— No puedo evitarlo, es Balb... da igual, no lo entenderías. - respondí a los intentos de ánimos de Eaa de forma algo apagado.
A continuación ambas contaron sus crímenes, comenzó Tarta de queso, había matado a alguien y por algún motivo no le había gustado, continuó con lo que parecía ser el teaser de un trauma de los gordos, cuando parecía que nos había enseñado un poco de su MALIGNO secreto, dejó caer que había uno aún peor, de este si que no dijo ni una sola palabra.
— Deberías estar orgullosa por arrebatarle la vida a alguien, no es algo que sea capaz de hacer todo el mundo ¿me entiendes? - contesté algo serio. — Enhorabuena por la muerte, cuernuda con moral - dijo Balban algo sarcástico.
Maeve aseguró no haberse encargado de todo un poblado ella sola, o al menos por el momento, no se yo si Señorita Ojeras era una fuente fiable de información a estas alturas, luego comentó lo de la libreta de Eaa.
— Qué ¿Y de mi no vas a apuntar nada? por ejemplo... no se... ¿las veces que me va a tocar cuidar de vosotras como anoche? ¿me entiendes? JUEJUEJUEJUEJUEJUE - reí de forma muy burlona, entonces Maeve confesó haber quemado vivos a algunos tipejos que rompieron su confianza... vaya. — Jeje, ten cuidado con esta, o miente más que habla o tenemos un problema. — Solo hay que tener cuidado - le susurré a Balban, que estaba en mi hombro
Entonces Molotov Knox hizo una pregunta sobre la raza de nuestra querida amiga la traumatizada, miré a Eaa esperando la respuesta yo también.
Resumen
Peteiro deja salir a relucir un poco su comportamiento pesimista y la influencia de Balban sobre el, vacila un poco a sus nuevas compañeras y presta atención a la próxima respuesta de Eaa
- Que va, está salada. - obviamente, en aquel momento no me di cuenta de a qué se refería la mujer albina. Le había dado un pequeño trago a la copa de vino que me habían servido, y ya empezaba a notar los efectos de este. - ¡Puaj!
- ¡Que no os lo voy a contar! - le dije, con un tono algo brusco. Realmente me gustaría poder confiar en ellos tanto como para que no me importara que conocieran mi mayor secreto, pero todavía no estaba preparada. De hecho, sentía que nunca iba a estarlo.
Otro guiño. Suspiré profundamente, sintiendo como mis mejillas comenzaban a sonrojarse sin poder hacer yo nada al respecto. - Calma, no eres su tipo, y ella no es tu tipo - la voz de mi cabeza por una vez me seguía la corriente, tratando de conseguir que me calmara. Sabía que aquel guiño no era más que otra broma, pero por más que le diera vueltas, no estaba para nada segura de nada de lo que rodeara a aquella misteriosa mujer, únicamente que se parecía bastante más a mí de lo que me gustaría. Bueno, eso y que tenía una mirada interesante. Interesante a la par que asesina, posiblemente por sus ojos bonitos. Nerviosa, cogí la copa de vino y me bebí todo el contenido que quedaba de un único trago, esperando con eso pensar en otra cosa.
- Vale, a apuntar - pensé, mientras volvía a prepararme para escribir la lista, centrando toda mi atención en ello. Comencé a anotar, enumerando los crímenes que iba diciendo la otra mujer. Apunté sin darme cuenta también lo que me dijo Peteiro. Estaba pensando única y exclusivamente en apuntar lo que escuchaba, puesto que no quería dejarme nada. Arqueé la ceja cuando escuché acerca de quemar vivas a unas personas. - Lo que decía, una salvaje... - me reafirmé, en tono bajo, aunque estoy bastante segura de que se me había escuchado perfectamente pero me importaba más bien poco.
Escuché entonces la pregunta de esta, lo cual me hizo activarme. Me incorporé bruscamente, casi haciendo que Mandarina se cayera de mi cabeza. Me sorprendió que alguien preguntara con genuina curiosidad acerca de mi procedencia. Vi entonces que Peteiro murmuraba algo.
- Perdón, ¿me habías dicho algo? - le pregunté, algo más calmada. - Estaba pensando solo en apuntar, lo siento. - revisé mis notas. "Cuidar de vosotras anoche. ¿me entiendes? JUEJUEJUE" parpadeé un par de veces, como si intentando comprobar si aquello era una visión. Me llevé una mano a la cara esbozando una sonrisa.
