de Kisuke para tratar el asunto de la reorganización de efectivos. No le sorprendió que Kisuke tampoco hubiera dormido muy bien. La noche había sido emocionante y formar parte de la élite del Ejército debía de ser agotador. Se pasó la mañana con su comandante revisando documentos, informes de desempeño y valorando las capacidades de posibles candidatos a los toros negros. Don Bambú valoró positivamente la incorporación de la capitana Berry a sus filas casi al momento. —Los mink son guerreros fieros por naturaleza, si algún día tenemos una misión de asalto con luna llena tendremos la victoria asegurada. —Comentó alegremente mientras depositaba el informe en el montón de posibles candidatos. Otro prometedor era, ni más ni menos, que un gigante. Don Bambú no era una persona especialmente rencorosa ni tenía tendencia a proyectar los traumas del pasado sobre otras personas. Nunca tuvo problema alguno con Beto, que también era un gigante, y no lo tendría con Kelvin. Resultaba que Kisuke ya lo conocía a través de Ninel. Además, le había visto en la reunión, parecía disciplinado y era ni más ni menos que un sargento. Seleccionaron además a dos muchachos procedentes del South Blue que no tenían rango ni fama, pero que parecían prometedores: Dean, un humano y Shirohime, una kuja.
Tras haber escogido tan variado repertorio, acordaron que convocarían a los cuatro en el despacho de Kisuke después del almuerzo. Don Bambú aprovechó el tiempo libre para volver a la cafetería a tomarse un buen tazón de café con un cigarro. Dedicó la mañana a la lectura de uno de los libros que se había traído de la biblioteca de Mogaro y cuando se acercó la hora de la reunión regresó al despacho con el suficiente tiempo como para llegar antes que los candidatos. —Todo listo, comandante, llegarán en cualquier momento. —Realizó el protocolario saludo revolucionario y se colocó de pie a dos metros a la izquierda del comandante y mirando a la puerta.
Resumen
Me coloco a dos metros a la izquierda de la mesa de Kisuke y espero pacientemente a que lleguen los nuevos fichajes.
El amanecer había llegado a los barracones de la revolución y con el ruido la mink despertó con un largo bostezo. La comida del día anterior había estado buena al igual que la cerveza, aunque la mink no recordaba gran cosa solo una cosa sobre encender las llamas y a una mujer bastante bonita hablando sobre el gobierno. No era fácil recordar todo cuando su mente tenía esos lapsus, tampoco cuando había estado más ocupada comiendo que charlando con otros, porque la zorra a veces podía parecer tan inalcanzable que unos pocos le hablaban. Eso o que era una cabeza de chorlito que tampoco escuchaba a otros por creerse la creme broulette o como se dijese, pero lejos de preocuparse en hacer un monologo interno en su cabeza, con el estómago lleno y el corazón contento Berry se puso a explorar el sitio.
Y explorar significaba abrir cada puerta, cada ventana y cada rincón que sus ojos llegasen a apreciar, aunque hubiesen gritos, le lanzaran tomates o le tirasen con baldes de agua. Su camino fue largo y continuado por las instalaciones, llegando así a una zona de despachos e ingresando a uno con un balde de madera como sombrero que le habían lanzado cuando entró a uno de los cuartos laterales. Fue al levantar el balde que se encontró frente a frente con un mink, uno real, tomenle una foto con él. La zorra olfateó el aire sin prestar mucha atención al hombre sentado hasta mucho después de llegar. Se estiró como un cachorro antes de volver a erguirse asegurandose de mostrar cada curva escasamente cubierta por su ropa interior y el sobretodo de la revolución que llevaba a modo de capa. ¡Adoraba las capas! —Oh disculpen, no debería estar aquí o quizás sí. Uno de los de abajo me dijo que debía presentarme ante alguien pero... mmm... no parecen tener problemas de diarrea. — le habían dicho que un tal señor caga llamas le estaba esperando. — Soy ¡BERRY! Capitana Berry, y acepto unirme a los... — rebuscó un papelito en su bota — Sorgen Sorot... ¡Toros Negros! — declaró mientras hacía el saludo protocolar revolucionario tambien presente en el diminuto trozo de papel.
— Pero no solo soy hermosa, adorable, suave y cuento con un pelo increíblemente genial. Sí, estos tatuajes son reales, de mi tribu, puedo hacerte algunos si quieres. Cuando un mink conoce a otro en mi tribu nos hacemos un tatuaje en uno de los dedos, para siempre tenernos presentes. Ups que me desvío... — se rascó la cabeza antes de aclararse la garganta y seguir con su pequeña introducción. — Soy navegante aunque no lo crean y también una practicante del arte de las patadas, he peleado con piñatas, criminales y seguramente mil cosas más, imposible no haber sabido ds mis hazañas como cuando... Tal vez recluté a alguien ¿Quién sabe? — se quedó en silencio pensando con una mano en su mentón mientras las agujas de un reloj imaginario seguían con un tic tac el movimiento de su cola, finalmente alzó su cabeza para abrir su boca y volver a cerrarla repitiendo la rutina unas doce veces hasta que finalmente habló. — ¿De que hablaba? Oh sí, soy Berry ¡Bwahahaha! y me gusta patear a los malos como esa vez que... — y nuevamente se quedó en silencio.
resumen
Berry llega de casualidad al lugar y se presenta a su modo, además de intentar explicar las razones por las cuales es un excelente fichaje aunque se distrae y termina por perderse en la conversación que tenía con Bambú.
11-06-2026, 05:38 AM (Última modificación: 11-06-2026, 05:38 AM por Dean.)
La noche pasada era una que no iba a olvidar en su vida. Nunca había visto a tanta gente reunida celebrando el hecho de estar luchando por el mismo fin, comprometidos con el mismo objetivo, como si todos los presentes fueran compañeros de toda la vida a pesar de haberlos conocido en esa asamblea. Con el fin de tan entrañable reunión cayó en cuenta de que estaba en una isla lejana de su ya familiar South Blue y sin un plan claro o concreto. Lo primero que se le vino a la mente fue intentar reunirse con Shirohime y Kasui, idea que fue rápidamente descartada, ya que seguía sin tener un Den Den Mushi y no iba a perder el tiempo buscándolos, ya que eso le podría llevar días, era más probable que ellos lo encontraran a él primero, así que decidió buscar un lugar para poder dormir aunque sea unas pocas horas, pues necesitaba tener energías para lo que seguía.
