[Aventura Grupal T2]El incidente de Ciudad Murkhold
#21
Con la lluvia cada vez más embravecida, Maeve ascendió a los cielos para encarar valientemente a su rival, privándole temporalmente de la visión, por su parte Eaa aprovechaba la distracción de su compañera para cargar con los cuernos sobre el abdomen del capitán Waj actuando justo después Peteiro soltando un golpe sobre las costillas del semi gigante, parecía que el grupo tenía sinergia y estaban dispuestos a plantar cara a la adversidad aunque su vida fuera el mismísimo precio final a pagar.

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Maeve se transformó en pájaro y se lanzó contra mí, así que eran una usuaria, comienzo a entender cosas, antes de poder darme cuenta la tenía cerrándome el ojo y antes de poder hacer nada un excitante dolor agudo me llego desde el abdomen, seguido de otro buen golpe en las costillas, Ah el estupendo dolor de la batalla, casi había olvidado lo bien que se siente dar y recibir golpes, son realmente buenos y encima saben trabajar en equipo, definitivamente tengo que doblegar su voluntad y obligarles a trabajar para mí, el semi gigante saliendo de su éxtasis por los golpes recibidos rugió "MAGNÍFICO! ¡PERO NO ES SUFICIENTE!". Alce mi mano hasta agarrar a Maeve con mi mano izquierda, separándola de mi rostro mientras sonreía de oreja a oreja, mientras con mi mano derecha agarraba fuertemente el kanabo y lo descargaba sobre sus dos compañeros con un barrido en forma de media luna, comenzando en mi costado derecho y acabando en el izquierdo, llevándome por delante la parte baja de la taberna y del edificio que quedaba a mi izquierda. "¿Qué te parece si nos ponemos serios, "capitana"? YAAAAAAAAJAKJAKJAK" se acabaron los juegos, era divertido, pero debía enseñarles una lección, ni siquiera los edificios están seguros frente a Waj el luces.

Waj tenía a Maeve apresada dentro de su mano izquierda, dejando tan solo los pies y la cabeza fuera de su mano, mientras se giró hacia los compañeros de esta y con una sonrisa en la boca comenzó a burlarse de ellos. "¿Qué vais a hacer ahora que tengo a vuestra capitana en mis manos? Rendíos y uníos a mí, o le romperé el cuello." Dijo mientras colocaba el pulgar derecho sobre la cabeza de Maeve. "¿Es muy guapa verdad? Sería un desperdicio destrozarle la cabeza." Sonrió con malicia mientras miraba a los otros dos.

