15-11-2025, 01:48 PM
(Última modificación: 15-11-2025, 02:06 PM por Kisuke Kageyama.)
El tiempo transcurría implacable, sin descanso, y habían pasado ya varios meses desde que el Ejército Revolucionario, ayudase a una facción disidente del Reino de Mogaro, a conseguir derrocar a su tiránico monarca y destruir su régimen, liberando a la población de aquella isla del Nuevo Mundo que vivía oprimida y sometida por los caprichos y deseos del monarca déspota y su séquito, capitaneado por el "Jamones", como le llamó Kisuke durante su contienda. Las heridas de Mogaro eran profundas, mucho más allá de las causadas durante la revuelta, que a fin de cuentas duró unas horas, producto de años y años de gobierno absolutista y dictatorial, que habían sumido la isla en una profunda recesión tanto económica como cultural. Por lo tanto, los miembros del Ejército Revolucionario, se habían dedicado durante aquel tiempo, junto al gobierno electo por las gentes de Mogaro, a poner orden y establecer un plan de desarrollo para la isla que les hiciese prosperar y conseguir mejorar sus vidas.
"Aún así, es una victoria frágil, mientras el Gobierno Mundial siga sin caer... "
Ciertamente, aún no habían tenido problemas en ese sentido, pero el antiguo pescador sabía que a la larga, los problemas surgirían, pero, por el momento, no valía la pena angustiarse por eso. Lo mejor que podían hacer era mejorar las vidas de aquella gente, y prepararlos para el futuro. Era lo más lógico y lo más necesario para afrontar aquellas situaciones, por lo que como sugerencia del Ejército Revolucionario, además de un cuartel para estos, se acordó la construcción y puesta en marcha de un par de complejos industriales, que darían empleo a la población, y recursos naturales a la isla; un complejo maderero y otro minero.
"Es un buen paso para activar la economía de la isla..."
No obstante, tanto Panda como Kisuke, eran al fin y al cabo guerreros, y tras estar recuperados al cien por cien de su batalla contra Notthingham, empezaban a entumecerse ante la falta de combates. Kisuke por su parte había estado entrenando y practicando casi a diario, pero aquello no era lo mismo que un combate, aunque fuese de entrenamiento, por lo que aceptó gustoso aquella oportunidad de medirse con su poderoso amigo.
-Claro que me parece bien, Panda.... Necesitamos mover estos cuerpos o nos pondremos como unos puercos antes de la matanza... kuhahahaha...
Tras recoger de donde se alojaban a Onikiba y Sode no Shirayuki, puesto que Yamigiri siempre iba prendida de su cinto, se dirigió al lugar que le había indicado el mink. Encendió un cigarrillo durante el trayecto, pensando en las ganas que tenía de comprobar hasta donde llegaban sus fuerzas, puesto que hacía un par de años mínimo que no combatía con el mink, y estaba seguro que su amigo se había vuelto muchísimo más fuerte. Además recordó que se había quedado con una de las lanzas del Jamones, por lo que la versatilidad y capacidad de combate de su compañero había crecido aún más. Kisuke, por su parte, tampoco había estado ocioso. Sus capacidades se habían incrementado y estaba desarrollando una técnica nueva, pero aún no había terminado de pulirla por lo que no le serviría contra el mink.
"La velocidad de Panda puede suponer un problema... pero cuento con ello..."
Sabía de sobra la capacidad de desplazamiento increíble que tenía su amigo, pero Kisuke estaba acostumbrado a medirse con gente que era más rápida que él en sus desplazamientos, por lo que no le pillaría por sorpresa, o, al menos, eso pensaba él. Lo que si había descartado por completo es que el panda usase aquel haki descomunal que tenía, el haoshoku. El mink era alguien que gozaba de los combates, y, como el antiguo pescador no tenía ese poder, usarlo quizá pondría fin a la contienda al momento, por lo que no podrían disfrutar ni uno ni otro de pelear.