Durmió menos de lo que le esperaba, pues todos los estados por los que pasó en la asamblea no abandonaron su cuerpo, lo que le dificultó el tener la suficiente calma como para apagar el cerebro. Al levantarse hizo un esquema mental en su mente, sobre como empezar a conocer gente e intercambiar experiencias en el lugar, aunque las conversaciones se le daban mal, ahora que tenía a prácticamente toda la revolución al alcance de la mano iba a aprovechar cada momento, pues intuía que una situación así no se iba a repetir en mucho tiempo.
Comenzó a caminar por el centro de la isla, cuando fue interceptado por una persona que no conocía. Lo primero que hizo el desconocido fue hacer el saludo de la revolución llevándose los pulgares a la cien mientras sacaba la lengua, cosa que el albino imitó al instante. Ese saludo era algo peculiar y quizá infantil, pero sin duda lo prefería ante la aburrida formalidad de la marina. -Fuiste seleccionado para pertenecer a los Toros Negros, es una oportunidad única, yo que tú no me lo pensaría - El desconocido le entregó un papel a Dean mientras daba sus primeros pasos para alejarse - Ve hacia ese lugar de inmediato, aunque dicen que el capitán es un poco gruñón - Aquella persona desapareció de su vista más rápido de lo que hubiera esperado. Hubiera querido hacerle algunas preguntas, pero ya tenía una misión y no iba a perder tiempo en llegar al lugar donde fue citado.
El peliblanco era más que consciente que solo no iba a llegar muy lejos, pero también sabía que no tenía las aptitudes ni cualidades para liderar un grupo, por lo que debía unirse a un equipo. Fue ahí cuando pensó en Kasui y Shirohime, seguramente se preocupen por él... o quizá no. Primero quería entender bien qué quería una agrupación como los Toros Negros de él, a partir de ahí ya verá que hace con esa dupla que lo acompañó durante un buen rato en el South Blue.
Actualmente no se consideraba digno de pertenecer a un grupo como ese, quienes eran de los más sonados dentro del ejercito, pero si lo habían convocado es que algo han visto en él. En estos momentos su convicción estaba por las nubes tras la asamblea y sobre todo con las palabras de Elizabeth, de verdad era una oportunidad única como le dijeron hace algunos momentos y no iba a desaprovecharla. A todo eso... un detalle llegó a su mente como un destello ¿Cómo que el capitán era gruñón?
Las indicaciones en el papel eran realmente claras, así que no tuvo tiempo para perderse o para ponerse nervioso por tener la sensación de que se estaba perdiendo. Tardó tan solo unos 20 minutos en llegar al lugar al que había sido convocado y al ver un despacho con la puerta abierta de par en par supo que era momento de entrar. Respiró hondo, inhalo y exhaló unas tres veces antes de atreverse a cruzar el umbral de la puerta.
Al entrar pudo escuchar a alguien presentarse bajo el nombre de Berry y su afición por patear a los malos. Se quedó de piedra al ver en la habitación a una mujer con un pelaje negro y con apariencia de zorro, además de también ver a un panda humanoide, se quedó viendo a ambos en silencio durante unos 20 segundos... A pesar de que en el periódico ya había leído historias sobre ellos, sobre todo del panda, no dejaba de impactarle el hecho de tener a gente de esa raza tan cerca, pues nunca había podido conocer a uno en persona.
Tras salir de su ensimasmiento rápidamente hizo el saludo protocolar de la revolución y comenzó con su presentación. - Buenas tardes a todos los presentes, mi nombre es Dean y fui convocado a este lugar para colaborar con la agrupación de los Toros Negros. - Los nervios de estar ante gente tan importante dentro de la organización estaban comenzando a apoderarse de él, se rascó la nuca con la mano izquierda para intentar tranquilizarse. - Espero ser un aporte para ustedes, yo soy un explorador, conozco mucho sobre la flora y fauna del mundo, si quieren saber algo sobre eso solo deben preguntar. - Soltó un par de risas, lo que le permitió relajarse un poco.
Se imaginaba que ya todos los presentes o al menos los encargados de reclutarlo ya lo sabían todo o casi todo sobre él, así que no iba a perder tiempo en dar muchos detalles sobre su vida o experiencia. - Soy realmente malo con el alcohol, así que si quieren a alguien que los cuide durante las celebraciones, soy el indicado - Sí, seguramente ese dato no estaba en ningún expediente... ¿cierto?
Durante la presentación le dedicó miradas a todos los presentes, pues ya la asamblea había sido algo único para él, pero no esperaba estar ante personas que habían hecho tanto por la organización. Todo estaba sucediendo demasiado rápido por lo que sabía que tenía que andar con pies de plomo, pues sabe que tanto el panda como el líder Kisuke Kageyama han enfrentado y enfrentarán a monstruos que escapan de su imaginación.
Resumen
El día siguiente a la asamblea del Ejercito Revolucionario, Dean se entera que fue seleccionado por los Toros Negros para unirse a ellos, por lo que de inmediato se dirige al lugar que fue citado para presentarse ante ellos y ponerse a disposición de la agrupación.
