13-04-2025, 05:52 PM
Casi caía en un momento de oscuridad absoluta, cuando mi amigo el enmascarado alado tuvo bien en hacerme entrar en conciencia con sus palabras. Me hizo recordar la importancia de la luz en aquellos momentos de oscuridad, me hizo además ver el bien que había experimentado en compañía de Mira, de Alfred y de mis amigos en aquella isla en mi infancia en lugar de enfocarme en toda la oscuridad de los momentos en los que los perdí.
Sin embargo sus palabras de aliento no vinieron solas, sino que venían acompañadas de un par de bofetones que también me lograron hacer abrir los ojos y sacarme de mi posición de meditación que tanto me había costado conseguir. A pesar de ello no me moleste ni tuve intención alguna de devolver el golpe puesto que yo era en este caso el aprendiz y él era el maestro, y lo cierto era que el entrenamiento requería que yo escuchara atentamente sus indicaciones, No importa cuán drásticas estás fueran entregadas.
-Gracias amigo, lo necesitaba- respondí- la verdad es que a veces me cuesta mucho trabajo encontrar el camino correcto incluso dentro de mi propia mente- Gin.
Retomé por un momento la posición de meditación nuevamente y me dispuse a encontrar nuevamente el camino. No me costó demasiado retomar el rumbo de mis visiones. Sé que ya sabía cómo se sentía la calidez de aquella luz, pero me debía a mí mismo enfrentar esa oscuridad. Algo me decía que si no lo hacía, me tocaría un futuro en el que terminaría convertido en un despiadado como Ashura, y eso no me lo podía permitir. Eso nunca.
Las nubes en mi mente se transformaron en aquella visión desgarradora en la que perdía a Mira. Está vez no era un espectador, sino el Gin joven, y está vez no huía de mis miedos. Me dí la media vuelta y fui directo a la que fuera mi madre. La sostuve y en mis manos casi pude sentir su calidez como si estuviera en ese momento y espacio realmente.
Viviré por ti y haré honor a este regalo que me has dado-Gin -le dije mientras sus ojos se cerraban y en su rostro se dibujó una sonrisa. El cuerpo de mira se iluminó y miles de pequeñas bolitas de luz se diseminaron por el aire.
Tú no eliges cómo vivir. Lo hace el Dios de la Sangre - una voz horrible y profunda resonó a mi alrededor y la figura de un hombre humeante con vapores rojizos se hizo presente frente a mí.
Khorne pide cráneos y cráneos le vas a dar, o tomará el tuyo. Por un instante reconocí en aquel sujeto a Zarek, el antiguo compañero de Ashura, aquel que cayó a mis manos. Pero de pronto la figura cambió y se deformó hasta parecerse a una copia oscura de mí mismo. Su sonrisa horrenda me transmitía toda la maldad que habitaba en mi. Frente a mí no solo tenía al fanático de Khorne, sino a la bestia de Kuen. El calvo con la cara quemada se apersonó de pronto a un lado, seguido de Zarek y de Gunther Fox. Las tres figuras rodearon por la espalda a mi yo maligno y caminaron hasta fundirse con él, brindándole un tamaño enorme, que me hacía parecer como un niño ante un adulto.
Khorne pide sangre y cráneos. El trono debe crecer. Decía la maldita figura frente a mí. Mis manos temblorosas me delataban, pues casi me sentía nuevamente desfallecer. De repente frente a mí la figura de un águila de Oro con alas de plata pasó volando y recordé las palabras de mi amigo quien sabía que me estaba vigilando. Sonreí seguro ahora de saber que contaba con las herramientas para enfrentar aquel mal, el mal que habitaba dentro de mí. Miré mis manos y en ellas pude ver un polvo dorado los remanentes de aquella luz que emanaba de mi madre cerré mis puños con fuerza y en ellos forme dos burbujas como las de mi fruta, solo que esta vez no eran plateadas sino doradas. La luz de Mira se había fundido con mi propio poder y ahora con fuerzas renovadas me sentía capaz de reducir y enfrentar aquella oscuridad que habitaba dentro de mí.
