[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver
#51
Hace algunos minutos...

Partí el cuello de aquella quimera pingüino, el más duro de todos los contrincantes que habían bajado a por mi en ese nivel. El hombre jabalí yacía ensartado con las patas del mono extraño, quien se desangraba sin poder desplazarse. La maza del jabalí había servido para aplastar al guardia babosa, y ahora el pingüino veía su final tras una batalla en la que me había puesto contra las cuerdas, pero de la que no salía especialmente herido, aunque si algo cansado. Esto quitaba de en medio a cinco enemigos que podían poner problemas en la fuga y su desempeño, y nos facilitaba bastante las cosas. Entonces un estruendo y un grito parecieron indicar que la batalla al otro lado de este lugar llegaba a su fin, mientras yo me erguía jadeando y miraba en esa dirección secándome algo de sangre de la boca con la manga del brazo izquierdo.

Cuando Steiner dio el golpe de gracia y acabó con esa bestia, pensé en que quizá sería una buena idea usar su apariencia para poder desbaratar las tropas de Impel Down desde dentro y con su confianza, así que me dirigí hacia él. Pero lo que sentí al llegar fue cuanto menos desolador. Aquel hombre arrodillado sobre el gigante, con un aura mutilada sin brazo, lo había dado todo por tratar de parar aquella bestia. Su estado era deplorable, y el mayor problema de todos es que le faltaba un brazo... pero era mi mejor carta para salir de aquí, y no iba a ser la primera vez que enfrentaría dificultades técnicas con la ausencia de algún miembro. Había sido tantas personas ya.

Así fue como de un poderoso salto impulsado con mis alas me lancé, aprovechando estar oculto bajo el velo de la nieve del nivel cinco, para emerger de la tormenta como una exhalación y tocar con mis dedos las sienes del rostro del derrotado guardián, copiando su apariencia en el acto, y conectando de seguido un rodillazo doble contra su rostro que lo dejó fuera de combate al instante y lo bajó de encima del gigante, y a mi con él por la inercia del golpe. Sentí como su aura se estaba apagando lentamente, y sin dilación ni espera agarré su cuerpo inconsciente y lo lancé contra el gigante, quedando oculto entre su cabello cayendo por su cuello — Hay que darle mucha caña a algo tan grande para que ya no se pueda levantar más... — dije sacudiéndome las manos, y sonreí — ¡Eso dijo ella! — y llevé mis dedos a mi rostro



Me sacudí el polvo de la nieve de encima con mi ahora única mano mientras observaba aquel gigante en el suelo y los despojos junto a él, sangrando profusamente por el brazo arrancado y por el ojo perdido — Mmmmm — murmuré mirando la enorme espada clavada en el cráneo del gigante — Tendría que haberla bajado conmigo...  — añadí, trepando a duras penas sobre la cabeza para poder extraer la espada con dificultad y volver a descender con ella. El rastro de las pisadas del jefe de la prisión aun seguía marcado en la nieve del nivel, y este dirigía directamente hacia la zona de acceso de las escaleras. El mejor atajo posible para salir de este infierno helado y volver a unirme a la batalla... y no tenía mucho tiempo si quería que las cosas saliesen bien.




En la actualidad


Para cuando Tucrow terminó con su rap, las puertas comenzaron a abrirse y mostraron tras ellas sólo a dos personas: Aspros, la Reina de los Okama, y Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero, el protagonista de esta fuga.
Todos se pusieron tensos en ese instante, y mientras recubría mi espada con haki de armamento haciendo acopio de todas mis fuerzas, di un paso adelante y cargué con todo el peso de mi cuerpo con el filo en ristre, mientras el sonido de una pluma sonaba en la habitación, hueca y muda por el momento, delatando el inicio de mi ataque.

— ¡CERVANTES CROSS! —

Grité, y clavé la inmensidad de mi hoja en la espalda del Almirante Tucrow, perforándole desde la espalda y saliendo el filo por el estómago propinándole un tajo inmenso y soltando mi espada tras el ataque. Balanza equilibrada.

— ¡Qiqiqiqi! —


Reí mientras, fruto del agotamiento de mi forma actual como Steiner, y al drenar toda la energía de este cuerpo, el poder de mi akuma no mi desaparecía y me devolvía forzosamente a mi apariencia real. Un regalo de la fortuna, pues si no, al no tener brazo como Steiner, estaría atrapado en esa forma hasta que cayese inconsciente. Pero hoy no iba a ser el caso, y la apariencia del noble y bueno Jefe de la Guardia de Impel Down me había abierto las puertas para llegar hasta este lugar y conseguir cambiar las cosas hasta este punto. No había sido un golpe especialmente letal, pero había sido suficiente como para decantar las cosas a nuestra favor y sorprender a aquel trío de monstruos que, de no estar yo aquí, habrían vapuleado por completo a mi hijo y su valiente compañero — ¡Sal de aquí Yoji! ¡Te compensaré todos los años que no estuve! — grité con determinación agarrando de la nuca a Tucrow y lanzándome a golpear con el otro puño hacia la que había visto antes, hermosa calva brillante de Imsiul. Iba a enfrentar a esos dos hasta la última gota de mis fuerzas si con eso conseguía que mi hijo volviese a mirar la luz del sol directamente.
Porque mi revolución era la libertad. Y la libertad de mi hijo traería el amanecer del mundo.

— ¡¡PAPÁ ESTÁ AQUÍ!! —


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#52
— Mmmmmm, no parece que vaya a moverse —comenté ensimismado a Yojimbo, deslizando mi índice por la lámina de hierro.