Karmas
Positivos
• Poder oculto
• Peso pluma
• Curtido
• Ambidiestro
• Dedos de oro
• Cámara lenta
Mientras recordaba los gritos y la emoción del mink conejo no pudo evitar pensar en que era bonito que grite con tanta emoción y amor por la gran señora de la revolución, ya que los sueños o sentimientos como aquel lograban dar vida y color a la historia de una persona. Ella no estaba exenta de eso: Le encantaba, amaba con su corazón repartir la euforia y la alegría de su alma pero hoy no fue la ocasión y menos después de haber presenciado en primera fila una ejecución. No podía tomarse este asunto con tanta ligereza como para ver algo así y después hacer como si nada: Shirohime, detestaba la sola idea de los traidores y alguien que entre sus filas no hiciese más que intentar perjudicar a esa noble causa en secreto le daba arcadas de solamente meditarlo un minuto o dos. Sabía que esa mujer era importante, era más que consciente de ello: Tenía la fuerza y el porte que se esperaría de un líder enfocado en socorrer al público atormentado por las sombras de la desgracia que el podrido gobierno provoca. Y compara su color con el del agua de cloacas. Por eso, aunque la líder no tenía la culpa de nada: No gritó por ella. No hizo más que callar y otorgarle el respeto que como todo superior merecía recibir, y nada más. La causa de esa mujer era justa y la respetaba. Mostraba el respeto y la admiración hacia esa mujer de otra forma que mostrando gritos de ovación y amor.
A veces el silencio dice mucho más. Y ese fue el caso.
No pudo quitarse en ningún momento de la cabeza la imagen y descubrir con qué tanta facilidad se podía arrebatar una vida. Entendió que todos, de algún modo u otro éramos inevitablemente vulnerables y que la muerte era capaz de llegar tan rápido que siquiera hay chance de reaccionar: como le pasó al hombre de camisa blanca. Por eso no tenía demasiadas ganas de dormir o siquiera pegar un poco de ojo: Su amiga, Carmen, estaba de la misma forma. Ambas pensaban y analizaban aquello mientras procesaban la información después de que la asamblea finalmente terminó como correspondía. De manera inevitable, todos volverían a sus lugares y ella no estaba exenta de ello: Contaba con que tarde o temprano regresaría de modo que trató de aprovechar todo el tiempo que pudo para caminar y curiosear, observar el lugar y fascinarse por la estructura del paisaje que sus ojos recorrían. Ahora mismo, el calor recorría la planta de sus pies hasta la cabeza y le fue inevitable tener que mantener la piel expuesta con un conjunto negro en su totalidad mientras su amiga funcionaba como un excéntrico collar. Aprovecharía y miraría todo lo que pudiera sin dudarlo un único segundo: Quizás espiaría alguna otra conversación a escondidas o buscaría a los chicos de los que todavía no recuerda su cara o sus nombres pero sí sus voces. Era la única forma para ella de reconocerlos: Ya que no es que quisiese olvidarlos, es que se emocionaba tanto por los pequeños detalles que restaba importancia a lo demás.
Pasó el tiempo.
Corrió el reloj. Tic, tac. Tic, tac.
Sus pasos avanzaron y de pronto, un hombre le entregó un simple papel en blanco con una dirección clara y hora. No le dijo absolutamente nada más que eso. El hombre vestía unos pantalones negros, botas negras bajas y una remera sin mangas blancas con el peinado hacia atrás y mirada seria. No quiso intercambiar más palabras con ella ya sea por ser de pocas palabras o por que no deseaba interactuar de momento con la rubia, pero eso no venía al caso ahora. Mientras tenía el papel en la mano su corazón se sentía cálido por dentro, estaba emocionada o tal vez nerviosa, ansiosa o algo semejante: No podía describirlo con exactitud. La sola idea de todo lo que pasó le ponía los pelos de punta y por desgracia, por más que lo deseara: No podía calmarse del todo.
Entre sus manos giró el papel de un lado a otro y miró con detenimiento lo escrito.
Una oficina con una clara dirección. Una hora. Y una indicación clara: Asiste. Al ver la tinta y la caligrafía, lo corto y directo del mensaje decidió por una vez obedecer y procedió a meter el papel oculto en su pecho. El calor en esa zona era alto debido a la temperatura corporal natural de la chica, poseedora de un cuerpo envidiable, una cara preciosa y una excéntrica personalidad que mostraba de un lado a otro como si ondeara la mejor de las banderas. Sonrió. La curva de sus labios se pronunció más y más ante la idea de una celebración digna de su talla y por eso no tardó en poner los pies en polvorosa. Movía sus piernas y pisaba con fuerza el suelo en una rutina de ejercicio mientras que sus ojos, azules como el cielo, reflejaban el brillo característico de su mirada cargada de convicción y un alto sueño de algún día llegar a un cargo alto. Por lógica: Shirohime, deseaba ascender en la escala jerárquica. Deseaba estar en el mismo lugar que los grandes y llegar a ser la persona más importante dentro de ese movimiento que tanto revuelo y conmoción causaba a lo largo y ancho del mundo con cada uno de sus actos. Mientras corría, se agitaba. Su corazón latía más y más fuerte al ritmo de una locomotora sin control y el paisaje que sus ojos le permitían ver cambiaba: Poco a poco. Desconocía en su totalidad lo que el destino le iba a mostrar para esta ocasión pero no deseaba perdérselo, sea lo que sea, vaya dónde vaya.
Al llegar, sus manos blancas tocaron el pomo de la puerta de madera y la abrió con la fuerza y rapidez como si irrumpiera en un domicilio al que debió ingresar por medio de una órden, aunque este no era el caso, claro que no, — ¡Ru-ha! ¡Ha llegado la estrella del destino que ustedes tanto ansiaban, mis bellos camaradas de guerra, heraldos del destino y participantes de la historia! ¡Ha llegado la hora de cambiar y de correr! Hacia el cielo... ¡hacia el nuevo mundo de blanco! —, ignoró completamente la calidad y cantidad de personas que habían presentes y se presentó con convicción. A su modo.
Al ingresar con más calma no tardó mucho en dar un giro completo y realizar una exagerada reverencia hacia el frente, independiente de quien esté. Mientras una de sus manos estaba ubicada en el lado del corazón, entonaba, — Su majestad ha llegado para mostrarles el nuevo color de este mundo. —, después recobró la compostura y miró mejor a todos. Sus ojos analizaron muy por encima a cada uno.