- Lo he apuntado, ¿me entiendes? - le dije a Peteiro, sonriendo levemente. Decidí entonces dejar aquello en la lista, como un bonito guiño a este, antes de cerrar mi libreta para responder a la pregunta anterior.
- Bueno, los cuernos no dejan mucho a la imaginación - me reí. - Sí, mi mamá era una Oni. Era altísima - hablé emocionada. Miré entonces a Peteiro. Volví la mirada a Maeve, para después seguir mirando al hombre barracuda, haciendo mis cálculos - Era como si Maeve se subiera a tus hombros, más o menos. Bueno, igual más alta. - suspiré, sonriendo al recordar a mi madre. - ¿Sabes? - miré fijamente a los ojos de la blanca mujer.
- Mala idea - pensé y desvié la mirada un poco más abajo.
- No siempre he tenido el pelo de este color. - aproveché para coger a Mandarina en brazos y acariciarle levemente mientras dormía, bajándole de esa forma de mi cabeza. - El desgraciado de mi padre parece que trató de matarme cuando era un bebé, y al no conseguirlo nos abandonó. - una mueca de enfado se dibujó en mi rostro. - Todo por mi tono de piel, y porque mi pelo y ojos eran blancos, como los tuyos. - expliqué - Yo no lo recuerdo porque era muy pequeña, pero mi mamá me dijo que cuando tenía dos o tres años mi pelo y mis ojos de repente cambiaron de color. Ahora son iguales a los suyos. - cerré los ojos por unos segundos, recordando mi infancia junto a ella. - A decir verdad, creo que eso me hizo la vida algo más fácil, por lo menos por un tiempo. - confesé
Resumen
Eaa responde sin enterarse muy bien al comentario. El guiño de Maeve hace que se vuelva a poner nerviosa (está muy confusa, no tiene ni la más mínima idea de nada y no sabe cómo interpretar las acciones de la otra mujer, auxilio). Tras eso apunta todo lo que Maeve y Peteiro le cuentan antes de hablar brevemente con el gyojin y responder a la pregunta de la albina.
Aclaración
En el anterior tema se me olvidó comentarlo, pero el Karma de seductor de Maeve afecta a Eaa. (Aunque no tiene ningún interés sexual per sé, le atraen en cierta manera las mujeres)
Como Maeve y Peteiro son posiblemente las primeras personas desde su infancia que le han tratado genuinamente bien desde el principio, y encima ve muchos puntos en común con ellos (los tres son bichos raros y parece que todos han tenido una vida dura). Por ello, tiene tantas sensaciones juntas que no sabe canalizarlas bien.
Sí, Eaa termina mirando a Maeve al pecho, pero en sus ojos se puede ver que no hay ninguna intención en ello, tan solo que parece que le cuesta mirarle fijamente a la cara en este momento.
Incline la cabeza a un lado mirando a Peteiro. Por primera vez desde que lo conocía, mostraba una emoción que clasifiqué como tristeza. No es que fuese un libro abierto pero, dentro de su peculiaridad —a la que ya me estaba acostumbrando—, había algo más. Algo que, como Eaa, no contaría. ¿Quién podía culparle? Yo era la primera que me guardaba la mayoría de las cosas.
Todos tenemos nuestros secretos.
Después, regresó a su tono de "siempre", entendiendo que nuestro siempre era desde el día anterior. De algún modo sentía que los conocía desde hacía más tiempo, tal vez por todas las horas seguidas que había pasado con ellos. Es inevitable sentirse algo cercano a alguien si, en menos de veinticuatro horas desde que los conoces, ya habéis machacado a un puñado de guardias en sincronía. Y, lejos de irnos cada uno por nuestro lado, seguimos compartiendo tiempo juntos como masoquistas.
—Sí, cuidaste de nosotras. Tengo que agradecer que no dejaras que terminásemos en alguna alcantarilla o similar —admití. O en el mar, pensé. Borracha como iba, cualquier cosa podría haber sucedido.
Después, Eaa insistió en que no nos contaría su gran secreto, y no sé si no entendió mi referencia a la sangre o fingió no hacerlo. Por la imagen que tenía de ella, me parecía inocente en muchas ocasiones, siempre y cuando con "inocente" no me refiriese a libre de delito. Como apuntaba en su libreta, entre los tres sumábamos muchos posibles años de prisión.
