16-12-2023, 07:06 PM (Última modificación: 16-12-2023, 07:09 PM por Eaa.)
Leyenda
Guía de color:
Eaa
Habla (rojo)
Piensa (morado + cursiva)
NPCs
Elisa (rosa)
Aproveché que tenía algo de tiempo antes de la hora para comprar un par de cosas, con unos cuantos berries que me encontré en una cartera. “Hoy es nuestro día de suerte ¿no crees, pequeñín?” le dije a Mandarina, quien me maulló en respuesta. “Creo que nos llega para cenar pollo y quién sabe, puede que incluso alguien nos llame a este cacharro regalándonos dinero” Seguía inspeccionando el Den Den. Me intrigaba su funcionamiento, y aunque llevaba mucho tiempo sin utilizar uno, seguía sintiéndome un poco incómoda desde que perdí el anterior, antes de montar en aquel barco.
Subí con enorme cuidado al carro. Como me esperaba, fue inevitable atraer las miradas de la gente que ya había montado. Por suerte, ninguno de los allí presentes hizo ningún comentario respecto a mi apariencia, lo cual siempre era de agradecer.
“Es un gato muy bonito” habló entonces una pequeña niña, viendo a Mandarina asomar la cabeza por debajo del abrigo.
La joven, de aproximadamente unos siete u ocho años, tenía el pelo castaño, y los ojos verdes. Se encontraba sentada a mi lado, en el interior del carro, mientras esperábamos a que llegara la hora de salir.
“¿Te gusta?, se llama Mandarina” sonreí. “¿Quieres acariciarle?” pregunté.
Tras la respuesta afirmativa de esta, la cual estaba muy animada, destapé un poco el abrigo. Con cuidado, cogí al gato, haciéndole salir y sentándole sobre mis piernas. Este se encogió, cerrando los ojos. La niña acercó tímidamente la mano, asustada de que el animal pudiera arañarle la mano o morderle. Cuando tocó la cabeza del animal, rápidamente apartó la mano, asustada.
“Está… está haciendo ruido. Perdón, perdón” se disculpó con su dulce vocecita. No pude evitar dejar escapar una carcajada ante esa situación.
“Perdón” me disculpé. “Es normal que haga ese ruidito. Se llama ronronear, y quiere decir que está contento.” le expliqué, acariciando al animal. “No tienes que preocuparte.”
Con recelo, la niña volvió a acariciar al animal, animándose cuando vio que este no se quejaba. No tardó mucho en llegar la hora en la que el carro salió en dirección al árbol del conocimiento.
“Me llamo Elisa, pero todos me llaman Eli. ¿Y tú, cómo te llamas?” preguntó la joven, algo menos tímida tras jugar con Mandarina.
“Yo me llamo Eaa. Tienes un nombre muy bonito” sonreí. “Estoy un poco nerviosa porque es la primera vez que estoy en esta isla.” confesé, viendo como el pequeño animal se estiraba, más descansado. “He escuchado que hay una biblioteca muy grande. ¿A ti también te gusta leer?”
La niña negó con la cabeza. “Mi mamá trabaja en la biblioteca y voy a llevarle la comida.” explicó ”Como todavía soy pequeña no me deja ir sola.”
El viaje transcurrió rápido. No duró más de quince minutos, y por lo que pude ver desde el carro, el camino era de lo más tranquilo. “Vaya, llego a saberlo y no me hubiera hecho falta venir en el carro” suspiré, mientras bajábamos de este. Me llevé la mano al pelo, viendo que se me había enredado algo de paja que había en el carro entre los mechones. “Qué remedio” pensé, agachándome. Aproveché para atarme los cordones, antes de desenredarme el pelo. Quité uno a uno todos los trozos de paja y demás que había entre los mechones, antes de levantarme bruscamente.
Elisa, la cual estaba de pie a mi lado, se quedó anonadada. “Que bonita” dijo.
Me reí. Genuinamente me agradó que la pequeña opinara eso. A diferencia de la gran mayoría de gente, no había más que inocencia y buenas intenciones en las palabras de la pequeña. Me puse de cuclillas, para de esa forma estar más o menos a la altura de esta.