Miss Pink Prada se mantenía en el aire agitando sus alas con parsimonia; pareciese incluso que volase a cámara lenta. Aún apostado sobre su lomo, reflexionaba sobre nuestro siguiente movimiento. La anterior puerta, considerablemente más pequeña que esta, había caído ante el esfuerzo conjunto de 4 personas, pero ahora…

— Ahora…ahora… —había deslizado mi atención de la puerta a Yojimbo, para después posarla súbitamente sobre algo que llamó poderosamente la atención: aquel abominable pero provechoso ser caracol. Parecía haberse escondido entre los pliegues de la ropa de Yojimbo, acompañándonos en secreto durante todo el viaje de ascenso por la prisión—. Ahora… ¿qué?

[Imagen: 7srat6.png]

Con total despreocupación y tedio, el ser reptante se coló por la rendija inferior del grueso portón. ¿Nos había abandonado a nuestra suerte?¿Iba a hacer algo para ayudarnos?¿Aceptaría una participación del 50% en un negocio de dermatología estética? Todas preguntas vitales, si me preguntáis.

— ¡Tu cuerpo es mío Sasuke! ¿Me oyes? ¡MÍO!

De pronto, una fuerte ráfaga de aire desestabilizó el etéreo vuelvo de Pink Prada, haciendo que me aferrase abruptamente a su cuello para no caer al suelo. Todas las puertas del nivel, al unísono, se abrieron con un fuerte estruendo, seguido de un instante de perpleja sorpresa. Después, el descontrol. Pero no pude centrarme en otra cosa que no fuese el enorme portón que, con un fuerte quejido, se había abierto ante nosotros. Una luz poderosa, un fogonazo intenso, hizo que alzase mi brazo instintivamente para proteger mis ojos del súbito flash.

Tres figuras, una barrera inquebrantable.

Bajé mi brazo lentamente, mis ojos se fueron adaptando poco a poco a la iluminación que radiaba desde el vestíbulo. Allí plantadas, tres personas cuya aura hablaba por sí sola, sin necesidad de haki. Tres personas que…— Espera un segundo, ¿tres? —descendí con la mirada hasta llegar al suelo, donde un pequeño ser se imponía con fuerza, sin ser más alto que la suela de la bota de su coloso compañero de mente despejada. Era un ser tan pequeño que incluso a esa distancia no podía distinguir con claridad su rostro, pero si la horrenda fuerza que emanaba. Junto con el gigante, el peliazul y el caballero, se imponía en nuestro camino con cero intenciones de apartarse—. Ah… pues cuatro.

Antes de poder mediar palabra, uno de ellos, el caballero cuya armadura relucía como el sol, atravesó con su enorme espada a otro de sus compañeros. Caos. Caos y una característica risa que me arrancó de la sorpresa. Caos y un padre desesperado por salvar a su hijo. Un caos que había que aprovechar.

Me solté del cuello de Pink Prada, me incorporé sobre su lomo y me propulsé hacia el pequeño ser. Contaba con que Yojimbo hiciera frente a aquel coloso y que su padre se encargara del peliazul, por lo que mi destino ya estaba dibujado. En el aire, giré sobre mí mismo, junté mis pies, sumergidos en aquel característico brillo negro, y me abalancé contra el rostro del pequeño ser, dispuesto a darlo todo para que el capitán volviese a ver la luz del sol.

— ¡¡Keri Pointe!!

A su vez, Miss Pink Prada emprendió el vuelo hacia la cabeza del gigante, blandiendo su filoso pico con la intención de dañar el rostro del imponente carcelero— ¡Recordadme como una heroína! ... ¡¡VGS!! —batía con fuerza sus alas, propulsándose hacia su objetivo— ¡¡VUELO GLAMUROSO SUICIDAAAAAAAAAAAAAAAA!!

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[Imagen: rvCfBMF.png]

❝

¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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#53
No parecía que la puerta se fuera a abrir por más patadas que le diera, pero debía seguir. Sorprendentemente, el olor de la brisa marina se colaba por debajo de las rendijas de aquella última frontera que nos separaba de la libertad y era un olor maravilloso. Era una sensación tan grande que se podía incluso saborear, pero notaba pequeños granos de arena entre los dientes y su crujir al masticar. Estábamos tan cerca que comenzaba a desesperarme.

-No… -contesté a Aspros mientras le daba otra patada a la puerta -... me -continué al mismo tiempo que le daba otro golpe sin éxito -... digas.

Y, pese a dar tres patadas más a la puerta, eso no se abría; mi glamuroso amigo tenía razón, otra vez. Apreté los dientes frustrado, pero entonces noté algo moverse entre mi ropa y no me alegraba de ver a nadie en ese momento, así que me sorprendí y pegué un pequeño salto hacia atrás de la impresión. De un pliegue secreto e íntimo de mi uniforme de preso apareció el caracol mágico.

-¡Eh, has estado aquí todo el tiempo!

Parecía molesto por tener que hacerlo todo y, tal como apareció, se fue, ignorando por completo los gritos de mi compañero. Ese caracol me liberó de las cadenas y ahora nos estaba abriendo el camino hacia la libertad, a nosotros y por lo visto a todos. Un fortísimo estruendo retumbó por toda la galería, era el sonido de cientos de celdas y puertas abriéndose al unísono. Arrugué la frente e intenté mantener los ojos abiertos mientras el portón que teníamos delante se abría, proyectando sobre nuestras pupilas una luz cegadora. Poco a poco nuestros ojos se fueron adaptando a la luz hasta que pudimos ver cuatro figuras frente a nosotros. Un tipo calvo muy grande, un enano con peluca, un playero con gafas de sol y el cabronazo de huevos gordos que se tiró de cabeza a por el gigante.

