[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver
#61


Había hecho muchas cosas en la vida que se me habían atragantado.. Sobrevivido a aquel caótico viaje hacia los cabos gemelos, ayudar a Viktor en la isla de Toko, conocer al Almirante Tucrow en Impel Down, presenciar los Juegos de Skypiea, conocer al Almirante Markus en Marineford y perder la fruta que el destino me dejó para mi, atravesar terremotos con el pecho por delante, luchar contra un Yonko en Sabaody, conocer al Almirante Yugu, conquistar Mystoria con mis compañeros... pero nada había sido tan indigesto como aquella tarde en la que unas alas negras se cernieron sobre mi y tuve que cortarles el vuelo.
Y había presenciado demasiadas veces la muerte o las despedidas. Había presenciado la muerte de Minato en los Cabos Gemelos sin haber podido hacer nada. Había sido testigo de cómo Vulkan, mi primer compañero, se ahogaba y nos dejaba atrás por haber sido completamente incapaz de diferenciar la realidad de su realidad. La despedida de Sephiroth o Ikirami, destinados a otros cuarteles, y la posterior muerte de mi compañero Sephiroth a manos de aquellos malvados Mushoku. La despedida de Daisen y Tenma, reubicados a distintas zonas del mundo, y la muerte de Ryze y James en el Archipiélago Sabaody. Sólo Karlglass había seguido a mi lado después de este largo viaje, y aunque Apolo y Fuguwu se convirtieron en compañeros indispensables también, ahora me veía obligado a estar separado de ellos para cumplir lo que la cadena de mando pedía de mi: Convertirme en un Zoodiacool.

El Almirante Markus había puesto un gran peso sobre mis hombros al hacerme consumir un poder como el que tengo ahora... esta extraña criatura de doble conciencia que, aunque me hacía sentir poderoso, no me resultaba tan cómoda como mi transformación original en serpiente. Era algo que echaba de menos... era la fruta que el destino había puesto en mis manos y con ella había llegado a ser Vicealmirante y había mantenido, como había podido, a mi división hacia delante. Tanto que habíamos entrado a formar parte de entre las diez mejores divisiones del mundo. La división 9, afiliada al Almirante Tucrow. El mismo que me había reclutado para su cuerpo especial, para ocupar el rol de "La Serpiente" y el mismo que me había hecho reencontrarme con mi compañero Tenma en esta división especial. Especial tanto por lo rara que era, como por lo diferente y poderosa. El Zoodiacool no tenía normas ni rumbo, era un grupo que simplemente seguía a Tucrow. No había lazos entre ellos más allá del respeto y la admiración por el Almirante, y la fijación y el capricho de este por sus miembros. Y aun así, era un grupo que funcionaba orgánicamente y de forma excelsa. Era una fuerza de élite.

Nuestra misión aquí, era transportar a Yojimbo, aquel privilegiado con un linaje antiguo y desconocido para él que un día tuvo la mala fortuna de ponerse en mi camino. El mismo día en el que lo mandé a este pozo infecto para siempre. Hoy habíamos ido hasta Impel Down para transportarlo hacia Marineford, órdenes del propio Almirante Markus - respaldado por su padre, el Almirante de Flota - para ejecutarlo y retransmitirlo públicamente al mundo entero para escarmentar a su tripulación por haber derrotado a un Shichibukai bajo las órdenes del sistema del Gobierno Mundial.
Y hoy alguien más había tenido la idea de tratar de llevarse a este príncipe sin trono hacia otro lugar, pero el Zoodiacool lo íbamos a impedir. Tucrow nos puso al mando de Ryu Nanashi, quien distribuyó los efectivos como buenamente consideró y dio las instrucciones adecuadas, pero a mi el Almirante me pidió que custodiase las puertas. Aun le recuerdo agitando los brazos mientras me decía aquellas palabras

— "Esto es cosa de la mind y del power de la puesta en scene my bro... Si tú estás en la door cuando salgamos de la jail, y ese nigga manila te ve el first esperando para subirlo aboard el barco, se va a shit en los pants" —

Me crucé de brazos y miré hacia el cielo, pasándome la lengua por las comisuras de los labios... oh, echaba de menos fumar... o echaba de menos mi costumbre de abrir y cerrar mi zippo, ese que le di a Viktor en mi despedida de la división. Esperaba que estuviesen bien, que Karlglass los llevase por el buen camino y que siguieran creciendo como Marines. Tarde o temprano nuestros caminos volverían a cruzarse, y nos contaríamos todas las anécdotas de nuestros viajes, riendo y bebiendo. Recordando a los que ya no están.

