[Presente absoluto] Intentando recordar
#1
Todo estaba oscuro. Sentía un fuerte dolor, pero no sabía exactamente donde hasta que abrí los ojos algo desorientada y vi el techo del interior de nuestro barco. Me llevé la mano a la cabeza sin poder reprimir una mueca de dolor. No parecía que tuviese ninguna herida. Las excesivas vueltas que daba todo a mi alrededor me hicieron recordar levemente a qué se debía mi malestar. Aquella isla en la que llevábamos ya no sé cuánto tiempo había sido de lo más deprimente. Nada de aventuras fascinantes, enfrentamientos épicos ni tesoros. Lo único que habíamos conseguido era perder a Peixe delante de nuestras narices. Tras eso, lo único que me quedó fue pasar los días bebiendo y enterándome de los cotilleos del pueblo, que no eran demasiados. Encima no había casi tiendas ni lugares en los que descansar de verdad, solo camas sucias, ropa de un tejido horrible y mucha paja y mierda de animal por todos lados. Me alegraba de habernos marchado de allí. Lo único que me molestaba era no recordar cómo había llegado hasta el barco. Miré a mi alrededor para asegurarme de que estaba en la embarcación correcta. Todo me resultaba familiar, efectivamente, tenía que ser nuestro barco. Lo único que no reconocí fue un sombrero de ala ancha tirado a mi lado en el suelo.

Me levanté a duras penas haciendo mi mejor esfuerzo por no caer al suelo. Trastabillé un poco al principio, pero conseguí mantenerme estable unos segundos. En ese momento me percaté de que me sentía extraña y no era la resaca. Mi pisada resonaba de forma distinta y me sentía algo ligera. Miré hacía abajo y vi cómo en mis pies estaban calzados con unas botas negras de cuero adornadas con detalles en dorado que formaban pequeñas serpientes y con unas espuelas. Eran bastante horteras, pero no me desagradaban del todo. También me fijé en que llevaba un pantalón vaquero ancho que me venía grande sujeto con un cinturón negro apretado al máximo para evitar que me cayesen al suelo. En la parte superior llevaba una camisa roja a cuadros enorme varias tallas por encima de la mía. Tal y como me venía de hombros dudase que fuese de mujer. No tenía ni idea de qué hacía así vestida, o más bien disfrazada. Estaba claro que esa ropa no era mía y no me la podía haber comprado, a las horas a las que estaba en el bar no había ninguna tienda abierta. Además, olía a colonia barata. Esa ropa era de alguien y no era nadie de la banda, demasiado pequeña para ser de Yamamura, demasiado grande para ser de Jolyne y demasiado fea para ser de Aspros.

Intenté ascender bastante confundida por las escaleras que me llevarían a la parte superior del barco. Tal vez alguno de mis compañeros supiese algo de lo de la ropa. Tenía que ser cosa de Aspros o de Jolyne. No me di mucha prisa, fui a un ritmo lento, pero seguro. Al salir al exterior me cubrí los ojos con el reverso de la mano. El sol era más molesto que de normal y tardé un poco en adaptarme a la luz. Eso tan solo acentuó mi dolor de cabeza. No vi a Jolyne por ningún lado, Aspros estaba al timón dirigiendo el barco a nuestro próximo destino y Yamamura estaba también en la cubierta. Apenas cabía dentro, sería lo más cómodo para él. Caminé con aquellas botas hacia donde estaba para tratar de esclarecer lo que había ocurrido la noche anterior sin perder demasiado la dignidad.

—Oye, Yamamura, ¿sabes de quién es esta ropa? —pregunté para tantear intentando, por todos los medios, recordar.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#2
Desperté con dolor de cabeza y miré a mi alrededor completamente sin mover la cabeza con unos ojos resecos y la vista nublada. -¡No veo! ¡Me he quedado ciega! – asustada, me toqué la cara rápidamente para darme cuenta de que estaba transformada en mi forma de camaleón y llevaba puestas unas gafas que no eran de mi propiedad que me cubrían toda la cara. Me las quité de inmediato y me fijé en que, milagrosamente, estaba en uno de los camarotes de nuestro barco. Tenía la sensación de que todo daba vueltas y no era porque mis ojos estuviesen girando, y me estaba costando hasta recordar el propósito de encontrarme en alta mar y no en mi granja, pero poco a poco me reincorporé y empecé a recordar vagamente; debíamos estar ya en el barco de camino a la siguiente isla. Me llevaba buenos y malos recuerdos de Toko, pero desde luego que recordaría ese lugar como uno de los mejores para hacer turismo.