Primero empezó con el chico con el que antes entabló relación en los Blues, — ¡Es un placer conocerte, caballero que su cara me recuerda a alguien pero no sé bien a quién! Caballero fragante. Tu valía es más que notada en este lugar. —, pasó a la chica de pelaje oscuro, al verla con detalle se asombró y sus ojos se abrieron como dos platos mientras que su boca se abría de tal modo como si le fueran a entrar moscas de no ser por que la tapaba con la mano diestra, bien abierta y con los dedos extendidos. — Criatura de la noche, doncella bajo la luna. ¡Mis ojos se deslumbran ante tu encanto! Ese canto sagrado que me dice tu mirada, ¡esa fuerza de voluntad y de fiereza interior! ¡Es justo lo que esta lucha necesita! Yo, Shirohime, estaré más que encantada de trabajar contigo para el renacer del nuevo mundo de blanco. Oh, alegría... ¡¡alegría sagrada!! —, una de sus manos fue a su frente cuando su mirada fue hacia el hombre de características animales de un panda. — ¡Gran maestro, gran guerrero de las artes de la guerra! ¡¡Este es un momento histórico para la vida de todos y cada uno de nosotros!! ¡El puño de negro, la oscuridad de la justicia que arrasa con aquel que desee destruir el renacer del nuevo mundo! ¡¡¡RU-HA!!! —, no tardó nada en alzar los tonos y con ello, sus brazos hacia el techo.
El último que quedaba era su comandante.
Extendió su brazo hacia él de forma dramática, — Y por último pero no menos importante, aquel que lucha día tras día y levanta rocas, murallas y es capaz de llevar el toro del cielo hacia el terreno divino. ¡Yo, Shirohime, reconozco tu valía! —, posteriormente se alejó un poco y con un ligero movimiento de cadera puso una mano encima de ella.
— Ah, tengo sed. ¿Alguien tiene agua? —. Finalizó mientras su intenso olor agradable inundaba el lugar.
Resumen
Shirohime fue convocada y asistió sin peros. Al no saber de qué iba trató y le otorgó proezas y hechos a todos los presentes cuando llegó para presentarse, al final pregunta si alguien tiene agua.
La noche que sigue a la reunión hace mella, la exaltación de los sentimientos propios del pequeño gigante quien, pese a su gran tamaño, aún es joven, no ha vivido experiencias como otros, no sabe el amargor de la guerra, no conoce la crueldad del campo de batalla, al menos no en su mayor expresión, es alguien que sabe poco de lo que cubre el mundo, de lo que este puede ocasionar. Sí conoce del dolor de la pérdida, es consciente de la maldad que está dispersa por las aguas y tierras de este mundo, algunas castigadas si atrapadas por aquellos que dicen luchar por la justicia y el bien, otras, avaladas por aquellos que portan el yugo de la sociedad y evitan la igualdad, ostentando el poder, evitando que cualquiera que opine diferente destaque o perdure, eso lo aprendió de joven.
La reunión dejó en claro una cosa al rebelde, que allí hay gente dispuesta a darlo todo por la causa, dispuesta a hacer de aquel un mundo mejor, más libre, más igualitario, pero es consciente de que la realidad golpea fuerte a quienes sueñan sin considerar la misma, ese no es un problema que el gigante tenga, el chico es consciente de que para ese cambio ocurrir, hace falta trabajo, tiempo y esfuerzo. Así como sacrificios, sacrificios que, por lo vivido en la noche, todos allí están dispuestos a tomar.
El muchacho pasa la noche apoyado en un lateral, no duerme, al menos no en cama o camastro, es consciente de su tamaño, es consciente de que hay mucha gente, además, está bastante acostumbrado a dormir en posiciones que realmente no son las típicas, desde pequeño, desde que se quedó solo y viajó en solitario, hasta que se endeudó hasta la médula para pagar su barco.
▻ Tendré que pagar esa deuda en algún momento… ◅ Piensa el joven mientras pule su arma, dando brillo y cuidado al filo de la misma, manteniendo su empuñadura en buena condición, estética y estructural con cuidados diarios.
Al despertar el joven se encuentra descansado, aunque apenas haya descansado y dormido un par de horas, pero fueron pocas horas de buen descanso. Su cuerpo se eleva en sus veinte metros y se encamina hacia la cafetería, si bien su deseo de tomar whisky es fuerte, primero toca desayunar. Le espera un día lleno de novedades y aventuras.
Llegada la hora acude al lugar donde fue convocado, el despacho que le han asignado a Kisuke Kageyama, el comandante del West Blue, el líder de los Toros Negros, quien le había contactado para ofrecerle un lugar en su agrupación. Si bien es una decisión difícil, pues supondría un salto astronómico en cuanto a mares, también es una oportunidad única.
El gigante entra en el lugar, quedando realmente por encima de todos, algo bastante habitual para él, y evidentemente, lógico dada su raza.
⏵ Kelvin Smash… ⏴ Menuda porquería que su saludo sea ese tic verbal que tiene, incapaz de contenerlo, incapaz de controlarlo, pero bueno, es lo que hay.
⏵ Disculpen, como deben de imaginar soy Kelvin, y tengo un impulso ridículo de decir esa coletilla cada que abro la boca. Posiblemente acabe llamando la atención más de lo deseado, pero nada fuera de lo que llama mi altura ya. ⏴ Dice con su voz calmada y profunda, antes de darle un largo trago al whisky que tiene consigo. ⏵ Bueno, el alcohol lo beberé yo entonces. ⏴ Bromea cuando el chico de cabello blanco dice eso.
⏵ También navegante, aprendí para poder moverme, aunque seguramente acabe dedicándome a la artesanía, así como a reparación y modificación de armas, así que posiblemente pueda hacer alguna cosa para los demás. ⏴ Aprovechando que la mink llamada Berry indica su profesión, hace lo propio. ⏵ Aprovecho para informar que en aras de poder moverme cuando crucé, tuve que endeudarme para conseguir una embarcación, aún tengo que pagar la deuda al banco Goldreich. ⏴ Posiblemente una información que haría que le dieran un coscorrón, pero mejor abrir las cartas antes de que lleguen por sorpresa.
