11-02-2026, 07:40 PM
No tardó en recalcar que no había respondido a su pregunta, como si le estuviera debiendo algo por enseñarme un par de guantes y una pistola deforme. Ni que yo llevara un anticuario de armas o algo por el estilo. Ni que se me pudiera comprar con "regalos" y "presentes" como estos. Me parecía que aquel chico no terminaba de entender con quién trataba... pero nada de títulos de Señor de la Moneda, ni Emperador del Bajo Mundo, ni ninguna mierda de esas. Con quien trataba como persona. Yo no era un pusilánime avaricioso al que poder comprar con agasajos. Yo era mi propia fuerza de combate, un ejército de un sólo hombre, y mi voluntad sólo se incrementaba ante las faltas de respeto. Pues aunque no tuviera memoria para las caras o los nombres, si la tenía para las palabras y los tratos. Y me acordaría de esto.
Explicó brevemente que había saqueado estos objetos de dos cadáveres, y expresó su preocupación de que fueran demasiado peligrosos para caer en manos ajenas. Lo primero que pensé es que serían un gran activo para ponerlos a la venta en el bajo mundo, y lo segundo, que sería una mala idea si llegaba a manos de alguien con unas capacidades como Viktor o yo mismo. No convenía difundir el poder en manos que no estuvieran controladas por mi.
Entendí que si me lo ofrecía, al haberlo saqueado, era porque no podía usarlas... y más aun con eso, que consideraba que sería suficiente como para poder usarlo en su favor en algún momento. Al puro estilo de ¿recuerdas aquel favor?. Pero conmigo no funcionaban esas cosas.
— No me trates de usted... — dije sin mirarle — Me hace mayor y debemos tener la misma edad — maticé, frunciendo el gesto y agitando un poco el guante — Con Jefe basta — terminé de indicarle el trato. Estaba a favor de la disciplina y de la jerarquía, y muchos de los soldados del Goldreich me trataban como señor, o incluso de usted, pero no me gustaba la pomposidad en los hombres y mujeres a mi cargo que no eran simples asalariados con uniforme. Esas tonterías eran para la masa — Y déjate de tanto remilgo y mariconada, no me gusta. Ve al grano. Si puedes decirme algo con tres palabras, mejor que con cuatro — ahí clavé mis ojos en él, entrecerrando los párpados y asegurándome de que estaba entendiendo que a este juego se jugaba con mis normas, o no se jugaba.
Entonces volví a mirar el guante. La temperatura se disparó por un solo segundo y volvió a la normalidad, haciendo que mi piel comenzase a tornarse anaranjada y brillante, como si fuera un caqui pringado en aceite, fruto de la concentración calorífica que se daba en el interior de mi organismo y que llevaba la temperatura de mi cuerpo a ser prácticamente células hirviendo — King Skin — dije mientras pequeñas lenguas de vapor danzaban despacio desde todas las partes de mi piel ascendiendo en la habitación, reflejando la paradoja de que no hubiera calor ambiente, pero que yo hubiese elevado mi temperatura a puntos insospechados. En mi mano y mis dedos comenzaron a ponerse de color naranja intenso y a aumentar la temperatura de la habitación considerablemente — Melt Pelt — dije empezando a amarillear y calentar el metal de los guantes a una velocidad pasmosa mientras estos empezaban a hervir volviéndose hierro caliente y brillante. Los resplandores del metal emitían reflejos en mi cara y chocaban contra mis ojos dorados como las lenguas de fuego de una fogata acariciaban la cara de los nocturnos, y mientras movía la mano el guante sobre esta empezaba a contraerse y derretirse deformándose poco a poco perdiendo su integridad — Cualquier respuesta por mi parte es innecesaria — dije sin dejar de mirar los guantes — Tú ya formas parte del banco Goldreich, me perteneces, y demostrarás tu talento cuando sea el momento oportuno, no con regalos ni tonterías como esta. Harás cuando se te pida, y recibirás en base a lo que hagas — maticé mientras el guante se derretía y era moldeado por mi mano para convertirse en una pelota deforme de acero ennegrecido, que, al cerrar mis dedos sobre ella, se deformó con la presión y los surcos de cada uno de ellos. Dejé caer la esfera al suelo y rodó levemente por el vaivén del barco, llevando mi mano a agarrar el segundo guante
— Márchate y olvida que estos guantes existen y lo que ha pasado aquí — simplifiqué preparándome para hacer lo mismo con el segundo guante.