Volví a mi forma humana para poder ponerme en pie y tropecé con una especie de sábana y caí al suelo. -Un momento, esto no es una sábana. ¿Llevo puesto un vestido? -pensé extrañada. Por si no fuera poco el misterio de cómo había llegado hasta el barco, me encontraba usando esa dichosa prenda que no vestía desde mi quincena en aquella desastrosa fiesta que no quería recordar. Por encima de mi ropa llevaba un vestido negro y rojo lleno de volantes en la falda que me quedaba tan grande que prácticamente iba arrastrando por el suelo. Conseguí salir del camarote dando pequeños tumbos, empezando a suponer que tal vez me habría sentado mal la cena y que ese sería el motivo de mi malestar, clamando que no había mejores alimentos que los que producía mi granja. Una vez en el exterior, tuve que taparme los ojos con la mano para que no me cegara el sol hasta que pude acostumbrarme a la luz. Sujetando las gafas con la otra mano y aún con el vestido puesto, anduve por la cubierta hasta donde estaban mis compañeros.

-Qué pintas más raras tienes, Triana. La espadachina llevaba una camisa y un pantalón que le hacían parecer pequeña en comparación, pero cuando estaba a punto de reírme de ella, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Era el recuerdo de alguien gritando “¡por favor!” como un loco, aunque todavía era muy difuso en mi cabeza. Lo único que podía recordar con claridad fue que el día anterior me junté con Triana en la taberna del sitio donde nos hospedábamos. -Oye, tú no tendrás nada que ver con que lleve este vestido o estas gafas, ¿no? Ella era la última persona a la que recordaba y, con suerte, la que podría poner un poquito de luz en todo esto. -Por cierto, ¿qué tienes en la cara? Del cuello hasta su cara, Triana tenía escritas unas palabras sobre su piel. -Dice "importante. No olvidar".

Fruta

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#3
Exhalé un suspiro melancólico mientras me dejaba caer sin entusiasmo sobre la cubierta del barco, mis ojos se perdían en las nubes que avanzaban con total indiferencia sobre el inmaculado manto azul del cielo. Habíamos pasado por unos momentos muy complicados y en muy poco tiempo había visto como muchos se habían ido.

-La vida pirata, supongo… -murmuré con desánimo.

Extendí mis brazos por detrás de la cabeza y recogí mi pierna izquierda, apoyando la planta del pie con suavidad sobre la pulida madera del Tango de la Sultana. Mi gran cuerpo de dimensiones colosales junto con mis alas cubría prácticamente toda la cubierta, que desde una vista cenital daba la sensación de estar envuelta por un majestuoso manto negro.

El Incidente de los Cabos Gemelos había sido demasiado y aún me reconcomía la conciencia. Si tan solo hubiera poseído la misma firmeza que Taka, le habría salvado no solo a él, sino también habría impedido que se llevaran a Peixe. Cerré los ojos con frustración, una mezcla amarga de autocrítica y enojo frunciendo mi ceño sutilmente. Me incorporé, sentándome con las piernas cruzadas mientras observaba el horizonte. Pese a hacer mucho calor, la brisa marina, como un jarro de agua helada, acudía en mi ayuda.
El viento jugueteaba con los mechones de mi cabello blanco y mecía con gracia la llama que brotaba de mi nuca. Miré mi brazo izquierdo y toqué la gran cicatriz rosada que se extendía por mi antebrazo, larga y errática como un rayo. Triana me lo curó como pudo y me recomendó no hacer ningún esfuerzo, pero eso no me impidió seguir entrenando y claro, al no reposar ni dejar curarlo como debía estaba con un aspecto terrible. No parecía estar muy bien cosido y daba la sensación de que aún estaba sin curar del todo, aunque ya no me dolía, pero desde luego no tenía buen aspecto. Miré hacia mi torso, desnudo en aquel instante, y estaba repleto de quemaduras por nuestro enfrentamiento con el enmascarado. Que poder más arrollador y letal, si volvíamos a vernos… no quería ni pensarlo. Volví a suspirar con melancolía y algo apenado, no me veía capaz en ese momento de sentir rabia, estaba realmente cansado y necesitaba algo de tiempo para reordenar mis pensamientos. A fin de cuentas, los piratas nos exponemos a esto, yo lo sabía, Peixe también y aún así decidimos ir adelante con esto. Con mi sueño…

