[Presente Absoluto] Caen las máscaras
#1
16 de Otoño, Año 17
21:09
A bordo del Jagd Hund; Costa de Arabasta.
Vengo de aquí



La primavera y el verano habían sido suficiente tiempo en este árido desierto y en esta maravillosa civilización tan antigua como el mismo tiempo, pero no había sido hasta hoy que había podido terminar de recuperarme de mis heridas del combate contra el anciano tigre con aquel bastón enorme. Había acabado venciendo, si, pero al costo de haber tenido que exprimir hasta la última gota de mis secretos y mis capacidades... y haber perdido la máscara, no era una opción que me dejase satisfecho para nada.
Destaparme al mundo era uno de los mayores miedos que podía llevar conmigo.
No por las consecuencias ni porque alguien pudiera cuestionar mi poder al ver mi verdadero rostro, si no porque no tendría forma de pasar desapercibido. Y si no podía pasar desapercibido - por más que llamase la atención cada paso que daba - al final los favores y los reclamos iban a llegar a pares en ambas partes, y yo sólo quería vivir mi aventura tranquilo: Poder disfrutar del mundo, viajar, descubrir, luchar, vencer y morir, como todos.

Suspiré pesadamente y chasqueé la lengua, mientras miraba por la ventana de mi camarote, sentado en la silla de mi escritorio y acariciando con mi mano izquierda la cabeza de Lustig que reposaba a mi costado. Hellhound reposaba junto a la mesa, y Emperor encima de ella, con las marcas del enfrentamiento contra aquel anciano y junto a los fragmentos de mi yelmo. Ahora tendría que volver a Foodvalten para que Shoto le hiciera algunos mantenimientos, pero creo que no vendría mal ir a ver cómo estaban las cosas, más aun después de poder estar tranquilo al haber sabido de Viktor semanas atrás por Den Den Mushi — Oe oe... — dije murmurando, mirando en dirección a la nada y refiriéndome a mi cuadrúpedo amigo peludo — ¿Qué hacemos ahora, Lustig? — pregunté retóricamente entrecerrando los ojos dubitativo.
Vestía menos 'militarizado' que otras veces, y algo más elegante, si es que esa palabra podía aplicarse en mi. Llevaba unas botas negras, pero de corta y manufactura mucho más fina que las que usaba diariamente. También, un pantalón gris marengo oscuro, ajustado con un cinturón con una hebilla de oro, y una camisa pulcra y blanca, de las pocas a las que no le había arrancado la manga para poder meter el brazo mecánico. La manga sobrante estaba cuidadosamente doblada y recogida junto a la zona del muñón. Llevaba los dos últimos botones desabrochados y se podía apreciar algún leve corte del pasado en ellos así como las marcas curándose de mi autocombustión en la pelea contra el anciano de aquella plaza.

Habían sido un par de semanas de descanso y de reposo, quizá más, y había tenido la osadía de descuidarme un poco y que en mi rostro podía notarse la incipiente sombra rosada de una barba de cuatro días, y unas ojeras que si bien eran más comunes, no eran habitual poder verlas dada la cobertura del casco. Llevaba el pelo peinado hacia atrás y algún mechón tímido asomaba lateralmente queriendo ir contra corriente y contra mi propio control de mi mismo, obligándome a pasarme la mano de cuando en cuando para peinarlo hacia atrás de nuevo, entremezclando mis cabellos con mis dedos y con el sello de oro que tomé como triunfo de aquella Shichibukai, como se llamase. 

— Bueno — dije dejando de acariciar a mi mascota para poner la mano sobre mi rodilla e incorporarme con un ligero sonido que me sorprendió a mi mismo. Me estaba haciendo ¿mayor?. Lustig levantó la cabeza para mirarme — Me parece que es momento de seguir con nuestro viaje ¿no crees? — le pregunté, mirando su cara de idiota, divertido. Sonreí sin temor a que nadie viese mis emociones, y Lustig comenzó a mover su corta cola mientras se incorporaba del todo y su lengua caía por el lateral de sus fauces — Y si no muevo yo a esta belleza nos vamos a estrellar contra cualquier peñasco — afirmé, mientras me giraba para dirigirme a la puerta y chasqueaba los dedos de la mano para que Lustig me siguiera, en dirección hacia el puente de mando y el timón.
Estaba confiado. Y eso me hacía vulnerable. No llevaba mi arma conmigo, no tenía a Emperor, no poseía esas reservas de energía, esos escudos, o esos trucos que escondía para mi. Ni tan siquiera llevaba mi anonimato conmigo. Pero sentía que podía confiar en las personas a bordo de este navío. Desde hacía algún tiempo.
Como cuando confié en Viktor y Shoto... más o menos.




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[Presente Absoluto] Caen las máscaras - por Sohem - 08-04-2026, 09:29 PM

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