14-07-2024, 11:38 PM
Leyenda
- Yo hubiera hecho lo mismo por ella - Noté una gran punzada en el pecho cuando el hombre dijo que Maeve habría renunciado al mundo entero por mi seguridad - No es momento, Eaa - me dije a mí misma mientras usaba todas mis fuerzas para contener las lágrimas que amenazaban con brotar de mis ojos. Por suerte para mí, su comentario acerca de que era más hombre que bestia me hizo gracia. Me hizo bastante más gracia de la que debería, sobre todo porque éste no había entendido a qué me refería. Me reí, me reí mucho, dejando escapar varias lágrimas mientras él hablaba acerca de su comida favorita. Recuperé la compostura, sacando mi libreta para anotar su nombre, junto a su comida favorita.
- Sí, a mí me pasaba algo parecido con la tarta de mandarina. Aunque ahora prefiero la pechuga empanada - sonreí, acariciando al pequeño Mandarina, quien se había acercado a que le diera mimos. - ¡Por cierto! - exclamé, mirando al hombre - Se me había olvidado - continué, antes de buscar la mejor forma de decirlo - Vale. Estamos en medio del Grand Line, y tengo entendido que en este mar coger un bote e ir por tu cuenta es un suicidio - comencé a hablar, algo nerviosa por miedo a que no se entendiera bien lo que quería decir - Así que supongo que como mínimo hasta que lleguemos a la siguiente isla viajarás en la Rémora. Luego si quieres eres libre de irte - expliqué - Y la verdad, no creo que pueda manejar yo sola la Rémora. Tampoco soy tan buena navegante como la capitana, pero haré lo que pueda por llevarnos a la siguiente isla - sonreí, pensativa, mientras llevaba la mirada al cielo estrellado - Cierto, que ya me iba otra vez por las ramas. Vale, si quieres quedarte hay unas reglas que tienes que cumplir - hablé, disponiéndome a enumerarlas - Primera: Mandarina es sagrado. Punto. Él manda - dije firmemente, mostrándole al pequeño felino - Segundo: No se entra a la bodega mientras estoy cocinando. Y se llama antes de entrar si hay alguien durmiendo - le miré, seria - Esto último es muy importante - hice énfasis para que entendiera bien - Tercero: Ni se te ocurra tocar el espejo de la habitación. Como le pase algo te atizo - miré a otro lado, suspirando levemente - Y la última, nada de peleas en la Rémora. No se pelea en casa, así de sencillo - volví a mirar a este con una sonrisa. - Bueno, y esto es todo. Siéntete como en casa. Mañana intentaré hacer una tarta de carne para comer - finalicé, antes de coger la jarra de cerveza nuevamente. Me la acerqué a los labios, antes de volver a dejarla sobre la improvisada mesa, cerrando brevemente los ojos