Me puse en pie, vi de reojo a Aspros manejando el barco y entonces escuché la voz de Triana. Me giré, agaché la cabeza y ahí estaba ella, haciéndome una pregunta de lo más extraña.

-Pues tuya… -contesté confundido. -Si siempre vas vestida así, no sé a qué viene la pregunta.

Entonces apareció la que faltaba, Jolyne, vestida con un gusto exquisito y glamuroso, como si fuera una reina el día de su coronación. Eso si me sorprendió, quizá Triana me estaba allanando terreno con su pregunta para que le diga algo a la tiradora comepatatas. La pelirrosa se fijó en un detalle que yo había pasado por alto, en la cara de Triana ponía: “Importante, no olvidar”.

-Siempre ha tenido eso escrito, estoy casi al cien por cierto seguro. -dije con total seguridad. -Por cierto, Jolyne no quiero molestarte con mis comentarios, pero estás francamente hermosa hoy. -contesté con absoluta sinceridad. -Estoy sorprendido… -finalicé, quedando embelesado y con la boca ligeramente abierta del asombro que me provocó ver a Jolyne.
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#4
La respuesta de Yamamura me dejó sorprendida. En cualquier otra situación no dudaría de mí misma, estaba segura de que nunca había vestido así, pero ahora mismo no descartaría nada. ¿Mi vida había sido una mentira? Todavía me sentía algo extraña. Cerré y abrí fuerte los ojos para centrarme en lugar de pegarme un tortazo con la mano. No quería parecer más desquiciada de lo que estaba. —¡Yo nunca he ves…! —empecé a decirle a Yamamura para reforzar mi posición hasta que los pasos de otra persona que se aproximaba hacia nosotros hicieron que me girase bruscamente. Jolyne apareció con una vestimenta mucho más extraña y ridícula que la mía. Eso era lo que necesitaba para confirmar que estaba pasando algo raro y no era yo la loca. También me vino bien que me confirmase que la ropa que llevaba no era la habitual. —Pues anda que tú —le contesté para que se diese cuenta de que yo no era la única con una ropa ridícula.

Tampoco ella parecía recordar qué había pasado la noche anterior ni a qué venían nuestras pintas. Me quedé un momento en silencio, intentando recordar. Había pasado la tarde en la taberna, había anochecido y Jolyne había bajado de la habitación para hacerme compañía o a saber qué. Había bebido, aunque no más que otras veces. Me encontraba bien y Jolyne no había probado ni un trago, como era habitual. O sí. Un vago recuerdo vino a mi mente, era tan difuso que no estaba segura de que fuese real. Sí habíamos tomado algo. La imagen de un viejo con bigotes estrafalarios no se me iba de la cabeza. No tenía sentido preguntarle a Jolyne, ella tampoco parecía recordar nada, así que no obtendría respuesta a todas mis preguntas. Pensé que ya no podía estar más confusa, hasta que me avisó de que tenía algo en mi rostro. Me asusté al no saber qué esperar y me alivió saber que tan solo se trataba de una inscripción. “Importante. No olvidar”. Yo nunca olvidaba nada importante, ¿qué sentido tenía apuntarme algo así, encima en la cara y sin poner qué era eso tan importante? Me lo tenía que haber escrito otra persona.

