11-08-2023, 04:38 PM
East Blue, hace aproximadamente 5 años
- Bueno, no me cuentes tu vida, ¡los queremos aquí y los queremos YA!
De forma tajante, cortó la comunicación por den den mushi. El pobre caracol respiraba agitado, buscando con su saltona mirada algún tipo de compasión por parte del tipo que lo sujetaba. Había sido una conversación acalorada entre mi manager y vete tú a saber quién, sobre un tema que ni me iba ni venía y que implicaba a personas que más bien me importaban poco. Frente a él me encontraba sentado yo, Aspros, con las piernas cruzadas y la vista puesta en el pequeño ventanuco del carromato. El camino de tierra y grava hacía que el pequeño vehículo traquetease como si estuviese helado de frío; las cosas por aquí no habían cambiado en absoluto.
- Aspros.
Hacía ya dos años que había dejado atrás aquella pequeña isla, con la intención de cosechar fama y fortuna. Ahora, volvía a Syrup con mucha más experiencia, gente de apoyo y un muy sonado renombre. La vida había puesto en mi camino la oportunidad de elegir algunos de los puntos de la gira en la que estaba participando, y de forma indudable señalé con el dedo la isla que me vio crecer. Lejos de basar mis motivaciones en sentimentalismos y añoranza, debía encargarme de ciertos asuntos antes de partir definitivamente del East blue.
- ¡Aspros!
- Eh, sí, ¿qué ocurre? -su molesta voz me arrancó de la ensoñación en la que me había sumergido. Había escuchado toda la conversación y era totalmente consciente de lo que me estaba diciendo, pero gustaba de hacerme el tonto para sacarle un poco de quicio.
- Los carteles están preparados y listos para su distribución. Dentro de unas horas, tu pequeña villa será empapelada con tu cara.
Mi apariencia había cambiado tanto durante mi ausencia, que dudaba que alguien pudiese relacionarme con aquel niño cargado de maletas que se marchó de la isla sin despedirse de nadie; y es que la única persona de la que podría haberme despedido, se despidió antes de mí. Al igual que yo, mis padres nunca habían estrechado lazos con nadie de la isla, ya que nunca estaban allí- Qué bien -contesté, de nuevo entrando en un estado ensimismado. Había sido un viaje muy largo y no había podido gozar de silencio y tranquilidad desde el último puerto en el que actuamos, hace ya dos semanas. Por ello, rasgaba con uñas y dientes todos aquellos momentos en los que pudiese alejarme, aunque fuese mentalmente, de la gente que me rodeaba. Tras 15 minutos más de traqueteo, llegamos a la antigua mansión de los Kudo. Bajé del carro de un salto, protegiendo mis ojos del sol con la mano derecha, mientras que con la izquierda cargaba en el hombro un pequeño petate. De nuevo, tenía la sensación de que el tiempo no había transcurrido en aquel apartado lugar de la mano de dios.
- ¿Estarás bien aquí, tu solo?
- Te recuerdo que es mi casa -contesté, sin siquiera girarme a mirar a mi manager, Frank. Mi relación con él no era mala, pero me gustaba delimitarla a lo más estrictamente profesional posible. No obstante, para mi gusto era demasiado entrometido. Al menos era guapo- En un rato bajaré al pueblo a dar una vuelta, ya nos veremos por ahí.
Esperé a que el carro atravesase la verja de hierro y el ruido del empedrado se ahogase en la distancia. Lejos de entrar en casa y acomodarme, dejé el ligero equipaje en una de las sillas del porche y retomé el camino de tierra a pie, ascendiendo por la colina hasta la villa vecina; quería comprobar algo.
De forma tajante, cortó la comunicación por den den mushi. El pobre caracol respiraba agitado, buscando con su saltona mirada algún tipo de compasión por parte del tipo que lo sujetaba. Había sido una conversación acalorada entre mi manager y vete tú a saber quién, sobre un tema que ni me iba ni venía y que implicaba a personas que más bien me importaban poco. Frente a él me encontraba sentado yo, Aspros, con las piernas cruzadas y la vista puesta en el pequeño ventanuco del carromato. El camino de tierra y grava hacía que el pequeño vehículo traquetease como si estuviese helado de frío; las cosas por aquí no habían cambiado en absoluto.
- Aspros.
Hacía ya dos años que había dejado atrás aquella pequeña isla, con la intención de cosechar fama y fortuna. Ahora, volvía a Syrup con mucha más experiencia, gente de apoyo y un muy sonado renombre. La vida había puesto en mi camino la oportunidad de elegir algunos de los puntos de la gira en la que estaba participando, y de forma indudable señalé con el dedo la isla que me vio crecer. Lejos de basar mis motivaciones en sentimentalismos y añoranza, debía encargarme de ciertos asuntos antes de partir definitivamente del East blue.
- ¡Aspros!
- Eh, sí, ¿qué ocurre? -su molesta voz me arrancó de la ensoñación en la que me había sumergido. Había escuchado toda la conversación y era totalmente consciente de lo que me estaba diciendo, pero gustaba de hacerme el tonto para sacarle un poco de quicio.
- Los carteles están preparados y listos para su distribución. Dentro de unas horas, tu pequeña villa será empapelada con tu cara.
Mi apariencia había cambiado tanto durante mi ausencia, que dudaba que alguien pudiese relacionarme con aquel niño cargado de maletas que se marchó de la isla sin despedirse de nadie; y es que la única persona de la que podría haberme despedido, se despidió antes de mí. Al igual que yo, mis padres nunca habían estrechado lazos con nadie de la isla, ya que nunca estaban allí- Qué bien -contesté, de nuevo entrando en un estado ensimismado. Había sido un viaje muy largo y no había podido gozar de silencio y tranquilidad desde el último puerto en el que actuamos, hace ya dos semanas. Por ello, rasgaba con uñas y dientes todos aquellos momentos en los que pudiese alejarme, aunque fuese mentalmente, de la gente que me rodeaba. Tras 15 minutos más de traqueteo, llegamos a la antigua mansión de los Kudo. Bajé del carro de un salto, protegiendo mis ojos del sol con la mano derecha, mientras que con la izquierda cargaba en el hombro un pequeño petate. De nuevo, tenía la sensación de que el tiempo no había transcurrido en aquel apartado lugar de la mano de dios.
- ¿Estarás bien aquí, tu solo?
- Te recuerdo que es mi casa -contesté, sin siquiera girarme a mirar a mi manager, Frank. Mi relación con él no era mala, pero me gustaba delimitarla a lo más estrictamente profesional posible. No obstante, para mi gusto era demasiado entrometido. Al menos era guapo- En un rato bajaré al pueblo a dar una vuelta, ya nos veremos por ahí.
Esperé a que el carro atravesase la verja de hierro y el ruido del empedrado se ahogase en la distancia. Lejos de entrar en casa y acomodarme, dejé el ligero equipaje en una de las sillas del porche y retomé el camino de tierra a pie, ascendiendo por la colina hasta la villa vecina; quería comprobar algo.
![[Imagen: rvCfBMF.png]](https://imgur.com/rvCfBMF.png)