No hacía falta haki de ningún tipo para darse cuenta de que si estaban ahí, tan cerca de la salida, estos tíos eran los más fuertes de la prisión. O al menos los que mejores herramientas tenían para pararnos los pies. Me crucé de brazos y me dispuse a atacar cuando pasó algo inesperado, el espadachín de la armadura plateada apuñaló al tipo de las gafas de sol y comenzó a reír, de forma muy característica. En un abrir y cerrar de ojos, el guardián de la armadura reveló su verdadera forma, era mi padre infiltrado. Al momento me pidió que me fuera, que era su momento de pagarme de alguna manera por su ausencia. Quizá no había contado con esto, pero yo no era como él.

-¡Kikikiki! -reí mientras comenzaban a brotar de mis hombros aquellos brazos con los que había terminado de destrozar la puerta del nivel desértico. Pero debía ir más allá; no había entrenado lo que estaba a punto de ocurrir y quizá por eso no estaría tan perfeccionado como me gustaría, pero debía hacerlo. Esto iba a ser un entrenamiento en directo. Al mismo tiempo que los brazos que brotaban de mis hombros se entrelazaban entre sí para generar unos nuevos, un segundo latido retumbaba dentro de mi caja torácica. No tenía ni idea de gestionar lo que estaba ocurriendo, pero no tenía opción. Un dolor agudo me hizo vomitar sangre, pero sonreí porque lo había conseguido, lo podía sentir; esto era la Cadencia Esmeralda, un acto suicida que revolucionaba mis latidos como una locomotora. Pero lo mejor estaba por llegar. Había algo más al límite, una forma tan radical que desdibujaba la realidad y desafiaba la lógica. Un poder que me convertía en un monstruo.

Mi piel comenzó a enrojecer súbitamente hasta adoptar el color de la arcilla roja, crecieron cuatro brazos más en mi cuerpo repletos de protuberancias afiladas, como huesos astillados, dos de ellos nacieron del dorsal derecho y los otros dos del izquierdo. Mi rostro se deformó ligeramente, la frente se ensanchó al igual que mi mandíbula, los dientes se convirtieron en fauces y de las sienes se alzaron dos cuernos recubiertos de mi propia piel. Los ojos cambiaron, tornándose oscuros y sin iris, dejando a la vista una pupila de color ámbar. De mi cabeza brotó una corona de ojos cerrados, que se abrieron al unísono y a mi alrededor llovieron pétalos de cerezo que ardieron en llamas.

[Imagen: eH3IOli.jpeg]

Esta era mi forma definitiva, el Pacto de Azufre, y en cuanto mi padre gritó “Papá ya está aquí” salí disparado como una exhalación hacia el señor calvo y enorme, no a la altura de su cara, un par de metros más abajo, iba hacia su plexo solar. Diez metros nos separaban, pero con avanzar cinco llegaba de sobra, pues mis brazos ya medían eso. En cuanto estuve lo suficientemente cerca, liberé mi espíritu con fuerza homicida y, girando en vuelo levemente la cadera, cargando el golpe desde mi hombro, le propiné con la siniestra un fortísimo Tierra Dorada en el pecho al señor del mostacho, que lo lanzó volando varios metros hacia atrás.

-¡¡Eso dijo ella!! -grité, dándome cuenta al momento de que quizá la broma seguía sin encajar.

No debía bajar la guardia, intentaría retener a ese capullo para que mis nakamas ganaran todo el tiempo posible.

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#54
La puerta cede con ese chasquido metálico tan concreto de los pernos metálicos reforzado retirándose de su cerradura, un sonido que no debería producirse jamás fuera del calendario de mantenimiento programado para cada 10 años para dichas puertas, y antes de que la hoja termine de abrirse del todo ya sé a quienes esperar del otro lado de la puerta por pura lógica y gracias a mis muchos años de oficio que me han llevado a la cúspide de mi carrera. Al frente esta aquel insulso que ha osado infiltrarse en mi prisión, con esa melena verde peinada con un estilo tan marcado que es capaz de hacerme levantar una ceja ante semejante muestra de desfachatez y descaro al decoro capilar, y junto a él el recluso del nivel 4 Yojimbo, cinco metros de altura y una melena blanca que luce como si llevar el cabello así fuera motivo de orgullo y no la falta de aseo personal más flagrante, además de querer escapar de prisión, por supuesto. No le dedico a Aspros ni una décima de segundo, ese hombre puede esperar su turno en mi lista, y clavo la mirada directamente en Yojimbo antes de que haga ningún movimiento – “¡Denied!” – grito, y la voz me sale en una mezcla de indignación y satisfacción que sólo produce por fin tener algo bajo control después de una noche entera perdiéndolo, mientras ejerzo una presión como una onda invisible que se extiende hasta el objetivo alado en quien tengo clavada mi mirada, y veo cómo los músculos de Yojimbo se bloquean de golpe, atrapado en su propio cuerpo tan quieto como una de mis columnas bien cuadradas – “Les repito” – me dirijo a ambos soltando un ligero eructo – “nadie va a escapar de esta cárcel” – añado, sosteniéndole la mirada con las manos ya cruzadas a la espalda por pura costumbre, tachando mentalmente el problema de la lista antes incluso de que se convierta en problema de verdad, y por un instante, sólo por un instante, casi disfruto la sensación, casi me dan ganas de sacar el peine y celebrarlo con una pasada rápida por el lado derecho de mi demicalva.
 