En plena confusión, Yamamura continuó sin aportar una pizca de cordura y le pareció buena idea ponerse a halagar a Jolyne. —¡Yo nunca he llevado esta ropa ni he tenido nada escrito en la cara! ¿Y cómo que está hermosa? Va ridícula, esa ropa es muy rara y encima no es de su talla.

Al girarme para fijarme en ella una vez más me percaté de que también tenía algo escrito en su brazo izquierdo. Se lo cogí y lo giré para ver bien qué ponía. Tal vez fuese la clave para averiguar de qué iba todo esto. “25-48-73-32”. Ocho números agrupados de dos en dos o cuatro números. No me sonaba de nada, pero parecía mi letra. ¿Sería una clave, el número de una caja fuerte? Tenía que ser mi letra, pero estaba escrita con una caligrafía temblorosa e irregular. De nuevo tuve una sensación de familiaridad, como si en cualquier momento fuese a comenzar a recordar pero no pudiese arrancar. Vi mi mano borrosa escribiendo algunos de esos números mientras caminábamos por el desierto, pero, de nuevo, no sabía si se trataba de un recuerdo o algo que mi mente estaba inventando en este momento para darle sentido a todo.

—Jolyne, ¿qué pasó anoche?
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#5
Estaba claro que ninguno de los dos sabía qué rayos pasaba ni por qué Triana y yo íbamos vestidas de aquella forma. Intentando que no cundiera el pánico, cerré los ojos y traté de pensar en lo que hice la noche anterior más allá de ir a ver a Triana, pero todos mis recuerdos se iban como tragados por una especie de agujeros negros. En mi cabeza me imaginaba a una rata con bigotes alargados hablándome, pero parecía que se trataba de un sueño más que de la realidad. Además, el mensaje en la cara de Triana era muy sospechoso, ¿qué es lo que no debíamos olvidar exactamente? Esperaba que no hubiéramos sido tan estúpidas de no apuntarlo.

A Yojimbo pareció gustarle el vestido que llevaba puesto. Cierto es que no era de mi estilo, pero los volantes tenían su gracia. - ¿Tú crees? – dije jugueteando con el vuelo de la tela. Como señaló Triana, no era de mi talla, pero si lo fuera incluso me plantearía dejármelo puesto toda la mañana. No acostumbraba a vestir así, pero de vez en cuando podría darle un uso. Las gafas serían la única excepción, tendría que pensar en algo de provecho. De repente, Triana me agarró del brazo. Era una sensación que recordaba de anoche. ¿Me habría llevado a algún lado? Aún estaba demasiado confundida, pero podía escuchar claramente la voz de alguien pidiendo ayuda. Tal vez Triana me arrastrara hasta alguien en problemas y termináramos metidas en algún lío.

No me había fijado antes, pero lo que señalaba mi compañera en mi brazo eran unos números escritos en él. -No tengo ni idea de qué es esto, ¿sería eso lo que no debíamos olvidar? Tenía la sensación de que era algo de vital importancia y la frustración no me dejaba pensar con claridad. Volví a cerrar los ojos para concentrarme y sentí el vago recuerdo de nosotras dos andando por el desierto en mitad de la noche. Me di la vuelta para volver sobre nuestros pasos y vi tirada al lado de la puerta por donde salimos una señal de madera que indicaba con una flecha “Pueblo Goruden”. De momento tenía una rata con bigotes, agujeros negros, una mujer pidiendo ayuda, unos números importantes y ahora una señal. – Yo no entiendo nada. Y eso sí que no ha podido estar ahí siempre – le dije a Yojimbo por si se le ocurría soltarlo como excusa.

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#6
Triana parecía una completa desquiciada gritando y abriendo los ojos de par en par, a veces daba miedo. Sobre todo cuando salía a fumar a la cubierta a altas horas de la madrugada y tenía esos pelos y esas ojeras y… y entonces continuó gritando que ella nunca había llevado ese tipo de ropa ni tenía cosas escritas en la cara.