En ese momento las puertas de Impel Down se abrieron de par en par, y de entre la oscuridad de ese lugar emergió una figura. Más delgado, con el cabello más largo, con las ropas de preso rasgadas y rotas... pero libre de cadenas y con las alas, esas malditas Alas Negras, abiertas de par en par en su espalda.
Yojimbo, la horma de mi zapato. El pirata que había perseguido desde que abandonamos aquel Blue y que estaba seguro de que había dejado enterrado para siempre, el pirata que iba a escoltar hasta su ejecución, salía libre por si mismo y solo de esta prisión.
Nos separaban cincuenta metros desde su puerta hasta mi posición, parado en medio del muelle con veinte metros a cada lao, en el centro del ancho de la plataforma. El sol a mis espaldas proyectaba mi sombra hacia las puertas y esta se abalanzaba encima de Yojimbo conforme aparecía tras esa entrada.

Abrí los ojos de par en par y tensé mis músculos ¿dónde estaba el aniki Tucrow? ¿y el resto del Zoodiacool? ¿los había derrotado a todos él sólo? ¿y por qué salía sólo? ¿sus compañeros habían caído en el transcurso de la batalla? No entendía nada. Descrucé los brazos y me coloqué en una guardia preventiva, similar a la del boxeo pero más baja y relajada, cerrando los puños y frunciendo algo el ceño.
No entendía nada, pero no hacía falta entenderlo. Era mi responsabilidad parar a este criminal, aquí y ahora, y acabar por cumplir nuestra misión de escoltarlo para servir de ejemplo para los demás piratas.

— Hmmm no tengo ni idea de qué ha pasado ahí dentro, Yojimbo, pero no vas a dar un paso más fuera de esa cárcel — dije, mientras el viento golpeaba nuestros flancos y sacudía levemente nuestros cabellos y ropajes. La capa de Vicealmirante ondeó en mi espalda — Para hacerlo tendrás que pasar... — una ola rompió contra la pared del muro al mismo tiempo por ambos lados de la plataforma del muelle, elevándose varios metros

— POR ENCIMA DE MI CADÁVER —





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#62
Había estado los últimos tres años atrapado en una cueva de roca ardiente como el corazón de un volcán. Siendo hervido y viendo a gente hervir en un enorme caldero de sangre burbujeante y sintiendo cómo sus almas se apagaban poco a poco hasta perder su color e intensidad. He estado estos tres últimos años de mi vida esperando una oportunidad para poder salir de aquí, cualquier cosa, cualquier error, cualquier casualidad y la vida me había traído a mi padre, a un caracol mágico y a mi mejor amigo a rescatarme. Habíamos conseguido reunirnos un grupo de valientes prisioneros y, por azares del destino, ahora era yo el que se encontraba con un pie fuera de la prisión.

En cuanto crucé el umbral de la última puerta, la luz del sol me cegó por unos instantes y el profundo olor del agua salada me transportó a la cubierta del Tango de la Sultana. Sonreí, disfrutando de la calidez del atardecer y de la brisa marina, del sonido de las olas rompiendo contra los muelles y los espigones, del crujir de la madera y de esa extraña calma que trae el final del día junto al océano. El final del día más difícil de toda mi vida, pero todavía no había terminado.

