10-05-2026, 01:30 AM
(Última modificación: 10-05-2026, 01:39 AM por Jolyne Jones.)
Me quedé plantada en aquella plataforma esperando a que todos mis compañeros cruzaran por la siguiente puerta. La confianza que tenían en mí era mucho mayor que la que yo podría tener en estas circunstancias, pero si yo no hacía este pequeño sacrificio, ellos no podrían avanzar hasta la meta. Al fin y al cabo, éramos un equipo. Antes de marcharse, Tobias me ofreció unas cuantas de sus balas para que pudiera protegerme como es debido, pero, si las aceptaba y luego era él el que las necesitaba, recaería para siempre en mi conciencia. Igual que cuando dejé la puerta del granero abierto aquel día de tormenta, haciendo que mi vaca Betty desapareciera para siempre. — ¿Dónde estarás, Betty? — pensé mirando a la rejilla del techo. — Mira que te lo agradezco, Tobías. Pero esta cabra vieja todavía tiene sus trucos. Puedes estar tranquilo — dije guiñándole un ojo a mi compañero.
Cuando todos hubieron desaparecido tras la puerta, una sensación fría recorrió todas mis escamas. Estaba sola ante cualquier chaladería que pudiera hacer ese Utakata. Se creía muy listo guiándonos con trampas y artimañas, pero ya se enteraría de lo que es bueno cuando uno de mis compañeros se encontrara con él al final de todo. Me quedé con el rifle preparada, y sentí cómo mi plataforma bajaba hasta el nivel del suelo al mismo tiempo que la rejilla del techo se abría y de ella descendía algo metálico. Si no me fallaba la vista, cosa que nunca hacía, era un robot con forma humana que ya había visto anteriormente. — ¿¡Qué demonios hace aquí la chatarra de los Cabos Gemelos!? — miré con una mezcla de asombro y de pánico. Tras las batallas en las plataformas flotantes, ese bicho se llevó sin esfuerzo a los piratas que nos emboscaron y de un solo disparo le hizo un boquete en el brazo a Yojimbo. Por un instante, podría decir que sentí que mi rostro desapareció, dejando solo dos puntos en mis ojos. De todas las triquiñuelas que me esperaba, un viejo reencuentro con ese robot no era una de ellas.
Aunque me hubiese gustado desaparecer de verdad en ese momento, recordé mis entrenamientos con Jimba y Triana. Precisamente esta era la clase de momento importante al que Triana se refería cuando me empezó a enseñar a usar el haki, así que expandí en 20 metros a mi alrededor mi haki de observación para cubrir toda la sala, lo mismo que ocuparían unas nueve vacas a cada lado. Ocho si había alguna extraordinariamente gorda. Los ojos del robot se posaron en mí y el robot comenzó a soltar datos que ni yo misma conocía, como mi peso. No me pesaba desde que en uno de los rodeos del pueblo me dijeron que necesitarían un caballo más grande si quería participar en el concurso. Lo tenía todo, desde la recompensa hasta mis habilidades.
Observando cómo descendía, mantuve el rifle sujeto por mis dos manos en un punto bajo, cruzado frente a mi cadera, con la culata apoyada en mi costillar derecho y la boquilla en diagonal hacia delante, esperando hasta que bajó del todo mirándole sólo con uno de mis ojos mientras el otro revisaba nervioso el resto de la habitación. Cosas de camaleones. — No hace falta ponerse violentos, prefiero colaborar de forma pacífica sin problemas. Tengo muchos más datos interesantes sobre mí, como que soy bicampeona en las carreras de sacos del pueblo y golfista profesional. La primera de los Blues en cheques regalo. Además de la ganadora en las pruebas de puntería en los juegos de Skypiea—. Permanecía completamente inmóvil frente a aquel robot blanco como las plumas de Jimba, a diez metros de mí, fijando ahora mis dos ojos en él prestando la máxima atención posible a cualquier muestra de hostilidad por su parte.
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