-Perdona, va monísima. -contesté algo ofendido con su afirmación, justo antes de que Jolyne dijera: “¿Tú crees?”. -Si. -contesté inmediatamente. -Que pena que vayas tan ridícula siempre… -susurré pensando en sus ropajes habituales de macarra de instituto, como los de las novelas románticas de adolescentes.

Tras eso la espadachina maleducada le preguntó a la bella tiradora qué era lo que había pasado la noche anterior. ¿Tendrían mala memoria? Me rasqué la cabeza confundido y arqueé la ceja derecha con curiosidad… ¿alguien les habría estado borrando la memoria? Triana señaló unos números que tenía escritos Jolyne en el brazo y ella confirmó mis sospechas, no tenía ni idea de qué significaba eso.

-Parecen coordenadas, igual si se las decimos a Aspros él nos pueda indicar la dirección exacta. ¿A qué sí? -pregunté en voz alta esperando a que me diera una respuesta que pudiera aclarar un poco el asunto. Pero eso no ocurrió, simplemente volteó la cabeza sin querer saber nada mientras tatareaba, fingiendo estar distraído. Observé la cubierta de nuevo y encontré un cartel en el que ponía “Pueblo Goruden”.

-Vaya, esto lo habrá traído el viento… -dije mientras lo cogía y lo tiraba por la cubierta del barco, directo hacia el mar. -Oye Triana haz algo de comer, ¿no? Hace tiempo que no comemos nada… ¿tú qué quieres Jolyne?
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#7
Jolyne tampoco sabía qué eran los números de su brazo. Tal vez la combinación de alguna caja fuerte… A Yamamura se le ocurrió que podrían tratarse de coordenadas, pero era mi letra y yo no tenía mucha idea de coordenadas. Tampoco íbamos a salir de dudas, ya que Aspros no parecía dispuesto a participar en nuestra locura. Lo que estaba claro era que se trataba de una información valiosa, había algo que se nos escapaba y que podría ser de vital importancia, incluso podría tratarse de un tesoro que estábamos dejando atrás en aquella islucha llena de pueblerinos y estiércol.

Yamamura continuó ignorando lo que le rodeaba y lanzó a señal del pueblo por la borda creyendo que había sido arrastrada por el viento. Seguro que se trataba de otra pieza importante del puzle. —¡No! ¡Idiota! ¡¿Cómo la va a traer el viento si no ha habido apenas viento todo este tiempo?! —le grité furiosa al ver que no se implicaba lo suficiente para resolver este misterio que podría hacernos millonarios. Todo nuestro viaje resuelto, podríamos cruzar el mundo sin preocupaciones y contando con todos los lujos. —Jolyne, piensa, qué son esos números, qué es tan importante —le apremié para que pusiese su cerebro a funcionar y buscase en él las respuestas que yo no podía encontrar en el mío.

Quise seguir dándole vueltas, la señal también me sonaba de algo, pero Yamamura parecía más interesado en comer que en cualquier otra cosa y encima pretendía tenerme de sirvienta en la cocina. —Si quieres comer rascas las lapas del barco y te las metes en la boca, nosotras estamos ocupadas con cosas mucho más importantes. ¡Piensa! —le repetí a Jolyne. Todavía no estábamos muy lejos, podíamos intentar dar la vuelta si recordábamos algo, como, por ejemplo, qué clase de tesoro habíamos escondido. Si habíamos utilizado nuestro cuerpo para escribir era porque no teníamos otra cosa, pero tal vez encontrásemos nuevas pistas en nuestra ropa. Me palpé por todo el cuerpo y revisé mis bolsillos. No andaba mal encaminada. De uno de ellos saqué un papel mal doblado y ligeramente arrugado. La primera pregunta que se me vino a la mente era que si teníamos papel por qué habíamos escrito en otro lugar, pero sería algo que nunca lograríamos saber. Desdoblé el papel y leí lo que había escrito en él. La expresión de mi rostro cambiaba a medida que iba avanzando en la lectura.

