10-03-2025, 11:00 PM
El poder de la amistad.
Escuche con naturalidad las palabras de aquel cerdo gigante. Parecía algo sorprendido por su propia llegada, como si no tuviera claro cómo había acabado allí, su kimono se había perdido, ya que había salido ¿volando? - Qué tipo de vendaval puede mover algo de semejante tamaño. No parecía tener respuesta, lo que solo generaba más preguntas en mi cabeza. Sin embargo, algo sí que quedaba claro, había visto a los patriotas y eso lo convertía en una pieza útil en mi tablero. Me pregunto acerca de si había muchas más, no tenía nada que perder. Sohem y Viktor habían partido a una de ellas sin despeinarse por la mitad, pero lo mejor por ahora era seguir en busca de ese amasijo de hierros.
- Siiii! Algo así como una máquina de color azulado y con corazones por su cuerpo. - Dije, mostrando una expresión de desinterés mientras lo seguía observando, evaluando su reacción - Menos mal que no he sido el único en verlas. Por suerte paso de mí y se centró en otras personas.... - Agregue con un tono apenado, como si de verdad me molestara no haber sido objetivo de una de esas cosas. - Además del caos que causo en la zona, los edificios de aquel manglar estaban reducidos a cenizas. - Le comenté mientras sacaba las manos de los bolsillos y las ponía en jarra sobre mis caderas.
Hice una pequeña pausa mientras comentaba la pelea y la situación de su compañero. La pelea dejó a su amigo bastante herido y por lo que comentaba parece que salió volando. Aquellas palabras calaron en mí, así que sonreí con una mueca hacia la izquierda. - Oye, parece que andas en un aprieto. Tu amigo está herido y no sabes donde está.... - Además, puede que exista la posibilidad de que haya más máquinas acechando, ¿no?. - Me acerqué con paso relajado, mostrando una actitud sin ningún tipo de hostilidad, hasta que me posicione enfrente de él a unos tres metros y mire hacia arriba para que no necesitara alzar mucho más la voz y con la mente totalmente afilada. - Pues puede que sea tu día de suerte pequeño mink. - Resople y continúe con mi proposición indecente. - Resulta que en mi trabajo, por culpa de las herramientas, la chatarra y las puntas oxidadas, tengo un botiquín de primeros auxilios, así que puedo curar a tu amigo... - Me encogí de hombros - No hago milagros, pero si está herido podría estabilizarlo hasta que lo viera un médico de verdad. - No aparté la mirada del mink mientras abría mi bata-gabardina enseñándole el equipamiento médico guardado en una bolsa que había preparado previamente en el Panzer. - Sé que no es mucho... pero... ¿Si te ayudo me llevarías a donde habéis dejado ese pedazo de chatarra? - Le dije extendiendo mi mano derecha en busca de que aceptara el trato. Sé que aquel cerdo no tenía motivos para mentir, pero tampoco podía confiar ciegamente en él. Mis intenciones eran claras, no era altruismo, lo que me movía ahora mismo, era necesidad. Tenía que demostrar tanto a Vik como a Sohem que podía llevar algo de dinero al barco y si para ello tenía que jugar la carta del buen samaritano, lo haría sin dudar.
Ahora solo quedaba ver si aquel impresionante cerdo aceptaba.
Escuche con naturalidad las palabras de aquel cerdo gigante. Parecía algo sorprendido por su propia llegada, como si no tuviera claro cómo había acabado allí, su kimono se había perdido, ya que había salido ¿volando? - Qué tipo de vendaval puede mover algo de semejante tamaño. No parecía tener respuesta, lo que solo generaba más preguntas en mi cabeza. Sin embargo, algo sí que quedaba claro, había visto a los patriotas y eso lo convertía en una pieza útil en mi tablero. Me pregunto acerca de si había muchas más, no tenía nada que perder. Sohem y Viktor habían partido a una de ellas sin despeinarse por la mitad, pero lo mejor por ahora era seguir en busca de ese amasijo de hierros.
- Siiii! Algo así como una máquina de color azulado y con corazones por su cuerpo. - Dije, mostrando una expresión de desinterés mientras lo seguía observando, evaluando su reacción - Menos mal que no he sido el único en verlas. Por suerte paso de mí y se centró en otras personas.... - Agregue con un tono apenado, como si de verdad me molestara no haber sido objetivo de una de esas cosas. - Además del caos que causo en la zona, los edificios de aquel manglar estaban reducidos a cenizas. - Le comenté mientras sacaba las manos de los bolsillos y las ponía en jarra sobre mis caderas.
Hice una pequeña pausa mientras comentaba la pelea y la situación de su compañero. La pelea dejó a su amigo bastante herido y por lo que comentaba parece que salió volando. Aquellas palabras calaron en mí, así que sonreí con una mueca hacia la izquierda. - Oye, parece que andas en un aprieto. Tu amigo está herido y no sabes donde está.... - Además, puede que exista la posibilidad de que haya más máquinas acechando, ¿no?. - Me acerqué con paso relajado, mostrando una actitud sin ningún tipo de hostilidad, hasta que me posicione enfrente de él a unos tres metros y mire hacia arriba para que no necesitara alzar mucho más la voz y con la mente totalmente afilada. - Pues puede que sea tu día de suerte pequeño mink. - Resople y continúe con mi proposición indecente. - Resulta que en mi trabajo, por culpa de las herramientas, la chatarra y las puntas oxidadas, tengo un botiquín de primeros auxilios, así que puedo curar a tu amigo... - Me encogí de hombros - No hago milagros, pero si está herido podría estabilizarlo hasta que lo viera un médico de verdad. - No aparté la mirada del mink mientras abría mi bata-gabardina enseñándole el equipamiento médico guardado en una bolsa que había preparado previamente en el Panzer. - Sé que no es mucho... pero... ¿Si te ayudo me llevarías a donde habéis dejado ese pedazo de chatarra? - Le dije extendiendo mi mano derecha en busca de que aceptara el trato. Sé que aquel cerdo no tenía motivos para mentir, pero tampoco podía confiar ciegamente en él. Mis intenciones eran claras, no era altruismo, lo que me movía ahora mismo, era necesidad. Tenía que demostrar tanto a Vik como a Sohem que podía llevar algo de dinero al barco y si para ello tenía que jugar la carta del buen samaritano, lo haría sin dudar.
Ahora solo quedaba ver si aquel impresionante cerdo aceptaba.
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