24-08-2024, 09:15 PM
Tras su exitosa misión en la base revolucionaria Don Bambú se convirtió un poco en noticia entre los camaradas. De vez en cuando le paraban por los pasillos para felicitarle por haber capturado a aquel espía que pronto sería juzgado en tribunal de guerra por sus crímenes y justamente castigado, pero lo cierto es que ser el centro de atención no casaba muy bien con la personalidad del panda. A él le gustaba estar en sitios tranquilos, leyendo y no necesariamente compartiendo espacio con otras personas. Por eso, cuando la adquisición de un nuevo y flamante navío para el escuadrón de los Toros Negros se hizo realidad, Don Bambú hizo lo posible por alejarse de la base todo lo posible con la excusa de hacer los preparativos para su pronta marcha de aquella isla. Desde el día anterior se había pasado todo el tiempo que pudo ayudando a Kisuke con los preparativos. Mientras su camarada se concentraba en tareas que tenían más que ver con la navegación, el panda se encargaba de cargar con las cajas grandes y de llenar el almacén todo lo posible, aunque provocando quizás un poco de desorden en el proceso. Acto seguido dedicó su tiempo a admirar la calidad patente en la elaboración de aquel barco. Él, como carpintero neófito, no era todavía capaz ni de comprender cómo habían realizado un trabajo tan fino. Estudió el navío e hizo cuantos dibujos pudo de las áreas cuya construcción le resultaba más difícil de entender por si podía encontrar alguna respuesta en futuros manuales que consultase.
Aquella mañana, el panda llegó a la cocina del barco donde Kisuke estaba bebiéndose un kilolitro de café con leche y desayunando alimentos frescos. El panda le imitó, ya que se había levantado temprano para ir a la base y coger alimentos de allí para no gastar los del barco. Traía una botella entera de zumo de naranja, tostadas, mantequilla, un bote de mermelada de arándanos y un racimo de cuatro plátanos listo para el desayuno. Kisuke le dio los buenos días jocosamente, como solía hacerlo. —Qué exagerado capitán honhonhonhonhon —Rio tan característicamente al tiempo que Zorak entraba por la puerta. Levantó su botella de zumo ya abierta en su dirección para saludarlo. Al parecer traía regalos, ¡y vaya regalos! —Sin duda me lo leeré entero esta misma noche, compadre. —Le agradeció de corazón y guardó el libro con especial cariño en su bandolera, la cual tenía a un lado de la silla en aquella ocasión. Sin embargo, aquel no fue el único regalo que recibió. La noticia le dejó algo anonadado. ¿Finalmente le habían reconocido el mérito necesario para ser sargento? Sin duda una alegría, aunque la verdad es que al panda no le importaba ser el eterno soldado. Para él lo único importante era llevar a la gloria al ejército, no a sí mismo. —Es un honor sin lugar a dudas. Un honor que acepto humildemente y que honraré tan bien como pueda. —Inclinó ligeramente la cabeza y presenció el regalo que le había llegado a Kisuke. En su ignorancia era incapaz de apreciar la exquisitez del arma que le había sido legada. Sin embargo, después de haber pasado tanto tiempo con Kovashi, el panda aprendió a discernir las reacciones de un espadachín para con las espadas que manejaba. La cara de su compañero era todo un poema, de modo que aquel arma debía de ser excepcional. —Enhorabuena camarada. Sin duda la honrarás con tu destreza en el arte de la esgrima. —Concedió el panda.
Aquella mañana, el panda llegó a la cocina del barco donde Kisuke estaba bebiéndose un kilolitro de café con leche y desayunando alimentos frescos. El panda le imitó, ya que se había levantado temprano para ir a la base y coger alimentos de allí para no gastar los del barco. Traía una botella entera de zumo de naranja, tostadas, mantequilla, un bote de mermelada de arándanos y un racimo de cuatro plátanos listo para el desayuno. Kisuke le dio los buenos días jocosamente, como solía hacerlo. —Qué exagerado capitán honhonhonhonhon —Rio tan característicamente al tiempo que Zorak entraba por la puerta. Levantó su botella de zumo ya abierta en su dirección para saludarlo. Al parecer traía regalos, ¡y vaya regalos! —Sin duda me lo leeré entero esta misma noche, compadre. —Le agradeció de corazón y guardó el libro con especial cariño en su bandolera, la cual tenía a un lado de la silla en aquella ocasión. Sin embargo, aquel no fue el único regalo que recibió. La noticia le dejó algo anonadado. ¿Finalmente le habían reconocido el mérito necesario para ser sargento? Sin duda una alegría, aunque la verdad es que al panda no le importaba ser el eterno soldado. Para él lo único importante era llevar a la gloria al ejército, no a sí mismo. —Es un honor sin lugar a dudas. Un honor que acepto humildemente y que honraré tan bien como pueda. —Inclinó ligeramente la cabeza y presenció el regalo que le había llegado a Kisuke. En su ignorancia era incapaz de apreciar la exquisitez del arma que le había sido legada. Sin embargo, después de haber pasado tanto tiempo con Kovashi, el panda aprendió a discernir las reacciones de un espadachín para con las espadas que manejaba. La cara de su compañero era todo un poema, de modo que aquel arma debía de ser excepcional. —Enhorabuena camarada. Sin duda la honrarás con tu destreza en el arte de la esgrima. —Concedió el panda.