Resumen


Bélico



Stats y Karmas de Waj


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#22
PERSONAJE


     Si Murkhold tuviese un premio al más imbécil, acababa de convertirme en la favorita para ganarlo.
     Mis compañeros fueron capaces de golpear al gilipollas mientras yo tapaba su visión, pero sin duda había subestimado su rapidez. Cuando me quise dar cuenta, me estaba empuñando como quien atrapa un jilguero. De pronto, todo mi cuerpo estaba aprisionado dentro de su mano izquierda, húmeda, y no tenía muy claro si era lluvia o sudor. Me arrebató la libertad de movimiento: tan solo mi cabeza —por encima— y mis pies —por debajo— escapaban a su trampa. El muy cabrón estaba apretando mi cuerpo, no dudaba de que pudiera espachurrarme si esa fuese su voluntad. Y estaba muy segura de que tal voluntad se encontraba muy cerca de mi muerte. Me dolían las alas, me costaba hinchar el pecho para tomar oxígeno. Apoyó su enorme dedo pulgar en mi cabeza. Hizo presión, la justa como para saber que mi vida pendía de su capricho.
     Eres tontísima, ¿cómo has podido caer en su poder?, me reprendió mi crítica voz interior, aquella que alzaba el ego cuando me salían las cosas bien y me pisoteaba cuando, como ahora, fallaba. Vas a morir por idiota.
     Ese puto pirata estaba chantajeando a Peteiro y a Eaa. Volvió a repetirlo: o se postraban ante él o me mataría. ¿Qué elegiría yo en el lugar de esos dos? ¿Unirme a ese cabronazo por salvar a alguien que conocía desde hacía unas pocas semanas o condenarlos a muerte? ¿La verdad? Era perfectamente entendible que me mandasen a la mierda para poder conservar su libertad. Como buenos piratas. A fin de cuentas, no éramos un equipo, no me debían nada.
     ¿Cómo sería morir por rotura de cuello? No tenía pinta de ser agradable. Durante esas milésimas de segundo recordé a los piratas que ajusticiaban con la horca. Definitivamente, no era nada, nada agradable. Apreté la mandíbula.
     Entonces, Waj hizo alusión a mi rostro, a mi belleza. En concreto, se refirió a mi muerte como "desperdicio". Y tal vez fue la lucidez anterior a la muerte inminente, o quizá tan solo fue uno de los tantos relámpagos que tapizaban el cielo, que en mi cabeza se dibujó la siguiente jugada. No tenía nada que perder, quiero decir, librarme de aquella vicisitud era más que improbable, así que jugaría la única mano que ahora mismo tenía.
     —¿Estás... dispuesto a... dejarme escapar por un... berrinche? —La línea era muy, muy fina, tanto como la que me separaba de perder la vida; gemí de dolor, aunque confieso que lo exageré un poco—. Admito que... te subestimé, no... te esperaba tan... fuerte. —Hice hincapié en la última palabra; la dificultad para hablar no tenía que fingirla—. Y me gustan los... hombres fuertes. —Deseé haber interpretado bien, deseé no estar haciendo una escena espantosa—. Y por lo que veo, te... gustan rebeldes... Waj... —Eché la cabeza hacia atrás, tratando de encontrar mis ojos rojos de buitre con el único suyo, aquel que había tapado con mi cuerpo emplumado hasta hacía unos segundos—. ¿Sabes? Mi rebeldía no es... solo en batalla... Aunque... también puedo ser... sumisa... ¿Te gustan sumisas... Waj? ¿Te gustaría... meterme en tu cama?
     Las últimas frases concentraron toda la sensualidad que fui capaz de reunir en tales circunstancias.
     A continuación, miré de nuevo hacia abajo y, reprimiendo el asco con toda la voluntad de mi ser, saqué la lengua, que asomó bajo mi pico rosado, y lamí la puta mano repugnante con la que me había capturado. Sostuve la respiración. Mejor eso que morirse.
     Después, busqué el contacto visual con Eaa. Le guiñé un ojo. Esperaba con todo mi corazón que, bajo la tormenta, hubiese visto mi gesto cómplice y, de ser así, deseé con toda mi alma que lo interpretase correctamente, al igual que mis palabras, si es que habían llegado a sus oídos. Antes muerta que complaciendo a ese ser inmundo, aunque él no tenía por qué saberlo. Aún.

RESUMEN

KARMAS

ARMA

AKUMA NO MI

BÉLICO

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#23
Atributos Personaje


Leyenda


Vi cómo Waj se quitaba aquel animal extraño de la cara. Era raro, había algo que me sonaba en ese ser, pero no llegaba a reconocerlo. No le di importancia en aquel momento, puesto que nuestro amigo el que no las veía venir hizo un barrido con su arma, el cual no me costó esquivar. Escuché cómo los cristales de los grandes ventanales crujían a nuestra espalda.

Aquello solo hizo que los gritos de miedo que provenían de dentro de la taberna se incrementaran. No me giré a comprobarlo, pero parecía que la gente continuaba resguardándose junto a la barra, al fondo del local.