Se bebió el vino de un trago. Sonreí al recordar que le gustaba llamarnos "salvajes" por beber cualquier otra cosa con alcohol, pero ella no mostraba apuro alguno para devorar su refinada bebida. Sí, parecía que Eaa no estaba dispuesta a admitir algunas cosas que en realidad hacía.
Pareció sorprenderle mi pregunta. Pensé que su repuesta se limitaría a un sí o un no, pero decidió ir más allá y darnos detalles. Su madre oni. Su padre malnacido. Un abandono cuando era un bebé. Un pelo y unos ojos que habían cambiado de color. Un abandono.
Abandono por su condición.
Abandono.
Me impactó conocer su historia —al menos, un diminuto resumen— y saber que había vivido algo similar a lo que yo experimenté. ¿Cómo sería que, al menos, alguno de los progenitores decidiese no desecharte por tu albinismo? ¿Era así como se procedía en el mundo cuando tu descendencia nacía con rasgos diferentes a los que había esperado? Por su color de ojos y cabello, no habría imaginado que también era albina, así que ahora oficialmente era la única que conocía además de mí.
Su relato me hizo sentir asco, asco porque hubiese gente que tratase así a su propia familia por no cumplir unos estándares impuestos. Cuando una nace es totalmente vulnerable, y lo sigue siendo durante varios años; no debería recibir maltrato por aquellas personas cuyo deber es protegerla del mundo hostil.
Bajo mi pecho, también sentí dolor. Tal vez por el recuerdo anterior, plagado de llamas, que ya me había hecho daño, o porque si pensaba mucho en ello, mi origen me terminaba hiriendo.
No, ahora no, me dije cuando noté cómo la humedad ascendía a mis ojos.
Me levanté de golpe y comencé a andar hacia la puerta, dejando a mis dos compañeros atrás sin ningún tipo de explicación. Salí al exterior de la taberna y, cerrando los ojos, dejé que la lluvia cayese sobre mí, las gotas fundiéndose con las dos lágrimas solitarias que resbalaron por mis mejillas sin mi permiso.
Odiaba profundamente que me viesen llorar.
Odiaba profundamente no ser capaz de reprimir las lágrimas.
Normalmente, era yo quien le ganaba la batalla al llanto si este amenazaba con aparecer, pero por algún motivo no pude controlarlo ahora.
Cerré los ojos, respiré hondo mientras me dejaba invadir por las gotas que del cielo caían y, tras unos segundos controlando mis emociones y volviendo a levantar un escudo alrededor de ellas, volví a entrar al local.
Regresé a mi sitio, dejando huellas mojadas a mi paso, y tomé asiento.
—Lamento que hayas tenido que pasar por algo así.
No eran palabras vacías, realmente lo sentía. ¿Cómo sería su vida si su padre no la hubiese intentado matar? ¿Cómo habría sido la mía si no me hubiesen hecho acabar en aquel maldito circo? No me arrepiento de ser pirata, pero esos desalmados que me engendraron sí deberían hacerlo por dejar a tan pequeña criatura a manos de aquellos monstruos. Y no me refiero a mi familia circense, sino a quienes lo regentaban. En especial, al Patrón.
No sabía qué más decirle, y no porque no me importase, sino porque ni tenía la confianza como para hacerlo, ni resultaba cómodo para mí. Pensé en apoyar mi mano sobre la suya para transmitirle mi apoyo, pero deseché la idea: a ella no le gusta que la toquen y yo me siento violenta al exponer mis emociones.
Fingiendo que nada había pasado, que hacía unos minutos no me había ido a la calle cual trastornada, miré a Peteiro. Mentiría si dijese que el gyojin no me producía una gran curiosidad también. Su peculiaridad me resultaba muy interesante.
—Me gustaría conocer a Balban —le solté a bocajarro—, ¿crees que en algún momento nos lo podrás presentar?
RESUMEN
Maeve evalúa a Peteiro tras la intervención de este. Luego, cuando Eaa habla sobre su origen, la humana comienza a sentirse mal al darse cuenta de las similitudes con la semi oni, rememorando escenas de su vida que le hacen daño. Sale al exterior de la taberna durante unos minutos para calmarse y centrarse, pues no ha podido reprimir las lágrimas, y luego vuelve como si nada hubiese ocurrido. Le pregunta a Peteiro por Balban.