Escúchame bien pedazo de mierda: Aquí el que manda soy yo no tú. Tú me salvaste en Kuen pero no por eso te debo la vida. Tú existes gracias a mí y continuarás existiendo dentro de mí, pero nunca tomarás control. Yo no soy Zarek ni tampoco soy Ashura. Mi poder viene de otro lugar aunque te use de vez en cuando para mis propios objetivos-Gin. Dile a tu maldito Dios que yo no cosecharé ni cráneos ni sangre para él y que cada victoria a partir de ahora será solo para mí, así como las derrotas. Eres la bestia que habita dentro de mí pero lo harás encadenado y solo serás libre cuando yo lo permita. Cazarás y regresarás al rincón oscuro en el que vives hasta que yo te lo ordene-Gin.
A medida que iba diciendo esas palabras, la figura de aquella criatura se iba haciendo más y más pequeña, hasta igualar mi estatura. Mi maldad y mi esencia eran iguales y yo decidía cuál predomina. Con un golpe de mi puño izquierdo, penetré el pecho de la criatura sombría y luego hice lo propio con la diestra. El dolor y la mueca de odio de la sombra se hicieron presentes acompañados de un estruendoso grito de dolor. Poco a poco con mis fuerzas fui separando mis manos dentro de su pecho abriéndolo en dos y destrozándolo a mi paso, dando pie a una potente oleada de luz que emanaba de mis manos y opacaba las sombras. Con un último aullido en las sombras se dividió en dos para luego terminar pulverizada desvaneciéndose en el aire y uniéndose a las nubes nebulosas que se remolinaban a mi alrededor. Todo volvió a estar en paz.
Fue entonces cuando algo inesperado sucedió de repente las nubes dejaron de girar y también se dispersaron dejándome parado allí sobre la arena en una playa de la isla de mi infancia. Ya había estado aquí antes durante mi entrenamiento del Haki de armamento, en aquellos momentos donde la muerte casi me abrazaba había terminado a parar en esta costa. ¿Sería acaso este el núcleo de mi mente el centro de mis pensamientos? Todo parecía indicar que así el atardecer no avanzaba era un ocaso permanente pero la luz era la más cálida que podría imaginar.
A mi lado sentí una presencia y al girar pude ver nuevamente a Mira sonriendo mientras el águila dorada se posaba sobre mi hombro derecho. Lo has hecho bien hijo mío ahora eres libre de elegir tu camino. Pero no vivas por mí el mundo es muy grande y amplio para que te limites a vivir por alguien como yo. Yo ya estuve en la aventura de mi vida al conocerte ahora es tu turno de labrar tu propio camino y escrbir tu propia historia. Dijo mira con su típica sonrisa.
Venga Gino no seas llorón. Mira que con lo fuerte y grande que te has hecho si te pones a llorar te vas a ver súper ridículo y los demás nos vamos a burlar de ti, Jajajajaja. La figura de Gonjo apareció a mi otro lado, sonriente como siempre y me dio una palmada en la espalda - sigue tu camino y lleva al espíritu de los centinelas más lejos de lo que nunca habríamos soñado a llegar. Pon el mundo patas arriba y forjalo a tu manera, que todo el mundo conozca a Rapax Gin y sepan que contigo no se jode, carajito.
Le sonreí a ambos mientras les veía desaparecer en forma de luz. A lo lejos en el horizonte pude ver un pequeño barco acercarse… un barco que conocía muy bien. Se trataba del barco pesquero de Alfred en el que tantas veces salí a pescar y a comerciar con él. Este también desapareció y poco a poco la playa también se fue difuminando.
Terminé ahora solo de nuevo, en un espacio infinito y completamente blanco. Cómo si la luz del sol viniera de todas partes. Esta era la sensación que decía el Águila. Algo en mí lo sabía. Decidí hacerla mía y, como hice con las sombras, tomé control de la luz. Un aura salió de mi cuerpo como un pulso y pude sentir al águila a mi lado. La luz crecía más y más y fuera de mi mente y mi cuerpo empecé a notar pequeñas luces que respondían al pulso. Algunas eran pequeñas, podrían ser algún animalito, mientras que otras eran grande como la del águila dorada. A lo lejos ví muchas luces más, que entendí que eran presencias, seres vivos. Aquella concentración de esencias debía ser las calles del manglar. Ahora comenzaba a entender…
De repente, algo extraño sucedió: allí en ese espacio blanco que antes fuera una playa, una puerta igualmente blanca apareció. No sabía a dónde me llevaría… ¿Qué más me quedaba por ver?. No importa. Decidido tomé el pomo de la puerta y la abrí, pero en cuanto lo hice, una luz aún más cegadora me cubrió y me privo de aquellos ojos espirituales que poseía en mi meditación.