En la lejanía, como una estatua esculpida sobre un bloque de cuarzo negro, una sombra permanecía inmóvil. Aunque mis ojos aún se estuvieran acostumbrando a la luz del atardecer, mi espíritu llegó hasta aquella sombra, y lo que pude sentir hizo que mi corazón diese un vuelco. Esa presencia era complicada de olvidar, era el espíritu de una buena persona con las ideas equivocadas. Alguien que, como yo, defendía a su gente y que era capaz de todo por mantenerlos a salvo. Mi contraparte, él y yo éramos las dos caras de una misma moneda. Si mis sentidos estaban en lo cierto, lo único que me separaba de reunirme con los Alas Negras era, de nuevo…


JOE

Había recuperado completamente la vista y lo primero que veía era a mi querido captor, el Vicealmirante Joe. En nuestro último encuentro me confié y eso me costó la derrota, y como sabía que no me iba a dejar escapar, esta vez no dudaría. Me crucé de brazos y las llamas de mi espalda ardieron sin control, él hizo justo lo contrario, descruzando los suyos, adoptando una posición ofensiva. El combate estaba a punto de comenzar y tras quitarse la capa una corriente de viento nos envolvió, como si el mismísimo clima supiera que algo importante estaba a punto de ocurrir. Sonreí nervioso y decidido, ardía en deseos de volverme a enfrentar a este valiente guerrero al que no le guardaba rencor alguno aunque me capturara. Hizo lo que tenía que hacer, y yo estaba a punto de hacer lo mismo.

[Imagen: 2kLXND5.png]

En cuanto gritó que la única manera de salir de aquí era por encima de su cadáver, el combate dio inicio. Súbitamente, de su omóplato izquierdo floreció un brazo que rodeó su desarrollado cuello, y al mismo tiempo otro brotó de su nuca y rodeó su cara, tapándole la visión. Mientras eso ocurría, con un fortísimo aleteo que removió el polvo de los adoquines del suelo, alcé el vuelo en diagonal hacia él. La distancia que nos separaba se acortó significativamente, hasta quedarme apenas a diez metros en diagonal del Vicealmirante, mirándolo fijamente y esperando una contraofensiva.

-Joe, has cogido algo de peso, ¿poco trabajo? -comenté en tono burlón.



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#63
Mis palabras resonaron sobre las olas del mar en aquel muelle, y al instante mi malvado y tramposo enemigo, como todos los piratas eran, utilizó los poderes de su akuma no mi sobre mi para envolver mi cuello y mis ojos con dos de sus extremidades adicionales. Lo recordaba bien, el extraordinario poder de su akuma no mi... era capaz de, cuando cruzaba sus brazos, crear extremidades o partes de su cuerpo en aparentemente cualquier parte del terreno que estuviera vislumbrando. Mi memoria eidética era maravillosa para esta serie de situaciones, en las que un enemigo no podía pillarme por sorpresa con el mismo truco dos veces. Pero nuestro encuentro ahora era diferente, y para mi ventaja, yo sí contaba con algo que él no esperaba ni sabía: Una akuma no mi diferente.




En cuanto sus brazos me inmovilizaron el rostro, me transformé en mi forma híbrida y, con un certero y veloz movimiento de mi compañera parasitaria siamesa, Kida, la serpiente, recubierta enteramente por mi Busoshoku Haki se abalanzó lateralmente para impactar con sus dos enormes colmillos en ambos brazos, inyectando un veneno adormecedor en el cuerpo de ese malnacido de Yojimbo, haciendo desaparecer ambos brazos en preciosos pétalos de cerezo, liberándome así de su agarre, su intento de asfixia y su ceguera.

Volví a abrir los ojos emitiendo un pulso de Kenbunshoku haki y sintiendo a Yojimbo casi llegando a estar a diez metros de distancia de mi volando libremente. ¡Libremente!. Su lugar era la prisión de la que intentaba salir, por todos los crímenes que había perpetrado. Robo, extorsión, asesinato, resistencia a la justicia... Era un criminal y nada más que eso, ni heredero a Skypiea ni nada. Aquellos que deciden vivir sin reglas jugando en el modo fácil de la vida no tendrían tranquilidad en su viaje mientras yo los acechase. Porque yo traía conmigo la justicia.
Entonces, una vez libre y cogiendo impulso para saltar usé el Soru para aumentar la velocidad de mi desplazamiento desapareciendo de la vista de Yojimbo mientras imbuía en Busoshoku Haki mi brazo derecho, plantándome delante de él y asestando un terrible puñetazo en el centro de su vientre.