Información
Resumen
Kelvin valora todo lo ocurrido, pule su arma y toma un trago de whisky mientras se presenta ante los demás.
Como esperaba de su hermano furro, se presentó en su despacho diez minutos antes de la hora que habían dado a los nuevos miembros de los Toros Negros. Puntualidad de Umi Ressha de la Renf Company, sin lugar a dudas. Sonrió mentalmente al recordar, como siempre, lo rígido y estricto que era consigo mismo con el protocolo militar su amigo mink. El úrsido le comunico, innecesariamente, que estaban al llegar. Kisuke soltó una sonora carcajada por lo formal que estaba.
-Venga peluchito, no me jodas... Nos conocemos desde hace años, no hace falta estar tan tenso... kuhahaha... ¿tienes ganas de conocer a los nuevos? Te apuesto 20 mil a que son todos más raritos que Comi... kuhahahaha...
El antiguo pescador se estiró en su silla y cruzó las piernas ofreciéndole un cigarrillo a su hermano de armas. Unos minutos después, como un vendaval, con un balde en la cabeza, Berry, que tras levantarse el balde de la testa y erguirse, se presentó de una manera un tanto peculiar. Kisuke estaba al tanto de que era una mink bastante excéntrica, y había quedado patente con aquella entrada. Entró en un bucle caótico donde alababa sus propias características físicas, pasando a mencionar que era navegante para terminar hablando de patear a "los malos". Kisuke ser rio fuertemente.
-A ver furrita, que eres un jodido torbellino... kuhahahaha... Permíteme darte la bienvenida a los Toros Negros, Capitana Berry. Yo soy Kisuke Kageyama, el líder de este escuadrón y Comandante del Ejército del West Blue.-sopesó un momento que decir a continuación teniendo en cuenta lo que había visto-No es necesario que te aprendas todo eso, con que te aprendas mi nombre es suficiente.
Dio una nueva calada a su cigarro y se puso en pie, para continuar.
-Tengo entendido que has estado viajando mucho tiempo sola, lo cual es una proeza dentro de un mar como el Grand Line, conozco parte de tus habilidades pero estoy seguro que me queda mucho más por ver, espero mucho de ti.-señaló a su compañero Panda--Para cosas de minks, le preguntas al otro furro, a mi se me escapan aún muchas de las costumbres y hábitos de los mink... kuhahahaha
En ese momento entró uno de los más nuevos en la Armada, el joven Dean. Parecía un tanto abrumado por los minks, de lo cual no podía culparle al chaval el bueno de Kisuke puesto que Panda era enorme y Berry con esa indumentaria tan provocativa y el pelaje negro brillante, llamaban mucho la atención. Kisuke se estaba divirtiendo mucho viendo las reacciones de estos jóvenes brotes revolucionarios.
-No te preocupes mocosillo, que los furros no muerden... a no ser que se sientan amenazados... kuhahahaha.
No pudo evitar que le saliese ese punto gruñón con el pobre chico, le hizo demasiada gracia la cara que había puesto al ver a los dos mink. Trato de proseguir adecuadamente.
-Bienvenido a los Toros Negros Dean, yo soy Kisuke Kageyama y estoy encantado de tenerte aquí con nosotros. ¿Eres espadachín verdad? Estoy ansioso porque me muestres tu "camino de la espada"... pero ya será en otra ocasión. Por lo que se de ti, eres muy diestro manejándote en la naturaleza salvaje, lo que puede resultar muy útil en las islas más agrestes que nos encontraremos a lo largo de nuestro viaje.
Parecía nervioso y comentó algo de que no bebía, aquello hizo a Kisuke sonreír de nuevo.
-Tu tranquilo, el furro y yo bebemos por dos así que nos viene bien tener a alguien sobrio kuhahahahaha....
Se estaba aún riendo cuando entro la otra chica que habían seleccionado, una guerrera de las kuja, que entró diciendo una sarta de sandeces grandilocuentes bastante impresionante. Kisuke en esta ocasión se quedó sin palabras ante el soliloquio que empezó a hacer la chiquilla, era muy joven, y esperó a que terminase de presentarse ante todos los que estaban allí, uno por uno, de una manera muy peculiar hasta llegar en último lugar al propio antiguo pescador, para terminar pidiendo un vaso de agua. Ahí ya Kisuke volvió a reírse ante lo que acababa de presenciar. Estaba claro que aburrirse no lo iban a hacer.
-Lo raro es que no necesites oxígeno en vez de agua, pequeñaja... kuhahahaha.... Pandita, acércale un vaso con agua que hay junto a la mesa una jarra con agua fresca....
Se acercó a la chiquilla quedando a dos metros de ella, tratando de descifrar que pasaba por la mente de aquella muchacha. Había poca información sobre ella y realmente la había seleccionado porque todos eran luchadores cuerpo a cuerpo y necesitaban alguien de rango, y porque debajo de aquel caos que parecía rodearla había un interés genuino y absoluto para ayudar a los demás.
-Como bien sabes, y por eso me has saludado al final, soy Kisuke Kageyama el líder de los Toros Negros. Bienvenida a los Toros Negros tú también. Tus habilidades de tiradora que me han comunicado van a ser de gran ayuda, y tengo ganas de ver que es lo que sabes hacer... pero eso de momento tendrá que esperar, como dije antes....
Había aparecido Kelvin, y Kisuke agradeció que la base de la Armada estuviese pensada para todas las razas aunque los techos altos daban una sensación extraña. El recomendado por Nínel estaba presente y parecía imponente. Kisuke sabía que había sido bastante independiente y, en su grupo, era el encargado de gobernar el barco. Fue el único que hizo una presentación más o menos normal, junto con quizá Dean, aunque tenía un hábito de decir una muletilla. Como los demás, se presentó nombrando ligeramente sus habilidades hasta que al final añadió algo que captó el interés de Kisuke.