Mi actitud seguía siendo esa de pasar un poco de la conversación pero sin dejar de contestar a las cuestiones y preguntas de estas dos, tras un breve espectáculo Maeve se interesó por... ¿Balban? ¿En serio?
— ¿Yo? ¿Acaba de preguntar por mi? - dijo Balban bastante extrañado de que otro que no fuese Peteiro le tuviese en cuenta. — ¿Conocer a Balban? No creo, la gente no suele tenerlo en cuenta, es alguien especial para mi, está aquí ahora mismo - dije mirando al lugar donde se supone que estaba Balban para descubrir que no estaba - bueno... estaba aquí, supongo que es tímido, suele esconderse o desaparecer cuando intento presentarlo ¿me entiendes?
Tras un breve silencio en el que miré abajo algo apenado volví a mirarles.
— ¿Vosotras no tenéis un amigo así? Pensaba que todos los seres de este planeta compartíamos eso... eso y las ganas de un final, claro está. - sonreí tras pronunciar esas palabras, una sonrisa fea de pez pero de alguna forma sincera.
Pasar tanto tiempo con la pareja de personas con el tono de piel de un bacalao enfermo de parásitos me estaba haciendo darme cuenta del hecho de que no todos piensan como yo... quizás haya cosas que yo hago que no son normales... ¡No lo sé! No me importa, Balban nunca me ha dicho que nada de esas cosas sean extrañas, ¡Si lo fuesen sería el primero en decírmelo!
Resumen
Peteiro intenta presentar a Balban, por motivos obvios este no está y no lo consigue, luego habla un poco de su forma de pensar y se replantea durante unos segundos si su forma de ver la vida es la correcta.
31-01-2024, 12:44 AM (Última modificación: 31-01-2024, 09:45 AM por Eaa.)
Leyenda
Guía de Color:
Eaa
Habla (rojo)
Piensa (morado, cursiva)
- ¿Pero, qué he hecho ahora?- pensé cuando la albina mujer se levantó súbitamente. Me sorprendió, por lo que me quedé en silencio, intentando pensar en qué había hecho para enfadar a la mujer. Me quedé mirando a Peteiro, sin saber muy bien qué decir. - Bueno, pues parece que... - de repente Maeve llegó y se sentó nuevamente, completamente mojada. Sus palabras sonaron dolorosamente sinceras. No sabía nada de ella, pero escucharle hablar me hizo creer que había algo más detrás de sus últimas acciones.
- No pasa nada Maeve - sonreí, mirando a esta. - La verdad es que fue hace mucho tiempo, y ahora estoy mejor. Además, tengo a mi pequeñín conmigo. - Entonces la mujer preguntó a nuestro compañero gyojin acerca de su misterioso amigo, lo cual llamó mi atención también.
- Eso, eso - miré expectante a la barracuda, mientras este nos "mostraba" a su amigo. Arqueé una ceja al no ver a nadie donde este nos mostraba. - Bueno, no te preocupes Peteiro. - traté de animarle. - Mandarina también es muy tímido, pero la verdad es que le habéis caído bien. - cogí en brazos al felino. - Seguro que Balban luego se anima y nos lo puedes presentar bien. ¿A que sí Maeve? - pregunté, mirando a la otra mujer.
- Hablando de otro tema, ¿qué tipo de historias os gusta leer? - la verdad es que me fascinaba leer, y en parte sentía curiosidad por los gustos de estos. - A mí me encantan las historias de fantasía. No se, me gusta mucho sumergirme en los distintos mundos y situaciones que plantean. - miré al techo, imaginándomelo con una risita. - Aunque, a decir verdad las historias de misterio también me gustan. Hay algunas que me mantienen realmente intrigada. - una fugaz idea pasó por mi mente. - un momento - comencé a rebuscar en los bolsillos del abrigo, antes de abrir mi pequeña bolsa. Saqué una prenda de ropa, la cual volví a guardar. Tras eso saqué un pequeño cilindro - No, esto no es. - lo abrí, comprobando su contenido sin sacarlo. Suspiré, al ver que estaba bien y la lluvia no lo había dañado. Lo volví a guardar, para seguir buscando, sin éxito. - Vaya, ¿al final lo volví a dejar? - hablé, notablemente desanimada, dejando la bolsa sobre la mesa. - Pues vaya. Cuando estuve en la gran biblioteca de Ohara encontré un libro muy chulo. - miré a la mesa, triste - Tendría que haberlo traído, seguro que os hubiera gustado.