Tras un rato caminando, al final llegó al lugar indicado donde, con una sonrisa observaba como el mink iba caminando de un lado a otro observando las plantas con evidente gesto de impaciencia. Aquello le resultaba un tanto cómico al antiguo pescador pero quiso sacar de su sufrimiento a su compañero por lo que cuando puso un pie en el claro del bosque le dijo:
-Lamento la espera, Peluchito... Tenía que ir a buscar a mis compañeras de baile... ¿bailamos?
Y dicho esto, se puso en posición de desenvainado mirando al mink con una media sonrisa dispuesto a demostrar sus habilidades, mientras desplegaba su kenbunshoku medio en un radio de 5 metros. Era el momento, después de tantos meses, comenzaba "la Hora de las Tortas".
"Aún así, es una victoria frágil, mientras el Gobierno Mundial siga sin caer... "
Ciertamente, aún no habían tenido problemas en ese sentido, pero el antiguo pescador sabía que a la larga, los problemas surgirían, pero, por el momento, no valía la pena angustiarse por eso. Lo mejor que podían hacer era mejorar las vidas de aquella gente, y prepararlos para el futuro. Era lo más lógico y lo más necesario para afrontar aquellas situaciones, por lo que como sugerencia del Ejército Revolucionario, además de un cuartel para estos, se acordó la construcción y puesta en marcha de un par de complejos industriales, que darían empleo a la población, y recursos naturales a la isla; un complejo maderero y otro minero.
"Es un buen paso para activar la economía de la isla..."
No obstante, tanto Panda como Kisuke, eran al fin y al cabo guerreros, y tras estar recuperados al cien por cien de su batalla contra Notthingham, empezaban a entumecerse ante la falta de combates. Kisuke por su parte había estado entrenando y practicando casi a diario, pero aquello no era lo mismo que un combate, aunque fuese de entrenamiento, por lo que aceptó gustoso aquella oportunidad de medirse con su poderoso amigo.
-Claro que me parece bien, Panda.... Necesitamos mover estos cuerpos o nos pondremos como unos puercos antes de la matanza... kuhahahaha...
Tras recoger de donde se alojaban a Onikiba y Sode no Shirayuki, puesto que Yamigiri siempre iba prendida de su cinto, se dirigió al lugar que le había indicado el mink. Encendió un cigarrillo durante el trayecto, pensando en las ganas que tenía de comprobar hasta donde llegaban sus fuerzas, puesto que hacía un par de años mínimo que no combatía con el mink, y estaba seguro que su amigo se había vuelto muchísimo más fuerte. Además recordó que se había quedado con una de las lanzas del Jamones, por lo que la versatilidad y capacidad de combate de su compañero había crecido aún más. Kisuke, por su parte, tampoco había estado ocioso. Sus capacidades se habían incrementado y estaba desarrollando una técnica nueva, pero aún no había terminado de pulirla por lo que no le serviría contra el mink.
"La velocidad de Panda puede suponer un problema... pero cuento con ello..."
Sabía de sobra la capacidad de desplazamiento increíble que tenía su amigo, pero Kisuke estaba acostumbrado a medirse con gente que era más rápida que él en sus desplazamientos, por lo que no le pillaría por sorpresa, o, al menos, eso pensaba él. Lo que si había descartado por completo es que el panda usase aquel haki descomunal que tenía, el haoshoku. El mink era alguien que gozaba de los combates, y, como el antiguo pescador no tenía ese poder, usarlo quizá pondría fin a la contienda al momento, por lo que no podrían disfrutar ni uno ni otro de pelear.
Tras un rato caminando, al final llegó al lugar indicado donde, con una sonrisa observaba como el mink iba caminando de un lado a otro observando las plantas con evidente gesto de impaciencia. Aquello le resultaba un tanto cómico al antiguo pescador pero quiso sacar de su sufrimiento a su compañero por lo que cuando puso un pie en el claro del bosque le dijo:
-Lamento la espera, Peluchito... Tenía que ir a buscar a mis compañeras de baile... ¿bailamos?
Y dicho esto, se puso en posición de desenvainado mirando al mink con una media sonrisa dispuesto a demostrar sus habilidades, mientras desplegaba su kenbunshoku medio en un radio de 5 metros. Era el momento, después de tantos meses, comenzaba "la Hora de las Tortas".
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