[Imagen: o2YZPUJ.png]

El impacto fue tremendo y el cuerpo de Yojimbo salió despedido hacia el muelle, cayendo de bruces contra él, derribado, y desplazándose arrastrado por el suelo doce metros más en dirección a la puerta. Yo aterricé justo en el lugar en el que él impactó en el suelo, a doce metros de su ubicación, y comencé a caminar en su dirección con Kida tras mi espalda y sobre mis hombros, atenta al combate — Bueno — dije crujiendo los puños entre si — He cogido algo de peso porque estoy en volumen — dije reduciendo nuestra distancia hasta estar únicamente a un par de metros, parándome en seco frente a él — Y tú estás más delgado hmmm ¿no te han dado bien de comer ahí dentro? — le pregunté con una sonrisa, volviendo a cuadrarme en guardia — Venga va ¿te levantas o ya te has rendido? — le pregunté jocoso, observándole en el suelo tendido fruto de mi potente ataque 





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#64
Conocía a Joe lo suficiente como para saber que era un contrincante peligroso, que era alguien capaz de darle la vuelta al combate y ganarlo con todo en contra, y lo sabía porque eso mismo fue la chispa que me llevó a estar aquí en este momento. Si tan solo no hubiera tenido piedad, nada de esto hubiera ocurrido, pero tampoco debía ser un kamikaze y perder la oportunidad de darle con todo. Estaba en una situación complicada, haber destrozado aquella puerta enorme con los maestros del Equipo Hormiga me había cansado, por lo que tenía que pegarle con seguridad y contundencia.

En mi ascenso pude ver cómo se transformaba en otra cosa nueva, era como una tortuga con pinchos y con una serpiente en el culo, puse una mueca de asco absoluto y entonces me preparé. Aunque mis brazos lo habían conseguido rodear, él había logrado destruirlos mordiéndolos con su cola y me entró un sueño terrible. Encorvé mi espalda, adoptando una posición defensiva, y me preparé para la contraofensiva del “Héroe”. Apreté los brazos todo lo que pude, pues si me los descruzaba o me los hería de gravedad, estaba perdido, contraje las llamas de mi espalda por encima de los límites de mi raza y esperé, pero no demasiado tiempo, pues esa cosa que antes era Joe iba tan rápido que desapareció de mi vista y me golpeó en el centro de mi estómago, cubierto por mis brazos. El golpe resonó como un terremoto, daba la sensación de que si no hubiera logrado defenderme, ese ataque me hubiera dejado para el arrastre. Escupí sangre, mientras su puño seguía en contacto con mis brazos, pero no por el motivo que él creía: era la Cadencia Esmeralda revolucionando mi cuerpo como una máquina a vapor, y mientras terminaba su ataque, casi instantáneamente, se generaron dos brazos gigantescos de mis omóplatos. Él ya los conocía, así que no harían falta presentaciones.

En cuanto su cuerpo y el mío se separaron y la fuerza de la gravedad hacía lo suyo, las llamas de mi espalda aparecieron como una explosión y cargué el puño derecho a la altura del hombro y con un giro de cadera le golpeé al mismo tiempo la cabeza y el cuello con violencia, dado el tamaño de mi puño, forzando peligrosamente toda su espina dorsal y ayudándolo a bajar un poco más rápido al muelle, a su posición original. Cada uno tenía su medio, el mío era el cielo, si él era una tortuga… ¿por qué no probaba a tirarse al mar? Tras esto, con un solo aleteo ascendí cuarenta metros, posicionándome a cincuenta metros de él.

-¡Joe! ¡No hace falta seguir con esto! -le grité de corazón.


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#65
— Hmmmm — musité al verlo tendido en el suelo sin levantarse — Parece que Impel Down te ha arrebatado el espíritu, Alas Negras — Kida siseaba sobre mi hombro derecho, clavando sus ojos en el apuesto lunarian derribado frente a nosotros, igual que mis propios ojos. Yojimbo era un contendiente espléndido, antaño fue mi combate más complicado y más difícil... pero ahora... o bien mi nuevo poder era demasiado para él, o bien sus años en esta cárcel infecta de maldad le habían pasado factura, o quizá ambas cosas. Sólo era un piratucho que casi despunta en su momento, a quienes superaron y dejaron atrás todos sus compañeros y quedó olvidado como una época pasada. Personalmente era una decepción ver a quien me supuso tanto esfuerzo, derrotado con tan poco. ¿Un simple puñetazo y ya no se movía mas?

