23-02-2025, 10:31 PM
Después del impacto, el Birkaniano se puso a analizar el cuerpo ¿sin vida? de aquella cosa mientras los transeúntes se aproximaban lenta y paulatinamente hacia la zona del impacto. No podía decir que no estuviera orgulloso de aquello. Me encantaba exhibir mi fuerza y ahora podía presumir también de la de al menos uno de mis compañeros, quien se interpuso entre la multitud y las dos mitades chisporroteantes del suelo.
Dejé de prestarles atención cuando el muchacho genio se dirigió a mi diciendo que esta cosa era un Patriota, que era del Gobierno y que lo había pagado con mis impuestos — ¡¿Qué?! — pregunté alarmado al oír eso — ¡¿Cómo que mis impuestos?! ¡¿Cuánto dinero?! — añadí inclinándome hacia él, molesto por pensar que estaba destruyendo mi propio dinero, o peor aun, que el Gobierno concretamente estaba usando mi dinero para crear armas en mi contra. No era un puto cazador de recompensas pagando una cuota gremial para que me atacasen sus microondas con patas.
El chico siguió agachado murmurando y hablando para si, analizando lo que iba viendo. Reportó que si no fuésemos tan fuertes seguramente habríamos estado en problemas, pero esos halagos ahora mismo me daban igual. Sólo miraba el cuerpo en el suelo y veía fajos enteros de berries cortados en dos, así que fruncí el ceño y miré a Viktor con algo de molestia — La próxima vez lo hacemos al revés — pensé, imaginando que podríamos haberlo apagado o roto sin necesidad de haberlo literalmente partido en dos. Un billete arrugado conserva su valor, partido en dos, no.
Volví a salir de mi estado de divagación mental cuando el chico dijo que no podía hacer nada más, haciendo que me cruzase de brazos y mantuviera el ceño fruncido, chasqueando la lengua y apoyando mi peso sobre una cadera. No estaba nada contento. Primero uno de mis hombres rajaba en dos un saco de berries y luego el otro me decía que no podía sacarle utilidad... seguramente por estar roto — Pues llévatelo y desmóntalo en el Kaiser... — dije y miré a ambos lados — ...no quiero dejar mi dinero tirado en el suelo — añadí, a un tono algo más discreto e inclinándome hacia el emplumado científico, quien se levantó de golpe y empezó a trastear con barras y varas largas, vigas, palos... la verdad es que no le presté mucha atención, giré la cabeza de lado volviendo a la posición anterior con los brazos cruzados y el peso en una sola cadera mientras observaba sin saber bien que estaba haciendo, durante los siguientes minutos, hasta que le vi montar una especie de grúa con la que mover las piezas del suelo. Entonces descrucé los brazos y me miré las manos, incrédulo, y luego miré al chico — ¿Sabes que yo puedo levantar una cosa así, no? — pregunté realmente patidifuso viendo como Viktor deshacía su transformación cerca de mi y el chico se arrodillaba frente a la montaña de chatarra que había apilado diciendo que ahora vería mi inversión.
Continué mirando ojiplático, parpadeando lentamente dentro del casco y - aunque mis compañeros no pudieran ver mi expresión - bastante desconcertado con lo que iba a pasar o estaba pasando. Entonces el chico juntó sus manos diciendo una palabras y el cuerpo mecánico que acabábamos de partir en dos se convirtió en una pequeña canica azulada — ¡Y UN COJÓN DE GIGANTE! ¡¡MAGIA!! — grité incrédulo dando un paso hacia atrás mientras él recogía esa esfera y se levantaba limpiándose la ropa con manotazos, diciéndome que eso pagaba su deuda con el gremio porque valía mucho más que lo que había pagado por su fruta, y lanzando la canica hacia mi. Estaba tan descolocado tanto por la extraña grúa que había hecho, como por el truco de magia que había seguido, como por las declaraciones financieras que acababa de decir, que no pude reaccionar y la canica impactó de lleno contra el frente de mi casco reverberando todo el pabellón de este con unas vibraciones que sacudieron mi cabeza, haciendo que por inercia llevase la propia cabeza hacia atrás, las manos hacia donde estaría la cara y retrocediera un paso — ¡Aaaaagh! — grité, como si la canica me hubiera impactado realmente, sin ser consciente de que tenía la protección de Geheimnis y lancé el índice de la mano izquierda de forma acusadora contra él — ¿Qué cojones haces? ¡No me tires dinero a la cara! — grité y miré hacia la canica en el suelo, volviendo a mirar al chico — ¡Y nada de deudas canceladas! ¡Esta cosa la hemos roto Vik y yo y te la estoy prestando! ¡Me debes cinco millones! — me agaché y cogí la esfera, volviendo a erguirme y lanzándosela al chico nuevamente — Si sacas utilidad de eso te perdono los intereses — añadí, escuchando ahora las palabras de mi compañero albino, que preguntaba si íbamos a entrar al banco o no.
— Realmente con este jaleo no es una buena idea. Estarán alerta. Y si la Marina tiene cosas como esta por ahí danzando y atacando sin más, podría meternos en un problema si estamos ocupados con otras cosas — dije, como si estuviera pensando en alto — Pero podemos buscar otro, romperlo, y reclamarle a la Marina el coste por recuperarlo y por habernos atacado — añadí, salivando de la cantidad de dinero que imaginaba que podríamos ganar si conseguíamos uno o dos de estos bichos — ¿Que quieres hacer tú? — le pregunté a Viktor, dejando la decisión a su criterio.
