[Presente Absoluto-Viaje]Chupinazo en Mogaro... ¡Que empiece la aventura!
#3
La noche del 46 de otoño Bambú se encontraba sumergido en una interesante lectura sobre las enfermedades del mundo en el que vivía. Las correctamente documentadas, claro. A la luz de las velas, en su despacho en el cuartel, llevaba ya tres horas sin despegar el hocico de aquel manual tan instructivo sobre su nuevo hobby: la medicina, cuando una tímida llamada a su puerta le sacó de su ensimismamiento. Se trataba de uno de los rasos del cuartel, al cual invitó a pasar con una cálida sonrisa. Observó con satisfacción cómo el raso ejecutaba un saludo revolucionario de manual y asintió como signo de que el hombre podía descansar. Sin duda alguna su constante empeño por mantener las formas con su comandante estaban empezando a dar sus frutos. Era bien conocida la rectitud revolucionaria del panda y aquellos que buscaban caerle en gracia intentaban imitarle con la mayor precisión posible. Siempre había algún detalle, claro. Una mano llegaba al lateral izquierdo de la cabeza antes en lugar de alcanzar su objetivo al mismo tiempo que la otra. No resonaba adecuadamente el taconazo al final del movimiento cuando el recluta daba un pisotón para señalar con fuerza que su saludo había llegado a su término. La lengua no bailaba al aire con la airosa soltura que debería... Pero Bambú agradecía el esfuerzo y la dedicación, aunque los intentos estuvieran plagados de pequeños errores. "Minucias", como decían algunos de los capitanes más laxos. ¡Eran precisamente esos errores los que debían corregirse cuanto antes para permitir a estos jóvenes ascender y respetar al Ejército como era deb-! —Mariscal D. Bambú. —La voz del intruso resonó en toda la habitación. ¿Acababa un raso de cortar el discurso narrativo? —Dime, esto... eh... —Bambú dudó por unos instantes. Eran tantos reclutas... pero logró recordar el nombre antes de que el joven tuviera que recordárselo. —Asier, ¿verdad? —El joven asintió. Bambú sonrió complacido. —El comandante Kageyama me envía a recordarle que mañana zarparán a las ocho en punto. —¡Ah! Perfecto. Sí, creo que lo tengo anotado por aquí, en algún lado. —El escritorio estaba lleno de papeles escritos a mano con una letra pulcra, anotaciones que hacía casi de forma inconsciente mientras leía. Entre ellos, una nota que sin duda habría pasado por alto hasta altas horas de la noche, provocando que comenzase el viaje extremadamente cansado. —Sí, aquí la tengo, perfecto. ¿Algo más? —Ante su negativa, Bambú recogió los folios y los apiló en un mismo montón. Ya los repasaría en otro momento. —Entonces puedes retirarte, buenas noches. —Otro saludo, el taconazo llegó un segundo antes de que la lengua saliese, pero Bambú no hizo comentario alguno. ¿Estaba contribuyendo a que ese recluta nunca llegase a sargento? Debería haberle dicho algo.

La mañana siguiente, a las siete y media de la mañana, Bambú estaba completamente vestido, desayunado y equipado para el viaje. Lo bueno de haberle dado 10 millones a los Mushoku era que su cofre gozaba de mucho más espacio ahora. Pudo meter en él todas sus armas, sus botiquines, el periódico más reciente, el cual estaba completamente enrollado y no se había animado a leer todavía y el resto de las posesiones que consideró que podían serle de utilidad, como sus cuadernos, sus lápices, sus herramientas de carpintería y algunos libros. Con todo listo y cargado sobre sus hombros como si no llevase más que un par de almohadas, Bambú salió de su hogar y se encaminó hacia el puerto de Mogaro. Allí en la distancia podía ver dos cosas con extrema claridad: El Grand Prix, un galeón gigantesco y buque insignia de los Toros Negros, y a Kelvin, un gigante galeontesco y Negro insignia de los Toros buques, o algo así.

—Ah, qué diligencia, capitán, ¡y ya veo al comandante! Debo de ser el penúltimo en llegar, o el último si es que Shirohime se me ha adelantado. Pero si no es así... ¡no seré el último! —Y emitiendo repentinamente una luz propia, evidencia de que Bambú había liberado el electro de su mullido pelaje, empezó a correr a toda velocidad por el puerto. A su paso, una violenta humareda se levantaba y llenaba de polvo las calles y el puerto. A unos cincuenta metros del barco, unas pequeñas grietas se materializaron en el suelo sobre el que Bambú apoyó ambas piernas para propulsarse de un potentísimo salto, que le elevó ochenta metros en el aire y le permitió avanzar sesenta y uno. Bambú sobrevoló la enorme estatura de Kelvin y aterrizó justo delante de él, a diez metros del gigante y a cinco de Kisuke. La cubierta se tambaleó sonoramente al soportar de golpe el peso y la fuerza del panda, pero los galeones eran fuertes. —¡ESTOY LISTO COMANDANTE! —Ambas manos se propulsaron al unísono hacia su cabeza. Los pulgares buscaron las sienes mientras la lengua danzaba con total libertad en el exterior. Un taconazo firme, fuerte y sonoro anunció el culmen del saludo militar. Tome ejemplo, recluta Asier. El taconazo va después de la lengua.

Datos
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 14210 + 0 = 14210
Energia: 9663 - 264 = 9399
Espiritu: 3905 + 0 = 3905


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RE: [Presente Absoluto-Viaje]Chupinazo en Mogaro... ¡Que empiece la aventura! - por Max D. Bambú - Hace 3 horas

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