08-08-2024, 08:16 AM
Leyenda
- Señor de la guerra, Ashura, la catástrofe - repetí su presentación en mi cabeza. Sonaba imponente, posiblemente incluso un poco arrogante, pero no podía negar que era bastante mejor eso que demonio comeniños. Era un capitán pirata. Suspiré algo decepcionada, cuando me dijo que en ésta, su isla, no había tiendas. - Pues vaya - no pude evitar quejarme. Iba a tener que buscar comida o cazar, cosa que no me apetecía lo más mínimo, y además no parecía que Kenjo y Kazuya tuvieran muchas ganas de irse por su cuenta - Ya he tenido muerte y dolor de sobra, gracias - no lo dije, aunque tuviera ganas. Era bastante impulsiva a veces (casi siempre), pero sabía perfectamente (en verdad no, o por lo menos no siempre) cuándo me convenía quedarme callada.
Mencionó después que estaba en un lugar muy peligroso. No hacía falta ser la persona más inteligente del mundo para darse cuenta de ello. Yo misma había visto hacía escasos minutos cómo un grupo de hormigas se comían viva a una "lagartija" - Pues... - Me quedé unos instantes en silencio, pensando en cómo responder - Si me matas la capitana se pondría triste - afirmé - Bueno, no creo que pueda ponerse triste, pero sí que te atormentaría por las noches - maticé - Pero Mandarina sí que se pondría triste. Y posiblemente mamá si sigue viva y se enterara - me llevé una mano al hombro derecho, pues había vuelto a arder de repente - Además, tengo que cumplir el deseo de la capitana, así que no me viene muy bien morirme ahora - estaba tan enfrascada en mi respuesta que ni escuché la siguiente pregunta del oni.
- Tu selva es muy... - miraba a nuestro alrededor, intentando encontrar un adjetivo que describiera bien aquel lugar, pero que tampoco sentara mal al propietario de este peculiar a la par que complejo ecosistema en el que nos encontrábamos - verde - di con el adjetivo indicado - Se nota que las plantas tienen agua suficiente - continué hablando - Aunque los insectos son un poco... gigantes para mi gusto - no pude evitar sentir un escalofrío al imaginar una cucaracha de aquel tamaño, y encima volando - Dan mal rollo, la verdad - miré a nuestro alrededor. Recordé entonces lo que Ashura me había comentado acerca de las tiendas. Iba a tener que esperar antes de hacer eso, y parecía que iba a costarme más de lo que esperaba encontrar una forma de hacerle llegar a Zorak el mensaje de Maeve - Si no hay tiendas debería volver a la Rémora - saqué del bolsillo de mi abrigo mi libreta y la pluma, mientras comenzaba a dirigirme al lugar por el que había llegado - Por cierto, Ashura, ¿cuál es tu comida favorita? - pregunté, con curiosidad, girando levemente la cabeza para mirarle - La mía es la pechuga empanada, y la tarta de mandarinas. Aunque a Maeve le encantaba la lasagna de espinacas, y de tanto comerla y verla disfrutar de ella me ha empezado a gustar bastante - sonreí, recordando feliz aquellos momentos - Depende de lo que digas lo mismo tengo ingredientes para prepararlo
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