Una vez colgué mi Den den mushi para dar el aviso de que iba dirección al cuartel con Rapax Gin cargado en mi hombro, procedí a sacarme un cigarrillo con algo de cuidado, pues resultaba un poco complicado — Joder... — me quejé, colocándomelo en la boca para a continuación, sacar mi zippo y encenderlo — Por fin, un cigarrillo de paz y tranquilid... — Pero en ese momento, un terrible estruendo retumbo en aquel sitio. Y no solo el sitio donde yo me encontraba. Se podía notar que aquello retumbó el archipiélago entero. El cuerpo se me paralizó completamente, el sudor caía por mi frente y mejillas ¿Qué cosa o quien podía ser capaz de hacer algo de tal calibre? Miraba para ambos lados, esperando poder ver algo, pero nada, solo pude escuchar y sentir aquel terrible estruendo.
— Mierda... activaré mi Haki de Observación, no consigo poder saber que está pasando — Dije por lo bajo, aún con el cigarro en la boca, y el cuerpo de Rapax en mi hombro, cuando de repente, sonó mi Den den Mushi, haciendo que perdiera totalmente la concentración en mi Haki. Ipsofacto, descolgué para saber quien era, y no era otro que Gukuro.
La orden era clara y sencilla: Todos y cada uno de los Marines del archipiélago, al manglar treinta y tres, dejando atrás cualquier cosa, era una orden de máxima prioridad, pues, un Yonko estaba llegando al archipiélago, y había que impedir que desembarcara allí. Los ojos se me abrieron de par en par. Un Yonko ¿Quién seria? ¿Qué hacia allí uno de ellos? ¿Cómo íbamos a pararlo? No encontraba respuesta a nada sin información, así que no me quedó otra.
A pesar de que no quería, la orden es la orden. Bajé y dejé el cuerpo de Rapax Gin en el suelo, aún con aquella tela alrededor de su cabeza, tapando su ojo ensangrentado, totalmente derrotado — Chs, esta vez has tenido bastante suerte, Rapax. Pero te aseguro, que iré a por cada uno de vosotros y os encerraré para siempre. No lo olvides — Tras mis palabras, comencé a correr dirección el Manglar treinta y tres, ayudándome por los carteles de dirección.
Un jodido Yonko. Aún no me lo creía. Como bien dijo Gukuro, cualquier ayuda era necesaria. Así que, según estaba corriendo, se me vino a la mente el dúo — No me queda otra — Dije mientras sujetaba el den den mushi, dando tono y esperando respuesta, hasta que por fin, descolgaron.
— Oye, Sohem. Parece ser que hay un pez bien gordo en el archipiélago, alguien con bastante recompensa por su cabeza. Seguro que más que lo que cuesta un robot de esos. Está ahora mismo en el manglar número treinta y tres, ¿Qué me dices? Si me ayudáis, os llevareis el 100% de la recompensa para vosotros. Venga va, es una buena oferta, y os lo estoy diciendo antes de que se entere cualquier otro cazarrecompensas. — Intenté convencerle, mientras corría a máxima velocidad hacia la ubicación de la misión. No sé hasta que punto el enmascarado y el peliblanco podían servir de ayuda contra una amenaza de tal calibre, pero tal y como dijo Gukuro, cualquier ayuda, era necesaria.
— Mierda... activaré mi Haki de Observación, no consigo poder saber que está pasando — Dije por lo bajo, aún con el cigarro en la boca, y el cuerpo de Rapax en mi hombro, cuando de repente, sonó mi Den den Mushi, haciendo que perdiera totalmente la concentración en mi Haki. Ipsofacto, descolgué para saber quien era, y no era otro que Gukuro.
La orden era clara y sencilla: Todos y cada uno de los Marines del archipiélago, al manglar treinta y tres, dejando atrás cualquier cosa, era una orden de máxima prioridad, pues, un Yonko estaba llegando al archipiélago, y había que impedir que desembarcara allí. Los ojos se me abrieron de par en par. Un Yonko ¿Quién seria? ¿Qué hacia allí uno de ellos? ¿Cómo íbamos a pararlo? No encontraba respuesta a nada sin información, así que no me quedó otra.
A pesar de que no quería, la orden es la orden. Bajé y dejé el cuerpo de Rapax Gin en el suelo, aún con aquella tela alrededor de su cabeza, tapando su ojo ensangrentado, totalmente derrotado — Chs, esta vez has tenido bastante suerte, Rapax. Pero te aseguro, que iré a por cada uno de vosotros y os encerraré para siempre. No lo olvides — Tras mis palabras, comencé a correr dirección el Manglar treinta y tres, ayudándome por los carteles de dirección.
Un jodido Yonko. Aún no me lo creía. Como bien dijo Gukuro, cualquier ayuda era necesaria. Así que, según estaba corriendo, se me vino a la mente el dúo — No me queda otra — Dije mientras sujetaba el den den mushi, dando tono y esperando respuesta, hasta que por fin, descolgaron.
— Oye, Sohem. Parece ser que hay un pez bien gordo en el archipiélago, alguien con bastante recompensa por su cabeza. Seguro que más que lo que cuesta un robot de esos. Está ahora mismo en el manglar número treinta y tres, ¿Qué me dices? Si me ayudáis, os llevareis el 100% de la recompensa para vosotros. Venga va, es una buena oferta, y os lo estoy diciendo antes de que se entere cualquier otro cazarrecompensas. — Intenté convencerle, mientras corría a máxima velocidad hacia la ubicación de la misión. No sé hasta que punto el enmascarado y el peliblanco podían servir de ayuda contra una amenaza de tal calibre, pero tal y como dijo Gukuro, cualquier ayuda, era necesaria.