Levanté la mirada, enfadada, dispuesta a mirar a los ojos a aquel salvaje y decirle un par de palabras. Bueno, mirarle al ojo, porque el otro lo tenía tapado por un mugriento parche. Y para ser sinceros, habiendo visto uno de los ojos me imaginaba como habría sido el otro, y con ver uno tenía más que suficiente. A pesar de mi enfado ninguna palabra salió de mi boca.
Me quedé helada, como si uno de los numerosos rayos que caían en aquella lluviosa tarde de otoño me hubiera alcanzado de lleno. - ¿Cómo no te has dado cuenta antes? - me dije a mí misma. Era evidente que aquella especie de ave blanca se trataba de Maeve. Las plumas blancas como la nieve y la ropa negra eran inconfundibles, aunque lo que más me llamó la atención era que ya no tenía sus característicos ojos.

Me quedé momentáneamente en shock. - ¿Cómo ha podido pasar esto? - me pregunté, al ver a mi amiga practicamente a merced de aquel semigigante. No había tiempo que perder, pero en aquel momento había demasiadas cosas pasando por mi mente.
- Tienes que hacer algo - inspiré - Tal vez si... - mi respiración, al igual que mi pulso, se aceleraban por momentos. - No, eso es demasiado peligroso. - deseché una idea - Pero si en vez de eso... - otra idea más. - Si Peteiro... - las ideas se iban acumulando en mi cabeza. Apreté los puños. Comencé a coger aire por la boca.
A pesar de ello, todavía sentía como si a ratos me faltara el oxígeno. Seguía sin quitar ojo a la escena. La albina decía algo, pero con tantas cosas rondando mi cabeza me era imposible escucharla. A decir verdad, todo estaba en silencio en aquel momento. No, todo no. Los latidos de mi corazón retumbaban por toda mi cabeza, y mis pensamientos parecen seguirles el ritmo.

- ¿Qué estará haciendo Mandarina? - un pensamiento fugaz recorrió mi mente. - Es verdad, ¿ Y Mandarina? - me pregunté nuevamente. - Robando comida, como siempre. - una sonrisa se dibujó en mi rostro.
- ¿Qué haría Mandarina en esta situación? - me llevé una mano a la cara. Aquella pregunta era ridícula.

- Seguramente subirse a mi cabeza, o ponerse a maullar para que le de pollo.



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Contenido Oculto


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#24
Estadísticas de Peteiro Gorgullo:
100 FUE | 95 RES | 15 DES | 15 PRE | 44 AGI | 15 REF | 21 INT | 43 VOL | 10 CH | 0 CA

Vitalidad: 1364
Energía: 705
Espirítu: 83
Nivel: 5



Waj tenía agallas, no era muy listo pero eso no es importante a la hora de matar ¿verdad? cuando menos me lo esperaba hizo una maniobra HIPERVELOZ, no pude ni verla venir, me arreó con su arma y me lazó hacia atrás.

— ¡SIIIIIII! - gritó de placer Balban

Había sido un gran golpe la mar de placentero, me estaba empezando a marear, desde luego que estaba siendo un gran oponente, en cuanto consiguiese levantarme iba a devolvérsela el doble de fuerte. Me intenté incorporar y comencé a ver el mundo moverse como si hubiese bebido la mierda que se pide Balban en las tabernas.

— MALDITO HIJO DE PUTA... TE VAS A... - paré en seco, caí sobre mi rodilla, entonces me di cuenta de que tenían a "Pandita" contra las cuerdas y a punto de darme pena, empezó a decirle cosas lascivas ¿Acaso nos estábamos rindiendo? Quizás era la mejor estrategia llegados a este punto, ser un criminal de guerra con falsas promesas, me gustaba la idea.

— Eres... Eres muy fuerte Buaj, nos has acorralado, me impresiona - tosí tras decir unas pocas palabras - no me gusta que deis todos por hecho que esa pava que tienes ahí es mi líder de nada ¿Me entiendes? pero me rindo - dije de forma seria y convinvente - enhorabuena.

Intenté levantarme con las manos en alto y acercarme a él pero nada más levantarme volví a caer sobre una de mis rodillas, el mundo me daba vueltas, no pude acercarme más de un par de pasos.

