06-10-2023, 05:42 PM
Nunca me había considerado buen ejemplo para nada, pero pareciera que mis palabras y mi gesto inspiraron al resto de mis compañeros, dispuestos a cubrirnos las espaldas entre todos para poder percibir por donde vendría nuestro enemigo en su siguiente ataque. A mi espalda el marine del superbigote, a mis lados Cipriana y el chico mosca. En algún lugar del círculo, el que se teñía el cabello o la barba... y ahí parado en medio de la plataforma, mirando a la nada y pensando en todo, estático después de haber fallado su golpe, el musculitos. ¿Le habría dado un aire?
Pronto la realidad me sacó de mis pensamientos al escuchar el chapoteo del agua que indicaba una nueva embestida, y cuando mis ojos quisieron colocarse en la dirección correcta para ver que sucedía en la fuente de la que provenía el sonido, aquel hombre pez ya estaba delante de mi blandiendo su katana en dirección a mis manos. ¿Iba a cortarme las manos? Intenté mover el cuerpo para reaccionar a tiempo pero me fue imposible. Noté el frío acero cortando la piel de mi mano derecha tras abrirse paso por la tela de mi guante y hacerme soltar el kanabo con esa mano por acto reflejo — ¡Argh! — grité producto del dolor, al tiempo que mis nervios colapsaban por completo tras haber tratado de contener la calma y haberme retenido en toda esta aventura. Mi sangre bullía con fuerza y la temperatura de mi cuerpo se elevaba hasta tal punto que no fue sostenible.
— ¡Quieto! — grité fuertemente, con la poca piel que se podía percibir - en el dorso de mi mano herida, y en mi cuello - brillando de color anaranjado intenso, y un ligero vapor saliendo de mi ropa y los agujeros de mi casco, liberando una oleada de calor sofocante que me usaría como epicentro extendiéndose hasta seis metros en todas las direcciones, abarcando un área de doce metros de diámetro en total, justo en el momento en el que el gyojin terminaba de hacer su corte y trataba de retroceder con un salto. En se mismo instante, como una centella, el Marine serpiente pasó por mi flanco derecho lanzándose contra el hombre pez, aprovechando que flotaba por su desplazamiento con intenciones obviamente hostiles, yendo incluso con la boca por delante tratando, nuevamente, de morderle.
Aun con la mano herida y dolorida, la sacudí en el aire y reposicioné el kanabo para que este estuviera frente a mi torso, en diagonal, con el punto mas bajo a mi flanco izquierdo y el más alto junto a mi sien derecha, adoptando una posición de defensa preventiva por si el enemigo decidía volver a lanzarse a por mi de entre todas las opciones que tenía. No podía descartar nada. Sólo esperaba que los que estaban conmigo reaccionasen al sonido de su chapoteo o al de mi voz pidiendo que se detuviera... o tal vez al ataque del culebra. Pero de cualquier forma, que reaccionasen y aprovechasen la oportunidad de dar todo contra aquel tipo. Puede que no tuviéramos más suerte que esta.
Pronto la realidad me sacó de mis pensamientos al escuchar el chapoteo del agua que indicaba una nueva embestida, y cuando mis ojos quisieron colocarse en la dirección correcta para ver que sucedía en la fuente de la que provenía el sonido, aquel hombre pez ya estaba delante de mi blandiendo su katana en dirección a mis manos. ¿Iba a cortarme las manos? Intenté mover el cuerpo para reaccionar a tiempo pero me fue imposible. Noté el frío acero cortando la piel de mi mano derecha tras abrirse paso por la tela de mi guante y hacerme soltar el kanabo con esa mano por acto reflejo — ¡Argh! — grité producto del dolor, al tiempo que mis nervios colapsaban por completo tras haber tratado de contener la calma y haberme retenido en toda esta aventura. Mi sangre bullía con fuerza y la temperatura de mi cuerpo se elevaba hasta tal punto que no fue sostenible.
— ¡Quieto! — grité fuertemente, con la poca piel que se podía percibir - en el dorso de mi mano herida, y en mi cuello - brillando de color anaranjado intenso, y un ligero vapor saliendo de mi ropa y los agujeros de mi casco, liberando una oleada de calor sofocante que me usaría como epicentro extendiéndose hasta seis metros en todas las direcciones, abarcando un área de doce metros de diámetro en total, justo en el momento en el que el gyojin terminaba de hacer su corte y trataba de retroceder con un salto. En se mismo instante, como una centella, el Marine serpiente pasó por mi flanco derecho lanzándose contra el hombre pez, aprovechando que flotaba por su desplazamiento con intenciones obviamente hostiles, yendo incluso con la boca por delante tratando, nuevamente, de morderle.
Aun con la mano herida y dolorida, la sacudí en el aire y reposicioné el kanabo para que este estuviera frente a mi torso, en diagonal, con el punto mas bajo a mi flanco izquierdo y el más alto junto a mi sien derecha, adoptando una posición de defensa preventiva por si el enemigo decidía volver a lanzarse a por mi de entre todas las opciones que tenía. No podía descartar nada. Sólo esperaba que los que estaban conmigo reaccionasen al sonido de su chapoteo o al de mi voz pidiendo que se detuviera... o tal vez al ataque del culebra. Pero de cualquier forma, que reaccionasen y aprovechasen la oportunidad de dar todo contra aquel tipo. Puede que no tuviéramos más suerte que esta.
Resumen
Bélico
importante

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