12-01-2025, 10:15 PM
El Niebla de Guerra. Era un nombre hermoso, claramente inspirado en las características del capitán, pero que le quedaba muy bien. Combinaba con el barco, que era de un color blanco muy parecido al de los huesos. Era un buen blanco. Combinaba con Nox, que tenía un plumaje sin duda hermoso. Le había puesto el nombre en honor a Maeve, que también tenía cabellos así de blancos, como la nieve. El que sí no tenía cabellos blancos era yo, pues aunque a veces me llamaran peliblanco, imagino que era confusión de la gente. Siempre que tomaba el mechón de mi pelo y lo ponía frente a mi, veía mi cabello azul. Soy peliazul. La gente es la que está mal.
Aunque tenía mi camarote, y sí que lo usaba, había decidido pasar el último trayecto del viaje arriba en el nido, como hubiera hecho en la Rémora Fatua. Ah, qué lejano y a la vez fresco y triste el recuerdo de ese capítulo de mi vida, de mi viaje hacia la verdadera fortaleza. Estar aquí arriba me daba paz y me servía para recordar de dónde vengo y a dónde voy.
No tardamos en llegar a un nuevo sitio. A lo lejos se veía como una gran isla, compuesta por muchas montañas. A medida que nos fuimos acercando corregí mi percepción del lugar; aquello eran árboles enormes, coronados por unas cúpulas como a modo de protección, quizás del sol o de la lluvia, no lo sé. Mientras alimentaba a mi Nox con un trocito de carne cruda en una mano y jugueteaba con el colmillo de Goopaw en la otra, estaba en total paz.
El Niebla se acercó a la costa y poco a poco, Don Krank nos condujo a través de un cauce más pequeño que pasaba por entre los árboles. Fue entonces que detallé la curiosa composición de este sitio: Aquellos árboles eran enormes y conformaban un enorme manglar. Las raíces de cada uno de los gigantes mangles (porque así se llaman los árboles que constituyen un manglar. Así me lo había enseñado Alfred) se sumergían hasta perderse de vista, sin que fuera posible ver el fondo de aquellas aguas. No quería tampoco saber yo hasta dónde estaba el fondo marino. Pero en fin. Al pasar por el lugar pude ver algo de lo más curioso: unas burbujas salían del suelo y flotaban hacia arriba, a lo alto del lugar y hasta donde casi no se podía alcanzar a ver, explotando a gran altura. Imagino que eso era lo que causaba el curioso sonido que inundaba aquel sitio, pues entre *blub* y *pop!* todo alrededor era una sinfonía jabonosa que se me hacía relajante, la verdad.
Krank nos llevó sin mayores contratiempos hasta uno de aquellos árboles y allí vi que en el enorme tallo central del mismo, estaba escrito enorme el número 26. Supongo que eran tantos árboles que la gente que vivía aquí debía numerarlos para no perderse entre tantos sitios parecidos. Me gustaba el 26. Era mi número favorito. De hecho, hacía nada había cumplido yo mismo 26 años. Eso me contentó por alguna razón numerológica tonta. Ayudé al tontatta junto con August a recoger las velas y el ancla fue echada. Los Mushoku habíamos llegado.
Entonces, el grito ronco de Ashura rompió todo atisbo de calma y empezó a vociferar contra Krank, preguntando si el barco había tenido daños o algo así. Imagino que luego del viaje de salida de Kyodaina, el oni estaba preocupado de volver a quedarnos sin medio de transporte. La siguiente orden fue curiosa: Quitar nuestros wanteds de las puertas. Imagino que algún tipo de precaución de su parte para que nadie nos identificara. No sería yo el que le llevara la contraria. Salté del nido a la cubierta, pero a diferencia de la última vez en la Rémora, el suelo no tembló ni crujió. Este barco era mucho más resistente sin duda. Me despedí de Nox, que ya conocía el protocolo: Papá iba a la isla y él podía salir a cazar mientras tanto.
Me dirigí a mi camarote y quité mi cartel de Wanted. Sabía que íbamos a bajarnos, así que preparé mis pertenencias y las puse dentro de mi pequeño bolso. Miré por un instante el libro que le había arrebatado a Zarek sobre el Dios de la Guerra. Había reflexionado mucho sobre esas escrituras y la verdad es que dudaba tener tiempo de sentarme a leer. En este lugar tenía una misión: Encontrar algo que me hiciera más fuerte para el camino que teníamos por delante. Recogí mis cosas y fui a la cubierta, no sin antes pasarle llave a mi habitación. No quería que Krank volviera a entrar a decirme que barriera mi cuarto.
