Social Pasado / El diario del norte
#4
Mi nuevo compañero de banda, el temerario luchador aceptó mi oferta y sin mucha parsimonia fue entrando a mi camarote. Pude verle ojear un poco el entorno, quizás buscando algo, o simplemente por pura y mera curiosidad. Tal vez solamente estuviera comparando en su mente las diferencias que podrían tener mi camarote y el suyo, que aunque imagino ambos fueran del mismo tamaño, de pronto y la distribución de las cosas o las decoraciones podían ser de cierta diferencia. Fue avanzando con paso firme y constante hacia la mesa donde tenía yo dos hermosas sillas talladas por mí mismo y de un leve brinco se sentó en una de ellas. No pasó ni un segundo cuando caí en cuenta de que no todos en esta banda éramos así de grandes, pues aunque Ben, Ashura, Raimundo y yo éramos todos de al menos tres metros de alto, lo cierto es que Chaka Zulu y Keropi, además del bueno de Torg eran todos de menos de dos metros de alto, y el detalle que me hizo caer en cuenta de aquello no era otro que el de ver los pies de mi amigo suspendidos sin poder llegar siquiera a tocar el suelo, como si de un pequeño bebé se tratara, cosa que chocaba a la vista, pues en tamaño comparativo sí que parecía un bebé, pero era un bebé con cuerpo de adulto y unas alas que bueno, difícil nacer con su contextura, la verdad.

Una vez se sentó, me explicó el enmascarado que había pasado por aquella isla, Kuen, donde yo hubiera vivido mi exilio autoimpuesto en busca de un maestro o algo por el estilo. Al parecer habían llegado al lugar con la intención de que Keropi se entrenara en algún tipo de arte de su raza. El gyojin karate era algo que sí que había oído en alguna que otra ocasión, especialmente de parte de Gonjo, quien decía siempre en nuestra infancia que un día iríamos a la isla gyojin y allí les diría que me aceptaran como uno de los suyos y me enseñaran karate gyojin a mí. No sé si eso se podía, pues creo que buena parte de aquello implicaba ser un gyojin, pero tampoco es como si hubiera llegado siquiera a tener la posibilidad de explorar la idea o siquiera de intentarlo.

Volviendo al presente, escuché la explicación de mi amigo alado y me llamó la atención saber que además de él y Keropi, había otro más con ellos. Sin embargo, por la manera en que lo mencionó, era claro que no habían tomado caminos separados en los mejores términos. Simplemente no quise ahondar más en su herida, pues ya sería él quien decidiría si hablar de ello o no cuando estuviera listo. Me habló de cómo habían conseguido obtener un barco propio: El Charro Negro, el cual había terminado en manos de su amigo al momento de separarse. También escuché con sumo interés el cómo me decía las cosas que había visto en sus exploraciones por la isla: un pueblucho dijo, unas ruinas y casas destruídas. Ciertamente era una corta y concisa descripción del que había sido mi hogar por muchos años.

Lamento mucho escuchar la historia de tu otro amigo-Gin. Sinceramente espero que no haya sido algo muy grave. Los amigos son muy importantes en este mundo y te lo digo yo, que he perdido a más de uno en estos mares ya-Gin dije con mi clásico tono neutro, mas no sin emociones, pues ¿qué no daría yo por tener a mis amigos conmigo un día más para reir y contarnos historias de nuestras andanzas como en los viejos tiempos? Sí, parece que sí que estuviste en la misma Kuen que yo, pues eso era lo que yo veía a diario: Ruinas y escombros, además de kilómetros de jungla y monte, lleno de animales enormes que se la pasaban luchando por el gusto de ver quién sería el que finalmente acabara con mi existencia-Gin. Como puedes ver, ninguno lo logró Rahahaha, aunque sí te confieso que más de una vez estuve a punto de no contarla. Ahhh... Tuve muy buenos entrenamientos allí y enfrentamientos también-Gin