—¿Esto qué es? ¿Una broma? —les pregunté a Jolyne y Yamamamura como si supiesen de lo que estaba hablando —. Vaya chorrada. Un papel roñoso en el que pone que nos hemos casado con un tal Liam Watson y Johny Baker —dije tirándole la hoja a Jolyne sin ningún cuidado. Aquello no podía tener ningún tipo de valor, pero dudé cuando miré mis manos vi un anillo en mi anular. Me fijé en las de Jolyne y me percaté de que tenía uno idéntico. A lo mejor en aquel pueblucho bastaba con un papel así para que un matrimonio fuese oficial, incluso era posible que tan solo se tratase de un recordatorio de lo que había ocurrido aquella noche y los papeles oficiales estuviesen ya en vigor. —Qué tontería —dije en voz alta intentando convencerme de que algo así no era posible. Encima con un tío.
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#8
Una de las pocas cosas que teníamos para recordar lo que pasó la noche anterior se fue volando por la borda. Yo me dediqué a negar con la cabeza mientras Triana gritaba a Yojimbo. -Genial. Tal vez había una pista en la señal, pero ahora no lo sabremos nunca porque nuestro capitán es un inconsciente. Antes de que Triana soltara su furia también sobre mí, me crucé de brazos y agaché la cabeza. -A ver, números…- me dije. Hasta ahora no me había tomado en serio nuestro pequeño lapsus mental, pero Triana estaba empezando a impacientarse y daba mucho miedo. Si de verdad fueran coordenadas, no sabría ni por dónde empezar a buscar. Quizás era algo mucho más sencillo que todo eso y nos estábamos comiendo la cabeza por nada. Lo único que estaba claro era que me estaba empezando a acostumbrar a ese vestido. Odiaba la idea de aburguesarme por su culpa, por lo que busqué como loca la forma de quitármelo. La voz de Triana paralizó mi tarea de inmediato.

-¡Sí! Estoy pensando, pero no lo sé… ¿son páginas concretas de algún libro? O tal vez un diario. Yo solía llevar uno en mi pueblo, espero que nadie lo lea ahora que no estoy. El problema era que no teníamos el supuesto libro ni sabíamos qué tipo información valiosa contendría. Lamentablemente todos los indicios indicaban que nunca recordaríamos lo sucedido. Miré a Triana mientras rebuscaba en sus bolsillos, de los que sacó un pedazo de papel que se puso a leer. Su cara cambiaba por instantes hasta que nos dio una gran noticia: nos habíamos casado.

- ¿¡Cómo!? ¡Y te quedas tan ancha! - dije ante su impasibilidad. -Tiene que ser un error. Agarré casi al vuelo el papel que lanzó Triana y lo leí detenidamente. Empecé a atar cabos en mi cabeza. Puede que lo de “no olvidar” fuera nuestra boda, pero eso no explicaba lo de los números. ¿El guardarropa de los invitados? De solo pensarlo se me puso la piel de gallina. Arrugué el papel con fuerza y se lo lancé a Yojimbo, sin embargo, la prueba irrefutable que lo confirmaba era un anillo en nuestro dedo anular. Me lo quité rápidamente y lo mordí varias veces para comprobar que se doblaba. – ¡Encima es chatarra! Qué decepción. No solo nos habíamos casado, sino que probablemente habíamos sido engañadas por algún estafador matrimonial profesional de ciudad. La situación no podía ser peor. -Triana, si todo esto acaba siendo cierto, nunca lo mencionaremos. Por no recordar, no recordaba ni con cuál de esos dos estúpidos me había casado, pero ninguno de ellos conseguiría sacarme nada.

Para finalizar todo este numerito, un ruido familiar me alertó, aunque era muy lejano y suave. Solo me quedaba pensar que estaba soñando.

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#9
Triana me empezó a gritar como si estuviera loca mientras tiraba ese trozo de madera por la borda, parecía una bruja malvada a punto de lanzar un maleficio sobre "El Tango de la Sultana" y todos los que navegábamos en él. Jolyne también parecía disgustada por haber tirado ese cartel.

-¿Eh? -pregunté confundido.

