[Presente Abs - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas [Viktor]
#1
Venimos de aquí


No podía caber en mí de gozo cuando me enteré de que el mismísimo Viktor Evans decidió aventurarse en la salvaje Risky Red para darme caza con esos marines que jugaban a ser justicieros, ¡panda de mequetrefes! ¿Cuánto tiempo había pasado desde el incidente de Toko? ¿5 años? ¿O eran 6 acaso?  De nada importaba ahora pues, ahora que tenía ante mí al que fue uno de los verdugos de mis queridos y desmantelados Dalton, podría cobrarme finalmente la deuda que tanto tiempo había esperado. Hoy sería él, y mañana el “Héroe”, Joe Joestar. Un shichibukai y un vicealmirante miembro del Zoodiacool… Jawsome! Tener sus cabezas haría merecer la pena todo lo que pude haber perdido. Incluso mi leal Karabine… Era un buen ingeniero y, desde luego, el legado de armas que nos dejó antes de su muerte siempre será recordado.  Lo bueno era que, tiburones como él, eran fácilmente reemplazables una vez que su trabajo llegaba a su fin. Con Viktor habiendo cruzado la puerta de rejas y cerrándose esta - después de que accionara su cierre tras su paso - a sus espaldas, era cuestión de segundos que el espadachín acabara presentándose en la habitación que - con anterioridad - me había dispuesto a vaciar intuyendo la futura invasión. Y así fue.

Cuando al fin llegó ante mí, estando a unos 30 metros de distancia respecto a mi, sonreí macabramente, mostrando mi extensa y afilada hilera de dientes mientras me levantaba del escritorio.- Te has tomado tu tiempo, Vik - Dije con sorna y de forma - falsamente - cercana, pasando a pulsar uno de los botones del mando que sostenía en mi mano derecha no ocurriendo, aparentemente, nada.- Jaw are welcome a mi guarida, espero que te haya gustado el recibimiento y la canción, la he escogido especialmente para ti. - Bromeé, nuevamente, apuntándole con mi arma de fuego, pero simplemente para señalarle, y no para dispararle.- Tenemos mucho de que hablar, pero creo que ninguno de los dos puede reprimir más sus ganas de matar al otro, ¿no crees? - Finalizó, mostrando de nuevo esa sonrisa demoníaca, y tirando el mando al suelo para, seguidamente, pisarlo, rompiéndolo en varios pedazos de forma que quedó inutilizado. En el momento en el que tiró el mando, aprovechó que tenía su mano derecha ahora libre para desenfundar su otra arma de fuego, quedando expectante ante la iniciativa bélica del lupino hombre.

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#2
Atributos Personaje

Las rejas de la puerta del tiburón se abrieron para mi y permitieron mi acceso.
Paré un instante cruzado el umbral. Cerré mis ojos y respiré hondo. Inhalé lento y pronunciado haciendo que mis clavículas y costillas se hincharan, para acto seguido exhalar aflojando mi musculatura y envolviéndome en mi propio aliento.
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Un instante que pasó en un segundo para comenzar a descender hacia el mismo infierno por unas escaleras que, si bien estaban algo iluminadas, no hacían honor al dinero que debía poseer la organización criminal. Tras los primeros pasos en mi descenso, el umbral a mi espalda se cerró y no hubo vuelta atrás. Nunca la hubo, realmente. Pase largo rato descendiendo por aquellas escaleras en el más absoluto y acérrimo silencio. Solo el sonido de mis pasos y mi corazón, tranquilo y resonante, podía escucharse desde mi cabeza rota y llena de alfileres. — Un tonto ve un abismo y teme la caída... — las escaleras terminaron — ... el lobo ve el infierno y comprende que es el único escenario digno para su tormenta. — el jefe hacía acto de presencia.