— Levántate, por favor — dije, manteniendo la calma pero con la furia de la contingencia en mi interior hirviendo con la potencia de un volcán, habiendo venido preparado para darlo todo y resultando que podría acabar con esto en un visto y no visto sin esfuerzo — No estaría bien que un hombre de mi posición linchase a golpes a alguien desvalido en el suelo — dije, argumentando el por qué no estaba continuando con la ofensiva, cuando Kida se lanzó a morder el cuello del preso, con una velocidad y precisión quirúrgica como era costumbre, dejando por completo por el suelo las aseveraciones que acababa de expresar.

— ¡Kida! — di un paso atrás mirando hacia la serpiente a mi espalda. Ciertamente Kida era un ser independiente, pero mantenía vínculo y contacto con mi voluntad y mis deseos más primitivos y primigenios, así que entendía que había saltado a atacarle porque realmente era lo que quería hacer, aunque supiera que no estaba bien hacerlo. Tenía que focalizarme, serenarme y calmarme para que Kida no actuase por su cuenta siguiendo los designios de mi cólera interior.

Primero Yojimbo debía levantarse. Luego lo volvería a tumbar.
Y repetiría esto hasta que quedase inconsciente.




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#66
Hace unos años este tío me habría durado un par de golpes bien fuertes, y si en aquel entonces me hubieran dicho que este hombre era tan rápido y tan fuerte que de un solo puñetazo me iba a someter, me habría reído en la cara de cualquiera que se hubiese atrevido a decirme aquella locura. Su puño impactó de lleno contra la cicatriz que me había dejado Pawurs al extraerme la fruta y el dolor fue tan fuerte y tan agudo que mis ojos se cerraron de golpe, al igual que mi mandíbula, y por un segundo sentía que incluso mis dientes iban a estallar. No era el golpe más fuerte que me habían dado, pero sí uno de los que menos me esperaba, me había pillado completamente desprevenido.

Caí como un plomo y mi cuerpo impactó contra el suelo con tanta inercia y velocidad que me arrastré sin control unos cuantos metros por el muelle. Por suerte, aún tenía los brazos cruzados y debía actuar rápido, así que con toda la celeridad que pude hice crecer dentro de mi pecho otro corazón, que latía con nervio junto al mío original, al mismo tiempo que las llamas de mi espalda ardían con fuerza. Escupí sangre mientras Joe se acercaba diciendo tonterías, que si estaba en volumen o no sé qué. Se puso frente a mí, apenas a un par de metros de mi posición, y tras decirme que me levantara y demostrar ser un caballero, su serpiente me mordió el cuello. "Mierda", pensé mientras notaba que me inyectaba algo. Esa serpiente era realmente molesta, no es que me hubiera hecho muchísimo daño, pero era bastante irritante.

De mis omóplatos crecieron dos brazos enormes que me ayudaron a levantarme torpemente, pues el impacto había sido tan brutal que me había dejado temblando. Y una vez estuve en pie, sin previo aviso y sin necesidad de moverme de mi posición, le propiné en toda la cabeza, pues mi puño abarcaba la totalidad de su cráneo, un golpe con la diestra tan fuerte que lo mandó volando unos metros. Tras el forzoso desplazamiento de mi rival, me preparé para el siguiente movimiento, debía pararle los pies como fuera.

-¡JOE! -grité enfadado -¡Entiendo lo que haces, pero erras en tus métodos! ¡Tú y yo buscamos lo mismo!



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#67
Se incorporaba a duras penas. De forma lamentable y arrastrada, pareciendo que un solo impacto era suficiente como para derribarlo física y mentalmente. No debía de esperarse que ahora contase con este nivel de fuerza... pero estos tres años me habían curtido de muchas otras formas y me habían hecho un hombre distinto. Ahora era capaz de vencerle sin sufrir. Era capaz de vencerle sin sentir que cualquier error iba a ser definitivo. Ahora era capaz de cumplir con las exigencias del Almirante Markus, quien me reprendió tan duramente para que mejorase y me hiciese más fuerte haciendo acopio del nuevo poder que me regalaba forzosamente. Y pese a todo, no sonreí. Me mantuve impertérrito observándole, serio, inamovible, concentrado, sin confiarme — Voy a demostrarte que hay muros que no se pueden derribar— dije, mientras observaba como se levantaba con pesar y lentitud, ayudado de unos nuevos brazos que florecían con su habilidad. Tenía que hacer que descruzase esos malditos brazos en algún momento, pero no podía pasar por alto que llevaba tres años encerrado en ese infierno y que yo estaba fresco y preparado para la acción. Estaba cansado, y se iba a romper las manos tratando de moverme.