— Jue... juejue... ¿Me entiendes?

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#25
La situación se tornaba tensa para nuestros protagonistas, la lluvia era cada vez más fuerte y Waj tras apresar a Maeve y hacer un barrido que golpeo a Peteiro, pero Eaa pudo esquivar amenazo con matar a Maeve cosa que desemboco en Maeve sacando sus más poderosas armas de mujer a pasear, mientras Eaa estaba tratando de tomar una decisión Peterio tomo la delantera y se rindió, no sin comentar que no estaba conforme con que llamaran Maeve su jefa.

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Tenía la situación controlada, la semigigante había demostrado ser ágil, aunque parecía estar al borde de un ataque de nervios y Maeve parecía que había entendido su lugar, incluso me lamió la mano, cosa que me puso algo caliente.

"No te preocupes preciosa, ahora lo hablaremos en el barco." Dije mientras le guiñaba un ojo.

Por su parte Peteiro hizo el movimiento más lógico, rendirse ante el rey de este mar.

"Tienes agallas Peteiro, me gustas, desde hoy serás mi mano derecha. YAAAAAJAKJAKJAK" dije firmemente.

No solo me gustaba el estilo y la pegada que tenía ese Gyojin, la forma tan sincera de hablar sobre mi grandeza era digna de confianza, así que con Maeve aún en mi puño, puse mi kanabo sobre mi hombro derecho y le di su primera orden.

"Tranquiliza a Eaa y seguidme al barco, con vosotros a mi lado por fin podre ir al gran line y hacerme con el tesoro del rey pirata"

Gire sobre mi mismo 180º y me encamine hacia el barco con Maeve en el puño, a la cual ahora estaba mirando directamente a los ojos.

"Sabes? Me recuerdas a la arpía del mascarón de mi barco, me gusta tu forma híbrida." Casi babeaba de lo guapa que es.

Seguía caminando dando zancadas, llegando cerca del barco en cuestión de un par de minutos.

"Mira, esta es tu nueva casa "La dama errante". Dije mientras señalaba el barco negro como la noche, del cual como si fuera una luz destacaba una arpía tallada en mármol en la proa.

"Este barco es el mas precioso del mundo, se podría decir que es mi mayor tesoro" Un magnifico barco hecho de madera de Ébano, con velas negras para pasar mas desapercibido ante posibles encuentros con la marina, era sin duda alguna, mi mas preciada posesión.

Resumen



Stats y Karmas de Waj


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#26
Leyenda


- Vale, ahora solo queda esperar a que este intente pegarme - me concentré en mi próxima acción, mientras escuchaba las palabras de Peteiro. Me hizo gracia lo que este dijo, pero hice mi mayor esfuerzo para no reirme del enorme hombre que tenía delante. - Mantén la calma, Eaa. Solo un poco más - pensé, mientras este último comenzó a hablar. Entonces, este le dijo a Peteiro que me tranquilizara y se fue.

- ¡Pero dónde se cree que va ahora ese trozo de mierda! - pensé, enormemente enfadada. Me hervía la sangre solo de pensar en que aquel desgraciado se estuviera yendo, creyendo que había ganado. Pero si algo había hecho que me cabreara de verdad era que ese trozo de mierda se creía trabajábamos para él, como si fuéramos de su propiedad.

- Ahora no, Peteiro. Cuéntamelo mientras voy a cargarme a ese hijo de la gran puta. - Le dije al gyojin cuando se me acercó. Sin perder un instante más comencé a correr en dirección a donde se había dirigido el semigigante. Era bastante más alto que yo, lo cual sumado al tiempo que había perdido hicieron que este me sacara bastante ventaja. - Lo bien que me lo voy a pasar destripando a ese malnacido. - hablaba, mientras continuaba corriendo.