Ese instante dura poco, lamentablemente, pues el infiltrado de pelo verde empieza a hacer una serie de descoordinados movimientos que terminan enviando aquel enorme flamenco que claramente era producto de una akuma no mi, mismo que impacta sobre mi envergadura llegando a manchar mi uniforme, pero sin hacer poco más. Un intento tan lamentable de ataque que me rememoro a la vez que me ofrecieron un café instantáneo en una visita al archipiélago Sabaody, ese café había sido igual de desabrido. A la espera estaba de que Nicholas y Steiner capturaran a aquel infiltrado cuando algo me golpea de lleno en el rostro haciéndome perder la concentración que tenía sobre el recluso Yojimbo y, en la impresión, me obligo a voltearme a ver de dónde provenía dicha afronta. Sólo entonces, todavía con la impresión del impacto, reparo en que donde debería estar Steiner ya no hay absolutamente nadie, y en su lugar hay un hombre enorme, ancho y esculpido a base de músculo, piel oscura, cabello corto y blanco revuelto, un pañuelo con un ojo pintado en rojo cubriéndole la mirada que ya no tiene, sosteniendo por la nuca al Almirante Tucrow, y ahí es cuando mi mente ata los cabos sueltos y entiendo que Steiner jamás fue Steiner, sino que en su lugar estábamos enfrente al otro de los infiltrados, claramente el mas peligroso de ellos.
 
La situación era inverosímil, pero no tenia tiempo a pararme y pensar en lo sucedido. Active mi haki de observación en un radio de 20 metros y me prepare para ponerle un fin a esta escaramuza la cual me llevaría semanas de informes y papeleo el cual retrasaría aún más volver a la eficiencia tan marcada de la cual disfrutaba – “Vamos Nicholas, capture a aquel impresentable de pelo verde.” – le ordené a mi Vicealcaide sin voltear a verle, consciente de su presencia gracias a mi haki de observación.
 

 
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Belico

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#55
La última línea de defensa, una línea inexpugnable compuesta por los cuatro guardianes y defensores de la ley y la justicia más capaces del lugar, nos encontrábamos en el vestíbulo, frente a las puertas que separarían dicha estancia del infierno carmesí de Impel Down. El Alcaide Imsiul, nuestro fabuloso y mejor jefe del mundo; Tucrow, uno de los tres almirantes de la marina, el más inaguantable pero, quizás, el más eficaz al mismo tiempo; Steiner, el Jefe de la Guardia más confiable que podríamos tener, gravemente herido, pero aún así brindándonos soporte; y por último pero no menos importante, un servidor. Los cuatro éramos el último bastión a resistir aquella fuga masiva que asolaba nuestra pacífica e idílica prisión pero, entonces, ¿cómo es que era posible que las puertas se estuvieran abriendo en un primer lugar.


El primero de ellos, un desaliñado pero apuesto lunarian, con una melena larga, alborotada y sin tratar, con el traje de preso que debería seguir llevando. El pirata que había iniciado este revuelo en un primer lugar, el capitán de los Alas Negras Yojimbo. Sin embargo, y a pesar de la relevancia y presencia que tenía aquel criminal en fuga, mis ojos no hicieron otra cosa que fijarse en su compañero. La reina okama Aspros. Mis diminutos puños se cerraron con fuerza.— Maldito seas Aspros… Tan brillante y deslumbrante como siempre. — pensé hacia mi mismo, llena de rabia y envidia… La envidia que podía sentir alguien por no ser reconocido por el mero hecho de haber nacido feo.

En ese momento, al mismo tiempo que el mejor jefazo del mundo denegaba y anulaba por completo al lunarian con sed de libertad, escuché a Steiner gritar una de sus técnicas, ¿acaso iba a iniciar la ofensiva estando en la retaguardia? Aquello no tenía sentido alguno. Esa acción sin encajar, hizo que activara mi haki de observación, a 20 metros a la redonda, de manera más refinada con el fin de entender las acciones de mis compañeros. Cuando me quise dar cuenta, supe que el objetivo no era ninguno de los malhechores, sino el almirante.— ¿¡Qué significa esto-ton!? — pregunté, algo sobresaltado, y con nerviosismo, girándome sobre mí mismo para ver el motivo del ataque.

Pero antes de que pudiera entender nada, otra acción hostil - y esta vez hacia mi persona -, fue detectada gracias a mi color de la observación.— Una patada voladora hacia mi cara. — percibí, moviéndome unos cuantos metros hacia atrás antes de que aquel ataque pudiera impactarte siquiera. Parecía que la Reina Okama me estaba dando el placer y el lujo de enfrentarme a ella. Y por supuesto, como buen okama que era, es mi sueño batirme en duelo con su majestad, y tenerla por la eternidad en una celda bajo mi estricto cuidado.

Mientras la situación se salía de control debido a una suplantación de identidad de una de las Manos de la Revolución, Imsiul me ordenó encargarme del peliverde, es decir, de la reina. No hacía falta ni que me lo ordenara. Era algo que pensaba a hacer desde un inicio. Con eso en mente, comencé a dar vueltas sobre mí mismo mientras avanzaba a toda velocidad hacia él, y en el momento en el que estuve a dos escasos metros de él, salté, para propinarle un coletazo en todo el esternón cuyo impacto le empujaría de vuelta hasta más allá del umbral de la puerta. Hasta el propio Infierno Carmesí.— ¡Las feas también podemos ser reinas-ton!. — grité, comenzando a correr tanto como podía en dirección a la reina okama. Ella y yo íbamos a tener una batalla de lypsinc… Que ganaría yo.

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#56
Estaba ready to the battle esperando a que esa door se open completamente, listo para to face cualquier cosa que might come out de ahí. Because yo soy The Goat. I'm el Almirante. Yo am la promesa del future de la justice del mundow. Y si el destiny quería que estuviese here para stop a esos bad boys, era porque my power era lo only que podía lograrlo. Smile like siempre sabiendo que no tenía ningún fear desde hacía some time ago, ya que me había become alguien tan strong que no encontraba opponents que pudieran hacer ni la half de la half de la half de lo que sería un problem para mi.
Estaba ready, cuando sentí un sting atravesándome el chest con mucha strength haciendome escupir some blood por la mouth directa hacia el wind y luego hacia el floor.