-No te preocupes, grandullón... Bienvenido a los Toros Negros, Sargento Kelvin... ¿o debería decir Capitán Kelvin?-hizo una dramática pausa antes de seguir-Me han comunicado que se te ha concedido este rango, así que, enhorabuena-de nuevo hizo una pausa para dar una calada al cigarro-Por otro lado, la persona que me reclutó y que te reclutó a ti, es quien me ha dado referencias tuyas, y confío en su criterio... ya habrá tiempo de que me muestres si mi antiguo superior se equivocó contigo o no... En cuanto a lo del Banco Goldreich, como dije, no te preocupes.
Avanzó hasta ponerse en medio de los cuatro nuevos miembros y se puso muy serio.
-A partir de ahora formáis parte de los Toros Negros. No tengo ni puta idea de como trabajan el resto de Comandantes pero yo sé muy bien como me gustan hacer las cosas. Para mi, y espero que para todos los miembros que han pasado por los Toros Negros, este escuadrón es más que un grupo militar que comparten un objetivo y convicciones. Aquí somos familia, nos ayudamos los unos a los otros y confiamos en nuestros compañeros hasta la muerte. Se que me acabáis de conocer y que estas cosas requieren su tiempo y acciones, no palabras, pero creedme cuando os digo que os ayudaré y protegeré con todas mis fuerzas porque sois mis hermanos de armas ahora.
Cruzó los brazos delante del pecho en un gesto severo.
-Por eso mismo, solucionaremos como una familia tu tema con el Goldreich, aunque sus dueños no nos traen buenos recuerdos... kuhahaha ya os contaremos esa historia... Por otro lado, nos haremos cargo de haceros más fuertes, os enseñaremos todo lo que podamos y estamos seguros de que vais a contribuir enormemente con la causa de la Armada Revolucionaria, como quiere nuestra amada líder Elisabeth D. Kaiten.
Se giró una vez más a Panda.
-Su turno de dirigirse a los nuevos, Mariscal Maximiliano D. Panda.
Kisuke se rio por dentro al usar el nombre completo del mink y su rango para apegarse a la formalidad que tanto le gustaba a su peludo amigo.
información
resumen de turno
Kisuke da la bienvenida uno por uno a los nuevos miembros de su escuadron
13-06-2026, 02:02 AM (Última modificación: 13-06-2026, 02:07 AM por Max D. Bambú.)
Era la dinámica habitual del dúo revolucionario que Panda fuera excesivamente formal con su superior y que a Kisuke le hiciera gracia esta situación. —Honhonhonhon, estoy impaciente por echarles un ojo y curtirlos un poco. Y esa es una apuesta que no me atrevería a aceptar. —Teniendo en cuenta el historial de personajes que habían manejado en el grupo hasta la fecha, lo más normal era que ninguno de los miembros del escuadrón fuera ni medio normal. Si a Bambú le sobraran 20.000 berries sólo tendría que aceptarle la apuesta a Kisuke. Aceptó el cigarrillo que le ofrecía su camarada y lo prendió sin mayor ceremonia, abandonando la tensión de los formalismos y adoptando una postura más relajada. La relajación, sin embargo, duraría poco.
Una mink entró en la habitación con, por algún motivo, un puñetero balde en la cabeza. En cuanto se lo levantó, las miradas de ambos se cruzaron y la muchacha procedió a exhibir su cuerpo como si fuera lo más normal del mundo, agitando algo en el interior del panda. —Cielos, una seguidora de la doctrina de Gol D. Ick. —No podía negar el atractivo de la mink que tenía delante. En ninguno de los informes sobre ella se mencionaba tal cosa, aunque claro, normalmente no era algo que uno pondría en un informe. Berry no parecía saber en qué mundo vivía. Empezó diciendo incoherencias, luego se presentó con un grito y por último procedió a enumerar sus cualidades, mientras lo cual el panda miró de reojo a Kisuke que se estaba riendo a mandíbula batiente. Kisuke le dio la bienvenida formalmente al grupo y le indicó que para asuntos de minks se dirigiera a Bambú. —Oye, que yo no soy un furro. Sea lo que sea eso. —Protestó. —Ah, sí, aquí pone que reclutaste a un tal Juan Plata el Largo. Debe andar por la base, según su testimonio del asunto... —Pasó página al reverso del documento. —Le diste una paliza y le quitaste su perro longaniza. ¿De verdad has visto uno? Dicen que son muy raros... Bueno, da igual. Es un placer, Berry. Mi nombre es Max D. Bambú, puedes llamarme Panda, si quieres. —Concluyó con una sonrisa afilada.
Entonces hizo acto de presencia un humano, Dean se llamaba. De él tenía más bien poca información porque era de los nuevos. Parecía tímido, pero hizo el saludo revolucionario nada más entrar, lo cual agradó al panda. Devolvió el saludo casi por reflejo y escuchó su presentación. ¡Un explorador! Les hubiera venido bien en Isla Chisi, eso desde luego. La flora de la isla era muy peligrosa. Dejó que Kisuke le diera la bienvenida formal y, antes de que pudiera interceder para saludar a Dean, hizo acto de presencia otra mujer extremadamente atractiva. Sin duda ella debía de ser Shirohime, la Kuja. Si Berry era extravagante, Shirohime estaba como una cabra. Se presentó a todos ellos a su manera, hablándoles como si estuviera en una suerte de novela originaria del periodo romántico. Le llamó gran maestro y gran guerrero, lo cual no estuvo mal. Casi pierde la compostura y se echa a reír cuando la muchacha, una recluta como otra cualquiera, decidió "reconocer la valía" de Kisuke. —Caray comandante, si con esto no asciende a Mano del Ejército yo ya no sé cómo se puede lograr tal hazaña. —Llenó un vaso de agua para la muchacha y se lo tendió con gentileza para luego regresar al lado de Kisuke, a su posición original.