El lugar, alargado y de varias decenas de metros, estaba totalmente desprovisto de objetos. Nada más que un escritorio sobre el que se sentaba el tiburón y un Den Den Visual que permitía ver el taller previo. Nada más que el jefe para recibirme. Casi era un halago. Casi era adulación. Quizás más que mi enemigo, era mi fan. Mas el tiburón no tardó en enseñar sus dientes y su verdadera naturaleza. Comencé a avanzar con todos mis sentidos sobre el tiburón,
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manteniendo el ritmo firme hacia él, a algo menos de treinta metros de distancia mientras remarcaba que había tardado mucho. ¿Acaso tenía prisa? En mi tierra, los mejores platos se hacen a fuego lento y se toma el tiempo necesario para cocinarlo. Es como mejor sabe. Después, ya cerca a unos veinte metros, dijo que había elegido la canción para mí. — No me conoces una mierda. — pensé, y tenía razón. Sabía que había matado a su subordinado, y nada más. Solo quería burlarse de una manera triste e infeliz de mi mientras jugueteaba con su arma apuntándome con ella, como si fuera de juguete. Finalmente y, conmigo a una distancia de apenas quince metros apuntó que pese a los temas a tratar, ninguno podía esperar a matar al otro, para finalmente pulsar un botón y lanzar un artefacto al suelo, pisarlo y desenfundar una segunda pistola para apuntarme con ella. Paré en seco a diez metros de él, envolviéndolo con mi aura helada. — ¿Prisa? Quizá sea lo único que no tengo. — espeté mirando a los ojos del tiburón, que me superaba en altura por no demasía — Me recibes con discurso tan vacío como tu despacho y un truco barato para encerrarme contigo. — dije con la zurda sujetando la boca de la saya de Shimei Kaeru y dando tres últimos pasos — Lo que no sabes es que no estoy encerrado contigo… — dos pasos más... 


— Tú estás encerrado conmigo. —


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#3
Confiado y seguro,  así era como se mostraba Viktor Evans frente a mi presencia, caminando lentamente hacia mi y con paso firme, sin inmutarse lo más mínimo por que le pudiera disparar en cualquier instante con una de mis dos pistolas, llegando incluso a sentir como un frío proveniente de su cuerpo me invadía mi cuerpo, seguramente proveniente de la fruta que le daba forma a su figura de lobo de las nieves. Me daba rabia admitirlo, pero ese condenado tenía mucho, pero que mucho estilo. Ante mi jawsome monólogo, comenzó a replicar que lo último que tenía era prisa, siendo quizás la paciencia una de sus muchas virtudes, sacando por tierra el recibimiento que le había hecho al vaciar anterioridad mi despacho, catalogando mi trampa y artimaña como un "truco barato". Si él supiera...

Agudicé mi Kenbunshoku Haki, recudiéndolo a 15 metros, conforme Viktor pronunciaba sus últimas palabras, momento en el que todo a nuestro alrededor comenzó a temblar, escuchándose el sonido de varias explosiones fruto de varias bombas que había colocado en varios puntos de la guarida y que, ante todo, había activado al pulsar el botón de mi mando, antes de que lo rompiera. Mostré mi hilera de dientes, con una sonrisa macabra mientras dio una poderosa y veloz zancada hacia atrás - tirando el escritorio y la silla hacia atrás -, empuñando a Sharkando en mi diestra y apuntando hacia Viktor con ella.- ¡The Requin! - Exclamé, disparando la bala explosiva -  una vez que estaba a 15 metros de Viktor - que había en la recámara de mi Sharknado, produciendo una pequeña explosión de 5 metros diámetro en el lugar de impacto que, sabiendo de sobra lo poderosos que era un Shichibukai, estaba claro que no le habría hecho demasiados rasguños.

