14-07-2024, 09:15 PM
Viktor aceptó con facilidad mi oferta, cosa que me sorprendió un poco, aunque tenía sentido; en cierto modo él era el motor que había motivado este cambio, antes de que saliéramos de su camarote cogió una espada de madera que tenía cerca de su espada real, aunque fuera de madera seguro que dolía, pero no me podía empezar a quejar antes incluso de empezar a entrenar. Cuando llegamos a la cubierta lo vi saltar del barco hacia la isla, un pequeño escalofrío me recorrió recordando la bajada por el acantilado de la isla del cielo. — Vamos Chloe, no es momento de achantarse. — me dije a mí misma asomándome por la baranda del barco para ver como mi compañero ya me esperaba abajo, observando el rocoso lugar que nos serviría para practicar. Hice el ademán de saltar, pero me invadió el miedo, la inseguridad, — Mejor bajar como una persona normal. — pensé, y así comencé el descenso hasta tocar el suelo con los pies.
Cuando llegué abajo Viktor se giró para decirme algo evidente, mis capacidades para el combate y las suyas no eran ni remotamente cercanas. — ¿Hacía falta que..? — me interrumpió con un pero, se iba a contener, cosa que agradecía enormemente. No solo usaría una espada de madera, si no que cerraría uno de sus ojos, eso me daba cierta ventaja, o eso esperaba al menos. Mis consuelos en ese momento eran que no iba a matarme y que le costaría verme, fuera como fuese tenía que aprovecharme de eso de alguna manera. Entonces cerró los ojos y comenzó una cuenta atrás, un tiempo de cortesía que me daba para que me preparase, cogí la correa de mi rifle para agarrarlo con las dos manos y entonces me di cuenta de que había estado tan nerviosa por el entrenamiento que había olvidado algo vital para mi, mi arma. Tragué saliva y a la cuenta de cincuenta y siete subí de nuevo al barco como si mi vida estuviera en juego, si quería que el entrenamiento funcionase tenía que tomármelo en serio, y no empezaba de la mejor manera, pero ese sería el último error.
Una vez que llegué de nuevo a la cubierta, corrí tan rápido como pude para llegar al camarote. Necesitaba tomar mi arma, cargarla y volver al entrenamiento antes de que el tiempo se acabase, mi corazón latía con fuerza mientras avanzaba apresurada por el barco. Al llegar al camarote, casi sin aliento, agarré mi arma con manos temblorosas y tras coger la munición y cargar regresé igual de rápida a la baranda. Me tomé un segundo para retomar el aliento, sintiendo cómo el oxígeno llenaba mis pulmones, y luego reposé mi arma contra mi hombro, afiancé mi pulso, tratando de calmar mis nervios y despejar mi mente de cualquier duda. Apunté… Por instinto dirigí el cañón en dirección a la cabeza de Viktor. Tenía confianza en que mi compañero aguantaría un disparo en una zona no letal, pero la incertidumbre me carcomía. ¿Y si no lo hacía en la testa? No podía permitirme llenar mi mente de dudas, no en ese momento, y nunca más en el futuro. Bajé el arma y me decidí a disparar hacia su pierna derecha, apunté a la mitad inferior de su pierna diestra, justo a la tibia. Una herida en esa zona sería dolorosa y debilitante, pero no letal, y confiaba en que podría recuperarse de una herida así, pero de un disparo en la cabeza, eso no lo tenía tan claro. Con un último respiro profundo, apreté el gatillo, disparando la bala y consiguiendo un impacto directo en la pierna derecha de mi compañero de gremio.
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