La conversación continuó fluyendo, y mi compañero me explicó un poco sobre el arte de lucha que empleó contra mí en el entrenamiento que habíamos tenido no hacía mucho. Me dijo que se llamaba Hadoken o algo así y que era un estilo de arte marcial que podía dañar, ignorando la resistencia de los enemigos. Me llamó mucho la atención y le dije que sí que me gustaría aprender algo de aquell en algún momento con un leve gesto de asentir mientras me hacía el ofrecimiento. Luego dijo que en las ruinas había encontrado una casa "No será..." Dijo que allí encontró algunas cosas que mientras mencionaba, dibujaron una imagen en mi mente que me llenó de nostalgia y calidez. Dijo aquello mientras alzaba la mano y me mostraba un libro "No puede ser" pensé mientras mis ojos se agrandaban como dos platos grises y mi boca se abría por el asombro. Reconocía sin duda la tapa de aquel libro. Reconocía sus hojas y sus pliegues. Ese libro había dado la vuelta al mundo y había encontrado su camino de vuelta a mis manos, luego de aquel día en que decidí regresar al mar para ayudar a Arion.

Aquel era mi diario.

El luchador alado no parecía entender la magnitud de lo que para mí significaba vivir semejante coincidencia. Mis ojos se comenzaron a humedecer de solo recordar todo lo vivido, todo lo escrito allí y todas las cosas que había dejado a la suerte de quien quiera que encontrara mi diario y se tomara la molestia de leerlo. Allí narraba mis batallas y mis rutinas, mis entrenamientos y pensamientos, mis intentos y fracasos de desarrollar técnicas como el Ram Resonance y el Marlin Lance. Allí escribí mi historia y mi vida. Recordaba aún el olor del papel cuando descubrí mis poderes y corrí a anotarlo en aquel diario. Mi pasado me había encontrado de nuevo y estaba justo frente a mí en una emotiva sorpresa del destino.

Fue en ese momento que el enmascarado leyó el nombre del escritor del diario y conectó los hilos. Supo que aquella casita en las ruinas, aquella cama de más de 3 metros, la forgata y el mesón, así como el diario que había encontrado, todo había sido mío.  Al parecer una sensación de vergüenza le embargó, pues de inmediato se paró y, disculpándose por leer el diario y por derribar mi puerta, me entregó el libro de golpe, el cual tomé sorprendido aún, mientras el nuevo Mushoku se encaminaba hacia afuera de mi camarote.

Estiré entonces mi brazo y le detuve, tomándole del hombro y le giré para hablarle de frente:

Amigo, no tienes que pedir disculpas-Gin Este diario. Por el contrario, yo soy quien debe agradecerte por esta alegría que me acabas de dar-Gin - dije mientras lo miraba por primera vez de cerca luego de tantos años- Este diario es el registro de mi vida en Kuen, de mis memorias y experiencias. Es un objeto muy preciado para mí, sí. Pero como lo que está escrito en él es parte de mi pasado. Lo dejé en aquella cabaña en Kuen con la esperanza de que alguien pudiera encontrarlo y que lo que yo hubiera aprendido le fuera de alguna utilidad-Gin. El destino es muy cruel a veces, pero en esta ocasión ha sido muy bueno en permitir que la persona que lo hallara se encuentre ahora frente a mí, y que sea un hermano en esta aventura-Gin. Este diario tiene mi historia, pero ya no es mío. Este libro es tuyo, y a tí te corresponde continuar escribiendo en él - Puse entonces el libro en las manos del luchador enmascarado y continué diciendo - Allí hay todo tipo de consejos y aprendizajes de mi aventura en la isla. Ahora es tu turno de escribir tus historias y aventuras en él-Gin y quién sabe si una que otra de las canciones que te escucho tararear cuando deambulas por los pasillos Rahahaha! Con suerte, en el futuro le puedan servir de ayuda a alguien más, o quizá terminen narrando la mejor historia jamás contada.

Dí entonces una palmada al hombro de mi nuevo hermano y sonreí, esperando que entendiera la confianza que estaba legándole y la importancia de aquel pequeño libro de cuero y escrito toscamente en tinta de pulpo que ahora le estaba dejando yo a su cargo.


resumen
[Imagen: GGT7d9e.png]
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RE: Social Pasado / El diario del norte - por Rapax Gin - 26-02-2025, 11:39 PM

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