Explicó brevemente que había saqueado estos objetos de dos cadáveres, y expresó su preocupación de que fueran demasiado peligrosos para caer en manos ajenas. Lo primero que pensé es que serían un gran activo para ponerlos a la venta en el bajo mundo, y lo segundo, que sería una mala idea si llegaba a manos de alguien con unas capacidades como Viktor o yo mismo. No convenía difundir el poder en manos que no estuvieran controladas por mi.
Entendí que si me lo ofrecía, al haberlo saqueado, era porque no podía usarlas... y más aun con eso, que consideraba que sería suficiente como para poder usarlo en su favor en algún momento. Al puro estilo de ¿recuerdas aquel favor?. Pero conmigo no funcionaban esas cosas.
— No me trates de usted... — dije sin mirarle — Me hace mayor y debemos tener la misma edad — maticé, frunciendo el gesto y agitando un poco el guante — Con Jefe basta — terminé de indicarle el trato. Estaba a favor de la disciplina y de la jerarquía, y muchos de los soldados del Goldreich me trataban como señor, o incluso de usted, pero no me gustaba la pomposidad en los hombres y mujeres a mi cargo que no eran simples asalariados con uniforme. Esas tonterías eran para la masa — Y déjate de tanto remilgo y mariconada, no me gusta. Ve al grano. Si puedes decirme algo con tres palabras, mejor que con cuatro — ahí clavé mis ojos en él, entrecerrando los párpados y asegurándome de que estaba entendiendo que a este juego se jugaba con mis normas, o no se jugaba.
Entonces volví a mirar el guante. La temperatura se disparó por un solo segundo y volvió a la normalidad, haciendo que mi piel comenzase a tornarse anaranjada y brillante, como si fuera un caqui pringado en aceite, fruto de la concentración calorífica que se daba en el interior de mi organismo y que llevaba la temperatura de mi cuerpo a ser prácticamente células hirviendo — King Skin — dije mientras pequeñas lenguas de vapor danzaban despacio desde todas las partes de mi piel ascendiendo en la habitación, reflejando la paradoja de que no hubiera calor ambiente, pero que yo hubiese elevado mi temperatura a puntos insospechados. En mi mano y mis dedos comenzaron a ponerse de color naranja intenso y a aumentar la temperatura de la habitación considerablemente — Melt Pelt — dije empezando a amarillear y calentar el metal de los guantes a una velocidad pasmosa mientras estos empezaban a hervir volviéndose hierro caliente y brillante. Los resplandores del metal emitían reflejos en mi cara y chocaban contra mis ojos dorados como las lenguas de fuego de una fogata acariciaban la cara de los nocturnos, y mientras movía la mano el guante sobre esta empezaba a contraerse y derretirse deformándose poco a poco perdiendo su integridad — Cualquier respuesta por mi parte es innecesaria — dije sin dejar de mirar los guantes — Tú ya formas parte del banco Goldreich, me perteneces, y demostrarás tu talento cuando sea el momento oportuno, no con regalos ni tonterías como esta. Harás cuando se te pida, y recibirás en base a lo que hagas — maticé mientras el guante se derretía y era moldeado por mi mano para convertirse en una pelota deforme de acero ennegrecido, que, al cerrar mis dedos sobre ella, se deformó con la presión y los surcos de cada uno de ellos. Dejé caer la esfera al suelo y rodó levemente por el vaivén del barco, llevando mi mano a agarrar el segundo guante
— Márchate y olvida que estos guantes existen y lo que ha pasado aquí — simplifiqué preparándome para hacer lo mismo con el segundo guante.
Técnica

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)