Mi cuerpo se tensó al máximo haciendo uso de las enseñanzas del Rokushiki, llevando al máximo nivel el principio del Tekkai con mi técnica Teppeki que, además de darme esa dureza y esa capacidad extrema de resistir daño, me permitía moverme y conservar mi soltura física. Paralelamente a esto, mi Busoshoku me recubrió por completo el cuerpo, ya negro de por si por las escamas, dando mi defensa absoluta y perfecta para lo que fuera que tenía que tirarme, y aguardé. En cuanto estuvo en pie su endemoniada velocidad hizo de las suyas de nuevo, desapareciendo de mi rango visual y, por no estar usando el Kenbunshoku Medio, haciéndose imperceptible para mi... pero su lenta incorporación era toda la preparación que necesitaba para contrarrestar... tanto a mi como a Kida.
Con unos nuevos puños gigantes fruto de la mezcla de varios de sus brazos creados por el poder de su Akuma no mi, me atacó con un directo al rostro que no pude ver, pero sentí una vez se dio. Y cuando su poderoso impacto terminó y él recogió su puño hacia atrás, aunque había conseguido superar las defensas de mi técnica Teppeki y mi Busoshoku - una hazaña que no muchos podían decir - no consiguió moverme ni un sólo centímetro. Al unísono con su golpe, Kida se lanzó a morderle de nuevo en el cuello, veloz y certera como siempre mientras yo aguantaba el golpe. Una doble conexión de impactos.
Un ligero humo por el impacto salía de mi rostro, y el leve roce que había conseguido hacerme con su puño, se curaba sólo por mi habilidad de Zoan Mitológica. Sus palabras sonaron en el muelle conjuntamente a las olas del mar, pero tampoco podían hacerme daño ni hacerme dudar. ¿Ahora intentaba engañarme con palabras? ¿Donde estaba esa sonrisa y esas ganas de pelear que vi en su rostro al cruzar esa puerta? ¿Se le habían ido por mi puñetazo? Era patético.

— Este es mi ideal de Justicia, Yojimbo. Una justicia que no se echa atrás, una justicia en la que se puede confiar porque encara el mal y no permite que pase. Una justicia a cuya espalda no se derrama sangre. La Justicia Inamovible — tras esas palabras volví a cuadrarme en guardia y activé mi Kenbunshoku Haki a cincuenta metros a la redonda, pues sabía de lo que era capaz con su velocidad y tenía que estar preparado para cubrirme de ataques sorpresa por otros flancos que no fueran el frontal
— El último muro de Impel Down soy yo, y a mi no puedes derribarme —




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#68
Al mismo tiempo que intentaba levantar mi cuerpo con mis nuevos brazos Joe me dijo que me iba a demostrar que habían muros que no se podían derribar. No pude evitar sonreír durante un instante por la tonta afirmación de mi rival, quizá él no lo había experimentado pero estaba demostrando ser un ignorante. Mientras la gente tuviera sueños, ambiciones, deseos, fuera responsable de sus actos, de elegir… mientras la gente fuera gente no habría un muro que no se pudiera derribar, y yo ahora mismo era la maza que abriría el camino a la libertad de todos, incluida la suya. Mi puño derecho se estrelló a toda velocidad contra el rostro de Joe y al mismo tiempo que el golpe conseguía alcanzar su objetivo volví a notar un dolor punzante, era esa maldita serpiente haciendo de las suyas. Era un dolor que podía soportar, pero desde luego era molesto, tendría que lidiar con ello.