Y finalmente apareció el gigante. Kelvin era una mole de 20 metros de puro músculo fibroso. No tenía el aspecto brutal de los gigantes más salvajes, como los que uno podría encontrar en Little Garden, sino que parecía más bien sofisticado, aunque entró diciendo "Kelvin Smash", lo cual no indicaba demasiada finura para empezar. El único medio normal era Dean. A estas alturas uno sólo podría sospechar que tenía alguna clase de degeneración que sabía ocultar muy bien, pero eso sólo podría revelarlo el tiempo. Al igual que Berry, era navegante. Era una profesión muy importante, pero dado que Kisuke era el navegante experto del escuadrón, actualmente innecesaria. También se dedicaba a la artesanía y la reparación de armas. Se cruzó de brazos cuando mencionó al banco Goldreich. No era bueno estar endeudado con ellos, menos teniendo en cuenta quiénes eran los dueños del mismo. Tendrían que solucionar ese asunto rápidamente.
Kisuke les hizo una presentación de cómo eran las cosas en los Toros Negros. En efecto, eran una familia y cada uno de los viejos revolucionarios daría todo de sí para proteger a cualquier camarada. Eso era, quizás, lo que más les separaba del Gobierno Mundial. Finalmente llegó su turno. Había tenido tiempo de intervenir con Berry, pero la llegada de los últimos tres fue repentina y continua. Se aclaró la garganta, incómodo ante la mención de su apellido paterno, pero lo dejó correr porque hay herencias de las que es imposible escapar. —Es un placer conoceros, camaradas y bienvenidos. Podéis llamarme Panda, Don Bambú o Mariscal en combinación con cualquiera de los dos anteriores. Hemos leído atentamente vuestros informes y os hemos escogido no por lo que sois ahora mismo, sino por lo que podríais llegar a ser. —Extendió mientras hablaba su kenbunshoku por toda la habitación. Tal y como sospechaba, los jóvenes del South Blue no tenían ni media torta, Kelvin estaba flojo y Berry, que brillaba con más fuerza que sus compañeros, también estaba muy por debajo del nivel del Nuevo Mundo. —Por mi parte os enseñaré todo lo que pueda enseñaros y os pondré al límite tantas veces como lo podáis soportar. No seré blando y se me da muy mal contenerme, pero procuraré que no haya daños irreversibles, honhonhon. —Tras una breve carcajada para aliviar la tensión que pudiera generar la honestidad con la que el panda se expresaba, sacó de su bolsillo derecho dos caracolófonos, uno normal y otro blanco. —Si tenéis den den mushis os aconsejo que los saquéis para intercambiar datos de contacto de todos los demás. —Los depositó sobre la mesa de Kisuke con delicadeza y aguardó las respuestas de los nuevos integrantes de los Toros Negros.
Datos
Resumen
Escucho vuestras presentaciones y me presento yo.
Haki
Por mero formalismo lo pongo aquí. En cuanto a los gastos ni me molesto en reflejarlos, regenero más de los que gasto por extenderlo por toda la habitación.
Kenbunshoku Haki (Base)
Kenbunshoku Haki
Especial
2 huecos
Información
Requisitos: Nivel 16 • Kenbunshoku experiencia 500
Daño: Ninguno.
Coste: 1 de Espíritu por cada metro de expansión.
Efecto:
Permite percibir la presencia, poder y emociones de seres vivos a un metro de diámetro por cada 1 punto de Atributo de Kenbunshoku Haki, formando una esfera que abarca en todas direcciones.
Enfriamiento:
Ninguno.
Permite proyectar tu Kenbunshoku para detectar el aura o presencia de cualquier ser vivo a tu alrededor. También te permite identificar de manera vaga cómo de poderosos o sus intenciones más superficiales.
Código: kenbunshoku001
Karmas
Risa excéntrica, honesto, lealtad, fanatismo y protector (aunque parezca mentira)
Mientras se mantenía pensando a su alrededor habían ocurrido muchas cosas, primero había llegado un chico bastante tímido a quien solo miró de reojo para seguir pensando, luego una muchacha bastante bonita que sí captó más su atención cuando se dispuso a halagarle de tal manera y finalmente un tipo bastante alto que le impresionó bastante por su tamaño y la muletilla que llevaba aunque antes de poder hablar el señor caga llamas se presentó y con este el otro mink quien ignorando la propuesta del tatuaje le habló de alguien quien al parecer le conocía. — Yo no robo perros, pero el nombre me suena de algo, a lo mejor sí le di una paliza pero si le di una paliza es porque le estaba haciendo cosas malas a alguien y no porque quisiera su perro. Ya bastante tengo con mi cocodrilo. — respondió ante las pruebas que tenía el mink sobre su pasado las cuales no puso en duda o al menos pareció aceptar sin mucho problema. — En cuanto a ti, ¿Quieres que esta guerrera de la luna te refresque? No tengo agua pero no la necesito... — volvió su atención a la kuja moviéndose con su velocidad ya normal en ella para intentar rodearle la cintura con un brazo e inclinar su bonito hocico en dirección a su cara, si algo tenía la mink es que no perdía la oportunidad de coquetearle a nada que se moviese y respirase su mismo aire, además su olfato captaba un bonito aroma cerca de la muchacha.
Aunque no duró demasiado en esa actitud, cuando escuchó que el grandote era de su rango Berry lo asoció con la fuerza, porque en su mente el rango dictaba una escala de fuerza entre los allí presentes e ignorante de como se manejaba sus ojos se clavaron en el gigante con bastante emoción. —¿Capitán eh? Entonces debes ser fuerte, me agrada la gente fuerte ¡Bwahahaha! Pero la muletilla, no sé, ponle más emoción entra gritandola a todo pulmón y golpeando algo. — juntó aire en sus pulmones y extendió sus brazos tras soltar a la kuja si es que esta seguía en sus brazos. — ¡Kelvin Smaaaaash! — gritó para probar su punto, era mucho más épico para ella y esperaba que todos incluido el grandote estuviesen de acuerdo. Su emoción solo se disparó al techo cuando el mink panda conocido como Bambú mencionó algo sobre entrenar, cerró su puño con emoción mientras le observaba como solo otro mink podría entender, ese deseo inherente en su sangre de poder sacar todo de sí.