No obstante, aquel movimiento lo había hecho para ganar momentum y reposicionarme como buen tirador, llegando a detenerme cuando estaba a 30 metros de nuevo de Viktor, estando la pared a mis espaldas tan sólo a 10 metros de mí. En ese entonces, fruto de la explosión, el techo sobre nosotros comenzó a agrietarse y, ¡voilá! desde diversos puntos de la sala, comenzaron a emerger múltiples y torrenciales columnas de agua salada, más de 10, puede incluso que 20, ¡yo que sé!. Y no sólo en mi sala, sino también, desde la propia antesala del taller de armas comenzaría a emerger varios chorros de agua que acelerarían el proceso de llenado. Toda esta destrucción de mi propia infraestructura, terminaría por acabar sumergiendo, no sólo la habitación, sino también la guarida entera, sirviendo de cementerio para todos los seres que no fueran un gyojin.- Veamos si es verdad que no tienes prisa, Vik, ¡SHARKHAHAHAHA! - Solté una sonora carcajada, mientras daba bocados al aire y al mismo tiempo que me disponía a apuntarle con la pistola de mi siniestra al lobo. Con tres usuarios y un solo gyojin en sus filas, pasara lo que pasara, este sería el final de la División 9 y de Viktor Evans.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 14361 + 0 = 14361
Energia: 8915 - 1472 = 7443
Espiritu: 3200 - 142 = 3058
#4
No iba a ser tan fácil.
Si en algún momento pensé que el capitán de los piratas mandíbula, el criminal responsable de los crímenes hacia los Marines que vimos y el superior inmediato de Blackmore iba a rendirse sin más, estaba equivocado. Pero algo había de cierto en sus acciones y es que aunque yo intentaba hacer como que nada más me importaba, había sido plenamente consciente de que el Gyojin había activado algo. No sabía el qué pero, tenía que actuar en consecuencia. Cuando las últimas palabras salieron de mi boca, la zona se estremeció, oyéndose por doquier explosiones lejanas que parecían estar en diversas zonas de la base del tiburón y que, a todas luces, era la trampa que nos había tendido el pirata al saber que veníamos a por él. Sonrió y saltó hacia atrás. — Correr y golpear. — pensé mientras exhalaba un aliento poderoso a la vez que el Gyojin se alejaba de una zancada y yo comenzaba a andar hacia él. Típica estrategia de un pistolero o tirador, ya lo sabía por Chloe. En cuerpo a cuerpo son inútiles y, por lo general, van a procurar saltar y correr para evitar ser atrapados. Pero lamentablemente ya había conocido gente así y sabía como denegar sus herramientas con soltura.

El aire a mi alrededor se condensó y mi aura de hielo creció más y más, haciéndose más fuerte y mordaz, arremolinándose conmigo como epicentro de una tormenta gélida y densa que mordía la piel de los presentes como si de termitas se tratase. A medio salto, el tiburón disparó el arma de su diestra mientras anunciaba su ataque como buen villano. Una bala avanzó hacia mi, impactando en mi pecho de lleno y produciendo una explosión de cinco metros de diámetro que me cubrió por completo y resquebrajó con el impacto parte de las paredes de la sala, permitiendo que el agua comenzara a entrar en ella por el techo y paredes. Mientras Nimda Leyos aterrizaba, yo emergía de la explosión intacto. Mi piel de escarcha, que había preparado con antelación, había servido perfectamente para bloquear su ataque y me permitió avanzar hacia él sin problema. Paso a paso, con una mano sobre Saba y otra sobre Shimei Kaeru, cada una a un lado de mi cadera con un agarre cruzado, hasta posicionarme a veinte metros de él, firme y estoico, mientras el tiburón se reía sobre mi prisa. — Ríndete ahora y será rápido. — anuncié solapando mi frase con el final de la suya, con todos mis sentidos sobre el tiburón, preparado para acabar con su vida si fuera necesario, aquí y ahora, si no cedía en su ataque. Esto tenía que acabar.
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Vitalidad: 12645 + 0 = 12645
Energia: 8755 - 585 = 8170
Espiritu: 4392 - 652 = 3740
#5
Conforme retrocedía para ganar distancia respecto a Viktor, una tormenta gélida comenzó a originarse y arremolinarse alrededor del lupino níveo, convirtiéndose en toda una deidad que aclamaba la tormenta. Aunque estuviéramos en verano, el invierno había llegado a mi vacío y penumbra despacho. No obstante, mi velocidad de posicionamiento era mayor que la que la de su tormenta, permitiéndome llegar a mi punto final antes de que aquella ventisca me alcanzara.

Una vez aterricé y me ubiqué a 10 metros de la pared del fondo, dándole la espalda, Viktor emergió de la explosión, impasible sin titubear y, ante todo, sin ningún rasguño. Sabía de sobra que aquel no era mi mejor disparo, ¡ni de coña! Pero sí que me resultó extraño que no tuviera ni una quemadura aunque fuera en su ropa. En ese momento, la tormenta, finalmente me alcanzó, pudiendo sentir en mis propias y semidesnudas carnes el frío calar hasta en mis huesos, déjandome una sensación que adormecían mis nervios hasta el punto de no poder mover con propiedad cada parte de mi cuerpo aunque mi cerebro de tiburón mandara las órdenes correspondientes. Aquel frío, capaz de congelar hasta el agua que se acumulaba a su alrededor - hasta convertirla en escarcha - era un fastidio, pudiéndome permitir observar cuál era su verdadero alcance. Si bien los chorros de agua que salían propulsados desde las paredes más inmediatas a Viktor se congelarían al instante, formando grandes témpanos de hielo, los focos de las columnas de agua - al tener origen en el techo, a una altura de 70 metros -, seguían estando intactos pudiendo detener parcialmente el avance de la inundación pero no en su totalidad.