— ¡¡Whattafak!! — dije en mi asombro, mientras i feel como la person behind la sword que me había hurt se separaba de myself mientras expanded my kenbunshoku haki veinte meters, o como i like llamarlo: the radar of pretty slutty dirty ladys. Mi RPSDL me warning que en mi back había un powerfull enemy que iba a trying de agarrar mi neck por detrás para start hitting me. Ese era el betrayer que me había stabbed con aquella big sword. Inmediatly me giré about myself mientras la big sword caía al floor y me dejaba open la herida, para realizar un perfect dodge a su grab y comenzar la battle against él.
Big Bald Bro Imsiul A.K.A Triple B, and el Uncle Ugly A.K.A. Nicholas se podían encargar de los que teníamos in front sin problemas, pero este big black pollo era cosa mía.


Era big, era black y tenía wings con fire. Obviously era un Lunarian, y parecía que estaba blind, así que estaba casi secure de que se trataba de The Fist of the Revolution, un pussy rebel de la chusma del underworld. Pero no había que judge ningún pussy por la marca del jean, pues todos tenían la oportunitty de smell good y saber delicious si le dabas un try a to lick it un poquito en la street de la back door de un club en some island. Y en este caso, ese black daddy podría ser un enemy to much powerfull si había conseguido hacerme ese hit por la back sin que i realized that, así que era time to be serious. Grab mi bag de swords al throw todas ellas al air sobre la head del pollo, and cuando estas estaban flying él lo supo. IT WAS AT THIS MOMENT HE KNEW, HE FUCK´D UP

— "PUBLIC ENEMY" —

Mi loud scream precedió my star movement, una dance con mis ten swords at the same time que me había change de lugar tan fast que el human eye no podía follow me. En un meteoric instant i teleported myself hasta la first sword, Notorious Big, my baby. La desenvainé y di un slash al body de mi enemy. Then me teletransporté a donde estaba Wazza and doing lo mismo. Next hice the same con Eyyou, con Loop, son Sample, y con las another five swords que aun no tenían name in my collection. En total hice TEN cortes en el body de ese traitor camouflaged, y terminé por envainar mis swords con style and teleport myself a one meter de distancia de him, grabbing Notorious Big en mi hand derecha, colocándome las glasses con un finger de mi hand izquierda, mirándole with a smile — Stay tuned-madafaka, it's la hora del gang bang — advertí, dejando clear que no iba a andarme con blowjobs en este encounter e iba a ir con everything desde el start.
None enemigo había survived a esa technique en el past, era mi carta de la victory. Era mi sign de identity.





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#57
Ojalá pudiera ver lo que estaba pasando, ya que sólo me guiaba por mi oído y ahora por mi Kenbunshoku haki, el cual activaba a diez metros de mi, cubriendo el área en el que estaban mis contrincantes y pudiendo ver como una presencia alada con el mismo color de aura que el acompañante de mi hijo se lanzaba y desaparecía contra el pecho del coloso que era la máxima autoridad de la prisión al mismo tiempo que ese muchacho se lanzaba a golpear aquella aura diminuta, pero concentrada y poderosa. Por algún motivo, Yoji no se movía. Estaba completamente petrificado en su sitio.
Pero no tenía tiempo para preocuparme por eso ahora mismo. No con él delante de mi.


El sonido de unos objetos lanzados al aire sobre mi cabeza me advirtió, así como las intenciones hostiles del Almirante emanando de su aura. Un áura que por un momento tomaba la forma de un carnero, tan demoníaca, que pareciera más bien un dragón dispuesto a devorarme. Y con eso me bastaba para saber que lo que se venía iba a ser devastador para cualquiera... que no fuese yo.
Emití todo el busoshoku que era capaz para recubrir mis majestuosas y enormes alas y mientras giraba trescientos sesenta grados sobre mi mismo me envolví en ellas agachándome, quedando casi arrodillado con una pierna pero completamente cubierto por mis alas, que aguantaron una lluvia de cortes increíble y casi inmediata en toda su superficie al mismo tiempo, llegando a romper mis defensas y a cortar partes de mis alas en algunos puntos — ¡¡¡!!! — la impresión me hizo apretar los dientes y mostrarlos desde la cobertura de mi emplumada guardia.

Fue entonces cuando lo supe. Cuando sentí el aura menor de las tres enemigas sacando al compañero de Yoji de la sala. Cuando supe que tendría que pelear contra esos dos monstruos, a este nivel, protegiendo a mi amado hijo. Si había un lugar para dejar atrás el orgullo, era aquí. Si había un momento para de dejar atrás el orgullo, era ahora. Me erguí despacio abriendo mis alas con calma, hacia los lados, hacia abajo, sintiendo tanto a mi hijo como a mis dos enemigos. Escuché la voz del almirante hablar de un gang bang — Literalmente, Almirante... — dije mientras me cuadraba en una postura tradicional del kárate con las piernas abiertas a la altura de las caderas — ¡...ESO ES LO QUE DIJO ELLA! — extendí las alas de lado a lado, lanzando algunas plumas y algunas gotas de sangre.

— ¡¡YOJI!! — dije soltando algo de saliva en mi grito — ¡Obedece a tu padre y sal de aquí! ¡Nada de esto tendrá sentido si no consigues escapar ¿me oyes? — empecé a plegar mis alas para colocarlas a mi espalda, la llama de mi cuerpo volvió a salir lentamente hasta recuperar la intensidad habitual — Yo me encargaré sólo de estos dos... — sonreí de medio lado, cambiando la guardia de mis manos de flanco — Odio tener que hacer esto más que nada en el mundo pero... si no lo hago... sé que no podré haceros frente al mismo tiempo — di un paso atrás y relajé la postura de las piernas, llevando las manos en paralelo hacia mi cara, mostrando ambas palmas al frente y sacando la lengua realizando el saludo formal y marcial de la revolución — ¡CONFÍA EN MI, HIJO! Venceré y sacaré a tu amigo de aquí... porque... — llevé mis dedos hacia mi sien tras esas palabras. Era el momento de dejar atrás mi debilidad y abrazar su fortaleza — ...siempre que las cosas se pongan difíciles... tienes que confiar en papá — y presioné mis sienes con las yemas de mis dedos índices, produciendo el sonido de una burbuja, cambiando de apariencia de nuevo.