“Encantada, Eli” le sonreí, acariciando su cabeza, tratando de no despeinarle. Tras despedirme de la niña esta salió corriendo en dirección a la puerta.
Alcé la mirada para ver el imponente árbol frente a mí. Ya era maravilloso desde el pueblo, pero estar a su pie me generaba una sensación indescriptible. Cuando volví en mí de mi asombro, decidí ir hacia la puerta, decidida a entrar a aquel templo del saber.
Karmas a tener en cuenta
Belleza y Toque divino: Recibes un trato aún más favorable por parte de los NPCs.
Voz amable: Tienes un tono de voz que tiende a relajar las tensiones en los conflictos para que los NPCs no se muestren hostiles ante ti.
Tic: Tu personaje tiene un tic recurrente que tendrás que mostrarlo una vez por tema ( Cuando se nota despeinada, agacha la cabeza para que el pelo caiga hacia abajo, y luego la levanta bruscamente para que este vaya hacia atrás)
Me acerqué despacio a las grandes puertas de la biblioteca, dubitativa. Un sinfín de sensaciones recorrían mi cuerpo. No podía dejar de temblar, mientras acercaba la mano a la gran puerta de madera. La empujé suavemente, aunque esta parecía no ceder. Hice más fuerza, comenzando a ponerme nerviosa.
- ¡No puede estar cerrada! - exclamé, puesto que no hacía mucho tiempo desde que había visto entrar a Elisa y al resto de personas que iban en el carro. Comencé a mirar a todas partes, hasta que vi un gran cartel. “Tirar” ponía.
- Maravilloso, Eaa, eres la más lista. - dije, llevándome una mano a la cara. Comencé a reírme a causa de la vergüenza, antes de abrir la puerta. Entré, enormemente sonrojada, tapándome la cara como si deseando de esa forma que nadie me viera. Me alejé de la puerta, mirando al suelo. Levanté la mirada cuando me tropecé con una de las mesas.
- Qué de libros - pensé en voz alta.
La vergüenza que me inundaba abandonó mi cuerpo por completo mientras la emoción ardía en mi interior como si de una enorme hoguera se tratase. Me acerqué a una de las estanterías, mirando las diferentes secciones. Me movía de una a otra, admirando la gran cantidad de conocimiento que allí se encontraba mientras pensaba por dónde iba a empezar a leer.
- Está prohibido correr en la biblioteca. - habló una señora, la cual se encontraba en una especie de recepción. Me disculpé, parando un momento para relajarme.
Miré entonces a mi alrededor, analizando toda la estancia. Había un montón de estanterías, las cuales eran bastante más altas que yo (y eso que no soy precisamente baja), que dividían la sala en varios pasillos. Además de ello, había unas cuantas mesas, en las cuales había gente leyendo, algunos incluso tomando apuntes. Sorprendentemente y aun estando la biblioteca llena de gente, reinaba un silencio sepulcral. Los únicos ruidos que se podían escuchar eran la respiración de la gente, y el sonido de las páginas pasar.
Me acerqué a la mujer de la recepción. - Disculpe - pregunté, con mi tono normal de voz. - No hables tan alto. - dijo, casi susurrando. - ¿No te han enseñado educación en casa?
Me disculpé con la mujer, antes de preguntarle acerca de si podía leer los libros de la biblioteca.
- Mientras no los saques ni lo intentes, puedes leer lo que quieras. - agradecí entonces a la señora por la información, antes de dirigirme a una de las estanterías. No sabía por dónde empezar, había tantas cosas que era realmente abrumador.
Finalmente, cogí un libro que trataba de la fauna local, y sentarme en el suelo junto a una de las mesas me puse a leer.
Sorprendentemente, Mandarina no hizo ningún ruido mientras yo estaba leyendo.Tan solo se acurrucaba dentro del abrigo, durmiendo por momentos. -¿Tienes hambre, pequeñín? - le susurré, antes de coger de la bolsa un poco de carne seca y acercársela. Una vez este se quedó satisfecho y se volvió a dormir, continué con mi lectura. Terminé el libro antes de levantarme a devolverlo al sitio, cogiendo luego otro.
