28-03-2025, 12:13 AM
Mi mente y mi estabilidad se iban nublado y las palabras de mi guía en este entrenamiento me hacían ver que era más que evidente que iba perdiendo el control. Cuando mi mente viajó a aquella isla donde Ashura y su aura de muerte y odio mancillaron mi camino, fue como si una nube negra intentara nublar mi juicio. Era acomo si la propia maldad de Ashura tomara control. La derrota en la arena y la caída de Esa. Pensar que la había perdido.
Todo se agitaba en mi mente. Las imágenes no paraban de dar vueltas y vueltas sin parar mientras veía a Kazuya huir con el cuerpo inerte de mi amiga. A Kenjo caer derrotado y a mi quedar completamente a merced de Ben y la espada del demonio que ahora se alzaba como el capitán de los Mushoku. Aunque el sol brillaba sobre nosotros, era un momento tan oscuro que me sentía caer en el abismo más profundo y frío.
La muerte en mis manos. La sangre en mis puños. La segunda vida que arrebaté a una persona. El extraño aliado de Ashura que sin mediar palabra había dejado muerte y un libro... El libro que leí manchado de sangre con la palabra y las enseñanzas del dios de la guerra Khorne. Aquel libro fue la puerta de entrada a mi lado más brutal y despiadado: el destructor que buscaba complacer al dios de la sangre. El animal sediento de muerte y furioso que solo quería matar y dar sangre y cráneos a un trono que nunca había visto.
Casi conseguí arruinar todo el proceso de meditación y cagar el entrenamiento. Pero volviendo más atrás intenté salir de esa nube de odio, rabia, maldad y oscuridad... Lo que encontré no fue mejor. Sabía que en algún lugar había luz, pero no allí... No quería volver allí.
Un enorme barco blanco con un lobo en la proa. Un banquete. Una mujer incrustada en un suelo de madera tras un puñetazo mío... Una trampa y un cazador. Un olor inconfundible y el dolor de dos mujeres al ver la cabeza cercenada de su amigo. Una lucha sangrienta y la huída de una muerte casi segura. La sonrisa de Eaa y ver cómo la esperanza la abandonaba mientras Maeve caía ensangrentada en la cubierta de la Rémora. La nieve. La tristeza llenando el aire mientras las lágrimas de mi futura amiga llovian sobre la blanca piel de la capitana de su vida... La llegada de una pequeña ave a mis hombros; un pequeño azor albino que se convertiría en mi compañero... "Ahí! Allí había algo" dentro de la tristeza había una pequeña pero sólida luz...
La llegada de Knox a mi vida fue sin duda una alegría, así como también encontrar un barco al que llamar hogar y una amiga que llamar familia. dentro de la tristeza había dolor, sí, pero también había luz. Solo era cuestión del enfoque. Recordé entonces que aquel día vivi un momento inolvidable: mi entrada al Grand Line. La subida veloz por la Reverse Mountain y como en un instante pude ver el mundo entero y todos sus mares unidos en un punto mientras yo flotaba. Qué mundo tan maravilloso es este, y qué afortunado era yo de vivirlo.
Mi respiración empezó a estabilizarse...
Recordé que en cada momento adverso había una pequeña luz. En Kyodains había mucha oscuridad, pero la unión con los Mushoku me dió propósito. El asalto al cuartel de la marina fue un capítulo oscuro de mi aventura, pero fue el punto de convergencia en el que me reuní de nuevo con mi banda, luego de semanas de incertidumbre. No todos volvieron, pero los que sí, nos mantuvimos unidos.
Viajé aún más al pasado, a mis aventuras en el Blue y mi lucha contra el esclavista calvo ese. Sue duro y difícil, sí, pero conocí a Arion, mi buen amigo, y con mi ayuda pudo volver a su hogar con su esposa. El encuentro con Arion también me dió un objetivo y un motivo para salir del exilio. Había luz. Siempre había luz.
6 años en la jungla podían ser tristes, pero no cambiaría ese entrenamiento, ese aprendizaje y esa disciplina por nada. Hubo momentos de rabia, de llanto y de ira, pero también hubo risas y momentos de paz y reflexión. Amistades (toque entonces el collar de Goopaw y una pequeña sonrisa asomó por mi rostro). Si que había luz. Solo hay que mirar con cuidado.
Mi ritmo respiratorio y cardíaco se estabilizaron totalmente y me encontraba en paz. Sin embargo en mi retrospectiva se acercaba la mayor prueba. Tenía miedo de revivir ese día y volver a experimentar el dolor de sentir mi vida romperse en mil pedazos. El dolor y la impotencia que me esperaban... Era difícil para mí saber que debía atravesar ese bosque y convencerme de que había luz en aquello. No podía haber luz allí, allí no...
