20-08-2024, 10:25 PM
La bondad era la mayor virtud que poseía Kevin y Gideon la conocía bien. A pesar de intentar hacer las tareas él solo, su amigo trajeado insistió en ayudarle con todo. La tierna sonrisa de su compañero aflojó un poco el nudo en su garganta, no se había dado cuenta de lo tenso que estaba. Sus ojos parpadeaban en exceso, su mandíbula se resentía por la fuerza con la que estaba apretándola, sin darse cuenta, y su garganta estaba seca como el desierto. Tenía que encontrar la manera de sentirse mejor, de poder ser de nuevo una persona con la que poder contar sin miedo a que se derrumbase.
Una vez todo listo, Gideon intentó bromear para calmar la tensión que él mismo se imponía. Kevin, como no, le siguió la broma afirmando que no servía para ser capitán. De repente, como si a su mente hubiesen llegado imágenes horribles, anunció que no debía imaginar nada de eso.
— Illo, no te preocupes, que si alguna vez eres el líder de algo, allí estaré yo para apoyarte —afirmó con seriedad Gideon, sentado junto a Omi. Podía estar todo lo deprimido que estuviera, pero siempre estaría ahí para sus amigos, para su familia.
Kevin en ese momento anunció que partían, así que el skypiean agarró con cariño a su hurón y lo depositó en el bolsillo de su chaqueta. No sabía cómo de movido estaría el mar, ni qué se encontrarían por el camino, así que era mejor prevenir que curar. Fumó mirando hacia el mar, mientras Kevin se ocupaba de todo lo pertinente al timón y recordó que Suna estaría en su camarote. La pobre probablemente se marearía, eso había escuchado a otros viajeros. Ir en los camarotes en movimiento podía dar unas nauseas tremendas, sobre todo si estaba el mar caprichoso y uno dormía. Gideon siempre intentaba quedarse arribar, vigilar que no pasara nada y concentrarse en el horizonte para no marearse. No le había pasado nunca, pero no quería arriesgarse. Así que de esa guisa continuó el viaje, comentando de tanto en tanto cómo iba el viaje con Kevin. A pesar de estar con aquellos ánimos, Gideon sentía mucha curiosidad por la siguiente isla. Deseaba saber qué le depararía y, sobre todo, seguir grabando a sus amigos y creando historias sin igual en tierras nuevas.
Una vez todo listo, Gideon intentó bromear para calmar la tensión que él mismo se imponía. Kevin, como no, le siguió la broma afirmando que no servía para ser capitán. De repente, como si a su mente hubiesen llegado imágenes horribles, anunció que no debía imaginar nada de eso.
— Illo, no te preocupes, que si alguna vez eres el líder de algo, allí estaré yo para apoyarte —afirmó con seriedad Gideon, sentado junto a Omi. Podía estar todo lo deprimido que estuviera, pero siempre estaría ahí para sus amigos, para su familia.
Kevin en ese momento anunció que partían, así que el skypiean agarró con cariño a su hurón y lo depositó en el bolsillo de su chaqueta. No sabía cómo de movido estaría el mar, ni qué se encontrarían por el camino, así que era mejor prevenir que curar. Fumó mirando hacia el mar, mientras Kevin se ocupaba de todo lo pertinente al timón y recordó que Suna estaría en su camarote. La pobre probablemente se marearía, eso había escuchado a otros viajeros. Ir en los camarotes en movimiento podía dar unas nauseas tremendas, sobre todo si estaba el mar caprichoso y uno dormía. Gideon siempre intentaba quedarse arribar, vigilar que no pasara nada y concentrarse en el horizonte para no marearse. No le había pasado nunca, pero no quería arriesgarse. Así que de esa guisa continuó el viaje, comentando de tanto en tanto cómo iba el viaje con Kevin. A pesar de estar con aquellos ánimos, Gideon sentía mucha curiosidad por la siguiente isla. Deseaba saber qué le depararía y, sobre todo, seguir grabando a sus amigos y creando historias sin igual en tierras nuevas.
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