Mientras me encontraba leyendo el otro libro noté que alguien tiraba de mi abrigo. Me giré, viendo entonces a Elisa a mi lado. Me miraba tímidamente, escondiendo algo. - Hola Eaa - sonrió la niña. - Toma - dejó un papel sobre la mesa, al lado del libro. - Es para ti - di la vuelta al papel, revelando un dibujo. - Es precioso Eli. - ayudé a la niña a subir, sentándola en mi regazo. Le di un suave beso en la cabeza, lo cual hizo que esta se sonrojara. - Sois Mandarina y tú. - sonrió, señalando. - Y esa soy yo jugando Mandarina. - habló después. Me miró entonces. Se podía ver la tristeza en su mirada. - Quiero que os quedéis aquí para siempre Eaa - preguntó sollozando. - No puedo hacer eso. - respondí. Traté de calmar a esta para que no se pusiera a llorar. - Voy a guardar este dibujo para siempre. - le dijo, despeinando a la pequeña. - ¿Vais a volver? - volvió a mirarme, todavía triste. - Claro que vamos a volver Eli. - le respondí, abrazando a esta suavemente. Le sequé las lágrimas. - Cuando vuelva voy a traerte cosas muy bonitas y te contaré todas nuestras aventuras.
La niña sonrió entonces, feliz por escuchar aquellas palabras. Tras hablar un poco esta se despidió, yendo después con su madre, dispuestas a irse a casa. Miré nuevamente el dibujo. Era posiblemente la primera vez que alguien me regalaba algo y tenía pensado atesorar aquel dibujo por el resto de mi vida.
Tras guardar el dibujo, asegurándome de que nada malo le iba a pasar a este, continué con mi lectura. Pasaron horas, en las que aproveché para leer todo libro que me llamaba la atención y estaba a mi alcance.
Recordé entonces una de las razones que me habían traído a esta isla. Traté entonces de encontrar uno que hablara sobre las frutas del diablo, esperando hallar en él alguna información sobre cómo funcionaba la mía. Por ahora lo único que sabía al respecto era que me había salido una especie de huevo en la zona de las caderas, el cual a decir verdad era bastante horrible. - Bueno, no me sorprende, la verdad. - suspiré, pensativa, mientras hojeaba uno de los libros sin encontrar nada relevante en él. - Para la mayoría no son más que un mito. - Y realmente mi, por así llamarlo, investigación, lo demostraba. La gran mayoría de los libros trataban sobre conceptos básicos, como teorías respecto a su origen. También leí acerca de un mineral, la piedra marina, el cual parecía que debilitaba a los usuarios al contacto, y prevenía el uso de sus poderes.
Finalmente, tras un par de horas de infructuosa búsqueda, desistí. Para colmo, la anciana de la recepción me miraba con una cara que dejaba ver a la perfección que no me quería allí, pero para mi suerte tampoco se atrevía a tratar de echarme. Era bastante obvio, debido a la gran diferencia física entre nosotras dos.
Enormemente desmotivada, volví a buscar en las estanterías algo más que leer. Cogí el primer libro que encontré y volví a la mesa para leerlo. A diferencia de los anteriores, este se me hacía realmente pesado. - Silmar... - Traté de leer la portada, pero no se entendía muy bien qué ponía, a decir verdad. Se notaba que era un libro antiquísimo, y que había pasado por muchas manos. Me forcé a seguir leyendo, viendo que se trataba de un libro de fantasía, pero la verdad es que no tenía ganas. - Otro día será, amigo - dije, dejando este sobre la mesa. Estaba segura de que aquel libro me hubiera encantado, pero en aquel momento sentía un gran vacío en mi interior.
Me encontraba en el árbol del conocimiento, lo que siempre había querido, pero por alguna razón me sentía vacía. Me quedé un rato en silencio, pensativa. - ¡Decidido! - dije, levantándome de golpe. - Nos vamos de viaje Mandarina. - hablé, a lo cual el felino respondió con un enérgico maullido.