Resumen
Eaa se asusta un poco con la reacción de Maeve. Piensa que ha hecho que esta se enfade de alguna forma, puesto que se ha ido sin decir nada. Se queda callada, algo cortada, aunque cuando va a hablar a Peteiro la albina vuelve. Se sorprende y entristece con las palabras de esta, aunque más que con eso con su tono y el ligero dolor que desprenden.
Se emociona pensando en que por fin va a ver a Balban, más que decepcionarse trata de animar al gyojin, haciendo alusión a que Mandarina también es tímido, aunque ellos parece que le caen bien. También le dice que ya tendrá tiempo de presentarles a Balban en otro momento. Para cambiar de tema pregunta acerca de sus gustos literarios, antes de dar un monólogo (como siempre). En un momento dado empieza a rebuscar entre sus cosas, sacando un pequeño cilindro, y tras guardarlo les habla triste acerca de un libro que le hubiera gustado enseñarles
Aclaraciones
El cilindro que saca es parecido a un portamapas y medirá en torno a 30 centímetros de largo.
Eaa deja su bolsa en la mesa, entre ella y Maeve.
Ver a Peteiro teniendo dificultades para encontrar a su amigo, de algún modo me hizo sentir algo. No lo llamaría ternura, yo no siento esas mierdas (Mandarina no cuenta), quizá lástima al verlo abatido de nuevo. Pero no lástima en el mal sentido, sino en el bueno, si es que existe alguno. Parecía que Balban no era muy sociable, o quizás allí había algo más que a Eaa y a mí se nos escapaba. Tal vez algún día fuésemos dignas de que el escurridizo amigo quisiera aparecer frente a nosotras, si es que no nos íbamos cada uno por nuestro lado antes.
—No, no tengo amigos tan tímidos. No tengo muchos, de hecho —reconocí.
No me parecía motivo de vergüenza admitir algo así en voz alta, era una realidad que yo misma escogía. De pronto, recordé a la revolucionaria Hécate, aunque no es que pudiera llamarla amiga. Sí conocida.
Las siguientes palabras del gyojin volvieron a hacer alusión a la muerte. No utilizó esa palabra, sino "final", pero a mí me quedaba bastante claro. Me llamó la atención, al igual que su extraña creencia de que todos teníamos un amigo tan... raro.
Siempre me gustó lo raro, todo lo "normal" era demasiado aburrido. Curiosos son los límites de la "normalidad", ¿verdad?
—El final siempre llega, lo divertido es el viaje hasta alcanzarlo —le respondí mientras le miraba a los ojos de pez. Su sonrisa me contagió y tracé la mía, más pequeña en todos los sentidos.
Eaa, después, me aseguró que estaba bien. Por supuesto, hablaba del motivo por el que yo había montado el drama (para ellos, imagino, un comportamiento irracional). Me alegraba, me alegraba de verdad de que así fuese. No deberíamos pagar por los actos crueles elegidos por otras personas, pero lo cierto es que se convierten en una mochila que nos acompaña toda la vida. Era estupendo que la semi oni hubiese sido capaz de aligerar su peso.
Escuchar otra vez que le caía bien a Mandarina me hizo sentir... contenta. Bonita capacidad la mía de congeniar más con los animales que con la mayoría de la gente. Pensé entonces que tal vez con el misterioso Balban se diese una situación parecida si algún día llegaba a conocerlo.
La pelirroja cambió de tema. Volvió a sacar a relucir su gusto por la lectura. En concreto, por la fantasía. Y por el misterio. Y algo me decía que no eran los únicos géneros que estimulaban la mente de mi peculiar compañera de mesa. Buscó algo entre sus cosas y sacó un cilindro, guardándolo de nuevo. Total, que no encontró lo que quería.
