23-09-2024, 09:10 PM
Y el ciclo se repetía una vez más. Los PirateBusters llegaban a una isla nueva, emprendían su búsqueda para encontrar algún criminal con una jugosa recompensa por su cabeza y, como no podía ser de otra manera, no eran capaces de dar con nadie. Kevin comenzaba a pensar que igual, gracias a su presencia, cada isla por la que pasaban, era una isla que, inmediatamente, se convertía en un reinado de paz y armonía... Le gustaba pensar eso sí, pero justamente, el asalto de unos bandidos a un pequeño poblado que presenció días atrás, le daba por pensar que estaba completamente equivocado con aquella ensoñación.
- Y e-encima vienen más marines... A-así va a ser imposible dar con un malhechor...- Auguró el oficinista, al haberse enterado que pensaban reforzar la seguridad de Nanohana. Aquel día, Gideon y Kevin, acompañado del señorito Omi, que ejercía como una bufanda, salieron a dar un paseo bajo la ardiente y calurosa ciudad con tal de no morirse del asco en la posada. Para combatir el intenso sol, el oficinista optó por ponerse una túnica de una fina tela de color azul marino, bastante particular que había encontrado en una tienda, cuyo estampado, simulaba ser un traje con una camisa blanca debajo y una corbata de color roja. Al contrario que otras veces, en esta ocasión, había optado por no ponerse un turbante y, a sus espaldas, llevaba su maletín a modo de mochila que, junto a sus dos martillos a cada lado de su cintura, estando visiblemente ocultos al estar por debajo de la túnica, Kevin estaría completamente preparado para lo que pudiera suceder.- V-veo que cada uno tiene su forma de combatir el calor, ¿n-no crees, Gideon?- Preguntó el pluriempleado a su amiga que, en su caso, había elegido no ir tan tapada como el joven Fojobs, dejando al descubierto parte de su abdomen y sus brazos, llevando un chal que le dotaba de una figura bastante femenina denotando que, en este caso, su compañera se identificaba como una mujer.
Como era habitual en Kevin, mientras Gideon se hallaba en silencio y fumándose uno de sus cigarrillos, se encontraba enfrascado en su situación económica actual.- E-estaría tan bien encontrar algo de trabajo de verdad... Con suerte, el recado q-que hice el otro día nos d-dio para poder aguantar hasta fin de mes...- Comentó a su amiga, mirando hacia el suelo, y terminando por suspirar.- Q-qué tragedia... E-encima Suna está desaparecida... F-fue llegar a la isla e irse c-como una loca a explora el sitio... E-espero que esté bien...- Deseó de todo corazón por el bienestar de su descerebrada amiga.
Fue entonces cuando, tras llegar a un parquecito poco transitado, Gideon habló tras un buen rato callada, preguntó sobre la identidad de cierta mujer que habían conocido en un bar dónde la situación se fue de manos. Kevin se puso su mano derecha, con la palma extendida, delante de su frente, observando a su alrededor hasta que vio, como a unos 5 metros de ellos, y bajo una palmera, se hallaba una mujer peliazul, ¿en paños menores? Muy bonitos los paños por cierto, de color azulito claro.- ¡P-PERO! ¡E-ESTO ES ESCÁNDALO P-PÚBLICO!- Gritó escandalizado, instintivamente, llevándose las manos a la cabeza sin darse de cuenta, de primeras, de quien era esa mujer. Sin embargo, gracias a las palabras de Gideon, y a que enfocó más su mirada en la chica, pudo ver de quién se trataba.- ¡E-es verdad! ¡E-ella estaba allí!- Exclamó a su compañera, con cierto entusiasmo debido a la coincidencia de reencontrarse con aquella simpática mujer. Recordaba perfectamente conocer a la peliazul en aquella noche folclórica pero, debido a la cantidad ingente de alcohol que consumió, en su cabeza, Kevin creía que la mujer les trató con el mayor de los respetos.- A-ahora que lo pienso... Igual está sufriendo de una in-insolación...- Vaticinó, dirigiéndose entonces, con preocupación, hacia donde se encontraba la mujer.- V-vamos, Gideon, ¡i-igual esa señorita necesita nuestra ayuda!- Declaró, a medio camino de la chica en bolas.
- H-hola, s-señorita, no sé si me recuerdas pero, ¿e-está todo bien?- Preguntó con preocupación y de la forma más educada posible a la mujer que, visto de cerca, era preciosa. Tenía una belleza electrizante, sí, aunque a Kevin no le iba ese tipo de cosas.- ¡Ah! P-perdona mi falta de modales... S-soy Kevin Fojobs, n-nos conocimos en una taberna en C-ciudad Murkhold... ¿N-necesitas algo de agua?- Ofreció su ayuda el empresario ante la posibilidad de que, aquella y pobre desamparada alma, requiriera que le echaran una mano. Estaba tan enfocado en brindarle ayuda que no se percató - o no se quiso percatar - en que iba armada ni en que, en el césped que había bajo la palmera, había un pequeño y simpático animalito que ya conocería más adelante.