Un humo denso me envolvió con mi transformación...






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#58

El humo se disipó revelando una figura enorme. Revelando en quién me había transformado.
Uno de los hombres más peligrosos del mundo actual... uno de los guerreros más famosos de la historia.
El Emperador de todas las razas del cielo, Gobernador de la Red Line y líder del pueblo libre de los Lunarian: Mi padre.

[Imagen: H5OwbV2.png]

Odiaba tener que hacer esto. Odiaba tener que recurrir a su poder... pero era cierto. Siempre que las cosas se pongan difíciles, tienes que confiar en papá. Y no había ser vivo en mi haber ni mi memoria más fuerte que mi padre. Un coloso gigantesco de ocho metros, con alas tan grandes casi como mi propio hijo, y con un torso tan grande y robusto que hacía parecer que yo fuese un niño a su lado... y de normal era enorme.
Odiaba tener que transformarme en él porque sentía que, hiciera lo que hiciera, estaba faltándole al respeto. Que nunca sería tan poderoso o digno como lo era él, y que todos mis actos o palabras iban a evidenciar su reputación. Y realmente así me había sentido siempre sin necesidad de tener que transformarme en él...

Pero tenía que hacerlo si quería sacar a mi hijo con vida de aquí. Si quería salvarlos a todos.

Abrí las alas de par en par y emití un pulso de mi Haoshoku - el de mi padre - como una sensación única. La energía de un conquistador de verdad. El poder de un guerrero capaz de mover los mares. Mi presión espiritual era tan intensa que impactó de lleno y amedrentó la presencia de los dos tipos frente a mi, aquel ejecutivo calvo y aquel niñato hortera, y separando mis piernas un poco entre si extendí el brazo derecho hacia el lateral con la palma abierta y frente a ella se formó un portal dorado y anaranjado que empezó a girar y a emitir pequeñas chispas y brillos al unísono — Te... te presento a tu abuelo... Yoji — dije mirándole seriamente, dudando de mis propias palabras pues no me creía estar haciendo esto — No me hagáis hablar mucho en esta forma... que me da vergüenza... — añadí en voz baja mirando a mis enemigos, me aclaré la garganta e introduje la mano en el círculo brillante, tratando de imitar a mi padre de la forma más fidedigna posible para no avergonzar su grandeza y linaje — Vais a tener el placer de ser derrotados por Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Primero, usuario de la Kei Kei no mi, una fruta que le permite abrir portales que conecten lugares donde ya haya estado con su ubicación. El Emperador de las razas del cielo, el más poderoso de todos los Lunarians del mundo, y el líder de los pueblos unidos libres de Lunarians de la Red Line — entonces extraje del agujero una enorme espada de color dorado con una guarda engarzada y preciosa y una cadena como refuerzo auxiliar junto al mango

[Imagen: XWHG1oI.png]

— Y esta es Saṃsāra, la Conquistadora del Cielo, una de las doce Saijo O Wazamono y una de las espadas que decidió el destino del mundo en la Gran Contienda de hace mil años — un movimiento seco para terminar de sacar el final del filo del portal que había creado y blandir la espada hacia el frente, apuntando hacia mis enemigos. La hoja dorada vibró por un instante, y unos tímidos rayos negros recorrieron su superficie de forma parpadeante, desbordándose la energía que tenía mi padre por su arma y por su estancia. Mi fuerza era tan inmensa que sentía que podía lograr cualquier cosa posible. El portal se cerró, y con él su brillo. Dejándonos solos de nuevo a los cuatro implicados en esta estancia.

— Nuestro linaje es libre — dije mirando a mi hijo ahora a los ojos. Recordando el momento en el que tuve que dejarlo como un bebé en aquella isla para poder consagrar mi vida a la revolución y no involucrarle. Recordando mis peleas con mi padre en mi adolescencia y lo distantes que nos volvimos. Pensando que quizá, y sólo quizá, podría perdonarme por mi egoísta decisión de liberar al mundo, y podríamos tener la relación que yo nunca tuve con el viejo — Sal y reclama tu libertad, Yamamura — entonces, sonreí. Algo que nunca le había visto hacer a mi padre, y que nunca podría ver con mis propios ojos al haberlos perdido. No sabía que expresión tenía, pero sin conocerla, sentía que era tierna
— Te quiero, hijo —

Tras esas palabras di un paso adelante y blandí la espada de izquierda a derecha en un tajo horizontal descendente - dada mi altura - para impactar al mismo tiempo al Alcaide y al Almirante, tratando de comenzar la ofensiva para que mi hijo pudiera salir de esta prisión. No importaba lo que tuviera que hacer, transformarme en un peluquero del East Blue, en el jefe de la guardia de la prisión, en cualquiera de las apariencias que tenía guardadas en mi habilidad... e incluso en mi padre, con el miedo y el respeto que le tenía. No importaba nada de eso. Sólo importaba sacar a Yojimbo de aquí, generar la oportunidad para rescatar a su fiel amigo y permitirles escapar de este infierno. Me pasase lo que me pasase.
Estaba en paz con la revolución. Sabía que Alhein podía encargarse de todo. Sabía que Elizabeth podría lograrlo todo... y mi amor por ella me mantendría vivo cada día de la existencia hasta que pudiera ver su rostro una vez más.