Cuando el flash se fue atenuando, volví a ver. Seguía siendo yo dentro de mi cuerpo y no un fantasma espectador. Extendí mis manos y… no entendí por qué, pero mis manos eran diminutas. No solo eso, mis brazos eran sumamente pequeños, como si ahora afuera… ¡¿ Un bebé?! Intenté decir, pero de mi boca no salió más que un balbuceo. A mí alrededor pude ver el cielo azul, cubierto por columnas negras de humo, mientras el ruido lejano de disparos y cañones no cesaba. A mí alrededor unas paredes de madera limitaban mi vista.
De repente una figura masculina apareció dándome la espalda. Era un hombre que se veía alto y moreno. Con cabellos azules. ¿Acaso era yo?... No. Se parecía a mí, pero era diferente. El hombre llevaba atuendos piratas, como un tricornio y una chaqueta de cuero negro. Pude ver qué tenía en sus manos dos pistolas y parecía responderle al fuego a alguien más.
¡Sácalo de aquí, Vesta! ¡No hay tiempo!
El hombre giró su cabeza hacia mí, pero no pude ver su rostro. Estaba hecho de luz.
Sé fuerte hijo. ¡No olvides quién eres! Tu eres Ka… Va…..- no pude oír bien el final, pues el ruido del enfrentamiento opacó la voz del hombre sin rostro y de cabello azul. Acto seguido, se giró y continuó luchando a tiros.
Está vez fue el turno de una mujer. Una dama en sus treintas de cabellos largos y blancos. “¿Maeve?... No…” Su rostro era igual que el del hombre, completamente invisible para mí. Moví mis pequeñas manos, y solo balbuceos salían de mi boca. Y entonces oí su dulce voz.
Shhh. No llores mi niño. Vive y sé libre. Sé feliz. Nunca olvides lo mucho que te amamos.
Su voz era tan dulce como la de Mira. Lágrimas caían por aquel rostro de luz, mientras con sus manos tomaba la tapa de una caja de mercancías y la ponía sobre mí, aislandome de todo.
Abrí entonces mis ojos, bastante agitado. Aún sentía todas las presencias alrededor. También sentía las lágrimas cayendo por mi rostro y no pude sino llevarme las manos a la cara y mirar a mi amigo. A pesar del llanto me sentía feliz y le sonreí.
¿Lo viste todo? ¿Qué crees que fue todo aquello-Gin? Todo eso que ví al final
Sin embargo sus palabras de aliento no vinieron solas, sino que venían acompañadas de un par de bofetones que también me lograron hacer abrir los ojos y sacarme de mi posición de meditación que tanto me había costado conseguir. A pesar de ello no me moleste ni tuve intención alguna de devolver el golpe puesto que yo era en este caso el aprendiz y él era el maestro, y lo cierto era que el entrenamiento requería que yo escuchara atentamente sus indicaciones, No importa cuán drásticas estás fueran entregadas.
-Gracias amigo, lo necesitaba- respondí- la verdad es que a veces me cuesta mucho trabajo encontrar el camino correcto incluso dentro de mi propia mente- Gin.
Retomé por un momento la posición de meditación nuevamente y me dispuse a encontrar nuevamente el camino. No me costó demasiado retomar el rumbo de mis visiones. Sé que ya sabía cómo se sentía la calidez de aquella luz, pero me debía a mí mismo enfrentar esa oscuridad. Algo me decía que si no lo hacía, me tocaría un futuro en el que terminaría convertido en un despiadado como Ashura, y eso no me lo podía permitir. Eso nunca.
Las nubes en mi mente se transformaron en aquella visión desgarradora en la que perdía a Mira. Está vez no era un espectador, sino el Gin joven, y está vez no huía de mis miedos. Me dí la media vuelta y fui directo a la que fuera mi madre. La sostuve y en mis manos casi pude sentir su calidez como si estuviera en ese momento y espacio realmente.
Viviré por ti y haré honor a este regalo que me has dado-Gin -le dije mientras sus ojos se cerraban y en su rostro se dibujó una sonrisa. El cuerpo de mira se iluminó y miles de pequeñas bolitas de luz se diseminaron por el aire.
Tú no eliges cómo vivir. Lo hace el Dios de la Sangre - una voz horrible y profunda resonó a mi alrededor y la figura de un hombre humeante con vapores rojizos se hizo presente frente a mí.