- Y e-encima vienen más marines... A-así va a ser imposible dar con un malhechor...- Auguró el oficinista, al haberse enterado que pensaban reforzar la seguridad de Nanohana. Aquel día, Gideon y Kevin, acompañado del señorito Omi, que ejercía como una bufanda, salieron a dar un paseo bajo la ardiente y calurosa ciudad con tal de no morirse del asco en la posada. Para combatir el intenso sol, el oficinista optó por ponerse una túnica de una fina tela de color azul marino, bastante particular que había encontrado en una tienda, cuyo estampado, simulaba ser un traje con una camisa blanca debajo y una corbata de color roja. Al contrario que otras veces, en esta ocasión, había optado por no ponerse un turbante y, a sus espaldas, llevaba su maletín a modo de mochila que, junto a sus dos martillos a cada lado de su cintura, estando visiblemente ocultos al estar por debajo de la túnica, Kevin estaría completamente preparado para lo que pudiera suceder.- V-veo que cada uno tiene su forma de combatir el calor, ¿n-no crees, Gideon?- Preguntó el pluriempleado a su amiga que, en su caso, había elegido no ir tan tapada como el joven Fojobs, dejando al descubierto parte de su abdomen y sus brazos, llevando un chal que le dotaba de una figura bastante femenina denotando que, en este caso, su compañera se identificaba como una mujer.
Como era habitual en Kevin, mientras Gideon se hallaba en silencio y fumándose uno de sus cigarrillos, se encontraba enfrascado en su situación económica actual.- E-estaría tan bien encontrar algo de trabajo de verdad... Con suerte, el recado q-que hice el otro día nos d-dio para poder aguantar hasta fin de mes...- Comentó a su amiga, mirando hacia el suelo, y terminando por suspirar.- Q-qué tragedia... E-encima Suna está desaparecida... F-fue llegar a la isla e irse c-como una loca a explora el sitio... E-espero que esté bien...- Deseó de todo corazón por el bienestar de su descerebrada amiga.
Fue entonces cuando, tras llegar a un parquecito poco transitado, Gideon habló tras un buen rato callada, preguntó sobre la identidad de cierta mujer que habían conocido en un bar dónde la situación se fue de manos. Kevin se puso su mano derecha, con la palma extendida, delante de su frente, observando a su alrededor hasta que vio, como a unos 5 metros de ellos, y bajo una palmera, se hallaba una mujer peliazul, ¿en paños menores? Muy bonitos los paños por cierto, de color azulito claro.- ¡P-PERO! ¡E-ESTO ES ESCÁNDALO P-PÚBLICO!- Gritó escandalizado, instintivamente, llevándose las manos a la cabeza sin darse de cuenta, de primeras, de quien era esa mujer. Sin embargo, gracias a las palabras de Gideon, y a que enfocó más su mirada en la chica, pudo ver de quién se trataba.- ¡E-es verdad! ¡E-ella estaba allí!- Exclamó a su compañera, con cierto entusiasmo debido a la coincidencia de reencontrarse con aquella simpática mujer. Recordaba perfectamente conocer a la peliazul en aquella noche folclórica pero, debido a la cantidad ingente de alcohol que consumió, en su cabeza, Kevin creía que la mujer les trató con el mayor de los respetos.- A-ahora que lo pienso... Igual está sufriendo de una in-insolación...- Vaticinó, dirigiéndose entonces, con preocupación, hacia donde se encontraba la mujer.- V-vamos, Gideon, ¡i-igual esa señorita necesita nuestra ayuda!- Declaró, a medio camino de la chica en bolas.
- H-hola, s-señorita, no sé si me recuerdas pero, ¿e-está todo bien?- Preguntó con preocupación y de la forma más educada posible a la mujer que, visto de cerca, era preciosa. Tenía una belleza electrizante, sí, aunque a Kevin no le iba ese tipo de cosas.- ¡Ah! P-perdona mi falta de modales... S-soy Kevin Fojobs, n-nos conocimos en una taberna en C-ciudad Murkhold... ¿N-necesitas algo de agua?- Ofreció su ayuda el empresario ante la posibilidad de que, aquella y pobre desamparada alma, requiriera que le echaran una mano. Estaba tan enfocado en brindarle ayuda que no se percató - o no se quiso percatar - en que iba armada ni en que, en el césped que había bajo la palmera, había un pequeño y simpático animalito que ya conocería más adelante.
INFO