Al pasar junto a una de las lonjas del puerto, escuché un sonido que reconocía a la perfección. Se trataba de Mandarina, quien maullaba mientras corría hacia mí llevando un besugo en la boca. Aprovechó para saltar a mi brazo, antes de subir hasta mi hombro. - Ve con Peteiro pequeñín, que tengo que partirle la cara a un tío enorme con el cerebro minúsculo. - avisé al felino, antes de que este saltara de mi hombro.

No tardé demasiado en llegar cerca de donde Waj se encontraba. No reparé en el barco que había amarrado en el puerto, puesto que tenía cosas más importantes en mente.

- ¡Oye, tú, Casimiro comemierda! - le grité, una vez llegué lo suficientemente cerca de él, para asegurarme de que me escuchaba. - ¿Quién te ha dicho que me vaya a unir a un degenerado como tú? - grité nuevamente.  A decir verdad, no existía ninguna razón en el mundo por la que yo fuera a unirme a aquel ser. Era bastante obvio la clase de persona que era, y tenía muy claro que prefería morir antes que volver a pasar por un infierno parecido. - Vamos, tú contra mí. Uno contra uno. - mostré una sonrisa por encima de mi cara de enfado, para provocar a este más todavía. No me costó mucho, puesto que el simple hecho de pensar en cargarme a aquel degenerado creído era realmente excitante. - Si ganas puedes hacer los que quieras con nosotros tres, pero si gano te voy a apagar las pocas luces que te quedan. - estaba completamente segura de que que no iba a perder por nada del mundo contra aquel hombre, por lo que me daba bastante igual qué decirle, con tal de que aceptara mi desafío.


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Aclaración

Hides

Akuma

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#27
Se lo había tragado, se lo había tragado de lleno, me había pegado a él como una rémora a un depredador, nunca se me ha dado bien mentir, excepto que es mentira, soy el mejor en ello, a juzgar por el comportamiento tan atípico de Maeve, aunque habiéndola conocido no hace tanto, era obvio que estaba actuando o borracha y juraría que no haberla visto bebiendo en exceso últimamente. El gran espectáculo acababa de comenzar, éramos tres actores siguiendo un guion imaginario por un bien común... porque éramos tres ¿verdad?

El tuerto salido (que no era el nombre de otra taberna de la zona) confió en mi lo suficiente como para hacerme su mano derecha al instante, me ordenó que controlase a Eaa y giró por completo en dirección al barco.

— Faltándole lo que le falta te podía haber pedido ser su ojito derecho - dijo en tono burlón Balban

Me acerqué a Eaa y dije bien alto para que Waj también lo escuchase
— Calma Eaa, con el capitán Waj nos irá mejor ¿me entiendes?
Parecía que esta no me estaba haciendo mucho caso pero aún así intenté advertirle, esta vez casi susurrándole al oído, justo al acercarme doña pudin me interrumpió y comenzó a andar hacia nuestro engañado depredador hablando ¿para si misma?
— Escúchame, no lo estropees ahora, tiene nuestra confianza... - intenté dejar claro que nuestra alianza era un farol pero no pude explicarme más, estaba obcecada en que pusiéramos el precio de la funeraria de Waj a su nombre.

Entonces Eaa se paró un breve momento y lo siguiente que vi fue a su gato con un pescaíto en la boca.
— Cómetelo - ordenó Balban
— ¿Al gato o al pez?
— Bah, dejalo
Entonces miré al gato
— ¿Te lo vas a comer? ¿me entiendes? - pregunté por primera vez de forma sincera.
Cuando quise darme cuenta Calimera estaba provocando e insultando al capitán de oficio, el acertijo del gato y el pescado había sido solo una distracción... una muy bien planteada.