Con el agua formando escarcha a nuestros pies, Viktor avanzó hacia a mi, con sus dos katanas en mano, hasta quedar a 20 metros de mí pidiéndome - al mismo tiempo que yo bromeaba sobre su supuesta paciencia - que me rindiera. Aumenté el rango de mi kenbunshoku hasta poder alcanzar la presencia de Viktor, pudiendo sentir como su sed de sangre hacía mi crecía, al igual que cierta prisa por querer terminar con esto lo más rápido posible. Mostré una sonrisa socarrona.- Como digas, Vik-Jaws… - Pronuncié, sin apartar mi sonrisa y levantando mis manos - con ambas armas empuñadas, lentamente -, mientras en el proceso dije.- Shark Tale - Causando que toda la rudeza, poder y espíritu salvaje de mi ser envolviera todo mi cuerpo de tiburón. Mostrando mi repentina rendición, le enseñaría a Viktor mi lado más brillante y oscuro al mismo tiempo. Pasara lo que pasara, el agua acabaría extinguiendo la vida de todos estos perros del gobierno.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 14361 - 2033 = 12328
Energia: 7443 + 44 = 7487
Espiritu: 3058 - 217 = 2841
#6
Algunos idiotas se empeñan en patinar en hielo cuesta arriba. Leyos era uno de ellos.
Tras acercarme a él después de su ataque y, con mi ataque en área abarcando una gran sección de la sala, estaba en disposición de acelerar los acontecimientos. Ya había determinado que solo un acto sería tolerado por mí y era soltar sus armas y rendirse de manera incondicional. Lamentablemente el jefe de los piratas mandíbula había decidido no satisfacer mis deseos. Mientras parte del agua entrante en la sala se congelaba por mi poder, y el suelo a nuestro alrededor se convertía en escarcha pura, el pirata me miraba con una sonrisa burlona y despreciable. Entonces fue cuando colmó mi paciencia y, finalmente, ocasionó que mis filos abandonaran su saya.

El tiburón simuló rendirse mientras decía que cómo yo dijera y elevaba lentamente sus manos. Mas yo sabía que no sería real y, no iba a esperar más para derrotarlo. En cuanto sus manos comenzaron a mover las pistolas hacia arriba, tensé mi tren superior imbuyendo de haki de armamento mis espadas y tiré de ambas katanas, cada una a un lado de mi cintura, en direcciones contrarias desenvainando sus filos en sentido opuesto. El roce de mis filos con la funda sumado a su extrema rapidez provocaron que el acero de las armas se tornara llenos de relámpagos azulados mientras sus filos -blanco y negro- se cruzaran en un corte horizontal único que se proyectó hacia el tiburón a toda velocidad, quizá más de la que podía reaccionar gracias al Hellstorm. La onda de corte electrizada se movió como una centella sonando como un relámpago e impactó en los cañones de las dos pistolas de Leyos, cortándolos y haciendo que quedaran totalmente inservibles. Un pistolero sin armas no vale nada.

Tras esto, en cuanto mi movimiento llegó al punto final de desenvaine, con Saba en mi diestra y Shimei Kaeru en mi siniestra, bajé mi punto de gravedad flexionando mis rodillas y coloqué el filo de Saba apuntando directamente a la tráquea de Leyos, soportando su lomo sobre la muñeca izquierda a la altura de mi hombro con el pulgar sujetando la manga de mi abrigo y dejando a Shimei Kaeru en paralelo al suelo mientras la escarcha de mi tormenta seguía comiendo su piel como una bacteria.