Allí afuera justamente estaban Ashura y Krank. Me acerqué a ellos y miré por la borda. El lugar era hermoso sin duda. “Espero que al capitán no le dé por querer destruirlo. La naturaleza aquí es muy peculiar y me dolería joderle la casa a las aves y animalitos que puedan vivir por aquí”. A lo lejos vi a algunas figuras de personas caminando, y entonces, mi ojo avisor notó dos criaturas de lo más curiosas acercándose a nuestro navío. Dos seres encapuchados, pero de los que podía notar algunos detalles gracias a mi excepcional sentido de la vista: Un tipo con unas alas grandes bajo la capa y con una máscara bajo la capucha que iba de la mano de… “¡¿ESA MIERDA ES UNA RANA GIGANTE!?” No podía creer lo que veía. pero de algo me sonaba aquella extraña pareja. Decidí revisar mi bolso para ver si y… “Sí” exclamé cuando desenrollé los carteles de wanted, mientras les daba un golpe con el reverso de la palma de mi mano. Allí estaban: Eran los dos novatos que habían aparecido la otra vez en el periódico.
Se trataba de Kukulkan Jr, “la serpiente de cobre y latón” y Keropi. Los dos novatos que otrora hubieran llamado mi atención. Sonreí emocionado, porque esta oportunidad no se podía dejar pasar. Si Ashura reclutó a Krank y August, pues yo también quería aportar al crecimiento de esta banda. Me giré a Ashura con mi sonrisa de oreja a oreja y mis ojos como platos. Le puse ambos carteles en el pecho, que por suerte fue tangible esta vez y le dije, mientras le señalaba con el índice “Ahora sí no te voy a escuchar el discurso de siempre de que te debo un nakama-Gin. ¡Mira!” -dije señalando al más alto de los dos sujetos encapuchados- “ese de allá tiene alas y todo. Como Zarek. Ya vengo” Y sin más, salté del barco al suelo. Las patea-suelos se sentían pegajosas, pero no como para estorbar mi movimiento. Corrí hasta donde estaban los dos novatos y aún emocionado, pude ver que eran bastante bajitos, pero no por eso inspiraban debilidad ni mucho menos.
Buen día, amigos. Me llamo Rapax Gin-Gin. Si me permiten me gustaría hablarles de la iniciativa Mushoku- Dije aún sonriendo- Verán… No se asusten, pero sé quienes son. He estado atento a sus pasos desde que vi sus carteles de Wanted en el periódico y– Bueno primero que nada, que sepan que no soy un marine, ¿ok? dije alzando las manos intentando calmarles antes de que se asustaran. Ambos personajes tenían sus ojos puestos en mí, mientras yo no paraba de hablar. Este era el momento de la verdad, estaba en pleno pitch para tratar de reclutar a dos tipos nuevos y tenía que darlo todo. “Cálmate Gin”
A ver señores -dije mientras en mi puño derecho formaba una esfera sísmica y se las enseñaba de frente- ¿Quisieran ser parte de la tripulación pirata que va poner este mundo a temblar?
Aunque tenía mi camarote, y sí que lo usaba, había decidido pasar el último trayecto del viaje arriba en el nido, como hubiera hecho en la Rémora Fatua. Ah, qué lejano y a la vez fresco y triste el recuerdo de ese capítulo de mi vida, de mi viaje hacia la verdadera fortaleza. Estar aquí arriba me daba paz y me servía para recordar de dónde vengo y a dónde voy.
No tardamos en llegar a un nuevo sitio. A lo lejos se veía como una gran isla, compuesta por muchas montañas. A medida que nos fuimos acercando corregí mi percepción del lugar; aquello eran árboles enormes, coronados por unas cúpulas como a modo de protección, quizás del sol o de la lluvia, no lo sé. Mientras alimentaba a mi Nox con un trocito de carne cruda en una mano y jugueteaba con el colmillo de Goopaw en la otra, estaba en total paz.
El Niebla se acercó a la costa y poco a poco, Don Krank nos condujo a través de un cauce más pequeño que pasaba por entre los árboles. Fue entonces que detallé la curiosa composición de este sitio: Aquellos árboles eran enormes y conformaban un enorme manglar. Las raíces de cada uno de los gigantes mangles (porque así se llaman los árboles que constituyen un manglar. Así me lo había enseñado Alfred) se sumergían hasta perderse de vista, sin que fuera posible ver el fondo de aquellas aguas. No quería tampoco saber yo hasta dónde estaba el fondo marino. Pero en fin. Al pasar por el lugar pude ver algo de lo más curioso: unas burbujas salían del suelo y flotaban hacia arriba, a lo alto del lugar y hasta donde casi no se podía alcanzar a ver, explotando a gran altura. Imagino que eso era lo que causaba el curioso sonido que inundaba aquel sitio, pues entre *blub* y *pop!* todo alrededor era una sinfonía jabonosa que se me hacía relajante, la verdad.
