10-03-2026, 08:17 PM
Aquel tipo de bigote, se había mantenido hasta ese justo momento con una expresión tranquila y relajada, pero en cuanto la luz que entraba por la cueva reveló los uniformes del grupo, algo en su rostro cambió. Alzó las cejas con una mezcla de sorpresa y diversión, como si de repente, todo se tornara interesante. Observó durante un segundo la posición de los cuatro, su tensión y también pudo leer sus intenciones gracias al haki de observación que los envolvía. Se le dibujó una sonrisa amplia y completamente afilada, una expresión que no contenía ni un sólo ápice de nerviosismo, sino de aquella satisfacción de quien acaba de encontrar un desafío. Sin embargo, en apenas un segundo, aquel momento de tensión se rompió con violencia. Antes de que el comandante Stroud terminara de soltar aquella frase, el hombre reaccionó con una rapidez increible. Sus piernas actuaron como un resorte y dio un potente salto hacia atrás que lo alejó otros quince metros del grupo. En pleno movimiento, su mano se aferró a la empuñadura de su katana, y en un movimiento rápido y conciso, desenvainó su arma describiendo un arco circular en el aire, girando en el sentido de las agujas del reloj, con el fin de frenar aquellas flechas que con precisión y rapidez habían sido lanzadas por Bertram. Una vez que sus pies tomaron tierra, el resto de la División 60 había ejecutado un ataque combinado en cuestión de segundos, que si hubiera habido más gente, habrían sido completamente derribados, pero que en aquella ocasión, el resultado había sido un fracaso. El tipo de bigote, dejó escapar una suave risa mientras observaba a sus rivales con diversión. -Wow, chicos. Realmente sois sorprendentes. Aunque diría que aún os falta.-
Suspiró, como si aquello le hubiera tomado un gran esfuerzo. La hoja de su katana permaneció desnuda, mientras reflejaba los haces de luz que caían por la abertura del techo. Tenía una postura relajada, aunque mantenía su mirada clavada en cada movimiento de sus rivales. Sin quitarles la mirada, se llevó el dedo índice y pulgar de su mano libre y lenzó un largo silbido, agudo y que penetraba en los oidos de los presentes, y que se extendió por la totalidad de aquella cueva. Durante unos segundos, no pareció ocurrir nada. Sin embargo, de repente, comenzó a sentirse una leve vibración que hacía vibrar las aguas de aquel pequeño manantial que tenían frente a ellos y tras el tipo del bigote. Y finalmente, llegaron. Desde distintos pasajes lateralaes, desde pequeños túneles que hasta ese específico segundo permanecían ocultos por la oscuridad. Llegaron los dinosaurios. La misma raza que habían derrotado un rato atrás, con su piel rojiza, su musculatura poderosa y aquellas mandibulas que eran capaces de partir hasta el metal con facilidad. Eran un total de veinticinco, que avanzaron hasta quedarse completamente quietos frente a la división 60, alineados en un semicírculo, observando al hombre del bigote con aquella atención absoluta que un animal solo dedica a quien reconoce como su auténtico lider. -Como podeis haber comprobado, no soy un vulgar pirata. Habéis tardado en venir a rescatarme.- En su voz se podía notar cierta ironía, mientras se acercaba a una de las bestias. -Soy Wasow, un compañero de la División 86. O bueno, lo era. Ya no pertenezco a vuestra organización.- Con una agilidad sorprendente, pegó un salto y se subió al lomo de uno de ellos. Luego apoyó la mano en el cuello y le dio una palmada afectuosa. -Intenté convencer a mis compañeros que se unieran a mi tripulación, pero ninguno quiso, por lo que mis chicos tuvieron que acabar con todos ellos mientras dormían...-
El dinosaurio sobre el que Wasow se había montado, comenzó a moverse con pasos pesados hacia la salida por la que habían salido la tripulación del pirata de bigote. Giró la cabeza, mostrando la mandibula llena de dientes, intentando intimidar a los marines, y luego comenzó a caminar hacia aquel lugar. El resto de los dinosaurios cerraron el camino por el que había salido Wasow, creando una muralla viva de carne y escamas rojas. Se podía notar que Wasow no estaba huyendo por miedo o porque sintiera que fuera a perder, sino porque no consideraba que aquellos marines fueran lo suficientemente fuerte como para hacerle frente. En la puerta de salida, el pirata frenó y les dedicó unas últimas palabras. -Si buscáis el resto de flores, como le llaman en la Marina, la Roboris Revivificans, que sepais que ya quedan unas pocas. Casi nada, realmente. Mi tripulación las tiene en el barco en el que me voy a marchar ahorita mismo.- Su sonrisa se volvió a ensanchar, aunque nadie pudo darse cuenta. -Así que bueno. Encantado de conoceros, chicos. Buscádme si termináis con mis amiguitos los dinosaurios. ¡Chao!- Aquella despedida sonó ligera y jovial, como si estuviera abandonando algún tipo de reunión aburrida. En apenas un instante, la silueta del dinosaurio comenzó a disminuir hasta desparecer de la vista de los marines.
