28-01-2025, 10:01 PM
(Última modificación: 28-01-2025, 10:05 PM por Kisuke Kageyama.
Razón: faltó poner el Karma de Sentidos aumentados
)
Aproximadamente 11:30 a.m., 30 de Otoño del año 14
En el puente de acceso al manglar 23, Archipiélago Sabaody. Venimos de este post y de este.
En el puente de acceso al manglar 23, Archipiélago Sabaody. Venimos de este post y de este.
Kisuke había ido deslizándose a través de los manglares de la manera más sigilosa y discreta de la que fue capaz y, al fin pudo ver desde el puente en el que se encontraba en ese momento, un gran numero 23 en el árbol que tenía delante de él. Aquel pirata que parecía un tipo con el que no se podía bromear, había dado de plazo una hora para reunirse con el antiguo pescador y devolver a Zorak, y el tiempo empezaba a escasear. Aquel lugar era laberíntico puesto que había muchísimos manglares y a simple vista no había mucha diferencia, pero el hecho de que cada uno de esos enormes árboles tuviese un número enorme pintado en el tronco, ayudaba bastante, al menos, para no perderse, y saber siempre donde te encuentras. Había dejado en el barco al bonachón de Comilón McBacon, para que vigilase el navío de los revolucionarios y, además, por si regresaba Panda, que también había ido por su cuenta persiguiendo a un tipo, sin contar que, no podía poner en riesgo a alguien que acababa de conocer, y este encuentro era, cuanto menos, arriesgado.
"A ver en que estado se encuentra... Al menos espero que no me haya mentido y siga vivo..."
Quería creer que el despiadado pirata había dicho la verdad, pero no podía evitar pensar que quizá era una trampa y la inquietud por su amigo crecía por momentos, puesto que el que tenía conocimientos médicos era el mestizo de gyojin, y ni él ni Panda, e imaginaba que el marrano tampoco, tenían los conocimientos de medicina necesarios para tratar a un herido de gravedad. Así que la situación era muy delicada y los nervios estaban a flor de piel, por lo que mientras cruzaba el puente entrando en el manglar con el árbol numerado con el 23, sacó un cigarrillo y se lo prendió, tratando de serenar su espíritu.
"Espero que don Marrano esté bien y Panda no tarde en regresar."
En cuanto puso un pie en el húmedo suelo del manglar, miró en derredor buscando con su aguda vista algún indicio de donde podían encontrarse y tras adentrarse un poco en el manglar, pudo ver a lo lejos, en un descampado como a unos 50 metros a su izquierda a un tipo bastante imponente, muy alto, más del doble que el propio Kisuke, y que tenía a sus pies el cuerpo de alguien que se adivinaba tenía una cabellera de color rojo intenso.
"No hay duda, ese debe ser Ashura... y Zorak."
Era el capitán de los piratas Mushoku, el despiadado Ashura, que había sido descrito como un demonio capaz de convertirse en humo por el periódico unas semanas atrás. Según aquel artículo, el poderoso pirata Rapax Gin que tenía un poder demoledor, se había unido a esta banda y habían matado a un condecorado marine y destruido un cuartel de la Marina. Suspiró y se encaminó hacia Ashura, con cautela, y cuando estuvo a unos quince metros del mismo, echó su capucha hacia atrás, descubriendo su rostro y le llamó, sacando una bolsa de tela en la que llevaba el dinero que había acordado con el pirata.
-Tú eres Ashura, el capitán de los piratas Mushoku, ¿verdad? Yo soy Kisuke Kageyama, y creo que tienes algo que me interesa.
Mientras decía aquello, lanzaba al aire y dejaba caer sobre su palma el saco de tela con los berries. Aquel tipo de por si era bastante intimidante, pero eso no era algo que le preocupase a Kisuke, lo que le preocupaba era llevar a cabo la "transacción" de la manera más rápida y tranquila posible, porque no podía permitirse que se alzasen las hostilidades en ese momento porque, aunque parecía que estaba solo, no podía descartar que sus nakama anduviesen cerca vigilando y le tendiesen una trampa. Las cartas estaban sobre la mesa, el destino hablaría.
"A ver en que estado se encuentra... Al menos espero que no me haya mentido y siga vivo..."
Quería creer que el despiadado pirata había dicho la verdad, pero no podía evitar pensar que quizá era una trampa y la inquietud por su amigo crecía por momentos, puesto que el que tenía conocimientos médicos era el mestizo de gyojin, y ni él ni Panda, e imaginaba que el marrano tampoco, tenían los conocimientos de medicina necesarios para tratar a un herido de gravedad. Así que la situación era muy delicada y los nervios estaban a flor de piel, por lo que mientras cruzaba el puente entrando en el manglar con el árbol numerado con el 23, sacó un cigarrillo y se lo prendió, tratando de serenar su espíritu.
"Espero que don Marrano esté bien y Panda no tarde en regresar."
En cuanto puso un pie en el húmedo suelo del manglar, miró en derredor buscando con su aguda vista algún indicio de donde podían encontrarse y tras adentrarse un poco en el manglar, pudo ver a lo lejos, en un descampado como a unos 50 metros a su izquierda a un tipo bastante imponente, muy alto, más del doble que el propio Kisuke, y que tenía a sus pies el cuerpo de alguien que se adivinaba tenía una cabellera de color rojo intenso.
"No hay duda, ese debe ser Ashura... y Zorak."
Era el capitán de los piratas Mushoku, el despiadado Ashura, que había sido descrito como un demonio capaz de convertirse en humo por el periódico unas semanas atrás. Según aquel artículo, el poderoso pirata Rapax Gin que tenía un poder demoledor, se había unido a esta banda y habían matado a un condecorado marine y destruido un cuartel de la Marina. Suspiró y se encaminó hacia Ashura, con cautela, y cuando estuvo a unos quince metros del mismo, echó su capucha hacia atrás, descubriendo su rostro y le llamó, sacando una bolsa de tela en la que llevaba el dinero que había acordado con el pirata.
-Tú eres Ashura, el capitán de los piratas Mushoku, ¿verdad? Yo soy Kisuke Kageyama, y creo que tienes algo que me interesa.
Mientras decía aquello, lanzaba al aire y dejaba caer sobre su palma el saco de tela con los berries. Aquel tipo de por si era bastante intimidante, pero eso no era algo que le preocupase a Kisuke, lo que le preocupaba era llevar a cabo la "transacción" de la manera más rápida y tranquila posible, porque no podía permitirse que se alzasen las hostilidades en ese momento porque, aunque parecía que estaba solo, no podía descartar que sus nakama anduviesen cerca vigilando y le tendiesen una trampa. Las cartas estaban sobre la mesa, el destino hablaría.
resumen de turno
Karma
akuma no mi
inventario
