La capa, volando hacia Kelo se movía certera mientras el cuervo asestaba el golpe en el hombro de Djangus, dejándolo en el suelo sin poder moverse. Kelo usó su espada para bloquear el avance de la capa y, al chocar su filo con la tela, pudo escucharse un sonido metálico. Antes de que la capa se enredase en la espada, algo cayó al suelo, una daga con forma de medio pico de cuervo, la daga que Zaraki había ocultado bajo su capa al lanzarla para intentar clavarla en el torso del lunaria. Este, ni corto ni perezoso, llevó la capa hacia sus llamas y le prendió fuego, viendo cómo las cientos de plumas negras, propias de la raza que el hombre que tenía enfrente había conseguido, se llevaba una por lunaria capturado, ardía, casi como si fuera una promesa de que no dejaría que algo así volviera a ocurrir, ese acto, aunque inconsciente de aquella información nuestro protagonista, sí impactó a Djangus, el cual estaba herido en el suelo y, a consecuencia del golpe, su pistola había caído al suelo, lo suficientemente lejos como para que el lunaria tuviera que estirar el brazo todo lo que pudiera para recuperarla, se sabía derrotado, pero se negaba a dejar solo en esto a Kelo, así que, inspirado por la acción que había perpetrado nuestro protagonista, cuando la capa en llamas se lanzaba hacia el que había sido verdugo de tantos de su pueblo, Djangus estiró su brazo derecho, aullando de dolor y agarró su pistola, disparando con ella a Zaraki el cual ahora mismo se veía en una situación complicada a causa de su propia estrategia, ahora devuelta con creces.
Escuché aullar de dolor al lunaria que acababa de derrotar pero, por alguna razón, el muy hijo de puta había sacado fuerzas de flaqueza para agarrar su arma y disparar justo cuando el otro lanzaba mi capa ardiendo, un disparo resonó en el aire y fue por poco que logré esquivarlo, pero eso hizo que la capa se enrollase en mí, abrazándome con su calor y luego un golpe por la espalda, débil y apenas más dañino que las llamas que me rodeaban ahora mismo, agarre la capa y estiré, destrozando la tela y haciendo que todas las plumas ardiendo se esparciesen por el lugar, quedando ahora todo el callejón lleno de las mismas, las cuales, por el movimiento, se habían apagado, dejando un olor a quemado en todo el
lugar, la vena de mi frente se infló al notar cómo la máscara caía, dejando ver mi rostro. No tenía problema alguno con mi estado físico, pero si con mi condición de no ser un humano puro, cosa que denotaba el asqueroso morro de zorro que asomaba ahora frente a todo el mundo. esto era la falta de respeto mayor que alguno de su raza había perpetrado contra su amo, mataría a este. Me giré, agarrando con fuerza la daga que portaba en la mano izquierda y comenzando desde abajo, por el lado izquierdo de la pierna del lunaria que tenía enfrente, lancé un corte en diagonal en la sección de su abductor, para luego irme hacia atrás con una voltereta, en la cual apoyé la mano libre en el suelo, recuperando mi otra arma y alzando ambas en dirección a los dos lunaria nuevamente a tres metros de ellos, por suerte, parecía que el esfuerzo de él que estaba en el suelo había sido suficiente para que cayera inconsciente, por su parte, el otro se mantenía en vuelo frente a mí.
“¡Cómo te atreves, sucia rata!…”
Escuché aullar de dolor al lunaria que acababa de derrotar pero, por alguna razón, el muy hijo de puta había sacado fuerzas de flaqueza para agarrar su arma y disparar justo cuando el otro lanzaba mi capa ardiendo, un disparo resonó en el aire y fue por poco que logré esquivarlo, pero eso hizo que la capa se enrollase en mí, abrazándome con su calor y luego un golpe por la espalda, débil y apenas más dañino que las llamas que me rodeaban ahora mismo, agarre la capa y estiré, destrozando la tela y haciendo que todas las plumas ardiendo se esparciesen por el lugar, quedando ahora todo el callejón lleno de las mismas, las cuales, por el movimiento, se habían apagado, dejando un olor a quemado en todo el
lugar, la vena de mi frente se infló al notar cómo la máscara caía, dejando ver mi rostro. No tenía problema alguno con mi estado físico, pero si con mi condición de no ser un humano puro, cosa que denotaba el asqueroso morro de zorro que asomaba ahora frente a todo el mundo. esto era la falta de respeto mayor que alguno de su raza había perpetrado contra su amo, mataría a este. Me giré, agarrando con fuerza la daga que portaba en la mano izquierda y comenzando desde abajo, por el lado izquierdo de la pierna del lunaria que tenía enfrente, lancé un corte en diagonal en la sección de su abductor, para luego irme hacia atrás con una voltereta, en la cual apoyé la mano libre en el suelo, recuperando mi otra arma y alzando ambas en dirección a los dos lunaria nuevamente a tres metros de ellos, por suerte, parecía que el esfuerzo de él que estaba en el suelo había sido suficiente para que cayera inconsciente, por su parte, el otro se mantenía en vuelo frente a mí.
“¡Cómo te atreves, sucia rata!…”
Resumen
Personaje
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Bélico

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