- Pero bueno, ¡qué despropósito!. Los animales no están permitidos en la biblioteca. - gritó la amargada bibliotecaria, levantándose de aquella silla a la que hubiera jurado que estaba atada, puesto que no la había visto moverse en todo el día.
- Que sí, que sí. Que ya nos vamos, señora - le respondí, mientras iba a dejar el libro en su sitio. Me dirigí entonces a la puerta.
- Sabes, Mandarina, me he dado cuenta de que lo mejor de leer libros es descubrir las historias detrás de ellos. - le expliqué al animal, el cual estaba muy animado. - Así que vamos a viajar por el mundo para descubrir las historias detrás de todos los libros. - dije en alto. No tardé mucho en darme cuenta de la magnitud de mis palabras. - Bueno, todos los que podamos - me reí, antes de comenzar a caminar en dirección al pueblo.
Aclaraciones
Por motivos ajenos a este tema, no sabía muy bien cómo referenciar mi akuma no mi. Aquí está.
Tama Tama No Mi: Modelo Huevo
Zoan
3
¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Esta fruta convierte al usuario en las distintas "fases" de un gallo, convirtiéndolo en un humano huevo, un humano pollito y un humano gallo respectivamente.
Especificaciones
Esta fruta Zoan cuenta con distintas especificaciones que la hacen muy diferente de las demás:
La primera de todas es que el usuario no puede alternar su transformación y siempre está en forma híbrida y sus bonos siempre están presentes, y dicha transformación no consume su energía. Por el mismo motivo, su transformación no puede ser interrumpida por los métodos convencionales de umbral del dolor. Como consecuencia de esto, es una zoan que no cuenta con un estado de regeneración pasiva aumentado.
De igual modo su muerte es un estado de transición entre una forma y la siguiente, siendo el orden natural de estas: Huevo > Pollito > Gallo. El usuario llegará a este "estado de transición" cuando se cumpla la normativa de "muertes" del foro, es decir, cuando alcance una acumulación de daño en negativo superior a su Voluntad X2. En ese momento estará en su forma más vulnerable pasando de una fase a la siguiente, inconsciente, durante dos turnos, y si acumula una cantidad de daño en negativo total superior a la mitad de su Vitalidad total el usuario morirá irremediablemente.
En su Modo Tamago el usuario no ve alterada su apariencia, peso, ni altura, pero en cambio llevará la parte inferior de un cascarón de huevo que le cubrirá la cintura y la cadera, y en la que tendrá introducidas las piernas. El cascarón es blanco con motas del mismo color de su cabello.
En su Modo Hiyoko el usuario se transformará por completo en una versión antropomórfica de un pollito. Sus pies y piernas se convierten en las patas de un ave, sus brazos se convierten en alas cuya última pluma tiene capacidad prensil. Todas las articulaciones mantienen su longitud original aunque se transformen. De igual modo, toda su piel se llena de plumas del mismo color del cabello del usuario y le brota un pequeño pico sustituyendo su boca y labios, de veinte centímetros de largo y de tono anaranjado, y conservará su cabello.
En su Modo Niwatori el usuario se transformará por completo en una versión antropomórfica de un gallo. Sus pies y piernas se convierten en las patas de un ave, sus brazos se convierten en alas cuya última pluma tiene capacidad prensil. Todas las articulaciones mantienen su longitud original aunque se transformen. De igual modo, toda su piel se llena de plumas de color blanco, le brotará una cola emplumada negra, en cascada, de sesenta centímetros, perderá el cabello y ganará una cresta roja de treinta centímetros, un colgajo del mismo color y de la misma longitud, y le brotará un gran pico sustituyendo su boca y labios, de cuarenta centímetros de largo y de tono amarillento
Control de Akuma: 100 CA.
Ventajas: Te otorga 3 habilidades raciales basadas en la fase en la que te encuentres y obtienes los siguientes bonos fijos y no acumulables en cada una de ellas respectivamente:
· Modo Tamago: +40RES y +10FUE.
· Modo Hiyoko: +30AGI y +20FUE.
· Modo Niwatori: +15RES, +15AGI, +15FUE y +5VOL.