No podía tampoco rendirme, pero ¿Qué me esperaba allí: el día que mi madre y mi pueblo fueron masacrados por un maldito noble caprichoso?
Todo se agitaba en mi mente. Las imágenes no paraban de dar vueltas y vueltas sin parar mientras veía a Kazuya huir con el cuerpo inerte de mi amiga. A Kenjo caer derrotado y a mi quedar completamente a merced de Ben y la espada del demonio que ahora se alzaba como el capitán de los Mushoku. Aunque el sol brillaba sobre nosotros, era un momento tan oscuro que me sentía caer en el abismo más profundo y frío.
La muerte en mis manos. La sangre en mis puños. La segunda vida que arrebaté a una persona. El extraño aliado de Ashura que sin mediar palabra había dejado muerte y un libro... El libro que leí manchado de sangre con la palabra y las enseñanzas del dios de la guerra Khorne. Aquel libro fue la puerta de entrada a mi lado más brutal y despiadado: el destructor que buscaba complacer al dios de la sangre. El animal sediento de muerte y furioso que solo quería matar y dar sangre y cráneos a un trono que nunca había visto.
Casi conseguí arruinar todo el proceso de meditación y cagar el entrenamiento. Pero volviendo más atrás intenté salir de esa nube de odio, rabia, maldad y oscuridad... Lo que encontré no fue mejor. Sabía que en algún lugar había luz, pero no allí... No quería volver allí.
Un enorme barco blanco con un lobo en la proa. Un banquete. Una mujer incrustada en un suelo de madera tras un puñetazo mío... Una trampa y un cazador. Un olor inconfundible y el dolor de dos mujeres al ver la cabeza cercenada de su amigo. Una lucha sangrienta y la huída de una muerte casi segura. La sonrisa de Eaa y ver cómo la esperanza la abandonaba mientras Maeve caía ensangrentada en la cubierta de la Rémora. La nieve. La tristeza llenando el aire mientras las lágrimas de mi futura amiga llovian sobre la blanca piel de la capitana de su vida... La llegada de una pequeña ave a mis hombros; un pequeño azor albino que se convertiría en mi compañero... "Ahí! Allí había algo" dentro de la tristeza había una pequeña pero sólida luz...
La llegada de Knox a mi vida fue sin duda una alegría, así como también encontrar un barco al que llamar hogar y una amiga que llamar familia. dentro de la tristeza había dolor, sí, pero también había luz. Solo era cuestión del enfoque. Recordé entonces que aquel día vivi un momento inolvidable: mi entrada al Grand Line. La subida veloz por la Reverse Mountain y como en un instante pude ver el mundo entero y todos sus mares unidos en un punto mientras yo flotaba. Qué mundo tan maravilloso es este, y qué afortunado era yo de vivirlo.
Mi respiración empezó a estabilizarse...
Recordé que en cada momento adverso había una pequeña luz. En Kyodains había mucha oscuridad, pero la unión con los Mushoku me dió propósito. El asalto al cuartel de la marina fue un capítulo oscuro de mi aventura, pero fue el punto de convergencia en el que me reuní de nuevo con mi banda, luego de semanas de incertidumbre. No todos volvieron, pero los que sí, nos mantuvimos unidos.
Viajé aún más al pasado, a mis aventuras en el Blue y mi lucha contra el esclavista calvo ese. Sue duro y difícil, sí, pero conocí a Arion, mi buen amigo, y con mi ayuda pudo volver a su hogar con su esposa. El encuentro con Arion también me dió un objetivo y un motivo para salir del exilio. Había luz. Siempre había luz.
6 años en la jungla podían ser tristes, pero no cambiaría ese entrenamiento, ese aprendizaje y esa disciplina por nada. Hubo momentos de rabia, de llanto y de ira, pero también hubo risas y momentos de paz y reflexión. Amistades (toque entonces el collar de Goopaw y una pequeña sonrisa asomó por mi rostro). Si que había luz. Solo hay que mirar con cuidado.
Mi ritmo respiratorio y cardíaco se estabilizaron totalmente y me encontraba en paz. Sin embargo en mi retrospectiva se acercaba la mayor prueba. Tenía miedo de revivir ese día y volver a experimentar el dolor de sentir mi vida romperse en mil pedazos. El dolor y la impotencia que me esperaban... Era difícil para mí saber que debía atravesar ese bosque y convencerme de que había luz en aquello. No podía haber luz allí, allí no...
No podía tampoco rendirme, pero ¿Qué me esperaba allí: el día que mi madre y mi pueblo fueron masacrados por un maldito noble caprichoso?
![[Imagen: GGT7d9e.png]](https://i.imgur.com/GGT7d9e.png)