— Ca... capitán Waj... ¿Puedo llamarte capitán? - dije algo nervioso pero entusiasmado - no tengas en cuenta las palabras de Eaa ¿me entiendes? no sabe lo que dice, he intentado calmarla pe-pero... ya sabes, está en la primera fase del duelo, el... el...
— El enfado ¿no?
— ¡El enfado!
No sabía donde meterme, mi increíble plan sin fisuras se desmoronaba, constaba de seguir actuando hasta quien sabe cuando, a lo mejor hasta ese piratinho era majete y agradable. Intenté calmar los humos de la situación, después de todo, la no se cuando proclamada capitana de nuestra no se cuando proclamada banda seguía atrapada entre las garras del hombre sin percepción de la profundidad.
— Mira capitán, si hasta he conseguido un animal como esos pájaros que se ponen en los hombros los piratas - dije enseñando a Mandarina, el cual sujetaba del pescuezo con la mano de igual forma que lo haría una madre con su cría pero con la boca - no es un pájaro pero su negro color pega perfectamente con su precioso barco. ¿me entiendes? - dije calmado e intentando autoconvencerme de que lo que decía tenía sentido.

— Si esto sale bien te dejaré dormir sin pesadillas durante una noche entera.

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#28
PERSONAJE

     Cuando Waj me guiñó un ojo, un escalofrío recorrió mi atrapado cuerpo emplumado. Ojalá me encontrase en una situación donde el escalofrío fuese de placer, de anticipación a lo que vendría después con alguien que me gustase, me atrajese, me pusiera a mil. Pero no. El escalofrío era de auténtica repulsión. Aún no me había soltado y mi fuerza era irrisoria en comparación con la del tipo, así que por mi cabeza transcurrieron las mil y una situaciones de mierda que el cabrón me querría hacer pasar en el barco.
     Peteiro se había rendido. ¿Rendido o "rendido"? No es que fuese mi gran amigo, pero... me parecía demasiado fácil, sabía que podía pelear más. Había pasado de ser un sanguinario a un fiel acatador del puto titán. ¿Acaso me estaba... protegiendo? Deseé con fuerza que fuese así, no por la protección en sí, sino porque no se pasase al bando enemigo. Aunque, claro, lo mismo podrían pensar ellos de mí.
     Estúpida, eso es lo que eres. Te has dejado atrapar como un puto canario y todo esto es por tu culpa, ¿lo sabías? No vales para nada, me soltó mi juez interior. Y quedaba poco para que me lo empezase a creer de verdad, pero mi orgullo se antepuso.
     Waj, después de darle una orden al gyojin, comenzó a andar en clara dirección al barco.
     Oh, mierda.
     El idiota me habló otra vez. Me halagó. Me habló de su barco. Se llamaba La Dama Errante; lo peor es que el nombre me gustaba, la gran embarcación me parecía un precioso espectáculo siniestro. Me resultaba insultante que aquella maravilla fuese de su propiedad. Su mayor tesoro, lo llamó. Noté un ligero cambio en su tono de voz al dirigirse a mí, menos... hostil.
     Entonces, mientras me hablaba en su camino al puerto, mi prisión en las alturas me permitió ver, por encima del hombro del enorme pirata, a mis dos compañeros —esperaba que lo fuesen todavía— caminar en nuestra misma dirección. A través de la lluvia podía comprobar que hablaban entre sí, pero no podía escucharles por la distancia y la tormenta. Esperaba que el oído de Waj no fuese tan fino, y menos a través del violento repicar de las gotas, pero si algo podía aportar yo en aquella situación, por diminuto que fuese, lo haría.
