El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto]
#26
La División 60 respondió como una unidad forjada no solo por entrenamiento, sino por experiencia compartida en escenarios donde la duda equivalía a derrota. En el instante en que el círculo de dinosaurios se tensó y el primer movimiento hostil rompió la espera, cada uno ocupó su lugar con una precisión casi instintiva. Moja y Kibai se lanzaron al combate con la fiereza característica de los minks, sus movimientos rápidos y potentes, cargados de una energía salvaje que contrastaba con la disciplina estratégica que mantenían. Sus ataques no eran impulsivos, sino decididos, golpeando con la contundencia de quienes conocen su propia fuerza y no temen emplearla cuando la situación lo exige. Bertram, por su parte, encarnó la serenidad letal de un cazador experimentado: cada disparo medido, cada desplazamiento calculado para aprovechar el terreno irregular del campamento destruido, usando barriles volcados y estructuras caídas como cobertura momentánea mientras seleccionaba objetivos con fría eficacia. Stroud se movía en el centro del caos con garra y fuerza, su presencia firme sirviendo como ancla para el grupo, enfrentando de frente a las criaturas que intentaban romper la formación, demostrando que el liderazgo no se ejerce desde atrás, sino en la línea más expuesta. El combate fue breve pero intenso, una explosión de rugidos, polvo y sangre que terminó con los dinosaurios abatidos entre los restos de la División 86. Cuando el último cuerpo cayó y el silencio regresó, pesado y entrecortado por respiraciones agitadas, la victoria era innegable, pero no limpia. Fue entonces cuando Kibai, al bajar la guardia lo suficiente para observarse, notó en su brazo varias manchas violáceas que no recordaba haber visto antes. No ardían ni dolían de inmediato, pero su tonalidad era inquietantemente similar a la de los animales muertos que habían encontrado en el camino. Durante un segundo, la preocupación cruzó su mirada, aunque la ocultó con rapidez, decidiendo no compartir aquel detalle con sus compañeros. Mientras los demás recuperaban el aliento y evaluaban daños visibles, Kibai guardó silencio, consciente de que, a veces, las heridas más peligrosas no anuncian su presencia con dolor inmediato, sino con una calma engañosa.

Mientras el eco del combate aún parecía vibrar entre los troncos marcados por garras y los cuerpos inertes de los dinosaurios comenzaban a mezclarse con el paisaje sangriento del campamento arrasado, Bertram reunió a sus compañeros con la misma serenidad metódica con la que había combatido. Sin elevar la voz más de lo necesario, les hizo saber que, entre los cuadernos que había rescatado del suelo, había encontrado algo que podría resultar relevante, no solo para comprender lo ocurrido allí, sino para anticipar futuros peligros. Sostuvo el cuaderno con cuidado, protegiendo las páginas del viento húmedo que corría desde el lago, y lo abrió en una sección donde destacaba un dibujo minucioso de una flor violácea de pétalos largos y ligeramente curvados hacia afuera, con un centro amarillento y un tallo cubierto de finísimos filamentos.

Flos roboris revivificans


La ilustración no era improvisada; cada trazo denotaba observación prolongada y conocimiento botánico preciso. En los apuntes que acompañaban la imagen se mencionaba, de forma algo vaga pero insistente, que si la flor era extraída correctamente y preparada con el procedimiento adecuado, podía otorgar un notable aumento de energía al consumidor, algo que explicaría el interés de una división entera en documentarla. Sin embargo, también se advertía que un uso inadecuado o una dosis excesiva transformaban ese beneficio en veneno, generando efectos adversos progresivos y potencialmente letales. Esa dualidad quedó flotando entre ellos como una sombra nueva, especialmente al recordar las manchas violáceas observadas en animales muertos y, sin que los demás lo supieran, en el propio brazo de Kibai. La flor dibujada compartía un tono inquietantemente similar al de aquellas marcas, y aunque el cuaderno no ofrecía conclusiones definitivas, sí sugería que la flora de la zona podía estar íntimamente ligada al desastre de la División 86. La posibilidad de que el enemigo no fuera solo una criatura, sino también una sustancia o un recurso mal empleado, añadió una capa más compleja a la amenaza que enfrentaban, transformando la selva en algo más que un escenario salvaje: en un laboratorio natural donde cada error podía pagarse con la vida.

En medio del campamento devastado, donde el olor metálico de la sangre aún se mezclaba con la humedad espesa de la selva, el den-den mushi que colgaba del equipo recuperado emitió un leve sonido orgánico antes de activarse. La caracola viviente abrió lentamente sus pequeños ojos y movió los labios con una mueca que imitaba expresión humana, señal inequívoca de una conexión entrante. Desde el otro lado, la capitana Trixie se identificó con una voz suave y tranquila que contrastaba con la crudeza del escenario en el que se encontraba la División 60. Su tono no transmitía urgencia descontrolada, sino una serenidad entrenada, propia de alguien acostumbrado a recibir informes en situaciones críticas. -Aquí la capitana Trixxie. ¿Hablo con el comandante Redgrave? ¿Ha habido avances en la misi¡on?- Preguntó, dejando entrever que la operación tenía un alcance mayor del que el campamento arrasado sugería a simple vista. Antes de responder, Stroud bajó la mirada hacia uno de los documentos clasificados que aún sostenía parcialmente abierto y, casi por instinto, leyó por encima una sección destacada que mencionaba explícitamente la fuente de energía que la División 86 había estado investigando. El nombre resaltaba con una formalidad casi académica: “Flos roboris revivificans”. Bajo esa denominación técnica se describía a la flor violácea como un recurso con propiedades energéticas excepcionales, capaz de revitalizar el cuerpo de forma significativa si era procesada correctamente. La coincidencia entre ese nombre y el dibujo mostrado por Bertram no dejó lugar a dudas: aquella flor no era un simple elemento botánico interesante, sino el núcleo de la misión y posiblemente la causa del desastre. Stroud sintió cómo las piezas comenzaban a encajar con inquietante coherencia; la energía prometida, el riesgo de toxicidad, las manchas violáceas en fauna y, en silencio, en uno de los suyos. Mientras el den-den mushi aguardaba respuesta, el peso de la información recién comprendida añadió una dimensión estratégica nueva a la situación, transformando lo que parecía una misión de reconocimiento en una operación con implicaciones mucho más delicadas y potencialmente peligrosas.

Resumen


Situación de Kibai


Extra


Próximo turno
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Alas Negras
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RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - por Kenzo D. Fujiwara - 20-02-2026, 05:05 AM

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