17-07-2024, 08:58 PM
Debía haber sido una imaginación mía fruto de los nervios, justo antes de realizar el disparo Viktor me había… ¿Mirado? Pero eso era imposible, tenía los ojos cerrados, y aún así juraría que me había mirado, al menos en mi dirección. Debía recordar la dirección del barco, si, seguro que era por eso, aunque eso no explicase cómo había hecho para mirar exactamente en mi dirección, pero eso que podía preguntar, rápidamente recargué para disparar de nuevo pero empezó a hablar, eso hizo que me relajase, destensé los brazos y aparté el rifle de mi cara para estar atenta a mi compañero. Tras un error de cálculo que me costó fallar el primer disparo las palabras de Viktor empezaron a sonar, debía ser capaz de adaptarme al entorno del combate para poder usarlo a mi favor, conocer mi arma y sus limitaciones para saber qué hacer y cuándo hacerlo, finalmente me apuntó con la espada de madera y acabó por decir que me encontraba acorralada, pues no iba a ser capaz de alcanzarlo con mi arma y ahora él sabía dónde estaba yo. Mentiría a cualquiera si dijera que no me sentía tan acorralada como el espadachín decía, pero reparé en un cosa, yo no podía alcanzarlo, eso era cierto, pero él tampoco a mi, y podía utilizar eso en su contra. Intentarlo, como mínimo.
Tenía 30 balas, una menos después de fallar mi primer tiro, de ahora en adelante tenía que acertarlas todas, tenía que dejar de tener miedo y tenía que actuar. Tomé aire, miré a Viktor, mire barandilla abajo la distancia que me separaba del suelo rocoso de la isla, exhalé. — Siempre hay una primera vez para todo... — me dije a mí misma antes de impulsarme por encima de la barandilla y saltar hasta llegar al suelo, en el cual apoyé una rodilla al aterrizar por la fuerza del impacto, pero conseguí hacerlo bien y sin perder de vista a mi profesor por un día. — El siguiente paso es acertar el resto. — dije, motivada a hacerlo, sabía que la distancia que nos separaba no podía salvarse con un disparo, no de mi rifle, al menos, por eso utilicé mi arma para ayudar a erguirme y alejar del suelo mi rodilla. La tuve agarrada por el cañón para apoyar la culata contra el rocoso terreno y, una vez en pie, volví a cogerla como si fuera a usarla al momento, pero lo que hice fue avanzar en la dirección del espadachín, avanzando ocho metros en ese sentido, aún no podía acertarle, demasiado lejos, pero mantenía el arma en posición, él estaba en guardia y listo para el combate; y yo también.
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