     —Es precioso —reconocí para que me escuchase. Y no mentía. Era probable que le gustase que halagase su bella posesión, así que continué—: La verdad es para... estar orgulloso, es digno de... admiración. —Aún me costaba hablar al continuar en el interior de su mano y bajo la presión de sus enormes dedos—. Estoy deseando que... me lo enseñes por dentr...
     De pronto, escuché la voz de Eaa interrumpir mi actuación (fingida hacia Waj, sin fingir con respecto al barco). Le insultó, le retó, nos volvió a poner como trofeo. Joder, yo ya lo era en ese momento. Sentí que mi rostro perdía el poco color que de por sí vestía. ¿Qué estaba haciendo? Estábamos siguiendo un plan, ¿no? Un plan que en mi cabeza sonaba espectacular, pero que realmente no habíamos hablado y yo estaba suponiendo que los tres llevábamos a cabo, cuando la realidad podría ser bien distinta. ¿Estaba intentando salvarme? Porque si a Waj se le cruzaban los cables, me espachurraría como a una puta croqueta.
     Mi corazón comenzó a latir muy rápido. Pensaba que habíamos controlado la situación, al menos Peteiro y yo, o al menos yo, y ahora volvía a sentir a la muerte respirando, caliente, en mi nuca.
     Escuchar a Peteiro me alivió, intentaba quitar importancia al acto de Eaa, pero... ¿era para apaciguar los ánimos o porque realmente se había pasado al bando de aquel gilipollas? Porque si no estaban actuando en sintonía, era que quizá ya no fuésemos un equipo, aunque realmente nunca lo fuimos. Tal vez sí, por un rato. 
     Estaba empezando a ponerme nerviosa y eso no era bueno. Debía pensar con claridad. Puede que aquellos fuesen mis últimos momentos para pensar si al imbécil le daba por aplastarme y quitarme la capacidad para siempre. Una ráfaga ígnea me quemó las entrañas por la impotencia de sentirme tan vulnerable.
     Una vez más, solo podía tirar de un recurso: la supervivencia.
     —Ca... pitán —la puta palabra me abrasó la garganta, pero sabía que le gustaría—, no irás a tomarla en serio, ¿verdad? Eaa es... peculiar... es... es... —Piensa, inventa—. Le cuesta aceptar obviedades. A veces. Créeme, la conozco desde... hace tiempo y... —mentira— no es muy buena controlando su carácter, pero es buena chica... 
     Mi sumisión podría hacerme vomitar, pero necesitaba seguir viviendo, por lo menos hasta que me liberase de sus garras. Necesitaba sobrevivir para que pudiésemos arrancarle la vida a él. Si es que Peteiro seguía en nuestro bando, porque contra esos dos la cosa se complicaría, y mucho.
     Los relámpagos no cesaban, seguidos de sus fieles truenos. La lluvia arreciaba.
     En realidad, admiraba la postura de Eaa, era la única que se había mantenido fiel a su posición en lugar de fingir rendición. Ojalá yo hubiese podido hacerlo. Podía. De hecho, cuando quisiera. Eso sí, moriría.
     Boba, idiota. Si no te hubiese atrapado, no estaríamos en esta situación. Mi voz interior e intrusiva me atacó de nuevo.
     Ya lo sé, le respondí mentalmente.
     —Perdona si... no puedo hablar bien... Me estás haciendo daño... —Odié profundamente admitirlo, pero tal vez, solo tal vez, me soltase... Cosa que veía complicada si volvía a ponerse en tensión por la provocación de Eaa. Intenté volver a atraer su atención—. Cuéntame más... cosas sobre el barco...

