14-05-2026, 11:38 PM
Nada más impactó mi bala en su muslo, el robot comenzó a cortocircuitar igual que Garnet cuando se le cruzaba una muchacha por delante. Yo no había perdido ni un segundo en huir del sitio habiendo mejorado mi transformación y aguantando la respiración para hacerme más imperceptible, por lo que en la habitación solo se oían los locos pitidos de aquel cacharro mecánico seguidos de la activación de un protocolo. – ¿No muere? ¿¡Por qué no muere!? Pensé desesperadamente durante mi huida. Por experiencia propia sabía que ni siquiera a un robot le sentaría bien un tiro sin previo aviso, aunque solo se tratase de un pequeño malentendido. Y tampoco esperaba que lo fuera a aguantar tan bien. Ahora sí que la había hecho buena.
Tras sus palabras, el robot que hasta ahora se había mostrado abierto a la colaboración, se volvió tan hostil como una zarigüeya rabiosa rebuscando en la basura. Su respuesta fue automática, y rápidamente lanzó una lluvia de perdigones a diestro y siniestro. Fueron varios los proyectiles que me impactaron, causándome un daño considerable. Fue un daño incluso mayor a cuando me caí rodando por aquel acantilado intentando rescatar a una de mis cabras cojas. Aquí no pude ni gritar ni emitir queja alguna o todos mis intentos por no revelar mi ubicación habrían sido en vano. Resistí como pude y seguí pendiente del robot. Al haber hecho un ataque indiscriminado, me dificultaba saber si mi esfuerzo estaba funcionando o si podía verme perfectamente y solo estaba haciendo el ridículo aguantando la respiración como una lunática. Tendría que ser como mínimo raro de ver. Pero si no fuera porque estando transformada de esa manera aguantaba más la compostura en los enfrentamientos, otro gallo estaría cantando. Y uno muy malo.
Por otro lado, si cada vez que mis balas le tocaran iba a volverse así de chalado, más me valía acabar con esto cuanto antes o no saldría de allí con vida. Aguantar una de esas ráfagas era una cosa, pero tener que estar recibiéndolas de forma continua, acabaría conmigo. Además, no sabía qué sería de mis compañeros tras la puerta. Tal vez hasta sus pruebas eran divertidas y estaban pasándoselo bien sin mí. Con la mirada puesta en aquel robot, ahora levitando en la habitación, apunté inmediatamente con mi rifle hacia su abdomen. Había escupido mi bala como si fuera una pepita de sandía. Visto lo visto, no me quedaba otra que ser lo más rápida posible, igual que un conejo huyendo o Jimba cuando le quito su maíz. No sabía qué más secretos guardaba el robot, pero lo que tenía claro es que no era para tomárselo a broma. Y las cosas así, siempre era mejor cortarlas de raíz. Centrada en mi objetivo, volví a apretar el gatillo recordando la vez que crucé la meta en aquella carrera de sacos del invierno del año seis. Esta vez no habría aplausos ni vítores, solo la esperanza de que llegue a impactarle. Tras esto, volví a escabullirme preparándome para cualquier arrebato.
Tras sus palabras, el robot que hasta ahora se había mostrado abierto a la colaboración, se volvió tan hostil como una zarigüeya rabiosa rebuscando en la basura. Su respuesta fue automática, y rápidamente lanzó una lluvia de perdigones a diestro y siniestro. Fueron varios los proyectiles que me impactaron, causándome un daño considerable. Fue un daño incluso mayor a cuando me caí rodando por aquel acantilado intentando rescatar a una de mis cabras cojas. Aquí no pude ni gritar ni emitir queja alguna o todos mis intentos por no revelar mi ubicación habrían sido en vano. Resistí como pude y seguí pendiente del robot. Al haber hecho un ataque indiscriminado, me dificultaba saber si mi esfuerzo estaba funcionando o si podía verme perfectamente y solo estaba haciendo el ridículo aguantando la respiración como una lunática. Tendría que ser como mínimo raro de ver. Pero si no fuera porque estando transformada de esa manera aguantaba más la compostura en los enfrentamientos, otro gallo estaría cantando. Y uno muy malo.
Por otro lado, si cada vez que mis balas le tocaran iba a volverse así de chalado, más me valía acabar con esto cuanto antes o no saldría de allí con vida. Aguantar una de esas ráfagas era una cosa, pero tener que estar recibiéndolas de forma continua, acabaría conmigo. Además, no sabía qué sería de mis compañeros tras la puerta. Tal vez hasta sus pruebas eran divertidas y estaban pasándoselo bien sin mí. Con la mirada puesta en aquel robot, ahora levitando en la habitación, apunté inmediatamente con mi rifle hacia su abdomen. Había escupido mi bala como si fuera una pepita de sandía. Visto lo visto, no me quedaba otra que ser lo más rápida posible, igual que un conejo huyendo o Jimba cuando le quito su maíz. No sabía qué más secretos guardaba el robot, pero lo que tenía claro es que no era para tomárselo a broma. Y las cosas así, siempre era mejor cortarlas de raíz. Centrada en mi objetivo, volví a apretar el gatillo recordando la vez que crucé la meta en aquella carrera de sacos del invierno del año seis. Esta vez no habría aplausos ni vítores, solo la esperanza de que llegue a impactarle. Tras esto, volví a escabullirme preparándome para cualquier arrebato.
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