Tras los últimos acontecimientos teníamos una nueva boca - con dientes afilados - en el barco. Un trofeo que Viktor había decidido traerse consigo de nuestro encontronazo selvático con aquel trío de supuestos revolucionarios. El cinismo estaba a flor de piel en mi psique, y es que, siendo conocedor de las capacidades, medios y despliegues por parte del Gobierno Mundial, ver a esta panda jugando a ser salvadores del mundo y siendo incapaces de aguantar tan siquiera contra Viktor y contra mi... me dejaba bastante en claro que si esa era la media eran un ejército dispuesto a disolverse o a ser disuelto. O reducido completamente a la nada.
Había tenido una conversación vía Den Den Mushi con el astro más brillante de la nueva generación de Marines, Joe "la estrella " Joestar... aquel simiesco hombre que tan rápido y fácil mordió el polvo en aquella isla... como se llamase... con su compañero aquel quien fuera y alguien que iba conmigo en ese momento. Parecía que el bueno de Joe estaba ascendiendo de forma interesante y activa en la jerarquía de la Marina y tenía el poder suficiente como para poder enviar un barco a nuestras costas a las que entregar a este despojo, que tenía que tener un cargo regalado - porque si no, no se explicaba su debilidad - y que nos iba a financiar los próximos movimientos.
Escuché las palabras de Viktor a través de la puerta informándome de que iba a ver cómo estaba el susodicho, y tras mi reflexión y habiendo guardado el Den Den en el bolsillo, salí de mi camarote en dirección a la cubierta para poder observar que el barco estaba seguro anclado aquí y que no se avecinaba ningún temporal, vi como Chloe y Marmita se reunían para hablar de sus cosas. Qué sabría yo, cosas de mujeres. Negué con la cabeza y bajé de la zona de mando en dirección a la zona en la que Viktor mantenía a aquel tipo cautivo, caminando a paso firme y seguro. Llevaba las manos metidas en los bolsillos, como casi siempre, y vestía sólo mi pantalón y mi casco - de mi indumentaria habitual - y una camiseta interior sin mangas de color blanco. Había dejado la chaqueta y mi arma en mi camarote, pues un depredador no está alerta en su madriguera.
Cuando llegué a la zona en la que Viktor había dejado a aquel tipo, mi mano derecha estaba allí presente junto a nuestro invitado.
— Oe oe... Buenos días Viktor, lamento la espera — dije entrando sin cerrar la puerta — He estado dándole vueltas a unas cuantas cosas en mi cabeza — añadí y señalé a su Den Den Mushi — He hablado con un viejo amigo de la Marina, Joe Joestar. Me ha informado de que este... — y señalé hacia el hombre cautivo — ...esta cosa híbrida — maticé, no sin cierto tono de asco — Es un Mariscal de la Revolución, un cargo relativamente importante — guardé de nuevo mis manos en mis bolsillos y me encogí de hombros mirando hacia el albino — Yo tampoco entiendo por qué tiene ese cargo si ha sido el que peor rendimiento de los tres ha desempeñado, pero, o es nepotismo, o los demás tenían cargos aun más elevados y eso habla muy mal de las condiciones de estos riviliciniris — chasqueé la lengua y di unos pasos hasta situarme delante del susodicho — Es tu presa y tú decides qué hacer con él — y me acuclillé frente al pelirrojo — Yo no cazo conejos que siguen siendo bebés, están enfermos, o son débiles — y agarré con el índice y el pulgar la mandíbula del híbrido de pescado por ambos lados — Pero eso es un estúpido código moral que me he autoimpuesto... ya sabes, sin normas nada nos diferencia de las bestias — solté su rostro y le di dos suaves cachetadas — Pero tenías razón, vale casi doscientos millones — añadí mientras le daba un golpe un poco más fuerte y me levantaba, girándome para ver a Viktor — Tú decides — dije dejando claro que la toma de la decisión de esta situación, era completamente de mi compañero.
Había tenido una conversación vía Den Den Mushi con el astro más brillante de la nueva generación de Marines, Joe "la estrella " Joestar... aquel simiesco hombre que tan rápido y fácil mordió el polvo en aquella isla... como se llamase... con su compañero aquel quien fuera y alguien que iba conmigo en ese momento. Parecía que el bueno de Joe estaba ascendiendo de forma interesante y activa en la jerarquía de la Marina y tenía el poder suficiente como para poder enviar un barco a nuestras costas a las que entregar a este despojo, que tenía que tener un cargo regalado - porque si no, no se explicaba su debilidad - y que nos iba a financiar los próximos movimientos.
Escuché las palabras de Viktor a través de la puerta informándome de que iba a ver cómo estaba el susodicho, y tras mi reflexión y habiendo guardado el Den Den en el bolsillo, salí de mi camarote en dirección a la cubierta para poder observar que el barco estaba seguro anclado aquí y que no se avecinaba ningún temporal, vi como Chloe y Marmita se reunían para hablar de sus cosas. Qué sabría yo, cosas de mujeres. Negué con la cabeza y bajé de la zona de mando en dirección a la zona en la que Viktor mantenía a aquel tipo cautivo, caminando a paso firme y seguro. Llevaba las manos metidas en los bolsillos, como casi siempre, y vestía sólo mi pantalón y mi casco - de mi indumentaria habitual - y una camiseta interior sin mangas de color blanco. Había dejado la chaqueta y mi arma en mi camarote, pues un depredador no está alerta en su madriguera.
Cuando llegué a la zona en la que Viktor había dejado a aquel tipo, mi mano derecha estaba allí presente junto a nuestro invitado.
— Oe oe... Buenos días Viktor, lamento la espera — dije entrando sin cerrar la puerta — He estado dándole vueltas a unas cuantas cosas en mi cabeza — añadí y señalé a su Den Den Mushi — He hablado con un viejo amigo de la Marina, Joe Joestar. Me ha informado de que este... — y señalé hacia el hombre cautivo — ...esta cosa híbrida — maticé, no sin cierto tono de asco — Es un Mariscal de la Revolución, un cargo relativamente importante — guardé de nuevo mis manos en mis bolsillos y me encogí de hombros mirando hacia el albino — Yo tampoco entiendo por qué tiene ese cargo si ha sido el que peor rendimiento de los tres ha desempeñado, pero, o es nepotismo, o los demás tenían cargos aun más elevados y eso habla muy mal de las condiciones de estos riviliciniris — chasqueé la lengua y di unos pasos hasta situarme delante del susodicho — Es tu presa y tú decides qué hacer con él — y me acuclillé frente al pelirrojo — Yo no cazo conejos que siguen siendo bebés, están enfermos, o son débiles — y agarré con el índice y el pulgar la mandíbula del híbrido de pescado por ambos lados — Pero eso es un estúpido código moral que me he autoimpuesto... ya sabes, sin normas nada nos diferencia de las bestias — solté su rostro y le di dos suaves cachetadas — Pero tenías razón, vale casi doscientos millones — añadí mientras le daba un golpe un poco más fuerte y me levantaba, girándome para ver a Viktor — Tú decides — dije dejando claro que la toma de la decisión de esta situación, era completamente de mi compañero.
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