Krank nos llevó sin mayores contratiempos hasta uno de aquellos árboles y allí vi que en el enorme tallo central del mismo, estaba escrito enorme el número 26. Supongo que eran tantos árboles que la gente que vivía aquí debía numerarlos para no perderse entre tantos sitios parecidos. Me gustaba el 26. Era mi número favorito. De hecho, hacía nada había cumplido yo mismo 26 años. Eso me contentó por alguna razón numerológica tonta. Ayudé al tontatta junto con August a recoger las velas y el ancla fue echada. Los Mushoku habíamos llegado.
Entonces, el grito ronco de Ashura rompió todo atisbo de calma y empezó a vociferar contra Krank, preguntando si el barco había tenido daños o algo así. Imagino que luego del viaje de salida de Kyodaina, el oni estaba preocupado de volver a quedarnos sin medio de transporte. La siguiente orden fue curiosa: Quitar nuestros wanteds de las puertas. Imagino que algún tipo de precaución de su parte para que nadie nos identificara. No sería yo el que le llevara la contraria. Salté del nido a la cubierta, pero a diferencia de la última vez en la Rémora, el suelo no tembló ni crujió. Este barco era mucho más resistente sin duda. Me despedí de Nox, que ya conocía el protocolo: Papá iba a la isla y él podía salir a cazar mientras tanto.
Me dirigí a mi camarote y quité mi cartel de Wanted. Sabía que íbamos a bajarnos, así que preparé mis pertenencias y las puse dentro de mi pequeño bolso. Miré por un instante el libro que le había arrebatado a Zarek sobre el Dios de la Guerra. Había reflexionado mucho sobre esas escrituras y la verdad es que dudaba tener tiempo de sentarme a leer. En este lugar tenía una misión: Encontrar algo que me hiciera más fuerte para el camino que teníamos por delante. Recogí mis cosas y fui a la cubierta, no sin antes pasarle llave a mi habitación. No quería que Krank volviera a entrar a decirme que barriera mi cuarto.
Allí afuera justamente estaban Ashura y Krank. Me acerqué a ellos y miré por la borda. El lugar era hermoso sin duda. “Espero que al capitán no le dé por querer destruirlo. La naturaleza aquí es muy peculiar y me dolería joderle la casa a las aves y animalitos que puedan vivir por aquí”. A lo lejos vi a algunas figuras de personas caminando, y entonces, mi ojo avisor notó dos criaturas de lo más curiosas acercándose a nuestro navío. Dos seres encapuchados, pero de los que podía notar algunos detalles gracias a mi excepcional sentido de la vista: Un tipo con unas alas grandes bajo la capa y con una máscara bajo la capucha que iba de la mano de… “¡¿ESA MIERDA ES UNA RANA GIGANTE!?” No podía creer lo que veía. pero de algo me sonaba aquella extraña pareja. Decidí revisar mi bolso para ver si y… “Sí” exclamé cuando desenrollé los carteles de wanted, mientras les daba un golpe con el reverso de la palma de mi mano. Allí estaban: Eran los dos novatos que habían aparecido la otra vez en el periódico.
Se trataba de Kukulkan Jr, “la serpiente de cobre y latón” y Keropi. Los dos novatos que otrora hubieran llamado mi atención. Sonreí emocionado, porque esta oportunidad no se podía dejar pasar. Si Ashura reclutó a Krank y August, pues yo también quería aportar al crecimiento de esta banda. Me giré a Ashura con mi sonrisa de oreja a oreja y mis ojos como platos. Le puse ambos carteles en el pecho, que por suerte fue tangible esta vez y le dije, mientras le señalaba con el índice “Ahora sí no te voy a escuchar el discurso de siempre de que te debo un nakama-Gin. ¡Mira!” -dije señalando al más alto de los dos sujetos encapuchados- “ese de allá tiene alas y todo. Como Zarek. Ya vengo” Y sin más, salté del barco al suelo. Las patea-suelos se sentían pegajosas, pero no como para estorbar mi movimiento. Corrí hasta donde estaban los dos novatos y aún emocionado, pude ver que eran bastante bajitos, pero no por eso inspiraban debilidad ni mucho menos.
Buen día, amigos. Me llamo Rapax Gin-Gin. Si me permiten me gustaría hablarles de la iniciativa Mushoku- Dije aún sonriendo- Verán… No se asusten, pero sé quienes son. He estado atento a sus pasos desde que vi sus carteles de Wanted en el periódico y– Bueno primero que nada, que sepan que no soy un marine, ¿ok? dije alzando las manos intentando calmarles antes de que se asustaran. Ambos personajes tenían sus ojos puestos en mí, mientras yo no paraba de hablar. Este era el momento de la verdad, estaba en pleno pitch para tratar de reclutar a dos tipos nuevos y tenía que darlo todo. “Cálmate Gin”
A ver señores -dije mientras en mi puño derecho formaba una esfera sísmica y se las enseñaba de frente- ¿Quisieran ser parte de la tripulación pirata que va poner este mundo a temblar?
Resumen
Datos de interés
Rapax
Off
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