Hoy era el principio del Amanecer del Nuevo Mundo.





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#59
Mi cabeza iba como loca pensando en todas las posibilidades y todos los trucos que guardaba bajo la manga, que si transformaciones, controlar la llama de mi espalda, golpear por encima de los límites que permitía mi cuerpo… pero no, aunque me hubiera encantado hacer todo eso e impactar sobre el pecho de aquel bigotudo algo me retuvo. Clavó su mirada sobre mí y noté al instante cómo todo el cuerpo se tensaba como la maroma de un barco; los músculos estaban tan rígidos que era incapaz de mover un solo dedo y no me podía sentir más frustrado, pero debía relajarme, esto era el momento de pensar. Si hubiera ido con todo, tal y como tenía planeado, quizá me habría esquivado, o devuelto el golpe, o quizá no, pero en el mejor de los casos habría terminado tan agotado que no tendría fuerzas para mantener un combate. Esa manía la tenía desde pequeño, ya mi padre me advertía de esto cuando salíamos a cazar la cena para él: “Analiza primero el entorno, la presa y luego actúa con cabeza”. Si tan solo le hubiera prestado algo más de atención… en fin, no era momento de lamentarse. Aspros hizo unas acrobacias perfectas, como siempre, y lanzó sus ataques tanto al enano desagradable como al casi-calvo. Él ya había empezado su ofensiva y yo me moría de ganas de comenzar la mía, pero todo estaba ocurriendo demasiado rápido. El caballero de brillante armadura, que parecía estar en las últimas, atravesó con su espada al chico de gafas de sol. Me quedé boquiabierto cuando reveló su verdadera forma: era mi padre usando los poderes de su Fruta del Diablo. Él me pidió que me fuera, que papá ya estaba aquí, y en cualquier otra situación hubiera hecho justo lo contrario, quedarme, porque yo hasta ese momento no me consideraba como él, o como la imagen que tenía de él.

-Kikiki -reí nervioso al darme cuenta de la tremenda responsabilidad de mis actos. Aunque no hubiera tenido relación con él, estaba haciendo todo esto por mí, de forma completamente desinteresada. ¿Qué clase de persona sería si lo dejara todo perder? Si me estaban dando una oportunidad, debía aprovecharla. Lanzarme a por cualquiera de mis rivales sería estorbar a mis compañeros de fuga, cada uno tenía su papel, y el mío en este momento era el de no molestar.

Noté cómo mi cuerpo se destensaba, aquel eructador repugnante sin clase dejó de mirarme para centrarse en lo que estaba ocurriendo a escasos metros de su posición. Y, antes de que me diera siquiera tiempo de aletear mis alas para irme de allí, ocurrió algo extraordinariamente terrorífico. El tipo peliazul al que tenía enganchado mi padre desapareció, y sólo pude escuchar por un instante un montón de quejidos metálicos y burbujas estallando. Flexioné levemente las rodillas adoptando una posición más belicosa y entonces lo pude ver. Mi padre había sobrevivido a aquel inesperado ataque girando sobre sí mismo, cubriéndose con las alas. Eso me recordó al momento en el que cubrí con las mías a Tobias en aquel bosque de Momoiro, sin duda era un buen recurso defensivo. Mi padre debía ser alguien excepcional.

Tras la ofensiva, el tío que hablaba tan raro y mi padre intercambiaron insultos inentendibles, pero si algo saqué en claro es que lo llamó “Almirante”. ¡¿Este tío tan… peculiar era un Almirante de la Marina?! La verdad que el ataque que acababa de hacer estaba a la altura de alguien tan importante, pero eso me creaba una duda. ¿Cómo iba a salir de aquí teniendo a gente así de poderosa delante? Un grito de mi progenitor me sacó del ensimismamiento, me dijo que lo obedeciera y que nada de lo que estaba pasando tendría sentido si no conseguía escapar, y tenía razón, ya llevaba un tiempo pensándolo. Asentí con la cabeza mientras tragaba saliva, por algún motivo, aunque no nos conociéramos más que unas horas, sentía una gran conexión con él. Cuando estaba cerca, era como volver a ser un niño, o dicho de otra manera, sentía con fuerza la autoridad de sus palabras. Dijo que él se encargaría de esas dos bestias y que confiara en él, que lograría sacar a Aspros de aquí también y que en los momentos más difíciles tenía que confiar en mi padre. Nunca había sentido tanta confianza y seguridad en unas palabras y, por primera vez, sentía que no era yo el que debía proteger, sino la persona a la que protegerían. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sentía la voluntad de sus palabras como un martillo sobre mi pecho y la calidez de sus deseos de liberarme como una mullida manta. La habilidad que más me había sorprendido hasta ahora de mi padre era la de dar seguridad en un momento como este. Pero aquí no terminaba todo, aún quedaban más cosas por ver.

Se tocó la cara de nuevo y en su lugar apareció otro Mord, casi el doble de grande que yo y bastante más viejo que mi padre. Su figura era impresionante, pero su aura asustaría al mismísimo miedo; no había detectado un aura tan abrumadora como la de aquel tipo jamás, y era con diferencia la más gigantesca de todas. Retrocedí un paso por puro instinto; daba respeto estar cerca de ese ser. Si este tío es el que nos hubiera esperado tras la puerta, habría huido inmediatamente. Una gota de sudor recorrió mi frente hasta morir en mi barbilla.

Me miró directamente y se me aceleró el corazón de los nervios. Sabía en el fondo que era mi padre, pero es que ese tío acojonaba. Tío que resultó ser mi abuelo…

-¡¡!!