— La cara contra el puto suelo, Leyos. — 

Este era el último aviso. El siguiente lo firmaría con sangre.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12645 + 0 = 12645
Energia: 8170 - 1235 = 6935
Espiritu: 3740 - 302 = 3438
#7
De nada sirvió la defensa que había preparado previniendo su ataque pues, este, jamás estaba destinado a herirme a mi, sino a mis armas. Una vez que endurecí mi cuerpo y lo recubrí además con mi haki de armamento, de las dos espadas de Viktor, junto con su movimiento que cortaba con suma rapidez el propio aire, una centella eléctrica en forma de onda cortante surcaba el espacio que nos separaba a la velocidad del rayo, hasta que esta terminó de impactar en mis dos armas, rompiéndolas de forma completa e irreparable.- ¿Pero qué-Jaws? - Relajé mi cuerpo sin deshacer el Busoshoku. Debía admitir que esa jugarreta por su parte no me la esperaba. Al menos mi haki me ayudaba considerablemente a reducir el daño de su tormenta, aunque fuera un poco. Pero sabía que no podía estar continuamente así. Pero si creía que por haberme quitado las pistolas estaba ya acabado, no sabía con quién estaba jugando.

Conforme comenzó a avisarme de que pusiera la cara contra el suelo y me apuntaba con una de sus espaldas, desde la proyección que tenía del taller de armas podía verse a uno de esos patéticos marines - junto a los caballos malnutridos que teníamos secuestrados - intentando salir de la trampa que les había tendido. Del mismo modo, empezó a sonar una melodía de uno de los radio-cassette que construyó Karabine:


De alguna forma u otra, se tenía que haber activado, pero era fútil ponerme a pensar en ello por lo que, al mismo tiempo, impregnando mis dos brazos del propio agua de mi cuerpo, y antes de que esta fuera congelada por la tormenta que tenía a Viktor en el ojo del huracán, desplacé ambos brazos hacia abajo.- ¡Murasame! - Exclamé, causando que el agua de mis dos brazos se proyectaran en forma de un aluvión de gotas, que fusilarían el cuerpo de Viktor.

El agua se seguía filtrando y acumulando en mi habitación pero, lejos de inundarse, por culpa de la ventisca que iba formando Viktor, todo el agua se seguía convirtiendo en escarcha que se acumulaba a nuestros pies, haciendo que nuestros cuerpos se alzará sobre el suelo debido a la cantidad de hielo y agua acumulada, quedando a unos 3 metros por encima del suelo.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12328 - 1133 = 11195
Energia: 7487 - 796 = 6691
Espiritu: 2841 - 1217 = 1624
#8
Nimda estaba usando todas sus herramientas para resistir. Era evidente que el frío estaba haciendo mella en el tiburón y que, tarde o temprano, sus energías no darían para más. Podía notar como su espíritu iba menguando poco a poco, haciendo uso de su haki para poder resistir. Sabía esto por Sohem, el daño en área es una putada. Pero esta vez estaba solo y podía desatar todo mi poder si lo necesitara sin el peligro de afectar a ningún aliado. Había pocas ocasiones en las que podía dar rienda suelta al invierno de mi corazón y, hoy, Leyos iba a descubrir que el infierno era el lugar más frío que existe.

Una melodía comenzó a sonar por la megafonía de la pantalla que dejaba ver el taller, donde se encontraba Apolo junto a unos caballos. Por alguna razón, el rubio había activado algún tipo de hilo musical o dial de sonido que reproducía una canción rítmica y veloz. En ese instante, el capitán de los piratas mandíbula usó su habilidad Gyojin como ya esperaba que ocurriera. Sus disparos de agua, usando como medio para conseguirla los chorros que brotaban de todos lados. Dejando que esta bañara sus brazos, lanzó desde ambos un ataque a distancia que pretendía perforarme y dejarme como un colador. Sin embargo, era perfectamente consciente de su poder. Pero más consciente del mío. Y si algo había aprendido de mi amigo Joe es que a veces hay que avanzar aunque duela. Así que cuando el tiburón lanzó el agua a gran velocidad hacia mí, pulsé el botón de mi manga a la vez que saltaba hacia él con Saba dirigiéndose a su cuádriceps izquierdo. El dial de mi espalda, acoplado por el genio del Goldreich, Shoto Data, desató un pulso de poder que me propulsó a velocidades supersónicas hacia Leyos. Disparado como una bala, atravesé los disparos de agua, recibiendo varios impactos en hombros, pecho y piernas, haciendo que sangrara levemente. Mas el dolor no iba a frenarme y, cuando estuve delante del tiburón, lancé la estocada con la nívea espada a su pierna, ensartándolo y empujándolo, viajando con él hasta que chocara con la pared y quedando anclado con ella.