En cuanto eché mi brazo atrás pude ver que, no sólo no se había desplazado ni un milímetro de su posición, sino que de su cara salía una leve columna de humo. Se había bloqueado totalmente mi ataque, algo dentro de mí se encendió. Estaba seguro de que había entrenado con dureza porque era mucho más fuerte, rápido y resistente que la última vez que nos encontramos y eso, paradójicamente, me hacía feliz. Me gustaba la gente que se esforzaba, la pena es que fuera un necio. La primera vez que lo vi sentí la euforia de aquel que se encuentra con un rival al que considera su igual, no obstante consiguió decepcionarme y aquel sentimiento se tornó amargo al comprobar que a pesar de tener un mismo objetivo nuestras posturas eran irreconciliables. Me hubiese gustado que la situación se diese de otra manera, poder tal vez, incluso intercambiar opiniones de forma más pacífica, pero había comprendido que era imposible y que solo nos quedaba una opción. Luchar por nuestros ideales hasta las últimas consecuencias.

Sus palabras continuaron decepcionándome, entendía su postura pero no su forma de llevarlo a cabo, a fin de cuentas, un hombre que vive atado a las expectativas de los demás, cumpliendo roles solo para encajar, no era libre. Yo, estando encarcelado estos últimos tres años, he sido mucho más libre de lo que él lo había podido ser en toda su vida. Eso era una pena, pero no era mi problema.

Sin mediar palabra mi brazo izquierdo ardió en llamas y se abalanzó con la palma extendida sobre su hombro derecho, inmediatamente después, mi brazo derecho impactó sobre su rostro, sucesivamente el izquierdo volvió a impactar haciendo un crochet en su pómulo derecho y, por último, un gancho con la derecha terminó el combo. Me esforcé para que esto ocurriera tan rápido como me era posible, y tras la sucesión de golpes aleteé con fuerza para ascender en diagonal y alejarme todo lo lejos posible de él. Una vez estuve a sesenta metros de altura en diagonal sobre su posición me preparé para el siguiente movimiento.

-El árbol que crece torcido vivirá su vida y el árbol que crece recto será convertido en madera. Reflexiona, puede que esta sea tu última oportunidad.

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#69
No podía creerlo. ¿De verdad Yojimbo se había convertido en alguien tan... débil? Un pirata como él que en su tiempo aterrorizó a gran parte del Grand Line y era capaz de arrasar cuarteles enteros, ahora no era capaz ni de moverme unos pocos centímetros con uno de sus golpes. Su velocidad no le servía de nada si no tenía la potencia necesaria para tumbar un bastión como yo, vivió fuera por sus años en prisión, o porque mi curva de progreso fue mucho más pronunciada, no tenía esa potencia. Mi defensa era absoluta. En cierta medida sentía algo de pena de tener que descubrir esta dura realidad, pero era el curso natural de la vida. Unos se hacían más fuertes y otros no. Y aunque en parte sintiera algo de culpa pues gran parte de mi mejora y potencial de poder se debe a mi nueva akuma no mi, y no sentía mío ese aumento de fuerza ni sus méritos adyacentes, sabía que así había tenido que ser las cosas.

Cuando volvió a lanzarse a atacarme pude verle venir gracias a mí haki de la observación, y simplemente tuve que hacer uso del entrenamiento y las instrucciones que había recibido como marine durante toda mi trayectoria, para tensar todos mis músculos y preparar una defensa absoluta. Mi égida inamovible. Una construcción muscular absoluta en la totalidad de mi cuerpo que blindaba mi organismo poniendo me un bloc de acero a mí mismo, y reforzado obviamente con mi enorme capacidad de control del haki de armamento, envolviendo mi cuerpo ya negro de por sí en la negrura de mi fuerza espiritual. Su primer impacto quedó de nuevo en nada, igual que los tres siguientes, y se convirtió en apenas una rozadura que sanaría pronto, pero su cansancio empezaba a hacer mella inclinando la balanza hacia mí en este combate.

— Qué árbol ni qué árbol, ni que fuera yo un geranio — dije mientras observaba como se alejaba a mayor distancia de la que mi Kenbunshoku podía abarcar, pero no necesitaba expandirlo más... pues en cuanto entrase en mi área podría reaccionar. Y lo haría — Deja de intentar convencerme con tus petulantes comentarios sin gracia ni fundamento y ven a luchar conmigo hmmm ¡puedo hacer esto todo el día! ¡No vas a superar mi defensa así, inútil! — tras esas palabras, me concentré manteniendo la guardia alta para poder interceptarlo la próxima vez que viniese a por mi y poner punto y final a esta pelea, y a su patético intento de fuga.