No entendía nada, no sabía a qué venían los nervios de Triana... seguro que nos estaba ocultando algo y por eso se había puesto tan histérica. Empecé a ponerme nervioso yo también, no sabía qué nos estaba ocultando pero no era nada bueno, de eso estaba seguro. Retrocedí un par de pasos y pegué mi espalda al palo mayor mientras miraba fijamente como le gritaba a Jolyne que pensara y me gritaba a mi que si tenía hambre me comiera las lapas del barco. Entonces sacó un papel y se puse a leerlo, tras eso nos preguntó que si aquel escrito se trataba de una broma y al final confesó. Tanto Jolyne como Triana estaban casadas.

-¡¿CÓMO?! -grité sorprendido.

Mis sospechas eran ciertas, Triana era una viuda negra y le estaba quitando hierro al asunto diciendo: "Ay que tontería nos hemos casado Jolyne jeje, y que mala suerte, el mio ha muerto cortado por la mitad  y encontrado en una habitación de hotel a las dos semanas jijiji". Si, eso estaba haciendo exactamente Triana, era su forma de actuar. Jolyne me lanzó el papel que habían estado leyendo y si, ponía que se habían casado.

-No Jolyne... -susurré preocupado. -Escucha, no tienes por qué seguirle el juego, si sigues por este camino ella matará a tu marido. Si, así es como funcionan las viudas negras, matan muchos maridos, les gustan las bodas y la muerte. ¡NO LO HAGAS! -grité cuando vi que se estaba intentando suicidar comiéndose un anillo. Le quité con rapidez el anillo de la mano y lo lancé volando, como empezaba a ser costumbre, por la borda.

-Triana, esto es una orden de capitán... ¡Prohibido casarse más! ¿Oído?
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#10
Jolyne parecía consternada por la noticia, pero yo estaba cada vez más convencida de que aquello era una pantomima. Ni siquiera el anillo era real. Me sentía insegura al no saber qué había ocurrido, la ropa, los números, el mensaje, la señal y ahora esto. La situación ya no podía empeorar. ¿Cómo podían haber ocurrido tantas cosas en tan solo una noche? Además, parte de esta la teníamos que haber pasado llegando hasta el barco. Tal vez alguien nos había acercado en caballo o en carro, puede que nuestros supuestos maridos. En el estado en el que me encontraba anoche me veía capaz de casarme con tal de que me llevasen hasta el barco, pero era imposible que lo hubiésemos podido hacer en tan poco tiempo. De todas maneras, tampoco nos afectaba. Aunque fuese verdad, ¿eso qué implicaba? No teníamos nada que pudiesen reclamar nuestros maridos y más les valía ni intentar volver a dirigirse a nosotras si no querían que nos convirtiésemos en viudas.

—Jolyne, qué ingenua. Está claro que esto no tiene ninguna validez —le dije más calmada para seguir tratando de convencerla. Lo que me faltaba era que ahora estuviese dándole vueltas al tema y sin dejarme olvidarlo, aunque ella también parecía decidida a no volver a nombrar nada sobre el asunto. Por su parte, Yamamura se mostraba bastante preocupado. No entendía su actitud, creía haber sido convincente, pero a saber lo que se le pasaba por la cabeza. Con el tiempo había aprendido que era imposible de descifrar, así que ni lo iba a intentar y más rara aún fue su orden.

—¿Qué te crees, que somos tu harén o algo así? Me casaré si me da la gana, pero no te preocupes que no lo tengo en mente —le respondí sabiendo que cumpliría con su orden incluso si no la llegaba a formular, pero sin querer que se le subiera a la cabeza lo de querer dirigir nuestras vidas privadas. Me palpé de nuevo los bolsillos de forma inconsciente buscando un puro. Se me había olvidado que no llevaba mi ropa y tendría que ir dentro del barco si quería conseguir uno. Me giré mirando hacia la puerta que llevaba al interior y, en ese momento, un sonido estruendoso resonó desde el otro lado de la puerta entreabierta.

—Jolyne, ¿hay alguien más en el barco? —pregunté con semblante serio sin poder desenvainar mis katanas, que tampoco llevaba encima.
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