— ¡WOOO! — grité de emoción, soltando la espada anclada en su pierna mientras la música sonaba. Estaba contento por estar tan por encima de mi rival, al menos por ahora, tanto que, ver a Apolo bailar en la pantalla me motivo a seguir sus pasos y clavé a Shimei Kaeru a mi siniestra.


Agarrando mi abrigo con ambas manos, lo cerré enérgicamente hacia el centro de mi pecho y después sacudí con la zurda la escarcha de mi hombro derecho tres veces rítmicamente, para después hacer lo mismo con la diestra golpeando mi abrigo hacia atrás y dar un pisotón al suelo con la diestra y sacudir así el pantalón. Recuperé a Shimei Kaeru y me acerqué ligeramente a Leyos, a un metro, enganchando mis pies en uno de los recovecos del hielo generado bajo nosotros y, flexionando desde los tobillos, me incliné antinaturalmente hacia el tiburón hasta coger de nuevo mi arma y extraerla de su carne, dejando que la sangre que brotaba de su herida se congelara en el acto por el efecto de mi tormenta. No obstante y, aunque estuviera disfrutando del combate, era consciente que si mi habitación se estaba inundando, era posible que las demás también. Haber visto a Apolo por la pantalla con los caballos me hizo caer en la cuenta y decidí que era el momento de terminar con esto para poder ir a ayudarles. Se lo debía. Di tres pasos hacia atrás y reduje la intensidad de mi Kenbunshoku, listo para hacer la última jugada contra el tiburón.


— Fin del juego. Le llevaré tu cabeza a Joestar y nos haremos un collar con tus dientes. —

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12645 - 2588 = 10057
Energia: 6935 - 959 = 5976
Espiritu: 3438 - 252 = 3186
#9
Como un pepino. Viktor salió volando hacia mí como un pepino conforme desataba una de las artes marciales del gyojin karate.- ¡IMPOSIBLE-JAWS! - Exclamé, exaltado, cuando vi desaparecer al Shichibukai ante mis ojos, siendo incapaz incluso de poder sentirlo con Kenbunshoku. Lo que si sentí fue como el lobo albino, una vez que estaba ya abalanzado sobre mi, me asestó una estocada en mi pierna izquierda, dejando clavada una de sus katanas en ellas. El impulso que había tomado el aliado de la división novena era tan potente, que gracias a este, tanto Viktor como un servidor nos vimos desplazados hacia atrás, hasta el punto de que mi espalda impactó de lleno en la pared del fondo.- Tch. - Chasquée la lengua, al tener tan cerca de mi al lobo respecto a mi. Esto no era bueno.

Miré entonces hacia mi pierna izquierda, ensartada por su katana de pulcra e inmaculada, viendo como la sangre fluía brevemente hacia el exterior, sintiendo como el calor de mi interior se escapaba, y como ese calor se congelaba por el frío de la tormenta propiciada por mi oponente. Por si fuera poco, la sangre que brotaba a través de las distintas heridas del cazador, hacía que mis sentidos se diluyeran abruptamente, sacando mi lado más primitivo y más feroz. Mis pupilas se dilataron, hasta el punto de que mis ojos se cubrieron por completo de negro y, del mismo modo, todos mis músculos se acentuaron, fibrándose más que nunca y dándome de un poder inconmensurable. La furia me invadía y corroía todo mi ser y, con ello, no iba a dejar que mi objetivo escapara con vida de aquí.

Viktor empezó a bailar, casi en plena coordinación con el pelele de la marine que salía danzando por la retransmisión de mi Den Den Visual. ¿Encima se burlaba de mí? ¿No me consideraba lo suficientemente amenazante como para prestarme atención? Una sonrisa desencajada se dibujó en mi rostro, pasando recubrir todo mi cuerpo en Busoshoku, mitigando el daño de la tormenta, y a separarme ligeramente de la pared, quedando a dos metros de distancia de Viktor, una vez que se separó de mi tras extraer el arma de mi pierna.- ¡MEGALODÓN! - Vociferé, mientras Viktor pronunciaba su amenaza, cubriéndome de un manto de agua que lancé con mis dos manos, realizando un ataque similar al Murasame pero mucho más letal y feroz. El aluvión de balas, a penas llevaba recorrido 1 metro, se transformaron en tiburones asalvajados que comenzaron a asaltar y a ametrallar el torso del lupino níveo, causando que sus múltiples hemorragias ya causadas empeoraran. El daño descomunal fue tal que, del múltiple impacto de mis proyectiles, Viktor se vio alejado algo más de 20 metros de mi. - ¡SERÉ YO QUIÉN CUELGUE TU CABEZA EN UNA PARED, VIK! - Grité con algo de retraso, ante su provocación