— Estoy ansiosa de ese entrenamiento, no me importa si debemos golpearnos hasta que uno de los dos caiga, si quiero ser más fuerte incluso más fuerte que toda esta base junta. Luchemos hasta quedar satisfechos señor Bambú y enseñeme como poner mis piernas negras y todo lo que pueda saberse, creo que ambos nos llevaremos muy bien y a lo mejor unos golpes ayuden a mi memoria.— su mirada seguía ardiendo en ese pequeño espacio entre ambos, era evidente que Berry lo veía como un rito de iniciación, algo que venía de su tribu y una promesa que estaba dispuesta a cumplir aunque se le olvidase, luchar contra cosas fuertes le había hecho fuerte y siempre era así pero no recordaba la última vez que se había enfrentado a alguien de su especie incluso podría hacerlo en aquel momento aunque había demasiada gente y podían salir heridos si dos minks de pura sangre decidían chocar con todo lo que tenían.
En su lugar volvió hacia la kuja, esta vez intentando rodearle por la espalda y susurrando a su oído. —¿Entonces aceptas ese vaso de agua o prefieres los secretos de esta guerrera lunar? — otra vez al coqueteo, si Berry había causado alguna impresión seguramente la había perdido al estar más pendiente del coqueteo que de otra cosa más importante. Aunque cuando el panda volvió a hablar sobre intercambiar contactos, buscó su den den mushi sin separarse de la muchacha para dejarlo sobre la mesa tal y como había indicado, casi por obligación porque estaba clara su prioridad en aquel momento.
resumen
Berry se presenta a los demás, responde los halagos con más seducción y deja su den den mushi para intercambiar contactos.
La recepción a su presentación fue mejor de lo esperado, pues nadie se espantó ni dijo nada por su notorio silencio cuando vio a las dos personas con apariencia animal. Aunque nuevamente se sorprendió cuando vio que una conocida rubia también irrumpió en el lugar y como siempre montando un espectáculo que era digno de cualquier monarquía, era una lástima que por ahora su única fiel seguidora fuera su simpática serpiente, sinceramente aún no decidía si aquel animal le caía mejor que la propia Shirohime, pues como se decía en su familia, le sale hasta en la sopa.
- Y yo que pensaba que uniéndome a los Toros Negros me iba a librar de tus discursos... Acostúmbrense a eso, que es exagerada hasta para ir al baño. - Dijo mientras soltaba un suspiro, pues todo parecía indicar que ahora viajarían a todos lados juntos, eso significa que tendrá que trabajar su paciencia. Lo único positivo es que parecía no recordarlo, así que seguramente el ridículo apodo que le puso cuando se conocieron pasará a mejor vida, porque si fuera por él, aquello nunca pasó.
Hoy era el día de las sorpresas pues junto a las dos personas con aspecto de animal que creía haber leído en algún libro de naturaleza que se denominaban como Minks, conoció a un gigante. Ya había visto a un par antes, pero no deja de ser sorprendente ver a alguien que mide más que algunas edificaciones.
Luego de aquello tuvo espacio para poder responder al líder de la agrupación. - Mi camino de la espada no es muy sofisticado ni va con el honor ni esas cosas, yo con tal de poder vivir y ayudar a la causa estoy conforme. - Algunos espadachines que conoció en el pasado se la pasaban dando discursos sobre el honor y el cómo deber ser un espadachín, algo que no conecta en nada con el albino, quien simplemente aprendió a tomar a un arma para defenderse y sobrevivir.
En el discurso de Kisuke, quien dejó claro que a pesar de no conocernos de nada, este grupo comenzará a actuar como una familia. Sin duda le costará acostumbrarse a eso, como bien dijo el capitán la confianza entre nosotros no se dará de la noche a la mañana, al final
Lo que le llamó la atención fue el énfasis que puso en hacernos a todos más fuertes, algo que era completamente necesario, pues ya en el South Blue encontraba rivales con los que no podía lidiar, así que debía dar un salto en sus capacidades si es que quería ser de utilidad, ya que una de las cosas que más detestaba desde que lucha por la causa es el hecho de sentirse inútil e impotente, es algo con lo que tendrá que lidiar y algo que lo motivará a entrenar y a hacerse fuerte, tanto como para poder dar caza a los peces gordos del gobierno, no descansará hasta que eso ocurra.
Miro en silencio el intercambio de palabras y extraño coqueteo entre la rubia y la chica de pelo negro, pero saltó un poco de nerviosismo cuando todos mencionaron los den den mushi, pues ya tenía en consideración comprar algunos, pero siempre aparecía algo más importante y nunca lo hacía, ahora vienen las consecuencias por su tacañería. - Ehm... Si claro... resulta que... No tengo un den den mushi... - Levantó su índice derecho para dar a entender que tenía la solución perfecta - Prometo que saliendo de aquí compraré uno o los que hagan falta, no es que sea tacaño ni pobre... quizá si un poco pobre... pero ya tendré uno. - La verdad es que ya iba siendo hora de que consiga los aditamentos necesarios para su viaje, más ahora que va a emprender rumbo en un grupo que estará expuesto ante el peligro real de manera constante. - Entendido, entonces a partir de ahora te llamaré Don Panda Mariscal. - Impactó su puño contra su palma, como si hubiera descubierto el mejor apodo de su vida.
Con todos reunidos, había una pregunta que no podía esperar, es algo que lleva queriendo preguntar desde que puso un pie en ese despacho, así que apuntó a la chica de pelo negro y no vaciló en su pregunta -Él es un panda, entonces ¿tú eres una zorra? - Al momento en que las palabras salieron de su boca se dio cuenta de lo malinterpretable que fue su cuestionamiento. Y por eso amigos, no hay que decir lo primero que se viene a la mente.
Resumen
Dean reacciona a la llegada del grupo al completo y se une al intercambio de palabras entre todos los presentes, además de reflexionar sobre su unión a los toros negros
Karmas
Positivos
• Poder oculto • Peso pluma • Curtido • Ambidiestro • Dedos de oro • Cámara lenta