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Dejé de prestarles atención cuando el muchacho genio se dirigió a mi diciendo que esta cosa era un Patriota, que era del Gobierno y que lo había pagado con mis impuestos — ¡¿Qué?! — pregunté alarmado al oír eso — ¡¿Cómo que mis impuestos?! ¡¿Cuánto dinero?! — añadí inclinándome hacia él, molesto por pensar que estaba destruyendo mi propio dinero, o peor aun, que el Gobierno concretamente estaba usando mi dinero para crear armas en mi contra. No era un puto cazador de recompensas pagando una cuota gremial para que me atacasen sus microondas con patas.
El chico siguió agachado murmurando y hablando para si, analizando lo que iba viendo. Reportó que si no fuésemos tan fuertes seguramente habríamos estado en problemas, pero esos halagos ahora mismo me daban igual. Sólo miraba el cuerpo en el suelo y veía fajos enteros de berries cortados en dos, así que fruncí el ceño y miré a Viktor con algo de molestia — La próxima vez lo hacemos al revés — pensé, imaginando que podríamos haberlo apagado o roto sin necesidad de haberlo literalmente partido en dos. Un billete arrugado conserva su valor, partido en dos, no.
Volví a salir de mi estado de divagación mental cuando el chico dijo que no podía hacer nada más, haciendo que me cruzase de brazos y mantuviera el ceño fruncido, chasqueando la lengua y apoyando mi peso sobre una cadera. No estaba nada contento. Primero uno de mis hombres rajaba en dos un saco de berries y luego el otro me decía que no podía sacarle utilidad... seguramente por estar roto — Pues llévatelo y desmóntalo en el Kaiser... — dije y miré a ambos lados — ...no quiero dejar mi dinero tirado en el suelo — añadí, a un tono algo más discreto e inclinándome hacia el emplumado científico, quien se levantó de golpe y empezó a trastear con barras y varas largas, vigas, palos... la verdad es que no le presté mucha atención, giré la cabeza de lado volviendo a la posición anterior con los brazos cruzados y el peso en una sola cadera mientras observaba sin saber bien que estaba haciendo, durante los siguientes minutos, hasta que le vi montar una especie de grúa con la que mover las piezas del suelo. Entonces descrucé los brazos y me miré las manos, incrédulo, y luego miré al chico — ¿Sabes que yo puedo levantar una cosa así, no? — pregunté realmente patidifuso viendo como Viktor deshacía su transformación cerca de mi y el chico se arrodillaba frente a la montaña de chatarra que había apilado diciendo que ahora vería mi inversión.
Continué mirando ojiplático, parpadeando lentamente dentro del casco y - aunque mis compañeros no pudieran ver mi expresión - bastante desconcertado con lo que iba a pasar o estaba pasando. Entonces el chico juntó sus manos diciendo una palabras y el cuerpo mecánico que acabábamos de partir en dos se convirtió en una pequeña canica azulada — ¡Y UN COJÓN DE GIGANTE! ¡¡MAGIA!! — grité incrédulo dando un paso hacia atrás mientras él recogía esa esfera y se levantaba limpiándose la ropa con manotazos, diciéndome que eso pagaba su deuda con el gremio porque valía mucho más que lo que había pagado por su fruta, y lanzando la canica hacia mi. Estaba tan descolocado tanto por la extraña grúa que había hecho, como por el truco de magia que había seguido, como por las declaraciones financieras que acababa de decir, que no pude reaccionar y la canica impactó de lleno contra el frente de mi casco reverberando todo el pabellón de este con unas vibraciones que sacudieron mi cabeza, haciendo que por inercia llevase la propia cabeza hacia atrás, las manos hacia donde estaría la cara y retrocediera un paso — ¡Aaaaagh! — grité, como si la canica me hubiera impactado realmente, sin ser consciente de que tenía la protección de Geheimnis y lancé el índice de la mano izquierda de forma acusadora contra él — ¿Qué cojones haces? ¡No me tires dinero a la cara! — grité y miré hacia la canica en el suelo, volviendo a mirar al chico — ¡Y nada de deudas canceladas! ¡Esta cosa la hemos roto Vik y yo y te la estoy prestando! ¡Me debes cinco millones! — me agaché y cogí la esfera, volviendo a erguirme y lanzándosela al chico nuevamente — Si sacas utilidad de eso te perdono los intereses — añadí, escuchando ahora las palabras de mi compañero albino, que preguntaba si íbamos a entrar al banco o no.
— Realmente con este jaleo no es una buena idea. Estarán alerta. Y si la Marina tiene cosas como esta por ahí danzando y atacando sin más, podría meternos en un problema si estamos ocupados con otras cosas — dije, como si estuviera pensando en alto — Pero podemos buscar otro, romperlo, y reclamarle a la Marina el coste por recuperarlo y por habernos atacado — añadí, salivando de la cantidad de dinero que imaginaba que podríamos ganar si conseguíamos uno o dos de estos bichos — ¿Que quieres hacer tú? — le pregunté a Viktor, dejando la decisión a su criterio.
Información
Gasto y daño
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Inventario

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)