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#29
En medio de mi explicación sobre los detalles de mi barco, Eaa llego insultándome y retándome. Un escalofrío recorrió mi cuerpo por la promesa de seguir peleando, Peteiro llego para interferir por la semi oni, llamándome capitán y enseñándome un gato negro precioso. Parece que es de los que aprenden rápido, me gusta.

"No te preocupes Peteiro, nunca rechazaré un duelo declarado tan abiertamente."

Apreté con fuerza el mango del kanabo, Maeve intento también interferir comentándome sobre que Eaa tarda en comprender complejos simples, nombrándome también como capitán y comento que le siguiera comentando sobre el barco, pero eso debía de esperar. Comentó que le hacía daño y no podía respirar, estaba tan ensimismado en su pálida belleza que se me había olvidado que la estaba apresando entre mis dedos. ;
"Seré bueno con ella y no la mataré, ya que es amiga tuya." Volví a guiñarle el ojo.
Gire mi cabeza hacia la izquierda y pose mi ojo sobre Peteiro, mientras le lanzaba a Maeve en su dirección.

"Id subiendo al barco y preparadlo para zarpar, en cuanto le haga entender la situación zarparemos."

Comencé a avanzar hacia la semi oni, dejando a Peteiro y Maeve dos metros detrás de mí, por mi flanco izquierdo y me posicioné a dos metros de Eaa.

"Estás segura de que quieres aprender por las malas?"

La mire con el ojo lleno de gozo, pocas cosas había que me gustaran tanto como una buena batalla, alce el kanabo hasta mi hombro y lo descargue de arriba a abajo, buscando la cabeza de la semi oni, impactando en el muelle y dejando un agujero en él, levantando polvo y astillas.

"Espero no haberme pasado."

Dije comenzando a caminar lentamente hacia la fuente del polvo, el cual a cada segundo que pasaba se iba disipando cada vez más.


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#30
Leyenda


Atributos Personaje


Sonreí al escuchar la descripción que mis compañeros daban sobre mí al capitán Waj. Me alegraba pensar en que lo decían para protegerme de aquel enorme hombre, aunque a decir verdad, estaba muy segura de que no me hacía falta.

- Espera - pensé cuando Peteiro habló sobre las fases del duelo- ¿Pero la ira no era la segunda fase? - me pregunté, extrañada. No pude evitar sonrojarme levemente al escuchar a la albina mujer decir que era una buena chica. Solté una risita.

- Aprender por las malas... - murmuré. Había escuchado esa expresión mil y una veces. Noté como si mi hombro derecho comenzara a arder de repente. Llevé mi mano izquierda al hombro, agarrando con fuerza mientras algunos recuerdos invadían mi mente. Había pasado mucho tiempo de aquello. Ya no era una niña. Ahora era mucho más fuerte, y no iba a dejar por nada del mundo que algo así volviera a repetirse.

Miré fijamente al repugnante ojo de Waj. Levantó entonces el kanabo con intención de golpearme. - Muy lento - me dije a mí misma mientras daba un par de pasos hacia atrás. El enorme arma golpeó a escasos centímetros de mí, clavándose en el suelo. Una nube de polvo se levantó.

Empieza lo bueno (OST)

- Esta es la mía - me dije, comenzando a correr. Aproveché que el kanabo seguía en el suelo para subirme en él, corriendo por este. Tan solo tenía que seguir el curso del arma para deducir la dirección en la que se encontraba mi oponente. Seguí corriendo, por encima del brazo de aquella mole, hasta que conseguí verle, lo cual no fueron más de un par de pasos.

- ¡Mira bien trozo de mierda, porque esta cara será la última cosa que veas! - hablé con un notorio tono de burla, teniendo una ancha sonrisa dibujada en mi rostro. Salté entonces, impulsándome en dirección a su cara. Estaba completamente decidida en atravesar con mis cuernos ese asqueroso ojo. Aquel ojo con el que me miraba con superioridad, y con el mismo con el que hacía unos instantes miraba lleno de lujuria a mi preciada amiga.

Pude sentir como impactaba en su cara con mis cuernos, lo cual hizo que comenzara a sangrar abundantemente. Me aparté bruscamente del hombre. - Menos mal que no eres un árbol - (1)  me reí, con burla. A pesar de alejarme, no pude evitar que su sangre me manchara la cara. Numerosas gotas, que bajaban por mi blanca piel. Instintivamente recogí una con la lengua cuando pasó por al lado de mis labios. - ¿Cuánto hacía que no había probado el sabor de la sangre? - Me paré a pensar unos instantes, mientras la sangre de mi frente se diluía levemente con el agua de lluvia, esparciéndose por mi rostro. Poco a poco mi visión fue tintándose de rojo. Un escalofrío recorrió mi espalda, mientras mi sonrisa se tornaba en una maníaca, y clavaba una asesina mirada en el rostro del capitán, viendo el maltrecho parche.
 
- Demasiado... - me relamí, antes de comenzar a reirme



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