Tras la retirada de Wasow, veinticuatro dinosaurios miraban a los cuatro marines con cierta rabia y fiereza. Algunos rugían, y otros pisaban el suelo con fuerza y furia. Y sin previo aviso, como si una señal invisible les hubiera dado luz verde, las bestias se lanzaron al unísono contra la división 60. Un grupo salió rápidamente a por Kibai, otro a por Moja. Otro grupo desdobló al comandante para lanzarse de lleno contra Bertram, y el último grupo se abalanzó contra Stroud. Ahora estaban contra la espada y la pared, en un campo de batalla salvaje y donde la supervivencia dependería de los reflejos, la fuerza y de la sangre fría.
Suspiró, como si aquello le hubiera tomado un gran esfuerzo. La hoja de su katana permaneció desnuda, mientras reflejaba los haces de luz que caían por la abertura del techo. Tenía una postura relajada, aunque mantenía su mirada clavada en cada movimiento de sus rivales. Sin quitarles la mirada, se llevó el dedo índice y pulgar de su mano libre y lenzó un largo silbido, agudo y que penetraba en los oidos de los presentes, y que se extendió por la totalidad de aquella cueva. Durante unos segundos, no pareció ocurrir nada. Sin embargo, de repente, comenzó a sentirse una leve vibración que hacía vibrar las aguas de aquel pequeño manantial que tenían frente a ellos y tras el tipo del bigote. Y finalmente, llegaron. Desde distintos pasajes lateralaes, desde pequeños túneles que hasta ese específico segundo permanecían ocultos por la oscuridad. Llegaron los dinosaurios. La misma raza que habían derrotado un rato atrás, con su piel rojiza, su musculatura poderosa y aquellas mandibulas que eran capaces de partir hasta el metal con facilidad. Eran un total de veinticinco, que avanzaron hasta quedarse completamente quietos frente a la división 60, alineados en un semicírculo, observando al hombre del bigote con aquella atención absoluta que un animal solo dedica a quien reconoce como su auténtico lider. -Como podeis haber comprobado, no soy un vulgar pirata. Habéis tardado en venir a rescatarme.- En su voz se podía notar cierta ironía, mientras se acercaba a una de las bestias. -Soy Wasow, un compañero de la División 86. O bueno, lo era. Ya no pertenezco a vuestra organización.- Con una agilidad sorprendente, pegó un salto y se subió al lomo de uno de ellos. Luego apoyó la mano en el cuello y le dio una palmada afectuosa. -Intenté convencer a mis compañeros que se unieran a mi tripulación, pero ninguno quiso, por lo que mis chicos tuvieron que acabar con todos ellos mientras dormían...-
El dinosaurio sobre el que Wasow se había montado, comenzó a moverse con pasos pesados hacia la salida por la que habían salido la tripulación del pirata de bigote. Giró la cabeza, mostrando la mandibula llena de dientes, intentando intimidar a los marines, y luego comenzó a caminar hacia aquel lugar. El resto de los dinosaurios cerraron el camino por el que había salido Wasow, creando una muralla viva de carne y escamas rojas. Se podía notar que Wasow no estaba huyendo por miedo o porque sintiera que fuera a perder, sino porque no consideraba que aquellos marines fueran lo suficientemente fuerte como para hacerle frente. En la puerta de salida, el pirata frenó y les dedicó unas últimas palabras. -Si buscáis el resto de flores, como le llaman en la Marina, la Roboris Revivificans, que sepais que ya quedan unas pocas. Casi nada, realmente. Mi tripulación las tiene en el barco en el que me voy a marchar ahorita mismo.- Su sonrisa se volvió a ensanchar, aunque nadie pudo darse cuenta. -Así que bueno. Encantado de conoceros, chicos. Buscádme si termináis con mis amiguitos los dinosaurios. ¡Chao!- Aquella despedida sonó ligera y jovial, como si estuviera abandonando algún tipo de reunión aburrida. En apenas un instante, la silueta del dinosaurio comenzó a disminuir hasta desparecer de la vista de los marines.
Tras la retirada de Wasow, veinticuatro dinosaurios miraban a los cuatro marines con cierta rabia y fiereza. Algunos rugían, y otros pisaban el suelo con fuerza y furia. Y sin previo aviso, como si una señal invisible les hubiera dado luz verde, las bestias se lanzaron al unísono contra la división 60. Un grupo salió rápidamente a por Kibai, otro a por Moja. Otro grupo desdobló al comandante para lanzarse de lleno contra Bertram, y el último grupo se abalanzó contra Stroud. Ahora estaban contra la espada y la pared, en un campo de batalla salvaje y donde la supervivencia dependería de los reflejos, la fuerza y de la sangre fría.
Resumen
Bélico
Situación de Kibai
Próximo turno
![[Imagen: oSgdXs8.png]](https://imgur.com/oSgdXs8.png)
Alas Negras
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