Khorne pide cráneos y cráneos le vas a dar, o tomará el tuyo. Por un instante reconocí en aquel sujeto a Zarek, el antiguo compañero de Ashura, aquel que cayó a mis manos. Pero de pronto la figura cambió y se deformó hasta parecerse a una copia oscura de mí mismo. Su sonrisa horrenda me transmitía toda la maldad que habitaba en mi. Frente a mí no solo tenía al fanático de Khorne, sino a la bestia de Kuen. El calvo con la cara quemada se apersonó de pronto a un lado, seguido de Zarek y de Gunther Fox. Las tres figuras rodearon por la espalda a mi yo maligno y caminaron hasta fundirse con él, brindándole un tamaño enorme, que me hacía parecer como un niño ante un adulto.
Khorne pide sangre y cráneos. El trono debe crecer. Decía la maldita figura frente a mí. Mis manos temblorosas me delataban, pues casi me sentía nuevamente desfallecer. De repente frente a mí la figura de un águila de Oro con alas de plata pasó volando y recordé las palabras de mi amigo quien sabía que me estaba vigilando. Sonreí seguro ahora de saber que contaba con las herramientas para enfrentar aquel mal, el mal que habitaba dentro de mí. Miré mis manos y en ellas pude ver un polvo dorado los remanentes de aquella luz que emanaba de mi madre cerré mis puños con fuerza y en ellos forme dos burbujas como las de mi fruta, solo que esta vez no eran plateadas sino doradas. La luz de Mira se había fundido con mi propio poder y ahora con fuerzas renovadas me sentía capaz de reducir y enfrentar aquella oscuridad que habitaba dentro de mí.
Escúchame bien pedazo de mierda: Aquí el que manda soy yo no tú. Tú me salvaste en Kuen pero no por eso te debo la vida. Tú existes gracias a mí y continuarás existiendo dentro de mí, pero nunca tomarás control. Yo no soy Zarek ni tampoco soy Ashura. Mi poder viene de otro lugar aunque te use de vez en cuando para mis propios objetivos-Gin. Dile a tu maldito Dios que yo no cosecharé ni cráneos ni sangre para él y que cada victoria a partir de ahora será solo para mí, así como las derrotas. Eres la bestia que habita dentro de mí pero lo harás encadenado y solo serás libre cuando yo lo permita. Cazarás y regresarás al rincón oscuro en el que vives hasta que yo te lo ordene-Gin.
A medida que iba diciendo esas palabras, la figura de aquella criatura se iba haciendo más y más pequeña, hasta igualar mi estatura. Mi maldad y mi esencia eran iguales y yo decidía cuál predomina. Con un golpe de mi puño izquierdo, penetré el pecho de la criatura sombría y luego hice lo propio con la diestra. El dolor y la mueca de odio de la sombra se hicieron presentes acompañados de un estruendoso grito de dolor. Poco a poco con mis fuerzas fui separando mis manos dentro de su pecho abriéndolo en dos y destrozándolo a mi paso, dando pie a una potente oleada de luz que emanaba de mis manos y opacaba las sombras. Con un último aullido en las sombras se dividió en dos para luego terminar pulverizada desvaneciéndose en el aire y uniéndose a las nubes nebulosas que se remolinaban a mi alrededor. Todo volvió a estar en paz.
Fue entonces cuando algo inesperado sucedió de repente las nubes dejaron de girar y también se dispersaron dejándome parado allí sobre la arena en una playa de la isla de mi infancia. Ya había estado aquí antes durante mi entrenamiento del Haki de armamento, en aquellos momentos donde la muerte casi me abrazaba había terminado a parar en esta costa. ¿Sería acaso este el núcleo de mi mente el centro de mis pensamientos? Todo parecía indicar que así el atardecer no avanzaba era un ocaso permanente pero la luz era la más cálida que podría imaginar.
A mi lado sentí una presencia y al girar pude ver nuevamente a Mira sonriendo mientras el águila dorada se posaba sobre mi hombro derecho. Lo has hecho bien hijo mío ahora eres libre de elegir tu camino. Pero no vivas por mí el mundo es muy grande y amplio para que te limites a vivir por alguien como yo. Yo ya estuve en la aventura de mi vida al conocerte ahora es tu turno de labrar tu propio camino y escrbir tu propia historia. Dijo mira con su típica sonrisa.