—Ohara debe de ser como un pequeño paraíso para ti —dije tras beber—. Nunca he ido allí. Y, la verdad, tampoco es que lea mucho. Nunca tuve esa afición. —Me encogí de hombros—. Debe de estar muy bien, como dices, sumergirte en otros mundos y aventuras, pero supongo que prefiero crear la mía. Sin ofender. Pero si tuviera que elegir algo que me guste de verdad, es la música. —Casi siempre que revelaba algo sobre mí, luego me sentía rara, como si me hubiese traicionado a mí misma. Como si les hubiese dejado entrar demasiado a mi mundo interior, que tan celosamente protegía. Bueno, tampoco era muy grave en esta ocasión, no era algo tan íntimo, aunque lo que la música me hacía sentir sí lo fuese—. Una buena bebida también, por supuesto —añadí más alegremente para restarle importancia—. Y si se mezclan los dos, ya es perfecto. Si los marineros borrachos de ayer hubiesen cantado mejor, habría sido un gran momento, aunque admito que lo disfruté igualmente.
¿Cómo la conversación había pasado de hablar de nuestros peores crímenes a hacerlo sobre lecturas y música?
RESUMEN
Por la respuesta de Peteiro, parece que van a tener que esperar para ver a Balban (o eso cree Maeve), lo que le hace pensar acerca de su propia situación con la amistad. La conversación continúa y responde a la pregunta de Eaa acerca de la lectura, mencionando otras cosas que la humana disfruta más.
- Oh, música. La verdad es que suena divertido - traté de recordar la música de la noche anterior cuando Maeve mencionó a los marineros borrachos. A decir verdad, no les había prestado mucha atención, bastante ocupada había estado intentando no morir de un infarto cuando la mujer puso su mano en mi pierna.
Me hubiera gustado preguntarle a la mujer acerca de qué tipo de música le gustaba, por si podía descubrirme algo, puesto que yo no solía disfrutar mucho de ese arte. Alguna vez había escuchado alguna canción que otra, más por casualidad que por haberlo buscado. Mandarina llevaba ya un tiempo maullando y moviéndose por la mesa en círculos. Cuando eso pasaba solía signficar dos cosas. Tenía ganas de mear o comenzaba a agobiarse por la gran cantidad de gente y el barullo. A decir verdad, había aguantado mucho tiempo, bueno, yo también. Miré a nuestro alrededor, había bastante más gente que antes. Entre ellos, destacaban un grupo de borrachos que se habían adueñado de una de las mesas del fondo. No tenía muchas ganas de escuchar sus palabras, y mucho menos de tener una nueva trifulca, lo cual a juzgar por mis dos acompañantes, era algo bastante posible. Por ello me levanté de la silla, permitiendo a Mandarina subir por mi brazo. Acaricié suavemente la cabeza de Peteiro, quien parecía bastante desanimado después de lo sucedido con Balban, con intención de consolarle levemente. - Bueno, chicos. Creo que voy a volver a la habitación, que con el agobio de antes no me he cambiado de ropa, y la verdad es que esta me gustaría lavarla. - sonreí. Estaba relativamente cerca de la mujer albina. No iba a abrazarla, ni nada por el estilo, puesto que tras conocer su interminable lista de delitos me daba miedo que esta me clavara el tenedor en el cuello si lo hacía - La verdad es que me alegro mucho de haber podido estar con vosotros y charlar - sonreí de forma sincera. - Por cierto Pandita - saqué la libreta mientras miraba a la mujer, puesto que el gyojin barracuda seguía ensimismado. - ¿Cuál es tu número de Den Den? Para seguir en contacto, por si os apetece algún día comer, o escuchar música o algo. - pregunté, mientras me alejaba en dirección a la puerta. Apunté una mezcla de lo que me dijo y entendí, puesto que por alguna razón parecía que era hora de levantarse ya que una gran cantidad de personas de la mesa contigua hicieron lo mismo que yo. Lo de levantase para irse, no sacar una libreta para apuntar. Tras unos instantes, me di cuenta de que, al igual que la noche anterior, me había equivocado de puerta. - Puerta equivocada, jeje - me reí, y me llevé una mano a la cabeza al pasar por al lado de la mesa nuevamente, dirigiéndome, esta vez sí, a mi habitación. A decir verdad era nuestra habitación, aunque no sabía ni quién la había pagado, ni si alguno de los dos iba a querer utilizarla.
Resumen
Eaa se despide de Peteiro y Maeve, puesto que quiere ir a cambiarse de ropa y limpiar la ropa sucia que tiene, además de que Mandarina está algo pesado.
Aclaración
Por mi parte y por lo pronto, este es el último post de Eaa en este tema. Ha sido una maravilla y me ha encantado conocer tantos datos de vuestros personajes, y las dinámicas entre estos.