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11195 - 3449 = 7746
Energia: 6691 - 2585 = 4106
Espiritu: 1624 - 1217 = 407
#10
Después de mi “baile” -si es que se le podía llamar así- Leyos reaccionó. El tiburón olió la sangre y, decidió que era el momento de que no solo él sangrara, si no yo, y profusamente. Recubriendo de nuevo todo su cuerpo en el haki de armamento, haciendo que se redujera la potencia de mi tormenta en su piel, realizó un nuevo ataque, esta vez desconocido para mí. Tras separarse de la pared de manera leve, el capitán de los piratas mandíbula se posicionó a dos metros de distancia mientras lo amenazaba y pronunció su ataque mientras, recubierto en su totalidad de agua, lanzaba un golpe con ambas manos que proyectaba la masa de agua que lo envolvía a toda velocidad, convirtiéndola en pequeñas agujas en forma de tiburón que impactaron en todo mi cuerpo como una ametralladora. El dolor fue indescriptible. Era casi como si un banco de pirañas hubiera decidido desayunar de mi cuerpo. La potencia del golpe fue tal que, aunque no me desconcertó, me hizo volar hacia atrás a toda velocidad, elevándome un par de metros en el aire y lanzándome algo más de veinte metros hacia atrás, en dirección al centro de la sala, donde el escritorio estaba. Durante el vuelo, aproveché la inercia e incliné mi cuerpo hacia atrás para girar sobre mí mismo y al aterrizar, clavé a Saba en el suelo para frenar el empujón hasta detenerme por completo, agazapado y con el torso orientado al suelo.

Tosí y de mi boca de lobo nació la sangre. El suelo bajo mis pies, congelado por mi hielo, se tornó en hielo rojo carmesí por mi propia sangre, que bañaba el lugar haciéndome perder sangre a gran velocidad. Me erguí enfundando mis dos espadas y observé a Leyos durante un instante para, acto seguido, dar un paso atrás con la zurda, bajar mi centro de gravedad flexionando mis rodillas y cadera, y llevando mi diestra a Shimei Kaeru. Concentrando todo mi haki de armamento en ella, ennegreciendo su filo más si cabía, con toda la intención de usar mi mejor técnica y el rayo que dominaba. — ¿Sabes algo, Leyos? — dije mientras lo observaba, cargando todo mi poder para un último ataque letal. — Para ti, soy el plato principal. Has hecho todo esto por mi. — dije apretando la tsuka de mi espada legada y desenfundé descargando todo mi poder. Toda la sala se llenó de líneas que parecían haber paralizado el tiempo, blancas y azuladas, repletas de relámpagos provenientes de mi acero. El vacío creado por el corte era ensordecedor y solo podía escuchar mi respiración y latidos mientras enfundaba a Shimei Kaeru en su saya, frente a mi vista, lentamente, como una eternidad.


— Para mi eres otro puto día en la oficina. —

[Imagen: 3dCJxul.gif]

Cuando el clic sonó y mi espada se selló, los cortes se sucedieron en el cuerpo de Leyos. Cada línea era un corte que despedazó la carne del tiburón, arrojando sangre de gyojin a todos lados mientras yo me elevaba victorioso. Con él derrotado, comencé a acercarme lentamente hasta posicionarme frente a su cadáver donde, con un tajo certero de Shimei Kaeru, separé la cabeza del tiburón del cuerpo y me agaché a recogerla para, atarla a mi cintura con el Santoral, el cual llevaba oculto en mi abrigo. Era casi poético que la cabeza del amo terminara en mi cintura amarrada con la correa del perro. Casi poético.

Entonces, miré la sala y la puerta, había que salir de aquí. Tenía que encontrar a los demás y buscar como salir de esta trampa mortal. Antes de que fuera tarde.


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off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 10057 - 4452 = 5605
Energia: 5976 - 2253 = 3723
Espiritu: 3186 - 27 = 3159


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