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#70
Mis golpes chocaban contra su cuerpo, que actuaba como un auténtico pilar de piedra. Desde luego, no eran los golpes más fuertes que tenía, pero hubieran sido suficientes contra el Joe con el que me enfrenté en la biblioteca. Tras mi ofensiva aleteé con fuerza y ascendí todo lo que pude; el cansancio hacía de las suyas y aún no había sido capaz de hacerle ni un rasguño, y las poquísimas magulladuras que le había logrado hacer se habían regenerado, así que estaba nuevo y yo me encontraba agotado. Nunca en mi vida le había golpeado tanto y tan fuerte a alguien y le había hecho tan poco daño. Manteniendo mi posición en el cielo, el sudor brotaba de mi cuerpo sin control y me encontraba al límite de mis fuerzas. Cuando uno estaba tan cansado era difícil concentrarse, por lo que los brazos que se generaron en mis hombros desaparecieron y las llamas de mi espalda, que apenas hace unos minutos ardían con violencia, comenzaron a parpadear y bajaron la intensidad. Por suerte mis dos corazones golpeaban mi pecho como un tambor de guerra, esta iba a ser mi ofensiva final.

Joe no entendió lo que le intentaba decir, otra vez conseguía decepcionarme pero ya no habrían más oportunidades. Era una lástima pero había desperdiciado la oportunidad que le había ofrecido y yo ya no pensaba frenar, esta sería su última guardia frente a estos muros.

Sin previo aviso, una legión de brazos apareció frente a él, esos brazos se entremezclaron al instante entre sí y generaron un puño equivalente al del gigante que dejamos atrás. Esa mole gigantesca de carne avanzó apenas dos metros hasta encontrarse de lleno con el cuello de Joe. El impacto fue tan brutal que el estruendo generado por el golpe retumbó en el aire, como el eco del cañonazo de un barco al ser disparado. De normal hacer este ataque me hubiera llevado tiempo, primero habría tenido que generar los brazos, luego los hubiera unido y por último hubiera atacado con el brazo resultante de la fusión. Pero esta vez era diferente, todo había ocurrido al mismo tiempo pues gracias a mis dos corazones, pese a estar agotado, sentía una celeridad y una capacidad inalcanzable; aun así un dolor agudo nacía del interior de mi cuerpo, haberlo forzado tanto con "Mazo Opalescente" me iba a traer problemas.

El golpe lo lanzó disparado hacia atrás y mientras él volaba sin control yo descendí al suelo; en cuanto mi pierna derecha tocó tierra me impulsé con la misma para perseguirlo y en un parpadeo lo alcancé. Su cuerpo, ahora humano, se encontraba en el suelo y yo pisé su garganta con fuerza. Mientras mi pierna izquierda oprimía su garganta lo miraba con rabia, debía ser brutal para pararlo en seco, pues si conseguía salir de aquí me perseguiría, y si me reencontraba con mis nakamas los pondría en peligro. Alcé la pierna izquierda de nuevo y le volví a pisar el cuello con violencia, por segunda vez.

-Joe, te he dado dos oportunidades… -le dije con cierta pena en mi tono de voz mientras levantaba la pierna de su cuello y me posicionaba para terminar de una vez por todas. -Me habría gustado encontrar el Héroe que todos creen que hay en ti, lo siento…

Entonces tras descruzarme de brazos, alcé el puño derecho, y ejecuté un último golpe que terminaría con todo.

-¡TIERRA DORADA! -grité, mientras mi puño se hundía en su cuello y un sonoro crack aparecía en escena, indicando que el cuello que tanto había golpeado había cedido y se había terminado de romper.

Erguí mi espalda y lo miré directamente, tendido en el suelo, derrotado sin apenas poder moverse, así terminaba la aventura del Héroe, alguien manipulado para hacer lo que le dicen. Un miserable sin sueños.

[Imagen: cbNdpfR.jpeg]


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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6819 - 500 = 6319
Energia: 3761 - 3667 = 94
Espiritu: 2768 + 0 = 2768


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