Venga Gino no seas llorón. Mira que con lo fuerte y grande que te has hecho si te pones a llorar te vas a ver súper ridículo y los demás nos vamos a burlar de ti, Jajajajaja. La figura de Gonjo apareció a mi otro lado, sonriente como siempre y me dio una palmada en la espalda - sigue tu camino y lleva al espíritu de los centinelas más lejos de lo que nunca habríamos soñado a llegar. Pon el mundo patas arriba y forjalo a tu manera, que todo el mundo conozca a Rapax Gin y sepan que contigo no se jode, carajito.
Le sonreí a ambos mientras les veía desaparecer en forma de luz. A lo lejos en el horizonte pude ver un pequeño barco acercarse… un barco que conocía muy bien. Se trataba del barco pesquero de Alfred en el que tantas veces salí a pescar y a comerciar con él. Este también desapareció y poco a poco la playa también se fue difuminando.
Terminé ahora solo de nuevo, en un espacio infinito y completamente blanco. Cómo si la luz del sol viniera de todas partes. Esta era la sensación que decía el Águila. Algo en mí lo sabía. Decidí hacerla mía y, como hice con las sombras, tomé control de la luz. Un aura salió de mi cuerpo como un pulso y pude sentir al águila a mi lado. La luz crecía más y más y fuera de mi mente y mi cuerpo empecé a notar pequeñas luces que respondían al pulso. Algunas eran pequeñas, podrían ser algún animalito, mientras que otras eran grande como la del águila dorada. A lo lejos ví muchas luces más, que entendí que eran presencias, seres vivos. Aquella concentración de esencias debía ser las calles del manglar. Ahora comenzaba a entender…
De repente, algo extraño sucedió: allí en ese espacio blanco que antes fuera una playa, una puerta igualmente blanca apareció. No sabía a dónde me llevaría… ¿Qué más me quedaba por ver?. No importa. Decidido tomé el pomo de la puerta y la abrí, pero en cuanto lo hice, una luz aún más cegadora me cubrió y me privo de aquellos ojos espirituales que poseía en mi meditación.
Cuando el flash se fue atenuando, volví a ver. Seguía siendo yo dentro de mi cuerpo y no un fantasma espectador. Extendí mis manos y… no entendí por qué, pero mis manos eran diminutas. No solo eso, mis brazos eran sumamente pequeños, como si ahora afuera… ¡¿ Un bebé?! Intenté decir, pero de mi boca no salió más que un balbuceo. A mí alrededor pude ver el cielo azul, cubierto por columnas negras de humo, mientras el ruido lejano de disparos y cañones no cesaba. A mí alrededor unas paredes de madera limitaban mi vista.
De repente una figura masculina apareció dándome la espalda. Era un hombre que se veía alto y moreno. Con cabellos azules. ¿Acaso era yo?... No. Se parecía a mí, pero era diferente. El hombre llevaba atuendos piratas, como un tricornio y una chaqueta de cuero negro. Pude ver qué tenía en sus manos dos pistolas y parecía responderle al fuego a alguien más.
¡Sácalo de aquí, Vesta! ¡No hay tiempo!
El hombre giró su cabeza hacia mí, pero no pude ver su rostro. Estaba hecho de luz.
Sé fuerte hijo. ¡No olvides quién eres! Tu eres Ka… Va…..- no pude oír bien el final, pues el ruido del enfrentamiento opacó la voz del hombre sin rostro y de cabello azul. Acto seguido, se giró y continuó luchando a tiros.
Está vez fue el turno de una mujer. Una dama en sus treintas de cabellos largos y blancos. “¿Maeve?... No…” Su rostro era igual que el del hombre, completamente invisible para mí. Moví mis pequeñas manos, y solo balbuceos salían de mi boca. Y entonces oí su dulce voz.
Shhh. No llores mi niño. Vive y sé libre. Sé feliz. Nunca olvides lo mucho que te amamos.
Su voz era tan dulce como la de Mira. Lágrimas caían por aquel rostro de luz, mientras con sus manos tomaba la tapa de una caja de mercancías y la ponía sobre mí, aislandome de todo.
Abrí entonces mis ojos, bastante agitado. Aún sentía todas las presencias alrededor. También sentía las lágrimas cayendo por mi rostro y no pude sino llevarme las manos a la cara y mirar a mi amigo. A pesar del llanto me sentía feliz y le sonreí.
¿Lo viste todo? ¿Qué crees que fue todo aquello-Gin? Todo eso que ví al final
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