Un grito ahogado se hizo un nudo en mi garganta y no pude decir nada. ¿Mi abuelo era ese pedazo de animal? ¡¡Qué pasada!! Y qué bajona… aún debía entrenar muchísimo. Sobre todo por lo que dijo inmediatamente después: “Emperador de las razas del cielo, el más poderoso de todos los Lunarians del mundo, y el líder de los pueblos unidos libres de Lunarians de la Red Line”. Luego, tras hacer un portal de la nada, sacó una espada en cuya hoja bailaban oscuras tormentas eléctricas, un arma a la altura de un Emperador como él.

Volvió a clavar la mirada en mí y me dijo que nuestro linaje es libre. Aunque no lo supiera directamente, era algo que siempre he sentido, y algún día lograré que todas las personas lo fueran, a fin de cuentas, resultaba que me parecía más a mi padre de lo que yo pensaba. Antes de despedirse, tan sólo me deseó una cosa, que saliera y que reclamara mi libertad. Le devolví la sonrisa con los ojos vidriosos, era el mejor sentimiento que un padre le podía desear a su hijo y tras un sincero “Te quiero” nuestros caminos se separaron.

-Ojalá nos hubiéramos conocido en otra situación… -susurré mientras las llamas de mi espalda ardían con una furia alimentada con la voluntad, no sólo de mis nakamas, no sólo de mi pueblo, sino de toda la gente ansiosa de libertad. -Yo también te quiero. -dije en otro susurro mientras él se lanzaba a por nuestros enemigos y yo alzaba el vuelo, sin saber si lo había llegado a escuchar o no. Poco importaba, cada uno habíamos tomado una trayectoria diferente y las cartas ya estaban sobre la mesa, ahora me dirigía a toda velocidad hacia la libertad que tanto ansiaba.

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#60
La envergadura y el tamaño de Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo convertido en Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Primero fue una amenaza lo suficientemente grande como para que el Alcaide de Impel Down, famoso por su dureza y crueldad con los presos, sintiera un miedo atroz al verlo lanzarse en su dirección. Fue suficiente como para que el Almirante Tucrow, famoso por su confianza y su entrega completa al deber y a la justicia, se sintiese aterrado ante la simple presencia de tal ser. Un monstruo de las leyendas, un guerrero para los guerreros.
Yayojimbo - como vamos a llamarle cariñosamente desde ahora - podía él sólo con su espada Samsara encargarse de mantener a raya a la persona más fuerte de esta prisión, la más grande y segura del mundo, y a una de las tres personas más fuertes de la Marina, al mismo tiempo y sin complicaciones. Sólo ese tajo con la espada obligó a Tucrow a alzar su nodachi Notorious Big apoyando la mano en el reverso del filo y frenando el ataque con los ojos abiertos como platos, mientras Imsiul recubría de haki de armamento sus dos brazos para anteponer sus manos junto a la espada de Tucrow y ayudarle frenando el ataque.

El impactó lanzó al Alcaide y a Tucrow unos pocos metros hacia atrás, derrapando en el suelo sin perder el equilibrio, mientras Yayojimbo daba dos pasos al frente crujiéndose el cuello y preparándose con su espada en ristre. Tucrow lanzó su capa de Almirante al aire mientras Imsiul se recubría de unas llamas negras todo el cuerpo y comenzaba a transformarse en algo enorme y de múltiples extremidades en su tren inferior, brotándole dos grandes cuernos de su cabeza... algo que por suerte ninguno de nosotros íbamos a ver en acción, pues era bastante horrendo — Eso sí que es un poder interesante... — dijo Yojimbo padre por medio de los labios de Yayojimbo, y su combate comenzó a darse tras la puerta de acceso al nivel uno.

Aspros tenía su propia batalla contra Nicholas Vangeance, un admirador/odiador profesional de la belleza y la fama de la reina de los okamas. Un fan frustrado, lleno de admiración absoluta y rencor irracional. Alguien que, fuera de su apariencia, tenía una fama de ser más brutal y sanguinarie que el propio Imsiul, considerado realmente como el verdadero demonio de este infierno. Un enfrentamiento que sin duda iba a hacer sudar tinta a la Reina Okama.
Por otra parte, Candice Bonbon dentro de su impenetrable armadura de Karamel Knight se había topado en su propio intento de fuga de lleno con los Bomberbells en el nivel dos de Impel Down, y estaba disputando una batalla terrible contra todos ellos al mismo tiempo, recibiendo puñetazos, patadas, zancadillas, empujones, mordiscos y un sin fin de insultos extraños en su lengua indómita. Una batalla campal que sólo ganaría el más fuerte.
Y por otra parte, el final de la batalla entre Urutora y el duo de Uki y Sheit era inminente... pero eso ya os lo contaré en otro momento.

De esta forma y gracias al sacrificio y los encuentros de un sin fin de personas que se habían dado cara a cara con sus némesis, verdugos, o nuevos futuros enemigos jurados, el caos y la batalla campal de Impel Down perduraba y había permitido que una única persona llegase hasta la puerta de salida. Y habiendo dejado el recibidor vacío, estando allí sólo Yojimbo, nuestro protagonista, pudo abrir la pesada doble puerta que lo llevaba al muelle de entrada tras apoyar sus dos manos en ellas y empujar con todas sus fuerzas.
El crujido de la madera de las puertas abriéndose se mezcló con las olas del mar chocando contra los muros de Impel Down, y también el crujir de los barcos anclados en el puerto. Pero nada de eso podía ver el de los Alas Negras, pues el sol del atardecer, por primera vez en años, bañaba su rostro y su cuerpo y le obligaba a cerrar los ojos hasta que pudiera acostumbrarse a la intensidad de la luz.

En ese sufrimiento fotofóbico, percibió vagamente una figura al fondo del muelle, de pie, erguida y con los brazos cruzados. Una silueta negra y una gran sombra gracias a la posición del sol a sus espaldas.
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